sábado, 14 de septiembre de 2013

Rexistencia (1/2)

Asistía el otro día a la presentación del último libro de mi amigo Luis Arribas, corredor de ultrafondo, bloger y señor  elegante y algo punky, extraña combinación. Durante la presentación, el otro Luis, no Luis Spanjaard, sino Luis Corriendoporelcampo, señor simplemente elegante, que no poco es, como si descendiese de nobles que habitaban castillos de la orden de Calatraba, señalaba la no casual similitud entre las palabras resistencia y existencia.


Luis hacía amable alusión a este humilde blog en que a menudo se toma el camino, el recorrido por el campo, la carrera de ultrafondo, como una metáfora de la vida, un claro ejemplo de por qué la filosofía china gira alrededor del concepto de Tao (Sendero), por qué en tantas culturas, en tantos lenguajes, se emplea la idea de recorrido físico como isomorfismo, más que como metáfora, del recorrido de nuestro espíritu por este mundo, desde que llegamos a él hasta que lo abandonamos...

Al final es una tentación muy grande para mi no tratar de hablar de la resistencia y de la existencia en un espacio en el que la filosofía, las carreras y los acontecimientos de mi vida se entremezclan para servir de cañería por la que desaguar lo que necesito arrojar fuera de mí. Espero que si os salpica algo no sea más que agua fresca y limpia, pero confieso que a menudo son detritos lo que necesitaba que se fuesen por la bajante de “Remontando por la vida” en forma de texto en el que los acontecimientos de mi día a día adoptan la forma de la última carrera o la aventura por la montaña de este fin de semana. Ha sido para mi una sorpresa descubrir el efecto terapéutico que tiene contar por escrito lo que uno tiene dentro y ponerlo donde lo pueda leer cualquiera, sea o no padecido por alguien finalmente. Quizá entre el lastre que por aquí he soltado y, por otro lado, los días en que he salido a pegarme cuatro carreras para “desfogar”, solo o acompañado, me he ahorrado mucho en psicólogos y ansiolíticos. Al menos por ahora. Ahora que lo pienso “desfogar” debe o debería venir de “desahogar”.

Investigando, ya que estamos, la etimología de la palabra resistencia, parece que viene de añadir el prefijo re- (reiteración o vuelta atrás) y el verbo sistere (mantener la posición), es decir, la reiteración del acto de mantenerse firmemente. Resistir es no ceder, no dejar de ser, firmemente. 

Por otro lado, existir es permanecer en un ser. Algo que existe es algo que permanece en una determinada forma. El ser (to on) se dice principalmente por analogía con la substancia (ousia) nos decía Aristóteles. Los accidentes inhieren, “aterrizan” si lo preferís,  en la substancia, y ella es la que permanece subyacente al cambio. Lo que no cambia es lo que dota a algo de existencia. El axioma de continuidad exige que algo, para que siga siendo lo mismo, no cambie absolutamente todas sus partes constituyentes, que algo quede de lo anterior a los cambios. Aprender a resistir puede ser quizá, aprender a que no cambie nuestra esencia (nuestra quiditas, diría un escolástico, lo que hace a algo hacer lo que es), lo que si perdemos, dejamos de ser nosotros mismos. En un ultra, que al final quede algo de lo del principio, del entrenamiento, de la actitud mental con la que se toma la salida. Que cuando han pasado por los cuerpos cincuenta, cien, ciento sesenta kilómetros, ocho (o cuarenta y ocho) horas, quede algo de uno mismo al final del camino.

Y uno es que es un racionalizador, más aún, me decían con tino hace poco que ni siquiera eso, que estoy  un grado más arriba, un intelectualizador, hasta el punto de usar los razonamientos para construir explicaciones a mi gusto sobre cualquier cosa. Cada uno es lo que puede, dentro de lo que quisiera. Todos tenemos una pedrá en algún lado que no hay quien nos la quite, ¡qué se le va a hacer!.

Yo soy yo y mis circunstancias, y si la pierdo a ella, me pierdo a mí.

Resistid malditos.