jueves, 23 de enero de 2014

Epistemología de lo multifactorial

Como corredores estamos expuestos a una serie de teorías "científicas" que tratan de convencernos de cual debe ser nuestro proceder en materia de nutrición, entrenamiento, uso de ropa y calzado. La leche es Satanás, hay que correr en chancletas y comer como si fuésemos cazadores de mamuts o, por el contrario, zamparse un kilo de espaguetis con gambas la noche anterior a un maratón, correr con plataformas de dragqueen y, para todo el mundo, llevar una serie de prodigios nanotecnológicos conectados a la nube y tratar las lesiones con homeopatía. Es muy difícil saber que es una verdad como un piano, qué una medio verdad y qué una trola verosímil. Hay explicaciones razonables y otras bonitas, que estaría genial que fuesen las correctas. También, a menudo, hay intereses económicos detrás de un planteamiento determinado. Detrás, delante, a la derecha, a la izquierda, arriba y abajo. Eso y supersticiones también.

También han descubierto que el chocolate adelgaza.

Bueno, no. Han realizado una investigación que dice que no hay evidencia de una correlación entre un consumo moderado de chocolate y un estado de obesidad.

Vamos, que no han descubierto nada.

Han hecho una investigación, buscando una relación directa entre el consumo de una sustancia y una situación como la obesidad que, claro, tiene muchos factores en su origen. No han descubierto nada concluyente comparando el grupo de control con el de consumidores y con el de no consumidores. No han encontrado la correlación buscada. Pero algo hay que publicar. Han publicado los resultados de la investigación, la ausencia de descubrimiento y los periodistas se han abalanzado sobre ello y han intentado conseguir muchas visitas en la página web donde se ha colgado el artículo poniendo un titular sensacionalista. La gente ha entendido lo que le ha salido de la parte del cuerpo donde casi nunca la luz del sol les broncea y muchos han considerado que se ha abierto la veda de comer chocolate, que apetecía un montón.

No es lo mismo una cosa que otra.

Es muy difícil establecer una correlación estadística entre el consumo de una única sustancia y una condición, como es la obesidad, en la que intervienen tantos elementos. Cada obeso tiene una estatura y un peso, unos hábitos nutricionales y una determinada actividad física diaria, por no hablar de diferencias hormonales, proporción entre grasa y músculo, historia clínica,... todo el mundo consume docenas y hasta cientos de alimentos diferentes en distintas proporciones. Son demasiadas variables interrelacionadas unas o independientes otras, muchas variables ocultas las que intervienen como para poder separar un alimento y acusarle de ser el responsable de algo. Tan solo se pude hablar de "factores de riesgo" y de "factores de protección". Entre los factores de riesgo, seguramente tiene menos peso el consumo de chocolate o de mortadela de aceitunas que una determinada predisposición genética o una educación que ha dado como resultado una personalidad con baja resistencia a la sensación de frustración, el número de desengaños amorosos sufridos o un trastorno límite de la personalidad que lleva a comer como forma compulsiva de agresión a si mismo/a. A la gente le da por hacerse mucho daño con conductas nefastas y autoagresivas cuando no ha sabido asimilar los palos que se han de llevar a lo largo de la vida. Zamparse un kilo de bollos de chocolate o inyectarse heroina por vía intravenosa. El mecanismo psicológico es el mismo. Se cede al deseo, se recibe una respuesta placentera inmediata y te hundes en la mierda después, cuando te das cuenta de que tu vida se va por el desagüe. A veces se llega a ello poco a poco, kilo a kilo, año a año hasta que se acumula la suma de los años.


Volviendo al chocolate adelgazante. El error metodológico de enfocar un problema de casuística multifactorial aislando un solo elemento de los muchos que se podrían tomar en consideración se conoce como "reduccionismo". Es uno de los mecanismos de racionalización más empleados cuando quieres publicar algo en una revista científica o cuando no te queda más remedio que hacerlo si no quieres que te echen de la universidad y te quieten la beca/subvención/partida presupuestaria de la que comes. Se produce una relación perversa entre investigadores que tienen que publicar algo, lo que sea, cuanto más vistoso mejor y periodistas que tienen que conseguir visitas a sus páginas con algo, lo que sea, llamativo y sensacionalista. Hay una tendencia general a que se hagan descubrimientos "molones", noticias que hagan a la gente ilusionarse con un resultado inesperado, un giro sorprendente frente a lo que se sabía hasta ese momento o que satisfagan un deseo oculto. Se puede comer chocolate. Correr ultras alarga la vida 16 años.

Correr ultras alarga el pene.

La tendencia psicológica contraria a la búsqueda de novedades ("los científicos han descubierto...") es a aceptar lo establecido como patriótico sin discusión, a mantener las creencias contra toda evidencia y lógica. El error metodológico es similar, por ejemplo, en lo del consumo moderado de vino en las comidas a la hora de racionalizar. Se trata de seleccionar una población que te proporcione el resultado que quieres obtener en el estudio. En lo que se refiere a las personas que hacen un consumo moderado de alcohol, ese grupo estadístico está en mejores condiciones que quien no hace un consumo moderado de vino en las comidas. Claro. El alcohol es venenoso en grandes dosis, tóxico en cantidades menores y solamente dañino a largo plazo consumido con más moderación. Seguramente el consumo esporádico no tiene consecuencia para la mayoría de las personas, sobre todo si tienen otros hábitos moderados y no llevan una vida sedentaria, dando posibilidad al cuerpo de gastar los triglicéridos en los que el alcohol se transforma en un parpadeo (navideño). Libre sea todo el mundo de tomar lo que le apetezca. Yo tomo vino y cerveza, de vez en cuando, pero sin vender motos. Que no nos engañen. Las sustancias presentes en el vino que podrían ser saludables para el corazón, se encuentran, sobre todo, en los aditivos que se añaden durante el proceso de fermentación alcohólica para que adquiera un color rojizo. Todos los mostos son blancos, el tintorro tiene ese color porque se le añaden pellejos de uva o incluso de otros frutos rojos, eso en el mejor de los casos. Si en lugar de vino se toma zumo de arándanos, obtenemos los mismos "antioxidantes" que, por otro lado, tampoco se ha demostrado con suficientes evidencias que sirvan para algo.

En lo que se refiere al vino se nos dan datos sobre la ausencia de correlación entre "consumo moderado" y enfermedades cardíacas sin tener en cuenta que el mero hecho de que alguien sea moderado consumiendo ya es una anomalía estadística y una entrada a variables ocultas de difícil control. por ejemplo: ¿En qué más factores de riesgo será también una persona moderada? ¿Hacen más deporte las personas que no tienen un consumo inmoderado?¿Qué causas conducen, qué lleva a alguien a ser moderado en el consumo de alcohol? Eso si,  los supuestos beneficios para el aparato cardiovascular se proporcionan sin darnos la correlación con enfermedades mentales, hepáticas, diabetes, accidentes de tráfico, maltratos, agresiones y otros actos relacionados con la embriaguez, entre los que no se incluye mandar Whatsapps a un ex-novio o decirle a tus amigos que sois de puta madre y os quiero un güevo o cantar Asturias patria querida.

Si, soy un exagerado. Se pueden exagerar las propiedades mágicas y curativas del vino, en eso no hay problema, pero no hay que pasarse contando lo que se puede ver dándose un paseo por las distintas plantas de un hospital, que eso nos hace sentirnos cuestionados cuando tomamos la próxima copichuela.

Pues eso, que me voy del tema. Que sobran estudios en cantidad y faltan en calidad sobre "las cosas del correr". de hecho, porque no se puede estudiar todo sin unos recursos que de los que no se dispone. Porque en el objeto de estudio se dan un abanico de casuísticas que vienen dadas por múltiples causas, relacionadas algunas y otras invisibles a los investigadores.

Y está en discusión, recurrentemente, si los ultras son malos para la salud.

Gran Trail Peñalara 2010.
Teniendo en cuenta que quien los corre suele ser gente que se inicia en otras especialidades deportivas y cuando tiene asentada una actividad a un nivel de entrenamiento muy alto, no necesariamente de resultados, pega el salto a las largas distancias. Teniendo en cuenta que es gente que se cuida al máximo, en comparación por lo menos con la población en general y que si, se perjudica de vez en cuando, quema los tóxicos ingeridos en los hornos celulares de forma exhaustiva, seguramente encontremos, en general, gente que está bastante sana. Normal. No es una actividad que atraiga a personas que no se sientan capaces de asumir la carga de entrenamiento necesaria y llegar al final en las competiciones.

Y, ay, los humanos, en nuestro ir remontando por la vida, somos muy "multifactoriales", no somos fáciles de entender desde el reduccionismo, desde la simplificación y, sin embargo, es lo que nos es más cómodo practicar cuando miramos hacia dentro o a quienes tenemos cerca. Y en lo que no es correr, mucho más difícil.