jueves, 2 de enero de 2014

San Silvestre Vallecana 2013: Long Live and prosper!

Me presento disfrazado. 
René Descartes
En mi opinión nunca hay que correr una carrera de montaña sin dorsal, ni con el de otra persona sin que lo sepa la organización. Es una cuestión de seguridad. Si uno se pierde, o si tienes un accidente, al final, puedes meter en líos a un montón de gente. Además me parece que, como norma general, no son caras. Salvo algún chasco que ha habido este año con "paracaidistas" aterrizados desde la organización de eventos deportivos en el ultratrail sin conocer bien el terreno sobre el que se movían (o puede que les importara un comino), como regla general, las carreras de montaña cuestan más o menos lo que valen, teniendo en cuenta el despliegue que hay que organizar para que participe, proporcionalmente, poca gente. En algunas se moviliza al doble de voluntarios que de corredores y se lleva avituallamiento a la espalda en mochilas hasta los sitios más inaccesibles. En comparación con esto, la logística de un "diezmil asfaltero" es mucho más sencilla, suele contar con más corredores que abonan el dorsal y surgen también más y mejores patrocinadores, sin olvidar el respaldo de las consejerías y concejalías que se sacan la foto junto a la organización de la carrera. Sin embargo es habitual que te cobren lo mismo o más por dar una vuelta por Casa de Campo que por recorrer la Cuerda Larga.

San Silvestre 2011. Supermanuwar con Inma, Sergio, María, Víctor y una aún minúscula Alejandra
Si que he aprovechado que se ha balizado una zona para una carrera para entrenar por allí, siempre en autosuficiencia, llevando todo lo que pudiese necesitar y bajo mi entera responsabilidad y con la cobertura de mi seguro de montaña, aprovechando para saludar a conocidos y animar a la gente que trailea con su dorsal (si Luis, es tripal más que dorsal, tienes razón).

Otra cosa es el asfalto. Si no estorbo a ningún corredor saliendo en una posición del final, no les gasto vituallas, bebo de mis reservas y de las fuentes de la ciudad, no me llevo camiseta, bolsa del corredor o lo que quiera que se de, la verdad es que no veo problema en organizarme un entrenamiento siguiendo parte del recorrido de una carrera. Habrá a quien le escandalice. No lo hago a menudo, pero es una oportunidad para correr por el centro de algunas calles que no es posible en otras circunstancias. Nunca me colaría en una carrera "popular, popular", de las que organizan pequeños clubes con mucho esfuerzo e ilusión. 

En tercer lugar están los eventos-latrocinio que me considero con derecho a correr, si me da la gana, por haber sido robado y estafado por quien los organiza en alguna ocasión. En mi opinión pagar una Sansil Vallecana, con todo su patrocinio y publicidad, con las instituciones públicas que la respaldan y deberían subvencionar,... porque al fin y al cabo le pedimos a nuestros representantes políticos que trabajan para nosotros, el pueblo soberano, que promuevan el deporte de base, de nuestro bolsillo, porque hay que recordar de vez en cuando que es nuestro dinero y que los políticos no pierden su patrimonio personal organizando carreras, solamente cumplen con la obligación de administrar nuestros impuestos a cambio de un generoso sueldo.... con lo poco que estos eventos te dan a cambio de veinte eurazos, ni tan siquiera muchas veces un ropero decente recordando Mapoma 2013 o Vallecanas recientes y presentes.

Algunos solamente pedimos una buena organización de la carrera y que se mire por el corredor y no por ganar cuanto más mejor en estos macro-eventos.

Te sientes idiota por no recibir ni un servicio de ropero decente por cortar cuatro calles para que le hagamos publicidad a la marca patrocinadora, del Ayuntamiento y Comunidad de Madrid y sus pintorescas madres y las de los que se enriquecen con la recaudación... a dos euros por kilómetro recorrido. Eso cuando no te obligan a recoger el dorsal en un determinado centro comercial días antes de la carrera y no te dan la opción de hacerlo el mismo día, para facilitarle la vida a quien se desplaza desde lejos. Añadamos frecuentemente el bochornoso espectáculo de como se aprovechan de un voluntariado insuficientemente cuidado y organizado por quien debería mimarlo... normalmente abandonándolo a su suerte.

Creo que pagar una Sansil te da derecho a correrla varias veces. La de este año, por los dos que he tenido que ir con la mochila a la espalda hasta la meta por una camiseta guarra, una bebida refrescante cerca de la fecha de consumo preferente y cuatro frutos secos. Y aquí dejo el tema, que excusatio non petita, accusatio manifesta. Pero sé que es un asunto muy polémico. Lo discutimos en el bar ¿vale?

Este año, en vez de dorsal, llevaré un disfraz. Al fin y al cabo es una forma de hacer una aportación a la fiesta, que es lo que significa la San Silvestre para la mayoría de los runners que hoy reivindican su afición.

Quedo con Vero y Estrella en Vallecas, donde aparqué por la mañana. Ellas viven cerca de la meta. Vero y yo nos ponemos nuestros disfraces y nos vamos en metro a la salida.

 Enredando con los tricorders

Luciendo orejas vulcanas en el metro
Para Estrella, a sus 65 años, es su primera carrera. Empezó a correr en febrero, para poder acompañar hoy a su sobrina Vero, que también tenía ilusión de correr contra todos los mensajes que recibió durante media vida negando su capacidad para correr. No todo el entorno de la familia confía en que vayan a terminar la carrera, pero yo que entrené con ellas antes de ayer no tengo la menor duda.

Vamos a ir muy despacio en comparación con los de delante, aquellos que en poco más de media hora sobrevuelan el recorrido y llegan a meta. Pero nosotros lo vamos a hacer, cuesta abajo, si, pero contra los prejuicios que nosotros mismos y, sobre todo, otras personas habían puesto en nosotros, contra los límites que habíamos creído que teníamos en algún momento de nuestras vidas, antes de que un cambio de dirección inesperado, un golpe de timón, un acto de libertad, nos dirigiera donde decidimos ir.

Porque si, porque nos ha dado la gana.

Y es que un acto de libertad es algo que se hace pocas veces en la vida. Ir en contra de lo que se espera de nosotros, dirigirnos con esfuerzo hacia donde nos resistimos a ir porque implica que cambiamos, que dejamos de ser lo que éramos, no solamente se enfrenta a nuestras propias resistencias, sino a lo que los demás esperan de nosotros. Tendremos nuestra propia dificultad frente al cambio, los miedos que tendremos que afrontar, pero también, tendremos que vencer los miedos y resistencias que los otros tendrán a que cambiemos. Todo cambio esencial pone en cuestión a los que nos rodean, a su propia decisión de seguir el camino que tienen previsto o la decisión (siempre se decide) de ser otros distintos a quienes han sido hasta el momento.

En la salida de la Sansil
Si nos despistamos, y no solamente hablo de perder peso, dejar de fumar o de ponerse a correr, si no estamos atentos, podemos dejar pasar la vida sin ejercer a lo largo de ella un acto de libertad. Decidir correr una San Silvestre, contra todo lo que siempre habías creído que harías, puede ser uno de esos momentos liberadores o simplemente un síntoma de cambios más profundos.

Los recuerdos suelen traer, junto a la evocación de un momento, las emociones que lo acompañaron. Peligroso si se trata de recuerdos dolorosos, cuando llega una fecha significativa, un aniversario por ejemplo. Sin embargo según pasa el tiempo la emoción ligada al recuerdo, sobre todo de algunos buenos recuerdos, ¡vaya!, se va diluyendo y haciendo más difícil de traer a la conciencia.

A veces disfrutas de una experiencia con la que estás familiarizado, que ha perdido la emoción de la novedad, como correr diez kilómetros, algo que haces casi todas las semanas cuatro o cinco veces.

Sin embargo al vivir una experiencia junto a alguien que la tiene por primera vez vuelves a rememorar las emociones y los sentimientos de las primeras ocasiones. Escuchas una fuga de Bach junto a quien no conocía ese maravilloso juego de la inteligencia, o lees un pasaje de un clásico literario especialmente inspirado. Ocurre con el arte, la música y también con correr una carrera por primera vez. Yo en aquel 31 de diciembre de 2005 casi no pude dormir la noche anterior y al llegar a meta me inundó una sensación de alegría enorme. Estar junto a personas que hoy van a experimentar eso es como cuando invitas a alguien a que pruebe un bocado delicioso que no conoce y en su mirada de placer se multiplica el tuyo con el gusto de la primera vez.

Son diez kilómetros triunfales, rodeados de luces, de gente disfrazada de casi cualquier cosa concebible,  de gente animando... bueno, por Serrano los pijos no, pero compensa Vallecas de sobra con la gente echada en la calle dándolo todo. Mantenemos nuestro ritmillo y vamos siguiendo a Estrella que a partir de la mitad aprieta y nos lleva a su estela.

Llegados a meta. 
Al final a disfrutar del triunfo, un poco cansados y deshidratados, si, con los amigos que, para nuestra sorpresa, nos acompañan con sus disfraces de Star Trek, la Nueva Generación, una serie ambientada un siglo después de la de los personajes de la serie original de Star Trek que llevamos nosotros. ¡Qué grandes!

Andrés y Tati de oficiales de la Enterprise.
Una guinda para la noche es que abandono la zona de meta por uno de los lugares reservados a los corredores con dorsal y me ponen en las manos el avituallamiento (agua, un refresco y unos cereales) que reparte la organización. Me lo quedo como restitución simbólica por haber pagado algún año de más.

Vamos a por otro año, uno lleno de maravillosas expectativas. Como diría Mr. Spock...
...os deseo una larga y próspera vida.