viernes, 7 de noviembre de 2014

Comparativas de zapatillas

Habrá quien piense que Wittgensteneitor se ha vuelto loco. ¿Una comparativa aquí? ¿Pero qué dice esta criatura?

No, no voy a comparar y opinar sobre calzado deportivo. Ya hay análisis muy interesantes por ahí. Si muchos, pero quizá no lo son la mayoría de ellos (una cosa no quita la otra, que haya muchos no quiere decir que sean la mayoría, sino que los malos son muchísimos más). Hay que escarbar un poco (mucho) y descartar un altísimo porcentaje, pero aún así, hay muchos buenos análisis. Es como casi todo en Internet. Demasiada información mala, demasiada hojarasca entre la que se esconden las perlas. Montañas de perlas entre cordilleras y continentes enteros de hojarasca.

Llegó el otoño, cuidado con los peligros que se esconden bajo la hojarasca
Mucho me temo que la mayoría de lo que podemos encontrar en una primera búsqueda en google sobre un modelo concreto de zapatilla o de mochila es puro marketing salido de los departamentos de comunicación de las marcas. Siempre con avances revolucionarios como esos detergentes que siempre lavan "más blanco aún" hace treinta años seguidos. Las marcas dan aparentemente mucha información técnica pero que, como el recibo de la luz, es muy difícil de interpretar para alguien que no tenga una ingeniería industrial con un postgrado en materiales de la era espacial y que, simultáneamente, haya completado estudios de podología, fisioterapia y terapia ocupacional. Los Community Managers se ocupan de posicionarles en los buscadores y aplaudirles en las redes sociales, de regalar unas generosas muestras a quienes crean opinión y de patrocinar los eventos en los que participamos y los deportistas que todo el mundo quiere emular.

A pesar de todo, aunque acabéis de llegar a esto del correr, escarbando con prudencia y con el tiempo iréis dejando de lado las opiniones de quien nunca le ve ningún defecto a lo que prueba. Es muy sorprendente leer tanto peloteo sobre zapatillas superligeras, superamortiguadas, superduraderas y superestables en la pisada, todo simultaneamente. Cortavientos superimpermeables, superligeros, supertranspirables, todo a la vez. Geles y barritas que te proporcionan energía al instante y, a la vez, durante horas y que nunca sientan mal. Ropa mágica, mochilas superchanantes que no hacen una rozadura o se les atasca la cremallera. Carreras y eventos deportivos siempre muy bien organizados y sin un defecto, por lo menos para quien ha recibido un dorsal y un billete de avión para opinar sobre ello.

Lo cierto es que (espero que ninguno de mis amigos que realizan estas tareas se me enfade) la mayoría de los "probadores" reciben el material para examinar de manera que representa un importante aporte económico en especie a su afición por correr. Si te regalan tres mochilas distintas y cinco pares de zapatillas de distintas marcas para que las pruebes, algo de textil de vez en cuando y un surtido de barritas... eso te puede suponer un dilema. Si te regalan unas zapatillas y cuentas que, bajo tu experta opinión, son una mierda pinchada en un palo (un concepto técnico) y que mejor comprarse el modelo del año anterior en el outlet o la alternativa de la competencia, es muy posible que la marca en cuestión decida que deja de contarte entre sus "expertos". Como casi toda la censura, el testeador no es censurado explicitamente, pero se autocensura "por si acaso" y porque ve que el resto también lo hacen (salvo honrosas excepciones y cito una para que no se me acuse de no mojarme en esta tapada comparativa de comparadores: Ser13io. Leanle siempre que puedan).

En la montaña es muy importante poder confiar en el material que llevas.
La montaña es peligrosa, el material es caro y la economía está en crisis.

Se proporciona solamente una parte de la información, una noticia sesgada y, por tanto, una mentira,  y el problema se da, seguramente, entorno a la cultura de la transparencia, sobre el acto de compartir el acceso pleno al conocimiento que alguien tiene. Solo acabamos recibiendo noticia de la parte buena del producto. Como cuando un programa (llamémosle Güinchous, por ejemplo) es escrito y compilado para ser ejecutado en una determinada arquitectura de computación, pero nadie llega a ver cual es el código que se emplea. Como cuando alguien quiere ver la hora a la que los demás se conectan al whatsapp, si leen lo que ha escrito, pero no quiere que los demás tengan esa información de sí mismo.

Hay un interés económico detrás de dar una información incompleta sobre el material deportivo, claro, de no presentar una mercancía como mala y que se venda sin proporcionar beneficios suculentos, pero también un sesgo cultural muy latino y católico. Cuando digo "latino" no piensen en unos regetoneros perreando, sino en el Latio, región de Italia, estoy pensando en la Ciudad Eterna de Roma, en el Imperio y en esa extensión que va desde Transilvania hasta Lisboa y donde se habla prácticamente Latín o alguno de sus dialectos levemente diferenciado de la lengua materna (Portugués, Catalán, Francés, Rumano...), un espacio físico y mental también un poco africano y musulmán (español, marroquí, misma cosa amigo). Porque el norte de África era Mare Nostrum romanizadísimo, porque la conexión entre la cultura clásica griega perdida durante un tiempo y el Renacimiento de Europa pasa por Bagdad, Córdoba y Toledo por caminos musulmanes al norte del desierto del Sahara.

El Mare Nostrum, ese charco que nos une y nos separa
hace miles de años a fenicios y romanos, griegos, árabes y latinos.
Todos "misma cosa"
Para el mundo Mediterráneo, y en eso el Norte de África y el Sur de Europa comparten algunas claves culturales comunes que el mundo anglosajón, germano, protestante, luterano o calvinista no viven en su cotidianidad, hay un celo por la privacidad, un exceso quizá. La casa musulmana típica tiene un haram, un espacio al que no tiene acceso nadie de fuera de la familia, ni tan siquiera durante una visita (de ahí viene el habitualmente erróneo concepto de "harén"). El jardín árabe o el español tiene altos muros y plantas trepadores que impiden que desde fuera pueda verse el interior, lo contrario del típico jardín inglés, de praderas de césped que no dificultan perder la vista en el horizonte, o el típico francés, también abierto y solamente demarcados los caminos por setos recortados y fuentes decorativas. Para la cultura protestante la Biblia está ahí para ser leída y libremente interpretada por el entendimiento de quien desea hacerlo (y quien no lo desea un poco también, que los evangelistas son muy pesados), debe ser traducida a todos los idiomas para que esté al alcance de todo el mundo, mientras que en el catolicismo siempre ha existido una jerarquía sacerdotal, una casta como está de moda decir, que era quien tenía como misión leer y dar una interpretación al texto, a menudo directamente ilegible para el populacho, porque estaba escrito en nuestra querida lengua latina, a la cual solamente tenían acceso un puñado de privilegiados.

Quizá de ahí tanto revuelo por el doble check azul que permite ver si otros han leído el mensaje que se ha enviado por el whatsapp, porque estamos en una cultura poco transparente, donde está mal visto dar toda la información, una cultura del cuchicheo al oído, del secretito que creemos que nos hace más interesante. También porque el narcisismo, ese gran motor, nos exige que todo el mundo lea y conteste, nos preste atención inmediata a cualquier ocurrencia que tengamos, pero eso ya es naturaleza humana universal.

Algunas de las organizaciones sin ánimo de lucro se sienten amenazadas por la ley de transparencia porque les obliga a hacer pública información bastante básica como, por ejemplo, de dónde les llega el dinero, dónde se lo gastan o quienes son los miembros (con perdón) de su junta directiva. Porque tienen miedo de como van a interpretar los demás la información y como la van a poder utilizar contra ellos, como los curas temían que la gente leyera libremente sus sagradas escrituras y extrajese sus propias conclusiones.

La información no hace mal ninguno en sí misma, o por lo menos, mucho menos daño que la desinformación. Yo quiero que la gente sepa cuando he leído un mensaje suyo por lo mismo que quiero saber cuando han leído el mío. Para, por ejemplo, ahorrarme una llamada. Quiero mi software libre y en código abierto para que no haya errores sin corregir en él durante mucho tiempo. No quiero material deportivo que no sea adecuado al uso que le quiero dar.

Y quiero que me digáis cuando unas zapatillas son una puta mierda. No os lo calléis, amigos probadores.

Y mientras, la III Remontada Infernal se va aproximando ;-)