lunes, 15 de abril de 2013

Trail Batalla de Alarcos




¡Quién lo diría! Relacionado con el hecho de que la profesión periodística sea una de la más afectadas por la crisis, noticiones del tipo "borrasca en el cantábrico en invierno", "lluvias en primavera" o, dentro de pocas semanas, "hace calor en Sevilla al mediodía", inundan los telediarios, blogs y conversaciones de ascensor.


Pero, inexorablemente, se acercaba el buen tiempo. Por fin ya ha llegado. No han podido impedirlo.



Los últimos fríos y lluvias de esta primavera ya no consiguen frenar nuestro ansia de salir a entrenar, de lanzarnos al bosque, a la trailera y al cortafuegos. Estábamos ya ansiosos por recorrer viejos y nuevos caminos. Igual que en el poema de Kavafis, esperamos ahora fervientemente que el camino a Ítaca sea muy largo y muchos puertos nos den la bienvenida... pero dejando de lado el hablar siempre de lo mismo y volviendo a lo de correr...

El primer puerto soleado al que hemos arribado ha sido el Trail Batalla de Alarcos, que conmemora un episodio que no ha tenido la trascendencia de otros porque, en aquella ocasión, a nuestros antepasados cristianos les dieron un repaso... nuestros antepasados musulmanes, poco antes de que sucediera lo contrario en la más celebrada batalla de Navas de Tolosa. Todos ellos a estas alturas convertidos en polvo sus huesos y recombinados sus genes en nuestro ADN, afortunadamente para nosotros muy mestizo.





5:15 a.m. Wake up Manu,... The Matrix has you... rumbo a Valdemordor a recoger a Joaquín y Rafa, unos ultreros que están más fuertes que el vinagre. Tengo que echar gasolina antes, que he estado apurando los últimos días y llego tarde, con la hora muy pegada para ser puntuales en el II Trail Batalla de Alarcos. Joaquín no viene, así que nos vamos Rafa y yo con heavy metal de fondo y muy metido en nuestras venas hace muchos años.

Rafa, hermano del metal, me empujó algunos kilómetros a escobazos y hasta que me retiré en el kilómetro 90 del Gran Trail de Peñalara en 2010 y aún no me alcanzó en el de 2011, que se retiró antes por lesión cuando vi un grupo de "escoberos" de amarillo por detrás de mi, pero porque iban cerrando controles con dos horas de adelanto sobre tiempo oficial (ese año acabamos). Desde entonces nos hemos ido cruzando en muchas carreras, así como con otros nacidos "under the sign of the hammer" que nos saludamos haciendo el gesto de la mano cornuta.

Dos horas apretando hasta la salida y llegamos justo a tiempo de ver marcharse el pelotón y para salir a su caza detrás de él con los saludos de Ivan Palero, artífice y organizador de este evento al que dedica su tiempo y dinero con toda la ilusión de compartir una zona de La Mancha bastante desconocida o, por lo menos, alejada del cliché quijotesco de la llanura cerealista.

Nos encontramos también a Quique, Jorge, Luis y a Ramón, a los que conocemos de otras historias similares y de los que espero con ansia viva su crónica en el blog de su grupo Corriendo por el Campo.

Un grupo de unos 25 corredores y corredoras van a buen ritmo (joder, qué nivel, los últimos van escopetados. Aquí no se ha colado nadie por despiste) y charlando de lugares lejanos y carreras hechas y por venir. Oigo entre las conversaciones referencias a Transvulcania, Transalpine run, Maratón Alpino Madrileño, Zegama, Gran Trail de Peñalara...



El Guadiana va cargado de agua como si fuese el Ebro, los campos verdes se convierten en tapices amarillos de las flores recién brotadas al sol después de la abundancia de lluvias de las últimas seis semanas y bajo el sol radiante que ha decidido que, ahora si, ya es primavera. Pronto estarán rojos los campos por las amapolas antes de que el calor las arrugue como viejas pollas en pocos días. Toda esta belleza es efímera y será sustituida por el secarral que hay esperando a convertir estos paisajes dignos de una pradera inglesa en suelos ocres y sembrados de cardos. También tiene su encanto ese otro panorama duro y polvoriento, pero hoy toca mojarse los pies cada poco, como si estuviésemos en un arrozal.


Donde había un hilo de agua aparece un río, donde había un charco una laguna y nos empapamos los calcetines sin miedo a que no se nos sequen los pies.

La crecida del río Guadiana hace inviable la ruta original prevista, que implicaba vadear el cauce en un lugar estratégico (ya sabemos como es de inconstante el Guadiana. Las comparaciones serían odiosas, porque cada río hace lo que buenamente puede). Hay personas que son Guadianas y no hay que enfadarse con ellas ni guardarles rencor, simplemente aceptar que su cauce oscila y, a pesar de ello,  quererlas entrañablemente como aceptamos los pulsos en otros fenómenos naturales.


Mi compañero Rafael, que no se me olvide inmortalizar el momento, decide comprobar si las últimas lluvias han dejado el terreno mullido y posa en la siguiente foto como si se estuviese cayendo. Que no, que lo ha hecho a posta, que conste.

Rafa besando el suelo en agradecimiento ritual por la Primavera al llegar a un reagrupamiento
Nos acercamos a los restos de antiguos volcanes. De ellos no queda más que fragmentos reconocibles por los profesionales de la geología tras eones de erosión y sedimentación, pero tiene su encanto saber que fuerzas tan poderosas andaron sueltas por la meseta sur de lo que hoy es Castilla, la otra, la manchega.

A la derecha, arriba, los restos del volcán.
Corriendo mi modesta persona, para quien no me conozca.
Fotografía por cortesía de Rafa.
Por aquí fue la batalla. Nos comentará luego un profesional de la arqueología, que como todo el mundo en pantalón corto y sudado es difícil de reconocer como tal a primera vista, que se han encontrado entre los restos de la batalla camellos de los que nuestros antepasados almorávides llevaban al combate. Estos suelos rojos por los óxidos de hierro estuvieron en su momento empapados por la hemoglobina de quienes por un mismo supuesto dios, el mismo pronunciado en dos idiomas distintos, creían adecuado cortarse las gargantas en su nombre o, lo que es peor, por los derechos feudales de señores propietarios de la gleba y sus siervos de ella.




Hemos ido "picando" hacia arriba, lo que anuncia, en primer lugar, buenos paisajes y vistas y, en segundo lugar, la esperanza de una bajada técnica por la que lanzarse a correr como poseídos por los dioses del metal.
Ahora de frente.
El otro día el blog ha tenido más de cien visitas en un día,
así que me obligo a dar la cara y presentarme a l@s desconocidos


Y llega la cuesta abajo, divertida, momento de hacer poesía con las piernas y bailar una bajada... Nos empezamos a dejar caer y a divertirnos. Salto por aquí, finta por allá...¡¡¡¡¡ aaaayyyyyyyy!!!!

El dolor y la reacción al dolor llegan un instante antes que la conciencia de que me he torcido un tobillo. Esguince. Muy doloroso. No es una broma. Estoy en un lío.

Mi compañero se para y me presta auxilio. Intento seguir y no pararme para reducir el daño en lo posible, pero no puedo correr, solamente caminar... uf. Tengo el maratón en dos semanas. Me he lesionado y de momento me pierdo acabar el recorrido de 50 kilómetros previsto para hoy. Se me amontonan los malos presagios: los objetivos de la temporada, la forma física general que tanto ha costado conseguir, correr como válvula de escape a todas las tensiones a las que he estado sometido últimamente y cuya marea se estaba retirando... paciencia. Es pronto para saber como está la cosa. En el peor de los casos una paradita de dos semanas si no ha habido rotura grave.

Se queda conmigo Luis, miembro (con perdón) de Corriendo por el Campo y gran tipo y grata compañía. Vamos hablando de mi recién iniciada tesis doctoral y descubro en él mismo una valiosa fuente personal y varias documentales que ya le pediré por correo más adelante. Resulta que tiene interés y conocimientos por temas muy cercanos y relacionados con mi futuro campo de investigación. Qué bien. Otra cosa buena que llevarse hoy en la mochila. Caminamos hablando de nuestras cosillas hasta que Sagra, enfermera que venía hoy a hacer solamente 25 kilómetros, me viene a recoger con su furgoneta más o menos dos kilómetros antes del punto en que había dejado su coche. Más gente encantadora.



Llegamos a tiempo de ver entrar a los primeros (qué bestias). Nos invitan a empanada y cervezas (tengo que conducir, pero acepto un ibuprofeno para luego, que me acabo de tomar un diclofenaco). El tobillo está muy hinchado, con bastante edema, pero sin hematoma y puedo hacer el gesto, con dolor, de caminar. Tiene pinta de un esguince grado 1. Me doy cuenta que estoy rodeado de expertos en la materia: corredores de montaña, dos enfermeras y un socorrista como mínimo. podríamos escribir en un momento un tratado sobre esguinces y torceduras con los conocimientos reunidos de este grupillo.

Vuelta a Madrid, antiinflamatorios no esteroideos, frío en forma de bolsa de revuelto de ajetes cogelados con una toalla debajo, compresión, elevación del miembro (con perdón de nuevo) y reposo.



El martes tocará fisioterapéuta. Por anteriores experiencias supongo que me tocará una sesión de "masaje transversal profundo" o "Cyriax". Lo peor es que va sin epidural. En fin, son las reglas de juego, si uno no arriesga, no alcanza la gloria y, a veces, toca sufrir el dolor en su lugar. Otra vez hablando de lo mismo...

Hoy lunes no pinta mal, quizá por el efecto miorelajante, vasodilatador, diurético, análgésico y emborrachante en general de las cervezas del concierto de ayer por la noche y, es que uno está en la edad de salir.

¡Salud y Metal Trail!