viernes, 11 de abril de 2014

Corredores y escritores... y enfurecidos: acerca del postureo y del arte

"Desocupado lector, sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir a la orden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante".
Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Ayer asistí a un curioso encuentro de escritores en centro de arte de Alcobendas. Un edificio modernísimo, de esos que salen casi gratis, ejem, pero afortunadamente con más y mejor uso, menos mal, que algunas esculturas faraónicas de las rotondas que adornan y engalanan este municipio del Norte del centro. Dispone de auditorio, mediateca y todo tipo de espacios para hacer exposiciones y charletas como la de ayer y no parecía del todo desolado. De hecho ya lo conocía porque había ido a escuchar algo de música clásica a precios económicos por allí, lo que es de agradecer en estos tiempos que corren.

El chirimbolismo en los edificios públicos, esa tesis nunca escrita.
La perversa intención y amenaza anunciada de los tres escritores cabreados era terrible y me daba miedo. Al parecer hay unos indeseables que se dedican a correr y que se creen que son escritores o, por el contrario, escritores que por imperativo comercial pasan a la imprenta su diario de carreras con muy poca elaboración y escaso interés desde el punto de vista literario. En el punto de mira esos que cuentan cansinamente en un blog (glups) lo que corren o dejan de correr. ¡Vaya! Ya antes de ir temía tener que darme por aludido y tener que pedir disculpas.

No lo puedo negar, el "postureo" es un fenómeno imposible de evitar porque incluso la renuncia explícita a ejercerlo es algo molón y chanante. Un blog y una cuenta en una red social son una invitación al pecado absolutamente irresistibles. Afortunadamente el heavy metal que corre por mis venas me tiene familiarizado con el fenómeno del poser. Un metalero, cuando aparece una cámara fotográfica, "posa" en una posturita que le identifique con género musical que vive como una parte de su identidad, normalmente poniendo de relieve el grado de maldad y satanismo recalcitrante que se almacena en el alma: cara de malo y mano cornuta. En realidad postureo. El metal siempre ha tenido un fuerte componente de performance. Obviamente no somos mala gente, pero había que oponer un elemento estético radicalmente diferente a las camisas de flores y los pantalones de campana del rock hippie psicodélico en el que tiene su origen este movimiento musical. Tachuelas, ropa negra, cuero, signos satánicos, letras agresivas, sonido sucio, pesado, rápido y duro porque la Era de Acuario y los submarinos amarillos son para otro tipo de gente con otra visión de la naturaleza y opinión sobre el color del alma humana. El heavy sabe distinguir la parte de "personaje" ante los demás de la de su propio ser completo, que es mucho más y también algo menos de lo que da a conocer. Si se entiende el juego, puede ser divertido.

Para mi correr y escribir son ejercicios privados que hago en público, asumiendo las consecuencias de ello. Me arriesgo a que digan que no corro con el depurado estilo de un masai, que soy más lento que el servicio de atención al cliente de ono cuando te quieres dar de baja, o quizá que escribo de forma recargada con un uso abusivo de las oraciones subordinadas, de las metáforas floridas, sobre temas esotéricos o mezclando imposibles en cócteles difíciles de tragar y que provocan una difícil digestión. Escribo y corro como una necesidad personal de vaciarme, como otras personas puede hacer lo mismo practicando el yoga y tocando la guitarra, para sacar lo que cada cual lleva dentro. Porque a menudo al poner las cosas por escrito pongo orden en las que tengo en la cabeza y porque cuando alcanzo el ritmo adecuado o cuando he corrido, me he duchado y estirado, tengo unas sensaciones agradables que me relajan y me dan placer. Corro por hedonismo fundamentalmente. Escribo por auto-prescripción terapéutica.

Observen las caras de cabreo. Se nota que les falta
un pelo para resolver a golpes la cuestión si es necesario.
Pasamos un rato estupendo escuchando a los tres. Nos dieron claves para desconfiar de lo que leemos, para arrojar una segunda mirada sobre las crónicas de las carreras que pululan por Internet como una nueva forma de postureo. Para detectar la arrogancia intelectual de quien piensa que, por correr, merece la pena ser leído o, también, quien escribe estupendamente y no es necesario que nos relate sus carreras si no va a poner el alma en ello.

La próxima crónica de una carrera la trataré de escribir de manera que merezca la pena ser leída por su forma, contenido o ambas cosas. Me hago el propósito de ello. Como de acabarla cuando tome la salida.

Vamos, que cada uno hace lo que puede.