jueves, 10 de septiembre de 2015

Enzarzarse

A cada cerdo le llega su Ragnarok
MGO

Cuando se corre o se camina por el monte se descubren de pronto un montón de expresiones que uno lleva usando toda su vida pero que adquieren todo su sentido realizando estas actividades. La última de la que he tomado conciencia es de la expresión "enzarzarse".

Da la impresión de hemos perdido el contexto de la etimología de muchas de nuestras palabras y con ello mucha riqueza lingüística porque, al fin y al cabo, el moverse "a pata" era el medio más extendido para ir de un sitio a otro durante la mayor parte de la existencia de la humanidad para casi todo el mundo. Muchos giros lingüísticos que utilizamos a diario tienen que ver con el recorrer caminos y senderos pero, por el mero hecho de llevar toda la vida empleándolos, no somos conscientes de su significado original. Muchas personas se han enzarzado en discusiones años antes de hacerlo, propiamente, en zarzas.

Deliciosos frutos de la Rubus ulmifolius.
Causa de que muchos se enzarcen.
¿Quién no ha perdido el camino alguna vez? Sin estar desorientado, sabiendo perfectamente donde estás, pero sin saber qué sendero tomar... ¡cuidado!, hablo de correr. Por supuesto que hay una situación análoga en nuestras existencias cotidianas, pero hoy no toca hablar de eso porque, simplemente, no se da el caso de que esté viviendo esa situación en mi persona ahora mismo, aunque siempre la podemos recordar u observarla en los demás por ser algo muy frecuente. Pero más de una vez, hablando de situaciones meramente montañeras, en la Pedriza del Manzanares sin ir más lejos, uno tiene referencias de donde se encuentra. Sabe a dónde va y de dónde viene, pero no conoce la senda que está recorriendo ni por dónde debe ir. Eso es perderse sin haberse desorientado (mucho más peligroso lo segundo siempre, ya sea en el campo o en la vida, que mala cosa es en la vida acabar yendo en una dirección equivocada largo tiempo y luego tener que encontrar como llegar a otro sitio alejado de donde uno ha acabado).

En esos casos, a veces, se decide avanzar atrochando, campo a través, "tronchando lindes"... hasta llegar al camino que sabes que tienes que cruzarte sin ninguna duda. Vas... "p'allá" hasta que llegas a territorio conocido. Siguiendo la linea imaginaria que une la punta de tu dedo con el lugar que estás señalando.

La idea es sencilla y se supone que tiene que salir bien (lo suponen, sobre todo, los novatos en la materia) pero a veces entras en la vegetación y te encuentras un curso de agua, un torrente vertical y caudaloso que resulta un enorme peligro cruzar, que no es posible rodear y que te deja en un callejón sin salida. Otras veces una sima, un barranco, una falla que no podías ver hasta estar al lado es lo que te obliga a dar la vuelta. A veces es la vegetación la que se va cerrando y tienes que avanzar haciendo eses rodeando los macizos de pionos o de zarzas, teniendo finalmente que entrar a pincharte un poco, a marcar con pequeños y molestos más que dolorosos desgarros la piel expuesta o, lo que es peor, las membranas de los cortavientos y de las mochilas (carísimas) que, al contrario que nuestra dermis, no tienen, hoy por hoy, capacidad de autorregeneración. Te enganchas aunque vayas despacio, te arañas las piernas como si una docena de gatos histéricos se hubiesen afilado las uñas en ellas. ¿Y por qué no cogí las mallas largas, que no me acuerdo? Es más ¿Por qué no cogí un gran machete o quizá una desbrozadora de pelo o incluso una guadaña? Te preguntas mientras tu cortavientos se hace otro corte irreparable.

La sensación de enzarzarse es desagradable, frustrante, no se avanza nada. Luchas contra una fuerza sin inteligencia y tienes todas las de perder. Con personas necias o con arbustos de espinas es inútil tratar de avanzar si están demasiado cerca. Todo el mundo hemos sentido alguna vez esa sensación de habernos metido en un sitio de donde nos va a costar salir, donde no hay vuelta atrás... una discusión bizantina con alguien que parte de supuestos irreconciliables con los tuyos pero, que además, no sigue las reglas de la retórica y el diálogo que Aristóteles describía ya en el siglo IV a. C., por lo que ni tan siquiera recibes la gratificación de un enriquecedor debate con alguien con un punto de vista distinto del tuyo.

El otro día, después de una carrera, bajábamos la mayoría de los que habíamos participando en ella por la zona prevista, habilitada y marcada para ello y ya fuera de competición, de forma neutralizada. Por supuesto te encuentras con paseantes, porque todo el recorrido iba por rutas ya existentes (como debe ser). Quienes corren por la montaña tan solo nos diferenciamos en que usamos un calzado menos pesado, hacemos apoyos más cortos y rápidos y, en general, nuestro impacto es menor en los caminos que quien los recorre resbalando con unas recias botas o sobre los tacos de una bicicleta de montaña.

En un tramo en que el camino se estrechaba junto a una profunda cárcava, donde quizá un pequeño torrente se forme cuando una una tormenta alcanza la intensidad suficiente, iba una familia y los corredores pasaban alrededor, pero no cerca de ellos. Aprovechando su técnica de bajada usaban la mayoría el pedregoso fondo del curso de agua para progresar y rodear al grupo. Charlando entre ellos, trotando, soltando piernas porque ya lo habíamos dado todo en la competición, en el "kilómetro vertical" que tenía la meta oficial al final de la subida de mil metros de desnivel. Sin prisa ninguna porque, al fin y al cabo, no había ninguna premura en llegar y dejar de disfrutar de una bajada francamente cómoda.

Aproveché un momento para adelantar a varios de ellos en el sendero estrecho, en vez de meterme por la profunda zanja y continué caminando cuando ya no pude seguir haciéndolo detrás de quien parecía el pater familias y quizá el "lider" de la expedición, ya que iba en cabeza, con la idea de pasarle tres o cuatro metros más adelante de la forma más cómoda donde el camino ya se ensanchaba y acababa la cárcaba. Al momento una voz a mi espalda le dijo al caballero que caminaba con una inquietante parsimonia delante de mi:

- Papá, deja pasar.
A lo que el interpelado respondió con un tono hostil.
- Yo no tengo prisa, los que van con prisas son ellos... y continuó avanzando más despacio de lo que lo hubiese hecho, sin duda, si yo no hubiese estado detrás esperando para adelantarle.

¡Qué gran oportunidad de enzarzarme me perdí!

Esperé cinco segundos y le pasé a buena distancia para que no pudiese tener queja y con una sonrisa de oreja a oreja para... lo confieso, para molestarle y frustrarle con el gesto contrario al que él buscaba. Era obvio que quería enzarzarse conmigo y que yo podría haberlo hecho con facilidad, sobre todo otro día que no estuviese en un estado de ánimo de relax y disfrute como el que deja subir a todo trapo desde Miraflores a la Najarra, para dejarse luego caer tranquilamente por el camino de vuelta. Ni comiendo una tortilla de diazepan me hubiese encontrado el tipo menos predispuesto a responder a su provocación. Podía haberle dicho sin duda que, contrariamente a lo que él creía, yo no tenía prisa ninguna, que él no podría estorbarme ni aunque se esforzase aún más en hacerlo, que le estaba dando un mal ejemplo a su hijo, que en campo caben distintas actividades y nos tenemos que respetar unos a otros... pero hubiese sido como meterme en un macizo de zarzamoras son un Softshell de ochenta euros... y ni tan siquiera me hubiese hinchado a comer los deliciosos frutos.

Estas son las personas, claro, que se quejan de los corredores. Gente a la que es imposible explicar, sin enzarzarse en las afiladas agujas de su estulticia, que uno no va con prisa nunca aunque vaya más rápido que ellos, que de hecho soy un corredor lento y hoy precisamente voy sin presión ninguna, fuera de competición y cansado, y que simplemente corro... por lo mismo que él se irrita. Yo corro porque puedo y él no, porque no sabe hacerlo.

Intenta razonar con esto
Me diréis, y seguramente tenéis razón, que hay que hacer una tarea divulgativa, explicar, atraer a nuestro lado, tratar de crear una imagen positiva de nuestra actividad, pero mucho me temo que va a haber gente con la que esto sea un ejercicio fútil porque las causas de su hostilidad las arrastran consigo a donde van y la dirigen a todas las personas con quien se cruzan en todos los ámbitos de su vida.

Stultitia Imperatrix Mundi!

Es fácil entenderse con quien pone un mínimo de su parte,
no todos los encuentros son desafortunados.
Pero sería un placer debatirlo con ustedes, amables lectores, si tienen a bien poner un comentario en este humilde blog. Prometo no enzarzarme aunque no compartan mi opinión.






jueves, 30 de julio de 2015

Olimpismo y trail running


Fatiga menos avanzar sobre terreno accidentado que sobre terreno llano.
Kilian Jornet... no, ¡calla!..., Aristóteles, siglo IV a.C.
Me decía un amigo hace poco que el trail running es "una forma de vida", lo que inevitablemente puede parecer un tópico edulcorado, una autojustificación por la vía, muy habitual, de considerarse a mi mismo un "escogido". En cualquier caso la afirmación despierta mi escepticismo filosófico. Por lo menos cierto tipo de escepticismo, uno que no niega la posibilidad de conocimiento, sino ese escepticismo que pone prudentemente en suspenso todas las creencias hasta encontrar una justificación racional para ellas.

Los vínculos e interrelaciones en el grupo de aficionados a correr por la montaña, las afinidades y visiones compartidas, las amistades creadas y que forman una red tupida, ya que somos relativamente pocos, hace que se viva la sensación de pertenencia a un grupo cerrado, una gran familia, al que inevitablemente se idealiza. No es algo exclusivo nuestro. Todos los grupos tienden a construir una autopercepción de "ideal de pureza", una imagen de su colectivo que tiene todo lo bueno y nada de lo malo de otros grupos de referencia. Es un mecanismo psicológico, un sesgo cognitivo, incluso un mecanismo de defensa tan universal como inevitable y de sobra estudiado por la psicología y la sociología. La idealización es un mecanismo necesario para que nuestra mente discrimine generalizaciones sobre grupos, pero hay que ser muy prudentes para no caer en chovinismos de cualquier tipo. Es muy fácil y agradable sentirse especial.

Si te gusta correr por la montaña, te gusta hacer algo que mucha gente no entiende. Ni tan siquiera otros corredores o quienes practican otros deportes. Pero a veces nosotros tampoco hacemos un esfuerzo por entender a quienes hacen otras cosas. Una característica no exclusiva nuestra es que en la montaña no es tan importante la marca como la técnica (bueno, alguno hay que se ha escapado de la escuela de supermanes y anda quejándose de la molestia que le supone que haya corredores que van más despacio por detrás de ellos). El trail te expone a muchas más sensaciones cambiantes y que requieren tu atención que la carrera en ruta típica, como un maratón desarrollado sobre asfalto en el interior de una ciudad. Hay para quien, incluso, no importa lo más mínimo la competición y el recorrido y la compañía lo es todo. Esforzarse en mejorar constantemente, si, pero no para otra cosa que para "acabar" los retos que cada cual se propone.

Aquí un humane disfrutando de un deporte consistente
en llegar de un sitio a otro empleando toda la técnica
necesaria para hacerlo de forma rápida y eficaz. Parece divertido.
Aquí otro humane haciendo algo parecido. Participando en una competición
olímpica. Tiene que pasar entre unos palitos puestos a una distancia estandarizada
en el menor tiempo posible de manera que las marcas puedan ser
homologables entre distintas competiciones olímpicas.
Sin embargo en ciertos círculos (vale, si, en mi entorno más "friki") se percibe un cambio gradual en esta "comunidad" de corredores y corredoras de montaña (o trail runners que yo no tengo problema con este anglicismo habiendo otros muchos más perniciosos que se nos cuelan insidiosamente en la cotidianidad). La cosa va rompiéndose poco a poco en dos direcciones. No necesariamente una mejor que la otra, pero son visiones distintas. Algo parecido a la diferencia entre las artes marciales en las que no hay competiciones, por propia elección, y las que tienen un reglamento deportivo que permiten realizar torneos.

Hay un movimiento por parte de unos corredores para que las carreras de montaña no cambien en una dirección determinada marcada por una mayor reglamentación, separación entre la élite y los "populares", mejores sistemas de puntuación, cuantificación y evaluación de las carreras, fortalecimiento de las federaciones nacionales y de los organismos supranacionales... incluso replicación de estructuras que en un momento dado puedan convertirse en comités olímpicos si el trail pudiese hacerse una disciplina de este acontecimiento que cada cuatro años atrae el interés de todo el planeta. Algo soñado por muchos y temido por otros.


El movimiento olímpico reúne una "rapsodia" de especilidades y excluye otras sin que se pueda adivinar el por qué desde lo estrictamente deportivo. Deportes como la natación están llenos de pruebas de todas las técnicas y distancias, de manera que los mejores nadadores del mundo vuelven de unos juegos olímpicos con la espalda doblada del peso de las medallas que trasladan al cuello, mientras que en otras especialidades se escatiman. Especilidades muy implantadas de atletismo, con campeonatos nacionales e internacionales en todos los países como los 100 Km. en ruta o el "medio maratón" o, también en el triatlon distancia Ironman que no entran en competición. Hay, sin embargo, "deportes exclusivos" heredados del periodo inicial del olimpismo moderno en el que el deporte estaba reservado a unos pocos aristócratas como la doma olímpica o "carreras de yates a vela" y otros, mientras tanto, con cientos de miles de fichas federativas como el fútbol sala, el rugby o incluso palímpicos como el baloncesto en silla se quedan fuera, incluidos todos los deportes de montaña salvo los que participan en los Juegos de Invierno. Hay competiciones artísticas (gimnasia rítmica, patinaje o natación sincronizada) que son deportes por unas razones que se podrían aplicar al baile acrobático o al ballet clásico. Hay artes marciales que si, hay otras que no. En definitiva. El criterio es político y se basa en el poder respectivo de las federaciones de cada especialidad en el COI. No estoy destapando ningún secreto que se ignorara. Que un deporte se convierta en olímpico es una larga tarea y, en el proceso, suele necesitar una profunda transformación de la propia práctica deportiva.

Puede necesitar "palitos por los que pasar" y clasificaciones de niveles de dificultad del recorrido, como el descenso en piragua, adaptar la distancia para no... hacer sombra al maratón, como en el caso del triatlon olímpico, o reglamentar un sistema de puntuación en combates como el boxeo o el taekwuondo. Quizá el trail running necesite todo eso, pero no es algo que no se haya hecho antes. Podría haber perfectamente una prueba de "kilómetro vertical" sin ninguna duda. El seguimiento en directo hoy en día, gracias a los drones, ya no es ningún problema. Lo que no tiene pinta de que vaya a ocurrir es que el ultratrail de cien millas entre en la olimpiadas. Ni tan siquiera el "maratón de montaña olímpico", porque son carreras técnicas y muy largas, difíciles de homologar y comparar entre si y restan protagonismo a otros deportes que defienden su trozo de pastel olímpico. Ahora,... ¿no sería espectacular ver bajar por una pedrera a la élite del trail a todo trapo en una pantalla gigante?

Todo esto del olimpismo mueve una cantidad de pasta ingente y da de comer (y de otras cosas) a mucho ejecutivo importante. Y de eso va buena parte de esto.

Hace algunos años, en el seno del Aikido, un arte marcial moderno, como el kárate o el judo, se abrió el debate sobre si se debía avanzar hacia una reglamentación mayor que permitiese el desarrollo de torneos y competiciones, pero para buena parte de los practicantes esto estaba en contra de los fundamentos de su disciplina, que trataba de huir del combate, de la competencia y que finalmente así ha permanecido, como un camino de perfeccionamiento técnico más que otra cosa. Por el contrario el karate, un deporte con millones de fichas federativas lleva décadas tratando de entrar en las olimpiadas siguiendo el camino del judo y el taekwondo. En estos deportes el olimpismo supuso el abandono de técnicas de autodefensa y un enfoque competitivo que antes no era fundamental. Se ha pagado un peaje muy alto y muchos practicantes lo consideran una pérdida irreparable.

Pues esa es la percepción que se empieza a tener entre algunas personas de mi entorno. Que esto se va a romper, por un lado, hacia el lado del trail pirata, el punk trail y las quedadas para recorrer monte, y participar en las carreras que conserven el "espíritu" de los viejos tiempos y por otro hacia la alta competición, poner la organización en manos cada vez más profesionales y crear una estructura paralela a la de otros deportes más orientados a la competición.

Y por ahí ¿Qué opináis? ¿Deporte olímpico o forma de vida?



viernes, 17 de julio de 2015

5 trucos para correr tu primer maratón sin esfuerzo en solamente 4 semanas partiendo de cero que te cambiarán la vida.

¡Enga ya, hombre!

Espero que usted no haya llegado aquí pensando que realmente iba a encontrar algo tan imposible como lo que sugiere el título del artículo. Trucos. Rapidez, Ausencia de esfuerzo. Aprendizaje relámpago. Profundos cambios vitales y epifanías llegadas desde un enlace de Internet...

Pero bueno, ¿Estamos tontos o qué?

Pero seguramente a estas alturas ustedes ya estarán acostumbrados a encontrarse con este marketing "Pedro y el lobo" que funciona las primeras veces y, gradualmente pierde fuerza y se deshincha, por más que nos diga que "no te lo vas a creer", que "la quinta foto es la mejor" o que "a mi me ha cambiado la vida". Mensajes que prometen lo increible, lo bueno, bonito y barato, lo fácil y rápido. ¡No podrás creerlo! Promesas de cosas sorprendentes que llegarán, eso si, después de pinchar el enlace y atraer el tráfico web hacia lo que viene a ser técnicamente una MPP ("una mierda pinchada en un palo") o, simplemente, "un truño de noticia" cuando no una estafa o un malware que nos la lía parda.

Hubo un tiempo que ejercí, entre otras funciones, como orientador laboral ocasionalmente y me encontré algún inquietante y perturbador caso (afortunadamente no era el de la mayoría) en que había gente que solicitaba empleos que no requiriesen esfuerzo físico ni mental, bien remunerados y con jornada corta y flexible. Eran además solicitados por algunas personas con escasa formación, experiencia laboral, talentos naturales y, en general, cualificación profesional que, además, siempre estaban ocupadísimos para hacer una entrevista de trabajo y exigían a los empleadores potenciales que se adaptasen a su disponibilidad para "concederles audiencia".

La carta a los reyes magos. Pensar fuerte y no hacer nada, pero desearlo con ganas y en conexión con el Universo, la Madre Naturaleza o esperando el Karma, que como el cartero, siempre llama dos veces.

Metáfora de un karma en forma de empotrador que te va a dar lo tuyo...
...si lo pides a los reyes magos...
Queremos soluciones milagrosas, progresar sin esforzarnos, gimnasios con aparatitos a los que "enchuflarse" y que hagan el trabajo por ti. Suplementos, aminoácidos milagrosos (por otro lado, presentes en las proteínas de una tortilla francesa que nuestro cuerpo se encarga en extraer gratis durante el proceso digestivo) y atajos sintácticos para tardar menos en decir las cosas en 140 caracteres (el problema es que se acaba diciendo otra cosa).

Vemos cada vez más programas de televisión en el que un "listo" compra algo, le hace una ñapa y lo vende con jugosos beneficios. Un coche, una moto, un almacén abandonado... Darse un paseo, pujar y ganar pasta sin doblar el espinazo, comprando a diez y vendiendo a veinte. Será que el resto son tontos que no hacen lo mismo y están con las hipotecas hasta el cuello.

Por eso, aunque el running se ponga de moda, ser corredor/a no tanto. Calzarse un maratón, por el asfalto o por la montaña no es fácil, no lo regalan, no se prepara en dos días y sin asignarle una cierta prioridad. Y duele. Y hace calor (luego hará frío). El entrenamiento es un proceso de adaptación y si no es, como mínimo, incómodo, no se produce ningún cambio. Hay que supeditar la comodidad inmediata a la consecución del objetivo que se persigue y eso... no está tan de moda como parece.

Dietas milagrosas, pierde diez kilos sin esfuerzo con este sencillo truco...

Gana dinero con este sencillo truco...

Cursos cortos, sencillos, divertidos, donde se aprende un güebo y que cuando los haces cómodamente desde casa, haciendo los ejercicios con un cutipaste de la wikipedia, te van a buscar a la puerta con un contrato maravilloso, muy bien pagado y con excelentes condiciones de trabajo...

Lugares secretos y con encanto que nadie conoce y que te vamos a contar, a ti, que pinchas en el enlace y a nadie más...

Te regalo dinero, chicas que te esperan, alarga tu miembro viril, triunfa en los negocios, acaba con las injusticias del mundo haciendo click en un botón, aprende idiomas en dos días, rejuvenece milagrosamente, come alimentos mágicos que curan el cáncer... nuestra sociedad no está hecha de gente que corre, aunque el running esté de moda.

Platón habla de la "segunda navegación" cuando se hace filosofía. La filosofía requiere esfuerzo, entrenamiento, profundizar, extenderse, volver atrás, dar saltos al vacío, probar cosas. Pensar no es "tener ocurrencias", es aprender técnica y entrenar la cabeza para luchar contra los problemas que nos suponen una urgencia vital su resolución. Filosofar es parecido a correr. No es algo que vaya a estar nunca de moda, porque requiere esfuerzo y dolor, persistencia y continuidad.

Así que, nada de trucos. ¡A entrenar cabrones!

Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos [...] del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
[...]
Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora? [...] Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?
Platón, La República 

miércoles, 15 de julio de 2015

GTP (Guía de Temáticas Platónicas) o "Galarleiz y También Platón"

El filósofo Ludwig Wittgenstein se encontraba en la estación de Cambridge esperando el tren con una colega. Mientras esperaban se enfrascaron en una discusión filosófica que absorbió toda su atención. Al ver que el tren comenzaba a alejarse, Wittgenstein echó a correr en su persecución. Wittgenstein consiguió subirse al tren pero no así su compañera. Un mozo que estaba en el andén se le acercó al ver la escena y le dijo para tranquilizarla:
No se preocupe, dentro de diez minutos sale otro.
Ud. no lo entiende - le contestó ella - él había venido a despedirme a mi.-
En la anterior entrada de este blog quedaba abierta la cuestión de qué demonios era eso de correr bien. A ver si hoy profundizamos un poco más. Quizá nos ilumine un poco la participación reciente en el Maratón Alpino Galarleiz.

Ola de calor en Madrid y nosotros bajo un fresco txirimiri, hasta con manguitos...
Además seguíamos un ciclo (nos queda una última entrada) de centrarnos en un autor en especial, Platón, a modo de experimento y a propuesta del maestro Spanjaard para poder dar una imagen más completa del pensamiento de un filósofo en concreto (¿por qué no elegiría yo a uno "de los mío", como Jan Łukasiewicz?). Y parecía que correr bien era correr rápido, correr más rápido que el resto, es decir, ganar. Pero... hay mucha gente que no gana y, es más, que sabe que no va a ganar antes de salir. De hecho esa es la condición de la inmensa mayoría y nos parecía... un poco desconcertante que tanta gente se reuniese para "perder carreras" todos juntos.

Quizá planteamos mal la pregunta. Buscábamos la idea perfecta de correr bien, pero no fuimos lo suficientemente platónicos.

La idea del Bien participa de la idea perfecta de correr. No es necesario preguntarse qué es correr bien, sino qué es, τὸ τί ἐστι, simplemente, correr. Si supiéramos eso, sabríamos que es correr bien. Al menos desde el paradigma del maestro de Aristóteles, en el que las Ideas perfectas existen de manera efectiva como objetos. Un concepto difícil incluso para el propio Platón que a través de sus diálogos (Platón es su mejor crítico), vamos viendo como "la idea de Idea" (valga la redundancia) se va complicando, se va volviendo más abstracta y se va "matematizando" y haciéndose lo que los filósofos llaman "aporética", es decir, "sin salida".

Correr es, y corríjanme si me equivoco, echar un pie delante de otro sin que permanezcan los dos en el suelo simultáneamente, que eso sería andar. Permite desplazarse rápido. Es la forma más rápida que tenemos los humanos sin emplear una máquina, como una bicicleta, o sin arrojarnos desde una ventana, que suele ser una forma rápida pero una estrategia no "perdurable en el tiempo". De un solo uso habitualmente, aunque se acelera a 9,8 m/s² (en la Tierra), y a poco que se tire uno de buena altura se alcanzan velocidades tremendas. El problema en este caso no es la velocidad que se alcanza con la aceleración, sino la mucho más rápida y brusca deceleración.

Algunas pendientes muy pronunciadas en esta carrera
Correr, es una actividad "natural", entendiendo como tal que no requiere un aprendizaje, ya que todos los humanos tienen ese potencial y, si nada lo impide, se desarrolla por si mismo sin ninguna otra intervención, no como montar en bicicleta, por ejemplo, que requiere un proceso de ensayo y error gradual.

Correr es algo que hacemos naturalmente y es la forma más rápida de desplazarnos. Más que reptar, gatear, hacer la croqueta, ir a la pata coja, postrado de hinojos o caminando. No es raro ver niños probando quien lo hace mejor, es decir, más rápido y "echando carreras" como juego espontaneo. Casi como un impulso instintivo. Otros animales también lo hacen y sirve como proceso de aprendizaje de estrategias de supervivencia, de ataque o huida, para cazar o para no ser cazado. También es probable que retarse a correr sea una actividad tan antigua como la humanidad y, desde luego, un elemento de los "juegos" que se celebraban en la antigüedad, por ejemplo, en Grecia durante las olimpiadas. No hay que olvidar que correr es una excelente preparación para el arte de la guerra y en especial para la infantería de todos los tiempos. Y una perfecta apuesta de borrachos en todos los lugares del mundo en que se fermentan o destilan bebidas espirituosas.

Hay quien dice que la arraigada tradición vasca en carreras de montaña tiene que ver con esos "alardes de taberna" en la que los mozos apostaban quien era el primero en llegar a la cima del monte más cercano o en hacer una ruta conocida por todos.

Galarleiz surge hace veinte años. De esta manera que nos relatan:

                     

Galarleiz es la matriz, el origen, la idea que después se copia y que da lugar a otras carreras de montaña por la Península como el Maratón Alpino Madrileño. Es, en cierto modo, como la Idea de Platón, el molde del que salen el resto de las copias, aunque es a su vez una idea pillada al vuelo más allá de nuestras fronteras.

Volviendo a lo que es correr. Una actividad natural e instintiva que sirve para ir rápido. Atendiendo a otras características, además de la rapidez, correr bien podría significar:

1) Correr de una forma bonita, estética, agradable a la vista, estilosa. Entre el "arrastrar de pieses" de un walking dead que podemos contemplar al final de un pelotón de ultreros y la elegante zancada de un masai en una prueba de "milqui" (gane o no), hay un abismo estético. Correr bien puede ser, simplemente, correr bonito.

2) Correr bonito tiene que ver con la eficiencia biomecánica y suele significar "correr sano". Los desequilibrios musculares, las asimetrías, los vicios técnicos, además de fealdad a la carrera suelen desembocar en lesiones y molestias. Correr bien puede significar correr técnico, correr sano.

3) Cuando se pilla el ritmo, cuando los músculos calientan, cuando las piernas siguen la mirada y se entra en estado trance, cuando las endorfinas corren por la sangre y llegan a los receptores de los centros de placer del cerebro, cuando se alcanza la velocidad de crucero y la cadencia entre la respiración y las piernas da la sensación de que vas a seguir corriendo eternamente y sientes que estás corriendo bien. Correr bien quizá es correr con buenas sensaciones, algo que puede estar ligado a hacerlo de manera técnica y estética. Por cierto, ello también suele significar ir rápido.

4) Las buenas sensaciones pueden venir por otro camino, además del interno. Aparte de las sensaciones propioceptivas, podemos correr por lugares bonitos, como los del Maratón Alpino Galarleiz, por Guadarrama o por Gredos, por Picos de Europa, por los Alpes o los Apalaches. Correr bien puede ser, simplemente, correr disfrutando, sintiéndose feliz de la soledad o de la compañía.

5) La buena compañía. Correr te permite conocer gente extraordinaria y relacionarte con ella en las carreras y en los entrenamientos. Gente como Luisfer, del Tierra Trágame, al que tuve el gusto de saludar en la carrera, su maratón número 107 (OMG!). Charlar con unos y otros, sobre todo con gente que tiene algo que contar más allá de ritmos y marcas de zapatillas y suplementos nutricionales. Correr es una actividad social, en la medida en que una carrera es un acto social y quizá correr bien sea correr en sociedad. Correr, según la máxima kantiana, como si los otros corredores fuesen un fin en si mismos y no un medio para alcanzar tus fines. Correr, incluso, para crecer espiritualmente.

Correr tiene beneficios físicos, psicológicos y sociales, lo que permite un crecimiento como persona. No si te lesionas, si te obsesionas con ello hasta hacerte daño o si eres un personaje centrado en los resultados deportivos que aleja a la gente a tu alrededor con su ego de "supermachaca". Eso te empequeñece y te aleja de todo lo que te puede aportar la aventura de salir a trotar por el monte, en soledad o con otras personas (humanas o perrunas). Competir contra uno mismo, por mejorar en algunos de estos aspectos, siendo con el tiempo capaces de hacerlo con mejores sensaciones, mejor técnica, más rápido incluso, si, como una actividad compartida con los demás más enriquecedora, si es posible hasta los noventa años. Quizá todo eso sea correr bien más allá de correr más deprisa que el de al lado.

Preparándonos para el maratón... psicológicamente, claro.
Dorsal para una carrera bonita y rápida y, por rápida, dura, con unas
bajadas (y alguna mítica subida) en la última parte que maltrataban los cuádriceps ya extenuados.

Fotos de Rául Martínez, compañero de batalla en esta ocasión, a pesar de una reciente lesión de tobillo

Un breve y merecido reposo antes de la siguiente batalla:
entrar en Madrid un domingo por la tarde en coche y "comerse" un atasco
más insoportable que correr otro maratón 
¿Qué os puedo contar de la carrera que no sea mejor que el que lo viváis yendo allí para la próxima edición? Quizá que Galarleiz es, sin duda, un sitio excelente para "correr bien" en todos los sentidos. Disfrutaréis muchísimo, del recorrido, de las zonas más técnicas y de las más cómodas, del paisaje, de la gente, del ambiente, de la organización, de la comida y hasta del "fresquito" si hay una ola de calor en el centro de la Península y por allí sopla airecillo, hay niebla, cae txirimiri y hay veinte grados de máxima menos que en Madrid.

En la próxima, acabamos con Platón (como dijo Teofrasto de Lesbos).
"El año pasado conseguí encontrar el axioma más corto de este cálculo. En la notación libre de paréntesis que he diseñado tiene sólo trece letras y la siguiente forma: CCCpqrCCrpCsp"
Łukasiewicz, Jan. Estudios de lógica y filosofía.

miércoles, 8 de julio de 2015

GTP (Guía de Temáticas Platónicas): Correr "bien"

“La agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida”
Federico García Lorca
Continuamos con el "mes de Platón".

Una parte del peligro de abrir un debate sobre cualquier tema, es la mala costumbre, creo que especialmente en este nuestro país, de desviar las discusiones hacia trincheras ideológicas sin salida. Es quizá una consecuencia (indirecta) de lo que llamamos el "cainismo", algo que va más allá de las mal llamadas "dos Españas" que se supone que siempre han existido y cuyos encontronazos no han sido mejorados por más de dos décadas de telebasura en la que tratan de convencernos de cuál es la manera correcta de debatir a través de realities horrorosos plagados de freaks, supuestos debates de pseudotertulianos que berrean salvajemente sin escucharse, concursos donde la guinda es la humillación pública de los concursantes por parte de supuestos expertos en un contexto de indefensión pública de sus víctimas y programas de famosos, así, sin más profesión, cuyo mayor mérito es decir lo primero que se les viene a la mente sin ningún filtro y, normalmente, sin darle mucha forma al escaso contenido. El proceso ha ido acelerándose y radicalizándose llegando a programas dirigidos principalmente a adolescentes donde el modelo es un grupo de supuestamente atractivos petardos y petardas, analfabetos funcionales escasos de ropa e hinchados por anabolizantes y cirugía, que no saben prácticamente hablar (y menos discutir) pero enzarzados permanentemente en discusiones bizarras.

Charlábamos hace poco paseando por las casamatas, nidos de ametralladora y las ruinas de los bunkers de la Batalla de la Granja (un día de paseo, aunque no se escapó la idea de volver en otra ocasión a correr unas decenas de kilómetros por aquel escenario histórico), si en otros países hay esa necesidad de posicionarse en un extremo u otro, de hacer una reducción al absurdo de las ideas del contrario, de admitir sin crítica las ideas de "los tuyos". Y había cierto consenso en el "no" entre la gente más viajada y la representación extranjera (francesa, como no). En otros sitios no existe ese odio visceral. No sabríamos decir si existen lugares donde también padecen semejante herencia cultural (seguramente), pero, al menos, hay otros escenarios mundiales donde no se mantienen rencores y planteamientos contrailustrados y decimonónicos con tanta vehemencia, ligándolos a una supuesta identidad nacional que abarca maltrato animal, unión Iglesia-estado y revisionismo histórico favorable a los peores criminales que han pateado estas tristes tierras. No importa si se acaba de terminar una terrible guerra civil en un país africano o si tus abuelos apoyaron a los nazis durante el gobierno de Vichy. Cuando todo termina, uno de los bandos, gane o pierda, no se cree en posesión de la identidad nacional. No se discute de política en los mismos términos que de furgol.

Por el escenario de la Batalla de la Granja, discutiendo de filosofía política

Una de las teoría allí sostenidas era que quizá el gran cambio que supuso la Ilustración europea a mitad del siglo XIX, que acabó, andando el tiempo, con prácticas extendidas por todo el continente como la tortura pública de animales durante los festejos (algo menos "Español" de lo que querrían sus partidarios), acabó con la presencia de las iglesias en los gobiernos, con la Inquisición (y con los jesuitas a menudo de pasada), promovió políticas de servicios público, la educación universal y el ideal de igualdad de todos los hombres y, con el tiempo, de mujeres y hombres... todo eso llegó a nuestro país, no a través de una revolución más o menos sangrienta, iniciada por clases medias y respaldada por los pobres (la fórmula de cualquier revolución), sino por la vía de la invasión francesa de Napoleón, no menos truculenta, por lo que para una parte de la ciudadanía se asimiló que los cambios ilustrados eran impuestos "desde fuera".

Por más ilustrado que fuese el déspota José Bonaparte, por más vil malvado e incompetente que fuese la alternativa del borbón Fernando VII, Pepe Botella venía impuesto desde fuera en vez de impuesto desde dentro, como nuestra monarquía de entonces (y la de ahora, aunque nos quieran amordazar). No hay nada como mirar hacia Grecia estos días para darse cuenta que cuando un país siente que los extranjeros quieren imponerles su voluntad, se genera un rechazo profundo a ello y adhesión inmediata a quien se les oponga.

Según esta teoría, para una parte de la población las "moderneces" son peligrosas, extranjeras y antiespañolas y aunque la otra mitad del país anhela librarse de esta herencia, se le imponen constantemente tradiciones y rituales casposos. Con independencia de si un paisano nuestro se considera de izquierdas o de derechas, estadísticamente rechaza o acepta ciertos elementos que nada tienen que ver con su ideología en principio. Es curioso que después del franquismo nunca ha triunfado aquí un partido de ideología liberal (que sea liberal, no que se apropie de la palabra para hacer lo contrario) o republicano (en un sentido estricto, es decir, que esté contra la monarquía abiertamente). Una anomalía en una Europa que es mayoritariamente liberal, laica y republicana y no entiende que ello tenga que ver con ser más o menos progresista o más o menos conservador.

Todo esto porque parece que cuando se discute de cualquier cosa hay que intentar adivinar "qué es el otro", para saber "si es de los nuestros" y si es que si, darle la razón para apoyarle, y si es que no, llevarle la contraria sin escuchar lo que está diciendo. Parece que hay que plantearse los temas, no como algo a investigar, sino como algo sobre lo que hay que tener ya la respuesta y ganar la discusión a los otros.

En fin. Furgolismo mental. Lo contrario del método socrático que busca otra cosa mediante el diálogo (dia - logo: a través de la razón).

Qué es eso de correr bien. ¿Qué es el Bien? Platón tenía su propia opinión al respecto. Una opinión tan elaborada que es en buena medida el meollo de su teoría de las Ideas que las últimas entradas analizábamos. La perfecta idea de Bien no es un Eido (εἴδω) cualesquiera, como la idea perfecta de "perro", la idea de Bien es la idea suprema en su teoría de las formas, ya que participa del resto de las ideas perfectas.

Una carrera tiene como objetivo la competición (en griego ἀγών, agón, de donde procede la palabra "agonía"). Se trata de ganar, de llegar el primero, de competir y agonizar para entrar en meta antes que los demás. En eso consiste una carrera y por tanto, sin más, correr bien, es correr de manera que se consiga ganar. Correr bien es correr para vencer. Rápido, o técnico, sufriendo o muriendo al cruzar la cinta de llegada. Si es una carrera, correr bien no puede ser otra cosa.

O no.

Platón señalando hacia el cronómetro entrando en meta
Correr lo más rápido posible para llegar el primero es uno de las planteamientos plausibles sobre lo que es correr bien. La idea principal y lógica. Por imitación (qué platónico estoy) con el corredor que más rápido corre, el ganador, correr casi bien o en cierta manera bien es correr lo más rápido dentro de lo posible, más rápido quizá que aquel con el que estoy "picado", más rápido que alguien (cualquiera, aunque sea el último) o más rápido que yo mismo otro día... correr rápido es correr bien y correr lento es correr mal. Esto tiene su lógica aplastante. Se trata de una carrera.

Pero desde este punto de vista, tomado en sentido estricto, solamente una persona consigue correr bien. Quien gana es quien únicamente corre bien, y no siempre, porque puede que no haga su mejor marca siendo ese su verdadero objetivo y, él mismo (o ella misma), su único rival si no hay nadie de su nivel. Desde esta óptica limitada todo el que no gana, fracasa. Las carreras de montaña son un fracaso colectivo para cientos de personas que participan en ellas. Son un enorme sinsentido salvo para quien pisa el podio.

Pero... ¿Qué pinta allí toda la gente que sabe que no tiene ninguna posibilidad de ganar? Quizá son más del noventa y nueve por ciento de quienes se reúnen bajo el arco de salida.

Bueno, hay cierto grado de consenso en que no. En que no solamente se trata de ganar. En que "competimos contra nosotros mismos". Que correr bien puede ser obtener un resultado que se desea y que supone un reto para quien lo plantea.

¿Dónde queda correr para estar con los amigos, para visitar nuevos lugares, disfrutar de la montaña, del "tercer tiempo"?
¿Solamente en los entrenamientos?

Pero, claro, eso da lugar al problema del límite. ¿Dónde se pierde el sentido de lo que es una carrera? ¿Dónde desaparece eso que los griegos llamaban agón, ese esfuerzo por mejorar, por conseguir lo que se busca? ¿Pasear cuarenta y dos kilómetros es hacer un maratón?. En ese sentido a muchas personas que acaban un maratón les parece que abrir los tiempos demasiado, permitiendo que alguien camine la mitad del recorrido y finalizando en seis horas, no es lo mismo que correrlo desde el principio hasta el final o que correrlo casi entero y andar quizá unos pocos kilómetros cuando "el tío del mazo" asesta un golpe como el del martillo de Thor sobre la serpiente Jörmundgander, a la altura del "muro", pero habiendo intentado, por lo menos, correr los cuarenta y dos kilómetros y pico de la distancia oficial.

No entremos en las motivaciones. Cada cual hace lo que hace por sus putas razones y, por un lado, no las sabemos y por otro, no podemos judgar si las nuestras son mejores. Lo digo porque este es el punto en que la gente se lanza a degüello de quien corre "mal" y busca razones y motivos bastante insultantes especulando más que aportando hechos. Lo cierto es que me importa una puta mierda muy poco la razón porque otra persona corre y me preocupa que haya gente tan preocupada por ello. Una herencia maldita de la psicologización de la sociedad en la que todo el mundo hace diagnósticos a los demás (y nunca a si mismos).

Pero claro. Entre ser el ganador y tomarse a pitorreo e ir de paseo y tomando cañas hay matices. ¿Cuál es el límite?

Pues no tengo una respuesta para eso, pero constato que, en general, cada cual tiende a poner el límite por detrás de si mismo. Casi todo el mundo considera que su obrar se ciñe al ideal, al buen correr. Quien hace un Gran Trail de Peñalara en veintidós horas, puede que considere que está en la misma carrera (o no) y haciendo lo mismo que quien lo hace en veinticuatro o veintiséis, pero nunca piensa "si me comparo con Kilian, Luisillo o Nerea soy un gusano de la misma especie que quien no pasa los cortes y no merezco que se considere que estoy corriendo, porque esto es arrastrarse". No. En general si ponemos una referencia de lo que está bien, esta se mueve entre los primeros clasificados y los que van un poco detrás de nosotros y despreciamos a quien, en el fondo, no va mucho más allá, pero poniéndonos por encima de ellos. Consideramos que estamos en la misma carrera y haciendo lo mismo que los que ganan, aunque estén seis horas por delante y nunca, haciendo lo mismo que a quien excluimos, solamente dos horas por detrás. Es naturaleza humana. Tenemos que prevenirnos contra ello y tratar de pensar objetivamente, sin caer en, como decíamos al principio, una discusión estéril sobre "quiénes son los míos" y atrincherarnos sin opción a cambiar de opinión o aceptar los matices y las razones de los demás.

Vamos, que no sé cuál es el límite, pero veo que tampoco nadie aporta mucho desde una argumentación constructiva. Solamente vaguedades y abstracciones.

Por cierto, que esto de hacer ejercicio con los músculos y ejercitar también "el celebro" lo podemos leer por primera vez en las obras de Platón, donde la mitad de las veces Sócrates, el protagonista de los diálogos, viene del gimnasio o va hacia él, o se ausenta un rato para hacer ejercicio. Es en Platón (antes que en el Juvenal de la mens sana) donde encontramos la importancia de hacer ejercicio para poder pensar bien y hacer una cosa y otra para ser feliz.

Para Platón el cuerpo es la tumba de la mente. El lugar en que está "secuestrada" y, por tanto, es importante mantener un "alojamiento" en las mejores condiciones posibles.

El cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce; el pensamiento son las riendas, y los sentimientos los caballos.
Platón 

martes, 30 de junio de 2015

GTP: de la Idea a la práctica

A cualquiera se le puede escapar una gilipollez...
...ahora, que el riesgo aumenta según lo gilipollas que seas.
Luis Arroyo, filósofo manchego y presidente de CxC.

La idea, por lo que me han contado, era hacer en Madrid, en la Sierra de Guadarrama, una prueba a semejanza del Ultra Trail del Mont Blanc. Crear un "ultra" que nos pillase cerca, nuestro, para poder disfrutar de todo lo que tienen que darnos nuestras queridas montañas, en un momento en el que había muy pocas pruebas similares en la Península y ninguna por el Sistema Central. Una idea que Felipe Trepariscos, una de esas voces que habíamos leído tantas veces en "los foros del atleta", materializó a través del centenario club RSEA Peñalara en 2010 y a donde muchos fuimos sin saber muy bien dónde nos metíamos mientras que voces más experimentadas cantaban prudencia. Algunas voces también cantaban cosas más feas, una especie de "fuera de aquí, no os queremos en este mundo, que es nuestro y solo nuestro", voces atragantadas de soberbia y antipáticas que el tiempo ha puesto en su sitio y que no querían que "entrásemos" en el selecto club de los ultreros algunos "paquetes"(con perdón) que estábamos deseando medirnos con un nuevo reto.

Salida del I GTP 2010, sin saber en qué nos metíamos. Me retiré en el Km. 90, la Casa de la Pesca,
con los pies como un par de pimientos fritos.
El arquetipo, el modelo, era el UTMB, la carrera de las carreras que nació en 2003 y da la vuelta al Mont Blanc siguiendo una ruta pensada para que los senderistas la transiten a lo largo de quizá siete jornadas tranquilas y que en menos de 46 horas hay que recorrer en semiautosuficiencia y en formato non-stop. Una prueba que, en principio, necesita una buena preparación específica, pero al alcance de muchos, ya que dan tiempos de corte que permite a cualquiera cumplir si anda deprisa las subidas y trota despacio los escasos llaneos y las bajadas. Si además no te duermes en los laureles cuando llegas a un avituallamiento, incluso puedes ir creando un pequeño margen para cuando te haga falta aunque tu ritmo sea el de un percherón. La dificultad, con el entrenamiento adecuado, es más bien psicológica. La capacidad de aguantar la segunda noche, resistir la tentación de quedarse en un refugio caliente en vez de salir a los fríos Alpes a seguir sufriendo durante horas y horas.

II GTP 2011, subiendo el Reventón en buena compañía. El año que ya no se resistió la prueba y
pude terminarla, a pesar de un calor infernal.


El modelo del GTP es el UTMB.

Para Platón (hoy os cuento un poco de las ideas de Platón, pero poco, para que volváis a por más otro día), la relación entre un concepto y los objetos que caen bajo su definición es la que hay entre un modelo, un arquetipo, una idea (eidos) y los objetos del mundo que son una "imitación", un reflejo, una sombra, de esa idea perfecta. Todos los perros del mundo lo son porque caen bajo el concepto del perro ideal (lo explico desde nuestro enfoque lingüístico, Platón no lo haría así). Pero además el arquetipo no es una construcción mental, sino algo que tiene existencia efectiva. Arque-tipo está compuesto por la palabra griega que significa principio, origen, arché (αρχή) y "Typos" (τυπος), impresión (como la impresión de un tipo móvil en una hoja de papel en una imprenta). Arquetipo viene a significar "molde original", el recipiente vaciado que sirve de "canon" al metal líquido para fabricar muchas cosas iguales cuando se enfría dentro de ese recipiente. Si un montón de cubiertos de metal se parecen entre si hasta el mínimo detalle, eso permite deducir que existe un molde. Si distintos libros tienen impresos en tinta los mismos caracteres, hasta el último detalle de cada página, quizá salieron de la misma prensa.

Me gustaría pensar que en el Mundo de las ideas, el molde de los ultratrails tiene una forma que incluye cierta "suavidad" para los que corremos despacio.

Hoy vivimos en un paradigma, en un conjunto de creencias, mucho más "nominalista" y aristotélicas que considera que los "modelos ideales" pueden estar en nuestra mente, no necesariamente existir con independencia de nosotros, pero aún así quedan resquicios en la ciencia por donde se cuela el platonismo, especialmente en las matemáticas, cuando encontramos patrones que se repiten en distintos sistemas y "objetos matemáticos" que obligan tozudamente a las cosas del mundo a actuar según las leyes que les imponen.

IV GTP 2013, de escoba. No tenía ni idea que esto cansaba mucho más que participar
en el Gran Trail de Peñalara como corredor.
Desde luego para Platón, el GTP y el UTMB serían, si acaso, avatares del un "Ultratrail perfecto" que no puede existir salvo allí donde existan las ideas perfectas, que no es en este mundo en cualquier caso. Platón las situaba "más allá del cielo" (topos superuranos).

Es inevitable especular después de la carrera cómo nos habría gustado que fuese. Cómo podría mejorar, cómo debería organizarse. Es muy fácil ponerse en el lugar del organizador sin sentir la presión de "armar" todos los elementos del puzle de la mejor manera posible. Eso lo sabemos y respetamos.

Pero eso no quiere decir que no tengamos derecho a dar nuestra opinión si pensamos que la carrera ha perdido algo importante.

Los tiempos de paso de este año, en especial el de la Morcuera, eran muy exigentes. Mucha gente no los pasó y mucha gente que pasó el de las nueve de la mañana lo pasó a un alto coste que pagaría más tarde.

El GTP era una carrera que empezaba de día y daba más tiempo para pasar los primeros cortes, cada vez se va haciendo más larga, más técnica (se pasa dos veces por claveles) y con tiempos de corte más exigentes y con dos horas menos para acabar que, eso si, casi nadie necesitaba y me parece bien que hayan recortado. Doy fe que los tiempos de paso son más duros que los del Ultra Trail del Mont Blanc, el modelo original.

Fue una carrera dura. Disfrutamos muchísimo de una noche cálida y despejada que nos permitió ver incluso un meteorito cruzando el cielo mientras se quemaba con parsimonia y dejando una estela verde a su paso muy impresionante. Subiendo la Morcuera sufrimos más de lo necesario quizá por culpa de algunos calambres y, por supuesto, por unas prisas que no debían ser necesarias para una carrera para la que daban veintiocho horas para acabarla y pasamos el corte por solamente cinco minutos de margen, aunque por detrás de nosotros habíamos dejado mucha gente que estaba en buenas condiciones para acabar la carrera (y que no llegó).

La mañana nos exprimió las energías bajando a Rascafría cuando ya habíamos forzado la máquina más de lo conveniente para pasar el duro control anterior.


Nos tuvimos que conformar con 76,1 kilómetros y 4.386 D+
La subida al Reventón, como ya sabíamos, era dura y exigente por el calor, pero la triste sorpresa fue que nos dijeron, al llegar al desvío hacia la Granja, que se cerraba el control en Peñalara a las 17:30 para los corredores de la carrera de ciento quince kilómetros, algo que nos confirmó el voluntario hablando por teléfono con el responsable del control de la cima.

Esto no lo ponía en ninguna parte, caramba.

Aunque teníamos tiempo de sobra de subir a Peñalara y bajar a la Granja en tiempo para pasar el siguiente corte que figuraba en la página web, a las ocho y media, y fuerzas seguramente para acabar la carrera llegados a aquel punto, la perspectiva de subir corriendo la cresta de Claveles para pelearse con alguien que no nos iba a dejar "fichar" nos terminó de derrumbar y enfilamos hacia abajo, penosamente, el largo camino de la retirada.

Es una pena. La carrera ha puesto un listón muy alto que nos deja fuera a una gente, o nos pone unas condiciones que impiden que podamos disfrutar: Vimos menos gente que otras veces alegre, disfrutando, en grupos, charlando. Por supuesto que había. Pero también mucho "gilipollas" que ni devolvía el saludo. Pocos "finishers" y cada vez más "paleoultramegaespartanos" que van con gesto torcido y hasta dieron malas contestaciones a las voluntarias, según nos consta, en la Barranca.

Creo que hacer una carrera que deja fuera de las posibilidades de acabarla disfrutando a un porcentaje significativo de sus tradicionales corredores... es una pena. Yo creo que no se debería sacrificar eso, sino ajustar los tiempos de corte para que se puedan pasar con comodidad por parte de quien acabe la prueba en el tiempo que dan para hacerla, veintiocho horas. Eso implica al menos media hora más en el puerto de la Morcuera si la carrera empieza por la noche y flexibilizar (y no al contrario) los pasos intermedios si por razones ajenas a la voluntad de la organización, como es el caso, hay que desviar el recorrido, por ejemplo, haciendo pasar a la gente dos veces por la Cresta de Claveles.

Sabor agridulce de una carrera que hemos disfrutado mucho a pesar de la retirada en la Granja (por cierto, que grandes los Locos del Cerro, unos cracks). Que discurre por nuestros lugares de entrenamiento y que parece que elige dirigirse a otro perfil de corredor ya que el nuestro, el de los trotones, empieza a estar en peligro de extinción.

Esperaremos ansiosos poder volver a participar si las condiciones son tales que nos permita acabarla y que no sea un completo calvario hacerlo. Entrenaremos más y mejor y esperaremos con ilusión que se organice una carrera en la que se piense con más indulgencia en las personas que podríamos acabarla con un margen de veinticuatro a veintiséis horas, no pedimos mucho más.

Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro.
Platón

jueves, 25 de junio de 2015

GTP: El Gran Banquete

«El glotón es el sujeto menos estimable de la gastronomía, porque ignora su principio elemental: ¡El arte sublime de masticar!»
Honoré de Balzac
Según Robin Hood, que ha prometido escribir en algún momento sobre ello (lo esperamos con ansia viva), la vida es como un gran banquete.

La metáfora del banquete es potentísima, porque hay muchas formas de organizar y disfrutar de un banquete. Hay muchas más de arruinarlo, tanto el contenido material del mismo, la comida, como el clima necesario para celebrar. Hay muchas formas de vivir la vida y también de desperdiciarla. Por supuesto lo principal es el tener buenas o malas cartas en la partida, pero también saber valorar y disfrutar de lo que se tiene cuando se tiene. Ya decía Ferran Adrià que «Una buena sardina es mejor que una mala langosta» y una gran fuente de infelicidad en esta vida es desear lo que no se puede comprar o andar comiendo langostas en mal estado, para aparentar, en lugar de unas deliciosas sardinas.

En esta vida hay quien se atiborra de patatas fritas con ketchup y se niega a probar el sabor delicado de unas verduras a la parrilla, o que se mete entre pecho y espalda un atracón de pasta hervida con un chorro de aceite, como hacen muchos corredores antes del maratón, sin darle una oportunidad a una musaka de berenjena y calabacín rellena de espinaca, pasas y piñones. Hay ciclados de la vida que mantienen una dieta monótona a base de lechuga, pollo con arroz y tortillas de claras de huevo, al estilo de los más cachas del gimnasio macarra del barrio que imagino siguiendo las directrices de un superentrenador, tan cargado de musculosos pectorales como de prejuicios e ignorancia nutricional que "suplementa" haciendo de comercial de batidos de proteínas y esteroides anabolizantes y que probablemenete acabarán dejando el hígado de sus pupilos más graso que el de un pato de Périgord.

Foto: Wikimedia Commons
La vida o la inteligencia suelen ser desperdiciadas en recorridos y en tareas que "cuecen y no enriquecen". La diferencia está entre un arroz hervido sin sal y una paella valenciana de marisco con garrafon en su punto, entre un san jacobo precocinado y ultracongelado sumergido en aceitazo requemado en una freidora o, por el contrario, acompañarse un cachopo asturiano casero de un buen pan, de esos con la miga firme y un poco de sabor a la leña del horno en que se acaba de cocer y quizá con una belga tipo amber ale, un "pan líquido", que por esa vía entró la cerveza en la Regla Benedictina con tan excelentes resultados.

Uno de los textos más conocidos de Platón, El Banquete, no habla sobre estas cosas de alimentarse, no mucho al menos, o no de este tipo de alimentos del cuerpo, sino de lo más importante de la vida, lo que alimenta el alma. Quizá lo único importante. Aquello por lo que la vida merece ser vivida.

Aquí, Platón, aquí, unos amigos...
Si la vida es un banquete, el ingrediente imprescindible en él es el amor en todas sus facetas.

Atendiendo a la propuesta del maestro Spanjaard, que ha alcanzado ya el punto de estar horrorizado por mi absoluta falta de esfuerzo por disimular que esto es un blog sobre filosofía, por lo espeso de algunas entradas y por tener que hacer scroll con el ratón hacia abajo por la página en búsqueda de algo que haya sugerido implícitamente con el título o quizá con alguna imagen (inútil ejercicio, probe homre), después de cerciorarse de que aquí no se habla casi nunca de algo que tenga remotamente que ver con carreras, vamos a iniciar, a modo de experiencia, siguiendo una sugerencia suya, un breve ciclo sobre un autor en concreto, Platón, que vamos a denominar:


Empezando, con la excusa del Banquete, con la primera etapa productiva de Platón, el Platón "juvenil".

En esta parte de su vida y obra nuestro autor escribe la "Apología de Sócrates" y "El Baquete o de el amor" (en Griego symposion, cuya etimología es "beber juntos"). Nos encontramos con un joven filósofo fuertemente influenciado por la personalidad de su maestro Sócrates y muy afectado por haber presenciado como aquel era condenado a muerte por aquellos (la casta de la época) que pueden temer que un anciano pregunte por las calles qué son las cosas con una gran dosis de ironía. En cierta medida se ha considerado siempre que estas obras reflejan más el pensamiento socrático que las ideas que desarrollará con el tiempo el propio Platón, pero este punto es difícil de determinar porque su maestro nunca escribió ningún texto propio con el que comparar.

También es importante saber que de Platón solamente conservamos sus obras exotericas.

Si, sus obras exo-tericas, es decir, escritas "para los de fuera", para el público no iniciado. Obras que tienen un fuerte carácter divulgativo y tratan de hacer fáciles las ideas del autor a quien aún no conoce en profundidad su sistema filosófico. Lo contrario de las obras esotericas que conservamos de su discípulo Aristóteles, mucho más difíciles de leer, poco más que los apuntes internos de los discípulos más aplicados del Liceo, su escuela, llenos de vocabulario técnico "aristotélico" y en los que se da por sabido mucho para poder profundizar, desde ese punto, en cuestiones más difíciles.

Debido a ello nos es difícil precisar cuanto de Sócrates hay en Platón e incluso cuanto de Platón hay en Aristóteles, aunque la ortodoxia haya enviado un mensaje simplificado del pensamiento de este increíble trío sin el cual la historia de la humanidad hubiese sido muy diferente. En cualquier caso parece obvio que el pensamiento de Parménides y de la escuela de Pitágoras fueron una influencia determinante en el pensamiento platónico.

El platonismo será una forma de percibir el mundo que creará una tradición que va a través de los siglos, en los escritos de otros pensadores como Filón de Alejandría, Agustín de Hipona, René Descartes, Hegel... y hasta la actualidad. Mientras, otra tradición que arranca en Aristóteles y pasa por Guillermo de Ockam, David Hume y Wittgenstein, mantiene vivos los antiguos debates aunque hayan sido reformulados. Quizá ahora no se discute si existen "Ideas" de las que los objetos del mundo son reflejo, o si estas Eidos son los "Universales" que están en la Mente de Dios. Pero si se discute si para que una máquina tenga una conducta indistiguible de lo que denominamos una conducta inteligente es necesario recurrir a una "emulación" mediante Redes Neuronales Artificiales o se deben escribir las lineas de código necesarias en un lenguaje de alto nivel para después compilarlas y ejecutarlas en una máquina (coputadora) lo suficientemente potente. La discusión en juego, muchas veces depende de si concebimos el mundo con una serie de objetos dentro de él o como meras construcciones mentales de los animales humanos. Típicamente, los objetos de las matemáticas.

Aquí lo dejo por ahora. Una pildorilla para empezar, que como en la gastronomía, lo poco gusta y lo mucho cansa.

La semana que viene,... ¡hablaremos del GTP! ¡Prometido!

Fotografía: Raúl Martínez
Ciertamente, viendo la filosofía en un joven me complazco, me parece adecuado y considero que este hombre es un ser libre; por el contrario, el que no filosofa parece servil e incapaz de estimarse jamás digno de algo bello y generoso. Pero, en cambio, cuando veo a un hombre de edad que aún filosofa y que no renuncia a ello, creo, Sócrates, que este hombre debe ser azotado. Pues, domo acabo de decir, le sucede a éste, por bien dotado que esté, que pierde su condición de hombre al huir de los lugares frecuentados de la ciudad y de las asambleas donde, como dijo el poeta, los hombres se hacen ilustres, y al vivir el resto de su vida oculto en un rincón, susurrando con tres o cuatro jovenzuelos, sin decir jamás nada noble, grande y conveniente.
Platón, "Gorgias".

jueves, 18 de junio de 2015

Exámenes finales

«La verdadera bondad humana, con toda su pureza y libertad, puede ponerse en primer plano sólo cuando su receptor no tiene poder. El verdadero examen moral de la humanidad, su examen fundamental (que yace enterrado profundamente lejos de la vista) consiste en su actitud ante esos que están a su merced: los animales. Y en este sentido la humanidad ha sufrido una derrota. Una derrota tan fundamental que todas las demás provienen de ahí».
Milan Kundera
Arco de salida del Gran Trail de Peñalara. Veintisiete de junio de dos mil quince. La semana que viene.

Miras alrededor, apoyado en una columna del pasillo, cerca de la puerta cerrada del aula a punto de abrirse. Hay una chica mordiéndose las uñas, moviendo los pies involuntariamente e inconscientemente con gestos nerviosos mientras desliza su vista rápidamente sobre unos esquemas y se aísla del mundo con unos auriculares conectados al móvil. El último repaso antes del examen. Nervios. Se trata de ocupar la mente en algo hasta el momento en que empiece la prueba. En realidad, el alivio de ocupar el tiempo apenas compensa el hecho de que cuanto más repasa, más ansiedad le genera la sensación de que no ha estudiado suficiente, de que ha olvidado todo. Ayer estuvo hasta tarde, haciendo oídos sordos a los consejos de la prudencia que recomiendan descansar los últimos días y llegar frescos al momento señalado. Cuando se fue a la cama a tomar un sueño reparador, casi a las dos de la mañana, la presión de jugárselo todo a una sola carta, la activación que produce el cansancio, la información aún semidigerida dando vueltas en su cabeza... hizo que le costara dormirse. Tiene la sensación de que el despertador ha sonado apenas ha cerrado los ojos y que su madre, siempre pendiente estos días del final del curso, la ha arrojado al mundo sin piedad, con el estómago un poco revuelto por la falta de sueño y las mariposas que en él aletean y un leve dolor de cabeza y mucho sueño que convive, perfectamente, con la adrenalina propia del examen. Tan pronto como empiece a escribir se le pasará y entrará en un estado de trance creativo que le durará hasta cinco segundos después de entregar los folios escritos a la profesora.

Todo preparado para empezar la carrera
Desde la columna que está siendo sujetada al edificio por el contrafuerte que es mi persona apoyada en ella veo también, al otro lado del pasillo, grupos de gente charlando y bromeando. Hay quien se enfrenta al ejercicio aparentemente con el estado justo de tensión. Sin embargo veo al empollón diciendo que no ha estudiado y que va a suspender. Nadie le cree y él jura sinceramente que no viene preparado al examen. Nadie sabe la angustia que le supone el tener la certeza de no poder mantener el nivel de exigencia que se marca y la poca confianza que tiene en sus resultados del pasado. También está el buscavidas que va a tratar de sacar los apuntes, sin nada que perder, cree él. Hay estudiantes que dan paseos y desarrollan pequeños rituales compulsivos personales, ritos que han ido adquiriendo durante su larga vida de estudiantes, durante toda su vida en realidad. Yo también tengo mi ritual. Observo cómo se comporta la gente antes de entrar en un examen. Me distrae y relaja. No me preocupa ahora mismo demasiado la nota que pueda sacar. Lo que he he estudiado está ahí listo, en alguna parte de mi alma, dispuesto para salir y tratar de hacerlo lo mejor posible... con lo que llevo. Mucho o poco. Minutos antes del examen ya está la suerte echada. Alea jacta!

El momento se acerca. Los nervios te hacen temblar de excitación (¿o de miedo?). La carrera que es el gran desafío anual, de esas que nunca sabes si vas a poder acabar, está a una semana vista y tus recuerdos y sensaciones de estudiante extunante te asaltan. Llega el momento de recoger los resultados del esfuerzo o de pagar por los errores cometidos. De asumir, como se debe hacer siempre antes de un examen, que tienes que hacer lo que buenamente puedas con lo que llevas.

Qué gusto da aprobar 
Pero a estas alturas, después de suspender muchas veces, de repetir cursos, de dar con buenos y malos profesores y acabar por considerarme a mi mismo el último responsable de mi educación. Después de haber sido un fracasado escolar y haber abandonado los estudios para trabajar con tan solo la educación primaria finalizada en mi currículo académico, después de haberme arrancado los complejos estudiando por el placer de hacerlo, me importa ya muy poco tener un diploma si detrás de él no hay un aprendizaje que me ha enriquecido. Como me importa poco o nada el puesto en que llegue en la clasificación o si en la bolsa del corredor me dan unos calcetines de regalo. No me importa suspender e ir a septiembre cuando he estudiado y he preparado bien una asignatura. Lo importante es lo que aprendes y el esfuerzo que has hecho. Lo que te llevas es lo que has aprendido aunque no lo certifique una nota en un listado. El resultado depende muchas veces de la suerte y, siempre, lo invertido no se pierde, queda para la próxima ocasión si es necesario.

Pero ahora, toca intentarlo, toca ir a recoger la cosecha.

"Nadie educa a nadie —nadie se educa a si mismo—, los hombres se educan entre si con la mediación del mundo.".
Paulo Freire, Pedagogia do oprimido