miércoles, 7 de enero de 2015

...con la mirada de un niño

El egoísta es una persona de mal gusto que se preocupa más de sí mismo que de mí.
Ambrose Bierce, El diccionario del Diablo

Debería arrancar el año con mi crónica de la Napoleónica 2015 pero... ¡Ay! Un inoportuno catarro me ha impedido acudir a la cita que Luis Arribas organizaba para bajar corriendo desde Buitrago hasta Alcobendas siguiendo los pasos del emperador de Francia en su visita a nuestra capital hace un par de siglos. Una lástima, pero una retirada a tiempo nos permitirá dar la batalla otro día. Estoy negociando el formato de la Remontada Infernal III con los presuntos asistentes.

En "esta fechas tan entrañables" que de una puta vez por fin ya finalizan, algunos estridentes y antipáticos tipos como yo se empeñan en decir cosas feas y que estorban el simulacro de buen rollo que otros se esfuerzan en fingir crear. Una realidad a lo Matrix que les envuelva y les impida ver el mundo real. Pues bien. He deicidio decidido hacer propósito de enmiernda y mirar lo que resta de este circo esta celebración, la llegada de los reyes magos, con la mirada de un niño, que es al parecer lo propio de la Navidad.

Mirando la Navidad con la mirada de un pequeñuelo, me da por pensar que los niños son pequeños monstruos que no se plantean dar algo a cambio de lo que reciben y que solamente se limitan a demandar sus necesidades. No digo que esté mal. Es la naturaleza humana. Desde el día que nacen están programados genéticamente para llorar y enfadarse si no se les suministra de forma inmediata leche, agua, atenciones, etc... y, con el tiempo, videoconsolas, dinero en metálico y cualquier otra cosa que satisfaga sus impulsos inmediatos. Una de las mejores oportunidades que tienen de mostrar su naturaleza es la "carta a los reyes magos". En ella expresan  su egoísmo primigenio a través de una lista de objetos materiales, juguetes, que desean obtener a cambio de nada. Solamente un largo trabajo por parte de los adultos consigue ir, poco a poco, socializando a estos animalillos para acabar convirtíendoles en provechosos ciudadanos capaces de empatizar con los demás, tener principios morales más allá de obedecer las normas que vienen impuestas desde fuera y en el mejor de los casos, llegar a ser buenas personas.

Aprovechando el 31D y el 1E para hacer algo mejor que maltratar el hígado.
El gradual proceso de acompañamiento a la edad adulta desde que al niño se le proporciona mágicamente todo lo que desea a capricho pasa por tomar conciencia de que "los reyes son los padres" (no, Froilán, tú no) y asumir limitaciones presupuestarias dependiendo en qué familia te toque, una de las primeras lecciones de la injusticia intrínseca del capitalismo. El proceso culmina cuando tiene cada uno que costear sus propios caprichos dentro de los límites del presupuesto de sus ingresos. Si todo ha ido bien también el ser humano en cuestión habrá pasado de tener una moral basada en normas externas impuestas por la autoridad (los padres) a un complejo sistema desarrollado durante su socialización en el que puede distinguir lo que está bien de lo que está mal y establecer sus propias normas basadas, fundamentalmente, en no causar daño a otros seres innecesariamente. Ni que decir tiene que este proceso es difícil y, en muchos casos, bastante deficiente.

Mirando egoístamente la Navidad que acaba de pasar, Madame Noël me ha regalado (entre otras cosas) una mochila chulísima: una Raidligth Ultra Olmo 12 que me tiene que acompañar muchos años por el monte y que en una primera prueba parece exactamente lo que necesito. Promete, porque la primera vez que me calzo una de estas cosas no suelo ir del todo cómodo con ninguna.

Arrancamos el nuevo año con material suficiente para los próximos retos, con cinco kilos que hay que ir quitándose de la cintura, pero con menos peso que otras veces en el alma. Las cartas a los Reyes son una pesada carga. Las cartas a los Reyes o a cualquier otro ser. Todo listado de deseos egoístas al dios al que se adore: el destino, el Karma, Odín, Jehová... depositar en "algo" una especie de formulario "expone-solicita" lleno de demandas es negarse a ser adulto. Hay que valorar lo que se tiene, que es mucho habitualmente y yo no tengo queja, y lo que se desea y aún no se posee, no pedirlo, sino dar pasos para conseguirlo. Si además necesitas poco y, como decía Francisco de Asis, ese poco, lo necesitas poco, tanto mejor.

Y por supuesto, los reyes son los padres ¡Viva la república!