lunes, 29 de septiembre de 2014

El principio antrópico y la ontología

«vemos el universo en la forma que es porque nosotros existimos» 
Stephen W. Hawking
Surgió hace poco una conversación con una amiga sobre el fascinante misterio que es la compleja fisiología humana y como, incluso, nos hacía entender "por un momento" el sentimiento que invade al creyente en un ser creador del Universo. No tiene mucho que ver con esto del correr salvo porque, quizá, de dicha complejidad puede inferirse que muchos estudios sobre biomecánica, nutrición, sistemas de entrenamiento, etc... no son más un tratamiento estadístico (torpe) para analizar seres de una complijadad que escapa a las herramientas de estudio que se emplean en la investigación.

El mundo puede llegar a ser fascinante. Lo es para quien se asoma en algún momento a sus complejidades a través de los ojos de la ciencia, en mi caso ante la presencia del Teorema de Gödel más que ante otros aspectos del Universo que solo conozco desde la divulgación. Lo es también, simplemente, ante la contemplación estética de la belleza natural.

En ocasiones el investigador científico se fascina por la complejidad del fenómeno que está investigando. El asombro le lleva a un estado de estupefacción ante algo tan aparentemente organizado, complejo, misterioso... que por un momento y basándose en su experiencia, siente la presencia de una inteligencia ordenadora, un ser sobrenatural que ha planificado la organización de la materia pudiendo dar lugar a las propiedades que ve en su objeto de estudio. Se fascina ante la mera existencia de la materia, que se organice de manera que pueda autorreplicarse y reproducir sus estructuras en forma de vida, los complejos mecanismos de los seres pluricelulares, la inteligencia como la capacidad de los organismos vivos de dar distintas respuestas ante los problemas que se le plantean o la aparición de la conciencia y el lenguaje en los seres humanos... todo ello puede llevar al sobrecogimiento ante lo enorme, a la experiencia de lo sublime y lo terrible. Puede, al que no cree en dioses, tener que poner en suspenso sus juicios (por un momento) y empatizar (por un tiempo) con quien les adora y se postra ante ellos.

Kant distingue entre los bello y lo sublime como dos emociones provocadas
por la contemplación estética de distinto tipo de fenómenos como lo terrorífico, lo noble o lo magnífico.
En principio el Universo es como es. Si no tuviese el grado de complejidad y de organización necesario para producir en su interior seres, personas (humanas, por ejemplo) capaces de investigarlo y sorprenderse ante él, ese asombro no se produciría, porque no habría nadie para decir que el Universo es simple y carente de estructuras complejas. La observación es consecuencia del observador, el observador es consecuencia directa de la estructura de la materia organizada en forma de vida. Es decir, quien se asoma al microscopio y se asombra de la vida, es, en sí mismo, vida. Si el Universo no fuese como es, él (o ella) no podría decir que es de otra manera, no estaría ahí (nadie) para poder decirlo.

El "Principio antrópico" no explica porqué el Universo es como es. Viene a decir que cualquier teoría que se formule, ya sea en cosmología o en fisiología, tiene que ser consistente (carente de contradicciones) con la existencia de los seres humanos. Es decir, es una regla heurística que convierte en pseudouestión el por qué las cosas son como son. Las cosas son como son porque estás tú ahí para verlas. La observación es la causa (en cierto modo) del observador. No se entienda ello como una ley lógica, ya que no permite ir más allá de lo que permite la escalera de Wittgenstein subir y, divisado el problema, deshacerse de ella.

En otros aspectos las cosas no tienen por qué ser como son.

Hasta donde el estado de las cosas implica la condición de posibilidad de la existencia de los seres humanos, que sepamos, el Universo podría ser de otra manera, pero no de una en la que ustedes, amables lectores, fueran "imposibles". Más allá de esto, en lo que se refiere a las mundanales cuitas de los monos sin pelo (unos más que otros) que nos arrastramos (lo mismo, algunos se mueven con más gracia) por el mundo, es decir, en los asuntos humanos, las cosas son como son, pero podrían ser de otra manera que pudiésemos ver y contar.

Quizá algún avispado lector, tan cansino como el que aquí escribe, encuentre este enfoque contradictorio con otras cosas que ha leído en este blog cuando he cargado contra el discurso de "si ha ocurrido era porque tenía que ser así" o "el karma te devolverá lo que le des". No, no hay contradicción. El Universo es necesariamente como es solamente en lo que se refiere a la posibilidad de nuestra existencia, para todo lo demás, por el contrario, el determinismo es un enfoque escéptico e incompatible con el conocimiento.
El ser no fue ni será sino que es, a la vez, uno y entero
Parménides