jueves, 30 de enero de 2014

Seguridad ontológica

Voy a ser sincero con usted. Yo odio este lugar, este zoo, esta prisión, esta realidad,... o como usted quiera llamarla. Ya no la soporto más. Quizás sea el olor, si es que existe. Estoy saturado por él. Noto... ... el sabor... de su hedor. Y siempre que lo noto, temo que de alguna manera me haya infectado. Es repulsivo......¿verdad? Tengo que salir de este lugar. Tengo que, huir. 
Smith. Matrix.
Kant señala una de las tensiones de las muchas en las que se mueve eso de ser el ser humano, la de la insociable sociabilidad, ese puntillo que tenemos de necesitar a los demás, pero también necesitar alejarnos de todo el mundo y que nos dejen en paz. Ese querer ver a la gente, pero querer estar solos. Las carreras de larga distancia nos permiten ambas cosas, como ya decíamos otro día.

Otra fascinante tensión que experimenta el homo (u homasapiens se refiere a la necesidad, por un lado, de conocer el mundo en que nos movemos, el deseo de que las percepciones que recibimos se adapten a rutinas predecibles y que la vida tenga cierta homogeneidad. Eso nos permite hacer proyecciones, crear modelos de como ocurrirán las cosas y teorías que expliquen el presente y el pasado y sobre las que se pueden apuntalar los cimientos de la realidad. Por otro lado, hay una necesidad de novedades y cambios, de que no sea sea siempre todo lo mismo. La necesidad de que la vida no transcurra como si se corriera sobre la cinta de un gimnasio, moviendo las piernas sin moverse del lugar, sin que el paisaje experimente ni tan siquiera la monotonía de la vuelta a la pista de atletismo de 400 metros (no me explico como hay gente que paga por correr encerrado en una sala, y aún menos las personas que eligen voluntariamente vivir repitiendo los mismos rituales sociales vacíos y que no les satisfacen, como un hamster que corre en su rueda).

El síndrome de reclusión que presentan muchas personas institucionalizadas, por ejemplo, las que están privadas de libertad por mandato judicial o, en otros términos, "los talegueros", tiene mucho que ver con un exceso de uniformidad en sus vidas. Con correr sobre la cinta en vez de sobre las crestas de los montes. Siempre habrá quien no vea la rentabilidad social y económica de la reinserción y que desearía que cualquier pringado que han pillado relleno como un pavo navideño, pero con otra guarnición más estupefaciente, estuviese pudriéndose eternamente a cuenta de las arcas públicas. Yo opino que cuanto antes anden trabajando y pagando impuestos, mejor para todos, empezando por los ciudadanos ejemplares, autoconsiderados ejemplares, que tienen que pagar la estancia de personas que en la mayoría de las ocasiones no representan ninguna amenaza en el exterior, al contrario de lo que puede llegar a suceder con algunos ciudadanos ejemplares.

El shock ontológico que supone descubrir que nada es como creías, que vives en Matrix, que todas las rutinas predecibles se vuelven aleatorias y no encuentras un patrón que te permita saber como actuar a corto, medio y largo plazo, es una de las sensaciones más terribles y, no es que lleve a la locura, es que precisamente es la desconexión con la realidad uno de los rasgos que definen la enfermedad mental, y la angustia extrema una de sus consecuencias. Quitarle a alguien los fundamentos de la "película" que se haya montado produce pánico en nuestros semejantes y no es poco lo que puede tener que ver con la resistencia al cambio y el aferrarse a una vida triste pero rutinaria, por más extraña o desestructurada que sea, que rutina y orden no tienen por qué ir juntos de la mano.

Para un corredor la rutina de entrenamiento le proporciona, además de una musculatura y una eficacia apropiada para practicar su actividad favorita o, seguramente su segunda actividad favorita, para la cual también encontrará beneficioso el ejercicio practicado, la rutina le proporcionará, digo, estabilidad mental, saber lo que le cabe esperar, hacer proyecciones y una ración de endorfinas que cuando faltan te dejan como uno de los que hablábamos arriba cuando tiene que vender su dosis de metadona para obtener otras mercancías a un compañero de patio

Correr por montaña, o por el campo, proporciona esa libertad de moverse dentro de una rutina y cubre la necesidad de salirse de ella simultaneamente, por eso engancha como la causa, motivo y razón que ha llevado a donde están a la mayoría de los talegueros, como una droga dura.

Un veneno que se te mete en el cuerpo y no quiere salir.