lunes, 16 de septiembre de 2013

Rexistencia (2/2)

La existencia no es una propiedad de las cosas. La resistencia, sí.

Parece raro que el existir no sea una propiedad. Para los que no habéis dedicado una parte de vuestra vida a estudiar metafísica es una afirmación chocante, pero es una de las pocas cosas en que estamos de acuerdo la mayoría de los filósofos y filósofas, desde los debates escolásticos entorno al Argumento Ontológico de San Anselmo, hasta el Tractatus de Wittgenstein, pasando por las reflexiones kantianas al respecto y que pusieron fin, más o menos, a cualquier discusión al respecto. Os vais a librar de la cita al pie y del resto del aparato crítico. Ventajas de los blogs y de Internet en general. Apelo a vuestra fe.

Puedes poner en Internet cualquier cosa y
atribuirlo a quien te dé la gana como una cita
San Agustín de Hipona,  De qué hablo cuando hablo del pecar s. IV

El problema lo plantea San Anselmo cuando argumenta que si Dios no existiera no sería perfecto, que en la misma noción de Dios está implícita la necesidad lógica de su existencia. En fin. Una isla perfecta y maravillosa donde todo el mundo fuese feliz siempre no sería perfecta… si no existiera, por tanto ¡vayámonos a vivir a ella!.

La paradoja se resuelve cuando comprendemos que la existencia no añade ninguna propiedad a un objeto de conciencia. Existir es el hecho de que ese objeto pertenezca al mundo. Es el conjunto de hechos de existencia lo que compone el mundo, no el conjunto de las cosas posibles. Los hechos y las cosas (con sus propiedades) no son lo mismo.

Cómo estamos hoy. Empezamos duros. A ver cómo llegamos a lo de correr.

Amaneciendo.
Post tenebras spero lucem, porque lo que te lleva adelante no es el camino, sino los pasos que das por él.

El concepto de existencia pertenece al ámbito de la metafísica, el de la resistencia, a la física. La resistencia es una propiedad de las cosas, incluidos los animales, incluidas las personas.

Cuando te pones a correr largas distancias contra la apuesta que tu cuerpo hace a tu mente, es necesario hacer uso de la resistencia. Cuando, como nos sucede a todo el mundo, la vida te somete a tormento a través del trabajo, de las relaciones amorosas, de las enfermedades y las lesiones, los problemas económicos y familiares… ¿Servirá de algo haber entrenado la resistencia mediante tiradas infinitas por el monte? ¿Queda algo de saber machacar los cuádriceps durante horas y horas cuando te enfrentas a la “vida real”?

Pues sí y no.

Mi principal experiencia en materia de resistencia y recuperación no fue con el deporte, sino dejando de fumar. Ahí si, cuando llevas décadas fumando dos o más paquetes de tabaco cada día, es necesario resistir, ser infinitamente terco a la hora de no moverse ni una pizca y cuesta más que hacer el Ultra Trail del Mont Blanc con una pata atada a la espalda.

Una de las pocas cosas que ayudan es el entrenar la recuperación. En las carreras de ultradistancia sorprende a los corredores la capacidad que va adquiriendo nuestro cuerpo para recurarse de cada golpe, cada vez que te estrellas contra un ultra el cuerpo sufre un daño severo, pero cada vez tardas menos en recuperarte de él. Si después del primer maratón te tiras una semana andando que da pena verte, después de unas cuantas experiencias, acabas una carrera de cien kilómetros, te duchas, cenas bien, duermes tus ocho horitas y te levantas como una rosa. A nadie sorprende más que se acorten los tiempos de recuperación que a quien lo disfruta, a uno mismo, pero es que el cuerpo aprende el camino, cada vez es más fácil recorrerlo.

El Hayedo de Tejera Negra. Un lugar para volver.
Con el tabaco ocurre lo mismo, cada vez que lo dejas te prepara para la vez definitiva, para la que ya no tendrá vuelta atrás, la de dejarlo para siempre jamás. El "hambre de tabaco" esa llamada ansiosa a encender un cilindro humeante y delicioso te asalta los primeros días a cada momento, pero, según pasan los días, las semanas y los meses, cada vez dura menos, tiene menos intensidad y los ataques son más espaciados en el tiempo. Nunca desaparecen del todo, pero las veces que lo has dejado sirven para que cuando te entran unas ganas incontenibles de hacer una llamada, escribir un correo, digo... encender un cigarro, sepas lo que te está ocurriendo y que, como esta vez no hay vuelta atrás, no tienes más que esperar un poco a que se te pase la ansiedad del tabaco para que te olvides de él cada vez por espacios de tiempo más abultados. Cada vez menos interesante, cada vez cada más tiempo, cada vez vale menos la pena ceder a la tentación.

Resistir tiene sus premios.

Cinco días y dos entrenamientos suaves para la Madrid Segovia. Ya va habiendo ganas. Espero que recupere bien, porque el lunes después he quedado para correr.