martes, 5 de noviembre de 2013

Maratón de montaña de Bayona (Trail Trans Serra da Groba)

Este sábado 2 de noviembre tocaba ¿correr? el primer Trail Trans Serra da Groba Baiona, muy cerca de Vigo.

Metiendo tripa, en 2004
Viaje en coche al salir del trabajo el juernes antes del puente, muy cansado, pero gracias a la conversación y a que fui conduciendo solamente hasta la puesta de sol, muy llevadero y agradable. Cena tardía y de "apaño", con una  pizza y una lata de magro.

El tema de la nutrición del deportista, antes, durante y después de la carrera daría para un blog temático y me doy cuenta que no hemos abordado demasiado la cuestión a pesar de mi oscuro pasado. Quizá por ello.

Lo de comer pizza a muchos les escandalizaría, pero realmente es muy difícil encontrar alguien que no se escandalice con algún tipo de elección gastronómica, porque hay más escuelas, teorías, tendencias nutricionales y modas de las que se pueden justificar con unos criterios incluso científicamente muy laxos. Desde el partidario de la ingesta salvaje de hidratos y solo hidratos, algo de entrada imposible salvo que te alimentes de sacarosa, hasta los menos razonables de los paleodietistas, que pasan de los ayunos de varios días a los brutal breakfast de cantidades astronómicas de huevos fritos en grasa de pato con bacon y torreznos de guarnición hay todo tipo de posiciones más o menos razonables entorno a lo que se debe comer y no se debe comer.

Para empezar, un tema puramente de epistemología, esa rama de la filosofía que nos granjea tantas simpatías entre otras disciplinas científicas. La nutrición no es una ciencia. Si acaso un campo de investigación y un conjunto de tecnologías que se sirven de otras ciencias como auxiliares, incluyendo la psicología, la biología, la química, la estadística, la sociología... algunas de las cuales, a su vez, tampoco se puede decir que estén "categorialmente cerradas", sino que también hacen uso de un vocabulario tomado de distintas disciplinas.

Las investigaciones sobre nutrición chocan, por un lado, con el problema de la imposibilidad de establecer grupos experimentales y de control suficientemente precisos, por otro a los intereses de la industria alimentaria, además con modas, religiones, chauvinismos narcisistas en plan "como en Ejpaña no se come en ningún lao", postura normalmente defendida a muerte por personas poco "viajadas", posicionamientos ideológicos, gustos y disgustos personales...

Realmente asociar el vino, por ejemplo, a la salud cardiovascular es un ejemplo de casi todo lo anterior. Es cierto que el consumo moderado de vino en las comidas corresponde estadísticamente a un segmento de la población que habitualmente tiene otros hábitos saludables. Como mínimo, personas con hábitos moderados, los que sean, por lo que la variable oculta puede ser un nivel sociocultural y socioeconómico medio o alto y ser una persona moderada, que "solo" se envenena con una dosis de etanol y no con diez... es como si buscamos una correlación estadística entre esperanza de vida y consumo de pulseras de diamantes. Comprobaremos con asombro que las personas que compran pulseras de diamantes tienen más esperanza de vida que el resto de la población mundial, incluyendo todos los "parias de la tierra" y lumpenproletariat que nunca se comprarán una. Las pulseras de diamantes ¿se muestran como un instrumento eficaz contra la desnutrición y la Malaria?. Con el mismo rigor que los estudios que concluyen los beneficios del consumo de bebidas alcohólicas se puede afirmar. Si a eso añadimos que decir lo contrario, que el vino no es lo más sano del mundo en las comidas, es tomado inmediatamente como un acto antipatriótico y síntoma de ignorancia en materia nutricional.

Hacer un grupo con sujetos experimentales suficientes para una investigación en serio presenta un grave problema. No somos ratas de laboratorio. Tenemos una variabilidad genética mayor que ellas, somos más diferentes entre nosotros ya de base, pero, además, no podemos controlar el resto de las variables que influyen para hacer un grupo experimental con la misma historia nutricional, con los mismos hábitos de vida, sistemas de entrenamiento deportivo, factores de riesgo ambiental, exposición a tóxicos,... habría que pillar a 100 clones humanos y meterlos en una "jaula" desde el nacimiento hasta el momento de realizar el estudio para poder tener un mínimo control de qué es lo que está influyendo en una determinada cuestión. Aplicado al rendimiento deportivo es casi imposible establecer verdades absolutas y más sobre temas tan minúsculos como a veces se investiga o se pretende hacer una investigación, casi siempre patrocinada por "alguien".

Todo esto viene a que en nutrición no hay verdades absolutas porque, además, cada uno somos distintos para estas cosas, y que casi siempre nos movemos en el terreno del indicio, de lo verosimil y del sentido común al hacer una afirmación sobre cuestiones nutricionales. Desconfío de los iluminados de la nutrición que lo tienen todo clarísimo porque, en mi opinión, es imposible a día de hoy salvo sobre cuestiones muy básicas.

El día anterior a una carrera hay que hacer carga de hidratos, ahí va la mía:


Y es que ir a las Rías Baixas y no empujarse una mariscada es un delito. Por la noche, eso si, espagueti a la bolognesa, que no solamente de proteína vive el corremontes.

En mi opinión y por mi experiencia personal en la recuperación de esfuerzos físicos intensos un buen aporte de proteína antes y después de la carrera es fundamental, por lo que a lo anterior hay que sumar un chuletón de buey del país de un kilito que nos empujamos entre mi entrenadora y yo la noche después de la carrera.

Con patatas, claro.

Salimos con tiempo para la carrera. Yo he descansado, pero cae un chaparrón por el camino que no augura nada bueno. Me entran dudas. Mi compañera no va a tomar la salida de la caminata que se realiza en paralelo, que no se encuentra muy bien (no, no es por el marisco).

La salida genial. Un paisaje increíble, corriendo por un rompeolas junto a la ría y rodeando el impresionante parador turístico que han puesto en el castillo antes de meternos al monte. llueve (chove) un poco de vez en cuando, pero hace calor y el suelo está blando pero seguro, con algún tramo con barro que se puede correr y los típicos charcos que no merece la pena andar esquivando porque sabes que te vas a mojar los pies más pronto que tarde aunque lo intentes y te puedes calzar un resbalón tratando de hacer quiebros imposibles para no sumergir el pie.




Los primeros 10 kilómetros fáciles y "corribles"
Pero rompe a diluviar y los ríos bajan embravecidos, nos empiezan a meter por caminos que parecen cauces de riachuelos, donde hay que ir vadeando por cuestas duras a las que siguen lo que serían bajadas muy técnicas en cualquier otra carrera, pero que inundadas se hacen realmente peligrosas. Un par de calambres y un resbalón, tan solo, me alegran de haber elegido un calzado con buen agarre en mojado, mis Vasque Velocity. Si hubiese hoy calzado las Asics Trabuco ya me habría "esmorrao" (un concepto técnico).

La cosa empeora y llego al kilómetro veinte bastante agotado y frío. Me retiraría, pero me he retirado hace poco del Quixote Maratón y de la Madrid Segovia y me apetece acabar una carrera.

Después de vadear dos ríos de los que te lleva la corriente (a donde ella quiera) cambio de opinión. Llevo casi cinco kilómetros sin poder correr nada, penando y jugándomela en las bajadas a ver si recupero un poco del tiempo del que pierdo subiendo por los torrentes a tres kilómetros por hora. Pregunto en el control, bajo la ducha que cae del cielo sin piedad hace tres horas, cómo es lo que queda, si la carrera vuelve a coger algo de pista en la que, por lo menos, chapotear un amago de trote.

Agua, agua y más agua...


Pues no, lo que queda es igual o peor.

Si no se puede correr, yo me voy. No me la juego más. tengo el ultra de Chiva en un mes y quiero conseguir los dos puntos clasificatorios para el Ultra Trail del Mont Blanc. Si me desgracio por aquí va a ser imposible.

Me dicen que sin problema, que me meta en la ambulancia a esperar que pasen los últimos y que después me bajan a meta.

Hay que reconocer que fuera de fallos administrativos, que había algunos, la parte logística se la han trabajado muy bien. Avituallamientos supercompletos, frecuentes, muy, muy bien balizado todo. Voluntarios en todos los puntos peligrosos, motos de esas de cuatro ruedas por todo el recorrido, carpa en meta para los acompañantes...


Me recibe como un héroe mi escaso pero entregado público y me voy a secarme y a comer carne con patatas. Hoy tampoco era el día. Al final cuatro horas de hacer el burro por el monte y correr poco para lo que me hubiese gustado.

Pero siempre queda otra carrera después. Siempre habrá otra carrera. Otro año ya veremos si repetimos ésta o vamos hacia las cálidas tierras de Málaga donde el Maratón Jarapalos nos recibe para alegrarnos con su luz, aunque haya que cambiar el pulpo por el pejcaito frito.

Bon appetit.