lunes, 17 de febrero de 2014

Otro previo al Maratón de Sevilla: Maratón al cuadrado.

Audentes fortuna iuvat 
Virgilio. Eneida, X, 284.
He hecho un descubrimiento. Un descubrimiento estúpido y sin ninguna utilidad, pero muy motivador. Un descubrimiento relacionado con el Maratón de Sevilla del próximo domingo.

El último paga

En fin. El domingo maratón. He tomado la salida, hasta el día de hoy, en... en... ¡ay!. He leído por ahí que si sabes cuantos maratones has corrido es que has corrido pocos maratones y, ahora mismo, no estoy muy seguro de cuantos he hecho. Veamos, es difícil hacer la cuenta porque, al fin y al cabo, al mezclarse el tema de la montaña y la ultradistancia hay pruebas que no sé si cuentan o no como maratón. A ver. Los maratones de Madrid, como tal, si. Medidos al centímetro, homologados y terminados siempre, unas veces mejor que otras. Por ahí son ¿cinco? A ver... 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2013... no, seis. De asfalto nada más, porque dos veces que he salido de las fronteras de la provincia de la capital, en el maratón de Valencia en 2007 y en el de Ciudad Real 2013, no he conseguido acabar la carrera. Mal presagio para Sevilla.

Sobre los descubrimientos, hay quien confunde los contextos de descubrimiento y de justificación en la ciencia. Por ejemplo, referido a la palodieta en los corredores. Si se parte como hipótesis de trabajo de que estamos adaptados a una dieta que ha cambiado hace muy poco (relativamente, en términos de la evolución de las especies) y que no tenemos una adaptación alimentaria a nuestros sedentarios y cómodos hábitos de vida, sino a un periodo anterior en que la supervivencia era más dura y había que recorrer largas distancias constantemente, ya fuese para buscar agua o para cazar, trabajamos con una hipótesis interesante, un buen punto de partida. Lo que mueve al investigador que toma este punto de partida puede ser su afición al deporte, puede ser su gusto personal por la carne y los huevos o quizá su falta de interés en los fetuccini o las lentejas. Puede ocurrir como con Newton, que lo que le movía a desarrollar unas leyes que unificasen toda la dinámica conocida, desde el movimiento de una bala de cañón hasta el movimiento aparente de los planetas en el cielo, era una motivación teológica. Newton quería encontrar el mecanismo con el que el Relojero había dado cuerda al Gran Reloj que era el Universo. Eso no quita para que, una vez desarrollada la Ley de la Gravitación Universal y cuando Napoleón interrogaba a Pierre Simon Laplace sobre el hecho de que pudiese hablar sobre el comportamiento del Universo sin hacer referencia a su Creador, el matemático francés, gracias a la existencia previa de las Leyes de Newton, pudiese responderle: "Sire, no he necesitado de esa hipótesis". La hipótesis del Relojero, como motivación de la investigación o como hipótesis de partida no implica introducir a Dios en las ecuaciones de la dinámica newtoniana, ni quizá prohibir los garbanzos como alimento. Si nuestros antepasados corrían hasta reventar a los bichos que después se comían, eso no invalida la pirámide alimentaria tal y como la Organización Mundial de la Salud, con estudios longitudinales a lo largo de décadas, ha establecido de modelo como mejor equilibrada nutricionalmente.

Presuntos restos de un bocadillo de nuestros paleoantepasados

Sigo contando maratones. 

Luego están los maratones de montaña, que no están bien medidos. Para empezar, el Alpino Madrileño 2007 no llegó a los 42 kilómetros, por problemas meteorológicos, y todos los demás, se han pasado de las 26 millas y 385 yardas, distancia oficial de la prueba olímpica de Maratón. El MAM se ha pasado a menudo tres pueblos y, en ocasiones, con nefastas consecuencias para los que van al final del pelotón. Van 07, 08, 09, 12 y 13, cinco "Alpinos Madrileños". Además dos "Penedós do Lobo", en Orense, dos "Jarapalos" en Málaga, un "Yeti Trail" en Murcia y un "Galerleiz" en el País Vasco. El "Zegama-Aizkorri" no cuenta, que me tuve que retirar, como en el de "Serra da Groba" en Vigo el año pasado. Total, si cuentan los maratones de montaña, son diecisiete maratones.

Sobre la paleodieta, hay un supuesto darwinista entre las premisas que quizá habría que revisar. El darwinismo clásico, frente a las teorías ya abandonadas de Lamark, que os sonarán de haberos cruzados con ellas en algún momento del colegio o el instituto, postula dos ideas fundamentales: la evolución produce cambios muy lentos y graduales (Natura non facit saltus) y los caracteres adquiridos no se transmiten de generación en generación (por mucho que comas, tu descendencia no hereda la obesidad adquirida). Bueno. Pues resulta que en temas relacionados con la nutrición las poblaciones de humanos se comportan de forma lamarkiana, es decir, si que se producen cambios más o menos bruscos en pocas generaciones, y las pautas alimenticias de una población hacen que los individuos de esa población mejor adaptados sean los que sobreviven. Es el conocido como "Efecto Baldwin" o "evolución baldwiniana". De pronto (de pronto en términos evolutivos, en pocas generaciones), una población se pone a cultivar trigo y a pastorear cabras. Familias extensas. Se tienen muchos hijos, mueren muchos hijos, la mayoría de desnutrición, los años malos, unos pocos de vez en cuando por intolerancia a los nuevos alimentos... ¿qué factor gana en términos de supervivencia de la población? Efectivamente, las poblaciones que cumplen con la condición de necesidad de alimentarse, las intolerancias a los cereales y a la lactosa, son irrelevantes en comparación con la mortandad que produce, simplemente no comer. Eso si que es malo para la salud. En pocas generaciones los individuos mejor adaptados a las nuevas fuentes de energía son la mayoría en la población que se impone a otros grupos que siguen algo más parecido a una "paleodieta". Paradógico en términos darwinianos, una conducta alimentaria, se acaba convirtiendo en rasgo genético. Eso explica que poblaciones que como forma de purificar el agua y hacerla potable, como los orientales, hierven hojas de té, tengan mejor tolerancia a la cafeína allí presente y menos al alcohol que los occidentales, que a través del proceso de fermentación de uvas o cebada malteada (vino y cerveza) hemos usado tradicionalmente como método para eliminar las bacterias de lo que bebemos y no "cascarla" aún más rápido de lo que lo hacíamos, que no era poco. Esto explica también lo de que los japoneses se pillen esos "pedos llorones" de exaltación de la amistad de forma tan económica.

Sigo con mi descubrimiento, que me despisto. Ahora... ¿los maratones y medio cuentan como maratones? Yo diría que si, Entonces, dos en Penyagolosa y uno en Chiva, hacen veinte. Y sobre las carreras de cien... me apunto las terminadas, claro, pero también en las que he hecho más de cincuenta kilómetros sin haber completado todo el recorrido, que me ha sucedido en cuatro ocasiones, dos "Colemenar", una "M-S" y un "GTP" (van veinticuatro). Además completos un 101 Peregrinos por el Bierzo, un 100 de Colmenar, una Madrid Segovia, un Gran Trail de Peñalara y un UTMB... ¿Cómo cuentan? Yo creo que como dos. Si acabas un maratón y sigues corriendo una distancia mayor que la del maratón aún, al fin y al cabo, has corrido dos maratones. El segundo jodidillo, "reventaete", pero eso no le quita valor, si acaso se lo añade, por tanto, cinco por dos, diez más, hacen treinta y cuatro. Espera, que en dos retiradas de las de antes ya llevaba yo dos maratones consecutivos. Treinta y seis. Con una Antinorte, una Napoleónica y dos Remontadas Infernales, en las cuales hemos recorrido más de los 42 kilómetros reglamentarios y, finalmente, con el trabajo de escoba en el GTP 2013, me salen cuarenta y un maratones.

Bien, ese es el descubrimiento. Esto quiere decir que Sevilla puede ser mi maratón número 42, el maratón al cuadrado. Llevaría ya en las patas un maratón de maratones, contados de esta manera. Además, según la Guía del Autoestopista Galáctico, 42 es la respuesta a la pregunta sobre el sentido de la vida, el universo y todo lo demás.

Que los cuento así porque me viene en gana a mi y a quien le parezca mal que lo comente abajo.

Esta semana a descansar y al final de ella, a comer como si hubiese cazado un mamut.

Carta de postres de un paleorestaurante