lunes, 22 de febrero de 2016

De pezón blando

Entre los brazos de los hombres está el llamado pecho y el de los demás animales entre las patas delanteras; en los hombres éste es razonablemente ancho (los brazos, al salir del costado, no impiden que éste ocupe un ancho espacio), en los cuadrúpedos, sin embargo, como los miembros se extienden hacia delante cuando caminan y cambian de posición, esta parte es estrecha. Por eso, los animales cuadrúpedos carecen de mamas en este lugar. Por el contrario, en los hombres, como el espacio es ancho y la región del corazón debe estar protegida, como ese lugar es carnoso, se sitúan las mamas, que en los machos son como la carne por la causa mencionada, mientras que en las hembras la naturaleza las ha empleado para otra función que aseguramos que realiza frecuentemente: guardar allí el alimento para los recién nacidos. 
Aristóteles De Partibus Animalium (Περὶ ζῴων μορίων), Libro IV, Cap. 10

Desde que empecé a correr comprendí que yo necesitaba algún tipo de profilaxis para evitar la erosión de esa parte de mi anatomía que no tiene una clara función en mi sexo aparte de producir, dependiendo del momento, gustirrinín o un dolor lacerante de mano de las abundantes terminaciones nerviosas que allí hay. Porque los pezones tienen eso, que están abigarrados de neuronas encargadas (no se sabe muy bien en el caso de los hombres para qué) de transmitir sensaciones a menudo dolorosas.

Los más veteranos del lugar, curtidos de décadas de correr con camisetas de algodón y acabar muchos entrenamientos temiendo más a los escozores de la ducha que a una "paralela" de Hacienda, me aconsejaban emplear camisetas de tejidos muy suaves, coolmax y similares, con un tacto parecido al de la seda. Porque si un pezón erosionado y sangrante duele un poco, cuando le entra el jabón en la ducha la sensación que te atraviesa de parte a parte te trae a la memoria las escenas más truculentas de El crimen de Cuenca o de Un hombre llamado Caballo.

Escena de la película El crimen de Cuenca en la que dos
voluntariosos funcionarios realizan una manicura al
antiguo estilo del benemérito cuerpo armado de la guardia civil a
un paisano que pasaba por allí.
Y sin embargo eso de las camisetas finas, no sirve para todo el mundo.

En mi caso la diferencia entre usar una camiseta con un tejido más áspero u otro de tacto más suave viene a ser la de utilizar una lija de grano grueso o de las de grano fino. Con las del "00" se tarda un poco más, pero, aparte de un "mejor acabado", terminan de la misma manera, desbastando la madera en un caso y, en el otro, eliminando por estrés mecánico, primero la epidermis, después los tejidos más profundos y sensibles hasta llegar a los vasos sanguíneos, los capilares, también abundantes, que alimentan los nervios abundantes de los dos pezoncillos.

Escena de la película Un hombre llamado Caballo.
Los primeros mamíferos, los ornitorrínquidos, afortunados ellos, no tenían ni tienen pezones ni glándulas mamarias. Es a través de glándulas sudoríparas especializadas en la zona del pecho que exudan el blanco alimento para sus crías. Cuando les salen las crías de los huevos (entiéndase con ese "salir de los huevos" que son animales ovíparos, no, por el contrario, a que se comporten de manera especialmente insolente e impertinente en lo que se refiere a la paternidad), chupan y succionan del pecho, que no de las tetas, de sus ornitorrínquidas madres hasta saciar su hambre.

Un par de pequeños y mamones ornitorrincos con su madre
Otros cohabitantes del planeta de nuestra clase Mammalia, aun siendo vivíparos como nosotros, tienen una bolsa donde terminan de "cocer el pastel" de la vida y en cuyo interior, aparte de varios marsupiales en distinto estado de desarrollo, está la fuente que suministra, como un grifo de cerveza a una cuadrilla de "corredores por el campo", CxC, el líquido manjar a sus crías. Una protección natural que muchos desearíamos dada la frontal exposición de nuestras mamellas.

Los pezones masculinos o "tetillas", aunque en algún caso el diminutivo puede llevar a engaño, no tienen una función en la nutrición de las crías de la especie. En esto estamos todo el mundo de acuerdo con Aristóteles. Aunque tengan cuidado todos aquellos que, por el motivo que sea, sigan el camino de la suplementación con substancias dopantes para la práctica deportiva. En estos casos no es infrecuente que se produzcan episodios de galactorrea y que al fornido varón culturista, al acerado macho ciclista, al rudo velocista ciclado, "se le suba la leche" como a un ama de cría y en el momento más inoportuno tenga que cambiarse de camiseta (o invitar a una ronda). Si no se tiene vocación de nodriza y, además, no se quiere acabar con el hígado y el páncreas como picadillo para chistorra, es mejor evitar este tipo de suplementaciones, aunque permitan adelantar un par de puestos en la clasificación de la carrera de Villaojete de Arriba y presumir luego en las redes sociales y hasta sacar pecho (de vuelta al tema) en el bar.

Los pezones vestigiales de los varones se forman en el feto antes de que se produzca la diferenciación sexual. Antes de que la testosterona entre en juego (sin testosterona en el proceso de desarrollo embrionario, todos los fetos se acaban convirtiendo en hembras) y añada otros elementos protuberantes a la anatomía, que si bien también pueden provocar el dolor de Príapo, compensan al varón con más alegrías que penas habitualmente.

Con un tiro en el pecho de un francotirador en el Mapoma 2007
Después de probar distintos tipos de tiritas convencionales, especiales para nadadores, esparadrapos, piel artificial, compeeds y vendajes quirúrgicos, finalmente acabé, como otros, encontrando un tipo de "tejido sin tejer", que es lo que pone en el paquete (con perdón), ya se que es una imposibilidad lógica, superadherente y fácil de retirar después. El artificio industrial aguanta seco y mojado durante horas... salvo cuando el jardín capilar alcanza proporciones selváticas y tiene uno que pelarse para no parecer un ewok (de lo que hace poco mi amigo Quique me acusaba).

Lo que no quita para que, de vez en cuando, se le olvide a uno ponérselo o por cualquier circunstancia caiga alguno de los protectores, como caen las flores de los cerezos agitadas por los vientos de marzo. En esos casos, toca sufrir el lacerante dolor que nos recuerda nuestra condición de mamíferos con el único consuelo y alegría de que los primates, al menos, tenemos un solo juego, una sola pareja de ellos, al contrario que la mayoría de los mamíferos placentarios que distribuyen varias filas entre pecho y vientre.


No os espante el dolor; o tendrá fin o acabará con vosotros.
Lucio Anneo Séneca (2 AC-65)

jueves, 21 de enero de 2016

Reyes de la montaña

¡Oiga! ¡Que a una mujer le dé por repartir espadas mojadas no es base para un sistema de gobierno!¡El supremo poder ejecutivo deriva de la voluntad de las masas, no de una absurda ceremonia acuática! No pretenderá ostentar el supremo poder ejecutivo porque una furcia natatoria le tiró una espada… Lo mismo podía ir yo por ahí diciendo que soy Emperador porque una tia me lanzó una cimitarra… ¡Me llevarían al manicomio!
Los caballeros de la mesa cuadrada (1977) Terry Gilliam
Este año parecía que el periodo navideño había pasado sin que me sirviese de inspiración literaria pero, mira tú por dónde, aunque un poco tarde, ha acabado por salir una trilogía:

Aquí y aquí y, claro, aquí.

Hemos pasado los primeros días de enero sobrecogidos por el horror, con el corazón en un puño por aterradores señales de un apocalipsis que se cierne sobre Occidente. Reinas magas, reyes magos vestidos como si acabasen de salir de las rebajas de Desigual, el vestido de la Pedroche, un bebé en el parlamento, una señal del fin del mundo cada día que pasa. Todo cosas que merecen ríos de tinta y debates interminables que no dejan tiempo para hablar de otros temas: formación de un gobierno "imposible", juicios por las tarjetas black al exministro de economía Rato, otro al marido de la hija del anterior jefe del estado, las muertes del Madrid Arena... minucias... minucias simultaneas y coincidentes con una campaña sin precedentes de apocalípticas preocupaciones por las condiciones bajo las que hacer creíble a los niños la existencia de SS.MM de Oriente. Menos mal que no soy conspiranoico. Si no pensaría que "nos la quieren meter doblada".

Estos día ha habido muchos reyes en los medios de comunicación de masas. No precisamente los últimos dos borbones y su posible (¿probable?) conexión con los negocios del antiguo Duque de Palma, sino esos que reparten caramelos a los niños, los que llevan barbas postizas, la cara pintada de betún y anacrónicos ropajes para representar los presuntos magos que fueron a adorar al personaje (quizá ficticio también) protagonista de los Evangelios.

Aquí reyes magos con vestidos "de verdad"
Aquí reyes magos con vestidos "de mentira"
Sobre reyes destronados, me he encontrado que recorría un informe las redes, en el habitual y atractivo tono alarmista que facilita su propagación, sobre una generación de reyes de la montaña, la élite de ultratrail, que han sido diezmados una plaga de sobreentrenamiento como los dinosaurios se extinguieron en su momento. De forma abrupta y rápida.

Vivimos tiempos de noticias apocalípticas. Para todo y cada vez más el titular tiene que ser radical. Tiene que parecer imprescindible de leer. Algo que cambie y remueva tu percepción del mundo. Un "nunca creerías esto". Esto de las noticias diarias, en lo político y en lo científico, hablando de las fuerzas políticas emergentes o del alimento mágico de moda parece una escalada inacabable para captar la atención de los lectores potenciales, para atraer el tráfico web. He aquí la noticia:

http://www.outsideonline.com/1986361/running-empty


¿La Estrella de Belén o el Apocalipsis?
A lo mejor soy un cínico, lo reconozco, pero leyendo el artículo, no encuentro ninguna evidencia aparte del típico discurso relacionando el sistema inmune y la "inflamación" tratada de forma misteriosa y genérica, un fetiche muy usado en cierto tipo de discursos pseudocientíficos cuando se quiere meter miedo al personal. Los alimentos prohibidos, de hecho, suelen ser acusados de ser "inflamatorios" y los superalimentos mágicos que lo curan todo suelen tener un efecto "anti-inflamatorio". Ambos efectos, claro, normalmente indemostrables en laboratorio.

El artículo (no investigación) se centra en el caso de Mike Wolfe, que tras hacer la mitad de la Transvulcania siguiendo la cabeza de carrera al ritmo de Kilian Jornet, se descuelga, "peta" y "terminó en décimo tercera posición confundido y defraudado por su rendimiento"...

Otro quizá hubiera pensado "hostias, darling, va a resultar que no soy Kilian Jornet", pero nuestro amigo atribuye el aparentemente poco meritorio y desastroso resultado (la posición trece en una de las carreras más importantes del mundo es muy deshonrosa, yo lo consideraría una catástrofe) a un síndrome de sobreentrenamiento que ha hecho que "En los últimos siete años han visto el ascenso y caída de al menos una docena de competidores de élite". Para llegar a esta conclusión, sin aportar estadísticas, se citan varios casos particulares que también podrían interpretarse como "rápido relevo generacional", "jóvenes promesas que no han cuajado" y "glorias venidas a menos".

En cualquier caso una falta de respeto hacia otros deportistas que se esfuerzan, no llegan a tanto y no lo atribuyen a un misterioso síndrome.

Porque, damas y caballeros, lo que aquí me parece que anda suelto entre estos reyes y reinas del trail es otro síndrome. Ese que hace que la corredora que va cuarta y ve que no alcanza el podio se retire con unas "molestias" que no le impiden doblar entrenamiento al día siguiente. Eso que hace que quien tiene un rendimiento mediocre con respecto a la élite proyecte sus limitaciones con los "paquetes" y los "finishers" a los que logra ganar y pida en las redes que se limite la participación de "mantas" en estas pruebas para ponerse por encima de ellos.

Es el síndrome de la falta de respeto por los que corren más que ellos y por los que corren menos. Ellos serían Kilian si no fuese "por lo suyo" y es un fracaso entrar a mitad de carrera (imagínate tú, panzón, que solamente logras acabar el recorrido en el tiempo máximo fijado por la organización).

Pero, a lo mejor, es que soy un malpensado.
Os pido disculpas por ello.



lunes, 4 de enero de 2016

Annus MMDCCLXIX ab Vrbe condita

Una vez compré a mis hijos para Navidad un set de pilas con una nota que decía: juguetes no incluidos...
Como cada vez que se acerca el solsticio de Invierno y el final del décimo mes, aunque algunos han estado masticando turrón desde los idus de noveno,... nos hemos lanzado a repetir nuestros rituales saturnales como si, esta vez, fuesen a dar un resultado muy diferente al de ocasiones anteriores. El resultado habitual, en el lado negativo, es sobrepeso, embriaguez, culpa y arrepentimiento... aunque tienen de bueno que sirven de excusa al reencuentro de amigos, familia, conocidos y (o) personas queridas.

A partir del solsticio, los días se alargan. La noche retrocede. Se empieza arbitrariamente un nuevo calendario de doce meses con la esperanza de un nuevo comienzo. Se mira sobre las nieves hacia la aparentemente cercana primavera en la que el mundo renacerá una vez más... aunque aún quedan muchos charcos por hollar.

Aún queda el ritual del día de reyes. Ese día casi indistinguible de cualquier otro salvo por la ingesta del roscón hipercalórico y porque a la infancia se la soborna otro día más con regalos y papeletas para el sorteo de una diabetes mellitus.

Según literatura no oficial tres magos se presentaron ante el
mítico Jeshua ben Joseph en la provincia romana de Judea,
cuyas aventuras y desventuras se relatan oficialmente en otra parte.

Entiendo lo de la Navidad y lo de la magia, quien parece que no lo entiende es quien me intenta convencer de ello bombardeando con sus mensajes desde el televisor.

Tiene sentido, perfectamente, que si alguien nunca toma dulces, un día al año se salte las reglas y se deguste un delicioso postre de Navidad. Que se coma cordero y se beba alcohol. No es que sea sano, no lo es, sino que que es un rito, una forma de compartir una fiesta, un exceso muy ocasional con otras personas. Tiene sentido cabal que un niño o niña experimente la magia de pedir una cosa y que esa cosa aparezca un día en su casa cuando se levante. Tiene más sentido quizá, eso si, para los niños de otros tiempos que no tenían casi juguetes, muchas veces ni ropa decente, ni calzado. En esos casos pedir, por ejemplo, un balón y que, la mañana del día seis de enero apareciese uno de reglamento al levantarse, además una mañana sin colegio, provocaba que se sintiese que había acontecido un suceso maravilloso y extraordinario, algo totalmente alejado de la experiencia cotidiana. Algo que iba a traer muchas horas de juegos con mucha gente.

Eso es la magia de la Navidad.

No tiene sentido, claro, atiborrar a juguetes, videojuegos y dinero para su autogestión por ellos mismos todo el año y que la carta a los reyes y Papá Noel (a ambos, claro, pobres criaturitas, no van a estar todas las vacaciones sin sus juguetes... y no van a quedarse sin reyes, con lo "ejpañoles" y casposillos que son los reyes magos (y los otros que salen por la tele pidiendo austeridad desde un palacio)... que las cartas sean un ejercicio de infinita avaricia, de pedir, de exigir todo a cambio de nada, que la criatura haga una larga lista de caprichos que serán satisfechos por todos los parientes a su alrededor, tíos, abuelos, etc., sobre todo en un marco en el que están acostumbrados a tener más juegos y juguetes de los que son capaces de utilizar. No hay ahí nada mágico, nada extraordinario, nada que se salga de su experiencia cotidiana.

De eso trata la magia, de alejarse de lo establecido, de romper con el esquema de lo esperado por los demás y, por extensión (de los demás), de uno mismo. Aún quedan muchos entrenamientos a oscuras, madrugones, aguantar chaparrones fríos y vientos helados que se meten en los huesos. Aún queda trabajo y rutina por hacer. Aún queda repetir el ritual para que, poco a poco, lleguemos a las sorpresas de las que nos vamos a hacer merecedores.

Pero hay que hacer magia este año. Hay que conseguir lo imposible. 2769 va a ser un año más para el mundo, como los 2769 de nuestra Era Romana o los incontables que hubo antes de la mítica fundación de la ciudad eterna si, pero cada uno puede hacer con su año lo que quiera. Tu 2769 puede ser un año especial, un año de cambio, un periodo que decidas rebelarte contra lo que te está reservado si no decides ir más allá de tus límites, si decides quedarte acobardado donde estás. Si no quieres aprender nada nuevo.


¡Nacer para perder, vivir para ganar!
Lemmy Kilmister













viernes, 11 de diciembre de 2015

Desatascando las cañerías

«Cuando mires al lado oscuro, cuidado debes tener...
ya que el lado oscuro te mira también.»
Maestro Yoda
Aprovechando las reflexiones filosóficas entorno al problema del mal que hemos ido teniendo en este blog entre Sócrates, Kant, Ender el Xenocida, Hannah Arendt, el Maestro Yoda, Nietzsche y el emperador Palpatine. Quizá incluso aprovechando el tirón publicitario, el gigantesco aparato de marketing que se mueve entorno al próximo estreno de la saga de Star Wars... pero, sobre todo, aprovechando (lo poco que se puede aprovechar de ello) mi exposición a los efectos de la miseria humana, retomamos nuestras reflexiones filosóficas ambientadas en el mundo del correr fuera del asfalto.

Solo has empezado a descubrir tu poder. Únete a mí, y yo completaré tu entrenamiento.
Únete a mi y juntos correremos la Badwater.
Ven conmigo. Es el único camino.
El título de esta entrada puede tener connotaciones levemente obscenas para las mentes sucias (como la mía). Dada la naturaleza bizarra del autor de este blog y el tipo de público que podría atraer... me veo obligado a puntualizar que con esta escogida metáfora hablamos de: uno, volver a correr después de un pequeño parón y, dos, volver a escribir después de un tiempo sin publicar nada en este vuestro espacio. No se ha tratado esto último, por cierto, de la típica sequía del escritor provocada por el síndrome de la página en blanco sino, más bien, que ha estado uno bastante ocupado siguiendo el principio estoico de "primero vivir, después hacer filosofía" (primum vivere, secundum filosofare).

Sobre el parón deportivo, aparte de una semana acatarrado, lo cierto es que últimamente he entrenado (no mucho) y he competido, pero en pruebas de orientación. No hablaré más sobre ello, porque hay cierto tácito acuerdo de no atraer hacia ellas a manadas de runners que quieran chusmear en un nuevo espacio, como hay quien tiene la impresión que viene sucediendo el mundo del trail (no comparto esa opinión). Ni tan siquiera diré que es muy divertido (me lo callaré para mis adentros).

Courir à travers Champs (CtC) Equipo de orientación.
Se acercan las fechas elegidas para el estreno cinematográfico de la continuación de la saga que narra las elecciones a emperador del Imperio Galactico y todo nos habla de ello (yo, incluso, me he hecho un pequeño lío) Vader Rajoy busca la reelección. Pensemos en ello.

Para Hannah Arendt no existían pensamientos peligrosos. Lo que es peligroso es, en si mismo, pensar. La gente que piensa es peligrosa para... quienes se benefician de que la gente no piense o, más bien, que usen su inteligencia para pensar en banalidades. No hay más que ver como se reconduce constantemente el debate de la campaña electoral hacia temas que no son, ni de lejos, los temas que podrían ser problemáticos si se dedicasen a pensar en ellos quienes han sido convocados a votar. No hay más que ver como se ponen los cimientos para construir el aparato de la xenofobia, esa que acaba de triunfar en buena medida en las elecciones de nuestros vecinos franceses. Los programas basura de la televisión anteceden la basura de los programas electorales de los partidos: presentan y normalizan la presencia de ideas que deberían ser historia. Pequeñas estúpidas creencias que llevan a pequeñas leyes que serán movidas por mentes banales y burocráticas, en las que subyace el miedo, la ira, el "lado oscuro", el odio y el mal, si, pero que no son la maldad personificada como el rostro crispado de Palpatine lanzando todo su odio hacia Luke Skywalker en el episodio VI. Son rostros de maldad banal como el que Hannah Arendt contempló en el nazi Eichmann en su juicio en Jerusalén. El rostro de quien "solo cumple órdenes" quien solo se considera una pieza en el engranaje de la necesidad del estado. Quien piensa que no hace el mal por sadismo. A veces solamente mirando hacia otro lado, a veces poniendo un pequeño granito de arena.

Para Arendt, en muchos casos incluso el horror más grande, como el holocausto nazi, se desata a través de la acción de banales decisiones burocráticas de personajes grises a los que no anima, salvo en el imaginario de sus víctimas, ningún sadismo especial, que no son psicópatas asesinos que disfruten ensañándose y causando dolor... a pesar de ello, la prevención que hace Arendt sobre el "peligro de pensar" nos pone en la pista del origen de estos perversos burócratas de la barbarie: la ignorancia. La que lleva al miedo. Y un ignorante asustado odia. Y un ignorante asustado que te odia puede ser tu torturador y tu asesino, a través de banalidades los más cobardes, a través de su sadismo los más conscientes de su repugnante maldad.

Estamos poniendo en marcha los mecanismos de un holocausto, aceptando en esta campaña electoral y en nuestra sociedad tácitamente ciertas barbaridades, no oponiéndonos a los discursos homófobos, xenófobos, machistas, clasistas, ignorantes,... estamos poniendo un granito de arena en la construcción del Mal en un sentido profundo. El Mal radical que se expresa en la maldad de la naturaleza humana para Kant. El mal como necedad e ignorancia de Sócrates y Platón. El mal como obediencia a los dictados del poder establecido incluso cuando sabemos que nuestro mirar hacia otro lado, nuestro callar y hacer como que no pasa nada, está causando un daño cierto.

No se puede mirar hacia otro lado cuando contemplamos el mal, pero la historia nos dice que no se puede combatir el fuego con fuego. La victima perseguida se transforma rápidamente en el perseguidor. Solo queda, como nos propone Nietzsche, superar el resentimiento y la culpa. En definitiva crecer, hacernos mejores. Dedicar a ello nuestro esfuerzo y, con la capacidad que alcancemos, tratar de ayudar a hacer un mundo mejor.

Únete a la Alianza Rebelde.

Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo.
Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti. 
Friedrich Nietzsche

martes, 20 de octubre de 2015

Laissez faire

Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même
(Dejen hacer, dejen pasar, el mundo va solo).
Vincent de Gournay
Una noticia inesperada ha provocado un enorme revuelo en el mundo del "running", en el de las carreras populares. El ayuntamiento de Madrid aborda la necesidad de regulación de las muchas pruebas deportivas que se realizan en la capital del reino.

Aunque nosotros somos más de correr por el campo...
Foto: Cristina Jiménez
Entre otras cosas, y quizá lo que más ha llamado la atención, es que uno de los aspectos que se regulan es un precio máximo para las carreras populares. En concreto de ochenta céntimos por kilómetro, lo que parece para muchos un claro intento de sacar fuera del panorama de las carreras a algunos arribistas que han visto negocio fácil (bien, por qué no), organizando carreras chapuceramente (mal, caramba). Y esto nos lleva a dos cuestiones:
1) ¿Se debe regular el precio de las carreras populares o seguir una política de "dejar hacer"?
2) ¿Vamos a dejar pasar esta oportunidad de repasar (muy someramente) la filosofía del pensamiento liberal?
Si tienes la perversa costumbre de entrar en este sitio (bizarrillo), la respuesta a la segunda pregunta la sabes ya.

Vamos con la filosofía de la libertad. Un tema de gran envergadura (con perdón).

Solemos tener un poco de lío en la cabeza con estos temas. Probablemente la causa esté en que hay bastante confusión en el lenguaje empleado en los medios de comunicación. En general tienden a confundir el liberalismo con el capitalismo y el capitalismo con el neoconservadurismo. Son tres cosas distintas. El liberalismo, antes de nada, es un pensamiento a favor de la libertad en todos los aspectos del ser humano y que, por supuesto, también afecta a la visión que se tenga sobre la economía y cómo debería funcionar. Aclaro que yo no soy liberal aunque simpatice con buena parte de las ideas ilustradas que inspiran este pensamiento.

La libertad no ha sido nunca la prioridad del pensamiento político y filosófico a lo largo de la historia hasta la Ilustración. La filosofía es un reflejo de la sociedad y salvo breves espacios y periodos, la libertad siempre ha sido un lujo de un mínimo sector de la sociedad. Cierto es que las personas han ido ganando terreno (y perdiéndolo también a veces) en lo que se refiere a la construcción de ese ente de razón que es el ciudadano como sujeto de derechos. Se han ido ganando derechos de ciudadanía. Pero en lo que se refiere al pensamiento, el foco se ha puesto en la libertad hace relativamente poco. Cuando se empezó a pensar que era importante limitar la capacidad de intervención en asuntos públicos de, por ejemplo, la Iglesia.

¿Qué son los derechos de ciudadanía? Vamos a resumirlos en una frase sencilla: Libertad, igualdad y fraternidad.


Los derechos son potestades que la ley concede a las personas por el simple hecho de ser "un ser humane". En algunos casos para todos los seres humanos, en otros... solamente para algunos.

Pueden reconocerte, además, más o menos como ser humano..., como mediohumano o como casihumano o como animales domésticos. Ha habido momentos a lo largo de la historia en la que a los esclavos, a las personas de otras razas, a las mujeres, se les ha considerado no-del-todo-personas basándose en criterios que hoy consideramos machistas, racistas o clasistas. También se da el caso que los derechos, en un sistema judicial, por razones de origen, sexo, raza, religión, nivel económico, etc. son distintos para unos que para otros. Por ejemplo, se limita el derecho a votar a las personas que tengan la nacionalidad del país o, en algún caso, el derecho a la vida si eres judío, homosexual o tienes una discapacidad. Son restricciones de derechos en todos los casos.

El derecho a la vida es un derecho. El derecho a votar es un derecho. Hay muchos derechos que podemos, por ejemplo, agrupar entorno a los tres conceptos que aparecen en el lema de la revolución francesa. Así, por ejemplo, entre los derechos vinculados a la IGUALDAD, están todos los relacionados con el sufragio (elegir y ser elegido para cargos políticos), el derecho a la no discriminación por razón de sexo, raza o religión, el derecho a un juicio justo (la igualdad ante la ley), también el derecho a la educación. Los derechos relacionados con la FRATERNIDAD tienen que ver con la intervención del estado en la redistribución de la riqueza para crear lo que nuestra constitución llama un "estado social y de derecho" (esa parte de la constitución se la saltan algunos que se declaran muy fans de ella). El derecho al trabajo, a la salud, a la accesibilidad universal para las personas con discapacidad, etc...

Pero hoy nos interesa la LIBERTAD. Esos derechos como el de reunirse, sindicarse, la libertad de palabra, de culto, de enseñanza, el derecho a la propiedad privada...

El liberalismo pone como piedra angular de toda la libertad el derecho a la propiedad privada.

Un inciso (otro). Quien se considera una persona progresista o de izquierdas puede malinterpretar a menudo a Marx pensando que propugna la abolición de la propiedad privada. Con ello se equivoca de parte a parte (esto no es culpa del pobre Carlos). Es más. En el Antiguo Régimen no hay mayores enemigos de la propiedad privada que los "ricos", que el clero, la nobleza y los reyes. Quieren que el campesino sea siervo de la gleba, nunca propietario. Los reyes quieren ser los únicos propietarios (el estado soy yo), el clero quiere que se consideren las posesiones terrenales un préstamo temporal (mientras ellos las disfrutan, claro)... es por eso que la burguesía es liberal y quiere tener derecho a la propiedad de las riquezas que van creciendo en sus manos a medida que surge el capitalismo como "forma de hacer las cosas", es decir, cuando se usa el dinero para comprar trabajo por salarios. Marx hablará de la "abolición de la propiedad privada de los medios de producción", es decir, la propiedad privada de lo que está en el origen de la producción: de las minas, de los ríos, de los rayos del sol. Eso es lo que, cuando alguien se apropia de ello y lo acapara, priva al resto de su uso y monopoliza la riqueza. Ni que decir tiene que gran parte del liberalismo está en contra de esta idea y que, en el fondo, es lo que separa de forma fundamental el pensamiento socialista del liberal.

Fin del inciso. La libertad del ser humano emana, para el pensamiento liberal, de la propiedad privada de su propio cuerpo. Incluso la libertad de pensamiento es una consecuencia de ser el propietario de tu propio cerebro. La propiedad privada de uno mismo, el poseerse a si mismo, implica que se pueda ser un ser humano libre y no una posesión de otra persona, es decir, un esclavo. Que una mujer no pertenece a su marido, que un trabajador no pertenece a su patrón, que, en definitiva, puede hacer lo que desee con su cuerpo, incluso abusar de él o ponerse en peligro.

Claro, que tanto amor por la libertad... tanto pedir que el estado (de derecho) no ejerza el poder arbitrariamente, que no invada la esfera privada de los ciudadanos y se limite al mínimo imprescindible (una reacción lógica al poder infinito de los reyes absolutistas)... lleva a pedir libertad completa para hacer negocios, sin ningún tipo de restricción. Libertad para contratar y despedir, libertad para fijar las condiciones de un contrato de trabajo (a la mierda los derechos laborales), libertad para fijar el precio en función de la demanda. Si alguien lo puede pagar y para mi es buen negocio, debe ser legal.

Ya hemos llegado al precio de las carreras.

No vivimos en un modelo económico ideal. Podemos ser anarquistas, socialistas, liberales... y tener nuestras ideas, pero el mundo en el que vivimos no es ninguna de esas cosas y actuar de espaldas a él es vivir disociados de la realidad. Es poco más que una pataleta pretender que se regulen precios públicos para todos los bienes y servicios.

Vivimos en un mundo en el que las reglas son que el mercado marca los precios y solamente se regulan (y poco) algunos bienes muy concretos y especiales en los que el estado se decide a intervenir. Las carreras populares no son el tipo de cosas que se suele regular. Se hecha de menos que se regulen cosas más importantes como para andar con una actividad que, quien quiera, puede hacer con unas zapatillas cuando lo desee sin pagar por ello. Por otro lado, un ayuntamiento puede también, con las mismas, exigir lo que le de la gana a la hora de autorizar una carrera popular como, por ejemplo, que los precios sean populares.

Pretender que el mercado se autorregula, que hay una "mano invisible" (como decía Adam Smith), que acaba llevando a todo a su justo precio es tan utópico como el más utópico de los proyectos políticos del conde de Saint-Simon.

Quizá en el mundo real en que vivimos entre fijar un precio público y una desregulación completa puede haber un término medio. Tal vez fijar unos servicios mínimos sin coste añadido obligatorios. Eso haría que cuando vas a una carrera ya sepas que contarás con ropero, con una ratio de voluntarios suficiente, con agua cada 5 kilómetros vayas en cabeza o en cola, que habrá ambulancias y te cubrirá un seguro, que todo va a quedar limpio cuando acabe la carrera... y después, si alguien quiere pagar por algo lo que obviamente no lo vale, como en la San Silvestre, que lo haga.

Por otro lado a nosotros con dos zapatillas y tres calcetines, nos sobra todo lo demás para poder correr y en el caso de nuestros amigos, los minimalistas, cuatro cosas menos aún.


La libertad consiste en poder hacer lo que se debe hacer.
Baltasar Gracián.


miércoles, 7 de octubre de 2015

Canal de Castilla Ultra Race

Es como un oasis el contorno de esta ciudad de Palencia, un oasis en medio del trágico desierto de la Tierra de Campos, de los Campos Góticos. Las aguas del Carrión, del dulce río claro que abriéndose en dos brazos abraza aquí, junto a Palencia, a una isla; las aguas del Carrión y las del canal han hecho estas huertas íntimas y frescas, donde aflora la dulce ternura castellana, esa ternura que suele brotar de las rocas.
Miguel de Unamuno.
Fotografía: Manuel E. Louzao

Si hubiesen decidido llamarla "Caminada del Canal de Castilla (CCC)", además de hacer un guiño a la Courmayeur-Champex-Chamonix, hubiesen marcado una interesante diferencia en esta insidiosa moda de ser "lo más". Todo es, todo viene siendo, muy ultra, muy spartan, muy hard, muy "la carrera más bestia". Sin embargo la apellidaron "Ultra Race", algo que suena tan poco castellano como echar miso, ramen y dashinomoto a las sopas de ajo (pero, aún así, probadlo un día). En su favor, para quitar hierro, el apellido de carrera-caminada, que suena más de estar por casa y es más de mi gusto.

Quizá andamos mirándonos el ombligo un poco de más con estas cosas. Ya sea corriendo por el campo o por el monte, en la btt o haciendo travesías a nado o practicando otros deportes y, en definitiva, haciendo actividades que cualquiera que escapa de un desastre natural (o artificial) saca fuerzas para hacer sin entrenar. Toda la vida la gente se ha dado panzadas a correr y a caminar. Por necesidad o por gusto, pero ahora pareciere que se alardea en demasía de la afición de cada cual. Quizá es simplemente que ahora existen los medios para echar un ojo a lo que han hecho el fin de semana un centenar de amigos y antes no o que nos ha pillado todo junto: la crisis de los cuarenta, el descubrimiento del postureo en las redes sociales, los selfies, una vida sedentaria que queremos compensar haciendo deporte... pero con ello no quiero dar la razón a esos cascarrabias a los que me refiero en ocasiones, que no les molesta tanto el postureo como el hecho de que no sea patrimonio de una élite. Lo que les resulta problemático es que cualquiera haga lo que les hacía sentirse especiales.

Intentemos no caer en ninguno de estos extremos. Ni hacer alarde de lo que es, en definitiva, una afición como otra cualquiera, ni andar gruñendo cada vez que alguien se hace un selfie o a negarle una palmadita en la espalda a un amigo que acaba de hacer un esfuerzo deportivo.

Carga de hidratos (o lo que sea) previa a la carrera con una rosca de morcilla y otras cosillas

En principio, y a pesar de ser una primera edición, la organización contaba con el beneplácito de buenos amigos y eso es una garantía a la hora de apuntarse a una carrera en estos tiempos de "paracaidistas" que montan eventos de cuatro en cuatro sin haber hecho nunca nada parecido. Lo de meterse en una carrera tan larga siempre es mejor hacerlo de la mano de gente que te garantice una cobertura. En este caso el tema de la orientación no era muy importante. Con un mapa esquemático hubiese sobrado, aunque no hubiese estado balizado. Tampoco costaría hacer este trayecto en autosuficiencia y, al llegar a Frómista, parar en un restaurante a comer quizá. Lo que no quita mérito al excelente guiso de carne con patatas que la organización nos proporcionó en este punto en el que cruzábamos el Chemin Français a Santiago de Compostela. Lo que de verdad requiere esfuerzo organizativo es mantener los equipos de apoyo a lo largo de la carrera todo el tiempo que van a estar allí. Y el mayor mérito es de los que se dieron la paliza a trabajar como voluntarios para nosotros.

Sobre la tarea de los voluntarios sorprenden dos cosas:

¿Por qué hay un porcentaje tan alto de corredores que no van nunca como voluntarios a las carreras? ¿No sienten la obligación moral de devolver el servicio recibido otro día pagando en la misma moneda? ¿No tienen tiempo para ir de voluntarios pero si para ir de corredores?

¿Cómo hay tanta gente que está encantada de ayudar voluntariamente si no corren ni han experimentado nunca la gratitud hacia quien nos echa una mano desinteresadamente? ¿De dónde sale esa motivación altruista?

Siendo cuidados en el kilómetro 98 por los amables voluntarios
La carrera salía un poco tarde. Seguro que hay una buena razón para ello, pero la verdad es que estábamos en la Dársena palentina del Canal de Castilla a las diez de la mañana, quizá tres horas después de lo que hubiésemos preferido para ahorrarnos, horas después, tres o quizá cuatro horas de oscuridad.

Yo me preguntaba qué era una dársena, y como nos decían los profes en el colegio, no hay que tener vergüenza de preguntar. Menos hoy en día, que se puede hacer en cualquier sitio y en cualquier momento consultando a la Wikipedia, a Google o a WolframAlpha lo que te parezca y obtener al instante una ingente cantidad de conocimientos. Conocimiento infinito inmediato. Ya no recordamos cómo era el mundo antes.

Nos cuenta la Wikipedia, sobre las dársenas, que una es "la parte resguardada artificialmente, en aguas navegables, para el surgidero o para la carga y descarga cómoda de embarcaciones [...]
Dársena deriva del árabe دار الصناعة  dār aṣ-ṣinā‘ah (de دار dār, «casa» y الصناعة aṣ-ṣinā‘ah, «el arte, la fábrica»), que significa «casa de la fábrica», refiriéndose originalmente a un muelle donde se fabricaba y reparaba embarcaciones. El término dār aṣṣinā‘ah también da origen a las palabras arsenal y atarazana."



Y es que parte de la gracia de esta carrera era recorrer esta increíble obra de ingeniería civil que pretendía conectar el interior de Castilla con los puertos del Cantábrico para el transporte de mercancías y que, tras un siglo de construcción, quedó obsoleta por el desarrollo de la locomotora de vapor. El caballo de hierro era más barato y rápido, pero nos quedó una ruta cicloturista estupenda y un ultratrail duro y correoso, "picando" hacia arriba en falso llano casi imperceptible más de un centenar de kilómetros desde Palencia hasta Alar del Rey. Una fracción tan solo de la totalidad de la enorme construcción.

Fotografía: Manuel E. Louzao
Venía uno con la prevención y el cuidado de ir muy tranquilo por varios motivos. El primero, la experiencia de que salir muy rápido no sirve nada más que para perder tiempo al final, y es que esta era mi novena carrera de más de cien kilómetros si conseguía terminarla y a palos aprende hasta el filósofo más recalcitrante. El segundo, que había corrido hacía apenas catorce días la Madrid Segovia y era muy poco tiempo el transcurrido para considerarme recuperado de semejante paliza de ciento dos kilómetros y dos mil cien metros de desnivel positivo acumulado. Que iba a ir acompañado de un par de gacelas, Javi y Ramón, que podían hacerme "la goma" y forzarme el ritmo sin darse ellos cuenta. Finalmente, lo más importante, que este perfil de carrera era algo nuevo para mi. Nunca había hecho una tan larga con tan poco desnivel y mi estrategia habitual no servía para nada. Lo que suelo hacer es, primero tratar de retrasar la fatiga lo más posible y, después, andar las subidas y trotar las bajadas, lo que me permite descansar de andar corriendo y descansar de correr andando. Dicho así suena, a quien no corre estas distancias, un poco absurdo, pero a la cabeza le sirve para regular el esfuerzo y no desesperar.

102 y 108 kilómetros en apenas dos semanas
mucho riesgo, quizá, pero todo ha salido bien.

No soy el único loco. Encontré al menos otros cuatro "magovianos" que hacían doblete de ambas en la quincena. Y supongo que habría más por ahí.

Una grata sorpresa ha sido el paisaje. No se hace nada pesado. Realmente es bonito y trasmite una calma la llanura palentina que ya había experimentado haciendo el Camino de Santiago. El recorrido es agradable y muy llevadero desde el punto de vista paisajístico. Quizá a eso se refiera Miguel de Unamuno con lo de que aflora la dulce ternura castellana en Palencia.

Fotografía: Manuel E. Louzao

Pero para los pies es otra cosa. Tanta llanura, tanta piedra suelta, los machaca sin piedad. Sin ninguna ternura y de esta manera llegamos muchos bastante rendidos a Frómista, kilómetro cuarenta y ocho, donde afortunadamente nos esperaba un avituallamiento muy bien montado para poder recuperar. Sin embargo Javi, a pesar del excelente ritmo que llevaba y de su mejor condición física y preparación para la prueba decidió que no quería llevar a sus pies hasta una lesión y allí nos lo encontramos tomando una cerveza en una terraza, a punto de retirarse.

A partir de ahí, y con la compañía de la conversación de Lolo, un asturiano de Gijón que se nos unió para nuestro placer, los kilómetros pasaron rápidos. Andando y trotando hasta el sitio en que íbamos a cenar, el kilómetro setenta y siete. Por el camino recogimos a José María, de Donosti, con el que hicimos un grupo, que diría un asturiano, "muy guapín". Marcándonos trotes cómodos y caminatas rápidas de manera intercalada y charlando para hacer ameno el recorrido. Una simbiosis ultrera de libro.

Aquí el equipazo de cena. Aquí unos amigos.

A partir de ese momento se acabó el correr. Mantuvimos buen ritmo caminando, lo que no dejó de ser un sufrimiento extra para los maltratados pies y las piedrecitas se convirtieron en arena que se metía dentro de la zapatilla y amenazaba, y en mi caso cumplió la amenaza, de crear alguna ampolla.

Entrando en meta
Regla 1256/96: No te hagas fotos con gente que
pesa mucho menos que tú si puedes evitarlo.
Los resultados de la carrera son sorprendentes. Casi un cincuenta por ciento de retirados, menos de la mitad de los llegados a meta lo han hecho en menos de dieciséis horas. Lo que viene siendo una auténtica masacre típica de pruebas mucho más técnicas o en condinciones metereológicas muy adversas (tuvimos un tiempo perfecto). Quizá porque nos acercamos a ella muchos "montañeros" o porque era demasiado pedregosa para los "asfalteros". Una prueba dura y correosa que hay que tomarse muy en serio para hacerla con soltura. Llamada a convertirse en una clásica (del sadomasoquismo quizá. Seguro que tiene tirón).

Es muy significativo que, bajando el ritmo de 8:07 min/Km (al llegar a Frómista PK. 48) a 9:42 min/Km (hasta Abanades, PK. 77) avanzase del puesto 96 al 73 y que, reduciéndolo hasta la meta a un mísero 10:18 min/Km, nos mantuviésemos en el mismo lugar de la clasificación. Eso quiere decir, seguramente, que nuestra evolución en la carrera fue la tónica general y que pocos sacaron fuerzas para correr los últimos treinta kilómetros. Algo que deberíamos haber hecho, trotar de vez en cuando, para sufrir un poco menos.

Pero, eso si, hay tantas formas de sufrir de verdad que estas cosas que hacemos por gusto no merecen tanto lamento.
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
¿Pasó? Sobre sus campos aún el fantasma yerra
de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra. 
Antonio Machado, Campos de Castilla




















jueves, 10 de septiembre de 2015

Enzarzarse

A cada cerdo le llega su Ragnarok
MGO

Cuando se corre o se camina por el monte se descubren de pronto un montón de expresiones que uno lleva usando toda su vida pero que adquieren todo su sentido realizando estas actividades. La última de la que he tomado conciencia es de la expresión "enzarzarse".

Da la impresión de hemos perdido el contexto de la etimología de muchas de nuestras palabras y con ello mucha riqueza lingüística porque, al fin y al cabo, el moverse "a pata" era el medio más extendido para ir de un sitio a otro durante la mayor parte de la existencia de la humanidad para casi todo el mundo. Muchos giros lingüísticos que utilizamos a diario tienen que ver con el recorrer caminos y senderos pero, por el mero hecho de llevar toda la vida empleándolos, no somos conscientes de su significado original. Muchas personas se han enzarzado en discusiones años antes de hacerlo, propiamente, en zarzas.

Deliciosos frutos de la Rubus ulmifolius.
Causa de que muchos se enzarcen.
¿Quién no ha perdido el camino alguna vez? Sin estar desorientado, sabiendo perfectamente donde estás, pero sin saber qué sendero tomar... ¡cuidado!, hablo de correr. Por supuesto que hay una situación análoga en nuestras existencias cotidianas, pero hoy no toca hablar de eso porque, simplemente, no se da el caso de que esté viviendo esa situación en mi persona ahora mismo, aunque siempre la podemos recordar u observarla en los demás por ser algo muy frecuente. Pero más de una vez, hablando de situaciones meramente montañeras, en la Pedriza del Manzanares sin ir más lejos, uno tiene referencias de donde se encuentra. Sabe a dónde va y de dónde viene, pero no conoce la senda que está recorriendo ni por dónde debe ir. Eso es perderse sin haberse desorientado (mucho más peligroso lo segundo siempre, ya sea en el campo o en la vida, que mala cosa es en la vida acabar yendo en una dirección equivocada largo tiempo y luego tener que encontrar como llegar a otro sitio alejado de donde uno ha acabado).

En esos casos, a veces, se decide avanzar atrochando, campo a través, "tronchando lindes"... hasta llegar al camino que sabes que tienes que cruzarte sin ninguna duda. Vas... "p'allá" hasta que llegas a territorio conocido. Siguiendo la linea imaginaria que une la punta de tu dedo con el lugar que estás señalando.

La idea es sencilla y se supone que tiene que salir bien (lo suponen, sobre todo, los novatos en la materia) pero a veces entras en la vegetación y te encuentras un curso de agua, un torrente vertical y caudaloso que resulta un enorme peligro cruzar, que no es posible rodear y que te deja en un callejón sin salida. Otras veces una sima, un barranco, una falla que no podías ver hasta estar al lado es lo que te obliga a dar la vuelta. A veces es la vegetación la que se va cerrando y tienes que avanzar haciendo eses rodeando los macizos de pionos o de zarzas, teniendo finalmente que entrar a pincharte un poco, a marcar con pequeños y molestos más que dolorosos desgarros la piel expuesta o, lo que es peor, las membranas de los cortavientos y de las mochilas (carísimas) que, al contrario que nuestra dermis, no tienen, hoy por hoy, capacidad de autorregeneración. Te enganchas aunque vayas despacio, te arañas las piernas como si una docena de gatos histéricos se hubiesen afilado las uñas en ellas. ¿Y por qué no cogí las mallas largas, que no me acuerdo? Es más ¿Por qué no cogí un gran machete o quizá una desbrozadora de pelo o incluso una guadaña? Te preguntas mientras tu cortavientos se hace otro corte irreparable.

La sensación de enzarzarse es desagradable, frustrante, no se avanza nada. Luchas contra una fuerza sin inteligencia y tienes todas las de perder. Con personas necias o con arbustos de espinas es inútil tratar de avanzar si están demasiado cerca. Todo el mundo hemos sentido alguna vez esa sensación de habernos metido en un sitio de donde nos va a costar salir, donde no hay vuelta atrás... una discusión bizantina con alguien que parte de supuestos irreconciliables con los tuyos pero, que además, no sigue las reglas de la retórica y el diálogo que Aristóteles describía ya en el siglo IV a. C., por lo que ni tan siquiera recibes la gratificación de un enriquecedor debate con alguien con un punto de vista distinto del tuyo.

El otro día, después de una carrera, bajábamos la mayoría de los que habíamos participando en ella por la zona prevista, habilitada y marcada para ello y ya fuera de competición, de forma neutralizada. Por supuesto te encuentras con paseantes, porque todo el recorrido iba por rutas ya existentes (como debe ser). Quienes corren por la montaña tan solo nos diferenciamos en que usamos un calzado menos pesado, hacemos apoyos más cortos y rápidos y, en general, nuestro impacto es menor en los caminos que quien los recorre resbalando con unas recias botas o sobre los tacos de una bicicleta de montaña.

En un tramo en que el camino se estrechaba junto a una profunda cárcava, donde quizá un pequeño torrente se forme cuando una una tormenta alcanza la intensidad suficiente, iba una familia y los corredores pasaban alrededor, pero no cerca de ellos. Aprovechando su técnica de bajada usaban la mayoría el pedregoso fondo del curso de agua para progresar y rodear al grupo. Charlando entre ellos, trotando, soltando piernas porque ya lo habíamos dado todo en la competición, en el "kilómetro vertical" que tenía la meta oficial al final de la subida de mil metros de desnivel. Sin prisa ninguna porque, al fin y al cabo, no había ninguna premura en llegar y dejar de disfrutar de una bajada francamente cómoda.

Aproveché un momento para adelantar a varios de ellos en el sendero estrecho, en vez de meterme por la profunda zanja y continué caminando cuando ya no pude seguir haciéndolo detrás de quien parecía el pater familias y quizá el "lider" de la expedición, ya que iba en cabeza, con la idea de pasarle tres o cuatro metros más adelante de la forma más cómoda donde el camino ya se ensanchaba y acababa la cárcaba. Al momento una voz a mi espalda le dijo al caballero que caminaba con una inquietante parsimonia delante de mi:

- Papá, deja pasar.
A lo que el interpelado respondió con un tono hostil.
- Yo no tengo prisa, los que van con prisas son ellos... y continuó avanzando más despacio de lo que lo hubiese hecho, sin duda, si yo no hubiese estado detrás esperando para adelantarle.

¡Qué gran oportunidad de enzarzarme me perdí!

Esperé cinco segundos y le pasé a buena distancia para que no pudiese tener queja y con una sonrisa de oreja a oreja para... lo confieso, para molestarle y frustrarle con el gesto contrario al que él buscaba. Era obvio que quería enzarzarse conmigo y que yo podría haberlo hecho con facilidad, sobre todo otro día que no estuviese en un estado de ánimo de relax y disfrute como el que deja subir a todo trapo desde Miraflores a la Najarra, para dejarse luego caer tranquilamente por el camino de vuelta. Ni comiendo una tortilla de diazepan me hubiese encontrado el tipo menos predispuesto a responder a su provocación. Podía haberle dicho sin duda que, contrariamente a lo que él creía, yo no tenía prisa ninguna, que él no podría estorbarme ni aunque se esforzase aún más en hacerlo, que le estaba dando un mal ejemplo a su hijo, que en campo caben distintas actividades y nos tenemos que respetar unos a otros... pero hubiese sido como meterme en un macizo de zarzamoras son un Softshell de ochenta euros... y ni tan siquiera me hubiese hinchado a comer los deliciosos frutos.

Estas son las personas, claro, que se quejan de los corredores. Gente a la que es imposible explicar, sin enzarzarse en las afiladas agujas de su estulticia, que uno no va con prisa nunca aunque vaya más rápido que ellos, que de hecho soy un corredor lento y hoy precisamente voy sin presión ninguna, fuera de competición y cansado, y que simplemente corro... por lo mismo que él se irrita. Yo corro porque puedo y él no, porque no sabe hacerlo.

Intenta razonar con esto
Me diréis, y seguramente tenéis razón, que hay que hacer una tarea divulgativa, explicar, atraer a nuestro lado, tratar de crear una imagen positiva de nuestra actividad, pero mucho me temo que va a haber gente con la que esto sea un ejercicio fútil porque las causas de su hostilidad las arrastran consigo a donde van y la dirigen a todas las personas con quien se cruzan en todos los ámbitos de su vida.

Stultitia Imperatrix Mundi!

Es fácil entenderse con quien pone un mínimo de su parte,
no todos los encuentros son desafortunados.
Pero sería un placer debatirlo con ustedes, amables lectores, si tienen a bien poner un comentario en este humilde blog. Prometo no enzarzarme aunque no compartan mi opinión.






jueves, 30 de julio de 2015

Olimpismo y trail running


Fatiga menos avanzar sobre terreno accidentado que sobre terreno llano.
Kilian Jornet... no, ¡calla!..., Aristóteles, siglo IV a.C.
Me decía un amigo hace poco que el trail running es "una forma de vida", lo que inevitablemente puede parecer un tópico edulcorado, una autojustificación por la vía, muy habitual, de considerarse a mi mismo un "escogido". En cualquier caso la afirmación despierta mi escepticismo filosófico. Por lo menos cierto tipo de escepticismo, uno que no niega la posibilidad de conocimiento, sino ese escepticismo que pone prudentemente en suspenso todas las creencias hasta encontrar una justificación racional para ellas.

Los vínculos e interrelaciones en el grupo de aficionados a correr por la montaña, las afinidades y visiones compartidas, las amistades creadas y que forman una red tupida, ya que somos relativamente pocos, hace que se viva la sensación de pertenencia a un grupo cerrado, una gran familia, al que inevitablemente se idealiza. No es algo exclusivo nuestro. Todos los grupos tienden a construir una autopercepción de "ideal de pureza", una imagen de su colectivo que tiene todo lo bueno y nada de lo malo de otros grupos de referencia. Es un mecanismo psicológico, un sesgo cognitivo, incluso un mecanismo de defensa tan universal como inevitable y de sobra estudiado por la psicología y la sociología. La idealización es un mecanismo necesario para que nuestra mente discrimine generalizaciones sobre grupos, pero hay que ser muy prudentes para no caer en chovinismos de cualquier tipo. Es muy fácil y agradable sentirse especial.

Si te gusta correr por la montaña, te gusta hacer algo que mucha gente no entiende. Ni tan siquiera otros corredores o quienes practican otros deportes. Pero a veces nosotros tampoco hacemos un esfuerzo por entender a quienes hacen otras cosas. Una característica no exclusiva nuestra es que en la montaña no es tan importante la marca como la técnica (bueno, alguno hay que se ha escapado de la escuela de supermanes y anda quejándose de la molestia que le supone que haya corredores que van más despacio por detrás de ellos). El trail te expone a muchas más sensaciones cambiantes y que requieren tu atención que la carrera en ruta típica, como un maratón desarrollado sobre asfalto en el interior de una ciudad. Hay para quien, incluso, no importa lo más mínimo la competición y el recorrido y la compañía lo es todo. Esforzarse en mejorar constantemente, si, pero no para otra cosa que para "acabar" los retos que cada cual se propone.

Aquí un humane disfrutando de un deporte consistente
en llegar de un sitio a otro empleando toda la técnica
necesaria para hacerlo de forma rápida y eficaz. Parece divertido.
Aquí otro humane haciendo algo parecido. Participando en una competición
olímpica. Tiene que pasar entre unos palitos puestos a una distancia estandarizada
en el menor tiempo posible de manera que las marcas puedan ser
homologables entre distintas competiciones olímpicas.
Sin embargo en ciertos círculos (vale, si, en mi entorno más "friki") se percibe un cambio gradual en esta "comunidad" de corredores y corredoras de montaña (o trail runners que yo no tengo problema con este anglicismo habiendo otros muchos más perniciosos que se nos cuelan insidiosamente en la cotidianidad). La cosa va rompiéndose poco a poco en dos direcciones. No necesariamente una mejor que la otra, pero son visiones distintas. Algo parecido a la diferencia entre las artes marciales en las que no hay competiciones, por propia elección, y las que tienen un reglamento deportivo que permiten realizar torneos.

Hay un movimiento por parte de unos corredores para que las carreras de montaña no cambien en una dirección determinada marcada por una mayor reglamentación, separación entre la élite y los "populares", mejores sistemas de puntuación, cuantificación y evaluación de las carreras, fortalecimiento de las federaciones nacionales y de los organismos supranacionales... incluso replicación de estructuras que en un momento dado puedan convertirse en comités olímpicos si el trail pudiese hacerse una disciplina de este acontecimiento que cada cuatro años atrae el interés de todo el planeta. Algo soñado por muchos y temido por otros.


El movimiento olímpico reúne una "rapsodia" de especilidades y excluye otras sin que se pueda adivinar el por qué desde lo estrictamente deportivo. Deportes como la natación están llenos de pruebas de todas las técnicas y distancias, de manera que los mejores nadadores del mundo vuelven de unos juegos olímpicos con la espalda doblada del peso de las medallas que trasladan al cuello, mientras que en otras especialidades se escatiman. Especilidades muy implantadas de atletismo, con campeonatos nacionales e internacionales en todos los países como los 100 Km. en ruta o el "medio maratón" o, también en el triatlon distancia Ironman que no entran en competición. Hay, sin embargo, "deportes exclusivos" heredados del periodo inicial del olimpismo moderno en el que el deporte estaba reservado a unos pocos aristócratas como la doma olímpica o "carreras de yates a vela" y otros, mientras tanto, con cientos de miles de fichas federativas como el fútbol sala, el rugby o incluso palímpicos como el baloncesto en silla se quedan fuera, incluidos todos los deportes de montaña salvo los que participan en los Juegos de Invierno. Hay competiciones artísticas (gimnasia rítmica, patinaje o natación sincronizada) que son deportes por unas razones que se podrían aplicar al baile acrobático o al ballet clásico. Hay artes marciales que si, hay otras que no. En definitiva. El criterio es político y se basa en el poder respectivo de las federaciones de cada especialidad en el COI. No estoy destapando ningún secreto que se ignorara. Que un deporte se convierta en olímpico es una larga tarea y, en el proceso, suele necesitar una profunda transformación de la propia práctica deportiva.

Puede necesitar "palitos por los que pasar" y clasificaciones de niveles de dificultad del recorrido, como el descenso en piragua, adaptar la distancia para no... hacer sombra al maratón, como en el caso del triatlon olímpico, o reglamentar un sistema de puntuación en combates como el boxeo o el taekwuondo. Quizá el trail running necesite todo eso, pero no es algo que no se haya hecho antes. Podría haber perfectamente una prueba de "kilómetro vertical" sin ninguna duda. El seguimiento en directo hoy en día, gracias a los drones, ya no es ningún problema. Lo que no tiene pinta de que vaya a ocurrir es que el ultratrail de cien millas entre en la olimpiadas. Ni tan siquiera el "maratón de montaña olímpico", porque son carreras técnicas y muy largas, difíciles de homologar y comparar entre si y restan protagonismo a otros deportes que defienden su trozo de pastel olímpico. Ahora,... ¿no sería espectacular ver bajar por una pedrera a la élite del trail a todo trapo en una pantalla gigante?

Todo esto del olimpismo mueve una cantidad de pasta ingente y da de comer (y de otras cosas) a mucho ejecutivo importante. Y de eso va buena parte de esto.

Hace algunos años, en el seno del Aikido, un arte marcial moderno, como el kárate o el judo, se abrió el debate sobre si se debía avanzar hacia una reglamentación mayor que permitiese el desarrollo de torneos y competiciones, pero para buena parte de los practicantes esto estaba en contra de los fundamentos de su disciplina, que trataba de huir del combate, de la competencia y que finalmente así ha permanecido, como un camino de perfeccionamiento técnico más que otra cosa. Por el contrario el karate, un deporte con millones de fichas federativas lleva décadas tratando de entrar en las olimpiadas siguiendo el camino del judo y el taekwondo. En estos deportes el olimpismo supuso el abandono de técnicas de autodefensa y un enfoque competitivo que antes no era fundamental. Se ha pagado un peaje muy alto y muchos practicantes lo consideran una pérdida irreparable.

Pues esa es la percepción que se empieza a tener entre algunas personas de mi entorno. Que esto se va a romper, por un lado, hacia el lado del trail pirata, el punk trail y las quedadas para recorrer monte, y participar en las carreras que conserven el "espíritu" de los viejos tiempos y por otro hacia la alta competición, poner la organización en manos cada vez más profesionales y crear una estructura paralela a la de otros deportes más orientados a la competición.

Y por ahí ¿Qué opináis? ¿Deporte olímpico o forma de vida?



viernes, 17 de julio de 2015

5 trucos para correr tu primer maratón sin esfuerzo en solamente 4 semanas partiendo de cero que te cambiarán la vida.

¡Enga ya, hombre!

Espero que usted no haya llegado aquí pensando que realmente iba a encontrar algo tan imposible como lo que sugiere el título del artículo. Trucos. Rapidez, Ausencia de esfuerzo. Aprendizaje relámpago. Profundos cambios vitales y epifanías llegadas desde un enlace de Internet...

Pero bueno, ¿Estamos tontos o qué?

Pero seguramente a estas alturas ustedes ya estarán acostumbrados a encontrarse con este marketing "Pedro y el lobo" que funciona las primeras veces y, gradualmente pierde fuerza y se deshincha, por más que nos diga que "no te lo vas a creer", que "la quinta foto es la mejor" o que "a mi me ha cambiado la vida". Mensajes que prometen lo increible, lo bueno, bonito y barato, lo fácil y rápido. ¡No podrás creerlo! Promesas de cosas sorprendentes que llegarán, eso si, después de pinchar el enlace y atraer el tráfico web hacia lo que viene a ser técnicamente una MPP ("una mierda pinchada en un palo") o, simplemente, "un truño de noticia" cuando no una estafa o un malware que nos la lía parda.

Hubo un tiempo que ejercí, entre otras funciones, como orientador laboral ocasionalmente y me encontré algún inquietante y perturbador caso (afortunadamente no era el de la mayoría) en que había gente que solicitaba empleos que no requiriesen esfuerzo físico ni mental, bien remunerados y con jornada corta y flexible. Eran además solicitados por algunas personas con escasa formación, experiencia laboral, talentos naturales y, en general, cualificación profesional que, además, siempre estaban ocupadísimos para hacer una entrevista de trabajo y exigían a los empleadores potenciales que se adaptasen a su disponibilidad para "concederles audiencia".

La carta a los reyes magos. Pensar fuerte y no hacer nada, pero desearlo con ganas y en conexión con el Universo, la Madre Naturaleza o esperando el Karma, que como el cartero, siempre llama dos veces.

Metáfora de un karma en forma de empotrador que te va a dar lo tuyo...
...si lo pides a los reyes magos...
Queremos soluciones milagrosas, progresar sin esforzarnos, gimnasios con aparatitos a los que "enchuflarse" y que hagan el trabajo por ti. Suplementos, aminoácidos milagrosos (por otro lado, presentes en las proteínas de una tortilla francesa que nuestro cuerpo se encarga en extraer gratis durante el proceso digestivo) y atajos sintácticos para tardar menos en decir las cosas en 140 caracteres (el problema es que se acaba diciendo otra cosa).

Vemos cada vez más programas de televisión en el que un "listo" compra algo, le hace una ñapa y lo vende con jugosos beneficios. Un coche, una moto, un almacén abandonado... Darse un paseo, pujar y ganar pasta sin doblar el espinazo, comprando a diez y vendiendo a veinte. Será que el resto son tontos que no hacen lo mismo y están con las hipotecas hasta el cuello.

Por eso, aunque el running se ponga de moda, ser corredor/a no tanto. Calzarse un maratón, por el asfalto o por la montaña no es fácil, no lo regalan, no se prepara en dos días y sin asignarle una cierta prioridad. Y duele. Y hace calor (luego hará frío). El entrenamiento es un proceso de adaptación y si no es, como mínimo, incómodo, no se produce ningún cambio. Hay que supeditar la comodidad inmediata a la consecución del objetivo que se persigue y eso... no está tan de moda como parece.

Dietas milagrosas, pierde diez kilos sin esfuerzo con este sencillo truco...

Gana dinero con este sencillo truco...

Cursos cortos, sencillos, divertidos, donde se aprende un güebo y que cuando los haces cómodamente desde casa, haciendo los ejercicios con un cutipaste de la wikipedia, te van a buscar a la puerta con un contrato maravilloso, muy bien pagado y con excelentes condiciones de trabajo...

Lugares secretos y con encanto que nadie conoce y que te vamos a contar, a ti, que pinchas en el enlace y a nadie más...

Te regalo dinero, chicas que te esperan, alarga tu miembro viril, triunfa en los negocios, acaba con las injusticias del mundo haciendo click en un botón, aprende idiomas en dos días, rejuvenece milagrosamente, come alimentos mágicos que curan el cáncer... nuestra sociedad no está hecha de gente que corre, aunque el running esté de moda.

Platón habla de la "segunda navegación" cuando se hace filosofía. La filosofía requiere esfuerzo, entrenamiento, profundizar, extenderse, volver atrás, dar saltos al vacío, probar cosas. Pensar no es "tener ocurrencias", es aprender técnica y entrenar la cabeza para luchar contra los problemas que nos suponen una urgencia vital su resolución. Filosofar es parecido a correr. No es algo que vaya a estar nunca de moda, porque requiere esfuerzo y dolor, persistencia y continuidad.

Así que, nada de trucos. ¡A entrenar cabrones!

Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos [...] del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
[...]
Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora? [...] Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?
Platón, La República