miércoles, 15 de enero de 2014

Was ist der Mensch? ...42

Por lo tanto, el filósofo debe ser capaz de determinar:
las fuentes del conocimiento humano,
la medida de lo posible y lo útil en el uso de toda ciencia
y, finalmente, los límites de la razón.
Logik, I. Kant

Para mi tocayo Manu, Kant, todas las preguntas básicas de la Filosofía eran recogidas en una sola, la más importante, la clave, el eje de todo conocimiento posible. Quizá la pregunta para la que, si dispusiésemos de la respuesta perfecta y completa, ya no haría falta hacer más preguntas. La cuestión era, y es, qué es el hombre (entendido como el ser humano).

Se parece a la pregunta que se plantea en la Guía del autoestopista galáctico sobre "el sentido de la vida, el Universo y todo lo demás". La respuesta en la novela de ciencia ficción es... "42". El problema que se plateaba era que no se había formulado la "pregunta definitiva" que hiciese de 42 la respuesta que lo explicase todo. Nuestro problema, no tan distinto seguramente, al responder a la cuestión kantiana Was ist der Mensch? es la que se nos proporciona mediante respuestas parciales según hablemos desde una u otra familia del conocimiento humano, por no tomar en consideración otros parentescos políticos, nunca mejor dicho, y bastardos (también, mira) y divisiones fratricidas dentro de las ciencias, autodenominadas ciencias, sociales o desde fuera de ellas, en el ámbito de la religión o de la superstición (no es una disyunción excluyente, lo sabemos).

¿Qué es lo que somos?. Ortega y Gasset decía que nos "arrojan al mundo" y no tenemos ni idea de dónde estamos, de qué somos y cómo hay que actuar. Nos encontramos como si mientras dormimos profundamente en nuestra cama, unos desalmados nos llevasen hasta la trasera de un escenario, nos disfrazan y nos despertasen metiéndonos de un empujón en medio de una obra de teatro en curso, teniendo que improvisar una actuación sobre la marcha ante los ojos del resto de los actores y del público. Eso es la vida. Improvisar una interpretación sin tener un texto que interpretar, pensando en cada momento qué decir en el siguiente para mantener un personaje e ir construyéndole un significado, darle cierta coherencia a lo que vas haciendo sin saber muy bien qué es, para que al final todo haya tenido cierta lógica. En el Código Bushido también se trata de eso, contemplar cada uno de los actos de la vida desde la perspectiva del momento en que abandonarás el escenario, el momento de palmarla, para hacer cada uno de esos momentos, cada fotograma, una escena de una película de samurais. Bueno, más o menos, una de Kurosawa, por lo menos.

La identidad es lo que nos hace ser lo que somos, lo que tratamos de averiguar y, al mismo tiempo, construir. Nos viene dado de serie el disfraz, la obra, el resto de actores, todo eso no es algo que elijamos, como no elegimos dónde nacer o quién nos educa los primeros años de nuestra vida, por otro lado es algo que pasamos el resto de la existencia construyendo y reconstruyendo, hilando un personaje coherente, a veces tratando de romper con el papel que se nos ha asignado y que no nos convence, otras veces, o para algunas personas, se busca no salirse del personaje. Para quienes buscan satisfacer a toda costa al público, se intenta siempre hacer lo que se espera, sin sorpresas, quizá porque han sido seducidos por el aplauso fácil, por la risa de los idiotas en respuesta al gesto infinitamente repetido y que se ha convertido en moda.

Una de las cosas que somos, muchas de las personas que leemos este blog (debo incluirme, claro), es corredores.

¿Qué es ser un corredor?

Pues algo bastante accidental, sin duda. Incluso si has elegido una especie más concreta dentro de la fauna general de quienes ponen una pierna detrás de otra para desplazarse sin que las dos estén necesariamente tocando el suelo. Si eres triatleta, o corredor de ultradistancia, o trail runner, incluso así, no debería ser algo aparentemente muy importante, salvo porque, de hecho, crea un fuerte sentimiento de identidad. Cuando te consideras a ti mismo, a ti misma, como corredor o corredora, construyes un personaje con unas características determinadas y lo eres casi todo el día, estés corriendo o no. Claro que hay gente de interpretación más contenida y los que están sobreactuados, pero de mil maneras, cada gesto que hacemos, acaba siendo el de alguien que, como decían los Martes y Trece, opina que donde esté una buena "corrida", que se quite el fútbol (y los toros).

La búsqueda de la identidad es algo que se suele asociar a la adolescencia. El discurso tradicional que muchos asimilamos era que durante unos años de confusión andabas buscando quien eras hasta que, superado ese periodo, te asentabas ya en un ser para toda la vida. Por supuesto no es así. Seguimos construyendo el personaje cada día, viendo que tipo de corredor y de persona queremos y decidimos ser.