martes, 15 de octubre de 2013

Cross de la Cuerda Larga 2013: los cambios de ritmo


Las yeguas me arrastran, 
tan lejos como el ánimo anhela me llevaron. 
Y una vez que en el renombrado camino de la Diosa me hubieron puesto, 
que lleva al varón sapiente a través de los poblados,
por allí me condujeron. 
Por allí me llevaban los hábiles corceles tirando del carruaje; 
las doncellas indicaban el camino...

(Parménides, Poema del Ser)

Las cuestas obligan a cambiar de ritmo, la vida también.

Puedes tomar la decisión consciente de ir despacio, a un ritmo tranquilo y, de pronto, te encuentras en tu recorrido con una cuesta abajo en la que, si tratas de ir demasiado despacio, te puedes lesionar o, por lo menos gastar unas energías tremendas tratando de ralentizar una marcha en la que hay que dejarse llevar por la atracción de la gravedad. Lo que se requiere en esta ocasión, es relajarse, confiar y lanzarse al ritmo de las circunstancias que han aparecido ante ti. Hacerlo fácil, aceptar con naturalidad que toca ir rápido, aunque te hubieses planteado otra estrategia de carrera inicialmente.

Los planes son para cambiarlos cuando surge la necesidad o la oportunidad. Soy un apasionado de la planificación, si, lo que alguna gente consideraría una persona un poco cuadriculada, pero para mi un plan es, parafraseando a Wittgenstein impropiamente, no una red que me atrape dentro, como una red de cazar pájaros, sino como la red de los trapecistas, que me impide caer al suelo y sobre la que se puede caminar. Tener planes permite hacer cambios, improvisar, adaptarse, mirar al futuro. Si no hay plan o es demasiado rígido, es decir, simple, poco elaborado, que no se corresponde con la realidad, no hay opción a la búsqueda de alternativas cuando ocurre algo inesperado en la carrera, en la vida. No hacer planes es negarse al cambio. mantener un eterno standby esperando quién sabe qué. Vivir en el pasado.

En la vida, a veces, hay que hacer series, cambios de ritmo, fartlek noruego... y siempre, por sensaciones, como los keniatas.


Decidí decidir sobre la marcha, improvisando, el ritmo de carrera del Cross de Cuerda Larga. Tocó ir tranquilo. Había sido una semana genial pero agotadora. Ya la semana que viene, en el Quixote Maratón o en alguna de las muchas citas deportivas que me he programado hasta final de año, tocará darlo todo. El día adecuado, cuando las circunstancias lo favorezcan.

El Cross de Cuerda Larga es una carrera con "cuestacas", es decir, con cambios de ritmo. Recorre la tradicional ruta que sirve de graduación en "guadarramismo" a muchos montañeros del centro de la Península desde el puerto de la Morcuera hasta el de Navacerrada.

En las carreras de montaña es así. No puedes pretender mantener el ritmo constante. Si acaso el nivel de esfuerzo, pero no la velocidad. Se hacen cambios de ritmo adaptándose al terreno para poder economizar la energía y aprovechar tu rendimiento deportivo al máximo. Hay que regular el gasto energético con sentido común y... planificar.


Estoy con la "winis", las Woman Wind Xtrem, las "chicas del viento" que hace ya casi un año gastan sus zapatillas por las sierras de Madrid bajo ese nombre, ocupando el lugar que les pertenece en un mundo que era, y cada vez lo será menos, un espacio demasiado masculino. Todos ganamos con la incorporación de mujeres a las carreras de montaña y somos conscientes de ello unánimemente. Hoy Nano, Miguel y yo somos una más, con su permiso. Tomamos la salida.



Empezamos con la larga y dura (con perdón) subida a la Najarra. Sirve para calentar (ya nos sobra toda la ropa) y para que el pelotón se ordene y las personas que vienen a hacer marca se pongan en una posición en la que no sean estorbados por los que somos más trotones. Los caminos son estrechos y si saliésemos por la ruta habitual que emplean los montañeros para hacer la Cuerda Larga, tomando altura poco a poco hasta llegar a la Loma de Bailanderos, haríamos "tapón" al llegar a los senderos. La ruta habitual ruta tiene 1.200 metros de desnivel positivo y 18 kilómetros de longitud y se emplean unas 8 horas para recorrerla. Nosotros haremos unos 300 más de desnivel positivo acumulado y un kilómetro extra.

Foto cuesta Najarra

Nos encontramos con Sergio Mayayo, haciendo el reportaje fotográfico de la carrera. Nos retrata, que hoy no le toca correr. Con el año que lleva en "las patas" no me extraña que la naturaleza le obligue a un pequeño descanso antes de volver a la carga. En cualquier caso una naturaleza distinta la de algunos de estos ultrarresistentes que la del resto de los mortales.

Llegamos arriba y el día nos regala un cielo y un paisaje absolutamente luminoso, capaz de limpiar cualquier maldición que tuviese para uno la Cuerda Larga, como era mi caso.



Porque existen las maldiciones.

Viniendo esta afirmación de un declarado ateo iconoclasta, de una persona que rechaza habitualmente las formas de misticismo más comerciales... parece paradógico, pero hay lugares "encantados" o "malditos" por un mal recuerdo, por algo que ha ocurrido en ellos y que hace que te quiten la energía cuando estás en ese lugar. Lo peor que te puede ocurrir es que sea un sitio en el que tienes que estar a diario obligatoriamente. Tu casa, la de un familiar cercano, tu trabajo... y no uno al que puedes elegir no ir.

Si. Misticismo personal. Todos lo tenemos y el nuestro nos parece siempre bien. El ajeno, si no nos cuadra, es menos tolerable. Pasa como con el narcisimo. El nuestro propio se lleva bastante bien. Para mi una maldición puede, como en la tradición supersticiosa, y creo que ese puede ser su origen, tener su causa en la palabra, en las cosas dichas por otra persona y que se nos han grabado, nos las hemos creído y durante años hemos obedecido ("niña, tu no corras, que eres gordita y te vas a hacer daño", "eres un cerdo egoísta", "eres una puta", "nunca encontrarás a otra como yo", "ten cuidado, te vas a caer", "tú eres tonto"...). Me encuentro a diario con personas que cargan una maldición que le ha echado alguien encima. Normalmente alguien que estaba tratando de compartir la suya propia.

Y también hay lugares de "mal fario" que conviene exorcizar con un día feliz, luminoso y en la mejor compañía.



La Cuerda Larga era un lugar maldito, así que este fin de semana tocaba un exorcismo y todo acompañó para transformar el lugar y convertirlo en un sitio de grato recuerdo a partir de ahora. Un sitio que invita a sonreír al pensar en él.

Vamos a nuestro ritmo, en el pelotón de cola, disfrutando del día y cruzándonos con otros corredores. Me encuentro a los triatletas, Sergio y Alberto. Hicieron también la Madrid Segovia y van camino de empezar a tocar muchos palos, de la ultradistancia al skyrunning. Al que le entra el veneno en el cuerpo...



Un mar de nubes espectacular nos recuerda que la mayoría de los Madrileños se arrastran por una ciudad oscura y gris mientras nosotros disfrutamos, en camiseta y pantalón corto, de una temperatura casi perfecta para correr por el monte.

Vamos recorriendo las lomas de la cuerda, unas más suaves, otras más abruptas, más fáciles y más técnicas. Trozos de canchal y de senda entre piornos. Guardando la reserva de líquido como un tesoro porque estos "peñalaros", a los que tanto quiero, siempre escatiman los avituallamientos en esta carrera.

La Najarra, la Loma de Bailanderos, el Asómate de Hoyos, la Loma de Pandasco, se va sucediendo y llegamos a las Cabezas de Hierro, el punto más alto del recorrido. Desde aquí ya se ven las torres de Bola de Mundo, con el Cerro de Valdemartín como último trámite para llegar a meta bajando por la pista de esquí.







Pasamos junto al Ventisquero de la condesa y echo una mirada al recorrido del último tramo de la Remontada Infernal. Ya queda menos para la cita con los 105 kilómetros que separan la desembocadura del Manzanares con sus fuentes, junto a mi, a la izquierda, donde le veo nacer.

Llegamos a meta. Tres horas y tres cuartos aproximadamente. Parece una marca modesta, pero cuantos querrían hacerse la Cuerda Larga por la Najarra, cómodamente, en ese tiempo. Los primeros han entrado en menos de dos horas y descubrimos que nuestra wini, Marian "Polvorilla" Gutiérrez ha hecho podio. Tercera clasificada en categoría absoluta femenina. Qué alegría. Lleva una progresión espectacular y va a dar mucho que hablar.


Espectacular día, buenas sensaciones, mejor compañía, amigos y un buen recuerdo, de esos que hacen que cuando rememoras un lugar, te venga una sonrisa y se convierta en especial, en "bendito".