jueves, 30 de julio de 2015

Olimpismo y trail running


Fatiga menos avanzar sobre terreno accidentado que sobre terreno llano.
Kilian Jornet... no, ¡calla!..., Aristóteles, siglo IV a.C.
Me decía un amigo hace poco que el trail running es "una forma de vida", lo que inevitablemente puede parecer un tópico edulcorado, una autojustificación por la vía, muy habitual, de considerarse a mi mismo un "escogido". En cualquier caso la afirmación despierta mi escepticismo filosófico. Por lo menos cierto tipo de escepticismo, uno que no niega la posibilidad de conocimiento, sino ese escepticismo que pone prudentemente en suspenso todas las creencias hasta encontrar una justificación racional para ellas.

Los vínculos e interrelaciones en el grupo de aficionados a correr por la montaña, las afinidades y visiones compartidas, las amistades creadas y que forman una red tupida, ya que somos relativamente pocos, hace que se viva la sensación de pertenencia a un grupo cerrado, una gran familia, al que inevitablemente se idealiza. No es algo exclusivo nuestro. Todos los grupos tienden a construir una autopercepción de "ideal de pureza", una imagen de su colectivo que tiene todo lo bueno y nada de lo malo de otros grupos de referencia. Es un mecanismo psicológico, un sesgo cognitivo, incluso un mecanismo de defensa tan universal como inevitable y de sobra estudiado por la psicología y la sociología. La idealización es un mecanismo necesario para que nuestra mente discrimine generalizaciones sobre grupos, pero hay que ser muy prudentes para no caer en chovinismos de cualquier tipo. Es muy fácil y agradable sentirse especial.

Si te gusta correr por la montaña, te gusta hacer algo que mucha gente no entiende. Ni tan siquiera otros corredores o quienes practican otros deportes. Pero a veces nosotros tampoco hacemos un esfuerzo por entender a quienes hacen otras cosas. Una característica no exclusiva nuestra es que en la montaña no es tan importante la marca como la técnica (bueno, alguno hay que se ha escapado de la escuela de supermanes y anda quejándose de la molestia que le supone que haya corredores que van más despacio por detrás de ellos). El trail te expone a muchas más sensaciones cambiantes y que requieren tu atención que la carrera en ruta típica, como un maratón desarrollado sobre asfalto en el interior de una ciudad. Hay para quien, incluso, no importa lo más mínimo la competición y el recorrido y la compañía lo es todo. Esforzarse en mejorar constantemente, si, pero no para otra cosa que para "acabar" los retos que cada cual se propone.

Aquí un humane disfrutando de un deporte consistente
en llegar de un sitio a otro empleando toda la técnica
necesaria para hacerlo de forma rápida y eficaz. Parece divertido.
Aquí otro humane haciendo algo parecido. Participando en una competición
olímpica. Tiene que pasar entre unos palitos puestos a una distancia estandarizada
en el menor tiempo posible de manera que las marcas puedan ser
homologables entre distintas competiciones olímpicas.
Sin embargo en ciertos círculos (vale, si, en mi entorno más "friki") se percibe un cambio gradual en esta "comunidad" de corredores y corredoras de montaña (o trail runners que yo no tengo problema con este anglicismo habiendo otros muchos más perniciosos que se nos cuelan insidiosamente en la cotidianidad). La cosa va rompiéndose poco a poco en dos direcciones. No necesariamente una mejor que la otra, pero son visiones distintas. Algo parecido a la diferencia entre las artes marciales en las que no hay competiciones, por propia elección, y las que tienen un reglamento deportivo que permiten realizar torneos.

Hay un movimiento por parte de unos corredores para que las carreras de montaña no cambien en una dirección determinada marcada por una mayor reglamentación, separación entre la élite y los "populares", mejores sistemas de puntuación, cuantificación y evaluación de las carreras, fortalecimiento de las federaciones nacionales y de los organismos supranacionales... incluso replicación de estructuras que en un momento dado puedan convertirse en comités olímpicos si el trail pudiese hacerse una disciplina de este acontecimiento que cada cuatro años atrae el interés de todo el planeta. Algo soñado por muchos y temido por otros.


El movimiento olímpico reúne una "rapsodia" de especilidades y excluye otras sin que se pueda adivinar el por qué desde lo estrictamente deportivo. Deportes como la natación están llenos de pruebas de todas las técnicas y distancias, de manera que los mejores nadadores del mundo vuelven de unos juegos olímpicos con la espalda doblada del peso de las medallas que trasladan al cuello, mientras que en otras especialidades se escatiman. Especilidades muy implantadas de atletismo, con campeonatos nacionales e internacionales en todos los países como los 100 Km. en ruta o el "medio maratón" o, también en el triatlon distancia Ironman que no entran en competición. Hay, sin embargo, "deportes exclusivos" heredados del periodo inicial del olimpismo moderno en el que el deporte estaba reservado a unos pocos aristócratas como la doma olímpica o "carreras de yates a vela" y otros, mientras tanto, con cientos de miles de fichas federativas como el fútbol sala, el rugby o incluso palímpicos como el baloncesto en silla se quedan fuera, incluidos todos los deportes de montaña salvo los que participan en los Juegos de Invierno. Hay competiciones artísticas (gimnasia rítmica, patinaje o natación sincronizada) que son deportes por unas razones que se podrían aplicar al baile acrobático o al ballet clásico. Hay artes marciales que si, hay otras que no. En definitiva. El criterio es político y se basa en el poder respectivo de las federaciones de cada especialidad en el COI. No estoy destapando ningún secreto que se ignorara. Que un deporte se convierta en olímpico es una larga tarea y, en el proceso, suele necesitar una profunda transformación de la propia práctica deportiva.

Puede necesitar "palitos por los que pasar" y clasificaciones de niveles de dificultad del recorrido, como el descenso en piragua, adaptar la distancia para no... hacer sombra al maratón, como en el caso del triatlon olímpico, o reglamentar un sistema de puntuación en combates como el boxeo o el taekwuondo. Quizá el trail running necesite todo eso, pero no es algo que no se haya hecho antes. Podría haber perfectamente una prueba de "kilómetro vertical" sin ninguna duda. El seguimiento en directo hoy en día, gracias a los drones, ya no es ningún problema. Lo que no tiene pinta de que vaya a ocurrir es que el ultratrail de cien millas entre en la olimpiadas. Ni tan siquiera el "maratón de montaña olímpico", porque son carreras técnicas y muy largas, difíciles de homologar y comparar entre si y restan protagonismo a otros deportes que defienden su trozo de pastel olímpico. Ahora,... ¿no sería espectacular ver bajar por una pedrera a la élite del trail a todo trapo en una pantalla gigante?

Todo esto del olimpismo mueve una cantidad de pasta ingente y da de comer (y de otras cosas) a mucho ejecutivo importante. Y de eso va buena parte de esto.

Hace algunos años, en el seno del Aikido, un arte marcial moderno, como el kárate o el judo, se abrió el debate sobre si se debía avanzar hacia una reglamentación mayor que permitiese el desarrollo de torneos y competiciones, pero para buena parte de los practicantes esto estaba en contra de los fundamentos de su disciplina, que trataba de huir del combate, de la competencia y que finalmente así ha permanecido, como un camino de perfeccionamiento técnico más que otra cosa. Por el contrario el karate, un deporte con millones de fichas federativas lleva décadas tratando de entrar en las olimpiadas siguiendo el camino del judo y el taekwondo. En estos deportes el olimpismo supuso el abandono de técnicas de autodefensa y un enfoque competitivo que antes no era fundamental. Se ha pagado un peaje muy alto y muchos practicantes lo consideran una pérdida irreparable.

Pues esa es la percepción que se empieza a tener entre algunas personas de mi entorno. Que esto se va a romper, por un lado, hacia el lado del trail pirata, el punk trail y las quedadas para recorrer monte, y participar en las carreras que conserven el "espíritu" de los viejos tiempos y por otro hacia la alta competición, poner la organización en manos cada vez más profesionales y crear una estructura paralela a la de otros deportes más orientados a la competición.

Y por ahí ¿Qué opináis? ¿Deporte olímpico o forma de vida?