lunes, 24 de junio de 2013

La Gran Remontada



No sé si esto es una confesión o un intento de explicación, de dotación de sentido, del resto de las entradas de este blog.

En cualquier caso, como persona que ha sido obesa no quiero que se entienda mal mi historia. No se trata de castigar al hombre gordo que fui. No se trata de plantear que estaba mal mi aspecto y ahora, gracias a lo que sea, me ido por el buen camino.

Han sido mil cosas las que he ganado al adelgazar, incluida una imagen de mi mismo que me gusta más, pero no quisiera invitar a nadie a que le sirva de ejemplo, a que piense que hay que mejorar el aspecto para ser feliz y que el camino es la dieta y el deporte desaforado. Yo corro solamente porque me divierte. Corro porque es algo que me hace feliz y, cuando tengo problemas, me sirve de ansiolítico barato y sin efectos secundarios. Corro, como decía una amiga, porque puedo, porque quiero, nada más.

Os voy a contar, en lo deportivo y lo relativo a mi salud, mi última década:

2003, al borde de la catástrofe:

- 3 paquetes de tabaco al día.
- Consumo moderado de bebidas espirituosas.
- Consumo inmoderado de bocadillos de panceta y otras delicias similares.
- Entorno a 110 Kg. repartidos en poco más de 177 centímetros de estatura. Poco músculo, salvo el imprescindible para sostener tanto peso.
- Índice de masa corporal... 35,11. Obesidad grado II.
- Capacidad pulmonar entorno al 75%

El camino de la vida me conduce inexorablemente hacia la enfermedad coronaria, la enfermedad pulmonar oclusiva crónica y... la enfermedad en general. Quizá a todas estas enfermedades habría que añadir las alteraciones de la conducta alimentaria y los problemas psicológicos derivados de la disociación de la realidad (como soy y como creo que soy), de la alteración del autoesquema corporal y la autoimagen de uno mismo, pero nos centramos muchas veces en lo urgente (que el sobrepeso nos puede matar) y nos olvidamos de importante (la infelicidad de tratar de vivir en una sociedad que no admite a los gordos y los castiga por serlo). En definitiva, un asunto importante, de vida y muerte. De morir si no te cuidas, de vivir sin complejos ni sometiéndose a la tiranía de la mirada ajena.

He ido ganando, desde los 20 a lo 30 años, peso poco a poco y, a veces, a saltos. Pero es obvio que estoy tocando techo. Lo noto en las miradas de algunas personas. Lo noto cuando subo escaleras, cuando ando por el monte y me cuesta seguir a la gente. Cuando estoy 10 minutos sin encender un cigarro y busco la manera de poder fumar uno, ocupando en mi mente todo el espacio disponible y sin dejar sitio para nada más. Mi vida, aún no lo sé, gira y se organiza entorno a la necesidad de consumir nicotina.

Duermo mal, ando mal, me miro mal en el espejo.

Estoy embarcado como proyecto vital en ser profesor de secundaria (proyecto que fracasará con el tiempo) pero, claro, un fumador compulsivo como yo no puede encerrarse durante horas en un instituto de bachillerato sin fumar. No a explicar los misterios del pensamiento filosófico occidental a un grupo de adolescentes con el lóbulo frontal aún a medio cocer. No con la ansiedad que genera estar con síndrome de abstinencia. Toca dejar el tabaco... y engordar más aún...

2004, tocando fondo:

Dejé el tabaco. 6 meses de infierno para mi y seguramente para mi entorno. Ansiedad, nervios, comer más... me pongo al punto de la explosión.



El resultado, una cantidad indeterminada de kilos más en la cintura, en los muslos, en la inconfundible papada.

El último cigarro de mi vida lo he fumado el 9 agosto de 2004, por la noche, antes de irme a la cama. Desde aquel no ha vuelto a haber otro hasta el día de hoy, 24 de junio de 2013, San Juan. Ni una calada, pero entonces engordé hasta el punto de temer por mi vida por el síndrome de abstinencia del tabaco.

2005, San Silvestre de Getafe:

En general no bebo mucho, pero ahora tocaba, para que no entrasen ganas de fumar y no seguir engordando, dejar la cerveza radicalmente y pasarme a la Coca-cola Light. Los próximos diez años haré un consumo más bien anecdótico de alcohol (más o menos, en toda la década, lo que otros en un fin de semana, sin exagerar). Algunos años ni tan siquiera una clara de cerveza.

Hago un poco de monte de vez en cuando, pero voy asfixiado siguiendo al grupo. No por mis pulmones, que mejoran rápidamente, pero me he puesto inmenso.



Toca ponerse en manos de mi nutricionista. En este caso mi hermana (qué suerte). Repaso de hábitos nutricionales y ajuste. Reducir calorías, sustituir unos alimentos por otros, eliminar algunas cosas, pocas.

Pierdo en 6 meses unos 25 kilos y, como tengo ganas de comer un poco más, empiezo a hacer deporte. Un poquito. Decido en septiembre correr la San Silvestre de Getafe, el 31 de diciembre.

Dia 1. Corro 5 minutos en llano, me sofoco, ando otros 5, corro otros 5, ando de nuevo y otros 5 minutos camino de casa. Uf. ¡Qué horror! ¿Hay alguien que se pueda divertir haciendo esto? ¿Qué no lo haga porque está a dieta? No me lo creo. Es un ejercicio aburrido, doloroso, sucio... lo de correr no le puede gustar a nadie.

3 Meses después: ¡Siii! lo he logrado! he acabado la San Silvestre. ¿Cuándo es la próxima? ¿Nos animamos con una media maratón? Uy, no, que eso son 21 kilómetros. ¡Qué barbaridad! No creo que nunca pueda correr esa distancia...

La ropa me queda un poco grande... he pasado de una talla de pantalón 54 a una 46. Necesito un nuevo ropero, y unas zapatillas buenas para entrenar el nuevo año...


No sé como ha sido, pero me he enviciado con esto del running.

2006, Maratón Popular de Madrid:

Año nuevo, vida nueva.

El paro es malo para muchas cosas, pero para entrenar puede ir muy bien. Me lanzo a correr un par de medios maratones, me lanzo a correr... el Maratón, la distancia mítica, la que marca la diferencia, los 42.195 metros que sirven de ritual de paso.

Acabo, incrédulo, mi primer maratón en abril de 2006.


Ya soy maratoniano, estoy en la minoría de locos que corren por las calles, y en el de los que han pasado a la distancia que marca el desafío, la del mito que pone a Filípides atravesando los 42 kilómetros que separan la llanura de Maratón de Atenas para caer muerto. La carrera de la distancia que mata y que, sin duda, a partir de las tres horas necesita de algo más que de entrenamiento para acabarse. Una distancia que pone a prueba más tu mente que tus piernas, siempre que lleves a estas bien entrenadas, claro, no se puede acabar un maratón solamente a base de coraje.

2007, Maratón Alpino Madrileño:

Objetivo, acabar el maratón de Valencia en menos de 4 horas.

Es la primera carrera que no consigo acabar. Me retiro en el kilómetro 25 con un pezón sangrando como un estigma de un cuadro de El Greco. Descubro que soy de pezón débil.

Cambio de objetivo: Maratón de Madrid. Lo acabo mal, de hecho hago un tramo andando... algo que se repetirá a partir de ahora en todas las ediciones a las que asista (2008, ...09, ...10, ..11...) menos la última, 2013, dónde consigo quedar de nuevo satisfecho en esta frustrante carrera (ya llegaremos a abril de 2013, vamos remontando).

Cambio de objetivo: El año pasado estuvimos de voluntarios en el Maratón Alpino Madrileño, "el maratón más duro del mundo", una carrera de 44 kilómetros por zonas técnicas de la sierra de Madrid, con 2.500 metros de desnivel positivo acumulado. Quedamos fascinados. Algún día queríamos hacer lo mismo que esa gente... bueno, ¿por qué no?

Frío, viento casi huracanado 80 Km./h. en Bola del Mundo, hipotermias, agua, 70 l./m durante la carrera.



Recortan el recorrido por el evidente riesgo para los corredores en el paso de la Cresta de Claveles en Peñalara. Sensaciones que me acompañarán en muchas carreras de "¿dónde coño me he metido?" y de "esta vez has mordido más de lo que podías tragar, amigo". Pero... cuando llego a Cotos, con intención de retirarme, José Ramón está allí animando. Me hidrato, como medio plátano, y tiro por la Loma del Noruego. Acabo la carrera. ¿Ehhhh....?

Me ha entrado el veneno en el cuerpo. Quizá hubiese sido mejor que me estrenara con una carrera "menor" o que no consiguiera haber acabado el MAM, pero... ahora ya no hay vuelta atrás. Soy un corredor de montaña.

2008, Circuito Alpino:

A partir de ahora me centraré en la montaña. también correré también sobre asfalto (me gusta, ¡qué pasa!), pero es en la montaña donde pondré mi corazón.

Acabo diez minutos fuera de tiempo el Alpino, que lo han endurecido recuperando el tubo de Cabezas de Hierro. Un lugar que no se olvida nunca. Me dan como finisher de cara al Circuito Alpino... una copa de maratones de montaña.

Este año caerán cuatro maratones. Uno de asfalto y tres de montaña. Me adentro en el mundo "friki" de los corredores de montaña. Aún a distancias inconmensurables de los grandes mitos que leo en los foros de elatleta y que hablan de carreras de cientos de kilómetros como si eso fuese lo más normal.

Completo el Circuito Alpino junto a un puñado de descerebrados añadiendo el Maratón de montaña de Galicia, el Penedós do Lobo y el de Málaga, el Jarapalos. Esto empieza a ser un vicio.

El de Málaga y el de Orense son maratones más amables que el de Madrid, con tiempos de paso más cómodos para los que vamos cerrando filas en estas carreras. Se disfruta más durante y, sobre todo, al final.

2009, engordando one more time:

Resumiendo: Mapoma, Galarleiz, por el País Vasco, el maratón de montaña más antiguo de España... perdón, del Estado Español. Penedós do lobo y Jarapalos.

Un año "tranquilo", similar al anterior. He ido subiendo de peso hasta llegar a los 95 kilos, muchos de ellos de músculo, porque ando en la talla 48... apretada. Es hora de volver a perder peso poco a poco.




2010, la ultradistancia:

En 2010 empiezo a perder peso, muy poco a poco, a aumentar los entrenamientos y a bajar marcas.

El Mástil Metal Running surge poco a poco como un proyecto para agrupar a los amigos y encontrar siempre a alguien con quien entrenar y apuntarse a una carrera... proyecto aún inconcluso, pero no del todo fracasado. Una cosa... así, como siempre a medias.



Raúl y yo nos embarcamos en una carrera de 65 kilómetros y 3000 metros de desnivel positivo. La Marató i Mitja de Castelló.

Para nuestra sorpresa, la cabamos en mejores condiciones que muchos maratones y, después de salir a cenar, al día siguiente unos estiramientos y como rosas. Increible.

También intentamos el Gran Trail de Peñalara, pero mordemos más de lo que podemos tragar. No es una carrera de "un punto" como la MiM, sino de "tres puntos" (son los puntos clalificatorios para correr el Ultra Trail del Mont Blanc, la carrera de montaña más prestigiosa del mundillo del Ultra Trail).

Nos retiramos vencidos por la distancia y con una espinita y, al cabo de pocas semanas, al menos yo, con más dedos que uñas.



2011, Gran Trail Peñalara:

Un año después volvemos a la carga, esta vez para conseguir, tras 28 horas y 40 minutos, acabar el GTP. Este año ha sido dura, el calor ha hecho estragos y ha provocado muchos abandonos, pero lo he conseguido. Como aquel sobresaliente en Lógica en primero de carrera, con el hueso de la faculdad, ya nunca más pensaré que no puedo. A lo mejor no estoy preparado, no me apetece, no sé... pero puedo.



2012, corriendo por el campo y UTMB:

Es el año que descubro un grupo de correcamperos y blogers que corren por correr, por el llano o la montaña, organizando sus propias rutas y tirando más de jamón serrano que de barritas energéticas.



Y en agosto... corro (y acabo) el North Face (c) Ultra Trail du Mont-Blanc. La Gran Carrera que quieren todos hacer alguna vez.

Escalofríos por la espalda cuando la gente grita tu nombre por las calles de Chamonix, cuando te animan, "Courage", por los senderos de los Alpes... no cuento más. Alguna vez escribiré sobre esta carrera tan especial para mi.


2013, Más fuerte que el vinagre:

Y aquí enlazo con las primeras entradas de mi blog, para completar la crónica de estos años en los que he pasado de una imagen a otra, no por alarde. Cuidado con quien crea que pienso que hay que regañar, culpabilizar y hacer sentir mal a aquel señor de la foto que tenía obesidad. Ese señor nunca pensó que se iba a encontrar tan bien como hoy, pero decirle que tenía mal aspecto, seguramente no le hubiese arrancado a correr, sino a comer un bocadillo de chorifrito. Ese señor sigo siendo yo, un poco más delgado.