martes, 20 de octubre de 2015

Laissez faire

Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même
(Dejen hacer, dejen pasar, el mundo va solo).
Vincent de Gournay
Una noticia inesperada ha provocado un enorme revuelo en el mundo del "running", en el de las carreras populares. El ayuntamiento de Madrid aborda la necesidad de regulación de las muchas pruebas deportivas que se realizan en la capital del reino.

Aunque nosotros somos más de correr por el campo...
Foto: Cristina Jiménez
Entre otras cosas, y quizá lo que más ha llamado la atención, es que uno de los aspectos que se regulan es un precio máximo para las carreras populares. En concreto de ochenta céntimos por kilómetro, lo que parece para muchos un claro intento de sacar fuera del panorama de las carreras a algunos arribistas que han visto negocio fácil (bien, por qué no), organizando carreras chapuceramente (mal, caramba). Y esto nos lleva a dos cuestiones:
1) ¿Se debe regular el precio de las carreras populares o seguir una política de "dejar hacer"?
2) ¿Vamos a dejar pasar esta oportunidad de repasar (muy someramente) la filosofía del pensamiento liberal?
Si tienes la perversa costumbre de entrar en este sitio (bizarrillo), la respuesta a la segunda pregunta la sabes ya.

Vamos con la filosofía de la libertad. Un tema de gran envergadura (con perdón).

Solemos tener un poco de lío en la cabeza con estos temas. Probablemente la causa esté en que hay bastante confusión en el lenguaje empleado en los medios de comunicación. En general tienden a confundir el liberalismo con el capitalismo y el capitalismo con el neoconservadurismo. Son tres cosas distintas. El liberalismo, antes de nada, es un pensamiento a favor de la libertad en todos los aspectos del ser humano y que, por supuesto, también afecta a la visión que se tenga sobre la economía y cómo debería funcionar. Aclaro que yo no soy liberal aunque simpatice con buena parte de las ideas ilustradas que inspiran este pensamiento.

La libertad no ha sido nunca la prioridad del pensamiento político y filosófico a lo largo de la historia hasta la Ilustración. La filosofía es un reflejo de la sociedad y salvo breves espacios y periodos, la libertad siempre ha sido un lujo de un mínimo sector de la sociedad. Cierto es que las personas han ido ganando terreno (y perdiéndolo también a veces) en lo que se refiere a la construcción de ese ente de razón que es el ciudadano como sujeto de derechos. Se han ido ganando derechos de ciudadanía. Pero en lo que se refiere al pensamiento, el foco se ha puesto en la libertad hace relativamente poco. Cuando se empezó a pensar que era importante limitar la capacidad de intervención en asuntos públicos de, por ejemplo, la Iglesia.

¿Qué son los derechos de ciudadanía? Vamos a resumirlos en una frase sencilla: Libertad, igualdad y fraternidad.


Los derechos son potestades que la ley concede a las personas por el simple hecho de ser "un ser humane". En algunos casos para todos los seres humanos, en otros... solamente para algunos.

Pueden reconocerte, además, más o menos como ser humano..., como mediohumano o como casihumano o como animales domésticos. Ha habido momentos a lo largo de la historia en la que a los esclavos, a las personas de otras razas, a las mujeres, se les ha considerado no-del-todo-personas basándose en criterios que hoy consideramos machistas, racistas o clasistas. También se da el caso que los derechos, en un sistema judicial, por razones de origen, sexo, raza, religión, nivel económico, etc. son distintos para unos que para otros. Por ejemplo, se limita el derecho a votar a las personas que tengan la nacionalidad del país o, en algún caso, el derecho a la vida si eres judío, homosexual o tienes una discapacidad. Son restricciones de derechos en todos los casos.

El derecho a la vida es un derecho. El derecho a votar es un derecho. Hay muchos derechos que podemos, por ejemplo, agrupar entorno a los tres conceptos que aparecen en el lema de la revolución francesa. Así, por ejemplo, entre los derechos vinculados a la IGUALDAD, están todos los relacionados con el sufragio (elegir y ser elegido para cargos políticos), el derecho a la no discriminación por razón de sexo, raza o religión, el derecho a un juicio justo (la igualdad ante la ley), también el derecho a la educación. Los derechos relacionados con la FRATERNIDAD tienen que ver con la intervención del estado en la redistribución de la riqueza para crear lo que nuestra constitución llama un "estado social y de derecho" (esa parte de la constitución se la saltan algunos que se declaran muy fans de ella). El derecho al trabajo, a la salud, a la accesibilidad universal para las personas con discapacidad, etc...

Pero hoy nos interesa la LIBERTAD. Esos derechos como el de reunirse, sindicarse, la libertad de palabra, de culto, de enseñanza, el derecho a la propiedad privada...

El liberalismo pone como piedra angular de toda la libertad el derecho a la propiedad privada.

Un inciso (otro). Quien se considera una persona progresista o de izquierdas puede malinterpretar a menudo a Marx pensando que propugna la abolición de la propiedad privada. Con ello se equivoca de parte a parte (esto no es culpa del pobre Carlos). Es más. En el Antiguo Régimen no hay mayores enemigos de la propiedad privada que los "ricos", que el clero, la nobleza y los reyes. Quieren que el campesino sea siervo de la gleba, nunca propietario. Los reyes quieren ser los únicos propietarios (el estado soy yo), el clero quiere que se consideren las posesiones terrenales un préstamo temporal (mientras ellos las disfrutan, claro)... es por eso que la burguesía es liberal y quiere tener derecho a la propiedad de las riquezas que van creciendo en sus manos a medida que surge el capitalismo como "forma de hacer las cosas", es decir, cuando se usa el dinero para comprar trabajo por salarios. Marx hablará de la "abolición de la propiedad privada de los medios de producción", es decir, la propiedad privada de lo que está en el origen de la producción: de las minas, de los ríos, de los rayos del sol. Eso es lo que, cuando alguien se apropia de ello y lo acapara, priva al resto de su uso y monopoliza la riqueza. Ni que decir tiene que gran parte del liberalismo está en contra de esta idea y que, en el fondo, es lo que separa de forma fundamental el pensamiento socialista del liberal.

Fin del inciso. La libertad del ser humano emana, para el pensamiento liberal, de la propiedad privada de su propio cuerpo. Incluso la libertad de pensamiento es una consecuencia de ser el propietario de tu propio cerebro. La propiedad privada de uno mismo, el poseerse a si mismo, implica que se pueda ser un ser humano libre y no una posesión de otra persona, es decir, un esclavo. Que una mujer no pertenece a su marido, que un trabajador no pertenece a su patrón, que, en definitiva, puede hacer lo que desee con su cuerpo, incluso abusar de él o ponerse en peligro.

Claro, que tanto amor por la libertad... tanto pedir que el estado (de derecho) no ejerza el poder arbitrariamente, que no invada la esfera privada de los ciudadanos y se limite al mínimo imprescindible (una reacción lógica al poder infinito de los reyes absolutistas)... lleva a pedir libertad completa para hacer negocios, sin ningún tipo de restricción. Libertad para contratar y despedir, libertad para fijar las condiciones de un contrato de trabajo (a la mierda los derechos laborales), libertad para fijar el precio en función de la demanda. Si alguien lo puede pagar y para mi es buen negocio, debe ser legal.

Ya hemos llegado al precio de las carreras.

No vivimos en un modelo económico ideal. Podemos ser anarquistas, socialistas, liberales... y tener nuestras ideas, pero el mundo en el que vivimos no es ninguna de esas cosas y actuar de espaldas a él es vivir disociados de la realidad. Es poco más que una pataleta pretender que se regulen precios públicos para todos los bienes y servicios.

Vivimos en un mundo en el que las reglas son que el mercado marca los precios y solamente se regulan (y poco) algunos bienes muy concretos y especiales en los que el estado se decide a intervenir. Las carreras populares no son el tipo de cosas que se suele regular. Se hecha de menos que se regulen cosas más importantes como para andar con una actividad que, quien quiera, puede hacer con unas zapatillas cuando lo desee sin pagar por ello. Por otro lado, un ayuntamiento puede también, con las mismas, exigir lo que le de la gana a la hora de autorizar una carrera popular como, por ejemplo, que los precios sean populares.

Pretender que el mercado se autorregula, que hay una "mano invisible" (como decía Adam Smith), que acaba llevando a todo a su justo precio es tan utópico como el más utópico de los proyectos políticos del conde de Saint-Simon.

Quizá en el mundo real en que vivimos entre fijar un precio público y una desregulación completa puede haber un término medio. Tal vez fijar unos servicios mínimos sin coste añadido obligatorios. Eso haría que cuando vas a una carrera ya sepas que contarás con ropero, con una ratio de voluntarios suficiente, con agua cada 5 kilómetros vayas en cabeza o en cola, que habrá ambulancias y te cubrirá un seguro, que todo va a quedar limpio cuando acabe la carrera... y después, si alguien quiere pagar por algo lo que obviamente no lo vale, como en la San Silvestre, que lo haga.

Por otro lado a nosotros con dos zapatillas y tres calcetines, nos sobra todo lo demás para poder correr y en el caso de nuestros amigos, los minimalistas, cuatro cosas menos aún.


La libertad consiste en poder hacer lo que se debe hacer.
Baltasar Gracián.


miércoles, 7 de octubre de 2015

Canal de Castilla Ultra Race

Es como un oasis el contorno de esta ciudad de Palencia, un oasis en medio del trágico desierto de la Tierra de Campos, de los Campos Góticos. Las aguas del Carrión, del dulce río claro que abriéndose en dos brazos abraza aquí, junto a Palencia, a una isla; las aguas del Carrión y las del canal han hecho estas huertas íntimas y frescas, donde aflora la dulce ternura castellana, esa ternura que suele brotar de las rocas.
Miguel de Unamuno.
Fotografía: Manuel E. Louzao

Si hubiesen decidido llamarla "Caminada del Canal de Castilla (CCC)", además de hacer un guiño a la Courmayeur-Champex-Chamonix, hubiesen marcado una interesante diferencia en esta insidiosa moda de ser "lo más". Todo es, todo viene siendo, muy ultra, muy spartan, muy hard, muy "la carrera más bestia". Sin embargo la apellidaron "Ultra Race", algo que suena tan poco castellano como echar miso, ramen y dashinomoto a las sopas de ajo (pero, aún así, probadlo un día). En su favor, para quitar hierro, el apellido de carrera-caminada, que suena más de estar por casa y es más de mi gusto.

Quizá andamos mirándonos el ombligo un poco de más con estas cosas. Ya sea corriendo por el campo o por el monte, en la btt o haciendo travesías a nado o practicando otros deportes y, en definitiva, haciendo actividades que cualquiera que escapa de un desastre natural (o artificial) saca fuerzas para hacer sin entrenar. Toda la vida la gente se ha dado panzadas a correr y a caminar. Por necesidad o por gusto, pero ahora pareciere que se alardea en demasía de la afición de cada cual. Quizá es simplemente que ahora existen los medios para echar un ojo a lo que han hecho el fin de semana un centenar de amigos y antes no o que nos ha pillado todo junto: la crisis de los cuarenta, el descubrimiento del postureo en las redes sociales, los selfies, una vida sedentaria que queremos compensar haciendo deporte... pero con ello no quiero dar la razón a esos cascarrabias a los que me refiero en ocasiones, que no les molesta tanto el postureo como el hecho de que no sea patrimonio de una élite. Lo que les resulta problemático es que cualquiera haga lo que les hacía sentirse especiales.

Intentemos no caer en ninguno de estos extremos. Ni hacer alarde de lo que es, en definitiva, una afición como otra cualquiera, ni andar gruñendo cada vez que alguien se hace un selfie o a negarle una palmadita en la espalda a un amigo que acaba de hacer un esfuerzo deportivo.

Carga de hidratos (o lo que sea) previa a la carrera con una rosca de morcilla y otras cosillas

En principio, y a pesar de ser una primera edición, la organización contaba con el beneplácito de buenos amigos y eso es una garantía a la hora de apuntarse a una carrera en estos tiempos de "paracaidistas" que montan eventos de cuatro en cuatro sin haber hecho nunca nada parecido. Lo de meterse en una carrera tan larga siempre es mejor hacerlo de la mano de gente que te garantice una cobertura. En este caso el tema de la orientación no era muy importante. Con un mapa esquemático hubiese sobrado, aunque no hubiese estado balizado. Tampoco costaría hacer este trayecto en autosuficiencia y, al llegar a Frómista, parar en un restaurante a comer quizá. Lo que no quita mérito al excelente guiso de carne con patatas que la organización nos proporcionó en este punto en el que cruzábamos el Chemin Français a Santiago de Compostela. Lo que de verdad requiere esfuerzo organizativo es mantener los equipos de apoyo a lo largo de la carrera todo el tiempo que van a estar allí. Y el mayor mérito es de los que se dieron la paliza a trabajar como voluntarios para nosotros.

Sobre la tarea de los voluntarios sorprenden dos cosas:

¿Por qué hay un porcentaje tan alto de corredores que no van nunca como voluntarios a las carreras? ¿No sienten la obligación moral de devolver el servicio recibido otro día pagando en la misma moneda? ¿No tienen tiempo para ir de voluntarios pero si para ir de corredores?

¿Cómo hay tanta gente que está encantada de ayudar voluntariamente si no corren ni han experimentado nunca la gratitud hacia quien nos echa una mano desinteresadamente? ¿De dónde sale esa motivación altruista?

Siendo cuidados en el kilómetro 98 por los amables voluntarios
La carrera salía un poco tarde. Seguro que hay una buena razón para ello, pero la verdad es que estábamos en la Dársena palentina del Canal de Castilla a las diez de la mañana, quizá tres horas después de lo que hubiésemos preferido para ahorrarnos, horas después, tres o quizá cuatro horas de oscuridad.

Yo me preguntaba qué era una dársena, y como nos decían los profes en el colegio, no hay que tener vergüenza de preguntar. Menos hoy en día, que se puede hacer en cualquier sitio y en cualquier momento consultando a la Wikipedia, a Google o a WolframAlpha lo que te parezca y obtener al instante una ingente cantidad de conocimientos. Conocimiento infinito inmediato. Ya no recordamos cómo era el mundo antes.

Nos cuenta la Wikipedia, sobre las dársenas, que una es "la parte resguardada artificialmente, en aguas navegables, para el surgidero o para la carga y descarga cómoda de embarcaciones [...]
Dársena deriva del árabe دار الصناعة  dār aṣ-ṣinā‘ah (de دار dār, «casa» y الصناعة aṣ-ṣinā‘ah, «el arte, la fábrica»), que significa «casa de la fábrica», refiriéndose originalmente a un muelle donde se fabricaba y reparaba embarcaciones. El término dār aṣṣinā‘ah también da origen a las palabras arsenal y atarazana."



Y es que parte de la gracia de esta carrera era recorrer esta increíble obra de ingeniería civil que pretendía conectar el interior de Castilla con los puertos del Cantábrico para el transporte de mercancías y que, tras un siglo de construcción, quedó obsoleta por el desarrollo de la locomotora de vapor. El caballo de hierro era más barato y rápido, pero nos quedó una ruta cicloturista estupenda y un ultratrail duro y correoso, "picando" hacia arriba en falso llano casi imperceptible más de un centenar de kilómetros desde Palencia hasta Alar del Rey. Una fracción tan solo de la totalidad de la enorme construcción.

Fotografía: Manuel E. Louzao
Venía uno con la prevención y el cuidado de ir muy tranquilo por varios motivos. El primero, la experiencia de que salir muy rápido no sirve nada más que para perder tiempo al final, y es que esta era mi novena carrera de más de cien kilómetros si conseguía terminarla y a palos aprende hasta el filósofo más recalcitrante. El segundo, que había corrido hacía apenas catorce días la Madrid Segovia y era muy poco tiempo el transcurrido para considerarme recuperado de semejante paliza de ciento dos kilómetros y dos mil cien metros de desnivel positivo acumulado. Que iba a ir acompañado de un par de gacelas, Javi y Ramón, que podían hacerme "la goma" y forzarme el ritmo sin darse ellos cuenta. Finalmente, lo más importante, que este perfil de carrera era algo nuevo para mi. Nunca había hecho una tan larga con tan poco desnivel y mi estrategia habitual no servía para nada. Lo que suelo hacer es, primero tratar de retrasar la fatiga lo más posible y, después, andar las subidas y trotar las bajadas, lo que me permite descansar de andar corriendo y descansar de correr andando. Dicho así suena, a quien no corre estas distancias, un poco absurdo, pero a la cabeza le sirve para regular el esfuerzo y no desesperar.

102 y 108 kilómetros en apenas dos semanas
mucho riesgo, quizá, pero todo ha salido bien.

No soy el único loco. Encontré al menos otros cuatro "magovianos" que hacían doblete de ambas en la quincena. Y supongo que habría más por ahí.

Una grata sorpresa ha sido el paisaje. No se hace nada pesado. Realmente es bonito y trasmite una calma la llanura palentina que ya había experimentado haciendo el Camino de Santiago. El recorrido es agradable y muy llevadero desde el punto de vista paisajístico. Quizá a eso se refiera Miguel de Unamuno con lo de que aflora la dulce ternura castellana en Palencia.

Fotografía: Manuel E. Louzao

Pero para los pies es otra cosa. Tanta llanura, tanta piedra suelta, los machaca sin piedad. Sin ninguna ternura y de esta manera llegamos muchos bastante rendidos a Frómista, kilómetro cuarenta y ocho, donde afortunadamente nos esperaba un avituallamiento muy bien montado para poder recuperar. Sin embargo Javi, a pesar del excelente ritmo que llevaba y de su mejor condición física y preparación para la prueba decidió que no quería llevar a sus pies hasta una lesión y allí nos lo encontramos tomando una cerveza en una terraza, a punto de retirarse.

A partir de ahí, y con la compañía de la conversación de Lolo, un asturiano de Gijón que se nos unió para nuestro placer, los kilómetros pasaron rápidos. Andando y trotando hasta el sitio en que íbamos a cenar, el kilómetro setenta y siete. Por el camino recogimos a José María, de Donosti, con el que hicimos un grupo, que diría un asturiano, "muy guapín". Marcándonos trotes cómodos y caminatas rápidas de manera intercalada y charlando para hacer ameno el recorrido. Una simbiosis ultrera de libro.

Aquí el equipazo de cena. Aquí unos amigos.

A partir de ese momento se acabó el correr. Mantuvimos buen ritmo caminando, lo que no dejó de ser un sufrimiento extra para los maltratados pies y las piedrecitas se convirtieron en arena que se metía dentro de la zapatilla y amenazaba, y en mi caso cumplió la amenaza, de crear alguna ampolla.

Entrando en meta
Regla 1256/96: No te hagas fotos con gente que
pesa mucho menos que tú si puedes evitarlo.
Los resultados de la carrera son sorprendentes. Casi un cincuenta por ciento de retirados, menos de la mitad de los llegados a meta lo han hecho en menos de dieciséis horas. Lo que viene siendo una auténtica masacre típica de pruebas mucho más técnicas o en condinciones metereológicas muy adversas (tuvimos un tiempo perfecto). Quizá porque nos acercamos a ella muchos "montañeros" o porque era demasiado pedregosa para los "asfalteros". Una prueba dura y correosa que hay que tomarse muy en serio para hacerla con soltura. Llamada a convertirse en una clásica (del sadomasoquismo quizá. Seguro que tiene tirón).

Es muy significativo que, bajando el ritmo de 8:07 min/Km (al llegar a Frómista PK. 48) a 9:42 min/Km (hasta Abanades, PK. 77) avanzase del puesto 96 al 73 y que, reduciéndolo hasta la meta a un mísero 10:18 min/Km, nos mantuviésemos en el mismo lugar de la clasificación. Eso quiere decir, seguramente, que nuestra evolución en la carrera fue la tónica general y que pocos sacaron fuerzas para correr los últimos treinta kilómetros. Algo que deberíamos haber hecho, trotar de vez en cuando, para sufrir un poco menos.

Pero, eso si, hay tantas formas de sufrir de verdad que estas cosas que hacemos por gusto no merecen tanto lamento.
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
¿Pasó? Sobre sus campos aún el fantasma yerra
de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra. 
Antonio Machado, Campos de Castilla




















jueves, 10 de septiembre de 2015

Enzarzarse

A cada cerdo le llega su Ragnarok
MGO

Cuando se corre o se camina por el monte se descubren de pronto un montón de expresiones que uno lleva usando toda su vida pero que adquieren todo su sentido realizando estas actividades. La última de la que he tomado conciencia es de la expresión "enzarzarse".

Da la impresión de hemos perdido el contexto de la etimología de muchas de nuestras palabras y con ello mucha riqueza lingüística porque, al fin y al cabo, el moverse "a pata" era el medio más extendido para ir de un sitio a otro durante la mayor parte de la existencia de la humanidad para casi todo el mundo. Muchos giros lingüísticos que utilizamos a diario tienen que ver con el recorrer caminos y senderos pero, por el mero hecho de llevar toda la vida empleándolos, no somos conscientes de su significado original. Muchas personas se han enzarzado en discusiones años antes de hacerlo, propiamente, en zarzas.

Deliciosos frutos de la Rubus ulmifolius.
Causa de que muchos se enzarcen.
¿Quién no ha perdido el camino alguna vez? Sin estar desorientado, sabiendo perfectamente donde estás, pero sin saber qué sendero tomar... ¡cuidado!, hablo de correr. Por supuesto que hay una situación análoga en nuestras existencias cotidianas, pero hoy no toca hablar de eso porque, simplemente, no se da el caso de que esté viviendo esa situación en mi persona ahora mismo, aunque siempre la podemos recordar u observarla en los demás por ser algo muy frecuente. Pero más de una vez, hablando de situaciones meramente montañeras, en la Pedriza del Manzanares sin ir más lejos, uno tiene referencias de donde se encuentra. Sabe a dónde va y de dónde viene, pero no conoce la senda que está recorriendo ni por dónde debe ir. Eso es perderse sin haberse desorientado (mucho más peligroso lo segundo siempre, ya sea en el campo o en la vida, que mala cosa es en la vida acabar yendo en una dirección equivocada largo tiempo y luego tener que encontrar como llegar a otro sitio alejado de donde uno ha acabado).

En esos casos, a veces, se decide avanzar atrochando, campo a través, "tronchando lindes"... hasta llegar al camino que sabes que tienes que cruzarte sin ninguna duda. Vas... "p'allá" hasta que llegas a territorio conocido. Siguiendo la linea imaginaria que une la punta de tu dedo con el lugar que estás señalando.

La idea es sencilla y se supone que tiene que salir bien (lo suponen, sobre todo, los novatos en la materia) pero a veces entras en la vegetación y te encuentras un curso de agua, un torrente vertical y caudaloso que resulta un enorme peligro cruzar, que no es posible rodear y que te deja en un callejón sin salida. Otras veces una sima, un barranco, una falla que no podías ver hasta estar al lado es lo que te obliga a dar la vuelta. A veces es la vegetación la que se va cerrando y tienes que avanzar haciendo eses rodeando los macizos de pionos o de zarzas, teniendo finalmente que entrar a pincharte un poco, a marcar con pequeños y molestos más que dolorosos desgarros la piel expuesta o, lo que es peor, las membranas de los cortavientos y de las mochilas (carísimas) que, al contrario que nuestra dermis, no tienen, hoy por hoy, capacidad de autorregeneración. Te enganchas aunque vayas despacio, te arañas las piernas como si una docena de gatos histéricos se hubiesen afilado las uñas en ellas. ¿Y por qué no cogí las mallas largas, que no me acuerdo? Es más ¿Por qué no cogí un gran machete o quizá una desbrozadora de pelo o incluso una guadaña? Te preguntas mientras tu cortavientos se hace otro corte irreparable.

La sensación de enzarzarse es desagradable, frustrante, no se avanza nada. Luchas contra una fuerza sin inteligencia y tienes todas las de perder. Con personas necias o con arbustos de espinas es inútil tratar de avanzar si están demasiado cerca. Todo el mundo hemos sentido alguna vez esa sensación de habernos metido en un sitio de donde nos va a costar salir, donde no hay vuelta atrás... una discusión bizantina con alguien que parte de supuestos irreconciliables con los tuyos pero, que además, no sigue las reglas de la retórica y el diálogo que Aristóteles describía ya en el siglo IV a. C., por lo que ni tan siquiera recibes la gratificación de un enriquecedor debate con alguien con un punto de vista distinto del tuyo.

El otro día, después de una carrera, bajábamos la mayoría de los que habíamos participando en ella por la zona prevista, habilitada y marcada para ello y ya fuera de competición, de forma neutralizada. Por supuesto te encuentras con paseantes, porque todo el recorrido iba por rutas ya existentes (como debe ser). Quienes corren por la montaña tan solo nos diferenciamos en que usamos un calzado menos pesado, hacemos apoyos más cortos y rápidos y, en general, nuestro impacto es menor en los caminos que quien los recorre resbalando con unas recias botas o sobre los tacos de una bicicleta de montaña.

En un tramo en que el camino se estrechaba junto a una profunda cárcava, donde quizá un pequeño torrente se forme cuando una una tormenta alcanza la intensidad suficiente, iba una familia y los corredores pasaban alrededor, pero no cerca de ellos. Aprovechando su técnica de bajada usaban la mayoría el pedregoso fondo del curso de agua para progresar y rodear al grupo. Charlando entre ellos, trotando, soltando piernas porque ya lo habíamos dado todo en la competición, en el "kilómetro vertical" que tenía la meta oficial al final de la subida de mil metros de desnivel. Sin prisa ninguna porque, al fin y al cabo, no había ninguna premura en llegar y dejar de disfrutar de una bajada francamente cómoda.

Aproveché un momento para adelantar a varios de ellos en el sendero estrecho, en vez de meterme por la profunda zanja y continué caminando cuando ya no pude seguir haciéndolo detrás de quien parecía el pater familias y quizá el "lider" de la expedición, ya que iba en cabeza, con la idea de pasarle tres o cuatro metros más adelante de la forma más cómoda donde el camino ya se ensanchaba y acababa la cárcaba. Al momento una voz a mi espalda le dijo al caballero que caminaba con una inquietante parsimonia delante de mi:

- Papá, deja pasar.
A lo que el interpelado respondió con un tono hostil.
- Yo no tengo prisa, los que van con prisas son ellos... y continuó avanzando más despacio de lo que lo hubiese hecho, sin duda, si yo no hubiese estado detrás esperando para adelantarle.

¡Qué gran oportunidad de enzarzarme me perdí!

Esperé cinco segundos y le pasé a buena distancia para que no pudiese tener queja y con una sonrisa de oreja a oreja para... lo confieso, para molestarle y frustrarle con el gesto contrario al que él buscaba. Era obvio que quería enzarzarse conmigo y que yo podría haberlo hecho con facilidad, sobre todo otro día que no estuviese en un estado de ánimo de relax y disfrute como el que deja subir a todo trapo desde Miraflores a la Najarra, para dejarse luego caer tranquilamente por el camino de vuelta. Ni comiendo una tortilla de diazepan me hubiese encontrado el tipo menos predispuesto a responder a su provocación. Podía haberle dicho sin duda que, contrariamente a lo que él creía, yo no tenía prisa ninguna, que él no podría estorbarme ni aunque se esforzase aún más en hacerlo, que le estaba dando un mal ejemplo a su hijo, que en campo caben distintas actividades y nos tenemos que respetar unos a otros... pero hubiese sido como meterme en un macizo de zarzamoras son un Softshell de ochenta euros... y ni tan siquiera me hubiese hinchado a comer los deliciosos frutos.

Estas son las personas, claro, que se quejan de los corredores. Gente a la que es imposible explicar, sin enzarzarse en las afiladas agujas de su estulticia, que uno no va con prisa nunca aunque vaya más rápido que ellos, que de hecho soy un corredor lento y hoy precisamente voy sin presión ninguna, fuera de competición y cansado, y que simplemente corro... por lo mismo que él se irrita. Yo corro porque puedo y él no, porque no sabe hacerlo.

Intenta razonar con esto
Me diréis, y seguramente tenéis razón, que hay que hacer una tarea divulgativa, explicar, atraer a nuestro lado, tratar de crear una imagen positiva de nuestra actividad, pero mucho me temo que va a haber gente con la que esto sea un ejercicio fútil porque las causas de su hostilidad las arrastran consigo a donde van y la dirigen a todas las personas con quien se cruzan en todos los ámbitos de su vida.

Stultitia Imperatrix Mundi!

Es fácil entenderse con quien pone un mínimo de su parte,
no todos los encuentros son desafortunados.
Pero sería un placer debatirlo con ustedes, amables lectores, si tienen a bien poner un comentario en este humilde blog. Prometo no enzarzarme aunque no compartan mi opinión.






jueves, 30 de julio de 2015

Olimpismo y trail running


Fatiga menos avanzar sobre terreno accidentado que sobre terreno llano.
Kilian Jornet... no, ¡calla!..., Aristóteles, siglo IV a.C.
Me decía un amigo hace poco que el trail running es "una forma de vida", lo que inevitablemente puede parecer un tópico edulcorado, una autojustificación por la vía, muy habitual, de considerarse a mi mismo un "escogido". En cualquier caso la afirmación despierta mi escepticismo filosófico. Por lo menos cierto tipo de escepticismo, uno que no niega la posibilidad de conocimiento, sino ese escepticismo que pone prudentemente en suspenso todas las creencias hasta encontrar una justificación racional para ellas.

Los vínculos e interrelaciones en el grupo de aficionados a correr por la montaña, las afinidades y visiones compartidas, las amistades creadas y que forman una red tupida, ya que somos relativamente pocos, hace que se viva la sensación de pertenencia a un grupo cerrado, una gran familia, al que inevitablemente se idealiza. No es algo exclusivo nuestro. Todos los grupos tienden a construir una autopercepción de "ideal de pureza", una imagen de su colectivo que tiene todo lo bueno y nada de lo malo de otros grupos de referencia. Es un mecanismo psicológico, un sesgo cognitivo, incluso un mecanismo de defensa tan universal como inevitable y de sobra estudiado por la psicología y la sociología. La idealización es un mecanismo necesario para que nuestra mente discrimine generalizaciones sobre grupos, pero hay que ser muy prudentes para no caer en chovinismos de cualquier tipo. Es muy fácil y agradable sentirse especial.

Si te gusta correr por la montaña, te gusta hacer algo que mucha gente no entiende. Ni tan siquiera otros corredores o quienes practican otros deportes. Pero a veces nosotros tampoco hacemos un esfuerzo por entender a quienes hacen otras cosas. Una característica no exclusiva nuestra es que en la montaña no es tan importante la marca como la técnica (bueno, alguno hay que se ha escapado de la escuela de supermanes y anda quejándose de la molestia que le supone que haya corredores que van más despacio por detrás de ellos). El trail te expone a muchas más sensaciones cambiantes y que requieren tu atención que la carrera en ruta típica, como un maratón desarrollado sobre asfalto en el interior de una ciudad. Hay para quien, incluso, no importa lo más mínimo la competición y el recorrido y la compañía lo es todo. Esforzarse en mejorar constantemente, si, pero no para otra cosa que para "acabar" los retos que cada cual se propone.

Aquí un humane disfrutando de un deporte consistente
en llegar de un sitio a otro empleando toda la técnica
necesaria para hacerlo de forma rápida y eficaz. Parece divertido.
Aquí otro humane haciendo algo parecido. Participando en una competición
olímpica. Tiene que pasar entre unos palitos puestos a una distancia estandarizada
en el menor tiempo posible de manera que las marcas puedan ser
homologables entre distintas competiciones olímpicas.
Sin embargo en ciertos círculos (vale, si, en mi entorno más "friki") se percibe un cambio gradual en esta "comunidad" de corredores y corredoras de montaña (o trail runners que yo no tengo problema con este anglicismo habiendo otros muchos más perniciosos que se nos cuelan insidiosamente en la cotidianidad). La cosa va rompiéndose poco a poco en dos direcciones. No necesariamente una mejor que la otra, pero son visiones distintas. Algo parecido a la diferencia entre las artes marciales en las que no hay competiciones, por propia elección, y las que tienen un reglamento deportivo que permiten realizar torneos.

Hay un movimiento por parte de unos corredores para que las carreras de montaña no cambien en una dirección determinada marcada por una mayor reglamentación, separación entre la élite y los "populares", mejores sistemas de puntuación, cuantificación y evaluación de las carreras, fortalecimiento de las federaciones nacionales y de los organismos supranacionales... incluso replicación de estructuras que en un momento dado puedan convertirse en comités olímpicos si el trail pudiese hacerse una disciplina de este acontecimiento que cada cuatro años atrae el interés de todo el planeta. Algo soñado por muchos y temido por otros.


El movimiento olímpico reúne una "rapsodia" de especilidades y excluye otras sin que se pueda adivinar el por qué desde lo estrictamente deportivo. Deportes como la natación están llenos de pruebas de todas las técnicas y distancias, de manera que los mejores nadadores del mundo vuelven de unos juegos olímpicos con la espalda doblada del peso de las medallas que trasladan al cuello, mientras que en otras especialidades se escatiman. Especilidades muy implantadas de atletismo, con campeonatos nacionales e internacionales en todos los países como los 100 Km. en ruta o el "medio maratón" o, también en el triatlon distancia Ironman que no entran en competición. Hay, sin embargo, "deportes exclusivos" heredados del periodo inicial del olimpismo moderno en el que el deporte estaba reservado a unos pocos aristócratas como la doma olímpica o "carreras de yates a vela" y otros, mientras tanto, con cientos de miles de fichas federativas como el fútbol sala, el rugby o incluso palímpicos como el baloncesto en silla se quedan fuera, incluidos todos los deportes de montaña salvo los que participan en los Juegos de Invierno. Hay competiciones artísticas (gimnasia rítmica, patinaje o natación sincronizada) que son deportes por unas razones que se podrían aplicar al baile acrobático o al ballet clásico. Hay artes marciales que si, hay otras que no. En definitiva. El criterio es político y se basa en el poder respectivo de las federaciones de cada especialidad en el COI. No estoy destapando ningún secreto que se ignorara. Que un deporte se convierta en olímpico es una larga tarea y, en el proceso, suele necesitar una profunda transformación de la propia práctica deportiva.

Puede necesitar "palitos por los que pasar" y clasificaciones de niveles de dificultad del recorrido, como el descenso en piragua, adaptar la distancia para no... hacer sombra al maratón, como en el caso del triatlon olímpico, o reglamentar un sistema de puntuación en combates como el boxeo o el taekwuondo. Quizá el trail running necesite todo eso, pero no es algo que no se haya hecho antes. Podría haber perfectamente una prueba de "kilómetro vertical" sin ninguna duda. El seguimiento en directo hoy en día, gracias a los drones, ya no es ningún problema. Lo que no tiene pinta de que vaya a ocurrir es que el ultratrail de cien millas entre en la olimpiadas. Ni tan siquiera el "maratón de montaña olímpico", porque son carreras técnicas y muy largas, difíciles de homologar y comparar entre si y restan protagonismo a otros deportes que defienden su trozo de pastel olímpico. Ahora,... ¿no sería espectacular ver bajar por una pedrera a la élite del trail a todo trapo en una pantalla gigante?

Todo esto del olimpismo mueve una cantidad de pasta ingente y da de comer (y de otras cosas) a mucho ejecutivo importante. Y de eso va buena parte de esto.

Hace algunos años, en el seno del Aikido, un arte marcial moderno, como el kárate o el judo, se abrió el debate sobre si se debía avanzar hacia una reglamentación mayor que permitiese el desarrollo de torneos y competiciones, pero para buena parte de los practicantes esto estaba en contra de los fundamentos de su disciplina, que trataba de huir del combate, de la competencia y que finalmente así ha permanecido, como un camino de perfeccionamiento técnico más que otra cosa. Por el contrario el karate, un deporte con millones de fichas federativas lleva décadas tratando de entrar en las olimpiadas siguiendo el camino del judo y el taekwondo. En estos deportes el olimpismo supuso el abandono de técnicas de autodefensa y un enfoque competitivo que antes no era fundamental. Se ha pagado un peaje muy alto y muchos practicantes lo consideran una pérdida irreparable.

Pues esa es la percepción que se empieza a tener entre algunas personas de mi entorno. Que esto se va a romper, por un lado, hacia el lado del trail pirata, el punk trail y las quedadas para recorrer monte, y participar en las carreras que conserven el "espíritu" de los viejos tiempos y por otro hacia la alta competición, poner la organización en manos cada vez más profesionales y crear una estructura paralela a la de otros deportes más orientados a la competición.

Y por ahí ¿Qué opináis? ¿Deporte olímpico o forma de vida?



viernes, 17 de julio de 2015

5 trucos para correr tu primer maratón sin esfuerzo en solamente 4 semanas partiendo de cero que te cambiarán la vida.

¡Enga ya, hombre!

Espero que usted no haya llegado aquí pensando que realmente iba a encontrar algo tan imposible como lo que sugiere el título del artículo. Trucos. Rapidez, Ausencia de esfuerzo. Aprendizaje relámpago. Profundos cambios vitales y epifanías llegadas desde un enlace de Internet...

Pero bueno, ¿Estamos tontos o qué?

Pero seguramente a estas alturas ustedes ya estarán acostumbrados a encontrarse con este marketing "Pedro y el lobo" que funciona las primeras veces y, gradualmente pierde fuerza y se deshincha, por más que nos diga que "no te lo vas a creer", que "la quinta foto es la mejor" o que "a mi me ha cambiado la vida". Mensajes que prometen lo increible, lo bueno, bonito y barato, lo fácil y rápido. ¡No podrás creerlo! Promesas de cosas sorprendentes que llegarán, eso si, después de pinchar el enlace y atraer el tráfico web hacia lo que viene a ser técnicamente una MPP ("una mierda pinchada en un palo") o, simplemente, "un truño de noticia" cuando no una estafa o un malware que nos la lía parda.

Hubo un tiempo que ejercí, entre otras funciones, como orientador laboral ocasionalmente y me encontré algún inquietante y perturbador caso (afortunadamente no era el de la mayoría) en que había gente que solicitaba empleos que no requiriesen esfuerzo físico ni mental, bien remunerados y con jornada corta y flexible. Eran además solicitados por algunas personas con escasa formación, experiencia laboral, talentos naturales y, en general, cualificación profesional que, además, siempre estaban ocupadísimos para hacer una entrevista de trabajo y exigían a los empleadores potenciales que se adaptasen a su disponibilidad para "concederles audiencia".

La carta a los reyes magos. Pensar fuerte y no hacer nada, pero desearlo con ganas y en conexión con el Universo, la Madre Naturaleza o esperando el Karma, que como el cartero, siempre llama dos veces.

Metáfora de un karma en forma de empotrador que te va a dar lo tuyo...
...si lo pides a los reyes magos...
Queremos soluciones milagrosas, progresar sin esforzarnos, gimnasios con aparatitos a los que "enchuflarse" y que hagan el trabajo por ti. Suplementos, aminoácidos milagrosos (por otro lado, presentes en las proteínas de una tortilla francesa que nuestro cuerpo se encarga en extraer gratis durante el proceso digestivo) y atajos sintácticos para tardar menos en decir las cosas en 140 caracteres (el problema es que se acaba diciendo otra cosa).

Vemos cada vez más programas de televisión en el que un "listo" compra algo, le hace una ñapa y lo vende con jugosos beneficios. Un coche, una moto, un almacén abandonado... Darse un paseo, pujar y ganar pasta sin doblar el espinazo, comprando a diez y vendiendo a veinte. Será que el resto son tontos que no hacen lo mismo y están con las hipotecas hasta el cuello.

Por eso, aunque el running se ponga de moda, ser corredor/a no tanto. Calzarse un maratón, por el asfalto o por la montaña no es fácil, no lo regalan, no se prepara en dos días y sin asignarle una cierta prioridad. Y duele. Y hace calor (luego hará frío). El entrenamiento es un proceso de adaptación y si no es, como mínimo, incómodo, no se produce ningún cambio. Hay que supeditar la comodidad inmediata a la consecución del objetivo que se persigue y eso... no está tan de moda como parece.

Dietas milagrosas, pierde diez kilos sin esfuerzo con este sencillo truco...

Gana dinero con este sencillo truco...

Cursos cortos, sencillos, divertidos, donde se aprende un güebo y que cuando los haces cómodamente desde casa, haciendo los ejercicios con un cutipaste de la wikipedia, te van a buscar a la puerta con un contrato maravilloso, muy bien pagado y con excelentes condiciones de trabajo...

Lugares secretos y con encanto que nadie conoce y que te vamos a contar, a ti, que pinchas en el enlace y a nadie más...

Te regalo dinero, chicas que te esperan, alarga tu miembro viril, triunfa en los negocios, acaba con las injusticias del mundo haciendo click en un botón, aprende idiomas en dos días, rejuvenece milagrosamente, come alimentos mágicos que curan el cáncer... nuestra sociedad no está hecha de gente que corre, aunque el running esté de moda.

Platón habla de la "segunda navegación" cuando se hace filosofía. La filosofía requiere esfuerzo, entrenamiento, profundizar, extenderse, volver atrás, dar saltos al vacío, probar cosas. Pensar no es "tener ocurrencias", es aprender técnica y entrenar la cabeza para luchar contra los problemas que nos suponen una urgencia vital su resolución. Filosofar es parecido a correr. No es algo que vaya a estar nunca de moda, porque requiere esfuerzo y dolor, persistencia y continuidad.

Así que, nada de trucos. ¡A entrenar cabrones!

Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos [...] del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
[...]
Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora? [...] Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?
Platón, La República 

miércoles, 15 de julio de 2015

GTP (Guía de Temáticas Platónicas) o "Galarleiz y También Platón"

El filósofo Ludwig Wittgenstein se encontraba en la estación de Cambridge esperando el tren con una colega. Mientras esperaban se enfrascaron en una discusión filosófica que absorbió toda su atención. Al ver que el tren comenzaba a alejarse, Wittgenstein echó a correr en su persecución. Wittgenstein consiguió subirse al tren pero no así su compañera. Un mozo que estaba en el andén se le acercó al ver la escena y le dijo para tranquilizarla:
No se preocupe, dentro de diez minutos sale otro.
Ud. no lo entiende - le contestó ella - él había venido a despedirme a mi.-
En la anterior entrada de este blog quedaba abierta la cuestión de qué demonios era eso de correr bien. A ver si hoy profundizamos un poco más. Quizá nos ilumine un poco la participación reciente en el Maratón Alpino Galarleiz.

Ola de calor en Madrid y nosotros bajo un fresco txirimiri, hasta con manguitos...
Además seguíamos un ciclo (nos queda una última entrada) de centrarnos en un autor en especial, Platón, a modo de experimento y a propuesta del maestro Spanjaard para poder dar una imagen más completa del pensamiento de un filósofo en concreto (¿por qué no elegiría yo a uno "de los mío", como Jan Łukasiewicz?). Y parecía que correr bien era correr rápido, correr más rápido que el resto, es decir, ganar. Pero... hay mucha gente que no gana y, es más, que sabe que no va a ganar antes de salir. De hecho esa es la condición de la inmensa mayoría y nos parecía... un poco desconcertante que tanta gente se reuniese para "perder carreras" todos juntos.

Quizá planteamos mal la pregunta. Buscábamos la idea perfecta de correr bien, pero no fuimos lo suficientemente platónicos.

La idea del Bien participa de la idea perfecta de correr. No es necesario preguntarse qué es correr bien, sino qué es, τὸ τί ἐστι, simplemente, correr. Si supiéramos eso, sabríamos que es correr bien. Al menos desde el paradigma del maestro de Aristóteles, en el que las Ideas perfectas existen de manera efectiva como objetos. Un concepto difícil incluso para el propio Platón que a través de sus diálogos (Platón es su mejor crítico), vamos viendo como "la idea de Idea" (valga la redundancia) se va complicando, se va volviendo más abstracta y se va "matematizando" y haciéndose lo que los filósofos llaman "aporética", es decir, "sin salida".

Correr es, y corríjanme si me equivoco, echar un pie delante de otro sin que permanezcan los dos en el suelo simultáneamente, que eso sería andar. Permite desplazarse rápido. Es la forma más rápida que tenemos los humanos sin emplear una máquina, como una bicicleta, o sin arrojarnos desde una ventana, que suele ser una forma rápida pero una estrategia no "perdurable en el tiempo". De un solo uso habitualmente, aunque se acelera a 9,8 m/s² (en la Tierra), y a poco que se tire uno de buena altura se alcanzan velocidades tremendas. El problema en este caso no es la velocidad que se alcanza con la aceleración, sino la mucho más rápida y brusca deceleración.

Algunas pendientes muy pronunciadas en esta carrera
Correr, es una actividad "natural", entendiendo como tal que no requiere un aprendizaje, ya que todos los humanos tienen ese potencial y, si nada lo impide, se desarrolla por si mismo sin ninguna otra intervención, no como montar en bicicleta, por ejemplo, que requiere un proceso de ensayo y error gradual.

Correr es algo que hacemos naturalmente y es la forma más rápida de desplazarnos. Más que reptar, gatear, hacer la croqueta, ir a la pata coja, postrado de hinojos o caminando. No es raro ver niños probando quien lo hace mejor, es decir, más rápido y "echando carreras" como juego espontaneo. Casi como un impulso instintivo. Otros animales también lo hacen y sirve como proceso de aprendizaje de estrategias de supervivencia, de ataque o huida, para cazar o para no ser cazado. También es probable que retarse a correr sea una actividad tan antigua como la humanidad y, desde luego, un elemento de los "juegos" que se celebraban en la antigüedad, por ejemplo, en Grecia durante las olimpiadas. No hay que olvidar que correr es una excelente preparación para el arte de la guerra y en especial para la infantería de todos los tiempos. Y una perfecta apuesta de borrachos en todos los lugares del mundo en que se fermentan o destilan bebidas espirituosas.

Hay quien dice que la arraigada tradición vasca en carreras de montaña tiene que ver con esos "alardes de taberna" en la que los mozos apostaban quien era el primero en llegar a la cima del monte más cercano o en hacer una ruta conocida por todos.

Galarleiz surge hace veinte años. De esta manera que nos relatan:

                     

Galarleiz es la matriz, el origen, la idea que después se copia y que da lugar a otras carreras de montaña por la Península como el Maratón Alpino Madrileño. Es, en cierto modo, como la Idea de Platón, el molde del que salen el resto de las copias, aunque es a su vez una idea pillada al vuelo más allá de nuestras fronteras.

Volviendo a lo que es correr. Una actividad natural e instintiva que sirve para ir rápido. Atendiendo a otras características, además de la rapidez, correr bien podría significar:

1) Correr de una forma bonita, estética, agradable a la vista, estilosa. Entre el "arrastrar de pieses" de un walking dead que podemos contemplar al final de un pelotón de ultreros y la elegante zancada de un masai en una prueba de "milqui" (gane o no), hay un abismo estético. Correr bien puede ser, simplemente, correr bonito.

2) Correr bonito tiene que ver con la eficiencia biomecánica y suele significar "correr sano". Los desequilibrios musculares, las asimetrías, los vicios técnicos, además de fealdad a la carrera suelen desembocar en lesiones y molestias. Correr bien puede significar correr técnico, correr sano.

3) Cuando se pilla el ritmo, cuando los músculos calientan, cuando las piernas siguen la mirada y se entra en estado trance, cuando las endorfinas corren por la sangre y llegan a los receptores de los centros de placer del cerebro, cuando se alcanza la velocidad de crucero y la cadencia entre la respiración y las piernas da la sensación de que vas a seguir corriendo eternamente y sientes que estás corriendo bien. Correr bien quizá es correr con buenas sensaciones, algo que puede estar ligado a hacerlo de manera técnica y estética. Por cierto, ello también suele significar ir rápido.

4) Las buenas sensaciones pueden venir por otro camino, además del interno. Aparte de las sensaciones propioceptivas, podemos correr por lugares bonitos, como los del Maratón Alpino Galarleiz, por Guadarrama o por Gredos, por Picos de Europa, por los Alpes o los Apalaches. Correr bien puede ser, simplemente, correr disfrutando, sintiéndose feliz de la soledad o de la compañía.

5) La buena compañía. Correr te permite conocer gente extraordinaria y relacionarte con ella en las carreras y en los entrenamientos. Gente como Luisfer, del Tierra Trágame, al que tuve el gusto de saludar en la carrera, su maratón número 107 (OMG!). Charlar con unos y otros, sobre todo con gente que tiene algo que contar más allá de ritmos y marcas de zapatillas y suplementos nutricionales. Correr es una actividad social, en la medida en que una carrera es un acto social y quizá correr bien sea correr en sociedad. Correr, según la máxima kantiana, como si los otros corredores fuesen un fin en si mismos y no un medio para alcanzar tus fines. Correr, incluso, para crecer espiritualmente.

Correr tiene beneficios físicos, psicológicos y sociales, lo que permite un crecimiento como persona. No si te lesionas, si te obsesionas con ello hasta hacerte daño o si eres un personaje centrado en los resultados deportivos que aleja a la gente a tu alrededor con su ego de "supermachaca". Eso te empequeñece y te aleja de todo lo que te puede aportar la aventura de salir a trotar por el monte, en soledad o con otras personas (humanas o perrunas). Competir contra uno mismo, por mejorar en algunos de estos aspectos, siendo con el tiempo capaces de hacerlo con mejores sensaciones, mejor técnica, más rápido incluso, si, como una actividad compartida con los demás más enriquecedora, si es posible hasta los noventa años. Quizá todo eso sea correr bien más allá de correr más deprisa que el de al lado.

Preparándonos para el maratón... psicológicamente, claro.
Dorsal para una carrera bonita y rápida y, por rápida, dura, con unas
bajadas (y alguna mítica subida) en la última parte que maltrataban los cuádriceps ya extenuados.

Fotos de Rául Martínez, compañero de batalla en esta ocasión, a pesar de una reciente lesión de tobillo

Un breve y merecido reposo antes de la siguiente batalla:
entrar en Madrid un domingo por la tarde en coche y "comerse" un atasco
más insoportable que correr otro maratón 
¿Qué os puedo contar de la carrera que no sea mejor que el que lo viváis yendo allí para la próxima edición? Quizá que Galarleiz es, sin duda, un sitio excelente para "correr bien" en todos los sentidos. Disfrutaréis muchísimo, del recorrido, de las zonas más técnicas y de las más cómodas, del paisaje, de la gente, del ambiente, de la organización, de la comida y hasta del "fresquito" si hay una ola de calor en el centro de la Península y por allí sopla airecillo, hay niebla, cae txirimiri y hay veinte grados de máxima menos que en Madrid.

En la próxima, acabamos con Platón (como dijo Teofrasto de Lesbos).
"El año pasado conseguí encontrar el axioma más corto de este cálculo. En la notación libre de paréntesis que he diseñado tiene sólo trece letras y la siguiente forma: CCCpqrCCrpCsp"
Łukasiewicz, Jan. Estudios de lógica y filosofía.

miércoles, 8 de julio de 2015

GTP (Guía de Temáticas Platónicas): Correr "bien"

“La agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida”
Federico García Lorca
Continuamos con el "mes de Platón".

Una parte del peligro de abrir un debate sobre cualquier tema, es la mala costumbre, creo que especialmente en este nuestro país, de desviar las discusiones hacia trincheras ideológicas sin salida. Es quizá una consecuencia (indirecta) de lo que llamamos el "cainismo", algo que va más allá de las mal llamadas "dos Españas" que se supone que siempre han existido y cuyos encontronazos no han sido mejorados por más de dos décadas de telebasura en la que tratan de convencernos de cuál es la manera correcta de debatir a través de realities horrorosos plagados de freaks, supuestos debates de pseudotertulianos que berrean salvajemente sin escucharse, concursos donde la guinda es la humillación pública de los concursantes por parte de supuestos expertos en un contexto de indefensión pública de sus víctimas y programas de famosos, así, sin más profesión, cuyo mayor mérito es decir lo primero que se les viene a la mente sin ningún filtro y, normalmente, sin darle mucha forma al escaso contenido. El proceso ha ido acelerándose y radicalizándose llegando a programas dirigidos principalmente a adolescentes donde el modelo es un grupo de supuestamente atractivos petardos y petardas, analfabetos funcionales escasos de ropa e hinchados por anabolizantes y cirugía, que no saben prácticamente hablar (y menos discutir) pero enzarzados permanentemente en discusiones bizarras.

Charlábamos hace poco paseando por las casamatas, nidos de ametralladora y las ruinas de los bunkers de la Batalla de la Granja (un día de paseo, aunque no se escapó la idea de volver en otra ocasión a correr unas decenas de kilómetros por aquel escenario histórico), si en otros países hay esa necesidad de posicionarse en un extremo u otro, de hacer una reducción al absurdo de las ideas del contrario, de admitir sin crítica las ideas de "los tuyos". Y había cierto consenso en el "no" entre la gente más viajada y la representación extranjera (francesa, como no). En otros sitios no existe ese odio visceral. No sabríamos decir si existen lugares donde también padecen semejante herencia cultural (seguramente), pero, al menos, hay otros escenarios mundiales donde no se mantienen rencores y planteamientos contrailustrados y decimonónicos con tanta vehemencia, ligándolos a una supuesta identidad nacional que abarca maltrato animal, unión Iglesia-estado y revisionismo histórico favorable a los peores criminales que han pateado estas tristes tierras. No importa si se acaba de terminar una terrible guerra civil en un país africano o si tus abuelos apoyaron a los nazis durante el gobierno de Vichy. Cuando todo termina, uno de los bandos, gane o pierda, no se cree en posesión de la identidad nacional. No se discute de política en los mismos términos que de furgol.

Por el escenario de la Batalla de la Granja, discutiendo de filosofía política

Una de las teoría allí sostenidas era que quizá el gran cambio que supuso la Ilustración europea a mitad del siglo XIX, que acabó, andando el tiempo, con prácticas extendidas por todo el continente como la tortura pública de animales durante los festejos (algo menos "Español" de lo que querrían sus partidarios), acabó con la presencia de las iglesias en los gobiernos, con la Inquisición (y con los jesuitas a menudo de pasada), promovió políticas de servicios público, la educación universal y el ideal de igualdad de todos los hombres y, con el tiempo, de mujeres y hombres... todo eso llegó a nuestro país, no a través de una revolución más o menos sangrienta, iniciada por clases medias y respaldada por los pobres (la fórmula de cualquier revolución), sino por la vía de la invasión francesa de Napoleón, no menos truculenta, por lo que para una parte de la ciudadanía se asimiló que los cambios ilustrados eran impuestos "desde fuera".

Por más ilustrado que fuese el déspota José Bonaparte, por más vil malvado e incompetente que fuese la alternativa del borbón Fernando VII, Pepe Botella venía impuesto desde fuera en vez de impuesto desde dentro, como nuestra monarquía de entonces (y la de ahora, aunque nos quieran amordazar). No hay nada como mirar hacia Grecia estos días para darse cuenta que cuando un país siente que los extranjeros quieren imponerles su voluntad, se genera un rechazo profundo a ello y adhesión inmediata a quien se les oponga.

Según esta teoría, para una parte de la población las "moderneces" son peligrosas, extranjeras y antiespañolas y aunque la otra mitad del país anhela librarse de esta herencia, se le imponen constantemente tradiciones y rituales casposos. Con independencia de si un paisano nuestro se considera de izquierdas o de derechas, estadísticamente rechaza o acepta ciertos elementos que nada tienen que ver con su ideología en principio. Es curioso que después del franquismo nunca ha triunfado aquí un partido de ideología liberal (que sea liberal, no que se apropie de la palabra para hacer lo contrario) o republicano (en un sentido estricto, es decir, que esté contra la monarquía abiertamente). Una anomalía en una Europa que es mayoritariamente liberal, laica y republicana y no entiende que ello tenga que ver con ser más o menos progresista o más o menos conservador.

Todo esto porque parece que cuando se discute de cualquier cosa hay que intentar adivinar "qué es el otro", para saber "si es de los nuestros" y si es que si, darle la razón para apoyarle, y si es que no, llevarle la contraria sin escuchar lo que está diciendo. Parece que hay que plantearse los temas, no como algo a investigar, sino como algo sobre lo que hay que tener ya la respuesta y ganar la discusión a los otros.

En fin. Furgolismo mental. Lo contrario del método socrático que busca otra cosa mediante el diálogo (dia - logo: a través de la razón).

Qué es eso de correr bien. ¿Qué es el Bien? Platón tenía su propia opinión al respecto. Una opinión tan elaborada que es en buena medida el meollo de su teoría de las Ideas que las últimas entradas analizábamos. La perfecta idea de Bien no es un Eido (εἴδω) cualesquiera, como la idea perfecta de "perro", la idea de Bien es la idea suprema en su teoría de las formas, ya que participa del resto de las ideas perfectas.

Una carrera tiene como objetivo la competición (en griego ἀγών, agón, de donde procede la palabra "agonía"). Se trata de ganar, de llegar el primero, de competir y agonizar para entrar en meta antes que los demás. En eso consiste una carrera y por tanto, sin más, correr bien, es correr de manera que se consiga ganar. Correr bien es correr para vencer. Rápido, o técnico, sufriendo o muriendo al cruzar la cinta de llegada. Si es una carrera, correr bien no puede ser otra cosa.

O no.

Platón señalando hacia el cronómetro entrando en meta
Correr lo más rápido posible para llegar el primero es uno de las planteamientos plausibles sobre lo que es correr bien. La idea principal y lógica. Por imitación (qué platónico estoy) con el corredor que más rápido corre, el ganador, correr casi bien o en cierta manera bien es correr lo más rápido dentro de lo posible, más rápido quizá que aquel con el que estoy "picado", más rápido que alguien (cualquiera, aunque sea el último) o más rápido que yo mismo otro día... correr rápido es correr bien y correr lento es correr mal. Esto tiene su lógica aplastante. Se trata de una carrera.

Pero desde este punto de vista, tomado en sentido estricto, solamente una persona consigue correr bien. Quien gana es quien únicamente corre bien, y no siempre, porque puede que no haga su mejor marca siendo ese su verdadero objetivo y, él mismo (o ella misma), su único rival si no hay nadie de su nivel. Desde esta óptica limitada todo el que no gana, fracasa. Las carreras de montaña son un fracaso colectivo para cientos de personas que participan en ellas. Son un enorme sinsentido salvo para quien pisa el podio.

Pero... ¿Qué pinta allí toda la gente que sabe que no tiene ninguna posibilidad de ganar? Quizá son más del noventa y nueve por ciento de quienes se reúnen bajo el arco de salida.

Bueno, hay cierto grado de consenso en que no. En que no solamente se trata de ganar. En que "competimos contra nosotros mismos". Que correr bien puede ser obtener un resultado que se desea y que supone un reto para quien lo plantea.

¿Dónde queda correr para estar con los amigos, para visitar nuevos lugares, disfrutar de la montaña, del "tercer tiempo"?
¿Solamente en los entrenamientos?

Pero, claro, eso da lugar al problema del límite. ¿Dónde se pierde el sentido de lo que es una carrera? ¿Dónde desaparece eso que los griegos llamaban agón, ese esfuerzo por mejorar, por conseguir lo que se busca? ¿Pasear cuarenta y dos kilómetros es hacer un maratón?. En ese sentido a muchas personas que acaban un maratón les parece que abrir los tiempos demasiado, permitiendo que alguien camine la mitad del recorrido y finalizando en seis horas, no es lo mismo que correrlo desde el principio hasta el final o que correrlo casi entero y andar quizá unos pocos kilómetros cuando "el tío del mazo" asesta un golpe como el del martillo de Thor sobre la serpiente Jörmundgander, a la altura del "muro", pero habiendo intentado, por lo menos, correr los cuarenta y dos kilómetros y pico de la distancia oficial.

No entremos en las motivaciones. Cada cual hace lo que hace por sus putas razones y, por un lado, no las sabemos y por otro, no podemos judgar si las nuestras son mejores. Lo digo porque este es el punto en que la gente se lanza a degüello de quien corre "mal" y busca razones y motivos bastante insultantes especulando más que aportando hechos. Lo cierto es que me importa una puta mierda muy poco la razón porque otra persona corre y me preocupa que haya gente tan preocupada por ello. Una herencia maldita de la psicologización de la sociedad en la que todo el mundo hace diagnósticos a los demás (y nunca a si mismos).

Pero claro. Entre ser el ganador y tomarse a pitorreo e ir de paseo y tomando cañas hay matices. ¿Cuál es el límite?

Pues no tengo una respuesta para eso, pero constato que, en general, cada cual tiende a poner el límite por detrás de si mismo. Casi todo el mundo considera que su obrar se ciñe al ideal, al buen correr. Quien hace un Gran Trail de Peñalara en veintidós horas, puede que considere que está en la misma carrera (o no) y haciendo lo mismo que quien lo hace en veinticuatro o veintiséis, pero nunca piensa "si me comparo con Kilian, Luisillo o Nerea soy un gusano de la misma especie que quien no pasa los cortes y no merezco que se considere que estoy corriendo, porque esto es arrastrarse". No. En general si ponemos una referencia de lo que está bien, esta se mueve entre los primeros clasificados y los que van un poco detrás de nosotros y despreciamos a quien, en el fondo, no va mucho más allá, pero poniéndonos por encima de ellos. Consideramos que estamos en la misma carrera y haciendo lo mismo que los que ganan, aunque estén seis horas por delante y nunca, haciendo lo mismo que a quien excluimos, solamente dos horas por detrás. Es naturaleza humana. Tenemos que prevenirnos contra ello y tratar de pensar objetivamente, sin caer en, como decíamos al principio, una discusión estéril sobre "quiénes son los míos" y atrincherarnos sin opción a cambiar de opinión o aceptar los matices y las razones de los demás.

Vamos, que no sé cuál es el límite, pero veo que tampoco nadie aporta mucho desde una argumentación constructiva. Solamente vaguedades y abstracciones.

Por cierto, que esto de hacer ejercicio con los músculos y ejercitar también "el celebro" lo podemos leer por primera vez en las obras de Platón, donde la mitad de las veces Sócrates, el protagonista de los diálogos, viene del gimnasio o va hacia él, o se ausenta un rato para hacer ejercicio. Es en Platón (antes que en el Juvenal de la mens sana) donde encontramos la importancia de hacer ejercicio para poder pensar bien y hacer una cosa y otra para ser feliz.

Para Platón el cuerpo es la tumba de la mente. El lugar en que está "secuestrada" y, por tanto, es importante mantener un "alojamiento" en las mejores condiciones posibles.

El cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce; el pensamiento son las riendas, y los sentimientos los caballos.
Platón