martes, 17 de diciembre de 2013

Un buen descanso

Soy o, más bien, fui, un hombre de disposición humilde, de temperamento ordenado y de talante alegre, abierto, social y claro, con capacidad de afecto, pero poco dado a la enemistad y de gran moderación en todas mis pasiones. Incluso mi amor por la gloria en el campo de las letras, pasión dominante en mí, nunca agrió mi temperamento, a pesar de mis frecuentes desilusiones. Mi compañía no era inaceptable por los jóvenes despreocupados, así como tampoco por los estudiosos y los hombres de letras; y como me complacía especialmente la compañía de mujeres discretas, no tenía razón para estar disconforme con su acogida. 
David Hume 

Tocaban unos días de descanso después de la carrera de Chiva, tocaba un poco de descanso después de tanta incertidumbre. La mente y el espíritu al fin descansa después de un largo esfuerzo, no el de carrera de Chiva, no, el otro, el de la existencia cotidiana, pero tengo que confesar que la incertidumbre que me carcomía ahora era la misma que compartimos tantas personas en estos días. No era acabar la carrera, sino algo más prosaico: que me diesen el lunes en el trabajo la carta de preaviso de despido o, quizá, me hiciesen un contrato indefinido al cumplir ya los tres años en la empresa. Uno corre por el campo, es de lo que habla en Facebook, pero la vida tiene muchas esquinas en las que se esconden incertidumbres que ensombrecen el ánimo de verdad, y no las carreras, que se acaban o no y no pasa nada de nada. Pobre del que le importe más esto del correr que su salud, que el amor o que la solvencia económica mínima necesaria para ir a comprar el pan.

Ser contratado como indefinido es, era quizá algo poco probable en estos tiempos. En eso consistía el "principio de incertidumbre" y el estado cuántico de indeterminación en el que, como el gato de Schrödinger, me hallaba al tomar la salida en el último ultratrail. No era conseguir los dos puntos para el UTMB que, si os soy sincero, siempre va a estar ahí, no se lo van a llevar. Se trataba de determinar como subsistir a partir del mes de enero.

Ultra Sierra de Chiva. Carrera dura, bonita y bien organizada.
El lunes firmé la carta, el preaviso de fin de contrato, como era de esperar, con las rodillas aún inflamadas y una tenosinobitis que me tiene que mandar derecho al fisioterapeuta esta semana, a disfrutar de los supuestos placeres de que te introduzcan dos falanges enteramente entre la tibia y el peroné para hacer "transversal profundo" sobre el punto más doloroso que encuentren ahí abajo, donde los extensores andan haciéndome la pascua. Por lo menos así me arreglaron el pié derecho en otra ocasión. A ver si han inventado algo distinto para los pies izquierdos.

Por suerte también tenía que liquidar cuatro días que la empresa me debía y, como no todo es correr, me marché a Oporto de descanso, a comer bacallau y otros peixe y tomar vinos del lugar, con la mejor compañía concebible. Eso también, sobre todo eso, la buena compañía, es el mejor descanso para la mente. La poder hablar de todo, sin prisas y disfrutar del momento, del recuerdos compartidos y no compartidos y de los planes. Para futuras carreras, para paseos por el monte, y conciertos, y vacaciones, y encuentros con amigos... si hay dinero, claro. Primum vivere deinde philosophari (Lo primero vivir, después filosofar), decía Séneca.

A punto de tomar unas copichuelas de oporto en la ciudad homónima.
Un buen descanso es un buen entrenamiento. Los días después de un ultratrail marcan el tiempo de reposo, de descanso y recuperación, de reconstrucción celular y mental después de haber sometido cuerpo y alma a un exceso deportivo.

El martes, en Oporto, llegó la noticia: contrato indefinido.

Gotham City, quizá Porto
Al fin. A descansar. El descanso de no tener que buscar trabajo, el de no estar esperando que llegue el amor, el de bajar los ritmos de entrenamiento, el de pillar un par de kilos comiendo lo que el cuerpo pide y tomando un vinho para acompañarlo.

Aún así. Cómo mola ir con las zapatillas en la maleta y salir a correr, y, por añadidura, con una persona especial, para ver la ciudad como un runner, para meterte por el centro, llegar a amplias avenidas y bajar hasta los parques. Seguir hasta la playa, continuar por el paseo marítimo, frente a las olas del Altántico Norte rompiendo contra las costas de nuestra península, en el país de nuestros queridos vecinos del Oeste (aunque últimamente me sean especialmente amables los del Norte). Ir a ritmo trotón, aún fastidiándose un poco los tendones aún inflamados, por las calles de Oporto y acabar con un cuestoncio que corta la respiración después de quince kilómetros de turismo alternativo, de descanso activo.

Recorrido aproximado del trotecillo de recuperación

Rehidratando. Una parte importante del descanso.
¡Ale! A descansar un poco. Nos lo merecemos.