lunes, 24 de febrero de 2014

Maratón de Sevilla 2014

El 23 de febrero ha sido el maratón de Sevilla. Mi maratón, según las cuentas del gran Capitán, número 42, lo que hacen 1.772 kilómetros maratonianos. No quiero ni pensar lo que llevo en total.

Lo de llevar cuentas exhaustivas en un cuadernillo lo hago cada día que salgo a correr, apuntando el tiempo empleado cuando lo sé, la distancia, la zona por dónde he corrido, la temperatura y si llueve o nieva, las sensaciones, con quien corro... Puede parecer, viendo a algunos corredores como yo que correr produce cierto tipo de desordenes neuróticos en la gente. Más bien es al revés. Es que, al final, si no eres hasta cierto punto una persona con unos determinados rasgos de personalidad es poco probable que te acabe enganchando correr largas distancias. Hay que ser un poco "perseverante" (cabezón), "riguroso" (intransigente) y "metódico" (obsesivo-compulsivo), en mayor o menor medida.

En la feria del corredor con las "winnies"
Un detalle. Lo de "clavar" los tiempos de paso. Eso exige probar bien el ritmo con muchas semanas de antelación, calcular a partir de las marcas en 10.000 metros y en media maratón cuales son las velocidades que podemos soportar para extrapolar el ejercicio al doble de distancia. La marca de maratón no puede ser, claro, simplemente el doble que la de medio maratón. Necesariamente hay que tener en consideración que el cuerpo no aguantaría a la velocidad de nuestra mejor marca personal (MMP) el doble de tiempo y recorrido. Hay que saber en qué momento exacto tienes que ir pasando cada kilómetro si no quieres desbocarte al principio y pagarlo después. Mucha gente lleva una pulsera con los tiempos de paso apuntados o una chuleta de algún tipo que calcula previamente con fórmulas y tablas de equivalencias que circulan por ahí.
Tiempos de paso previstos en el Maratón de Sevilla

El inventillo
Los corredores de montaña quizá somos menos obsesivos con los tiempos y las marcas. Funcionamos más con "sensaciones", pero Sevilla es uno de los maratones más llanos del panorama y la forma de acabar con él en el menor tiempo posible es salir al mismo ritmo al que se va a entrar en meta. hay que tener claro como se va a intentar ir si el día sale bueno.

En principio mi plan es salir a cinco minutos y medio por kilómetro. partiendo de mi MMP en medio maratón podría intentar hacer la carrera en menos de tres horas y cuarenta minutos pero no he entrenado específicamente, mi mejor marca queda a un año de distancia en el pasado y bajar de cuatro horas ya supondría para mi suficiente reto. Es algo que aún no he conseguido nunca.

Por supuesto que tengo en mente que si me encuentro con buenas sensaciones en el kilómetro veintiuno, subo un poco el ritmo y le araño cinco minutos al tiempo previsto, pero la experiencia me dice que no tengo que dejar volar mi imaginación y que es más probable que el cansancio me haga perder diez minutos a que las buenas sensaciones me regalen cinco, al menos en esta distancia.

A freír puñetas, saldré a seis, renqueando y sin "chispa" y haré la carrera, no de "menos a más" sino "de menos a menos aún". Es lo que hay. Puedes preparar lo que te de la gana, pero el día de la carrera, la distancia es la que manda y escuchando a las piernas, me dicen que lo de ir deprisa... otro día. hay que escuchar a las piernas, con independencia de lo que se escuche por las orejas.

En el mp3, llevo dos horas de música para ponérmela a partir de mitad de carrera y que me "lleve" hasta la meta el death metal melódico de Amon Amarth y otras delicatenssen similares.

Como podréis deducir de su color, va cargado de heavy metal.
Como llevo un diario de entrenamiento exhaustivo desde 2007, algún día de estos haré una estimación de los kilómetros de entrenamiento y competición que llevo en las piernas y una entrada con un breve resumen estadístico de los últimos 8 años. Igual me cae alguna bronca. A lo mejor me llevo alguna sorpresa.

De un maratón llanito, llanito, llanito, no hay tanto que contar como de carreras con más "acontecimientos" que los edificios que se van recorriendo: los puentes sobre el Guadalquivir, la torre del Oro, la Maestranza, la Giralda al fondo, el Parque de Maria Luisa, la Plaza de España (genial de animación), la catedral, etc... y el desgaste gradual que se va sufriendo, sin opción a recuperación. No hay, en el cansancio, picos y valles, tampoco en el recorrido, claro.

Antes de.
A partir del kilómetro 15 ya no dan botellines de agua. Se nota y mucho que han entrado inversores, incluidos varios fondos de capital-riesgo, en el negocio de los maratones. Este año los 9.000 dorsales de Sevilla han supuesto... ¡RECORTES! ¡Qué rápido aprendemos! Y que pronto nos acostumbramos a que nos recorten sin protestar demasiado. Más dorsales, mejor recaudación, menos agua, menos avituallamiento, nada al acabar para los que van en la parte de atrás aparte de un vasito de agua. Qué vergüenza, qué desilusión que con el apoyo que tiene el maratón en la ciudad, con la de gente que se ha echado a la calle a animar, con toda la gente que ha venido de toda España y Portugal (havia muitos vizinhos ocidentais :-) ) y del resto del mundo, que unos mamarrachos, para ganar un céntimo más, fastidien estos detalles. En fin, el año que viene, como el Mapoma, meterán 20.000 a hacer medio maratón, subirán el precio y darán menos. Con el boom del atletismo popular todo cuela.

Como dan vasos, no todo lo llenos que deberían algunos, tengo que caminar unos metros para beber en cada avituallamiento. Kilómetro 20, 25, 30, 35 y 40 y alguno más intermedio, que eso si estaba bien pensado. En realidad se pierde poco tiempo. En total quizá dos o tres minutos y estoy acostumbrado a arrancar a correr una vez parado, como corredor de montaña, pero a mucha gente la han fastidiado y se nota. Nunca he visto andar a tanta gente al final de un maratón y es que sospecho que muchos han tenido un marathonus interrumpus gracias a la tontería de no dar agua en botellitas para que puedas correr y beber a la vez. No es que eso sea fácil, hay que pillarle el truco, pero con un vaso te echas la mitad del líquido en el ojo y la otra mitad en la camiseta. Bueno, un poco sagerao soy, pero er que eztoy en Zevilla (y olé).

Pasando el kilómetro veintiuno, en quince minutos más y peores sensaciones que al acabar otros medios maratones mucho, pero mucho menos llanos, decido dar por perdida cualquier esperanza de hacer buen tiempo. Trataremos de acabarlo y, si es posible, sin andar para reducir el tiempo de sufrimiento que, anticipo que se me viene encima. Lo anticipo demasiado pronto, es sobre el kilómetro veinticinco o treinta cuando debería tener esos pensamientos, no a partir del quince. El clima es perfecto, el trazado también, voy bien preparado, pero no me van bien las piernas... por lo que sea. No hay que preocuparse. Llevo 42 maratones y quedan muchos por delante, ya haré mejor marca otro día. Reflexiono que si mi mejor marca en esta distancia, la mitad de los cuarenta y dos kilómetros, es en la Media Maratón de Latina, hace un año exacto, que tiene unos "cuestones del demonio", a mi el llaneo es lo que me hace polvo.

La música me anima muchísimo del 21 al 30, claro, un poco de "metaldopping" ayuda mucho. También un par de geles después de ese punto kilométrico en que aún paso con la pandilla que entrará por debajo de cuatro horas más o menos.


Luego me encuentro a Yolanda, de Getafe, mi "pueblico" y por lo menos tenemos charla y compañía un par de kilómetros. Nos perdimos hace ya tiempo en grupo, corriendo el Tres Refugios y desde entonces nos hemos cruzado en mil carreras. Hoy su chico no corre, que está lesionadillo, pero si no ya hubiese llegado, que es un "flaquito" de esos que vuelan. Ha ido acompañada de Hernando hasta hace poco. Otro crack, un himalayista todoterreno de esos que lo mismo sube un 8.000 que se hace la Travesera de Picos de Europa o un  medio Ironman.

Unos kilómetros más de sufrimiento, un mazazo en la nuca (o eso parecía) en el úlitmo avituallamiento a 2.195 metros de la llegada y a cruzar el arco de meta para disfrutar de ¡Un vaso de agua! que te daba la organización. Bueno, y naranjas y cerveza, pero no me apetecía.

Desparramado al acabar. 
Paliza de coche y a trabajar al día siguiente.

Al día siguiente muy bien muscularmente. Algo bueno tiene tener el cuerpo acostumbrado a estas cosas. Eso y la ducha de contraste, las medias de compresión, el batido de proteína al acabar y un ibuprofeno con el desayuno.

Y, lo mejor, que se acabó la temporada de asfalto, a por la montaña, que nos está esperando la Serra de São Mamede en mayo para hecerle cien kilometritos.