jueves, 25 de junio de 2015

GTP: El Gran Banquete

«El glotón es el sujeto menos estimable de la gastronomía, porque ignora su principio elemental: ¡El arte sublime de masticar!»
Honoré de Balzac
Según Robin Hood, que ha prometido escribir en algún momento sobre ello (lo esperamos con ansia viva), la vida es como un gran banquete.

La metáfora del banquete es potentísima, porque hay muchas formas de organizar y disfrutar de un banquete. Hay muchas más de arruinarlo, tanto el contenido material del mismo, la comida, como el clima necesario para celebrar. Hay muchas formas de vivir la vida y también de desperdiciarla. Por supuesto lo principal es el tener buenas o malas cartas en la partida, pero también saber valorar y disfrutar de lo que se tiene cuando se tiene. Ya decía Ferran Adrià que «Una buena sardina es mejor que una mala langosta» y una gran fuente de infelicidad en esta vida es desear lo que no se puede comprar o andar comiendo langostas en mal estado, para aparentar, en lugar de unas deliciosas sardinas.

En esta vida hay quien se atiborra de patatas fritas con ketchup y se niega a probar el sabor delicado de unas verduras a la parrilla, o que se mete entre pecho y espalda un atracón de pasta hervida con un chorro de aceite, como hacen muchos corredores antes del maratón, sin darle una oportunidad a una musaka de berenjena y calabacín rellena de espinaca, pasas y piñones. Hay ciclados de la vida que mantienen una dieta monótona a base de lechuga, pollo con arroz y tortillas de claras de huevo, al estilo de los más cachas del gimnasio macarra del barrio que imagino siguiendo las directrices de un superentrenador, tan cargado de musculosos pectorales como de prejuicios e ignorancia nutricional que "suplementa" haciendo de comercial de batidos de proteínas y esteroides anabolizantes y que probablemenete acabarán dejando el hígado de sus pupilos más graso que el de un pato de Périgord.

Foto: Wikimedia Commons
La vida o la inteligencia suelen ser desperdiciadas en recorridos y en tareas que "cuecen y no enriquecen". La diferencia está entre un arroz hervido sin sal y una paella valenciana de marisco con garrafon en su punto, entre un san jacobo precocinado y ultracongelado sumergido en aceitazo requemado en una freidora o, por el contrario, acompañarse un cachopo asturiano casero de un buen pan, de esos con la miga firme y un poco de sabor a la leña del horno en que se acaba de cocer y quizá con una belga tipo amber ale, un "pan líquido", que por esa vía entró la cerveza en la Regla Benedictina con tan excelentes resultados.

Uno de los textos más conocidos de Platón, El Banquete, no habla sobre estas cosas de alimentarse, no mucho al menos, o no de este tipo de alimentos del cuerpo, sino de lo más importante de la vida, lo que alimenta el alma. Quizá lo único importante. Aquello por lo que la vida merece ser vivida.

Aquí, Platón, aquí, unos amigos...
Si la vida es un banquete, el ingrediente imprescindible en él es el amor en todas sus facetas.

Atendiendo a la propuesta del maestro Spanjaard, que ha alcanzado ya el punto de estar horrorizado por mi absoluta falta de esfuerzo por disimular que esto es un blog sobre filosofía, por lo espeso de algunas entradas y por tener que hacer scroll con el ratón hacia abajo por la página en búsqueda de algo que haya sugerido implícitamente con el título o quizá con alguna imagen (inútil ejercicio, probe homre), después de cerciorarse de que aquí no se habla casi nunca de algo que tenga remotamente que ver con carreras, vamos a iniciar, a modo de experiencia, siguiendo una sugerencia suya, un breve ciclo sobre un autor en concreto, Platón, que vamos a denominar:


Empezando, con la excusa del Banquete, con la primera etapa productiva de Platón, el Platón "juvenil".

En esta parte de su vida y obra nuestro autor escribe la "Apología de Sócrates" y "El Baquete o de el amor" (en Griego symposion, cuya etimología es "beber juntos"). Nos encontramos con un joven filósofo fuertemente influenciado por la personalidad de su maestro Sócrates y muy afectado por haber presenciado como aquel era condenado a muerte por aquellos (la casta de la época) que pueden temer que un anciano pregunte por las calles qué son las cosas con una gran dosis de ironía. En cierta medida se ha considerado siempre que estas obras reflejan más el pensamiento socrático que las ideas que desarrollará con el tiempo el propio Platón, pero este punto es difícil de determinar porque su maestro nunca escribió ningún texto propio con el que comparar.

También es importante saber que de Platón solamente conservamos sus obras exotericas.

Si, sus obras exo-tericas, es decir, escritas "para los de fuera", para el público no iniciado. Obras que tienen un fuerte carácter divulgativo y tratan de hacer fáciles las ideas del autor a quien aún no conoce en profundidad su sistema filosófico. Lo contrario de las obras esotericas que conservamos de su discípulo Aristóteles, mucho más difíciles de leer, poco más que los apuntes internos de los discípulos más aplicados del Liceo, su escuela, llenos de vocabulario técnico "aristotélico" y en los que se da por sabido mucho para poder profundizar, desde ese punto, en cuestiones más difíciles.

Debido a ello nos es difícil precisar cuanto de Sócrates hay en Platón e incluso cuanto de Platón hay en Aristóteles, aunque la ortodoxia haya enviado un mensaje simplificado del pensamiento de este increíble trío sin el cual la historia de la humanidad hubiese sido muy diferente. En cualquier caso parece obvio que el pensamiento de Parménides y de la escuela de Pitágoras fueron una influencia determinante en el pensamiento platónico.

El platonismo será una forma de percibir el mundo que creará una tradición que va a través de los siglos, en los escritos de otros pensadores como Filón de Alejandría, Agustín de Hipona, René Descartes, Hegel... y hasta la actualidad. Mientras, otra tradición que arranca en Aristóteles y pasa por Guillermo de Ockam, David Hume y Wittgenstein, mantiene vivos los antiguos debates aunque hayan sido reformulados. Quizá ahora no se discute si existen "Ideas" de las que los objetos del mundo son reflejo, o si estas Eidos son los "Universales" que están en la Mente de Dios. Pero si se discute si para que una máquina tenga una conducta indistiguible de lo que denominamos una conducta inteligente es necesario recurrir a una "emulación" mediante Redes Neuronales Artificiales o se deben escribir las lineas de código necesarias en un lenguaje de alto nivel para después compilarlas y ejecutarlas en una máquina (coputadora) lo suficientemente potente. La discusión en juego, muchas veces depende de si concebimos el mundo con una serie de objetos dentro de él o como meras construcciones mentales de los animales humanos. Típicamente, los objetos de las matemáticas.

Aquí lo dejo por ahora. Una pildorilla para empezar, que como en la gastronomía, lo poco gusta y lo mucho cansa.

La semana que viene,... ¡hablaremos del GTP! ¡Prometido!

Fotografía: Raúl Martínez
Ciertamente, viendo la filosofía en un joven me complazco, me parece adecuado y considero que este hombre es un ser libre; por el contrario, el que no filosofa parece servil e incapaz de estimarse jamás digno de algo bello y generoso. Pero, en cambio, cuando veo a un hombre de edad que aún filosofa y que no renuncia a ello, creo, Sócrates, que este hombre debe ser azotado. Pues, domo acabo de decir, le sucede a éste, por bien dotado que esté, que pierde su condición de hombre al huir de los lugares frecuentados de la ciudad y de las asambleas donde, como dijo el poeta, los hombres se hacen ilustres, y al vivir el resto de su vida oculto en un rincón, susurrando con tres o cuatro jovenzuelos, sin decir jamás nada noble, grande y conveniente.
Platón, "Gorgias".