martes, 3 de diciembre de 2013

Solo para locos

"(...) había también horas que traían hondas sacudidas y dones divinos, horas demoledoras, que a mí, extraviado, volvían a transportarme junto al palpitante corazón del mundo. Triste y, sin embargo, estimulado en lo más íntimo, procuré acordarme del último suceso de esta clase. Había sido en un concierto. Tocaban una antigua música magnífica. Entonces, entre dos compases de un pasaje pianísimo tocado por oboes, se me había vuelto a abrir de repente la puerta del más allá, había cruzado los cielos y vi a Dios en su tarea, sufrí dolores bienaventurados, y ya no había de oponer resistencia a nada en el mundo, ni de temer en el mundo a nada ya, había de afirmarlo todo y de entregar a todo mi corazón. No duró mucho tiempo, acaso un cuarto de hora; volvió en sueños aquella noche, y desde entonces, a través de los días de tristeza, surgía radiante alguna que otra vez de un modo furtivo; lo veía a veces cruzar claramente por mi vida durante algunos minutos, como una huella de oro, divina, envuelta casi siempre profundamente en cieno y en polvo, brillar luego otra vez con chispas de oro, pareciendo que no había de perderse ya nunca, y, sin embargo, perdida pronto de nuevo en los profundos abismos.". 
Hermann Hesse. El lobo estepario.
Los CxC publican una entrada en su blog anunciando su próximo desembarco en el ultra Trail Sierra de Chiva. Poniendo en duda la cordura de ellos mismos y de esta modesta compañía, adoptan el nombre de la sierra como epíteto para decir que están como estas, como las chivas, y que por eso allí nos daremos cita, para pastar un poco por el campo (PxC). Pastar por las montañas que atrapan nuestra mente y nos hacen disfrutar de momentos tan difíciles de expresar a quien no conoce la terribilitá que estos pliegues geológicos nos causan a los monos sin pelo.

Hay instantes que te conectan con tu alma, eternos y terribles. Momentos que se quedan grabados en la memoria de cualquiera que ame las montañas. Supongo que hay gente que siente que estas epifanías le acercan con lo sobrenatural, pero no es mi caso. Para mi son momentos en los que experimentas una sensación de maravilla, de sobrecogimiento ante el mundo, quizá sea por una estrategia adaptativa implementada por un ciego mecanismo de la evolución, probablemente. No sé para que servirá, pero quizá proporciona una pequeña ventaja a la hora de que una comunidad de homínidos sobreviva en las duras condiciones en las que hemos evolucionado como especie (bueno, como todas las especies, ninguna lo tiene fácil). En cualquier caso, sea cual sea el origen de ese estado de ánimo, deja una huella de oro, un recuerdo que en ocasiones es posible evocar y rescatar. Una imagen, una melodía, un olor muchas veces, trae al presente ese momento vivido corriendo entre la niebla bajando de la Silla de Felipe II en un entrenamiento en El Escorial en Invierno, o sobre un mar de nubes haciendo la Cuerda Larga, no hace mucho, o bajo las estrellas, solo, con el frontal apagado, una noche de verano que se corría el Gran Trail de Peñalara, al pié del canchal del pico que da nombre a la carrera.



Nos ha ocurrido escuchando una fuga de Bach en el órgano (con perdón) de una iglesia, en algunas clases de metafísica que impartía uno de aquellos profesores geniales que conseguían transportarte fuera del mundo para observarle sub specie aeternitatis. O en casa leyendo a los grandes, como al Hermann Hesse de El lobo estepario o incluso me ha ocurrido estudiando el teorema de Gödel y dejándome atrapar por el vértigo de los enunciados formalmente indecidibles de las matemáticas. Pero es la montaña la que más huellas de oro ha dejado en mi espíritu, cada una de ellas lista para ser rescatada en el momento más inesperado, como para salvarme de la rutina del día a día con un soplo de espititualidad y misticismo personal.

El problema del misticismo no es el momento de encuentro personal de cada cual, lo que significa una experiencia para uno mismo y como la usa para organizar su visión del mundo. El problema viene cuando se enlata, se comercializa y se consume en masa el misticismo ajeno. No, eso no. o cuando se baja de lo espiritual a lo comercial y se convierte, como la Navidad, en una fiesta vulgarizada con excusa mística.

El teatro mágico que busca el protagonista de la novela de Hesse, aquel que le permitirá reconstruir y reordenar los elementos que constituyen su personalidad, su alma atormentada y dividida, su psique bipolar, es un teatro que se anuncia como "solo para locos", donde la persona cuerda no tiene un lugar.

¿Estamos como chivas?

A mi y a toda la gente que conozco que corre nos han llamado locos tantas veces que ya nos parece un trámite inevitable. Cuanta más distancia corres, más probable es que te acusen de locura y si al principio es algo que llevas bien, como un velado halago, como algo que te hace sonreír con  la comisura de la boca, llega un momento en que ya te cansa o, al menos, deja de divertirte. A veces nosotros mismos decimos de nuestro colectivo que estamos locos, pero lo decimos entre quienes nos entendemos, con el reconocimiento entre iguales que da el saber... que los locos son ellos, los que no corren por el monte.

Montañas, amigos, comida, correr,... no quisiera uno estar cuerdo, renunciar a las huellas de oro, al recuerdo de lo vivido y de como se ha vivido. Con pasión, de verdad, dándolo todo.