miércoles, 4 de septiembre de 2013

Re-load


"De donde las cosas tienen origen,
hacia allí tiene lugar también su perecer,
según la necesidad; pues dan justicia y pago
unas a otras de la injusticia según el orden del tiempo

...nos decía Anaximandro de Mileto en el siglo sexto antes de nuestro convencional año uno.

Y es que los ciclos se cierran porque, de alguna manera se van cancelando los supuestos de la deducción que se estaba realizando o bien descubrimos que estamos ante enunciados formalmente indecidibles, y que no se puede seguir avanzando. Se logran los objetivos que buscábamos o fracasamos en la tarea, gastamos los recursos y el presupuesto en lo que habíamos previsto o en los imprevistos que nos han desbordado, ganamos o perdemos las apuestas, pero en definitiva allí donde las cosas tenían su origen, el principio del curso, de la temporada, del amor, allí está la razón de que todo tenga que terminar. No solamente se trata de que un final puede dejar un espacio a un nuevo inicio. En realidad es un cuestión de interdefinición de conceptos. Si no hubiese un final, no hubiese podido haber un principio. El final del camino es la condición necesaria y no suficiente para que haya habido un comenzar de las cosas y, para que pueda haber un nuevo comienzo. El cómo acaban las cosas es consecuencia directa de cómo empezaron.

Además, tras un periodo más o menos corto o largo de descanso, hay que comenzar una nueva temporada.

Entrenamiento por la Pedriza de inicio de temporada

Y para abrir ciclo hay que acabar la temporada en algún momento y empezar la siguiente, ya sea con una suave transición de un tipo de ejercicio a otro, ya sea decretando arbitrariamente en una fecha que, a partir de ese momento, se empieza otra vez.

Son tiempos de recargar. De recomenzar y para ello, algunos harán un formateo de bajo nivel, instalarán un nuevo sistema operativo y volverán a meter todos los programas y una copia de seguridad de los archivos importantes a los que, previamente, les habrán hecho una limpieza y nueva ordenación. Esos son los chicos buenos (y chicas), los que acaban la temporada y se pasan a la bici y la piscina pero con moderación, pillan un par de kilos y luego empiezan el año poco a poco, yendo al gimnasio a fortalecerse y acumulando kilómetros lentamente a través de ciclos y mesociclos de entrenamiento bien estructurado, del "volumen" a la "calidad" y que culminarán en el logro de un proyecto que estaba bien definido desde principios de la temporada.

Luego estamos los chicos malos, los que nos saltamos los planes y no hacemos las cosas como debemos. Los que corremos todo el año y bajamos el pistón cuando el cuerpo nos pide clemencia y, a regañadientes. Los que siempre entrenamos a tope y lo damos todo. Los que pasamos de un proyecto a otro sin solución de continuidad y luego nos pasa los que nos pasa, que acumulamos cansancio, que reventamos en un momento dado, que nos confundimos de carrera... o de persona.

Bad to the bone (malo hasta los huesos)

Esta temporada ha acabado de una manera muy distinta de como la había previsto (en todos los sentidos) y ha habido que formatear el disco duro en varias ocasiones ( Kernel panic! Kernel panic! ¡pantallazo azul! ¡Sector de arranque convertido en gachas digitales!). He tocado techo y fondo en lo que se refiere a entrenamiento a lo largo de la temporada y acabo arrastrando un dolor mal curado que no sé si me quedará ahí permanentemente y hará que ya nunca más pueda disfrutar de la misma manera de mi pasión. Seguro que si, pero la sensación es que nunca volverá a ser lo mismo. Es lo que tienen las sensaciones. No discuto que sea así, sino que así me siento y eso nadie me lo puede discutir. Es una certeza absoluta que esa es mi percepción. 

Siempre hay gente que cuando le cuentas como te sientes de mal te entra a discutir y cuestionar lo que no puede ser discutido: cómo te sientes. En la angustia existencial de nuestra sociedad en la que nos resulta inaceptable que exista el dolor, que no sea toda la tristeza anestesiada por un ansiolítico, por un coach o por un psicoterapeuta, hay quien nota ceder el suelo bajo sus pies, como al caminar sobre una duna del desierto, cuando otra persona se encuentra mal cerca de ella. Entonces te explican que todo va a salir bien, que todo tiene su momento, que todo lo bueno llegará... Bueno, o no, digo yo, que no soy mucho del pensamiento mágico-kermico tan de moda, pero eso es independiente de que se esté pasando un mal rato y que haya que atravesarlo y no negarlo para salir por el otro lado.

La cita de Anaximandro no va por ahí si alguien lo había supuesto. "Todo ocurre cuando tiene que ocurrir", "las cosas no suceden por casualidad", "no era el momento",... son excelentes excusas para seguir viviendo en una autoculpable minoría de edad de corte mágico. Para no asumir la responsabilidad de poner de tu parte en la construcción de una idea. Para no cumplir con los planes de entrenamiento. El entrenamiento es un proceso largo que requiere, más que esfuerzo, ir construyendo poco a poco, día a día. Enfrentar los miedos y vencerlos.

Es curioso que se considere lo "subjetivo" como sinónimo de lo "incierto". Sobre lo que tenemos las certezas más absolutas, lo que sabemos más allá de toda duda, es precisamente lo subjetivo.

¿Puede existir siquiera un dolor no sentido? ¿Existiría un dolor, como entidad, más allá del hecho de ser experimentado por un sujeto (subjectum)? ¿No agota su ser mismo una sensación de dolor en algo que es sentido por alguien en un momento dado? Sin duda cuando digo que me duele, el tobillo, el corazón, doy parte de un hecho del que tengo la seguridad que está ocurriendo. Por otro lado, es esta la más indemostrable de las afirmaciones para otra persona, que tiene que confiar en mi sinceridad y en que nuestras experiencias individuales son similares y, como está de moda decir, "transferibles" (i. e. comparables)

El término griego equivalente a "sujeto" en el griego de Aristóteles es el término hypokeimenon, que significa aquello que resiste invariable el cambio en toda transformación. Aquello en lo que el cambio, la sensación, lo que cambia, se pega, inhiere, alcanza. Las sensaciones pasarán y el sujeto permanecerá. Sin duda habrá momentos buenos más adelante, pero parece que hará falta un ajuste profundo para poder recargar por completo y volver a alcanzar los proyectos a largo plazo que andan por mi cabeza. Me refiero al tobillo del esguince.

La ilusión de un nuevo proyecto es lo que facilita la recarga. En mi caso no me atrae por ahora aumentar las distancias a las que me he enfrentado, ni el desnivel positivo, ni la duración de las pruebas. Con +100 Km., +7000 m. y +24h. estoy servido. Pero tengo algunas ideas rondando por la cabeza para este año, y para el que viene, y para dentro de cuatro o cinco años. Ya dejaremos caer alguna pista, como cae la lluvia en el desierto del Mojave,  muy de vez en cuando.

...pues dan justicia y pago unas a otras de la injusticia según el orden del tiempo

Porque las condiciones en las que algo se crea y aparece, porque los comienzos, marcan como son los finales. Eso es lo que nos hace responsables de los resultados. Como empezamos y como seguimos. Porque si se abona y se riega, si se hacen las cosas con ganas y con ilusión al principio, es más probable que las cosas salgan mejor. Hay que empezar la temporada con ganas, sin miedos, y darse con entrega absoluta a las tiradas largas, a las cuestas y las sesiones de calidad. A los nuevos proyectos que surgen y que surgirán.

Ha sido una temporada difícil, interrumpida por acontecimientos inesperados, aunque ninguno de ellos realmente fuera de lo ortodoxo. El plan inicial, ambiciosísimo, la Ehunmilak, ha tenido que ser descartado haciendo uso del sentido común.

Por un lado me inunda la duda. ¿Estaré ya "cascao"? Lo cierto es que rebasando la barrera psicológica de los 40 años dentro de una semana, parece que progresar es difícil, que las viejas lesiones irán a peor y tendré que ir conformándome con pequeñas satisfacciones ocasionales, nunca más dar un salto a un orden de magnitud mayor. Más aún, parece que en lo deportivo, después de la lesión de primavera, que me pilló en mi mejor momento de forma, no he sido capaz de ponerme a la altura, de que todo funcione como debiera funcionar. No puedo culparme, pero me queda la duda de si podría haber hecho algo de otra manera.

Hay que volver a la rutina después de las vacaciones
A veces parece que me tengo que dar por satisfecho con las sensaciones vividas, con las alegrías del pasado, con haber conseguido algo que muchos otros querrían (aunque, quizá, a otros les parezca poca cosa).

Y ahora nos inunda el mensaje cansino y obvio de la vuelta al cole con el que nos machacan y nos machacamos cada año a principios de septiembre. Empieza el curso.

Planes, buenos propósitos, calendarios, objetivos...

Aprender de los errores.

Al colegio, se va a aprender. Comienza el curso y tenemos la oportunidad de mejorar, que aprovecharemos si no hacemos algo para evitarlo (metiéndonos en el ciclo de eterno retorno, de repetición de los viejos errores, de búsqueda de nuevas lesiones con antiguos hábitos musculares). Empieza el curso y es el momento de aprender, de acudir a la rutina con ánimo de perfeccionamiento, con objetivos nuevos y ambiciosos que nos llenen de alegría cuando alcancemos o sepamos sacar aprendizaje de ellos.

Pero es que siempre se está aprendiendo si se tienen ganas de ello. Es el mejor regalo que se hace uno cuando se quiere a si mismo, es el regalo de cambiarse y tratarse como una persona nueva.

Bueno, y unos pantalones nuevos.

Destrozo por estrés corriendo de Santiago a Fisterra