miércoles, 30 de julio de 2014

Ligeras molestias

Somos víctimas —pensaba yo— de un doble espejismo. Si miramos afuera y procuramos penetrar en las cosas, nuestro mundo externo pierde en solidez, y acaba por disipársenos cuando llegamos a creer que no existe por sí, sino por nosotros, pero, si convencidos de la íntima realidad, miramos adentro, entonces todo nos parece venir de fuera, y es nuestro mundo interior, nosostros mismos, lo que se desvanece. ¿Qué hacer entonces?
Antonio Machado (1917)
Quizá miramos mucho hacia el interior. Los corredores observamos constantemente nuestros dolores y molestias, especialmente, antes de la competición o después de una lesión. El dolor es algo normal y cuando focalizamos la atención en él se convierte en el centro, lo magnificamos, nos obsesionamos y se aparta de nuestra conciencia, o queda el la periferia de ella lo realmente importante. Siempre antes de una cita importante nos asalta la duda de si ese dolorcito, esa sobrecarga, esa molestia, nos va a fastidiar el reto que nos habíamos propuesto.

También hay periodos de la vida en los que nos observamos con cuidado permanentemente, que estamos tan pendientes de nuestra curación física o emocional que nos pasa desapercibido lo que nos va ocurriendo, la existencia que vamos teniendo. En los que, como decía John Lennon, la vida es eso que nos ocurre mientras vamos haciendo planes. Periodos donde focalizamos la atención hacia el interior ante el miedo que produce el poder quedar dañados, por el deseo de recuperarse lo antes posible para volver a una rutina vital mejor, como si de una actividad física deportiva se tratase. Algo análogo a las soluciones económicas que tan solo pretenden dar respuesta, reaccionar, a la crisis económica como si, desde 2007, no se hubiesen producido más cambios en el mundo, en, por ejemplo, la tecnología de la información que se deben tener en cuenta porque no es posible "revertir" los efectos de una crisis y volver al pasado, y habría que poner los medios para "superarla". Soluciones nuevas para un mundo nuevo. Soluciones complejas para problemas complejos y multifactoriales.

Planes de entrenamiento para el fin de semana con los CxC
Vamos acumulado kilómetros y desniveles en las piernas para el gran reto de agosto y, claro, como es inevitable, se van cargando los músculos, se van produciendo ligeras molestias por el sobreesfuerzo que no llegan a la categoría de lesión, que, con alguna visita al fisioterapeuta, vamos aligerando, descargando, suavizando. En mi caso y esta vez, son los isquitibiables, los músculos sobre los que paso sentado muchas horas al día y que tienden a acortarse y a volverse más rígidos en los corredores para desesperación, en muchos casos, de los profesores de yoga o método Pilates. Un agarrotamiento general y crónico de nuestra parte posterior que en mayor o menor medida tenemos casi todos los que corremos, por mucho que estiremos al acabar.

Ser una pequeña molestia, un ruidito, un pequeño incordio, es ser poca cosa.

Hay seres humanos que no aspiran a mucho más que a eso. A ser un silbido que distrae, unas pataditas en la mesa, un sonido de pipas crujiendo en un lugar inapropiado, ser, tan solo, una pequeña molestia. Y eso es ser muy poco. No se puede aspirar a menos que a ser ruido blanco, sin información, aspirar a ser una picadura de mosquito. Al final es tratar de ser lo mínimo más que la nada y a través de otros, ni siquiera apropiándose de sus méritos, tan solo tratando de mermarlos.

Y lo peor es quien aspira ello y no lo consigue, porque ¿qué es ser menos que lo mínimo que se puede ser? ¿Qué es alguien que aspira a ser una molestia y no lo consigue? ¿En qué se queda ese ser?

En lo mismo que las molestias cuando desaparecen. En una sensación no sentida, en un ser que agotaba su existencia en convertirse en una sensación y es privado de ese mínimo ser.

En nada, como las molestias que tenía en el biceps femoral ayer cuando hoy me he levantado sin ellas.

Menos de un mes para el UTMB.

Lemmy Kilmister opina sobre las molestias.