lunes, 2 de junio de 2014

Abdicación en el Km. Vertical de la Barranca

Abdico, me paso al padel.

Hace quince días he corrido el UTSM y ayer el Kilómetro Vertical de la Barranca.

Una es una prueba de resistencia, con cerca de cuatro mil metros de desnivel positivo acumulado con sus bajadas correspondientes, repartidos a lo largo de ciento tres kilómetros. El otro, una prueba de solamente siete kilómetros con mil metros de desnivel positivo, sin bajada. Bueno, hay que bajar porque no te puedes quedar allí a vivir arriba cuando terminas, además en el Alto de Guarramillas hace siempre un frío que mata pingüinos. Pero el descenso es ya fuera de competición... salvo que seas de esos que tienen la competitividad tan metida en el cuerpo que se pican hasta con su sombra. En cualquier caso, ambas carreras suponen extremos opuestos en requerimiento físico. Una es una prueba diesel, donde marca la diferencia lo que reserves para los segundos cincuenta kilómetros y lo que logres retrasar la fatiga, la otra una competición explosiva, de darlo todo desde el principio hasta el final si tienes algo que dar, que no era mi caso. Por cierto, retrasar la fatiga al inicio de carrera y guardar fuerzas implica correr, si andas cincuenta kilómetros estás mucho más cansado que si mezclas inteligentemente caminar y trotar, e incluso correr algún tramo a un ritmo más vivo.

Bola del Mundo, la meta, vista desde Valdemartín (Wikipedia)
¿Por qué hace uno semejante tontería?

Sencillo. Me llegó un enlace a la carrera, entré en la página web, solamente para mirar, me tropecé, caí sobre el teclado y, de forma completamente accidental, me inscribí sin yo quererlo. A todo el mundo le ha pasado alguna vez.

Bueno, algo así, más o menos.

Y claro, una vez inscrito, hay que hacerla. Además me había recuperado excelentemente de la la última carrera y me servía de entrenamiento específico de la musculatura que se emplea en las subidas (cuádriceps, psoas, abdominales internos, glúteos, isquitibiales...) que son muy grandes y el cuerpo suele "devorarlos" en las carreras de ultratrail. Esto se llama "catabólisis" y es lo contrario del proceso de crecimiento muscular, la anabólisis, que os sonará de los "esteroides anabolizantes", una "drogaina" para tramposos que hace que los músculos crezcan y se pueda asimilar, por tanto, más entrenamiento. Durante las carreras de ultradistancia ocurre lo contrario. El cuerpo se come a si mismo para conseguir combustible y se pierde masa muscular. Por eso una buena gestión de la carrera y del periodo inmediatamente posterior puede suponer una diferencia de varios meses a la hora de recuperar la forma física.

Algo parecido a salir a una dictadura de cuarenta años de duración y no hacer las cosas bien desde un principio. Luego cuesta muchas décadas volver a estar en plena forma democrática, por mucho que se barnice con la brocha de la televisión, una capa tras otra, un modelo de transición que no fue ni ejemplar, ni modélico, ni lo mejor que se podría haber hecho. La recuperación de un desastre muscular, voluntario o accidental, de una lesión o de un ultratrail siempre es un proceso que no es sencillo, pero merece la pena acortar los tiempos de "transición" si es posible. Las transiciones largas se las dejamos a los que se inician en triatlón.

Bien, vamos a contar la carrera: salimos..., "to p´rriba"... y ya. Si, ya está. Como diría maese Spanjaard ¡Es solamente correr!

¿Sensaciones? Las normales: de dolor, de cansancio, de sufrimiento, pero no es nada épico. Lo hago porque me da la gana, nadie me obliga. Creo que tenemos que someter a revisión nuestra autoimagen como corredores de montaña. Tendemos a crear un discurso excesivamente épico y deberíamos reservarnos las palmaditas en la espalda para las ocasiones especiales, que para una persona puede ser acabar una San Silvestre y para otros hacerse mil kilómetros en autosuficiencia, descalzo y perseguido por una manada de lobos hambrientos por una estepa helada.

Lo del padel era broma, claro.

Arriba, esperando y animando y acompañándome por la bajada, Anne Souplet.
Hace un escaso año que nos conocimos en una carrera de montaña