jueves, 31 de octubre de 2013

Si sus flechas nublan el Sol (Previo Maratón de Montaña de Bayona)

Lunes:

Tengo agujetas por todo el cuerpo. Ayer asistí a un boot camp fitness training organizado por Sonia Elgueta y sus W&M-Wind Xtrem y descubrí con sorpresa nuevos músculos que no se emplean para correr por la montaña, o por lo menos no se emplean con la misma intensidad que dando saltos, haciendo sentadillas, skipping, fondos, abdominales... acabamos corriendo un poco por el campo, con las piernas ya flojeando y vadeando un río algo crecido y con una corriente muy fuerte.

Superentrenamiento en Uceda. Por lo menos para mis limitadas capacidades

Cuando me agacho un poquito tan solo para encender la torre del PC tengo un dolor por la cintura, los glúteos, los cuádriceps, los "ijquios"... para mi sorpresa bastante más intenso que después de estar más de 28 horas consecutivas de monte en el Gran Trail de Peñalara. Es increible.

Alguien me comenta que "el dolor es psicológico"...

A ver, querido retwitteador de tópicazos, compartidor de empalagosos mensajes de auto-ayuda en Facebook... ¿Qué otra cosa va a ser el dolor? ¿Qué quiere decir, referido a una sensación, que es "psicológica"? ¿Cómo podría no serlo? La esencia del dolor y lo que le hace ser lo que es, es que es un fenómeno psicológico, que se produce en la psyché ("alma" en griego). No puede el dolor darse en ningún otro sitio que en nuestra conciencia. En la nuestra y no en la de otros, que se encuentra más allá de lo cognoscible. No hay manera de percibir el dolor ajeno, solamente sus manifestaciones externas, las conductas observables.

Es esta ocasión las manifestaciones observables consisten en acompañar cada movimiento con un gruñido o una interrupción brusca en lo que se está hablando y un guiñar de ambos ojos mientras se aprietan los dientes... un grrrrggg...¡ay!

Acabo de trabajar (tarde, hoy muy tarde. Un día difícil), llego a casa, estiramientos suaves y salir a correr, acartonado, con mucho dolor, pero hay que disolver los cristales de ácido láctico de los músculos y mandarlos hacia el hígado para convertir los desechos de la combustión metabólica nuevamente en combustible una vez más y producir glucosa. Más estiramientos, más profundos, pero sin llegar al punto del dolor.

A la cama.

Martes:

La existencia no añade nada a un concepto. Lo decía Santo Tomás, lo corroboraban Hume y Kant y nos convencía definitivamente la filosofía analítica en el siglo XX más allá de toda duda. Es curioso pero éste es uno de esos puntos fuertes de consenso entre las personas que practican la filosofía. No es unánime, pero para ser filosofía no está mal, no hay al menos partidarios significativos de la tesis contraria.


En el caso de del dolor, "su ser se agota en su ser percibido", el sentirse es el cien por cien de su esencia, es decir, el dolor no es más que sensación. Un dolor que no se siente, no es dolor. El dolor no es más que un sentirse dolorido. Por supuesto el dolor tiene causas y tiene manifestaciones, pero ni las causas del dolor ni como actuamos cuando estamos dolidos son, en sí, el dolor. Quizá por ello a veces es tan difícil para el médico en lo físico o para el psicólogo en lo espiritual resolver el dolor, porque no puede actuar directamente sobre él, a veces, o porque solamente actúa sobre ello y no resuelve, con el analgésico, las causas que llevan a él.

Hoy me duele menos. Sirvió para algo la carrera de ayer y las duchas de contraste frío-calor-frío desde el domingo. Sirvió para algo el esfuerzo consciente de hacer algo para estar bien. Sin analgésicos, actuando sobre las causas. ¿La inexistencia añade algo a un concepto? Por supuesto, no. Pero la inexistencia del dolor, de una parte de él, a mi me añade ser. Me hace más persona, más yo mismo, de alguna manera, secundum quod... en algún sentido.

He quedado para correr hoy martes, pero decidimos sobre la marcha cambiar el entrenamiento por una cena tranquilita. Mejor. Mañana estaré en mejores condiciones y así termino la puesta a punto para el maratón del sábado. La cena exquisita, gracias. La compañía inconmensurable.

Miércoles:

Cuesta levantarse. Las molestias son testimoniales, las normales, pero ayer al final me acosté tarde. Salir los martes es jugar duro, quizá, pero... forma parte del sistema de entrenamiento total currar-estudiar-salir de marcha-hacer deporte. Si sobrevivo, que probablemente no, seré más fuerte al final, o al menos me lo habré pasado muy bien. Si no salgo de esta, también, habrá sido la vida digna de haber sido vivida. Bien mirado, de aquí no va a salir nadie vivo, hay que aprovechar el momento, memento mori.

Hoy toca salir a correr un poco por Casa de Campo. Un trote suave, terminar de movilizar la fibras musculares aún agarrotadas, es especial en la zona de los glúteos y estirar a fondo después.

Jueves:

Estoy recuperado. Qué placer poder decirlo, que bien que suceda todo lo que tiene que suceder para que uno se recupere. Saldremos de trabajar al mediodía y nos marcharemos a Vigo, a disfrutar del puente, del merecido descanso mental que proporcionará la paliza física por el monte.

Bueno, son 45 kilómetros, y dan lluvia, pero, como dijo el espartano, "si las flechas del enemigo nublan el sol, combatiremos a la sombra".