miércoles, 10 de julio de 2013

La naturaleza y lo natural

Hablando de calzado minimalista, y con ánimo de polemizar...

Impactantes five fingers

Bueno, me acercaré al tema despacito y desde lejos, como tengo costumbre, pero esta vez aviso, porque voy a tomar mucha carrerilla y perspectiva sobre el tema. Demasiada y mucha más de la necesaria, seguro. Me voy a pasar tres pueblos alejándome del tema.

Nos situamos sub specie aeternitatis, desde el punto de vista de la eternidad. Producciones "La Kafkería", aburriendo hasta a las piedras...

Hubo un tiempo en que la naturaleza nos aterraba, donde se veía lo natural como el enemigo del hombre y de la cultura. Por asociación se despreciaba lo campestre y lo rural y se exaltaba lo artificial, la poiesis que transformaba lo que "no tenía valor", en una manu-factura. El proceso que dotaba de valor de uso, de sentido para lo humano, de precio, a algo mediante la aplicación de una fuerza de trabajo a lo que era simple materia prima, simple objeto presente en la naturaleza. Lo que no tenía precio asignado, no tenía valor. Dios nos regalaba la naturaleza y todos los seres vivos que la habitaban para que nos sirvieran o el imperativo histórico nos conducía a pasar de un modo de producción capitalista al paraíso socialista, donde una perfecta organización del trabajo nos permitiría transformar el mundo para nuestra felicidad.

El bosque, el rayo, la tormenta y la inundación, el océano... fueron los lugares donde habitaron los terrores de nuestros antepasados. La naturaleza, la "Naturaleza", era terrible porque era ingobernable por nuestros actos y cada pequeña victoria sobre ella se celebraba. Matar al lobo, quemar el bosque para hacerlo cultivo, domesticar a la fiera, abrir caminos entre los montes, el puerto seguro al resguardo de las tormentas, un buen abrigo, unas botas resistentes...

Nos encontramos hoy en día en nuestro mundo, por otro lado, una exaltación constante de lo natural y de los productos de la Naturaleza (con mayúscula, importante detalle). Hace pocos años aparecían en la publicidad con frecuencia las palabras "sintético", "laboratorio", "artificial" o "científico", entre imágenes de tubos de ensayo, escáners y ordenadores, y tipos con batas blancas que defendían las bondades de sus productos recién salidos de fabricas humeantes. Hoy es todo lo contrario. En publicidad aparecen bosques y prados, animalitos, mares con olas espumosas... No importa lo que vendas, todo es natural, todo es puro. Se asocia en publicidad la Naturaleza a la pureza y se busca ir a unos orígenes, a una infancia añorada sin aditivos y sin circuitos, donde todo sabía mejor y era analógico, sin corrupción.

Pero, ¿Qué es lo natural? Ves a gente con la mirada maravillada y exaltando la bondad de un paisaje natural que es fruto simplemente de que el nivel freático se haya elevado en una antigua gravera, cantera, mina o turbera cuando la explotación humana ha agotado el recurso, en bosques plantados por manos humanas hace siglos o simplemente décadas, ante paisajes naturales que en el fondo son tan "artificiales", manufacturados, como una manzana hormigonada de la isla de Manhattan, un campo de golf o un cultivo cerealista. Es difícil encontrar algo en este planeta que sea lo que es sin que la mano humana haya intervenido directa o indirectamente... Hay personas que ven un bosque virgen en donde especies vegetales introducidas por romanos o árabes delatan  que jamás, sin la intervención del homo sapiens, ese paisaje sería como es.

Y por supuesto, la mano humana es una mano animal. No somos "extraterrestres" ni "antinaturales". Varias especies de Homo llevan caminando por el planeta, evolucionados desde otras especies, hace millones de años. No estamos situados fuera de la Physis, como los Dioses metafísicos con mayúscula, sino que estamos dentro de los límites del mundo, como los dioses con minúsculas de los griegos. Somos seres físicos, no metafísicos, materiales y mundanos. Tenemos nuestras peculiaridades que nos definen, como al resto de los bichos que habitan del planeta, claro. Ser "culturales" es nuestra peculiar naturaleza, nuestra esencia. El ser humano altera su entorno, pero el resto de los animales y plantas que hay el mundo también lo alteran y lo transforman, siempre, sin excepción. Asociar la mano humana a "lo malo en si mismo" y lo que no ha pasado por ella a la bondad per se, es un ejercicio que requeriría una justificación que habitualmente no se da y yo ya no espero.

Wim Mertens. El minimalismo musical. No viene a cuento, pero me encanta.

Algunas cosas tan "antinaturales como la higiene, el vestido y el calzado (nos acercamos), los antibióticos, potabilizar el agua, emplear letrinas, usar alcantarillado ("cachis", nos alejamos), transportar el agua por canalizaciones, cocer los alimentos,... no son conductas naturales si separamos lo humano de lo natural, son aprendizajes culturales. Quizá sea lo natural atender un parto sin desinfectarse manos lavándolas con agua y jabón, quizá... pero hemos aprendido que este sencillo ejercicio antinatural salva muchas vidas.

Y no soy un defensor a ultranza de lo "artificial", solo que me parece que es muy difícil huir de ello y que mucho de lo que se nos ofrece como una alternativa natural no es más que una vuelta de tuerca de márketing, una tomadura de pelo al servicio de las mismas empresas que en los años setenta hubiesen vendido exactamente lo mismo exaltando su carácter "científico". Esas empresas que han pasado del "compra esto, que te hará triunfar" al "compra esto mismo, que proteges el planeta".

Yendo un poco más lejos, pillando la idea por los pelos y quizá el rábano por las hojas, tanta Naturaleza con mayúsculas me hace sospechar que sustituimos en este mundo posmoderno y nihilista en los términos previstos por Nietzsche a esos Dioses con mayúscula (Yavé, Alá, Deus...) que en su momento habían sustituido a los dioses con minúsculas (Zeus, Odín, Anubis...) por una Madre Naturaleza. Que caemos en un deísmo mágico sin dioses, pero con una Natura que hace la misma función en nuestra mente. Que nos premia y castiga y tiene voluntad propia. Parece que tuviésemos la necesidad de personificar los fenómenos que escapan a nuestra comprensión dotándoles de divinidad, conciencia e intención, hablando de una Naturaleza que es el reflejo de nuestras esperanzas de salvación como en otro momento lo fue de nuestros miedos y terrores nocturnos.

Aclaro. Yo respeto a todo creyente que respete mi ausencia de creencia en la suya.

Ahora si que nos hemos alejado del suelo, del tema de las zapas minimalistas, del pie desnudo apoyado sobre la tierra como el de Anteo, para elevarnos al Supra-Uranós en el que los filósofos practicamos eso que el resto del mundo llama, simplemente, "paja mental" y nosotros de muchas maneras dependiendo de la ocasión y el filósofo.

En definitiva, si el ser humano es un animal más, entonces no hay nada que realmente no sea natural. todo es cultura, es decir, la naturaleza humana. Ni una central nuclear, ni una zapatilla con control de pronación y 400 g. de peso son antinaturales, porque son la creación de un animal, el ser humano. Serán la zapatilla y la central buenas o malas cosas, pero no porque sean más o menos naturales.


Si por el contrario existiera una ruptura entre lo humano y lo no humano, una separación que pone lo artificial a un lado y lo natural a otro, entonces casi todo lo que creemos natural no lo es. Es simple atribución de deseos y esperanzas, asignación de valores arbitrarios y a menudo influidos por publicidad malintencionada que quiere vender un producto pintándolo de verde y subiéndole el precio, para que parezca más interesante. Casi todo lo que nos quieren presentar como natural sería tan artificial como lo son unas zapatillas  flexibles de 150 gramos, drop de 0 mm. y 100 € P.V.P. En este escenario tampoco está claro porqué algo, porque sea más "natural" sea mejor.


Si el discurso fuese: corre con los pies desnudos o dale dos tijeretazos a tu calzado viejo y aprovéchalo al máximo, no me pondría en alerta el calzado minimalista, pero el discurso es: compra, compra, compra... No basta con tus zapatillas. necesitas unas "voladoras" para competir, unas de "entrenamiento" bien amortiguadas, las "minimalistas" para entrenar el correr a lo natural y fortalecer otros musculillos, para trail por lo menos tres o cuatro modelos según distancia y terreno que permitan jugar con cresteríos rocosos o con pistas de tierra, con kilómetros verticales o con ultradistancias. Imprescindibles, por lo menos, 8 pares de zapatillas que debes renovar lo antes posible, porque en seguida pierde las propiedades mágicas que la publicidad le atribuye más allá de las que les presta tu musculatura y además los colores cambian cada temporada y hay que ir conjuntado para estas cosas. Como decía uno de mis profesores de lógica: "la elegancia no es opcional".

Y dicho esto, a ver si me agencio en algún momento unas five fingers, que están tiradas de precio por Internet y me parecen muy molonas. Ojalá inventen unas que se te bronceen los pies por debajo del calcetín, que así no se puede ir a la piscina.