martes, 3 de junio de 2014

A nuestra Bola

Que se pasee Narciso
Con un cuello en paraíso,

Bien puede ser;
Más que no sea notorio
Que anda el cuerpo en pulgatorio,

No puede ser.
Luis de Góngora
El fin de semana estuvimos de voluntarios en el Maratón Alpino Madrileño. El MAM fue mi primera carrera de montaña como voluntario en 2006 y mi primera carrera de montaña como corredor en 2007. Desde entonces ningún año, como voluntario o en cinco ocasiones como corredor he faltado a mi cita. El año que viene, si todo va bien y otro compromiso no se cruza, juntaré mi décima camiseta de algodón, espero que como corredor. También espero que de una maldita vez regalen una camiseta con la se pueda correr.

Uno no va a estas cosas a por la camiseta. A estas alturas de la película no nos falta una que ponernos. Se agradece muchas veces que sea una de algodón para usarla con unos vaqueros, que ya juntamos una barbaridad de acrílicas que no nos ponemos nunca. Pero la cuestión es que es una de esas pruebas de las que quieres tener un "trofeo" que lucir. Se hecha en falta poder correr por ahí con una prenda del Maratón Alpino Madrileño (y hacer publicidad de la carrera, igual que se ven las de otros en "el Alpino". Siempre se han echado en falta algunos de estos detalles en la carrera, de planteamiento muy espartano, muy de los años noventa. Junto a las medallas de finisher de todos los maratones que he corrido no se ve ninguna correspondiente a los cinco MAM. Es del único maratón del que no tengo ese, aparentemente absurdo, detallito.

Foto
Equipazo en el avituallamiento del segundo paso por Bola del Mundo. Con Anne Souplet y Sonia Cabeza.
Pero nos hemos quedado con ganas de más. Teníamos que volver a correr por allí lo antes posible. Ver pasar a los corredores, no a los de delante, que son unos "máquinas", pero con los que no me identifico, ni a los que les siguen, los semiprofesionales, que se dejan el alma y van al límite de sus fuerzas, sino a los de detrás de esos. Los que llegan con fuerzas a ese kilómetro 31 (¿33? Posiblemente el maratón peor medido del mundo). Los que aparecen bromeando y sabes que van a finalizar con una sonrisa de satisfacción, con las piernas hechas polvo del esfuerzo, y habiendo pasado con margen suficiente los cierres de control, pero con la cabeza limpia de cualquier sufrimiento.

Ver pasar a estos corredores da mucha envidia.

Según Tomás de Aquino, el filósofo (no Santo Tomás, el santo dominico... si, los dos son el mismo, pero a mi me interesa el pensamiento filosófico del autor, no su canonización y casi deificación posterior por parte de fanáticos neotomistas, que se me atragantan). Según el Aquinate, "El plebeyo no tiene envidia del Rey, ni el Rey la tiene del plebeyo. Dase, pues, la envidia entre los iguales, o entre los mayores, cuya mayoría no es muy distante de la condición o clase del envidioso". En la misma idea ahonda el siempre simpatico David Hume afirmando que "La envidia nace de una superioridad en los otros, pero es observable que no es la gran desproporción entre nosotros lo que provoca la pasión, sino, al contrario, nuestra proximidad. Una gran desproporción interrumpe la relación de las ideas". En nuestro caso, envidia sana. Es decir, el deseo de ser nosotros los que estuviésemos en el lugar de los corredores que veíamos pasar a pesar de que, en otras ocasiones, éramos nosotros, no el deseo de que los otros padeciesen la desgracia de no poder correr. Lo que separa la envidia sana de la morbosa es que en una queremos elevar nuestra condición hasta la del modelo que nos inspira el sentimiento y, en la otra, igualar y mejor superar la suerte con nuestro objeto de envidia, si es necesario, a costa de su desgracia.

Así que a las 15:30 p.m. estábamos en el aparcamiento del hotel la Barranca, listos para hacer una ruta que conocíamos por tramos, de otras carreras, pero que no habíamos hecho hasta ahora toda reunida en un entrenamiento. La idea era subir por el recorrido del Kilómetro Vertical de la Barranca hasta el Alto de Guarramillas (Bola del mundo), bajar por la Loma del Noruego, trazado del Maratón Alpino Madrileño, hacia el Puerto de Cotos y, desde allí, hacer los últimos doce kilómetros, inéditos, del TP60, la carrera "cortita" de sesenta y dos kilómetros que se realiza junto al terrible Gran Trail de Peñalara. La prueba para "chupetines", subiendo de nuevo la Loma del Noruego, por el antiguo trazado del MAM, para después virar por la pista que baja al puerto de Navacerrada hasta el Collado del Emburriadero y bajar por "la tubería", en paralelo a la "Cuerda de las Cabrillas" hasta volver de nuevo al punto de salida.

Hablando de cabrillas.


Nos viene a saludar esta insolente. Teniendo en cuenta que en el día a día recibo frecuentes visitas de personas humanas (por los pelos) que merecerían recibir epítetos tomando el nombre de este animal, pero en grado superlativo absoluto y con énfasis, es un agradable cambio, porque de cabronaz@s de dos patas ya voy servido. En próximas entradas abordaremos cuestiones filosóficas entorno al cabronismo, la envidia insana y, por qué no decirlo, del hijoputismo y las estrategias de afrontamiento que se pueden implementar para salir con cordura de ello para remontar por la vida.

Espectacular vista. La sierra y alguna de sus visitas, más bella que nunca, ella.
Aún nos reservará una sorpresa mayúscula la jornada, en forma de buitre de aproximadamente dos metros de envergadura que remontará el vuelo delante de nosotros a apenas diez metros, dejándonos sin habla. No hay foto. En esos casos no hay tiempo, y si lo hubiese quizá no merecería la pena estropear el momento para poder compartirlo. Si que hubiésemos podido retratar la serpiente de escalera de medio metro que, en mitad del camino y seguramente haciendo la digestión de algún bichillo, nos dio un buen susto. Una completa visita al zoo con la inevitable presencia de otros animales bestias como vacas y alborotadísimos insectos, tábanos y moscas, que parecían sugerir una tormenta que tuvimos la suerte de no padecer. Cuando los bichos andan revueltos, por algo suele ser. Todo tipo de bichos, incluyendo, como dice la canción, las "ratas de dos patas".

No se si se me nota un cierto resquemor. Si no se me nota, que sepáis que lo siento (el resquemor). Si se me nota, lo siento (perdonadme), tiene que ver, me temo, con la presencia figurada de caprinos en mi entorno.

Gran entrenamiento en la mejor compañía posible, aunque sufriendo ya en la bajada de vuelta, primero por la dureza de la pista de cemento, después por la dificultad técnica de la trailera, y al final porque ya el cansancio hacía duro rematar el trabajo.

Pero siempre vale la pena alejarse de la miseria y los miserables para ir en busca de la montaña y sus habitantes. En soledad o en buena compañía aún mejor. Yendo "a nuestra Bola" (del Mundo).

Al fondo, el Alto de Guarramillas, Bola del Mundo