lunes, 30 de septiembre de 2013

Tiempo y agonía

Nos llama la atención al enterarnos, que la palabra "agonía" tenga su origen etimológico en la que los griegos empleaban para referirse al sufrimiento que se experimenta en la competición deportiva.

ἀγών, contienda, disputa, da lugar a la palabra que en nuestro idioma describe el sufrimiento extremo e insoportable o al periodo de tiempo que precede al último aliento de vida. Es una palabra terrible, por lo que hablar de experimentar agonía durante una carrera llevaría a reforzar en la gente esa idea equivocada que se forman de los corredores de ultrarresistencia. Ya ven estas pruebas como un lugar para masoquistas, un evento cuyo único objetivo es sufrir. No, el objetivo es sufrir lo menos posible, siempre, pero sin evitar o anestesiar el inevitable momento doloroso... de competición, de agonía.


Por cierto, la palabra también acabó por referirse al "nudo" de una obra en el teatro clásico porque, claro, la vida siempre, en el fondo, se trata de un conflicto. El teatro es una representación de la vida (o de unas vidas), y la lucha, la confrontación, es lo que proporciona el sustrato, un interés a la trama. Cuanto más terrible el conflicto, y acordaos de Edipo, más interesante la historia... para contarla, claro. Seguro que hay vidas en las que hay poco que contar y que son muy agradables de vivir. Como los libros de historia, son mucho más entretenidos los que hablan de batallas y crisis económicas, pero "mola" más vivir en periodos de paz y bonanza.

Y por cierto, la clave del gobierno del pueblo, de la democracia, también es el conflicto, el ágon. Los atenienses consideraban la disputa entre la gente que se ocupa de los asuntos públicos (politicós) frente a quien los ignora y no se preocupa de ellos (idiotés) era imprescindible para su sostenimiento. Todo buen ciudadano tenía que mojarse en la política, solo los idiotas consideraban que no fuese asunto suyo.

Interviene como variable fundamental en la experiencia agónica el tiempo.

Desde fuera, la gente que no participa en este tipo de pruebas, siempre nos pregunta por la distancia. A veces ponemos cara de aburrimiento: cien kilómetros, sesenta kilómetros,... no es suficiencia, no es que vayamos de sobrados, es que nos habéis hecho la pregunta equivocada. La distancia importa poco, lo importante es el tiempo y la agonía que vas a tener que emplear para acabar esa distancia. La distancia, el desnivel y la dificultad del terreno forman los elementos que se traducen en tiempo, tiempo de conflicto con uno mismo, que es contra quien agonizamos en este tipo de pruebas.

El tiempo lo cura todo, el tiempo es necesario para asumir las pérdidas... pero siempre que se haga algo con el tiempo, que se tomen acciones y se rompa con la parte negativa de nuestro pasado que nos ata a pensamientos y a acciones que nos conducen una vez tras otra a los mismos errores. Tiempo, si, pero tiempo bien invertido. Hacer algo con el tiempo, no perderlo, no ver como se marcha esperando una llamada que no va a llegar o que, si llega... solo va a regalarte un triste silencio.

La "Locomotora" Zatopek en el gesto de agonía que le caracterizaba

La distancia es importante, pero el tiempo lo es más. Hay que competir, hay que agonizar, para que el tiempo acorte las distancias. Protegiéndose un poco y siendo prudentes, hay que arriesgar, darlo todo siempre, una vez más, las que haga falta.

Agoniza conmigo, lo mejor aún no ha venido...