lunes, 3 de marzo de 2014

Sesgos cognitivos y decisiones racionales

«Desde luego, a los astrólogos no les faltan técnicas para satisfacer la curiosidad de la gente. Pero he sometido tales "reglas" a la prueba filosófica, y no encuentro para ellas utilidad alguna. ¿Se supone que, aun así, debo permitir que se me use como comediante, actor o alguna otra especie de animador de feria? Hay numerosos astrólogos jóvenes que muestran esta inclinación y tienen fe en tales juegos. Quien quiera ser engañado con los ojos abiertos, que recurra a los actos y espectáculos de esos hombres.»
Johannes Kepler
A cada cual le gusta correr de una manera y se apunta a las competiciones que más le atraen.

Hay, por ejemplo, dos percepciones distintas, o más bien dos "sabores" en lo que a correr por el monte largas distancias se refiere. En los Estados Unidos tienen una tradición más dirigida a recorridos con trazados por pistas forestales, carreteras de montaña y pisar terreno sin invadir demasiado los espacios naturales protegidos, que son muchos. Son carreras muy "corribles". Relativamente rápidas, donde si te pones a andar no pasas los controles en los tiempos de corte. Mientras, en Europa las competiciones tienen un regusto más "alpino" y montañero, con terrenos más técnicos, desniveles muy grandes y las pruebas transcurren por lugares muy vistosos. Son pruebas más exigentes técnicamente y los tiempos de paso máximo por los controles son, supuestamente, más generosos para el corredor popular que puede hacer una buena parte del trazado andando, pero sin dormirse mucho en los laureles. Eso al menos es lo que he deducido leyendo a los afortunados que han podido hacer la comparación con sus propios ojos y piernas. Yo hablo de oídas o, más bien, de leídas. Quizá no haya tanta diferencia fuera de las pruebas más representativas de cada continente.

También en la filosofía, como en derecho (me dicen) y en otras disciplinas, hay dos tradiciones o escuelas paralelas: la anglosajona y la continental. En esto los británicos están alineados con sus colonias americanas como lo están también para los temas geopolíticos, para los que el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte no se diferencia demasiado de cualquier otro estado de la Unión como podría ser Dakota del Norte. Hasta los californianos pueden llegar a ser más díscolos a veces que el gobierno de Londres. De hecho se puede hablar de Ukusa como de un país imaginario (UK+USA) para referirnos a la política exterior conjunta de Londres, Washinton y Tel Aviv. Sin embargo en lo que se refiere a las carreras de montaña los british no se asimilan con el otro lado del Atlántico, no son euroescépticos en eso. Si no que le pregunten al "Spanish Team" en la Dragon's Back Race...

Cuando se habla de ética en el mundo anglosajón no es raro vernos en territorios que le son extraños al filósofo continental, enredados en la teoría de la elección racional, metidos en microeconomía hasta las rodillas como una mula las patas en el barro. La metáfora de la mula y el barro la empleaba Kepler para referirse a la astrología, quejándose amargamente por carta a sus amigos cuando como astrónomo oficial de la corte le encargaban la realización de horóscopos, lo que se suponía que estaba entre sus funciones, y tenía que introducir su mente en el tema con la dificultad con la que la descendencia de un burro y una yegua (o al revés) mete sus pezuñas, intenta avanzar y se enfanga en un barro maloliente, ensuciándose y desplazándose con sufrimiento a través de una pestilente ciénaga de ignorancia y superstición. Aún vivimos entre ella.

101 Km. de barro por el Bierzo en 2010
A la hora de elegir carrera (de las de correr), según las teorías ortodoxas en temas de teoría de la decisión, el sujeto tiene un orden de preferencias previo establecido en su mente. Si prefieres A a B y prefieres B a C es porque prefieres A a C. Es obvio y evidente.

Pues el ser humano no funciona así. Tenemos lo que se llaman "sesgos cognitivos" que nos impiden ser agentes racionales en la toma de decisiones en nuestra vida ordinaria. Preferimos A o B según lo que tenemos delante: la manzana o el plátano de postre, pero además, al introducir en nuestro pensamiento el melocotón, puede que cambiemos el orden de preferencia de estas dos frutas o que nos entren unas ganas locas de comer fresas y que, aunque no haya esta opción en la carta, se nos quiten las ganas de lo primero que habíamos pensado y acabemos pidiendo un café. Seguid la toma de decisiones de la elección del postre en un restaurante después de la comida y pronto perderéis toda la confianza en la racionalidad humana si la pretendéis fundamentar en funciones ordinales de interés. Eso si, la notación algebraica y los diagramillas de los que puedes acompañar cualquier especulación hacen que parezca, aunque sea una impostura, que estamos manejando una ciencia matemática.

Unos diagramas cartesianos y lo que digas suena a verdad irrefutable, como demuestra el gráfico adjunto 
Los sesgos cognitivos son necesarios, son trucos heurísticos que permiten a nuestra mente tomar atajos imprescindibles en esto del pensar, ya que de otra manera no daríamos a basto para procesar tanta información como nos llega. El problema es que a menudo nos conducen a errores de razonamiento. Es por un sesgo cognitivo que nos parece, cuando por fin hemos comprendido algo, que a todo el mundo le tiene que resultar igual de claro y evidente a la primera. Es por un sesgo cognitivo que no somos capaces de ver nuestros prejuicios y manías pero los de los demás nos resultan evidentes, que seleccionamos la información que nos interesa de toda la que tenemos disponible para llegar a la conclusión que queríamos obtener desde el principio. Por supuesto hacerlo racionalizando por lo menos tiene algún mérito y esfuerzo que no se necesita echando mano de las supersticiones, antiguas o actualizadas. Siempre habrá una diferencia entre equivocarse y no intentar pensar siquiera.

En fin. Que a posteriori podemos justificar cualquier decisión, que para eso tenemos siempre mucha inventiva, pero que lo que te lleva a elegir el objetivo deportivo para la temporada no es más que un impulso emocional y luego, quizá, adecuas el resto de lo que haces a esa circunstancia.

Es decir, como en cualquier otro aspecto de la vida.

Pero decidir a golpe de impulso emocional, empleando la razón como herramienta auxiliar quizá no sea tan mala política, como hemos podido ir viendo por aquí, remontando por la vida. Siempre mejor que quedarse solamente como guía de nuestro proceder con la fría razón, que conduce inevitablemente a la inacción y a la cobardía o a la emoción desbocada, siempre dispuesta a meternos en líos y hacer cosas de las que después nos podemos arrepentir. De las que amargamente nos arrepentimos.

Cuando en mi escuela de animación impartimos el curso de monitores de tiempo libre, en el módulo de planificación, siempre tenemos que insistir en la necesidad de plantear los objetivos antes de iniciar las acciones que conducen a ellos y no al revés (obvio), ya que hay cierta tendencia a hacer por hacer, actuar por actuar y luego buscar una justificación que sirva, que pudiera haber servido como objetivo. Una perversión académico-burocrática de confundir el documento escrito del proyecto con el acto de proyectar que se refuerza con la tendencia al "activismo" que premia cualquier acción aunque no se tenga claro para que pueda servir, que simplemente, siempre-se-ha-hecho-así y por lo tanto se repite una vez más sin pararse a pensar en su utilidad.

Cierto es que los filósofos, incluso los profesionales de la ética, en su vida cotidiana no suelen aplicar ninguno en concreto de los muchos sistemas éticos posibles, desde la ética eudemónica de Aristóteles, hasta  la ética deontológica formal de Kant, pasando por planteamientos y escuelas estoicas, epicúreas, consecuencialistas y maquiavélicas, utilitaristas, marxistas ortodoxas, frankfurtkianas,...  son tantas y tan variadas, se puede saltar de una a otra con tanta facilidad y ninguna de ellas es lo suficientemente perfecta que, al final, nos conformamos con poder "dar razones" de lo que hacemos, con un mínimo de coherencia, y poco más.

Así que si te preguntan que por qué corres lo que corres, creo que la respuesta más honrada, teniendo en cuenta que el ser humano no se comporta como un agente racional de un modelo ideal de mercado en la toma de decisiones, que de hecho es una decisión emocional lo que te lleva a elegir siemrpre, justificada muchas veces chapuceramente con razones a posteriori que, además tienen un fuerte sesgo y tufo a falacia lógica, es, por tanto lo más honrado responder:

"No lo sé, porque me da la gana".