martes, 23 de septiembre de 2014

Vuelta al cole

“Decíamos ayer…” (Dicebamus hesterna die)
Fray Luis de León, al volver a dar clase en la universidad tras cinco años de prisión.

Acabó el parón. Toca desperezarse y empezar el curso. Poco a poco, que la maquinaria ha acumulado un poco de óxido y no queremos que una lesión a principios de temporada se arrastre a lo largo de ella. A ver si este año solamente tenemos lo mínimo necesario. Unas agujetas como mucho.

Después del primer entrenamiento en el que compruebo, con horror, los estragos que han hecho los ciento setenta kilómetros del Ultra Trail del Mont Blanc y, sobre todo, la parada de veintiún días posterior para dejar regenerar al cuerpo (que el pobre es lo que merecía y necesitaba) hago balance de mi estado de forma. He perdido musculatura, sobre todo en el cuadriceps, como era de esperar, y he subido de peso. Sé que lo del peso tiene un componente subjetivo, pero me siento orondo, pesado, cargado de kilos.

Tengo también dos uñas del pié izquierdo en un estado de muerte clínica completa, solamente unidas a mi por la cutícula y que, de hecho, se abren como unas castañuelas, o como unos mejillones puestos al vapor. Otros dos dedos más pequeños ya estaban sin uña antes de correr la carrera de agosto y, finalmente, tengo los dos pulgares negros como los cojones las antenas de un grillo, pero aparentemente las pobres bien adheridas (ellas a ellos) en toda su superficie en la medida de lo posible (no puedo pintarles ojitos y jugar a que son la boca de una marioneta pitufando la voz). En otras ocasiones, en un estado similar, han hecho su función irreprochablemente hasta que, poco a poco, ha ido creciendo una uña limpia y sana y ha ido subiendo la negrura por ella hasta ir desapareciendo a medida que la iba yo cortando a un ritmo aproximado de un milímetro semanal. En cien días, más o menos, recuperaban un aspecto saludable.

Las rodillas... bien, gracias.

No se si me explico sin necesidad de poner fotos "gore" ¿Se entiende?

Como uno es un "cabeza cuadrada" he decidido sosegarme y hacer un afrontamiento racional y lógico de la situación.

El primer problema, el de los pies.

Mañana tengo cita en el podólogo para reparar lo que se pueda y evaluar la posibilidad de emplear plantillas. Realmente es algo que me venía rondando hace ya mucho por la cabeza pero que he ido retrasando, sobre todo, porque un estudio biomecánico es caro, y unas plantillas también. No es una novedad que tendemos a "procrastinar" aquellas tareas que, aunque necesarias, no son urgentes si no nos apetece mucho o si tienen algún inconveniente. Mañana cita a las 15:30. Eso ya está.

En segundo lugar, la musculatura.

Tengo los cuádriceps "blandengues", a juego con mi temperamento seguramente según algunas personas. Es un músculo que cuesta construir y que se pierde con mucha facilidad, tanto si los trabajas poco, como si les das "caña". Después de cada carrera larga descubres que el cuerpo se los ha "comido" cuando ha echado en falta un filete durante las horas de esfuerzo. Cierto es que seguramente sería peor la cosa si no hubiese roto el efecto "catabolítico" al acabar la carrera (es decir, que el cuerpo sigue gastando energía y "comiéndose" sus músculos al acabar el ejercicio además de durante el esfuerzo). Como la forma de conseguir el resultado deseado era zampar pronto me puse a ello sin pereza. Tener a estos trozos de carne que van desde la rodilla hasta la ingle parados tampoco ayuda. Si no ven que les vayas a necesitar no crecen. La clave es un entrenamiento continuo. Además con los años cuesta cada vez más recuperar la forma después de una parada. Ahora me va a costar recuperar un poco de lo que tenía. Lo justo para no sufrir demasiado en el Maratón Alpino Jarapalos el próximo 15 de noviembre.

El camino le conozco. Consiste en correr cuestas y hacer sentadillas en "isométrico concéntrico" con la espalda apoyada en la pared. No es exactamente como usar un turkish toilet, pero la postura lo recuerda bastante. Es decir, te apoyas en la pared como si fuese el respaldo de un asiento invisible, con los brazos cruzados sobre el pecho y mantienes ahí la postura al menos medio minuto. Subes, bajas muy despacito y repites... lo que puedes. Eso cuando acabas de correr, para aprovechar la fatiga muscular y obligar al cuerpo a "adaptarse". No me apasiona, pero es la concesión mínima que hago por ahora. Sobre todo es para prevenir lesiones de rodilla, que a mi por rebajar un minuto una marca no hago una abdominal. ¿Series? ¿Eso qué es?

Por último, el peso a perder.

Hay que tener cuidado. Ir poco a poco. Pesarse cada semana, no más a menudo, e ir viendo la trayectoria a lo largo de los meses.

Si, de los meses.

Las dietas milagro son un error. La inmensa mayoría de ellas lo son. Se trata, mejor, de volver a los hábitos saludables, a lo que el cuerpo necesita y no más. A que muy poco a poco se adapte el organismo a una forma de vida que será la que vamos a mantener a lo largo del tiempo, no dejar de comer unas semanas para alcanzar un peso "ideal" y luego volver a la anterior rutina.

Eso implica, claro, que hay que tener paciencia. Que no hay un alimento "milagro" o un "truco" que solucione el exceso de grasa acumulada en poco tiempo. Igual que ahorrar (dinero) significa gastar menos de lo que se gana, perder grasa (que puede ir acompañado, o no, de perder peso y perder volumen, que las tres son cosas bien distintas) implica gastar más calorías de las que se ingieren, pero no muchas menos, porque entonces no tendremos la fuerza necesaria para entrenar correctamente.

Y sobre lo espiritual, sobre el estado de ánimo, mejor guardo silencio esta vez sobre la tristeza y pesadumbre que producen algunos encuentros fortuitos con gente que devuelve en ira la buena voluntad que se le dio en el Camino que lleva desde Madrid hasta Segovia.