viernes, 25 de abril de 2014

Acaba la noche


Allí [están] las puertas de los senderos de la noche y del día
y en torno a ellas, dintel y umbral de piedra,
y ellas mismas, etéreas, cerradas por inmensas batientes hojas
de las que Diké, la de los múltiples castigos, las llaves guarda de doble uso.

Perí Physeos (Poema de Parménides)
Hace pocos meses hablábamos de que había llegado la hora y se aproximaba la noche.

Después de leer la última entrada en el blog de la Filósofa, Robin Hood, y sobre todo después de hablar con ella, se me ha avivado el recuerdo de varios amaneceres. Se pregunta Verónica si la llegada de la Primavera no despierta en nosotros una alegría ancestral, un recuerdo atávico de haber sobrevivido a la noche una vez más. Quizá la moda que roza la pseudociencia del neurologicismo científico se apunte rápidamente a hablar de cambios hormonales provocados por la luz del sol y de genes que gobiernan nuestra conducta. De activación de áreas del cerebro. No sé si es esa una buena explicación, pero me acuerdo del Gran Trail de Peñalara 2011, subiendo por el Arrastradero de Troncos hacia la Fuenfría, cuando pasaban más de veinticuatro horas de competición y el segundo amanecer disolvió las espesuras de mi mente somnolienta como el relámpago del rayo disuelve las tinieblas en una noche cerrada y tormentosa. Una sensación de "resurrección", de "renacimiento", como cuando el mundo vuelve a aparecer explendoroso tras el invierno.

Ha vuelto a amanecer.

Amanece y escampa en Principe Pío, junto a la entrada de la Casa de Campo
Por la noche no alcanzas a ver más allá de lo que ilumina tu frontal, la linterna que va atada a la frente y, quizá, los de las personas de alrededor si estás acompañado. Son pequeñas islas de luz envueltas en la negra y hostil oscuridad que tal vez encierra los miedos a los que nuestros antepasados se enfrentaban con frecuencia al alejarse de la hoguera. Tienes una idea aproximada de lo que hay delante de ti a unos veinte metros quizá y tu mirada no enfoca más allá. Te acostumbras a la burbuja de percepciones y al aislamiento en que estás encerrado hasta olvidarte de que hay un mundo de montañas y valles a tu alrededor. Solamente hay el camino que vas a recorrer los próximos segundos, una anticipación inmediata muy adecuada para la mentalidad ultracorredora que trata de no llevar a su conciencia durante horas las enormes distancias que tienen que vencer. Se ve a poca distancia y vives anticipando muy poco, vives "el presente", que diría el lema de moda.

En griego clásico una de las palabras que usan los filósofos para referirse al concepto de "verdad" es Alétheia (ἀλήθεια), des-velamiento. El Leteo era el río que regaba la laguna Estigia en los Infiernos griegos. Literalmente "el olvido", el río que, al ser atravesado por las almas, provocaba que sus aguas hicieran olvidar la anterior vida antes de reencarnarse en un nuevo ser, según algunas religiones griegas. En la Grecia clásica convivía la religión oficial de los dioses del Olimpo con otros muchos ritos, supersticiones, creencias y religiones familiares y "para iniciados". Verdad, en Griego, es desvelar, sacar de la oscuridad, del olvido. El propio ejercicio de la filosofía y de la ciencia es despejar las tinieblas de la mente, salir de la autoculpable minoría de edad de las supersticiones, que solamente alumbran unos pocos pasos delante de nosotros y ver el mundo con perspectiva, desde el punto de vista más amplio posible: sub aespecie aeternitatis, desde la Eternidad. Arrojar luz al mundo, a la mente, despejar las tinieblas e iluminar los rincones en los que se esconden los enemigos de la ciencia y de la verdad, desvelar el mundo con los sentidos, con la mente y la razón solamente.

Camino Aragones, 2006. Tras los nubarrones el sol se abre paso

La sensación de despertarse, la sensación de ver el horizonte, la sensación de que se disuelvan las tinieblas ante los ojos y ante la mente, esto último cuando resuelves un problema lógico, matemático, ético o cuando completas tu puzle personal, cuando las piezas, ¡chas! encajan. La sensación de que ha acabado el Invierno y florece el Universo alrededor es embriagadora, hincha el pecho de gozo y alegría y anima el cansancio más profundo. Después de un día y una noche corriendo y subiendo duras pendientes la luz del sol se lleva el cansancio y da fuerzas y esperanzas para seguir adelante.

Incluso en los vertederos y escombreras amanece cada día
También tras los Inviernos del alma, después de cada oscuridad del ánimo hay un amanecer esperando a quien quiera disfrutarlo.

La curación tiene un poco también de primavera. La salida de una larga lesión para volver a sentir la fuerza en las piernas alegra el corazón como el amanecer en el fondo de un valle de los Alpes y que el mundo pase de ser, de luna burbuja de luz que encierra el alcance del "frontal", a un paisaje de majestuosas montañas de más de tres mil metros.

(C) TNF UTMB (R)
Remontando por la vida el mundo se reinicia con cada amanecer, con cada primavera, alumbrando y dejando ver más lejos de lo que la oscuridad ha permitido hasta el momento, como decían los escolásticos, como enanos subidos en los hombros de gigantes que pueden ver hasta donde aquellos no pudieron llegar a vislumbrar a pesar de su enorme estatura.

Galicia, Camino de Santiago 2013
La Pedriza, poco después también en 2013 

Acabó la noche, por ahora. 


Ecce gratum
et optatum
Ver reducit gaudia;
purpuratum
floret pratum,
Sol serenat omnia.
Iam iam cedant tristia!
Estas redit,
nunc recedit
Hyemis sevitia.


Iam liquescit
et decrescit
grando, nix et cetera;
bruma fugit,
et iam sugit
Ver Estatis ubera;
illi mens est misera,
qui nec vivit,
nec lascivit
sub Estatis dextera.


Gloriantur
et letantur
in melle dulcedinis,
qui conantur,
ut utantur
premio Cupidinis;
simus iussu Cypridis
gloriantes
et letantes
pares esse Paridis.

He aquí que la agradable
y deseada
primavera vuelve a traer la alegría;
vestido de púrpura
florece el prado;
el sol lo serena todo.
¡Que se vaya ya la tristeza!
El verano regresa;
ya se aleja
la dureza del invierno.


Ya se derriten
y decrecen
el hielo, la nieve y lo demás;
el invierno huye,
y ya se amamanta
la primavera de los pechos de la estación estival.
Tiene un espíritu miserable
quien no vive
ni disfruta
bajo la protección del verano.


Se glorifican
y se alegran
en la dulzura de la miel
los que se esfuerzan
por gozar
del premio de Cupido.
¡Obedezcamos la orden de Venus
de que, gloriosos
y alegres,
seamos semejantes a Paris!