martes, 16 de agosto de 2016

PT281+ (Todas las cosas tienen un comienzo)

"Si existe la magia en pelear batallas más allá de los que uno resiste, es la magia de arriesgar todo por un sueño, que nadie más que tú puede ver". 
Morgan Freeman (Million dollar baby) 
Todo comenzó en algún momento. Todo tiene un inicio.
Me encuentro siguiendo a Aristóteles, quizá a Tomás de Aquino, cuando se remonta en el pasado como un salmón por la corriente de un río a través de las "causas de las causas" persiguiendo hacia atrás, hacia el origen de todo, hacia el nacimiento, el primer motor (en minúsculas) de algo, aunque quizá en lo humano la única causa que de verdad importa es la causa final, aquello hacia lo que nos dirigimos y que nos sirve de motivación... desde un futuro imaginado. La pregunta que trata de explicar las acciones humanas no es el "porqué", sino el "para qué".

Todo tuvo un comienzo, un inicio, un nacimiento. La idea de un tiempo infinito extendido hacia atrás repugna al intelecto para un aristotélico.
Y ningún infinito tiene ser; o, si no, la infinitud no es infinita. Por lo demás, aunque fuesen infinitas en número las especies de las causas, tampoco así sería posible conocer, pues sólo creemos saber cuando hemos llegado a conocer las causas; pero lo infinito por adición no es posible recorrerlo en tiempo finito.
Aristóteles, Metafísica α, II
Un plan después de la idea. Unos primeros pasos después del plan inicial. Tengo que aceptar que en lo que se refiere a las ideas y a los planes, a las decisiones sobre el futuro, hay un inicio. Aunque haya causas eficientes y materiales anteriores que llevan al momento de la elección. Tengo que creer que interviene la libertad humana y que esa libertad es un suceso que mueve el universo en una dirección u otra en un momento dado.

Pero la causa final,  aquello a lo que nos dirigimos y ya casi tenemos a la vista, es un nuevo desafío ¿Es que nunca se acaba esto? ¿Siempre habrá por delante un inmenso obstáculo al que enfrentarse casi sin esperanza de superarlo? ¿Una carrera más larga y más rápida que todo lo que antes hemos hecho? Quizá no. Habrá un día, una carrera, que será el límite aunque solamente sea porque somos mortales y un "sistema operativo degenerativo" (¡Anda, Juan, mira! ¡Como Windows!). Vamos a por 282 kilómetros en 66 horas. Nos queda muy poco para enfrentarnos a esa carrera que no nos cabe en la cabeza y, seguramente, tampoco en las piernas..., aunque iremos hasta nuestro límite para comprobarlo.

Ha habido un largo proceso de preparación antes de dar la batalla más allá de lo que uno es capaz de resistir, de intentarlo solamente porque se tiene la fantasía de poder hacerlo, de tratar de demostrarnos a nosotros mismos ser capaces de conseguirlo, aunque seguramente no aceptaríamos apuestas en contra.

The Loneliness of the Long Distance Runner (1962)
Han quedado atrás algunos madrugones, entrenamientos al sol de mediodía de la capital, algunos kilos, no pocos, de grasa abdominal. Ha quedado atrás el frío y la lluvia y delante de nosotros solamente quedan...

...kilómetros, muchos malditos demasiados kilómetros.

En las cosas humanas hay una marea que si se toma a tiempo conduce a la fortuna; para quien la deja pasar, el viaje de la vida se pierde en bajíos y desdichas.
Shakespeare, Julio César 3º, III

martes, 26 de julio de 2016

Hunting Pokémones

"Espartanos!. Desayunad bien, ¡pues esta noche cenaremos en el infierno!".
Gerard Butler (300)

Un juego de realidad aumentada basada en unos conocidos dibujos animados.

La gente instala el programa, saca su móvil, Activa el GPS y puede "ver", a través de él, superpuesta a la realidad, unos bichejos de dibujos animados sobre los que realizar una caza incruenta y quizá mucho más emocionante que ponerse con un rifle con telescopio en un puesto. Desde ese lugar privilegiado a resguardo, pegarle tiros a un pobre bestia cornuda criada en cautividad y arrojada contra una "valla cinegética" con el fin de que un pijo vestido de cazador le arree con una bala y pueda colgar unas astas en la pared de su casa para mostrar su valor. Su escaso valor de uso, claro. Si no, hablando del valor, no la valentía, el poco valor que tiene el pijo cobarde. No se le supone ninguna por esta proeza. Fundamentalmente el valor de cambio, el precio que cuesta practicar esta actividad y que sirve para diferenciarle de la "chusma" que no podría, aunque quisiera, hacer lo mismo. No entro a valorar otros tipos de caza, solamente la que me resulta más cobarde e inaceptable, la que no se hace para comer, sino para demostrar que uno pertenece a una clase social privilegiada.

Curioso que valga (cueste) tanto hacer lo que hace quien tan poco vale. Curioso que no tenga ningún valor quien cree lo acumula. Pero andamos metiéndonos en las redes sociales con quien caza muñecos de dibujos animados (perdón, manga), no con quien pone cercos y vallas, quien cría especies para que "sobren" y pegarles tiros desde una segura distancia. Que son los mismos que cierran los caminos, que quieren que los espacios naturales sean parcelados y repartidos entre una élite económica y a la que les sobran los tipos que van corriendo con una mochila en la espalda por el campo para disfrutar de él. Los mismos que se alían con una clase política de su misma "casta" para regular en su beneficio y en perjuicio de los deportistas ciertos parques nacionales. Los mismos que convierten en coto a través de leyes injustas toda la comunidad de Castilla - La Mancha...

A ver si ahora los frikis se van a poner en forma... digo los que no les dió por correr
por la montaña hace años, claro, que de esos hay a cascoporro...
El siguiente paso es escapar de fantasmas "japos", de la niña de la curva, de su madre, de su padre y de toda su puta familia en una "casa encantada" cuando la miras a través de la realidad virtualmente aumentada del smartphone... o de hordas de zombis, o de una invasión de los mismos aliens que echaron a perder a la tripulación de la Nostromo con tanta eficacia... las posibilidades son casi infinitas.

Es más. Terminaremos por darle una vuelta de tuerca extra, prescindir del móvil, juntar al cazador de pokémones con el que escapa de un apocalípsis y que acaben descubriendo juntos que pueden jugar al rescate, al pilla pilla o tulipán... o a un rol en vivo... acabaremos por descubrir que ya está todo descubierto.

La llamada a la tolerancia que escribió apresuradamente hace poco mi amigo Anaime en las redes sociales me pareció imprescindible. Os selecciono un fragmento:
" Qué hace más imbéciles e insolidarios a los jugadores de pokemon que a los coleccionistas de sellos? los forofos de fútbol? o nosotros mismos que reventamos nuestro cuerpo saliendo a machacar nuestras articulaciones? Somos todos iguales.....pero como siempre, en el gremio/grupo al que pertenece cada uno el grupo es bueno y el resto unos pringaos. Los runners somos gente maja toda y sabemos lo que son los valores y más aún los que es disfrutar de la vida más que nadie (putas frases de sé vivir, soñar, etc...como si los demás no). Pero vete aun foro de patinadores y pensarán lo mismo, pero vete a un foro de taxistas y pensarán lo mismo, pero vete a un foro de brokers de bolsa y pensarán lo mismo,"
Cierto es que el hecho de que la gente, en vez de jugar con otros humanos, juegue con una máquina que los sustituye, es un síntoma de algunos aspectos tristes de la realidad en la que vivimos aislados e indiferentes unos de otros. Creo que este sentido se lanzaba la crítica a la que se respondía en este caso, pero es buena ocasión para recordarnos que ya está bien de considerarnos mejor que otra gente solamente porque hace cosas distintas de las que hacemos nosotros. Ya hay bastantes viejos gruñones quejándose de lo que no entienden, que a menudo son las actividades que nosotros mismos hacemos. No olvidemos que los aliados naturales de quienes quieren poner vallas al campo y de sus corruptos amigos políticos, son los viejos gruñones a los que les molesta todo lo distinto, todo lo que no entienden, todo lo que parece una novedad.

Quien quiera cazar pokémones, que les lance pokehostias virtuales de esas y cada cual a lo suyo, respetándonos todos... quien quiera matar un bicho indefenso para divertirse...

...bueno, ese por mi que se dispare mejor en la entrepierna.

Tampoco la práctica de la tolerancia tiene que llegar al infinito, caramba.



viernes, 8 de julio de 2016

Pasado y futuro

Todo santo tiene un pasado y todo pecador tiene un futuro
Oscar Wilde
Recuperaba hace pocos años el filósofo Jostein Gaarder la cita de Goethe que decía:
Quien no sabe llevar su contabilidad por espacio de tres mil años queda como un ignorante en la oscuridad y sólo vive el día (1) 
Gaarder aplica la máxima a la historia de la filosofía, la cual no llega a los tres mil años exigidos por el poeta alemán, pero cuenta con casi veintisiete siglos de trayectoria. Tradicionalmente desde el momento en que Tales de Mileto intenta buscar una explicación racional al mundo e inaugura la actitud "filosófica", el amor al saber por oposición al mito.

Casi tres milenios de lucha encarnizada entre el pensamiento mitológico y el racional y, por ahora, aún estamos lejos del final del conflicto. La buena noticia es que no han podido con nosotros. Ni los sofistas, ni los tiranos de Atenas, ni el emperador Constantino, ni el Califato y sus llamas lamiendo los papiros de la biblioteca de Alejandría, ni las persecuciones inquisitoriales en la Edad Media por parte de burros fanáticos, ni los juicios a Miguel Servet, a Giordano Bruno, a Galileo Galilei, las condenas al pensamiento de Darwin, a la geología y la biología moderna... ni los Nazis quemando libros de "ciencia judía", ni los estalinistas quemando libros de "ciencia burguesa", ni el nacional catolisimo y su "muera la inteligencia", ni la postmodernidad más anti-ilustrada, ni recientes o próximas reformas educativas de minutruchos politicuchos haciendo genuflexiones al neoliberalismo y aprovechando para besar abyectamente los mugrientos pies de sus amos.


Pero vivimos tiempos en los que nos lanzan constantes mensajes que nos instan, que nos exigen "vivir el presente", no en el pasado o en el futuro.

Yo mucho me temo que no estoy para nada a la moda New Age en ese aspecto (bueno, témome mucho que casi en ninguno) y me siento más próximo al pensamiento de Goethe. Creo que debemos saber de dónde venimos. Auditar la "contabilidad" tan atrás como sea posible para comprender qué somos. Cuál es la lógica bajo la que se empezaron a hacer los primeros maratones de montaña en España, por ejemplo, nos hace entender cual era la base popular en la que surgió un movimiento que ha ido evolucionando y que quizá se encuentra en una encrucijada al haber desconectado de aquellos pioneros. Comprender nuestro pasado, el de nuestra sociedad, nuestra historia tan atrás como nos permitan los vestigios, bucear en la cultura prerromana y en los movimientos de población y culturales de los últimos 2.500 años es una forma de aproximarnos a comprender el presente y su lógica.

Hace veintidós años aparece el primer maratón de montaña: el Galarleiz.
Después vendría el Alpino Madrileño (quizá el maratón más duro del mundo, entonces).
Desde allí una evolución constante e inexorable hacia mayores
distancias, mayores desniveles y mayor dificultad técnica.
También creo que nuestra existencia es un constante colisionar con un futuro que no está aún determinado, por tanto es necesario trazar planes. Planes para el minuto siguiente, para la semana, para dentro de diez años. Anticipar y planificar proporciona cierto control sobre los acontecimientos y nos hace más libres. Es decir, que yo creo que hay que vivir,principalmente en el futuro y hay que tener muy presente el pasado. Cuanto más mejor. Si no el presente no es más que el deslizarse por un tobogán por el que se baja a gran velocidad sin posibilidad de pensar en nada ni de ir en otra dirección que la que que la gravedad, la sociedad, nos marca.

Es verdad que hay una forma de arruinarse la vida que consiste en recordar un pasado idealizado que nunca existió con la esperanza de que retorne, en forma de paraíso en un futuro próximo, más o menos próximo o lejano.

El esquema es el mismo que hay presente en la Biblia:

Todo era maravilloso en el Paraíso Original, en la lejana infancia de la humanidad. No había sufrimiento, ni trabajo, ni hambre... pero, sin poder evitarlo, como consecuencia de nuestra propia ignorancia y de la presión exterior (la serpiente), todo se fue a freír puñetas. Sin embargo un profeta, en un momento dado, viene para liberarnos y nos promete que más o menos pronto va a llegar el Reino de los Cielos y todo el mal del mundo se va a acabar.

Y el mismo esquema que el marxismo mal entendido:

Hubo un tiempo en que una comunidad de libre intercambio se autorregulaba a través del tiempo socialmente necesario para la producción de las mercancías, lo que daba como resultado un justo reparto de los recursos y la riqueza, pero en un momento dado, el modo de producción se alteró cuando la fuerza de trabajo se comercializó y unos pocos se apropiaron gradualmente de una plusvalía que les permitió acumular Capital y dar como resultado una sociedad injusta y desigual. Pero un día llegará la Revolución que instalará la dictadura del proletariado que, finalmente, nos llevará al Paraíso Comunista donde todo será genial.

Y, por qué no, también podemos encontrar la misma idea en el batiburrillo postmoderno nihilista pijipihipster:

Los pueblos que viven en contacto con la Naturaleza, son felices como lo eran nuestros antepasados, porque no han roto con sus raíces, cuando traicionamos a la Madre Naturaleza inventando máquinas de vapor y a electricidad, ella nos castigó severamente, pero pronto con la llegada de la Era de Acuario/Niños Índigos/Revolución social libertaria/Meditación Transcendental/Hippismo bondadoso/Infusiones de hierbas de herbolario... el mundo va a ser mejor gracias a los memes buenrollistas compartidos en las redes sociales y la concienciación universal, la homeopatía lo curará todo y seremos delgaditos y felices, pero sin complejos.

Hasta la propia mitología personal de muchas personas es un tránsito entre una feliz infancia perdida y una jubilación liberadora. El problema no es "aferrarse al pasado" o "vivir en el futuro", sino mentirse a uno mismo sobre lo que fue y sobre lo que puede llegar a ser.

También idealizamos aquellas carreras de montaña que corrimos hace diez, hace quince, en algunos pocos casos, hace veinte años. Como el recuerdo de una infancia feliz nos parece que estaban imbuidas de un "espíritu"  que se ha perdido con el tiempo y que ya no volverá. Como un paraiso perdido, como un pasado mitológico.

Si queremos saber hacia donde vamos quizá lo primero que tenemos que ir haciendo es un ejercicio de análisis genealógico, una racional investigación del dónde venimos para pensar bien cuales son las posibilidades que tenemos por delante. Lo cual pasa, por supuesto, por escuchar y dar voz a nuestros veteranos y que estos, despojados de nostalgia, nos ayuden a crear un futuro que tiene varias vías abiertas entre la profesionalización y filosofía de la quedada informal. La respuesta a preguntas como si debemos aumentar la carga de reglamentaciones, si queremos hacer difusión y proselitismo de nuestra actividad, nuestro compromiso con los clubes y con la administración no puede ser un debate cerrado entre "especialistas", muchos menos si han aterrizado aquí desde otros lugares (bienvenidos sean) silenciando a quienes tienen miles de kilómetros en sus patas por el monte.
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(1) Wer nicht von dreitausend Jahren Sich weiß Rechenschaft zu geben, Bleib im Dunkel unerfahren,  Mag von Tag zu Tage leben

viernes, 24 de junio de 2016

El corredor inconsciente

Recordar es el mejor modo de olvidar.
Sigmund Freud
Para nosotros es imposible leer a Sigmund Freud.

A Freud solamente podemos re-leerle, porque está su pensamiento tan presente, impregna hasta tal punto nuestra sociedad, que no hay posibilidad de "descubrirle". Leemos a Freud desde Freud. El pensamiento freudiano atraviesa transversalmente todo lo que creemos saber, forma parte de nuestra lógica interna íntima. Tenemos una serie de ideas establecidas sobre el mundo y adquiridas desde hace mucho tiempo que nunca cuestionamos que provienen de él y de la manera en el paradigma psicologicista se ha impuesto en la sociedad. Aunque nunca le hayamos estudiado, aunque nunca hubiésemos oído nombrarle, sus ideas nos han llegado a través de la literatura, el cine, la televisión, la prensa, nuestros docentes, los amigos, la familia... porque el "paradigma" es el conjunto de todo aquello en lo que estamos inmersos: las corrientes científicas dominantes, el ambiente cultural, la religión y otras creencias. Es el contexto del pensamiento y siempre pensamos dentro del marco que se nos proporciona en cada época. No podemos pensar desde fuera de nuestro paradigma. Incluso quien se "adelanta" a su época lo hace desde unos patrones mentales que ha recibido desde fuera.

Cuando alguien nacido después de 1985 ve películas como Blade Runner, 2001 Odisea en el Espacio o Alien, el 8º pasajero, le pueden gustar más o menos o nada en absoluto, pero tiene la impresión de que están llenas de tópicos de la ciencia ficción. Si las hubiesen visto en el momento en que fueron estrenadas... le habrían gustado o no, pero le parecerían algo novedoso y original. Vivimos en un mundo que, estéticamente, es heredero de estas (y otras) películas, que no son "topicazos", sino que después fueron copiadas, plagiadas, homenajeadas, tenidas en cuenta y, en definitiva, establecieron un canon estético. Pasaron a formar parte del paradigma.

Y usted, ¿por qué corre? ¿Lo sabe? ¿Está seguro? Quizá su seguridad no es más que el resultado de
un mecanismo de represión subconsciente para no enfrentarse al por qué corre usted realmente
Esta semana nos encontrábamos de nuevo ante la triste noticia de otra muerte de un corredor en una carrera de montaña. Algo de lo que los medios no tienen ni van a tener problema en hacerse eco. Sin tener otro dato que el comunicado de que la muerte se ha producido por una "parada cardiorespiratoria" (lo cual es realmente poco decir, porque además de causa, la parada puede ser el efecto, al ser el latir del corazón y el respirar conditio sine quae non para vivir a corto plazo), rápidamente aparecen, además de las muestras de tristeza y de duelo (sin duda todos lo lamentamos, es una noticia muy triste), la pregunta sobre si las carreras de montaña son peligrosas, sobre si somos unos "incoscientes". Aquí usando el concepto de insconsciencia no en el sentido freudiano, sino presuponinedo que ciertamente sobrevaloramos nuestras capacidades o no valoramos adecuadamente las exigencias de la prueba deportiva en la que participamos.

El abanico de reacciones va desde cuestionar (hablando de otros sucesos luctuosos recientes) legítimamente las informaciones proporcionadas por las organizaciones de las pruebas antes de la carrera, reflexionar entorno a las exigencias requeridas para participar (podéis leer sobre la reciente polémica sobre pedir una prueba de esfuerzo en la Madrid Segovia), preguntarse por la capacidad de autoanálisis de algunas personas que participan y por supuesto, quien aprovecha, como cualquier otra ocasión para demostrar lo tonto supercorredor que es quejándose de que se apunta mucho paquete que no debería estar. Estos nunca faltan, hablando de complejos freudianos y de motivaciones extradeportivas. Quienes se lamentan de que otros van a sus carreras por el motivo equivocado.

¡Y lo que uno se ahorra en psicoanalistas!
Correr por el monte y escribir,
O hacer yoga y tocar la guitarra,
O bailar y contar cuentos...
"Sacar" fuera las cosas que andan por dentro, en definitiva...
Freud no es el descubridor del subconsciente. Saber que hay procesos no conscientes que nos llevan a algunas decisiones es algo que ya está presente en toda la filosofía del siglo XIX y aún antes (en Leibniz, por ejemplo). Explícitamente en Shopenhauer y Nietzsche, autores leídos con avidez por este psicoanalista austríaco cocainómano aparentemente obsesionado con los falos, aunque, puesta en evidencia la similitud entre algunas ideas que hicieron pensar incluso en un descarado plagio, Freud siempre negó conocer la obra de estos otros miembros de la comunidad de la sospecha. Pero incluso cuando nos vamos a los argumentos de Kant, el de Könisberg deja muy claro que, en última instancia, no puede estar seguro de conocer sus propias motivaciones. Da por supuesto que puede engañarse a si mismo, que sus actos no estén gobernados por la bondad, por lo que deja de lado las "buenas intenciones" y se centra en los actos morales. Pasa de una ética "teleológica"(de la intención) a una "deontológica" (de los hechos concretos) basada en un imperativo categórico: actuar siempre conscientemente como debiera actuar todo el mundo en las mismas circunstancias.

¿Podemos cuestionar la motivación de otros corredores?

Para mi, definitivamente, no. Ya lo he comentado otras veces. Nadie puede presumir de estar seguro de cuales son sus propias motivaciones. De hecho, lanzar descalificaciones contra la de los demás, debería hacer que nos cuestionáramos el por qué corremos nosotros. Qué impulso nos ha llevado a ello y qué mierda nos importa el por qué otra persona se apunta a una carrera.

Sin duda hay corredores "inconscientes", pero creo que muchos menos de los que quisieran quienes se lanzan a la yugular de ellos y les señalan como un problema generalizado de seguridad.

Une leçon clinique à la Salpêtrière, André Brouillet, 1887
Hay mucho que criticar a Freud y a sus seguidores. Empezando por el machismo y continuando por el uso de un discurso científico que, sin embargo, no puede hacer una predicción que contradiga la teoría. Por ejemplo, en física, cada cálculo que sale bien, confirma las teorías en la medida en que, cualquier otro resultado, tiraría por tierra la ley que se está aplicando. Sin embargo cualquier predicción que hiciese el psicoanálisis podría ser interpretada, acertase o no, como un caso más de la teoría. El hecho de que muchos tratamientos no ofrezcan mejores resultados que los de una "remisión espontanea" sin pasar por consulta, y que dependa en gran medida de la calidad del profesional y no de la técnica empleada... la eterna discusión entre los profesionales sobre cual es el objeto y el método de su disciplina (¿se imaginan a los químicos discutiendo cual es la técnica correcta para ejercer la química?), el uso impropio de algunos conceptos científicos, la apropiación incorrecta de otros (vease "Imposturas intelectuales" de Alan Sokal, sobre el uso casi absurdo de la matemática en el psicoánalisis de Lacán), la ausencia de encaje con otras disciplinas afines (como ocurre con el continuo matemática-física-química-química orgánica-biología molecular-biología celular... donde aparentemente cada una empieza donde acaba la anterior)... las críticas a la epistemología y a la metodología científica empleada por el psicoanálisis parecen no tener fin, pero qué duda cabe que la sospecha, como filósofo, de la importancia de los procesos subconscientes, de la construcción de la personalidad en la infancia, de los procesos de represión, del papel central de la sexualidad en la vida, etc... son una pieza clave de la naturaleza humana en la que Freud pone el foco y que han ampliado la visión de nosotros mismos. Nunca podremos volver a mirarnos como en nuestra infancia, antes de Freud.

Je pense où je ne suis pas, donc je suis où je ne pense pas (Pienso dónde no soy, ergo soy dónde no pienso)
Jacques Lacan

jueves, 16 de junio de 2016

Cariño, esto no es lo que parece

El mejor escritor es aquel que se avergüenza de serlo.
Friedrich Wilhelm Nietzsche

No hace mucho hablábamos de la filosofía de la sospecha, de aquel trío anafrodisíaco formado por Marx, Nietzsche y Freud que lanzaba una mirada de duda y suspicacia sobre la realidad, sobre la podredumbre de Occidente. Sobre lo que parece que son las cosas y sobre lo que hay detrás de ellas. Y que concluían que... esto no es lo que parece.

Y hemos abordado también (¡Runners del mundo, uníos!) el ejercicio de lanzar una mirada desconfiada y marxista sobre la realidad de lo de correr hoy en día. Esto nos pone en la difícil situación de continuar una serie temática con una tercera entrada sobre la filosofía de la sospecha, aplicada a ejercer la suspicacia sobre nuestra afición de correr, y ya llegados a este punto, tener que acabarla habiendo alcanzado las tres cuartas partes de la tetralogía,... o como alternativa dejarlo así ahora y disimular, siguiendo el ejemplo de Rajoy y su inspiradora técnica de hacerse el muerto.

Qué pesado con la filosofía ¿Pero esto hace falta para correr?

Pues realmente no.

El físico Richard Feynman tenía un profundo bloqueo con la filosofía, que no era capaz de comprender. Decidió un día, en la Universidad de Stanford, donde daba clases, entrar a un aula para seguir un curso sobre la materia. Se equivocó de asignatura. Se metió accidentalmente a una clase de introducción a la lengua Portuguesa (oh meu Deus!), pero le pareció tan interesante que decidió seguir el curso entero ya que estaba allí (es lo que tienen los así denominados "listos de los cojones"). Acabó ganando el premio Nobel de física por sus descubrimientos y formulaciones en la electrodinámica cuántica, participando en la elaboración de la bomba atómica y desarrollando el concepto de nanotecnología y computación cuántica y, por supuesto, hablando Portugués con tanta fluidez que se fue a vivir a Brasil después de la guerra y entró en una escuela de samba. A ritmo de samba desfiló en el sambódromo de Río de Janeiro con su escola tocando la frigadeira. También escribió, a parte de mucha teoría física, un ensayo sobre la mejor manera de ligar con chicas en los bares.

Richard Feynman tocándose los bongos.
Quizá un ejemplo de lo que Nietzsche
consideraría un "superhombre"
Tengo la particular opinión de que una de las acciones más subversivas que se pueden realizar es llevar una vida multidimensional, compleja, llena de facetas, de aficiones, de actividades distintas. No "ser" runner (o físico teórico), por ejemplo, a todas horas y en todo momento. No convertirse en el estereotipo, en el cliché, en la parodia de aquello que se supone que "eres". Y si además uno se cuestiona todo radicalmente y racionalmente, es decir, si hace filosofía, mucho mejor. En general no "ser" mucho nada, no identificarse, no crearse una identidad o sumergirse en una colectividad que no deje espacio a la diferencia y a la diversidad. A las múltiples facetas del alma humana. Huir de la moda, pero no convertirse tampoco en el miembro de esa moda que consista en ir a contracorriente para no ir a la moda como los demás. Al final todos los que quieren ser distintos, desde los punkies de antes a los hipsters de ahora, se acaban pareciendo entre ellos. No se trata de ser superficialmente distinto, sino de ser complejo.

Marcuse hablaba del sujeto de la sociedad industrial como un productor/consumidor alienado, del individuo unidimensionalizado como resultado de las falsas necesidades creadas por los medios de comunicación masivos. Paralelamente en la obra del muy nietzscheano Hermann Hesse, se nos muestran las mil dimensiones ocultas de cada persona que, paradógicamente, tiende a entenderse a si misma bajo un prisma simplificador. A ponerse una etiqueta, a no darse cuenta de que cada ser humano está habitado por una infinidad de seres humanos. Contemplarse a si mismo bajo una identidad simplificadora es el camino a convertirse en aquello. Entregarse a una fe, aunque no nos parezca que es eso, que alivie nuestros miedos y nos haga sentir que pertenecemos a algo. No olvidemos que Hesse escribe en pleno ambiente de ascenso del nacionalsocialismo en Alemania.

Y es que Dios ha muerto, pero como predijo Nietzsche, ha dejado un espacio vacío, una nada, que la gente se apresura a llenar con "algo", con lo que sea, con una serie de creencias y de pertenencias que tienen su origen en ese vacío, en esa nada. Convertir el "furgol" o el "running" en una especie de religión no es más que una manifestación del nihilismo predicho por el loco filósofo alemán.

"Ni Dios ni amo ni moral"
Para el Antiguo régimen la moral y el orden político
estaban relacionados necesariamente con la idea del Dios cristiano.
Al desaparecer queda un vacío en todos los órdenes de la existencia humana
Y hay que entender que Nietzsche no dice que Dios no exista. No se trata de eso. Quizá da por supuesto que no tiene que entrar en ese debate, que hay que dar por supuesta su inexistencia o que es irrelevante para lo que él trata de decir. Quiere decir que, en nuestra sociedad, en la de hoy en día, en la del futuro que anticipó Nietzsche, el Dios cristiano ha perdido el papel que ocupaba en el pasado. Ya no es una creencia tan universalmente extendida, tan indubitable, ya no se organiza toda la vida humana y toda la sociedad bajo el supuesto de su existencia sino, al contrario, como si hubiese muerto. Los ateos, obviamente no creemos que pueda morir algo que nunca ha existido. Se trata de una metáfora sobre las consecuencias morales de un fenómeno social. La sociedad se ha desacralizado y los sistemas políticos, las leyes y las normas morales, los sentimientos de comunidad religiosa entorno a esa creencia, han perdido aquello que lo sostenía todo, dejando en su lugar...

...NADA.

Y claro. El horror al vacío hace que cualquier otra cosa que emprendamos lo hagamos con una energía religiosa, irracional, buscando una comunidad a la que religarse, con la que identificarse, con la que practicar rituales y oficios sacralizados. En ello está el ascenso de movimientos New Age tan obviamente religiosos, el neopaganismo, incluso la fanatización de los movimientos neocatecumenales luchando por sobrevivir dentro de los restos de lo poco que queda de la estructura del cristianismo. No por nada temen el laicismo, como la mayor amenaza para su superviencia. El peligro no está en opinar que Dios no existe, sino en que la mayoría de la sociedad, crea o no, actúe como si hubiese muerto.

Nada hay de malo en nuestros nuevos templos con pistas de cuatrocientos metros, nuestros nuevos rituales en las carreras populares o en vestir nuestros hábitos de lycra y polipropileno, nada por el sacramento del maratón, pero corremos el peligro de no superar esa muerte, de no ser capaces de construir nuestra propia forma de actuar y elevarnos por encima de la moral de esclavos que nos induce el consumismo de cosas innecesarias, a ser "solamente runners". Se trata de usar, si nos gusta, el correr como una herramienta de crecimiento, no como unas cadenas que nos aten y nos impidan superar... ese estadio del ser humano, el de la persona obligada a seguir la corriente social dominante.

Y quizá correr solamente por que es divertido, como corre un perrete o un niño

"La madurez del hombre es haber vuelto a
encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño"

F. Nietzsche






martes, 14 de junio de 2016

La transubstanciación de los almidones resistentes

Hacemos lo mismo que los humanos, agotamos los recursos del mundo y los consumimos. La diferencia es que nosotros lo hacemos más rápido y de forma más eficiente.
La invasión de los ladrones de cuerpos, 1956
No hay peor digestión posible que la de un texto que mezcla, con poco criterio y sin demasiado sentido la teología con la nutrición. Pero es que la cosa hoy va de "transformaciones", de alteraciones en la naturaleza íntima de las cosas, cuando se meten unas manitas de cerdo en la olla rápida y como un truco de magia, entra un trozo de materia prima cruda y sale un alimento listo para ser llevado a la boca.

Comenzaba la Summa Theologica de Tomás de Aquino, precisamente, diciendo que al ser aquella una obra divulgativa e introductoria, para gente que empezaba en aquello de la filosofía, les iba a proporcionar a los lectores "alimentos intelectuales" de fácil digestión mental. Citando al Apostol en su primera a los corintios:


tanquam parvulis in Christo, lac vobis potum dedi, non escam
 (como a niños en Cristo os di a beber leche, no alimento sólido)

Quien haya visto los gruesos tomos de la Summa, se puede hacer una idea de lo pesado que puede ser un filósofo escribiendo una introducción. Empecemos nosotros por el tema de la alimentación. Y por el principio. Por el interés que tiene la tecnología del fuego para la transformación de un alimento.

El Paleolítico es un periodo situado "antes" de que Dios crease el mundo según la Biblia, para quien no lo sepa. El impío que no lo crea arderá en el Infierno eternamente.

Todo esfuerzo por intentar averiguar lo que comían nuestros antepasados y primos cercanos del paleolítico es bastante limitado. Cuando solamente tenemos huesos fosilizados es bastante difícil saber exactamente lo que circulaba entre ellos. Las partes blandas, en especial el estómago y los intestinos, serían de mayor utilidad en esta investigación. Llegado el caso, incluso las deposiciones son también un excelente objeto de análisis. A partir de los restos fósiles, del desgate de los dientes, de los restos de animales encontrados en sus cuevas, del análisis ecológico de las zonas que habitaban y de alguna pista más nos podemos hacer una idea aproximada y rellenar los huecos con imaginación.

¡Vamos a por vosotros humanos!
Parece ser que somos carroñeros oportunistas. Comíamos lo que había disponible. Cualquier cosa. Insectos, gusanos, carroña, el contenido de los nidos (huevos y pollitos), frutas silvestres, raíces, flores, hierbas (tengo entendido que la lechuga es una herbácea), frutos secos, caza de corto alcance, sobre todo a pedradas, en especial de pequeños roedores y reptiles y animales más grandes a los que se atacaba cuerpo a cuerpo, con palos afilados y cuchillos de piedra, sin jabalinas ni flechas. A veces se robaba lo que había reunido y escondido el vecino, claro, y cuando se podía encontrar y disfrutar de ello se comía seguramente miel, peces de río, hongos,... probablemente también se comía, si había suficiente hambre, al vecino si aparecía muerto, incluso el vecino al que pillabas robándote y le aplastabas la cabeza con una piedra también era comestible, etc. lo que se dice una gran variedad de materias primas. Una gran parte de estas materias primas, tras desnaturalizarlas a través de la cocción, aumentaban su poder nutricional enormemente, el de  las proteínas y almidones presentes (las del vecino del antropófago también, aunque producía alguna enfermedad parecida a la de las "vacas locas"). También existía la caza en grupo, conduciendo a grandes herbívoros a trampas donde se les daba muerte y se les descuartizaba para el transporte. Algo que encaja mejor con nuestro imaginario colectivo sobre nuestro remoto pasado.

El concepto de desnaturalización implica que se transforma lo que es de una manera determinada sin intervención humana, en otra cosa diferente. Este concepto da por supuesto la "antinaturalidad" de las transformaciones que realiza el ser humano. Le sitúa fuera de la naturaleza. Aquí el concepto nos interesa como cambio en la estructura molecular del alimento y nos da un poco igual si aquello que no es natural lo es porque es "antinatural" como los hombres o "sobrenatural", como los dioses que creamos. Mi propia opinión es que mucho de lo que consideramos como natural no lo es, mucho de lo que tratamos como artificial, si, y que el proceso de alteración y transformación tiene diversos grados. Desde pelar una fruta, hasta las bandejas de alimentos precocinados del super hay un larguísimo camino.

¿Y en que proporción comía el paleoindividuo todas estas cosas que hemos enumerado? Pues evidentemente en una proporción variable. Unas poblaciones tendrían una dieta de un 90% de fruta con algunas cucarachas y larvas de vez en cuando como manjar ocasional y otras por ejemplo, al norte de Europa y Asia, se alimentarían fundamentalmente de focas y pescados. Es que he dicho que somos oportunistas. A nadie le traían de la otra parte del mundo a su herbolario un superalimento pijipi de moda. En cada época de año, en cada latitud, en cada ecosistema, solamente lo que había al alcance. El espacio y el tiempo que tratamos de abarcar es enorme. Probablemente no tiene sentido hablar de una "dieta paleolítica".

En cualquier caso la "naturaleza antinatural" del ser humano se pone de manifiesto siempre. Ya en el paleolítico el fuego y las distintas técnicas de cocción que él permite hacían que los nutrientes estuviesen más biodisponibles, más fáciles de digerir y asimilar. La proteína coagulada, ya sea en los huevos o en la carne es más asimilable que la "cruda", contra el mito de tomar claras de huevo líquidas o los filetes solo un poco marcados (aunque a mi me gustan más).

La tecnología de la alimentación es una de las primeras en surgir. Con la Revolución Neolítica los hidratos de carbono más complejos, presentes en cereales, legumbres y tubérculos, los almidones, se transformaban por cocción en hidratos asimilables por nuestro organismo con facilidad. Algunos antinutrientes eran eliminados del alimento en los procesos de "desnaturalización" a los que sometíamos a las materias primas para convertirlas en alimentos. Con el calor las fibras de colágeno se deshidratan, haciéndose más blandas las carnes y fáciles de masticar las partes más duras del animal. Hay que recordar que no había dentistas. Tampoco azúcares refinados, eso si. Además, el fuego reduce el riesgo de infección, ya que mata los microbios presentes. La sopa y las infusiones en general sirven para potabilizar el agua al hervirla. En los duros inviernos sin calefacción central el alimento caliente ayuda a elevar la temperatura del cuerpo.

Sin duda abandonar el crudismo fue una de las claves del éxito de nuestra especie (éxito es simplemente no palmar, aclaro el concepto desde el punto de vista darwinista).

Sobre los almidones y, más en concreto, sobre los almidones resistentes hemos hablado recientemente y de sus ventajas para la flora digestiva. De esa transformación casi mística que se produce en las cadenas de almidones cuando, sin cambiar de aspecto, se altera de forma fundamental su... naturaleza... y se hacen resistentes a la digestión debido al proceso que va desde su cocción, a su posterior enfriamiento y hasta un suave recalentamiento posterior y que hacen que se comporten como fibra no soluble. Un excelente aporte a la salud bacteriana de nuestro intestino.


Unos macarrones recién hechos calientes o enfriados un tiempo después o recalentados unas horas más tarde... están en tres estados diferentes. Tienen la misma forma "por fuera" aparentemente, pero no son lo mismo. Sus almidones se comportan de forma muy distinta en nuestro cuerpo. Como en la Invasión de los Ultracuerpos, los alimentos por fuera son iguales, pero actúan  como si su... naturaleza... hubiera cambiado radicalmente.

No puedo evitar traer a mi memoria que en el libro Gamma (Γ) de la metafísica de Aristóteles, según la ordenación clásica de la Biblioteca de Alejandría (el imprescindible, el increíble libro cuarto que contiene tanta sabiduría), el de Estagira nos dice que el ser "se dice", siempre, en todas sus formas, por analogía con la substancia. Que todo lo que sea "ser, estar, existir" tiene detrás, en el fondo, o de alguna manera, una substancia.

¿Qué es una substancia para Aristóteles?

Cuidado, sustancia no es materia. No se trata de una teoría materialista. Substancia es un compuesto de materia y forma. Es en la substancia en la que inhieren los accidentes. Lo que puede ser rojo, negro, salado, inteligente o ruidoso. Es decir, es la suma de "aquello que le hace ser lo que es" (la esencia), la quíditas, el quod quid est esse, lo que si-se-lo-quitas-deja-de-ser-lo-que-es, y, también sumado, todos los aspectos accidentales que no afectan a esa "esencia": el color, el sabor, el aroma... todo ello es lo que "está en" la materia, lo que le da forma. Materia + Forma = Substancia.

Complejo. Difícil. Lo sé.

No es una teoría de la materia apta para la ciencia moderna. Si acaso pueden permanecer aferrada a ella las religiones medievales (re-inventadas en la Edad Media), siempre lentas en asimilar los cambios de la ciencia. De hecho, a més a més, andan aún sus dogmas más aferrados a la ciencia platónica que a la de Aristóteles, y aún más a concepciones del mundo mitológicas. Pero para explicar y predecir la realidad ya disponemos hoy en día de la física y la química como mejores modelos que describen los acontecimientos. Contamos con poderosas y predictivas teorías de la materia. Teorías en las que hay partículas subatómicas, átomos, elementos, moléculas, largas estructuras de moléculas orgánicas con propiedades emergentes... con las que explicamos los cambios aparentemente esenciales de los almidones resistentes que no llevan aparejados una alteración del aspecto externo que se da a nuestros sentidos, pero si del estado de gelatinización en un plato de macarrones de las largas cadenas microscópicas de azúcares que le dan su topología macroscópica.

Representación del Monstruo de Espagueti Volador
entregando al capitán Mosey las tablas con los
«Realmente preferiría que no» en el monte Salsa.
(Fuente: Wikipedia)
De hecho, si hay cambio de aspecto si ampliamos el alcance de nuestros sentidos y empleamos un microscopio.

La ciencia Aristotélica, partiendo de los datos de los que se dispone en su época (s. IV antes de nuestra era), elabora una sutil y potente teoría de la materia y de la forma en la que, obviamente, no es posible que permanezca una substancia inalterada en su forma si todos los accidentes y su misma esencia cambia... lo que es más, es absolutamente aberrante, estúpido y delirante pretender que cambie la esencia y que no se produzca ningún cambio en la forma. No es un "misterio", no es "un milagro", es una imposibilidad lógica, un caso en el que una escolástica degenerada y palaciega ya no entendía el pensamiento de Aristóteles y usaba sus conceptos sin ningún sentido. Sería gracioso si no hubiesen muerto tantos millones de europeos en las guerras de religión o bajo los castigos de la Inquisición.

Se trata de una de tantas "dificultades" conceptuales del ya muy difícil de digerir dogma católico (continuamos con las digestiones pesadas), uno más que añadir a las inmaculadas concepciones, trinidades, etc... en este caso bajo el contrafáctico y semánticamente paradógico "palabro" de "transubstanciación". En general el vano intento de incorporar al dogma la ciencia antigua ha hecho que cuando ha cambiado la ciencia, la institución, anquilosada en el pasado y llena de temerosos ignorantes, no hayan podido responder a los cambios. Darwin, Galileo, Bruno, Servet, fueron testigos de ello y tuvieron que imponerse a partes del dogma no esenciales de sus iglesias (Católia y Anglicana, lo mismo a efectos prácticos). Hoy las ciencias cognitivas y la física moderna entran en abierta contradicción con la idea platónica de alma o con la idea de transubstaciación, pero no parece que ello afecte a la cuenta de resultados de la multinacional a corto plazo.

Una dificultad más que añadir al entendimiento, además de las falsificaciones documentales en las que se sustenta el chiringuito. La Donatio Constantini, por ejemplo. Una burda estafa medieval por la que se atribuye en un documento más falso que un billete de quince euros al obispo de Roma el primado monárquico y jurisdiccional sobre todas las restantes Iglesias, o incluso los mismos evangelios, reescritos, reordenados y retraducidos a lo largo de los siglos hasta ajustarse a la doctrina. Todo ello hacen de esta peculiar religión una de las más indigeriblemente místicas. Como los almidones resistentes no son asimilados por el estómago o el concepto de un círculo-cuadrado por nuestra inteligencia. Del mismo modo los dogmas "paradógicos" pasan por la boca del creyente sin ser entendidos ni explicados en su radical imposibilidad. Todos ellos redirigidos hacia ese pozo sin fondo llamado "fe" como los almidones resistentes llegan al intestino sin ser asimilados antes.

Según la doctrina católica, durante la consagración de la hostia (harina refinada), sin que cambie ni se altere la forma, cambia la "esencia", es decir... la forma (cambia la forma sin cambiar la forma, no sé si se entiende la paradoja fundamental). Que es tanto como decir que algo es uno y tres (1=3) a la vez y en el mismo sentido... o cualquier otra imposibilidad semántica o matemática. Algo que, no es que sea imposible porque no se dan las condiciones de posibilidad, sino que es lingüísticamente una estructura formalmente contradictoria. Un enunciado literalmente insostenible.

Y claro, como en el caso de cierto tipo de almidones en mi estómago, a mi inteligencia eso le genera... RESISTENCIA.
Sin tener carne de mártir, no daré un paso atrás. Que lo sepan, que lo oigan, que se lo graben profundamente.
Salvador Allende












viernes, 10 de junio de 2016

El corredor unidimensional

El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía.
Karl Marx
La sociedad industrial contemporánea crea necesidades, falsas necesidades, que llevan al ser humano a la frustración. Llevan al individuo a un permanente estado de producción y consumo en el que está rodeado de estímulos que le hacen pensar que esta es una situación normalizada. La única posible. Los medios de comunicación masiva, la publicidad, le conducen a un estado de "Universo unidimensional" según el filósofo Marcuse. Marcuse uno de los más díscolos pensadores de la, ya de por si, bastante heterodoxa Escuela de Frankfurt que en su momento consiguió cabrear a capitalistas y marxistas ortodoxos por igual. Algo de razón debían tener para haber cosechado tantas enemistades a los dos lados del Telón de Acero. Y eso después de la Segunda Guerra Mundial, claro, por no hablar de que antes de ella la mayoría de los "frankfurkianos" decidieron que la Alemania de Hitler no era buen lugar para un grupo de pensadores, fundamentalmente comunistas, judíos y alguno de ellos homosexual. 

Y emigraron, claro.


La mercantilización del deporte es uno de los rasgos de esta alienación, de la unidimensionalidad inducida en nuestra sociedad. Por ejemplo. Un movimiento social claramente contracultural, que se dedicaba a hacer algo apenas entendido por los demás como era salir a correr cada día, de pronto, se transforma en moda. Se viste y uniforma de chicle de fresa humano a las mujeres, de paleoespartano hipster a los hombres. Te pautan exageradamente los geles que tienes que comprar y tomar (cuantos más mejor. Ya se sabe. Pico glucémico, bajón. Otro gel para el buche para pasar la pájara que ha provocado la anterior toma y a entrar en un bucle). La industria electrónica saca relojes, podómetros, navegadores satélite, reproductores de música... Se apunta la industria farmacéutica, potingues varios para consumir, charlatanes de feria con su carromato vendiendo productos mágicos, suplementos que el cuerpo no necesita suplementar, recuperadores sintéticos alternativos a los baratos alimentos que tienes en la nevera, superalimentos con propiedades "mágicas", la industria alimentaria sacando productos (que no alimentos) "diseñados" para deportistas, la industria de las drogas legales (el alcohol) que se apresura a venderse como superalimento "milagro" y a financiar estudios que desinformen sobre sus perjuicios e incluso a promover grupos de corredores y carreras populares.

Si no, ¿por qué los fondo buitre (fondos capital - riesgo que invierten a corto plazo buscando grandes beneficios) han puesto su atención en las empresas organizadoras de eventos deportivos?

La unidimensionalidad es uno de los peores males del ser humano. La mercantilización de la cultura que la Escuela de Frankfurt vislumbró como forma de dominación es lo que hay detrás de la mercantilización del fenómeno del running. Con sus variantes detrás. Es estrujar la teta de la moda para sacar la mayor rentabilidad posible. Como todo en el "neocapitalismo", máximo beneficio al mínimo coste, es decir, uno de los peores capitalismos de los muchos posibles.

Conste que vivo en el mundo real y considero que es lógico hacer negocio del deporte (buenos ejemplos todos conocemos), como se puede hacer negocio de todo lo demás. Correr no está más allá del bien y del mal. Pero se puede hacer de forma cutre, mintiendo y buscando una rentabilidad a corto plazo... o bien... tratando a la persona que corre como algo más que un ser unidimensional, estúpidizado por el afán de consumo. Tratándolo con la dignidad de una persona compleja y multidimensional.

Runner tomando suplementos "recuperadores"
después de una sesión de Fartlek
Las modas vienen y van. El judo, eltaewondo, la escalada, el treking, la bicicleta, el yoga, el running, el pilates, el fitness, el padel... mañana quizá tiro con arco, quizá el piragüísmo... lo que nos manden. Ahora mismo hay alguien haciendo un estudio de mercado, buscando hacia dónde se debe dirigir la atención unidireccional del corredor unidimensional para mayor gloria del modo de producción capitalista. Decidiendo en un despacho cual es nuestro próximo objeto de entusiasmo.
"El individuo unidimensional se caracteriza por su delirio persecutivo, su paranoia interiorizada por medio de los sistemas de comunicación masivos. Es indiscutible hasta la misma noción de alienación porque este hombre unidimensional carece de una dimensión capaz de exigir y de gozar cualquier progreso de su espíritu. Para él, la autonomía y la espontaneidad no tienen sentido en su mundo prefabricado de prejuicios y de opiniones preconcebidas". 
Marcuse

miércoles, 8 de junio de 2016

La vida es una tómbola

Vitam regit fortuna, non sapientia 1
Cicerón
Gladiator in arena consilium capit 2
Séneca
¿Jugaría usted en una lotería donde el premio máximo es ganar 50 € pero, si no le toca, tiene una pequeña pero cierta posibilidad de que su papeleta implique la muerte, que un funcionario de Loterías del Estado se desplace a su domicilio y le descerraje un tiro a quemarropa?

No responda todavía a esta pregunta.

A ver que sale en la próxima tirada: 50 € o muerte prematura
La vida es, decía Ortega, un conjunto de colisiones con el futuro. Constantemente vivimos tratando de anticipar los acontecimientos, trazando planes, realizando apuestas. Porque una cosa es segura. El futuro es incognoscible (tenía un catoliquísimo profesor de teodicea que afirmaba que incluso para la mente del Dios Creador del Universo, el futuro era un misterio imposible de conocer), al menos seguro para los seres humanos y, desde mis supuestos ontológicos y ateos, imposible per se, ya que lo que aún no ha ocurrido, aún no está determinado y puede ser alterado y decidido por actos de libertad y/o incertidumbre cuántica.

Pero como desconocemos el resultado que tendrá cada una de nuestras decisiones, estas funcionan como una máquina tragaperras mental en la que vamos metiendo monedas a la espera de que nos salga "la especial" en algún momento. Quizá de una forma menos azarosa, claro, con cierto nivel de control sobre lo que hacemos dependiendo el resultado que busquemos. O al menos eso creemos o así funcionamos para no volvernos locos.

La alegoría medieval de la rueda de la fortuna que ha pervivido hasta nuestros días a través de las cartas del tarot, primero, y de los concursos de la televisión hasta hoy. La rueda del carro de la diosa Fortuna gira y nos eleva o nos hace caer. Unas veces estamos arriba y otras ocasiones nos sitúa abajo.
A veces se encuentran alusiones a esta alegoría en el rosetón de las catedrales. Fíjense bien la próxima vez que vean una.
Me preguntaba recientemente mi querido amigo Enrique García Herrera, al que está dedicada esta entrada, si había alguna teoría filosófica que dijese que la vida es una tómbola.

La respuesta es que siempre hay una teoría filosófica. En 2.800 años ha dado tiempo a pensar muchas posibilidades. Se nos han ocurrido todas las teorías posibles y algunas imposibilidades también. Decían algunos con sorna que no hay tontería que no haya sido escrito alguna vez por algún filósofo, y añadían los adversarios intelectuales de uno en concreto que el bueno de Bertrand Russell, además, las había sostenido todas ellas en algún momento de su carrera.

Que la vida sea un juego de azar, que no sepamos cuál va a ser la consecuencia de un acto nuestro, es lo que lleva a Kant a desterrar la ética teleológica, la de las buenas intenciones y quedarse con la deontológica, la que se basa en hacer siempre lo que se debe desatendiendo las posibles consecuencias. El fin no justificará jamás los medios, porque los medios los controlas, pero los fines son el resultado posible de la apuesta que son tus actos.

Y por supuesto, casi toda la ética anglosajona utilitarista contemporánea bebe de los principios de microeconomía que guían los juegos de azar. Todo es reducido a una matriz de pagos, donde una elección racional tiene unos posibles resultados en los que evaluamos pros y contras. Por ejemplo. Si vemos un billete de 50 € tirado a nuestros pies, nos agachamos y lo recogemos. Si lo vemos en el interior de una jaula de tigres hambrientos, seguramente no intentamos entrar en ella. Claro, que entre una situación y otra, respondiendo al dilema que se os planteaba al principio, si la vemos en una calzada yendo nosotros por la acera y pasan pocos coches... apostamos a que, mirando para que no nos atropellen, podemos cruzar entre los vehículos y recoger el inesperado regalo... incluso puede que la avaricia nos haga asumir un pequeño riesgo ¿cuánto?


Pues si se tratase de una lotería, tal cual, no jugaríamos a ello. No querríamos apostar por una cantidad tan pequeña a sufrir un atropellamiento y el (pequeño quizá) riesgo de un traumatismo mortal. Pero en el mundo real si asumimos riesgos, en el calor de la toma de decisiones que es la vida, y es fácil imaginarse a mucha gente jugándose un accidente de tráfico por 50 €. Quizá por 20 a finales de mes.

En la vida no sabemos las consecuencias nunca de nuestros actos. Cada vez que bajamos una cuesta en una carrera de montaña y apoyamos todo el peso de nuestro cuerpo en una piedra estamos apostando a que no se va a mover o a que, si lo hace, nuestros reflejos serán suficientes para saltar a tiempo en otra dirección. Evaluamos la probabilidad de caernos cuando vemos una bajada, evaluamos el daño que nos haríamos si nos caemos. Igual tenemos la casi seguridad de que en algún momento nos caeremos pero que no nos haremos mucho daño y apostamos por ello, pensando que caeremos y nos levantaremos cuando ocurra. Quizá tenemos la idea de que si nos caemos nos desgraciaremos severamente, pero tenemos bastante confianza en que no ocurrirá, y nos lanzamos por una zona ciertamente peligrosa en caso de caída, pero relativamente sencilla a la hora de mantener la verticalidad.

Apostamos.

Y no hay otra alternativa. Realizar apuestas prudentes e inteligentes, pero seguir el juego, porque no se puede no vivir, no estar sometidos a esta naturaleza humana de ir anticipando el futuro en base a lo que conocemos del pasado, a que el presente sea un efímero punto geométrico sin extensión, casi sin existencia desde el que saltamos constantemente al futuro tratando de no pisar un terreno demasiado resbaladizo que nos lesione.

Damas y caballeros, hagan sus apuestas.

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(1) La vida la gobierna la suerte, no la sabiduría
(2) El gladiador traza sus planes ya sobre la arena

miércoles, 1 de junio de 2016

La sospecha

Los buenos son los que se contentan con soñar aquello que los malos hacen realidad
Sigmund Freud
El Estado es un órgano de dominación de clases, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del orden que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando la lucha de clases
Karl Marx
Bien lo sabes: ese demonio cobarde que llevas dentro a quien complace juntar las manos y cruzar los brazos, y sentirse más cómodo — ese demonio cobarde te dice: ¡Existe un Dios!
Friedrich Wilhelm Nietzsche
Hay una serie de filósofos poco ortodoxos en el siglo XIX que son conocidos como "los filósofos de la sospecha".

Son gente que tiene la impresión de que hay algo escondido detrás de todo, de que las cosas no son como parecen, que hay que mirar detrás de los decorados para entender qué son realmente, que "algo huele a podrido en Dinamarca", que la explicación de lo que vemos está en un lugar donde hasta este momento no hemos pensado. Actualizan el mito de la Caverna de Platón, en el que la gente habitaba el fondo de una cueva donde solamente veían sombras de estatuas y pensaban que el mundo se reducía a esa interpretación simple de lo que estaban viendo.

Los tres maestros de la sospecha que arrojan su atenta mirada sobre el ser humano tienen filosofías, sistemas de pensamiento, por otro lado, bastante incompatibles entre si salvo ejerciendo una gran violencia sobre sus premisas y métodos. Son, ni más ni menos, que Marx, Nietzsche y Freud.

En un caso, la sospecha es que, detrás de toda la realidad, de toda la dinámica social, está el intercambio de mercancías, la economía sería el sustrato de todo lo demás, en otro caso, que detrás de toda conducta humana hay un motor subconsciente, una parte de nosotros mismos a la que no tenemos acceso. El loco discípulo de Schopenhauer, quizá el más sospechoso pero más oscuro, pretende liberar toda la potencialidad atrapada en el ser humano superando la moral tradicional que le pone límites. Anticipa la pérdida de valores y creencias que van a llevar a la construcción de la propia ausencia como un mal de la sociedad, el Nihilismo.

En cualquier caso echan una mirada suspicaz a la realidad. Un "esto no es lo que parece". Una profunda desconfianza hacia el mundo en el que viven.


Sospechosos habituales
Y esa es una de las grande cosas que tiene la filosofía contemporánea. A lo mejor los grandes sistemas como los de Aristóteles, Kant o Hegel han perdido poder explicativo, pero la sistemática sospecha y el cuestionarse si realmente todo es lo que parece, es algo que goza aún de gran poder a la hora de tratar de disipar las nieblas de las apariencias que envuelven las cosas del mundo.

Y no puedo evitar arrojar la sospecha, de hecho sobre todo. Sobre correr también. La sospecha sobre qué es vanidad en el mundo de las carreras, que es un impulso subconsciente y qué un interés económico que nos empuja en una dirección.

Quizá uno de los frutos de la filosofía de la sospecha es la mercadotecnia. El marketing, por ejemplo, como instrumento bebe de la realidad de la macro y microeconomía, del análisis de las pulsiones y deseos subconscientes de la gente que corre y que basa su poder en la construcción constante de unos valores nuevos que quizá están erigidos sobre el vacío, sobre la nada, que ha dejado la "muerte de Dios".

Un ejemplo para reflexionar. Cuando una empresa busca soslayar la ley que le prohíbe anunciar sus productos a los corredores. Supongamos que una bebida alcohólica destilada de cebada malteada. Debo sospechar si crean una fundación que investiga y publica estudios (metodológicamente poco fiables) sobre los beneficios de la bebida, incluso para deportistas. Estudios patrocinados y que chocan frontalmente con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Si los medios de comunicación a los que compran espacio publicitario sacan como noticia sus conclusiones sesgadas. Como noticia con un titular que dice algo así como "esto es estupendo para los deportistas según la cienca". Si esa sociedad "científica" fomenta y financia un movimiento de deportistas populares que abogan por el consumo, entre risas y bromas, "responsable" de los productos que comercializa quien paga los sueldos del patronato de la fundación.

Pero todo esto es para recomendaros que echéis un vistazo, en el siguiente vídeo, fuera de la Caverna, para que desarrolléis algunas sospechas nuevas, si no las teníais sobre algo profundamente podrido que hay en Occidente. Creo que hoy en día uno de los ámbitos donde deberíamos trabajar más la sospecha, donde deberíamos empezar a lanzar una mirada de absoluta desconfianza para librarnos de muchas cosas que creemos saber. La alimentación.



jueves, 26 de mayo de 2016

Mercenarios en la guerra definitiva

Para la primera mitad del tiempo geológico nuestros antepasados ​​eran bacterias. La mayoría de las criaturas todavía son bacterias, y cada uno de nuestros billones de células es una colonia de bacterias.
Richard Dawkins
He descubierto que la composición de mi flora intestinal es tan única como una huella dactilar, que tengo dentro diez bacterias por cada una de las células que tiene mi organismo y que almacenan una información en sus espirales de ADN cien veces mayor que la que contiene mi propio genoma. Todo ello es absolutamente revelador de lo poco que sé de mi mismo. Pero el dato que me tiene loco es que cuando me subo a una báscula, aproximadamente dos de los kilos que marca (la maldita) son de ellas, de las habitantes de ese planeta que soy yo mismo. Un planeta superpoblado con entre quinientos y mil billones (1015) de habitantes y cerca de dos mil especies diferentes, quizá casi tan ignorantes de su mundo como nosotros del nuestro.

La biota intestinal es, a todos los efectos, un órgano más de nuestro cuerpo. Cumple numerosas funciones y no sobreviviríamos sin ellas. A nivel funcional sus mecanismos son un subconjunto de nuestros propios sistemas. Una parte un poco alienígena, eso si. Una parte que espera pacientemente el día en que el huésped, el mundo, yo, usted, pasemos a mejor vida... "palmemos", para hacer de nosotros su último alimento. Para reproducirse vertiginosamente alimentándose de las paredes de lo que había sido su casa hasta hacía poco, ahora en proceso de fermentación y convertirnos en más bacterias que hagan una tarea completa de descomposición, liberando en el proceso los nutrientes que serán aprovechados por otros seres vivos pequeños y grandes. Somos la materia prima aún no procesada de ese producto final que seremos algún día, un pútrido cadáver.

Así ellas tomarán venganza y justa restitución, según el orden del tiempo(1), de todas esas veces que nuestro cuerpo, febril a cuarenta grados, ha provocado un genocidio de proporciones bíblicas matando a todas aquellas que no pueden sobrevivir por encima de esta temperatura. Billones de ellas. Por aquellas ocasiones en las que nuestro sistema inmune, o nuestros provisionales aliados, los hongos, los antibióticos, han pasado a cuchillo como el general Custer a los nativos americanos pacíficos, como si fuesen huestes invasoras, liquidando bacterias "buenas" que andaban por el colon fermentando glucosas tal si fuesen una colonia de streptococos que venían remontando las mucosas de la nariz como los vikingos remontaron el Sena para atacar París.

Quien vea en esto un sucio truco para atraer tráfico web
de mujeres y hombres que gusten de los fornidos  torsos de la serie Vikings...
...bueno, si, me ha pillado.
Porque la GRAN GUERRA DEFINITIVA que se desarrolla en el mundo desde hace muchos eones es entre bacterias y hongos y en ella nosotros, aparte de tomar partido por unos u otros temporalmente como un condottiero renacentista, como vulgares mercenarios, como tropa extranjera auxiliar, canalla soldadesca que cambia de bando según le interesa, somos en todo esto mero campo de batalla. Somos el terreno sobre el que se libran las escaramuzas como lo son los demás seres pluricelulares y, por tanto, lo que es lo mismo, mortales. La guerra empezó antes de que llegáramos y continuará después de que nos marchemos salvo que seamos capaces de exterminar toda la vida en el planeta. Esto algo enormemente difícil pero que, mira tú por dónde, está entre nuestras vergonzosas capacidades ya que las armas que hemos inventado para matarnos unos a otros pueden conseguir si logramos saturar de radiación suficientemente nuestro hogar que no quede ni tan siquiera una procariota escondida en una piedra para echar de menos el bullicio de antaño.

Mi descubrimiento de la importancia de la flora intestinal no tiene nada que ver con el componente semimágico atribuido a ciertos postres lácteos a través de publicidad engañosa y que han convencido a buena parte de la población de que con su consumo aumentan "las defensas". Tampoco con los ya muy cansinos "superalimentos" que entusiasman a un segmento de pijipis que ponen su fe en el último hallazgo magufo de la comida de moda para esta temporada. Ni tan siquiera en los pseudoestudios patrocinados por la industria alimentaria para atribuir y alegar propiedades especialmente saludables para los productos a los que quieren dar salida en el mercado.

Para la planificación nutricional de la próxima carrera, la burrada de este próximo verano, he recibido el regalo de mi nutricionista de cabecera (mi hermana) de unas sesiones con una nutricionista deportiva especializada en mi deporte.

A través de mis nutricionistas, he descubierto la importancia de los almidones resistentes que son un gran aliado para preparar el cuerpo para esfuerzos muy muy prolongados. Son resistentes, en concreto, a la digestión y llegan hasta el intestino sin ser digeridos total o parcialmente, como si fuesen otro tipo de fibra alimentaria, dando "de comer" a las bacterias que allí están, pero sin que se eleve el nivel de glucemia. A la larga aumentan la sensibilidad a la insulina y mejoran la gestión de los ácidos grasos, por lo que se facilita la pérdida de peso y la eficacia energética en esfuerzos prolongados.

Os mantendré informados, quizá con alguna receta muy sencilla en la sección de ReCxCetas de Corriendo por el campo, si consigo el permiso para ello teniendo en cuenta que meter alimentos que no rezumen grasa y calorías por los cuatro costados va contra la linea editorial de aquella nuestra/vuestra página.


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(1) «De donde las cosas tienen su origen, hacia allí deben sucumbir también, según la necesidad; pues tienen que expiar y ser juzgadas por su injusticia, de acuerdo con el orden del tiempo» Anaximandro de Mileto




lunes, 23 de mayo de 2016

Los tontos del trail

La única prueba de superioridad que conozco es la bondad.
Ludwig van Beethoven
Es usual que la filosofía ponga su foco de atención en la Inteligencia humana, sea lo que sea eso, y en la bondad, como uno de los problemas más debatidos, ya se la sitúe a ella fuera del ser humano como la corrección de lo es o de lo que debiera ser, o dentro de él, como un gusto, deseo, preferencia o gana. Pero yo creo, estoy convencido como una superstición personal de que en el fondo, lo que mueve a los filósofos de todos los tiempos a preguntarse por la inteligencia y por el bien, es el contacto diario con la estupidez y con la maldad.

Vistas desde la Cuerda de los Porrones en el Cross de los Tres Refugios
Hay una larga tradición que trata de vincular ambos conceptos positivos, la inteligencia y el bien. El intelectualismo moral, ya desde Grecia, lo intentó. La tradición socrática dio vueltas, vueltas platónicas, aristotélicas, epicúreas, megáricas, cínicas y cirenaicas a esta vinculación, a menudo desde la idea de la "ebulia" (εὐβουλία), el "buen consejo" que se busca dentro de uno mismo o en los demás para hacer el bien si se es una persona inteligente, o quizá el esfuerzo de las buenas personas para pensar correctamente y que el error no les lleve a actuar mal, que quizá no sea lo mismo.

En cualquier caso, la fascinación por el descubrimiento de personas miserables, pequeñas, de mente sucia, de gesto odioso es común. Personas sin humildad ni grandeza ninguna, que no dejan de ser algo que no encaja del todo en ninguna teoría del bien, por lo que a menudo se ha tratado de construir una metafísca del mal que dé cuenta del comportamiento de esos seres. La inteligencia, tal y como la entendemos hoy en día, ha sido abordada sobre todo por teóricos como Alan Turing en el marco de la teoría de la computación, donde la estupidez no es más que una malfunción del sistema, pero la vinculación entre pensamiento, entendimiento y razón viene de muy antiguo, antes de que los científicos sociales (autodenóminados científicos, diría Gustavo Bueno), saltaran desde el estudio de la conducta humana a diversas teorías abstractas acerca de su naturaleza y posteriormente las ciencias cognitivas trataran de ir un paso más allá mediante la adicción de otras especialidades auxiliares como la neurología, la lingüística, la matemática o la lógica simbólica.

Construir explicaciones a posteriori desde el lenguaje propio de una teoría es sencillo.

Entender a los gilipollas no lo es.

Y es que el Cross de los Tres Refugios dio de sí, el pasado domingo, para hablar y reflexionar mucho con mi amiga Cata (cuando me alcanzaba el aliento, aunque que ella, bendita sea su energía infinita, no lo perdía nunca). Hablamos sobre la maldad humana y sobre personas malas que nos quitan la alegría y que nos intentan quitar un trozo de nuestra felicidad entre otros muchos temas. Del daño que hacen a los demás. Incluso nos cruzamos con alguna mala persona por allí. Por poner un ejemplo en concreto el tipo de persona que se dedica en las carreras que compite, que al final no gana, a desbalizar el día anterior parte del recorrido que se va a recorrer al día siguiente para que quienes vayan delante quizá se puedan perder si no encuentran las marcas. Ese tipo de gente que se creen grandes deportistas porque corren rápido... bueno, no rápido como Bekele o como Kilian, más rápido que el vecino, que es a lo que pueden aspirar.

Antes de seguir ya aviso (por si alguien se queda esperando) que de la carrera no voy a contar nada. Ni de los avituallamientos miserables sin comida (ya os vale, RSEA Peñalara), ni de los paisajes maravillosos, ni de la dureza de la prueba, por lo demás estupenda.

Foto: M.A. García Lara
Sin photochop. Qué bonito está el campo en primavera.
El tipo de imbécil al que nos referimos es gente que cuando se cruzan con un corredor lesionado en una carrera que se retira (momento difícil para cualquiera), con más de 40 años de vida deportiva detrás, cientos de kilómetros por las montañas de Guadarrama en las piernas y nada que demostrar a un fantasmón, le dicen "si es que tenéis que mirar en dónde os apuntáis" con un gesto de suficiencia.

Y estos gilipollas me calientan y me cabrean. Mucho. Corren rápido (no lo suficiente, por cierto, siempre serán segundones, lo que me alegra infinitamente). Y ya nos hemos encontrado con ellos, sobre todo en las redes sociales, donde los más cobardes se atreven a faltar al respeto desde la distancia, a abrir su bocachancla sin miedo a que se la cierren con una buena respuesta (no, no con una hostia, aunque la tentación es grande). Gente que muestra su desagrado públicamente hacia los que corren despacio, aunque muchos de los "trotones", de los "paquetes" lo hagan desde la experiencia y sean perfectamente competentes, prudentes y experimentados y tengan un palmarés que lo acredite de sobra.

Se me viene a la mente la reciente noticia de que la policía ha destapado una trama de doping entre deportistas "populares". Otro ejemplo de pobres imbéciles que necesitan correr cinco minutos más rápido el medio maratón para.. ¿para qué? Si correr una media maratón en 1:35 o en 1:45 es lo mismo. Como logro personal no, porque requiere mucho esfuerzo pasar de lo uno a lo otro, pero en términos absolutos es ser igual de manta, tan manta casi como el que entra el último en dos horas. Entiendo la tentación del tenista de élite que le ofrecen un "recuperador" alegal y enmascarado que le va a permitir ganar mucho dinero en publicidad, entiendo el profesional del ciclismo, el gregario que siente la presión para hacer lo que hace el resto del equipo y se juega el sueldo si no lo hace, pero que el vecino del quinto se hormone y se haga una mierda el hígado y se arriesgue a un tumor para sacar pecho por hacer un "sub. 3h 30' " en el maratón de su ciudad, no es de deportistas.

Es de tramposos acomplejados... y tontos, muy tontos.

Y parte del problema es que no entienden el deporte. Sean el campeón de la oficina o del bloque de vecinos, tengan título de entrenador o la camiseta de un conocido club. A una carrera se puede ir a superarse a uno mismo (corriendo más rápido que otras veces o más distancia), a superar a los demás sin hacer trampas (si, a ganar carreras, para eso es una carrera), o a disfrutar del ejercicio, de la compañía y sentar las bases de una vida sana y activa. Si se va con la idea de que correr más rápido le hace mejor a uno en algo, en cualquier cosa, en cualquier otra faceta de la vida que los demás, es que se es un "tonto del trail", un infeliz.

Y, como reflexionamos Cata y yo por el largo camino, la infelicidad es la clave a menudo. Las personas que son profundamente infelices acaban odiando y despreciando todo, porque buscan un origen a su infelicidad fuera de ellos mismos.

Nos conformaremos, aunque hoy le deseemos una patada en la ingle a algún "machaquita", con no convertirnos en eso y no tener que arrastrar el resentimiento con nosotros del mal que nos hacen las personas pequeñitas (moralmente).




miércoles, 11 de mayo de 2016

Pruebas de esfuerzo y salud del runner


Las matemáticas poseen no sólo la verdad, sino la suprema belleza, una belleza fría y austera, como una tumba. 
Bertrand Russell

Andaba pensando acerca de la similitud entre la preparación física para afrontar una carrera y la propia competición deportiva cuando esta llega al fin, cuando de pronto han empezado a aparecer polémicas entorno al riesgo de correr. También se ha polemizado en las redes sociales sobre la obligatoriedad, en alguna prueba que aquí nos es muy querida, de aportar un resultado negativo en una prueba de esfuerzo para poder participar.

Después de algunos casos de muerte súbita en carreras populares los medios de comunicación han encontrado un filón con el tema. Al fin y al cabo la mayor parte de la población padece un grado de "anumerismo", es decir, incapacidad para interpretar correctamente información con base matemática, muy superior al "analfabetismo funcional", que también hay. Sin embargo mientras lo segundo se considera una triste desgracia vergonzante, de lo primero se tiende a hacer mofa y alarde. Aprovecho para recomendar la edificante lectura de El hombre anuméricoel analfabetismo matemático y sus consecuencias de John Allen Paulos. Os cambiará la visión del mundo. Hasta tal punto que miraréis con suspicacia que sea noticia que de los 16.000.000 millones de personas que hacen deporte en España haya entorno a 200 casos anuales de muerte súbita y no, por el contrario, que haya cada día ¡Cada día!, 200 muertos también por causas que se pueden relacionar directamente por enfermedades causadas por la vida sedentaria y que se podrían prevenir haciendo deporte.

En la Madrid Segovia se exige para participar una prueba de esfuerzo
Primera de las muchas carreras que lo irán haciendo.
En este contexto ha habido serias críticas en las redes sociales al requisito planteado desde la organización de la Madrid Segovia de exigir una prueba de esfuerzo para poder correrla.

Si usted quiere correr el magnífico Zegama-Aizkorri, tiene que entrar en un improbable sorteo, para la Badwater, tiene que mandar su currículo a la organización y esperar a que le inviten, para el UTMB, calificarse con puntos obtenidos en otras carreras, para Le Marathon des Sables, poner encima de la mesa 3.000 € (lo más fácil o lo más difícil, según se mire), para los 101 de Ronda, estar frente al ordenador el día de apertura de inscripciones, pulsar el botón de "intro" en un nanosegundo y tener "potra". Si usted quiere correr la Madrid Segovia deberá llevar un papel en el que un médico dice que ha hecho una prueba médica específica y que no hay ningún indicador de que tiene riesgo de sufrir daño coronario durante un esfuerzo. Al final cada carrera decide qué quiere pedir para que la gente se inscriba y nadie lo discute.

Bueno. A la Madrid Segovia si que se le discute. Pero la organiza una mujer.

Y encima tiene la poca vergüenza de organizarla bien.

En realidad las inquietudes que andaba barruntado y que han sido interrupidas por la irrupción de las recientes polémicas eran de otra naturaleza, pero con cierta relación. Eran acerca de que hay un fuerte isomorfismo en algunos aspectos entre el día de la carrera y el entrenamiento que te lleva a ella. Que es parecido correr a entrenar, o más bien la estrategia de carrera y el programa de entrenamiento. Y que la salud anda en juego en todo ello.

Desde luego, y aunque nos traicione a menudo el ansia y la propia buena forma física con la que llegamos al día del evento, en carrera a veces la fastidiamos subiendo el ritmo antes de tiempo. A veces cuando no regulamos bien las las fuerzas para poder conservarlas por la mayor cantidad de horas posible, e incluso ocurre a veces que una vez agotadas estas fuerzas hemos "destruido" la capacidad de recuperación, la resiliencia, yendo más allá de los límites de la salud. La cuestión es entorno a los límites de la salud en la praxis deportiva. La experiencia nos dice que siempre da mejor resultado ir de menos a más y que salir a tope, dándolo todo, se paga.

Esto es sabido.

Pero estaba cavilando que el propio entrenamiento es una carrera de fondo en si misma y que, como en aquellas, cuesta una barbaridad controlarse y tener paciencia. Ir haciendo un trabajo progresivo de preparación física cuando lo que apetece es entrenar a lo bestia y ponerse hecho un toro lo antes posible. Pillar el "pico de forma" aunque sabemos que es imposible mantenerlo indefinidamente y que los avances rápidos amenazan con llevar de la mano una lesión.

Aquí la paciencia, el dejar correr el tiempo, es fundamental. El ir construyendo poco a poco es lo difícil y uno de los mayores riesgos la locura de inscribirse en mil carreras, la mayoría de ellas fruto de la presión, del anzuelo tirado por la gente con la que queremos reencontrarnos y que nos tienta, como las sirenas a Ulises. Pero no demostramos la prudencia del héroe al atarnos firmemente al mástil para no sucumbir a sus encantos.

Un runner intentando evitar el apuntarse a una carrera
el día de apertura de inscripciones. Van sus colegas.
Otro peligro nada despreciable es tomarse ad pedem litterae los planes de entrenamiento que aparecen en las revistas. Algunos de ellos aparentemente pensados para una élite que debe vivir sin otra ocupación que el deporte en un centro de alto rendimiento, pero que si no se tiene una predisposición genética, años de entrenamiento y la posibilidad material de recuperarse de los vigorosos entrenamientos, estos planes pueden matar a cualquier homo sapiens de esos que van a trabajar todos los días y/o tienen familia y, en general, vida. Al final es lo mismo que cuando se sigue una dieta publicada en una revista sin tener en cuenta nada más sobre la persona que hace el régimen. Raramente tiene un beneficio para la salud algo que no está personalizado a las capacidades y necesidades individuales.

Y por supuesto esas series a tope cuando el corazón aún no está preparado para asimilar esos niveles de esfuerzo. Una forma de dañar el corazón a medio plazo y no solo del novato que empieza en esto de correr.

Por mi parte, este año no corro esta mi carrera favorita. iré de voluntario. Ando embarcado en la preparación de otra carrera que representa para mi un desafío personal y está más allá de lo que nunca haya hecho hasta ahora, y ello requiere una preparación mejor que la que he desarrollado hasta el momento. Se trata de una carrera de 281 kilómetros a recorrer en menos de 66 horas en semiautosuficiencia y non-stop, es decir, no por etapas, sino "del tirón".

Y claro, si vas a llevar el cuerpo al límite, conviene hacerlo de forma prudente, inteligente y con un buen análisis de partida de tus posibilidades y umbrales físicos.

Es decir, una prueba de esfuerzo.

¿Qué es una prueba de esfuerzo?


Es una prueba médica que permite monitorizar el comportamiento del corazón durante el ejercicio y evaluar el riesgo de sufrir un daño coronario en el futuro. En principio se trata de ir llevando el corazón hacia su frecuencia cardíaca máxima. Muchos problemas (una obstrucción en una arteria, una hipertrófia en un ventrículo, una anomalía en una válvula) son detectables en el Electrocardiograma (ECG) a través de la interpretación de las ondas por un profesional experto.

Perfil del Trail de la Sierra del Minutejo
(ay... calla... qué lío de papeles...)
Ello no permite prevenir todos los problemas, pero la mayoría de las personas que fallecen cada año durante la práctica deportiva (unas 200) tendrían conocimiento de este riesgo por anticipado. Algunas de ellas podrían salvarse.

Las personas que llevan una vida sedentaria y no practican ninguna actividad física tienen un riesgo mayor, muchísimo mayor, de morir por un infarto que una persona deportista mientras hace deporte. Eso que quede muy claro. Pero que la práctica deportiva sea saludable y mejor que no realizarla, no quiere decir que esté exenta de riesgo y alguno es controlable.

Como comentaba antes, tenemos un problema con nuestra percepción de los riesgos en términos matemáticos. Todos los días mueren personas en el metro y en el autobús porque millones de personas cogen el metro y el autobús. Mueren todas las semanas personas en los centros comerciales porque millones de personas van a los centros comerciales, y mueren personas, claro, casi todas las semanas practicando deporte. Al fin y al cabo los humanos tienden a morirse (por ahora, que se sepa, entorno al 100%). Que nadie muriese practicando deporte sería estadísticamente imposible.

Algunas de esas personas podrían salvarse con una prueba de esfuerzo.

Lo que quiero decir, en pocas palabras, es que si usted quiere vivir muchos años y de la mejor forma posible puede:

1) Llevar una vida sedentaria y esperar que no le pase nada deseándolo con mucha fuerza. Puede ocurrir pero es un método poco eficaz. Es muy probable que sufra una enfermedad que le mate, pero puede probar suerte. Además es probable que le mate lenta y dolorosamente y durante el largo proceso no disfrute de buena calidad de vida. Sin embargo, es estadística, hay quien lleva una vida de excesos y de inactividad y vive muchos años y a veces con salud.

2) Hacer deporte, mejor, lo que dispara su expectativa de vivir una vida larga y saludable si se acompaña de una buena alimentación, aunque no garantiza nada. Hay gente que hace deporte, no come mal y que, sin embargo, enferma o muere prematuramente.

3) Hacerse, además, mucho mejor aún, una prueba de esfuerzo, que reduce, aunque no garantiza, sus probabilidades de tener un problema coronario mientras hace deporte. Aún así, pude ocurrirle, pero que "pueda ocurrir" no quiere decir que sea "igual de probable". Abandone esa idea de equiparar todos los posibles y todos los probables fruto de una insuficiente cultura matemática.

Además con ella podrá correr la Madrid Segovia, si le apetece, que tampoco es obligatorio. Quiero decir, que con la prueba de esfuerzo no te obligan como a un reo de galeras, a meterse en una carrera de cien kilómetros si no es esa nuestra afición, pero si has corrido alguna vez un maratón o eres un marchador(a) experto y te preparas, si el médico da el visto bueno, puedes inscribirte y es una de las mejores carreras que puedes correr por estos lares.

Mira cómo AQUÍ.

Es un tema estadístico. Al final se reduce a que lo mejor que se puede hacer para vivir muchos años y bien es hacer actividad física contando con una supervisión médica profesional. Si usted lleva una alimentación saludable, hace deporte y se hace una prueba de esfuerzo juega poca papeletas en la lotería de la muerte prematura por enfermedad coronaria, si come mal, bebe, fuma, lleva una vida sedentaria o no se hace nunca una prueba de esfuerzo, compra más papeletas para la rifa del infarto. ¿Cuántas quieres comprar?

Eso ya es decisión tuya.

Pues más o menos el perfil del Maratón Alpino Madrileño, ciertamente.