miércoles, 26 de noviembre de 2014

La Maratón Alpino Jarapalos. Me la han puesto dura.

Sin lugar a dudas, desde que corrí la última vez en 2010 la Maratón Alpina Jarapalos, esta carrera la han endurecido. Me la han puesto más dura de lo que esperaba en lo que a desnivel, al menos, se refiere.

Voy a hacer propósito de enmienda que este mes casi no he escrito y contaros un poco sobre esta carrera para quien no la conoce, porque merece francamente la pena. La crónica va con un poco de retraso, pero hasta que me mude a un planeta con más de treinta horas de día, no me da para todo la vida.

Por cierto, eso, que al día le falten horas es muy bueno. Suele ser buena señal.


Lo de que me la han puesto dura lo digo también por la excelente organización. Se cuida el detalle pero pasa desapercibido en gran medida. Al final parece muy sencillo visto desde fuera. Muchos voluntarios, avituallamientos completos cada cinco kilómetros de media, alguno con sorpresa incluida de amplio surtido de cervezas, como ya es tradición en esta carrera... cuidado, que no siempre tiene por qué sentar bien. Las más de las veces empujarse una lata del espumoso elixir de cebada suele tener como consecuencia correr con gases, algo nada agradable. El estado de priapismo llega a su máxima erección cuando tras entrar en meta te dan un plato de migas, embutido, fruta y un refresco (si, un par de cervezas también, si quieres) y lo ingieres en el mismo estadio del que sale la prueba.

A lo largo de los años he ido progresando un poco, desde aquel 2005 que rompí a correr. Cada año soy más fuerte y más rápido... pero poco más. Paralelamente el auge de las carreras hace que me las vayan poniendo cada vez más duras. Cuando corrí Jarapalos en 2009 y 2010 pase bien los cortes, pero no muy sobrado, al igual que este año, con lo que mis progresos quedan enmascarados por lo burra que está la gente. Cada vez está todo el mundo mejor preparado y solamente en distancias de más de cien kilómetros consigo que la experiencia acumulada se note algo en las clasificaciones de las carreras.

Ya no digo nada del asfalto. La gente corre que se las pela. En las primeras medias maratones que corrí llegaba al final del pelotón, pero no muy descolgado, entorno a las dos horas. Ahora, salvo algunas de las más "populares", en la mayoría de las medias, entrando diez o quince minutos antes, entro igualmente en un puesto de cola (con perdón).

Es como correr en una cinta, como la carrera de la Reina Roja de Alicia en el país de las Maravillas. Esforzarte al máximo para continuar siempre en el mismo sitio.

En lo que se refiere a la montaña hay una tendencia general a ponérnosla más dura por parte de las organizaciones.

La verdad es que el recorrido del Jarapalos es bonito, tiene su punto de dureza y se nota que, como dice la organización, es una carrera hecha por corredores y para corredores. Pero estaría genial que también hubiese carreras (y me refiero sobre todo a la Sierra de Guadarrama y alrededores), más fáciles. Dirigidas al segmento de corredores que nos gusta "pistear". A veces pienso que quienes montan carreras por aquí están moviéndose en un círculo muy endogámico de "machacas" y d'élite y que pronto llegarán desde fuera (ya están llegando) organizadores de eventos con más visión de marketing a proporcionar lo que quiere a un mercado potencial que está esperando para incorporarse. Ahora mismo la lógica es la de producción de bienes que había en la fabricación de coches en el Berlín del otro lado del Telón de Acero. Si tienes que esperar dos años a que te den un vehículo, te da igual lo que te den. Si se van a agotar los dorsales, parece que no hay que estudiar las necesidades del consumidor. Un error que siempre se paga (preguntadle a Kodak qué tal van las acciones y si han despedido ya al directivo que no quiso salirse de su linea de producción tradicional)

Tradicional "carga de hidratos" la noche antes de la carrera
En el previo a la carrera tengo que hacer mención a un conjunto de hechos. Desde que me inscribí con Anne Souplet sufrí un bombardeo casi diario de mensajes pesimistas por parte de la corredora francesa en la linea de autodesprecio que podemos escuchar a la puerta de un examen por parte del clásico empollón que solamente saca sobresalientes (no he estudiado nada, es muy difícil, voy a suspender, no he tenido tiempo de preparármelo...). Después de varios miles de "tú haz tu carrera", "no se habla más del tema, está decidido, ve tú solo delante", "no voy a pasar los cortes", "no he entrenado nada, voy a hacer el ridículo"... que por supuesto, sabiendo lo que iba a ocurrir, ignoré con la cara de poker que le pones al amigo empollón que siempre saca sobresalientes y, en cualquier caso, que va a hacerlo mejor que tú, estábamos en Málaga al fin con el Maestro Javier de Cárdenas que venía a acabar su primer maratón.

Con el maestro Cárdenas me inicié en el mus, el futbolín avanzado, el heavy metal
 y en beber litros de cerveza en los parques de Getafe y nunca nunca, en eso de correr.

Nadie hubiese imaginado jamás que algún día corriésemos un maratón juntos.
Las tripillas, eso si, ahí siguen.
Personalmente me aburren las crónicas en las que se se va contando cada kilómetro recorrido como si las sensaciones del corredor en cada momento tuviesen interés en si mismas. Intentaré reducir a las relevantes las notas sobre como estaba en cada momento.

La salida, como todo lo demás, bien organizada y puntual. Dejamos las cosas en el ropero (avisos por megafonía de la hora de cierre del mismo) y paso del control para asegurarse de que cada persona que tomaba la salida estaba bien contabilizada. Es importante que al final, contando retirados y llegados a meta no te falte nadie que pueda aparecer al cabo de unos días en el fondo de una sima o flotando boca abajo en un cauce de agua. Es por esta razón y no otra que los escobas tienen la obligación de retirar a los corredores en los puntos de control en los que no pasen los tiempos de corte, aunque ello suponga algún disgusto, como nos cuenta Livan en su siempre recomendable blog.

Empezando como quien dice.
Como ya he puesto el perfil, sabréis que la carrera empezaba "tirando p'rriba", cosa que hicimos a tan buen ritmo que, por mi parte, me quedó claro que pasaríamos los cortes a la perfección. Aunque andaba en tareas de escoba tuve la oportunidad  en esos primeros pasos de saludar a Fali, "el Coleta", y compartir unos metros con él para recibir noticia de su próximo objetivo de más de ochocientos kilómetros en semi-autosuficiencia (qué demonios, si los avituallamientos están a cien kilómetros, no es "semi"). Tener la oportunidad de hablar con él o con Mark Wooley (que también lo hicimos) es uno de los pequeños lujos de este deporte. "Populares" que si estuviesen desarrollando su actividad en un deporte más mediático tendrían una ficha millonaria y serían conocidos en todo el mundo son personas cercanas y simpáticas con las que puedes charlar de tú a tú.

Subiendo, claro, p'arriba, no se puede subir p'bajo
Fotos de Trail Running Málaga.

Es una carrera que ofrece muchos contrastes. Terreno muy divertido de correr que va cambiando de un lado de la sierra al otro, de la umbría a la solana y del mar a la montaña. La geología del recorrido es fascinante porque vas pasando de zonas muy arenosas, donde se acumula el sedimento traído por el viento, hasta zonas donde la cubierta vegetal va dejando el poso de sustrato sobre la base más arcillosa que se adivina en otros sitios y donde resbalas y te acuerdas de la lluvia caída ayer y que quiere hacerte caer hoy. Te acuerdas de su padre también, claro.

Solanas y umbrías, zonas a sotavento y barlovento de las brisas marinas y algo de desnivel, con sus afloramientos rocosos, dejan caminos que te llevaban desde la selva hasta casi el desierto. Muy muy bonito, y encima, con unas vistas espectaculares. Subir un sendero y encontrarte el mar, girar un recodo y ver un montón de pueblos de paredes encaladas, perder cota y verte entre senderos rodeados de una humedad y un "verde"que desde la Meseta no alcanzamos a encajar en el imaginario colectivo que tenemos de Andalucía como un lugar árido y seco.

Avanzamos y pasamos los cortes sin problema, pero ya cumplida media carrera cometo el error de bajar una pista al ritmo cómodo (para ella) de Anne, Unos pocos segundos por kilómetro más rápido de lo que debo, unos pocos kilómetros más de los recomendables y quedo fundido. pasarse de tu ritmo siempre se paga. Le pido a Anne que continúe su caza de una rubia-que-la-había-mirado-por-encima-del-hombro (estas cosas pasan, las chicas saben de lo que les hablo) y me ajusto a mi trote de supervivencia para acabar la carrera. Tranquilito y diésel, para rematar en tiempo y nada más. 

Fin de carrera y avituallamiento de lujo en meta, para todos y todas del primero al último, no como "otros organizadores"

Una carrera en la que, pinchazo aparte, he disfrutado del inicio al final. Una joya de organización desde el alfa al omega y con una vocación de hacer las cosas con excelencia, mejorando siempre, que se nota año tras año.

Así que apuntárosla para otra ocasión porque, además, es muy probable que al día siguiente, domingo, podáis remojar los pies en las playas de esas latitudes, un lujo que no podréis permitiros al norte de Despeñaperros.

Os la pondrán dura, eso si.


En Málaga día de playa y mientras en Madrid un día de perros y nieve y ventisca en la sierra