lunes, 27 de enero de 2014

Media maratón de Getafe. Enfrentando el dolor.



[...]sólo una voluntad que no está satisfecha y que está contrariada: incluso el dolor físico que acompaña la desorganización o la destrucción del cuerpo no tiene otro principio, lo que lo torna posible es que el cuerpo es la propia voluntad en el estado de objeto.
A. Shopenhauer (acerca del concepto de sufrimiento)
Un recorrido plano, por barrios nuevos de amplias avenidas y poco comercio que van dando paso a barrios aún no rematados y casi deshabitados, barrios proyectados y empezados a construir antes del "catacrocker" del ladrillo y que no terminan de venderse ni a tiros, barrios de cooperativas disueltas y de parcelas vacías pero, eso si, muy llanita y de manera que se causen pocas molestias a los conductores un domingo por la mañana. Todo el mundo contento, porque el trazado es completamente llano para que la gente pueda arañar unos segundos a su mejor marca personal. A eso han venido la mayoría de los cerca de 5.000 corredores que hay hoy aquí bajo un cielo soleado y fresco, perfecto para darle hoy caña a las zapatillas.

Corremos por la periferia de la ciudad.

Un recorrido que hace que asalten el pensamiento epítetos como "lujuriante", "selvático",  Bueno, no.
Como diría Luis Arribas, la periferia es un estado mental, no solamente físico. Lo cierto es que mirando alrededor es evidente que estamos apartados, movidos a un lado, donde menos molestemos y el paisaje urbano crea esa sensación de marginalidad, de estar en las afueras, cerca del polígono y el descampado, incluso de la escombrera y de la desembocadura de la alcantarilla en algún punto de tratamiento de aguas, aunque todo eso no esté a la vista se intuye detrás de los bloques de viviendas a medio habitar.

Así es la Media Maratón de Getafe.


Recorrido de la MM de Getafe, mi pueblo

A mi me gusta ir por el centro de las calles y por las calles del centro. En eso no cumplo el canon pitagórico que prohibía caminar por las avenidas principales. En otras cosas si que soy muy de la escuela de Siracusa.

Un recorrido ideal de cara a probar sensaciones para el Maratón de Sevilla, a un mes vista, como manda el canon y las revistas especializadas que se acompañan de planes de entrenamiento que yo encuentro, es una impresión, absolutamente salvajes para un corredor popular. Hoy debe haber muchos de esos que leen esas revistas por aquí, porque la gente sale corriendo como si lo fuesen a prohibir mañana.

Nos levantamos y desayunamos. Me pongo un par de tiritas sobre los pezones mientras suena muy lejos, en segundo plano, en el interior de mi cabeza, como un presagio, el tema principal de la quinta sinfonía de Beethoven, sol, sol, sol, mi bemol, la llamada del destino.

Salimos a ritmo de cinco minutos y medio por kilómetro, es decir, por la parte de atrás y tranquilillos y cuando llevo tres de ellos noto como una de las tiritas protectoras se desprende y el pezón izquierdo empieza a rozar contra la camiseta. Ops.

Normalmente no puedo hacer más de media hora corriendo sin la profilaxis pezoncil. Soy de pezón blando, ya lo he comentado alguna vez. Un crecimiento generoso de la alfombra que, a poco me despisto, me crece generosa sobre el pecho, y la adherencia del adhesivo ve mermada su eficacia. Además me he sobrehidratado y no podré aguantar sin vaciar la vejiga hasta llegar al final de la carrera. Ops.

A man named horse.
Dejo que Miguel y Anne se marchen hacia delante y me voy detrás de un seto en un, por otro lado, desolado paisaje del barrio a medio construir y menos que medio habitado lo que hay en pie. Micciono.

Aprieto fuerte el ritmo de carrera. Solamente me deben de sacar un minuto y tiro a tope adelantando gente. Con gran esfuerzo llego hasta Anne, que me dice que Miguel se ha quedado atrás, para esperarme. Me dejo caer. Me paro, corro un poco hacia atrás y le veo. Le pillo y seguimos adelante. De todas maneras Anne cuando caliente no necesita un par de lastres. Los pezones me arden. Valoro la posibilidad de quitarme la camiseta. Miguel dice que está dispuesto a unirse a mi si es necesario. Eso es un amigo. Así somos en el Mástil Metal Running.

Este video describe perfectamente algunas sensaciones que he tenido en carrera. Visionadlo.

Decido aguantar hasta el kilómetro 15, donde la carrera pasa por delante de la casa de mis padres antes de mostrar mis encantos a los transeúntes. Una vez pasado ese punto una descarga de endorfinas o algo así hacen más soportable el dolor, por lo que finalmente mantengo el decoro para beneficio de todos. Sin embargo sé que cuando pase por la ducha aún me quedará lo peor.

Parece que el "juramento al Sol" que Richard Harris hace en la película para convertirse en miembro de la tribu está basado en hechos reales. No solamente entre los siux. El dolor como elemento purificador, como ritual de paso, es una invariable cultural. Incluso Shopenhauer nos dice que es lo único que compartimos todos los seres humanos, lo único que nos une y hermana. Lo que nos permite perdonar a quien no entendemos y que nos ha hecho daño es, solamente, comprender su dolor.

Como se enfrenta el dolor es el único test que necesitan los Siux, en la película, para saber si quien pasa por el es un ser humano y de qué tipo.

Apretamos los últimos cinco kilómetros. El motivo es que a Miguel le duele el soleo y, cuando le duele, acelera. Él es así. Entramos en meta después de 21 kilómetros de cambios de ritmo y paradas. Un tiempo aceptable, aunque lejos de nuestras marca, nos hacen pensar que para el Maratón de Sevilla tenemos que plantearnos un ritmo que nos lleve a meta en cuatro horas, no más rápido.

No hay ningún viento favorable para el que no sabe a que puerto se dirige.
A. Shopenhauer