viernes, 7 de febrero de 2014

RxC: The eye of the wolf

But the truth is, you didn't look hungry. Now, when we fought, you had the eye of the tiger, man. The edge! And now you gotta get back, and the way to get it back is to go back to the beginning. You know what I mean? Maybe we can win it back together. Eye of the tiger, man.
Apolo Creed, Rocky III

Han puesto mi foto en el equipo de CxC, una foto del maratón de Ciudad Real (jo, qué paisajes... bueno, no, eso no tenía). Me siento en la necesidad de rendir homenaje a este honor con un especial "Remontando por el Campo" (RxC)


La mirada del tigre. Me decía Jorge Urueña hace poco que al perder peso he perdido la mirada del tigre, se refería a esta foto que suelo enseñar por ahí y que afortunadamente no es la que han elegido para poner en su blog:


En Europa solamente hay tigres en los zoológicos y en los circos. Apresados, en el mejor de los casos, en un ambiente cómodo y controlado, en el peor, maltratados en jaulas y remolques sucios víctimas de una tradición que se resiste a desaparecer y que tiene su origen en los tiempos en los que enfrentarse a una fiera era un acto de valor y no, como ahora, de cobardía miserable. Especialmente cobarde cuando se trata de espectáculos dirigidos a alimentar el sadismo de unos pocos que sin embargo venden una imagen del espectáculo como "fiesta nacional". Una nación de la que se presentan como represententantes y, por si hay dudas, llenan todo de banderas rojas y amarillas para politizar (politizar no, "partidizar") el tema y presentar la simple repugnancia hacia el dolor gratuito padecido por un ser sintiente para diversión de otros como algo que los extranjeros nos imponen y el espectáculo sádico como una pieza de patrimonio nacional amenazada por la codicia de nuestros envidiosos vecinos.

En Europa, hay lobos. Corriendo libremente por el monte.



La acusación de haber perdido la mirada del tigre me da que pensar. Rocky perdió su hambre de ganar y la voracidad del novato, perdió la mirada del tigre, the eye of tiger, Sansón también perdió sus fuerzas cuando, traicionado por una mujer, le cortaron el pelo. Una metáfora de un mito universal e intercultural que nos cuenta que si eres un oscuro rockero heavy, una chica, por mucho que te guste, no te debe convertir en un descolorido pijo ibicenco. Los lobos, a su vez, después de 10.000 años de domesticación se han convertido, algunos, en una especie de ratas que pueden llegar a pesar menos de un kilogramo en su estado adulto. Para que luego se hable de los peligros de la ingeniería genética. Cómo si necesitáramos mucha tecnología para doblar el tamaño de las abejas en pocos años y que, claro, almacenen el doble de miel en celdas gigantes, que las gallinas pongan huevos dos o tres veces al día o reducir el volumen de un majestuoso ejemplar de lobo gigantesco y peludo que corría durante la última glaciación por las estepas heladas europeas a una vigésima y temblorosa parte de su original en forma de minichihuahua con mirada hipertiroidea y no de tigre precisamente.


¿Se pierde la voracidad por el triunfo?. Es más difícil acabar tu segundo maratón que el primero, tu segundo 100 kilómetros que el que hiciste por primera vez. ¿por qué? Primero porque la motivación la primera vez es mayor, existe la necesidad de demostrarse a uno mismo que se es capaz de conseguirlo. La segunda vez no, sabes que puedes y pierdes ese motor, en los entrenamientos y, sobre todo, el día de la competición cuando se presenta el sufrimiento que habías olvidado. Porque nuestra memoria tiende a quedarse con los mejores momentos, es decir, los de los últimos kilómetros en los que ya estás seguro de que vas a llegar, el paso por el arco de meta, el encuentro con amigos en carrera y con quien te viene a ver. La memoria dulcifica y reelabora los recuerdos. Embellece el pasado y olvida el dolor, porque el recuerdo de un amigo trae a la mente la imagen de esa persona, pero el recuerdo del dolor, del dolor físico, no trae a las terminaciones nerviosas nada remotamente parecido al dolor que se había experimentado. Otros dolores si. Los recuerdos dolorosos duelen cada vez que se evocan y por eso también, tenemos que olvidar.

De hecho, es la receta de la infelicidad: vivir en un triste pasado, embellecido y adornado por la memoria, negar y rechazar el presente, temer el futuro, resistirse a cualquier cambio.


Rocky lo consigue la primera vez, pero después vive de sus éxitos, se ablanda y la voluntad de vencer a toda costa le abandona, como a un premio Nobel que no vuelve a hacer en su carrera ningún descubrimiento significativo (nos dicen los sociólogos e historiadores de la ciencia que es un fenómeno tan frecuente que aún no se le ha hallado ninguna excepción a la regla). Se puede morir de éxito. Puede ocurrir, también lo contrario, el miedo a no volver a conseguirlo, a fracasar, puede empujarnos como a un empollón a sacar otro sobresaliente, porque lo que casi siempre les impulsa a estos es el pánico al suspenso, donde cada éxito es una amenaza de no volver a conseguirlo más. El empollón, con cada sobresaliente, no se confía y relaja, sino todo lo contrario, aumenta la expectativa y la presión para el siguiente examen. Tengo que reconocer que las 500 visitas a este blog en un día, hace dos días, me han hecho acordarme del pánico del empollón. Uf. Haber acabado el UTMB 2012 ¿puede pesar como una losa en el Ultra Trail du Mont Blanc 2014?

¿Habré perdido la determinación, la mirada del tigre, lo que necesito para terminar mi segundo UTMB?, esta vez recorrido, esperemos, que sobre el trazado previsto de 168 kilómetros en vez de sobre 115 como nos impuso la meteorología en 2012. Ese puede ser un buen factor de motivación. Atrapados en la comodidad del zoológico o maltratados entre los barrotes del circo, los tigres pierden su mirada de cazadores nocturnos. Pero tal vez, en la carrera de los Alpes, podamos encontrarla juntos, la mirada del lobo hambriento. Lobos que hoy, en el siglo XXI cruzan las sierras de Guadarrama y de Gredos y que llegan hasta la Submeseta Sur. Quizá la clave, pensando en las estepas del Sur, sea cazar en manada.

También me hace venir al recuerdo todo esto, por cierto, el consejo que me regaló hace un año aproximadamente una buena amiga, para que practicase la mirada de si-te-pillo-te-trillo, que nunca he tenido muy desarrollada, referido a otro tipo de caza de carácter más sensual. Qué importante es la mirada del lobo, sin ella estaríamos perdidos. Cómo nos gusta cuando la otra parte la entiende y nos la devuelve multiplicada.

En definitiva, creo que lo importante es mirar al mundo de frente, con una mirada que trasmita la determinación que se lleva dentro. Con fuego en las tripas y en el pecho que iluminen los ojos con una feroz alegría. La de enfrentarse a un nuevo reto. Las ganas de atravesar lo que haga falta, menos poner en riesgo la seguridad, para llegar a la meta en menos de 46 horas. Que sintiendo un grito de guerra o un aullido de lobo en en nuestra mente tomemos la salida en Chamonix el próximo 29 agosto con los ojos brillantes y la mirada de una manada de lobos hambrientos que salgan a devorar kilómetros de desnivel positivo hasta diez veces mil metros con cada una de sus bajadas.

Y, como todo en esta vida, fuera de la carrera, lo mismo. A comerse el mundo.