jueves, 16 de junio de 2016

Cariño, esto no es lo que parece

El mejor escritor es aquel que se avergüenza de serlo.
Friedrich Wilhelm Nietzsche

No hace mucho hablábamos de la filosofía de la sospecha, de aquel trío anafrodisíaco formado por Marx, Nietzsche y Freud que lanzaba una mirada de duda y suspicacia sobre la realidad, sobre la podredumbre de Occidente. Sobre lo que parece que son las cosas y sobre lo que hay detrás de ellas. Y que concluían que... esto no es lo que parece.

Y hemos abordado también (¡Runners del mundo, uníos!) el ejercicio de lanzar una mirada desconfiada y marxista sobre la realidad de lo de correr hoy en día. Esto nos pone en la difícil situación de continuar una serie temática con una tercera entrada sobre la filosofía de la sospecha, aplicada a ejercer la suspicacia sobre nuestra afición de correr, y ya llegados a este punto, tener que acabarla habiendo alcanzado las tres cuartas partes de la tetralogía,... o como alternativa dejarlo así ahora y disimular, siguiendo el ejemplo de Rajoy y su inspiradora técnica de hacerse el muerto.

Qué pesado con la filosofía ¿Pero esto hace falta para correr?

Pues realmente no.

El físico Richard Feynman tenía un profundo bloqueo con la filosofía, que no era capaz de comprender. Decidió un día, en la Universidad de Stanford, donde daba clases, entrar a un aula para seguir un curso sobre la materia. Se equivocó de asignatura. Se metió accidentalmente a una clase de introducción a la lengua Portuguesa (oh meu Deus!), pero le pareció tan interesante que decidió seguir el curso entero ya que estaba allí (es lo que tienen los así denominados "listos de los cojones"). Acabó ganando el premio Nobel de física por sus descubrimientos y formulaciones en la electrodinámica cuántica, participando en la elaboración de la bomba atómica y desarrollando el concepto de nanotecnología y computación cuántica y, por supuesto, hablando Portugués con tanta fluidez que se fue a vivir a Brasil después de la guerra y entró en una escuela de samba. A ritmo de samba desfiló en el sambódromo de Río de Janeiro con su escola tocando la frigadeira. También escribió, a parte de mucha teoría física, un ensayo sobre la mejor manera de ligar con chicas en los bares.

Richard Feynman tocándose los bongos.
Quizá un ejemplo de lo que Nietzsche
consideraría un "superhombre"
Tengo la particular opinión de que una de las acciones más subversivas que se pueden realizar es llevar una vida multidimensional, compleja, llena de facetas, de aficiones, de actividades distintas. No "ser" runner (o físico teórico), por ejemplo, a todas horas y en todo momento. No convertirse en el estereotipo, en el cliché, en la parodia de aquello que se supone que "eres". Y si además uno se cuestiona todo radicalmente y racionalmente, es decir, si hace filosofía, mucho mejor. En general no "ser" mucho nada, no identificarse, no crearse una identidad o sumergirse en una colectividad que no deje espacio a la diferencia y a la diversidad. A las múltiples facetas del alma humana. Huir de la moda, pero no convertirse tampoco en el miembro de esa moda que consista en ir a contracorriente para no ir a la moda como los demás. Al final todos los que quieren ser distintos, desde los punkies de antes a los hipsters de ahora, se acaban pareciendo entre ellos. No se trata de ser superficialmente distinto, sino de ser complejo.

Marcuse hablaba del sujeto de la sociedad industrial como un productor/consumidor alienado, del individuo unidimensionalizado como resultado de las falsas necesidades creadas por los medios de comunicación masivos. Paralelamente en la obra del muy nietzscheano Hermann Hesse, se nos muestran las mil dimensiones ocultas de cada persona que, paradógicamente, tiende a entenderse a si misma bajo un prisma simplificador. A ponerse una etiqueta, a no darse cuenta de que cada ser humano está habitado por una infinidad de seres humanos. Contemplarse a si mismo bajo una identidad simplificadora es el camino a convertirse en aquello. Entregarse a una fe, aunque no nos parezca que es eso, que alivie nuestros miedos y nos haga sentir que pertenecemos a algo. No olvidemos que Hesse escribe en pleno ambiente de ascenso del nacionalsocialismo en Alemania.

Y es que Dios ha muerto, pero como predijo Nietzsche, ha dejado un espacio vacío, una nada, que la gente se apresura a llenar con "algo", con lo que sea, con una serie de creencias y de pertenencias que tienen su origen en ese vacío, en esa nada. Convertir el "furgol" o el "running" en una especie de religión no es más que una manifestación del nihilismo predicho por el loco filósofo alemán.

"Ni Dios ni amo ni moral"
Para el Antiguo régimen la moral y el orden político
estaban relacionados necesariamente con la idea del Dios cristiano.
Al desaparecer queda un vacío en todos los órdenes de la existencia humana
Y hay que entender que Nietzsche no dice que Dios no exista. No se trata de eso. Quizá da por supuesto que no tiene que entrar en ese debate, que hay que dar por supuesta su inexistencia o que es irrelevante para lo que él trata de decir. Quiere decir que, en nuestra sociedad, en la de hoy en día, en la del futuro que anticipó Nietzsche, el Dios cristiano ha perdido el papel que ocupaba en el pasado. Ya no es una creencia tan universalmente extendida, tan indubitable, ya no se organiza toda la vida humana y toda la sociedad bajo el supuesto de su existencia sino, al contrario, como si hubiese muerto. Los ateos, obviamente no creemos que pueda morir algo que nunca ha existido. Se trata de una metáfora sobre las consecuencias morales de un fenómeno social. La sociedad se ha desacralizado y los sistemas políticos, las leyes y las normas morales, los sentimientos de comunidad religiosa entorno a esa creencia, han perdido aquello que lo sostenía todo, dejando en su lugar...

...NADA.

Y claro. El horror al vacío hace que cualquier otra cosa que emprendamos lo hagamos con una energía religiosa, irracional, buscando una comunidad a la que religarse, con la que identificarse, con la que practicar rituales y oficios sacralizados. En ello está el ascenso de movimientos New Age tan obviamente religiosos, el neopaganismo, incluso la fanatización de los movimientos neocatecumenales luchando por sobrevivir dentro de los restos de lo poco que queda de la estructura del cristianismo. No por nada temen el laicismo, como la mayor amenaza para su superviencia. El peligro no está en opinar que Dios no existe, sino en que la mayoría de la sociedad, crea o no, actúe como si hubiese muerto.

Nada hay de malo en nuestros nuevos templos con pistas de cuatrocientos metros, nuestros nuevos rituales en las carreras populares o en vestir nuestros hábitos de lycra y polipropileno, nada por el sacramento del maratón, pero corremos el peligro de no superar esa muerte, de no ser capaces de construir nuestra propia forma de actuar y elevarnos por encima de la moral de esclavos que nos induce el consumismo de cosas innecesarias, a ser "solamente runners". Se trata de usar, si nos gusta, el correr como una herramienta de crecimiento, no como unas cadenas que nos aten y nos impidan superar... ese estadio del ser humano, el de la persona obligada a seguir la corriente social dominante.

Y quizá correr solamente por que es divertido, como corre un perrete o un niño

"La madurez del hombre es haber vuelto a
encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño"

F. Nietzsche