viernes, 3 de enero de 2014

Un poco de filosofía oriental

El gran hecho fundamental con que deseaba poner a ustedes en contacto está ya ahí, lo hemos expresado ya: vivir es constantemente decidir lo que vamos a ser. ¿No perciben ustedes la fabulosa paradoja que esto encierra? ¡Un ser que consiste, más que en lo que es, en lo que va a ser; por tanto, en lo que aún no es! Pues esta esencial, abismática paradoja es nuestra vida. Yo no tengo la culpa de ello. Así es en rigurosa verdad.
Ortega y Gasset 
El deporte, como tal, no es uno de los objetos de atención en los que la filosofía ha puesto su punto de mira. En un primer momento la filosofía occidental se ocupa de la Naturaleza, de la Physis, de cuales sean los principios y las leyes con los cuales dar una explicación del mundo que no sea apoyándose en un mito. Es un intento de hacer lo que hoy en día hace la ciencia, quizá, eso tal vez, en un sentido más amplio de lo que hoy tal vez lo haga.

Cuando la filosofía gira en Atenas hacia el humanismo, sin abandonar del todo los terrenos que habían recorrido los Physikoi presocráticos, aparece un discurso, sobre todo con Platón, que separa cuerpo y alma, siendo considerada la segunda un objeto de filosofía y lo primero mera materia grosera en la mayoría de las ocasiones, objeto de estudio para los artesanos, como los sacamuelas y los cirujanos, no para filósofos. La división dual materia-forma aristotélica y el discurso cristiano neoplatónico refuerzan esa idea. La filosofía no se ocupa del cuerpo. No se habla sobre la competición deportiva (agon),  que sirve para purificar (katarsis), que implica un esfuerzo, la agon-íasino que se centra sobre las operaciones del intelecto y las reglas que guían la consecuencia lógica en un discurso.


Rene Descartes, en los comienzos de la Modernidad, no va más allá de Platón. Cuerpo y alma son cosas diferenciadas y problemáticamente conectadas, los cuerpos y sus operaciones son relegados a la categoría de máquinas, de autómatas que no tienen demasiado interés para una reflexión radical como es la filosofía. Con Kant, Hegel, Nietzsche, Wittgenstein... la filosofía se va yendo por otros derroteros y no se ocupan de gente que hace cosas raras en su tiempo libre. Quizá dentro de la filosofía de la educación, alguna breve recomendación pero no una reflexión sobre su significado, sobre su naturaleza, sobre sus implicaciones para la persona. Ni tan siquiera Karl Marx, que si que introduce en la ecuación la fuerza de trabajo, tiene un lugar para ello y será alguno de sus díscolos herederos, como Adorno, de la descarriada (a los ojos del marxismo ortodoxo) Escuela de Frankfurt, los que escriben, disfrazados de filósofos, sobre sociología del deporte, escapando del foco de la filosofía "dura" por la vía de emplear el discurso de las nuevas ciencias (autoconsideradas ciencias) sociales.

¿Y la Filosofía Oriental?


Bueno, la llamada Filosofía Oriental es tan distinta de lo que llamamos simplemente Filosofía y tiene tanto en común con otras cosas que no lo son que, sin ánimo de ofender a nadie, podemos decir que la filosofía oriental no es propiamente filosofía. Igual que una planta de plástico no es una planta. Claro que hay filósofos en Oriente. Pero hablar de la Filosofía Árabe (la Falsafah) como oriental es erróneo. El pensamiento árabe es pensamiento occidental, una de las tres ramas, junto a la tradición latina y la bizantina de la trasmisión de la tradición griega y romana, por un camino que transcurre, a lo largo del tiempo y el espacio, desde Bagdad a París haciendo parada en el Califato de Córdoba y en la Escuela de traductores de Toledo y que penetró (con perdón, como decimos en CxC) en Oriente a través de la Ruta de la Seda de la mano de la otra tradición perdida, la de los cristianos nestorianos, pero que a sangre, fuego e ignorancia fue hace muchos siglos secada como fuente de tradición filosófica. Quizá algún poso puede haber dejado en algún lado. También hay personas hoy en día que ejercen la filosofía (occidental) en Oriente, en Vladivostok, Seul o Manila, normalmente dentro de sus universidades, como aquí, y que tratan de descifrar a Wittgenstein y Heidegger con mayor o menor fortuna, como aquí. El fenómeno se denomina Globalización.

Y no tengo nada contra lo Oriental, cuidado los hippies, deteneros. Simplemente las palabras tienen sentido en el contexto de una comunidad de hablantes y su significado está proporcionado por su uso. El significado de Filosofía es sinónimo, aquí y ahora, al de "Filosofía Occidental", aquello es otra cosa. Buena o mala, otra.

Y sin embargo, todo esto es porque creo que lo de correr tiene una conexión interesante con el pensamiento oriental, con el budismo y con la meditación, ese estado alterado de conciencia.

Lo que entendíamos como meditación en la tradición occidental consiste en la capacidad para concentrar la atención en un solo objeto en nuestra mente, un problema a resolver, por ejemplo, sobre el que se medita, o en el caso del éxtasis místico, en un objeto de devoción religiosa. De las tradiciones orientales hemos adquirido la noción de meditación como la capacidad para ensimismarse y alcanzar un punto en que evitemos la distracción, no solamente acerca de las multitudes de problemas que asaltan nuestro pensamiento, sino de cualquiera, incluso de nuestra propia existencia y presencia, nuestra propia mente, nosotros mismos somos la distracción. Vaciarse de todo pensamiento o dejarlo fluir libremente sin tratar de atraparlo en los esquemas marcados por nuestra voluntad. Las neurociencias nos dicen que lo que ocurre en nuestros cerebros es un estado alterado de conciencia similar al sueño R.E.M. Pero las neurociencias hablan más de cerebros que de mentes. Hay incluso quien opina que el programa de Punset, Redes, embrutece el intelecto más que Sálvame de luxe.

Pues así es correr, como un ejercicio de meditación y os sugiero que lo pongáis en práctica para limpiar vuestra mente y alcanzar el Nirvana.

Cuando corres por largas y aburridas avenidas de asfalto, repitiendo incansablemente el mismo movimiento una vez tras otro preparándose quien sabe que carrera de fondo. Kilómetro a kilómetro, la mente se evade del cuerpo, lo deja solo correr e ignora las molestias, el cansancio, el dolor. Va aprendiendo, como un practicante de yoga, a centrarse en la respiración, no en la incomodidad, en perfeccionar el gesto, tarea que nunca tiene fin, que siempre se puede hacer mejor, hasta acabar con una sesión de streaching (estiramientos) con posturas precisas mantenidas al ritmo de respiraciones completas, profundas, bien hechas... os suena ¿verdad? concentración en la postura precisa, no permitir que las sensaciones del cuerpo invadan los pensamientos, respirar bien y conscientemente, evitar las distracciones, ensimismarse,...


Y correr por montaña, como un ejercicio de meditación, de concentración zen en un arreglo floral (ikebana) o en una ceremonia de te (chadō), vacía la mente de todo pensamiento que no sea donde vas a hacer el siguiente movimiento, el apoyo con el pié que ya se aproxima al suelo, cual será la siguiente pisada o, mejor aún, poniendo la vista a dos pasos de distancia, dejando que tu cuerpo piense por si mismo mientras te concentras en trazar un recorrido por la trailera con la mirada, sin permitirte ninguna distracción.

Corriendo se trabaja la mente, no solamente los músculos, no solo, como diría el Maestro Yoda, esta materia bruta, porque permite aprender a meditar y a concentrarnos, algo que por desgracia no nos enseñan en el colegio y tenemos que aprender con mucho esfuerzo, como otras muchas cosa muy útiles que nos podrían haber enseñado y no lo hicieron (recuerdo a los maestros mandándonos trabajos de grupo sin explicarno como organizarnos en un grupo de trabajo, por ejemplo).

Si os apetece, os invito a que... meditéis sobre ello.

O a que, simplemente, meditéis en la próxima tirada larga o bajada técnica.