martes, 11 de noviembre de 2014

Manual de instrucciones de las personas humanas (I): Amigos

Los hombres más capaces de pensar sobre el amor son los que menos lo han vivido, y los que lo han vivido suelen ser incapaces de meditar sobre él.
Ortega y Gasset
Las personas que corren saben que no es lo mismo correr en solitario que hacerlo acompañado. Son dos cosas muy diferentes, dos experiencias que tienen en común el lanzar una pierna detrás de la otra, pero que se experimentan de forma diferente. No importa tanto si se corre en un entrenamiento no competitivo o con un tripal dorsal puesto.

Otro día hablaremos de la soledad del corredor de fondo encerrado entre una multitud de desconocidos con los que no se comunica. Es una experiencia mucho más solitaria que salir a rodar por un descampado un domingo a las cinco de la mañana. Muchas veces es una situación análoga a la diferencia entre quien vive en el campo, pero conectado a una pequeña comunidad, y quien vive aislado en un apartamento entre cientos de vecinos a quien no conoce en una gran ciudad.

Kant (creo que ya lo comenté) desarrolla el concepto de "insociable sociabilidad". Esa tensión del alma humana entre el deseo de vivir en compañía, rodeado del apoyo de tus semejantes formando una sociedad y, simultáneamente, la necesidad de alejarse de todos, de "los otros", el imperioso impulso de huir de la gente sin tomar conciencia de que uno mismo también, siempre, es gente, es "un otro" para los demás.

Mejor siempre con amigos, sin duda.

Me llama la atención la facilidad con la que se entablan amistades entre la gente que corre por la montaña. Supongo que es algo habitual entre personas que comparten experiencias similares y que lo hacen porque tienen un conjunto de gustos y valores comunes que les conducen hasta esa actividad.

Puede suceder así:

Te acoplas al ritmo de alguien un rato, luego le pasas, luego te pasa, al cabo de unas cuantas subidas y bajadas haciendo "la goma" te saludas cada vez que te cruzas. No vais "picados", simplemente en la montaña se van variando los ritmos y es normal (y educado) facilitar que te pase el que viene por detrás (con perdón). En un momento dado te pones a hablar de cualquier cosa relacionada con la carrera, luego de experiencias comunes, resulta que conocéis a gente en común, estuvisteis los dos en aquella carrera. En aquella otra no (¡te hubiese encantado!)...dependiendo de la dureza de la prueba y de si hacéis los últimos kilómetros juntos puedes llegar a hermanarte con esa persona, pero es más probable que os agreguéis mutuamente a vuestras redes sociales y, después de un tiempo leyéndoos, cuando coincidáis en otra carrera o entrenamiento por casualidad o por decisión consciente, os alegréis al veros.

En la amistad hay, como en las relaciones de pareja, un "salto de confianza". Cuando aún no tienes razones objetivas suficientes que justifiquen esa confianza, un conjunto de datos cazados por tu subconsciente te hace saber que esa persona puede ser, que es de tu cuerda, que parece que te respeta y te tiene afecto y eso te anima a sentir respeto y afecto por ella. Por supuesto esa confianza se puede quebrar, pero al contrario de las relaciones amorosas románticas, en la amistad nuestra cultura no exige exclusividad, lo que permite que las ganancias siempre superen las pérdidas. Si alguna amistad cae, otro buen número de otras personas amigas hacen que se relativice el valor de lo perdido. La amistad enriquece tanto que es muy difícil que alguien sienta que no confía en nadie, no se atreva a dar ese "salto" en alguna dirección más o menos a menudo. La clave es que hay personas que no encuentran los espacios adecuados, porque hay lugares y ambientes que realmente no facilitan el salto de confianza (la oficina, el ascensor de la comunidad) y otros como la montaña, si.

De pronto, cuando se entabla una amistad, una parte de tus redes neuronales emulan el cerebro de esa persona y suponen la personalidad y las reacciones de la persona amiga y permitiendo saber, casi a ciencia cierta, lo que otra persona podría pensar, podría opinar, como actuaría ante un estímulo determinado. Eso no tiene que ver con que siempre aciertes en tu "simulación mental". La cuestión es que no puede haber amistad al desconocido. La amistad implica conocimiento (sea un conocimiento real o equivocado) y, lo extraño, es como a menudo se puede llegar a conocer a algunas personas con cierta rapidez, haciendo un uso estresado de nuestra capacidad de empatía, y en otras circunstancias nos pasamos años junto a alguien, un vecino, un familiar, una compañera de trabajo, sin forjar una amistad, pasando a diario "con los escudos levantados" como una nave espacial de ciencia ficción.

Quizá cuando vamos a correr por el monte bajamos nuestros escudos y facilitamos que se formen amistades.
Las fronteras entre la amistad y el amor romántico, entre el amor romántico y la atracción sexual hacen que el álgebra de las relaciones de amistad, las relaciones románticas y las relaciones sexuales sean muy complicadas, que se solapen y se confundan como esferas separadas y diferenciadas que se cruzan o como un continuo en el que se ocupa un espacio determinado con respecto a cada persona, que en el marco de heteronormatividad en que vivimos sea habitual decir que la amistad entre en hombre y una mujer es imposible. Es un tema tan complejo y que requería un nivel de autoconocimiento de todo el mundo que creo que es buena materia para una tesis doctoral o incluso una vida entera entregada a esa investigación. 


La amistad no es necesaria, como la Filosofia, como el arte, etc. no tiene valor de supervivencia; sin embargo, es una de esas cosas que da valor a la supervivencia.
C.S. Lewis