martes, 23 de julio de 2013

Zapas en la maleta



Puede parecer desde fuera que alguien aparentemente tan absorto, obsesionado y maniático del correr organizará sus vacaciones entorno a las carreras, haciendo coincidir algún evento o buscando unas zonas de entrenamiento maravillosas para dar rienda suelta a sus pinreles. Esta idea parte de un error.

Lo que lees sobre una persona en su blog, en su página de Facebook, es lo que ella quiere mostrarte. No habría que dar por supuesto que porque escribe quizá un ochenta por ciento del contenido acerca de eso de calzarse unas zapatillas e irse a dar vueltas por ahí para, al final, volver al mismo sitio al fin y al cabo... digo que es un error pensar por ello que eso es lo único que ocupa su mente. No es así. Ni mínimamente. 

Obviamente uno escribe un blog sobre una de las cosas que le apasiona, las carreras, y cuenta en su muro de red social lo que le ocurre que considera que puede ser conocido por todas y cada una de las personas que pueden pasar por ahí en un momento determinado.. Es decir, hablo de correr porque si quiero hablar de política me voy a los foros adecuados, si quiero contar mis secretos quedo con alguien de confianza para tomar un café y si un día me levanto amargado o triste intento no hacer público mi estado. Problemas, penas, algunas alegrías secretas y opiniones muy controvertidas tengo, pero no es el espacio donde voy a poner lo que no quiero que se sepa por, insisto, todas las personas, quizás medio millar, que pueden cruzarse por ahí despistadamente, incluyendo jefes actuales, pasados y futuros, por ejemplo, personas que me quieren, pero que no opinan como yo o creen en dioses que yo no comparto, exparejas y gente que no me quiere (no se puede gustar a todo el mundo, hay que asumirlo).

Por supuesto siempre hay quien te etiqueta en una foto realizada una noche de juerga, en una pose incómoda, en compañía de quien no quieres que todo el mundo sepa que te acompañas, pero es algo que con un poco de prudencia no tiene mayores consecuencias.

Pero la prudencia lleva a que acabes hablando y contando tus rutas, tus carreras, la afición a la que dedicas una parte de tu vida como si esta fuese algo mucho más importante, por lo que callas y, puede ocurrir, que te digan cosas del tipo “como siempre estás corriendo”, “hay que hacer otras cosas, no todo va a ser correr”... mucha gente completa la parte de lo que no conoce de tu vida con la suposición de que lo que le llega es un muestreo estadístico significativo. Si no estás contando una carrera, estarás por ahí, corriendo.

No todo va a ser correr, claro.

La verdad es que en algunos casos me resulta un poco incómoda la situación. Me refiero a ser extrapolado desde la parte al todo y ser acusado de poco menos que obseso del running. Un día de estos a lo mejor me da por escribir un blog sobre lingüística y lógica formal, o sobre filosofía política, o quizá sobre el amor y la muerte. Una página de heavy metal y música clásica o sobre literatura de ciencia ficción y fantasía épica. Por ahora hablo de correr.

Y me llevo las zapatillas de vacaciones, por supuesto. Qué placer anticipo de levantarme alguna mañana en Granada y lanzarme un rato a recorrer las calles con el frescor de la mañana, en salir a hacer una ruta por la zona del lago Sanabria o, incluso, en montarme un “ultra” casero desde Santiago a Fisterra por el Camino, pero sobre todo, voy a disfrutar de la compañía de la gente que a la que quiero, a charlar, a tomar tapas y cañas, meterme en el mar, en ríos y en lagos a mojarme y refrescarme, a patear entre las magníficas montañas de los Pirineos y reiniciar el sistema. Ha sido un curso con muchas asignaturas y, aunque me he dejado algo para septiembre, creo que lo he aprobado casi todo.

Y a entrenar para la Madrid - Segovia, que está a la vuelta de la esquina.

Por supuesto hay que echar las zapas en la maleta. Cuando nos vamos de vacaciones es importante qué llevamos encima y qué cosas nos dejamos. Creo que el arte de irse de vacaciones consiste en saber dejarse cosas en casa para cuando uno vuelva. Me refiero, por supuesto a cargas, a “cosas mentales” que nos van encorvando con su peso durante el curso, durante la temporada. Ese el principal descanso que se tiene al irse a otro sitio, al estar con personas queridas y con las que te diviertes. Lo importante, casi más que lo que te encuentras, es lo que dejas atrás por unos días. 

Luego empezará un nuevo curso, una nueva temporada deportiva. El año comienza después de las vacaciones, lo de las Navidades no marca realmente ningún cambio en nuestro ciclo vital anual, nos reseteamos ahora y es cuando tomamos impulso en la dirección que queremos ir. Ha pasado, por tanto, un año y empieza uno nuevo. ¿Qué nos traerá esta temporada? 

Esfuerzo seguro y, con suerte, éxitos.