jueves, 10 de marzo de 2016

Correndo pelo Campo (CpC): PT281+

O homem é um resumo ideal da natureza. 
Andou o infinito e lembra-se; 
andará o infinito e já o sonha.

Abílio Guerra Junqueiro

Cierto es que la segunda noche del UTMB Quique y yo, con más de ciento veinte kilómetros en las piernas por primera vez en nuestras vidas, mucho desnivel, muchas horas corriendo, mucho sueño, ¡mucho!, mucha agua empapándonos, muchas caídas en el barro de los Alpes franceses, italianos y suizos, con pequeñas alucinaciones por el agotamiento... jurábamos en Arameo. Jurábamos que aquello nunca más, que era una barbaridad, que era inhumano y que con una vez en la vida era más que suficiente. Una carrera de más de cuarenta horas: nunca más.

- Pero a Jorge no le decimos nada.¿eh?
- No, no, a Jorge ni una palabra. ¡Qué lo corra también!

Pero llegamos a Chamonix al día siguiente y, como ocurre en estos casos,... corrimos como gamos felicísimos por sus calles los últimos tres kilómetros como si los 165 anteriores solamente hubiesen sido un breve calentamiento. Como si no llevásemos 45 horas haciendo el bruto, como si no hubiésemos subido (y bajado) diez mil metros de desnivel positivo acumulado. Las piernas se movían con fuerza y alegría, las ampollas no molestaban.

Y a las dos semanas estábamos fantaseando con volver algún día.

Y a los dos meses lo recordábamos como una de las mejores experiencias de nuestras vidas.

Chamonix - Mont - Blanc
Y, claro, una forma de volver a la escena del crimen era correr, en equipo, la brutal Petite Trotte à Léon. Una carrera de 290 kilómetros técnicos y alpinos. Como un hermano mayor y ciclado de esteroides de la UTMB.

Una prueba difícil, por un terreno que no nos es nada familiar y, para más inri, que sale muy cara cuando empiezas a sumar al precio del dorsal al del equipamiento, el avión, el alojamiento, refugios, la comida... ...por no hablar del alto coste en churripuntos. Una auténtica sangría en ese sentido lo de decirle a tu pareja que te vas a internar con los amigotes una semana en los Alpes.

Y entonces apareció.

En el proceso de buscar carreras que sumasen los kilómetros que deseábamos, en las fechas que podríamos, una carrera portuguesa inspirada, ni más ni menos, que en la mítica Badwater. Una carrera cerca, que en caso de acabarla nos llevaría la mitad de tiempo, a un coste mucho menor en euros y churripuntos y que, aparte de la distancia a recorrer, transcurría por un tipo de terreno que nos es familiar, por el que empezar a sumar kilómetros no nos darían miedo... salvo por la distancia, 281 kilómetros.

Después de la experiencia de la Azores Trail Run y del Ultra Trail Serra de Sao Mamede, yo soy un fan completo, incondicional y entregado de las carreras organizadas (¡qué bien organizadas!) en nuestro país hermano gemelo. Casi tanto como de la Super Bock y los guisos con bacalhau. En el caso de Miguel Ángel no cabe duda que se siente muy atraído por lo portugués, y si no que se lo pregunten a su contraria, a la que fue a buscar a aquellas tierras. Quique, que tenía serias dudas sobre la viabilidad del proyecto PTL, respiró relajado ante la nueva idea y hasta Jorge dejó abierta la posibilidad de correr con nosotros desde Belmonte hasta Poença a Nova si un eventual cambio de trabajo y oficio se lo permitiere. Ramón se lo está pensando aún, que no le gusta tomar decisiones estúpidas precipitadamente, como a nosotros, sino tomándose su tiempo para ello, así que completa la expedición el muy bregado en batallas similares Javier, del Comando Guadarrama. Un corredor rápido y con chispa capaz de poner la reductora y avanzar despacito y constante cientos de kilómetros. Una gran pandilla en definitiva.

281 kilómetros con probabilidad de temperaturas por encima de 40º
Track no oficial
Dos diferencias fundamentales hay, en lo que al correr se refiere, con la prueba de los Alpes. Una, en principio favorable, es el desnivel. Es una carrera con sendas y pistas por las que soltar piernas y correr, sin los desniveles brutales de la PTL. El otro aspecto, como es lógico, es el tiempo que dan para realizar el recorrido. Si en la petit trotte se dispone de ciento cincuenta y dos horas, casi una semana entera para recorrer ocho kilómetros más que en la carrera lusa (hay que tener en cuenta que suma casi veintiseis kilómetros de desnivel positivo acumulado, tres veces el Everest desde el nivel del mar), en la PT281+ hay que correr. No llegan a tres días las 66 horas que la organización proporciona para cubrir la distancia y "apenas" menos de un Everest de desnivel que salvar. Hay que correr y correr. Correr día y noche. Si, andar, sentarse un rato, comer, ¿echar una cabezada?, pero, sobre todo, hay que correr para llegar. Casi todo lo que correría a lo largo de un mes de entrenamientos, uno bueno, en tan solo dos días y dieciocho horas. Las primeras veinticuatro habrá que avanzar, quizá, ciento cincuenta kilómetros para garantizarse dormir un poco en algún momento. El segundo día, quizá noventa, aunque sería mejor que fuesen cien y, después... ¿quién puede pensar en el tercer día corriendo?

Me da a mi que ese ventrículo izquierdo bombea raro. O eso o me he liado con el ECG y el perfil de la PT281+


Algunos datos que os pueden ser de interés sobre la prueba:

Transcurre muy cerca de la frontera con la provincia de Cáceres, por la Beira Baixa, en pleno agosto y se pueden esperar temperaturas por encima de los 40º. Como en la Badwater los años "frequitos", aunque sin corrientes cálidas de convección y mínimas tan brutalmente cálidas como en la carrera que se realiza en el Death Valley. Aquí los pájaros no caen muertos al suelo y se cocinan allí mismo en el asfalto a 80º cuando les fulmina de improviso un chorro de aire recalentado en pleno vuelo. No estamos hablando de un lugar inhabitable, de llanuras de sal sin vida, sino de algo bastante parecido a la estepa manchega que conocemos bien. Calor va a hacer, pero el año pasado crucé muchos días el asfalto de Madrid de punta a punta al mediodía durante el infernal mes de julio que padecimos y sé que podemos con ello.

La organización de la prueba nos proporcionará el track del recorrido que deberemos seguir, en autosuficiencia, entre las bases de apoyo, situadas a una distancia media de treinta y cinco kilómetros. No está permitida la asistencia, ni ser acompañados, ni dormir fuera de esas bases. Las únicas indicaciones que están aseguradas por la organización son las del GPS que forma parte del material obligatorio. Una bolsa de vida nos irá siguiendo, como en el Spartathlon, de parada en parada para poder utilizar aquellos objetos que consideremos necesarios durante las 66 horas, límite máximo para entrar en meta.

Por tanto toca trocar el Bon Courage! por el Força! y lo hacemos con mucha ilusión. Es un objetivo tremendo para nosotros. En el límite de nuestras capacidades y estamos preparándonos lo mejor que sabemos para ello sin abandonar la capacidad para una sana locura de embarcarnos en aventuras que los personajes de las tierras de Don Quijote parece que tienen.


"Nos darán sus frutos las encinas, asiento los troncos de los alcornoques, sombra los sauces, olor las rosas, luz la luna y las estrellas, alegría el llanto, el amor conceptos,[...]"
Miguel de Cervantes. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.