martes, 21 de enero de 2014

Obsolescencia programada


Las zapatillas están viejas.

Entre medias de la batalla entre minimalistas y amortiguadoristas que han alentado las multinacionales con el fin de que experimentemos la necesidad de poseer, y por tanto compremos, varios tipos de zapatillas, la amarga realidad es que mayoría de ellas se deforman mucho con un uso normal, perdiendo, no solamente sus propiedades elásticas, sino también la forma, por lo que no solamente son "más duras", algo que no sería problema para algunos corredores, sino que también acaban desviando el eje de la rodilla los milímetros necesarios para provocar lesiones. En definitiva, a lo mejor no existe ni existirá el material perfecto para fabricar una mediasuela, pero en un mundo en el que las farmacéuticas no abren lineas de investigación para curar enfermedades crónicas porque les supondría una disminución de sus ingresos económicos, no es probable que quienes fabrican zapatillas investiguen para fabricar unas que duren, por ejemplo, diez veces más que las actuales. Si acaso se calculará cual es el gasto máximo dispuesto a asumir por los consumidores y se planificará que queden obsoletas en ese periodo exacto de tiempo, lo que ha venido en llamarse obsolescencia programada.

Adentrándonos en terrenos de la Filosofía, el otro componente del material de running que está programado para volverse inservible con el tiempo es el contenido del continente de las zapatillas. En palabras de Martin Heidegger, der Mensch ist ein Sein zum Tode, el ser humano está fabricado bajo un criterio de obsolescencia programada. Por supuesto yo no creo en el Fabricante. Ni tan siquiera en los fabricantes, ni en una Fuerza fabricante, que viene a ser lo mismo pero más New Age, pero los mecanismos de la selección natural hacen que, de hecho, parezca desde nuestra perspectiva antropocéntrica que hay un diseño detrás de cada una de las funciones del ser humano, entre ellas la de envejecer y desaparecer. Diseño sin diseñador, solamente presente en la mirada del sujeto humano que busca una interpretación a lo que no comprende, que se aferra a historias de diseñadores y fabricantes porque teme el día en que, como el caucho de etil vinil acetato (EVA) pierda sus propiedad de resiliencia y, una vez comprimido, no recupere su forma original del todo.

Los corredores (y los que no lo son) y las zapatillas van desgastándose desde el primer kilómetro inevitablemente. En la mayoría de los modelos que hay en el mercado hay una primera fase de mejora de sensaciones, una especie de meseta donde se mantienen las propiedades y un lento declinar hasta que, al final, hay una significativa pérdida de las capacidades iniciales. Esto también vale para las zapatillas de running. Sin duda lo deseable es mantenerse hasta el último momento en el mejor estado posible para que se pueda disfrutar el máximo de todos los kilómetros. Hacer muchos kilómetros, mucho tiempo y disfrutarlos al máximo. No se le puede pedir más a unas zapatillas o a lo que va dentro de ellas.