domingo, 22 de diciembre de 2013

Carrera de Navidad sin disfraz

"Pero, aunque fingía el mayor desdén por la mascarada, sentía a medida que se iba metiendo en el traje azul y oro, una libertad, una naturalidad mayores en sus movimientos. Y cuando vio que el traje implicaba también una espada, sintió renacer el eterno sueño infantil: ¡llevar una espada al cinto! Al salir del cuarto, se echó el embozo sobre el hombro. La espada sobresalía formando un ángulo. Syme tenía toda la arrogancia del trovador. Y es que aquel disfraz no lo disfrazaba: lo revelaba. 
El Hombre que fue Jueves. G.K. Cherterton 
Este domingo, con todos mis respetos, fue carrera navideña "popular". No de esas en las que la gente va disfrazada, esa la semana que viene, sino de las que corres sin que sea del todo como aquellas a las que estás acostumbrado. Con la sensación de que no es del todo tu deporte.

Los respetos porque el último que llega en una carrera navideña de diez kilómetros por asfalto, llanita y popular, podría ser yo no hace mucho, en 2005. No llegué el último en aquella ocasión de mi puesta de largo, vale, pero tampoco tardó tanto en entrar después de mi el que lo hizo, creo recordar. Mis respetos, no solamente porque podría ser yo mismo, sino porque cada uno corre como le viene en gana, en la distancia, ritmo, tipo de terreno y desnivel que le parece bien. Como quiere o como puede según su edad, peso, genética o historial deportivo.

Y si la gente no corre también, respeto. Eso si, mejor se vive con alguna actividad física, aunque no sea un deporte, aunque sea ir a bailar, hacer yoga o pasear por el monte. Moverse da felicidad y calidad de vida. A mi me gusta correr, correr por el monte, correr distancias largas a ritmos suaves, y esta carrera de hoy no es nada de esto.

Se trata de una carrera irreal para mi, y que conste que ha ido por delante mi respeto al resto de los corredores. Es como una carrera "de mentirijillas", de juguete. Eso si, durísima y agónica porque voy durante todo el recorrido sin reservar energías, dándolo todo.

Lo bueno es que no hay que pegarse un madrugón, no hay que esperar medio helado a que den la salida y pasar calamidades por el monte. No hay riesgo de perderse. No pasan las horas, interminables, una tras otra, mientras vas cruzándote siempre con la misma gente, adelantando y siendo adelantado. No hay que reservar fuerzas en las subidas de más del treinta por ciento de desnivel. Y está bien organizada, algo que no siempre ocurre en otras con más pretensiones.

No sencontramos con Sonia Elgueta, que correrá la carrera de 6.000 metros antes que nosotros y que hará podio en ella.
Sonia en una carrera - entrenamiento, pillando "chispa" en distancias cortas
Es otro deporte, otro ritmo. De hecho esto es atletismo, una actividad que depende de aquella federación, y lo que nosotros hacemos habitualmente es bajo una licencia federativa de montañismo y escalada. Son estas las carreras de montaña competiciones en el más allá de los deportes no olímpicos, los que nunca salen en las televisiones. A pesar de que no es el atletismo, precisamente, lo que le quita mucho espacio en la caja tonta al omnipresente furgol.

Hablando del más allá, de los límites de la razón, hay una brecha entre la realidad y la ficción ocupada por esa sensación de irrealidad. Como el lugar y tiempo de transición levemente irreal de una relación amorosa que empieza o una que se acaba, o la de una percepción clara y distinta que no se corresponde racionalmente con lo que efectivamente existe al otro lado de la mirada. Como en un efecto óptico, al meter un palo en el agua y aparecernos a los sentidos deformado por la difracción como si estuviese doblado, una percepción que no entra en el terreno de la alucinación, sino en el de la ilusión. Un "espacio neutral" como el situado entre la Federación de Planetas y el Imperio Romulano (si, Star Trek). Así podríamos imaginar que es correr una carrera que para ti no es una carrera. Eso, pero sudando como si lo fuesen a prohibir mañana.

Lo irreal, la ficción, podría además ser como una máscara. Algo que esconde detrás, tapándolo, el rostro de la realidad. Más incluso. Podría ser, como en el texto de Chesterton, un disfraz que revela la verdadera naturaleza de quien lo lleva en vez de esconderlo. Quizá ocurra en la carrera de la semana que viene, en la San Silvestre Vallecana. Como es el personaje Bruce Wayne, el millonario, un disfraz que esconde a Batman, la personalidad "real", y no al revés.

Lástima que uno no sepa, aún, escribir cuentos y relatos. Escribir ficción permite hablar de la realidad. Lo permite más que el ensayo. Durante los periodos más represivos tras el Telón de Acero, mucho antes de la Perestroika, el maravilloso escritor polaco de cuentos Stanislaw Lem podía explorar la realidad mediante la fantasía y denunciar la estupidez humana en forma de fábulas de robots. Mientras, su posicionamiento de denuncia de los errores científicos de la teoría ortodoxa genética en la URSS, defendida por charlatanes stalinistas, era considerado una desviación ideológica de origen e influencia capitalista y le llevó a él al ostracismo y a miles de personas a la muerte por inanición gracias al procedimiento estúpido, pero aparentemente coherente con el materialismo dialéctico de Marx (¿?), de congelar las semillas de trigo antes de plantarlas. Uno de los episodios más significativos de la historia de la imbecilidad humana.

La próxima vez que corra, lo haré "disfrazado". Al fin y al cabo llevo un año disfrazando textos que cuentan otras cosas como si hablásemos de correr. Claro, ya os habíais dado cuenta. Y de que todo lo anterior contiene una pista sobre el disfraz que llevaré en la San Silvestre Vallecana y sobre otras cosas.

Quedamos en Moralzarzal para participar en la carrera popular de Navidad. Segunda edición para Moralzarzal, primera mía. Corremos el 10.000 Anne, Esther y yo, Javi hoy se queda con las ganas, pero nos hace el reportaje fotográfico.

Equipazo
Salgo rápido, sigo rápido, acabo asfixiado pero a tope. Lo único bueno es que voy toda la carrera adelantando otros corredores hasta el kilómetro ocho, que ya no consigo pasar a ninguno más. Me paso todo el recorrido buscando y esperando una supuesta "cuesta" que hay y que no llego a ver en todo el circuito. Esta gente de atletismo le llama cuesta a una cosa distinta que nosotros. A eso nosotros le llamamos "llano". Para lo nuestro, para lo que consideramos una cuesta, ellos no tienen nombre en su vocabulario, solamente ruidos inarticulados. El clásico problema de la inconmensurabilidad entre si de los lenguajes categorialmente cerrados.

Hago la carrera, al final, a 5'16'' por kilómetro. No muy rápido realmente. Hace un año estaba haciendo la carrera de Navidad de Buitrago a 4'22''. Sin duda estoy flojo y he pillado unos kilitos. Toca afinar después de año nuevo para el maratón de Sevilla, si las viejas lesiones lo permiten.

Anne nos sorprende con un espléndido cuarto puesto. Menos mal que está desentrenada, que si llega a venir en plena forma arrasa.


Volando hacia la meta, a hacer un magnífico cuarto puesto