jueves, 12 de febrero de 2015

Tontos y listos

"Condicionamos a las masas de modo que odien el campo —concluyó el director—. Pero simultáneamente las condicionamos para que adoren los deportes campestres. Al mismo tiempo, velamos para que todos los deportes al aire libre entrañen el uso de aparatos complicados. Así, además de transporte, consumen artículos manufacturados"
Un mundo feliz.
Aldus Huxley
Ayer hablábamos (es un decir) de Gente lista, como Alan Turing, y de gente tonta (eso ya sin dar nombres). Gente que usa su inteligencia como la usaba Turing, que viendo un galimatías aparentemente indescifrable era capaz de imaginar un mensaje posible y reconstruir la "ruedecita" que debeía ir inserta en el aparato de codificación que lo había generado por medio de un algoritmo de doble vía. Él, en un salto intuitivo inimaginable para cualquiera de nosotros, pudo reconstruir los algoritmos mediante ingeniería inversa, pero lamentablemente no usó nunca su inteligencia para caer bien a los demás, para no meterse en líos sociales, para gestionar bien sus emociones y para ser una persona feliz.

La máquina "Enigma"
Todo el mundo, en mi modesta opinión, es más o menos igual de inteligente. Apreciamos diferencias porque estamos inmersos en el día a día dentro de una especie animal y una sociedad en la que las pequeñas diferencias nos resultan significativas. Significativas para nosotros. Más significativo me parece el uso que se da a esa inteligencia, como se invierte la capacidad de cada uno. La "cantidad almacenada", en el improbable caso de que pudiéramos pesar el pensar de una forma adecuada, no nos indicaría si esa inteligencia se desperdicia o fracasa vilmente.

La mayoría de las personas con discapacidad intelectual, por ejemplo, que consideramos poco inteligentes manejan el lenguaje con facilidad, a un nivel imposible para cualquier máquina programable o para cualquier otro animal distinto del ser humano. Es una situación similar a cuando nos parece que unas personas son mucho más fuertes que otras. No tenemos en cuenta que las mínimas diferencias que pueda haber entre dos seres humanos (no digamos con una máquina) no son significativas si se comparan con la fuerza que puede desarrollar una ballena jorobada o un liopleurodon (ver imagen más abajo del bicharraco). Simplemente las personas usamos o desperdiciamos o atrofiamos nuestra inteligencia potencial en cosas distintas y con distinta valoración social. Por ejemplo, alguien que usa su inteligencia para diseñar ordenadores y que, con ello gana ingentes cantidades de dinero (Steve Jobs), es mucho más valorado y reconocido socialmente como un "genio" que alguien que desarrolla un sistema operativo libre (Richard Stallman), entre otras cosas porque medimos la genialidad según un estándar de "dólares ganados".

Imaginen ustedes la fuerza de un bicho capaz de zamparse una racioncita de elefantes en brochette
A continuación traten de mover, contra su voluntad y sin usar herramientas,
a una vaca o a un burro, que no son mucho más grandes que nosotros.
Con el tiempo una carga de cinismo se va adhiriendo a nuestros pensamientos. ¿Hay "listos" interesados en que correr esté de moda, como cínicamente nos señala Huxley en Un mundo feliz? ¿A quién y por qué puede molestar?

En principio quienes pueden ser reacios a la popularización una actividad tan inocua pueden ser, por un lado, quienes se sienten cuestionados o culpables porque mantienen una vida sedentaria. Por otro lado, quienes crean que pierden la exclusividad y diferenciación que les aportaba correr. En ambos casos estaríamos hablando de reacciones a nivel psicológico de individuos, con toda la variabilidad y complejidad posible que puede haber entre dos seres humanos cualesquiera. Será difícil de aceptar en uno mismo uno de estos posicionamientos pero podemos tranquilizarnos pensando que "son los otros" los que reaccionan de una manera tan, por otro lado, humana. Si una persona con una vida sedentaria se siente cuestionada puede reaccionar con un chiste fácil del tipo "correr es de cobardes" o si siente que han llegado nuevas generaciones que le han quitado el juguete con un "no tenéis ni puta idea, lo de antes si que era correr".

Tampoco olvidemos que cuando hablamos de "la moda de correr" hablamos de un significativo aumento de personas activas en nuestro país en los últimos tiempos, de una tendencia que es esperanzadora pero muy minoritaria. La mayoría de la sociedad sigue manteniendo patrones de conducta muy sedentarios. No hay tanta moda.

También con cierto fundamentum in re, puede molestar esta "moda" a quien se pueda sentir molestado o estorbado por la actividad del corredor: paseantes de perretes mal educados por sus dueños (con la mayoría no hay problemas), ciclistas y patinadores en sus cotos (o fuera de ellos, pero como con los dueños de perretes, con la mayoría no hay ningún conflicto) y hablando de cotos... no, de los cazadores hablamos otro día. El tema de la caza es para otra entrada.

Nadie piensa de si mismo que es un monstruo vanidoso "que se mola cantidad" o una criatura vaga y perezosa. Sin embargo conocer un poco más al ser humano que somos nos ayuda a profundizar en la naturaleza humana en general dado el supuesto que hemos asumido de que los seres humanos somos, fundamentalmente, parecidos. Cuando nos idealizamos a nosotros mismos como ángeles incapaces de sentir envidia, de ser vagos, de ser irracionales, de ser narcisistas, nos ponemos una venda a la hora de comprender mejor el mundo. Es por esto, en mi opinión, que la ironía es la más poderosa arma que Sócrates pone en manos de la filosofía. La capacidad para burlarse de uno mismo y de los otros seres humanos (por extensión) es lo que nos sitúa en el estado mental adecuado para abordar cualquier investigación.

(c) CC Ernst Vikne from Skien, Norway
El jogging, un movimiento de los años setenta, a estas alturas, sólo puede estar corrompido por las élites, o desaparecido. Corrompido como partidos y sindicatos organizados en aquella época o desaparecido como los movimientos vecinales coetáneos de los extrarradios de las ciudades o los "curas rojos" en la Iglesia Católica a la Romana.

¿Qué quiero decir?

Quiero decir que los seres humanos no son ángeles. Que donde hay dinero y reglas de juego que permiten ganarlo nadie va a añadir más reglas que limiten las ganancias. Lo de la "ética en los negocios", dejada a la buena voluntad de quienes los hacen, es... una estupidez. Lo digo así de brutalmente. Si alguien piensa que los organizadores de carreras como la San Silvestre Vallecana deben ser quienes velen por garantizar que se conserve el espíritu de la prueba deportiva popular, está poniendo a los perros a guardar la longaniza. Es como si a los bancos no se les pone límites a la hora de hacer negocio especulando con los créditos hipotecarios. Lógicamente cualquier contrato con, o permiso de, la administración para realizar eventos deportivos debe estar guiado por un buen criterio y por el sentido común. Por la honradez y profesionalidad de los políticos, eso que tanto echamos de menos. Parece de simple, estúpido, nuestros representantes, que por eso les pagamos y para eso existen, deben ganarse el sueldo, entre otras cosas, dando directrices y vigilando que se cumplan. Regulando que no sea un egoísmo inteligente la lógica de cualquier negocio.

Existe marketing verde que nos vende cualquier cosa como ecológica, marketing social que nos coloca cualquier servicio como imprescindible para salvar el mundo. Cualquier producto alimenticio se vende como saludable, nutritivo y hasta medicinal. Los medicamentos se venden como alimentos (¡Fácil de tomar! ¡Masticable! ¡Sabor cola ácida!) y los alimentos como medicamentos (¡Protege tu corazón! ¡Mejora tu tránsito intestinal! ¡Refuerza tus defensas!) todo ello ante la mirada de indiferencia de las autoridades sanitarias y de aquellas que deberían velar por los derechos de los consumidores. Lógicamente cualquier marca que entra a crear un evento deportivo o gestionar uno existente, a vender productos relacionados con la actividad física, se encuentra con un ecosistema legislativo absolutamente favorable para contarnos cualquier cosa y colocarnos su mercancía y con una clase política predispuesta a permitir que se haga negocio a cualquier precio... o a veces a un precio... precisamente.

Cualquiera que haga negocio con esto, quiere que correr esté de moda. Y entre gente honrada, mucho "listo" también.

El problema es que quien se cree listo, cree que los demás somos tontos. El que se salta la cola en el supermercado, el que se mete en un atasco en el último momento para no esperar, está convencido de que los demás no lo hacen porque no se les ha ocurrido, porque esa persona que tienen delante es menos "lista" que ellos. El que me dice que la nueva tecnología incorporada a su zapatilla me va a hacer volar, quien me dice que una carrera por asfalto de diez kilómetros no se amortiza vendiendo los dorsales a veintitrés euros, quién llama a plataformas de voluntariado social para conseguir mano de obra gratis para su carrera... se sitúa a si mismo por encima de los demás. Nos tratan como si fuésemos, además de fácilmente engañables (que lo somos), como tontos porque ellos son listos.

Lo peor de insultar la inteligencia de la gente es que difícilmente perdonamos la afrenta, porque somos así de limitados.

"Nunca odies a tus enemigos, afecta tu razón." 
Michael Corleone. 
El Padrino III


viernes, 6 de febrero de 2015

Listos y tontos

"Los tontos se repiten todos los días... ...como el ajo"
Anne Marie Genevieve Souplet,
filósofa francesa contemporánea.
Estuve viendo el otro día la película basada en la vida de Alan Turing. No sé si recomendarla. A mi me gustó porque me pareció que cuidaba algunos detalles y guiños, y por lo menos no escondía su homosexualidad como en la lamentable "Enigma" de 2002, un insulto revisionista gratuito a la memoria del genio. Añadía la nueva versión, eso si, muchos elementos de cosecha propia. Se echan de menos también varias cosas como la deuda que tiene el mundo con los criptoanalistas polacos que hicieron buena parte del trabajo (¡Oh padres Lukasiewicz y Tarski, perdonadlos!). No aparece el 75% de mujeres que trabajaba en las oficinas de desencriptación, no solamente "secretarias", sino muchas buenas matemáticas. No mostraba tampoco la personalidad tímida y amanerada del genio, ni su tartamudez.

La película no mostraba que, además de un excelente corredor de la milla, a menudo hacía tiradas largas entrenando desde Londres a Bletchley Park, a unos sesenta kilómetros y siempre que podía se metía buenos tutes corriendo por el campo. Estaba fascinado por los maratones, una de sus grandes pasiones. Llegó a correr un maratón en 2 horas y 46 minutos y aunque hoy nos puede parece una marca modesta (para la élite), en aquellos tiempos no lo era tanto y mucho menos para un corredor "popular". El Argentino Delfo Carrera ganó el maratón olímpico con 2 horas 35 minutos en 1948. De hecho Turing estuvo preparándose con la intención de competir con el equipo británico en esas mismas olimpiadas, aunque una lesión frustró su intento.

¡Demonios!, Turing era uno de los nuestros. Aunque no voy a decir lo que "somos..." para que Luis Arribas no nos complete la frase.

Alan Turing, el matemático, dándolo todo
Aparte de ser la persona que mayor contribución individual hizo para la derrota del fascismo durante la Segunda Guerra Mundial desencriptando las claves de comunicación nazis (algo que le agradeció el estado británico condenándole a castración química por el delito de su homosexualidad y que le llevó al suicidio si no es verdad que los servicios secretos "le suicidaron"), Turing hizo tres grandes aportaciones a la historia de la computación. Por un lado diseñó los primeros ordenadores programables, herederos de los cuales son esos milagros de nanotecnología que llevamos en los bolsillos y que sirven para compartir fotografías de gatitos (en el mejor de los casos). Quizá los seres humanos no merecemos más y, como opinó hace poco Fran Delgado, hay que empezar de nuevo desde cero con escolopendras (yo no soy tan radical, creo que cualquier miríapodo podría servir). Por otro lado, en respuesta a la cuestión de si las máquinas podrían pensar, definió el concepto de "Máquina de Turing", lo que hoy llamamos un ordenador y con las mismas estableció si una máquina puede resolver problemas y de qué tipo y en cuanto tiempo. El "cuanto tiempo" es importante. Es la tercera aportación.

Cuando un ordenador inicia una tarea, aunque disponga de un algoritmo capaz de resolverlo, es decir, que el problema sea computable y resoluble por un procedimiento estandarizado general de resolución de problemas programable en una máquina de Turing, no se puede saber a priori el tiempo que tardará en dar la solución, acabar. Es el "problema de parada". Consiste en que si una máquina tarda un tiempo finito, por ejemplo, un segundo, no le damos importancia, pero cuando tarda "otro tiempo finito distinto", un millón de años por ejemplo y, antes de que transcurra ese millón de años, no sabemos cuando va a acabar, resulta levemente enervante. ¿Me preparo un café? ¿Me voy a casa y vuelvo mañana? ¿vuelvo dentro de un millón de años? Más pronto que tarde el ordenador "colgado" se convierte en el objeto de nuestra ira (y no la estructura matemática del Universo, echadle la culpa a que existan enunciados formalmente indecidibles en los Principia Mathematica y sistemas afines).

Para Turing la pregunta sobre si las máquinas pueden pensar tiene dos imprecisiones que la convierten en una pregunta trampa. La primera es que es muy difícil definir qué es pensar. La otra es la definición de qué es una máquina. A la segunda pregunta responde con una definición arbitraria que da lugar al concepto de "Máquina de Turing", sobre la primera cuestión niega la posibilidad de definir algo con lo que no podemos tener experiencia directa. Efectivamente. Podemos asistir a los efectos de esa causa. Podemos ver "conductas" pero no pensamientos. Solamente cada cual tiene contacto con su propio pensamiento, pero no con el de los demás. Quienes confunden "cerebro y mente" tienen que entender que la relación entre ambas es la que hay entre "ver y ojo". Se puede ver un ojo, no se puede ver "el ver", por lo menos no el de los demás, solamente el nuestro ver propio. Solo vemos nuestro pensar y las conductas producidas por el pensar ajeno.

Metáfora del precio del dorsal de algunas carreras
A menudo se define la inteligencia como capacidad para resolver problemas, para adaptarse al entorno en definitiva, si hablamos de animales.

La idiotez, como hemos estado meditando esta semana por el "caralibro", la estulticia, la borreguez, la tontería, se detecta con facilidad en quien siempre aplica las mismas soluciones que no funcionan a los viejos problemas, los que pillan la linde, la linde se acaba y... ellos siguen. Los que siempre hacen lo mismo y no cambian. Los que cuando llegas el lunes piensas ¿será hoy distinto? y no, vuelven a su monótono ser.

Siempre nos queda depositar nuestras esperanzas en las escolopendras o los robots positrónicos.








viernes, 30 de enero de 2015

Correr está de moda

Rechazo el narcisismo, pero apruebo la vanidad
Diana Vreeland

Todo el mundo quiere ser, existir, vivir. No estoy hablando de instinto de supervivencia, aunque quizá haya algún tipo de vinculación en la génesis de esta necesidad de ser un individuo, una individualidad, una persona distinta de las demás y, por otro lado, el meramente "ser", resistirse a la muerte. Quizá. Todo el mundo necesita ser un individuo, diferenciarse, sentirse alguien y esta necesidad, este impulso, es uno de los pilares en la construcción de nuestra identidad. El otro motor de la identidad es sentirse parte de un grupo, de una colectividad, pertenecer a un gremio, a un país, a una tribu. Ahora que lo pienso, no tener identidad es, un poco, no existir, estar muerto, lo que explicaría la presencia entre nosotros de zombis cuya existencia cotidiana es no tener identidad, desfilar uniformados, unirse al rebaño. Repetir los patrones mayoritarios, los esquemas impuestos por "lo que se espera de ellos/ellas", sin apartarse una pizca de lo que otras personas han decidido que es lo correcto. Quien no puede apuntalar su identidad siendo distinto, quizá porque no da de si, tiene que disolverse en la pertenencia a lo que le proporcione la identidad. Si no puede improvisar un papel en la obra de teatro que se desarrolla a nuestro alrededor, siempre se puede acudir al karaoke a que te digan que tienes que decir.

"Él piensa por ti para que tú no pienses nada, con un cerebro sobra para toda la manada" Def Con Dos
Ese deseo de diferenciación tan profundo. De desempeñar un papel, un rol, en un grupo al que se pertenece, la necesidad de no ser considerado un ser vulgar, alguien que hace lo mismo que todo el mundo, sino que se es "especial", que es distinto, lleva a que a menudo se intente escapar de la moda imperante en la medida de lo posible. Digo "intentar" porque es francamente difícil hacerlo. En parte porque los criterios estéticos de una tendencia mayoritaria nos alcanzan desde un nivel no del todo consciente, bajo la linea de flotación de nuestro entendimiento, en ese coladero a nuestra mente que es "lo que percibimos sin darnos cuenta de que lo percibimos".

Por otro lado se puede demostrar matemáticamente que los que intentan ser distintos se acaban pareciendo entre si. Mirad la "moda" hipster de los que no quieren ir a la moda. Cada vez son más y más parecidos.

¿Hablarían en el siglo VIII antes de nuestra era de "la moda de correr" en Grecia?
Es por eso que esquiar era, en un momento de nuestra historia, algo que proporcionaba "exclusividad" y diferenciaba del resto. Una diferenciación basada en el poder adquisitivo de quien podía esquiar y quien no. Pero cuando se pierde esta exclusividad, de pronto, todo el mundo se calza un mono acolchado como un edredón, se pone en los pinreles unas tablas y se agarra a un par de palillos para ser arrastrado por el remonte de una ladera de la montaña y, a continuación, dejarse caer por ella y divertirse (no confundir esta "actividad al aire libre" con el deporte que es el esquí de travesía o el de montaña). Cuando se llega ese punto, cuando ya no es exclusivo lo que haces, quien quiere ser distinto no usa mono, sino que se pone unos vaqueros, no usa esquíes, sino una tabla de snow y, en lo posible, adopta una estética grunge. Es eso o buscar un resort más "exlusivo" en un clima cálido dónde poder jugar al golf sin chusma alrededor. Trasladamos la estación de explotación turística exclusiva de Baqueira a Marbella y arreglado.

Quien no quiere ser como los otros corredores puede pasarse al trail running ¿no? Además es relativamente barato en comparación con otros deportes... ah, no, que correr por la montaña está de moda...

El tema es que quienes quieren ser diferentes del resto... se acaban pareciendo entre si. Quizá el problema es el "querer" ser distinto en vez de ser lo que cada uno quiera con independencia de si es moda o no lo es. Es inevitable ser parte de la moda o de "la moda contra la moda". Movimientos contraculturales sucesivos han ido marcando la estética de los "rebeldes" a lo largo de las últimas décadas. Primero los rockeros adoptaron una estética "carcelaria", camiseta y pantalón vaquero, luego la revolución hippie, con los Beatles a la cabeza hicieron que los jóvenes se dejaran el pelo largo y se llenaron de colorines las camisas y usaran pantalones de campana en vez de ajustados. A continuación en el rock psicodélico hippie emergió tenebrosamente la oscuridad de los Black Sabbath y su negrura (pero sin perder el pelo largo) mezclado con las tachuelas y el cuero de la estética más gay sadomasoquista de los Judas Priest, en oposición a las crestas de colores, los imperdibles y las cuchillas de afeitar de los punkies. De vuelta a la moda carcelaria hiphoperos y raperos se pusieron los pantalones "cagados" y anchos y se taparon la cabeza con gorras de gran visera y capuchas. Cara de malotes y mucho flow con que rimar sobre una base rítmica. Y ya hemos hablado de los hipsters. Los que siempre habían querido ser "los más distintos" que los demás y entre ellos y que son tan fácilmente reconocibles por ello mismo.

Si correr está de moda ¿hay que dejar de correr? Si correr por la montaña es o deja de ser trending, ¿nos tiene que importar?

En definitiva, como sabemos por experiencia en filosofía, muchos debates están sustentados en pseudoproblemas. La cuestión no es si correr está de moda.

Es a quién le importe que lo esté y por qué.
"Después de todo, ¿qué es la moda? Desde el punto de vista artístico una forma de fealdad tan intolerable que nos vemos obligados a cambiarla cada seis meses"
Oscar Wilde


martes, 27 de enero de 2015

Cielo e Infierno

Fácil es la bajada al Averno: de noche y de día está abierta la puerta del negro Dite; pero dar marcha atrás y escapar a las auras del cielo, ésa es la empresa, ésa la fatiga. Unos pocos a los que amó el justo Júpiter o su ardiente valor los sacó al éter, lo lograron los hijos de los dioses.

Publio Virgilio Marón 
La Eneida, VI, 130
Facilis descensus Auerno: noctes atque dies patet atri ianua Ditis; sed reuocare gradum superasque euadere ad auras, hoc opus, hic labor est. Pauci, quos aequus amauit Iuppiter aut ardens euexit ad aethera uirtus, dis geniti potuere.

Disfrutaba el pasado fin de semana de la versión de Rafael Álvarez "El Brujo" de la obra El asno de oro (Asinus aureus) de Apuleyo. Una metáfora del proceso de degradación, caída y descenso a los infiernos que sirve al protagonista de la obra para, al salir de su condición de asno, renacer, ser regenerado y purificado. En eso consiste la katarsis, en un proceso terrible, doloroso, transformador que, al ser atravesado como se atraviesa una cortina de llamas, quema y destruye buena parte de lo que había, limpia con el fuego purificador del dolor, con las llamas de la tristeza, una parte del pasado y las lágrimas consiguen enjugar y quitar la roña al alma como lenguas de fuego esterilizantes. Sabiéndose por fin un pollino, tomando conciencia de que esa "asnez" es una encarnación de la condición humana, se vuelve a renacer para ser menos burro.

Solamente bajando al Averno se puede trascender la vida anterior y las "burradas" hechas, sobre todo a uno mismo, de pensamiento, palabra y obra, por acción u omisión. Como dice Virgilio en la Eneida, salir de las profundidades infernales es algo reservado a unos pocos "quos aequus amauit Iuppiter" (que han tenido "potra") o bien que han descubierto y usado su propio valor para salir de la oscura sima, ese que no sabían que tenían, y tras visitar las estancias que habitan Plutón y Caronte, volver, no simplemente a andar de nuevo entre los mortales, sino renacidos incluso subir haciendo trail running desde el corazón del Infierno hasta las estancias de los dioses en el Monte Olimpo, al ritmo que iría Kilian Jornet en un kilómetro vertical, para ver las cosas con la perspectiva que da volar alto, subir a ver como es el mundo desde arriba, como se ve desde nuestras queridas montañas, donde se contempla a lo lejos a la gente muy pequeñíta, insignificante, como somos en definitiva.

Al fondo, en el horizonte, dentro de diminutas casa, diminutos humanos haciendo cosas diminutas.
Hay otra forma de purificación. Quien haya leído "El nombre de la rosa" de Umberto Eco, recordará que hay un libro perdido alrededor de la cual gira el argumento de toda la novela, por lo menos así lo creí la primera vez que lo leí sin conocimientos aún de filosofía y de historia medieval. Este libro de Aristóteles hablaría de como la risa es un elemento de purificación. Como a través de la alegría se puede limpiar el alma con una katarsis similar a la que produce la tragedia.

La risa, la alegría, el compartir el tiempo junto a quien lo enriquece tiene también ese efecto purificador. No son necesariamente procesos separados. Igual que en un ultratrail se puede sufrir y agonizar en algún momento, la alegría al llegar, el placer de las risas compartidas cuando en la meta te reúnes para celebrar la conquista, son dos elementos que purifican, que sirven de κάθαρσις y de cambio.

En la novela de Eco los monjes han escondido el libro que versa sobre la risa para que el populacho siguiese temiendo a su dios y el orden establecido administrado por su Iglesia. El gesto siempre airado de Jorge de Burgos, el antipático anciano benedictino, no es muy distinto de los fanáticos provida de hoy en día o de los asquerosos asesinos de humoristas gráficos. Lo que más odian es la alegría, la inteligencia y la risa. La risa como orgasmo de la inteligencia, como carcajada, que no tiene nada que ver con el enseñar de dientes con que muestran su desprecio y su soberbia hacia quienes consideran menos que ellas las ratas de dos patas.
En este rostro devastado por el odio hacia la filosofía he visto por primera vez el retrato del Anticristo
Humberto Eco.
El nombre de la rosa

martes, 20 de enero de 2015

La soledad del asfaltero de fondo

«¿No tienes enemigos? ¿Es que jamás dijiste la verdad o jamás amaste la justicia?»
Santiago Ramón y Cajal
No he olvidado que hace algunas semanas prometí hablar acerca de cierto tipo de soledad del corredor. No la soledad de quien, porque va por delante o por detrás de la mayoría corre sin la presencia física de otras personas con dorsal, destacado o descolgado del pelotón. Ni de esas carreras que se estiran a lo largo de cientos de kilómetros y en las que acabas por recorrer la distancia entre dos avituallamientos sin hacer contacto con nadie, aunque sabes que existe quien te precede y quien te sigue. Tampoco hablo  de esos entrenamientos solitarios a las cinco de la mañana, cuando aún no han puesto las calles, que se recorren como en un sueño para no robar tiempo a los seres queridos. Esos que se pueden hacer los días que solo vas a usar un porcentaje de tu atención y creatividad en el trabajo. Esos en los que por Madrid Río solamente te cruzas al personal de seguridad que vigila que nadie robe mobiliario. Me refería más bien a la sensación que tienes cuando estás rodeado de una multitud de desconocidos, en medio de una de esas carreras a las que te apuntas y nadie te acompaña, ya sea porque te dejan "tirado" o porque nadie más se ha animado desde el principio. Llegas allí y no conoces a nadie. Todo el mundo habla de ritmos y de marcas y tú eres un bicho, con tu buff, tus manguitos y tu camiseta de carreras de las que nadie ha oído hablar por estos lares. Miras alrededor y sientes que practicas un deporte distinto de toda esta gente que huele a reflex. No sabes cuantos kilómetros haces a la semana. Tú solamente mides tiempo, desnivel y sensaciones. Alrededor solamente captas conversaciones sobre ritmos de minutos y segundos por cada kilómetro.

Corredor apuntando el entrenamiento del día: "15 Km. a 5'40'', buenas sensaciones..."
La primera vez que me asaltó algo parecido a esta soledad fue en las discotecas de mi adolescencia. Llegabas allí, con el pelo largo que te hacían recoger en la entrada, disfrazado de cualquier cosa que requiriese el relacionarte con la gente de tu edad, aunque tú, nerd, friki o como lo quieras llamar, estabas interesado por cosas muy distinta a la mayoría de ellos. Había un interés en común, claro: las chicas; y ese era el que te llevaba hasta un oscuro agujero con luces de neón, espejos  y "música" tecno. Lo que se entendía por música era un ruido ensordecedor que nada tenía que ver con los majestuosos sonidos que te acompañaban en soledad en tu walkman cuando tenías oportunidad, donde se reproducían casetes con música de Bach, Mahler y Shostakovich o, si acaso, de Barón Rojo o los Judas Priest. Los libros que hablaban de civilizaciones extraterrestres e imperios galácticos, robots o de mundos de fantasía llenos de dragones, elfos, magia y espadas no servían para ligar. No estaban de moda. El cine y las series de televisión no habían convertido lo "bizarrillo" en trending. Aunque hubiese servido, no se podían abordar tan complejos temas bajo el estruendo de unas pocas notas repetidas machaconamente en las que no había un desarrollo armónico de un tema melódico, sino mera repetición de una base que sonaba siempre más o menos igual y siempre a un volumen que impedía la comunicación. Este profundo rechazo y hasta aversión por la moda musical no facilitaba, tampoco, el ser capaz de bailar con algo que se pareciese de lejos a un poco de coordinación. La sensación era de soledad. De marciano en misión de observación que tiene que ir elaborando el informe final sobre el planeta Tierra y no sabe ni por dónde empezar.

No se puede estar más solo que rodeado de gente. En el metro, en una gran ciudad, con personas con la que no se puede hablar si no ocurre algo que permita vencer el tabú social de iniciar una comunicación con una persona desconocida en un espacio público sin una razón y motivo plenamente justificado y socialmente aceptado como válido. No se puede estar más solo que entre vecinos con los que te cruzas durante años y compañeros de trabajo con los que te sientas durante horas cada día sin llegar nunca a romper una barrera, una distancia invisible pero presente que garantiza la no implicación emocional, una especie de friendzone interior en paralela a la "zona amiga" exterior que separa la amistad de las relaciones sentimentales y que, como la otra, solamente se rompe con la violencia de un golpe de Sansón derribando el Templo de los filisteos. Si alguien en el metro se te acerca y se pone a hablar contigo sin motivo, de inmediato, la reacción más lógica, es tratar de extinguir la conversación. No dar "palique" al loco de turno, que por sus actos, así se define quien va contra la norma establecida.

Corredor tropezando con el arco de meta al acabar una carrera agotado.

Estar rodeado de "asfalteros" en una carrera no tiene nada de malo. Reconozco que solamente buscaba la excusa para pensar sobre la soledad. Es verdad que me puedo sentir por un momento fuera de lugar hasta que encuentro alguna cara conocida o se toma la salida y me sitúo en mi zona de ritmos trotones, pero en cualquier carrera popular me siento igual a los demás. Miro alrededor y, de vez en cuando, veo la badana, ese tubo de tela de colores que se lleva en la cabeza, de un "getepero" (alguien que ha corrido el Gran Trail de Peñalara), maiots de triatlon que anuncian la presencia de otro extraterrestre, pero de un planeta distinto del mío. Veo corredores de toda la vida que no se preocupan por arañar un segundo cada kilómetro ni de hacer en cada carrera su mejor marca. Gente que baja el ritmo para ir charlando con su pareja o con su amigo y disfrutar en compañía del recorrido. Familias que corren juntas. Tipos que charlan con el de al lado aunque no le conozcan, como cuando dos montañeros se encuentran arriba. Tipos tan distintos entre si como lo pueda ser yo de ellos y, en definitiva y por tanto, iguales a mi. En estos casos no se corre en soledad.

Hace poco una amiga nos contaba que ha sufrido acoso laboral. Ninguna persona está más sola que rodeada del acoso de los envidiosos e ignorantes y la cobardía de los que permanecen neutrales y "equidistantes". Nadie se enfrenta a mayor soledad que quien ve como alrededor todo el mundo mira hacia otro lado esforzándose en fingir que nada ocurre para no buscarse problemas, para que la víctima sea el de al lado y no ellos. El esfuerzo es tan grande y profundo que hay quien consigue, realmente, no ver conscientemente lo que ocurre frente a sus ojos. Esa soledad es la peor. Cuando dudas de ti mismo y de tus percepciones frente al aparente consenso general. Eso es lo que mina la moral y te hace sentir que no tienes a nadie a tu lado (salvo lo que hemos venido denominar, técnicamente, en otras ocasionas como "una piara de reverendos/as hijos/as de la grandísima puta"). Tomar conciencia de que se está sufriendo una situación de injusticia y tomar medidas para enfrentarse a ello, para que se produzca un cambio de algún tipo en la situación, es el único camino hacia la rehabilitación y la curación cuando el daño ya se ha recibido. Hacer daño es fácil, por lo menos más fácil que curarse, como si de una profunda lesión deportiva se tratase. Afortunadamente en este caso así es, se ha iniciado ya el camino hacia la liberación y, como precisamente es a la gente más valiosa a la que se le hace este tipo de ataques, una vez lejos de la gentuza solo hay que reiniciar poco a poco los ejercicios de fortalecimiento y recuperar la alegría que desplace el recuerdo de las personas miserables y que no merecen más dolor que su triste vida de matones de parvulario.

Pero hay gente que por su altura moral, por la alegría que sabe compartir a su alrededor y por su nobleza, nunca va estar sola, y que siempre va a tener gente alrededor (aunque sean unos desastres que le deben una llamada). La soledad es, más que un estado real, una sensación de estar en el sitio equivocado, como cuando yo llegaba a la disco.

Y, a veces, es verdad que se estaba en el sitio equivocado. Todo nómada sabe lo que tiene que hacer en estos casos.
Nadie aprende, nadie aspira, nadie enseña a soportar la soledad. Ser independiente es cosa de una pequeña minoría, es el privilegio de los fuertes.
Friedrich Nietzsche

martes, 13 de enero de 2015

Operación trikini

Cualquier persona que haya visto la imprescindible película "Borat" tiene grabada en su retina la imagen del personaje kazajistano luciendo sus encantos con una provocadora pieza de lencería de piscina masculina absolutamente nada heterosexual según nuestros estándares.

Por si alguien no había había visto la película o, tras años de psicoterapia, tratamientos electrocomvulsivos y fármacos, había conseguido olvidarla, este es el atuendo en cuestión.

Borat Sagdiyev, el segundo mejor reportero de Kazajistán
Son momentos, estos al principio del año, en que toca ponerse en orden. Apuntarse al gimnasio algunos, otros a carreras. Planificar la temporada en función sobre todo de si consigues dorsal para esa competición en que deseas pasar calamidades. Esto, conseguir inscribirse, cada vez es un factor más azaroso, por lo que la planificación de la temporada se convierte en un sistema intrínsecamente no determinista ya que depende de los principales objetivos de la temporada el ir acomodando en el calendario otras carreras, entrenamientos, quedadas para hacer el asno por el monte, etc. pero lo que no admite demora y hay que ir currándose es la OPERACIÓN TRIKINI, para poder perder algo de las lorzas que gintonic a gintonic, desde el cordero hasta el roscón, hemos ido introduciendo en nuestros organismos en el mes de diciembre (y enero si el empacho no nos ha asqueado antes).

Después de un tenso combate con el ratón del PC nos hemos inscrito para el Gran Trail de Peñalara, la prueba reina del Sistema Central, prácticamente todo el equipo CxC al completo (menos quienes esperan para ir a la carrera para "cagaprisas" de sesenta kilómetros y quienes no tienen afición por esto de la ultradistancia). Ya hemos conseguido que lo más difícil, que es tomar la salida, sea posible. Ahora queda lo segundo más difícil "tomar la llegada". Recorrer los ciento diez kilómetros por la Sierra de Guadarrama que se han convertido en el fresco paseo que un año tras otro reúne a casi todos los conocidos del trail running penando por la Pedriza, la Morcuese (o Morcuera), el Reventón, Peñalara, etc. lo que servirá además de despedida de nuestro querido aunque no respetado presidente que se marcha a una aventura por una conocida y prestigiosa universidad de la Costa Este de los USA. Allí seguramente los montes Apalaches querrán hacerle olvidar nuestra pequeña y cercana sierra y los cerros de Ciudad Real. Esperamos que no. Seremos Jorge, Quique (los Utemebitas), Luis, Guti y Miguel (estos dos saldrán como balas y no les veremos nada más que al principio), Anne y un servidor.

© RSEA Peñalara
Es un proceso lento y doloroso lo de sudar polvorones y cava. Por ahora la Operación está empezando y se desarrolla en varios frentes. El principal el de aumentar la cantidad y calidad de ejercicio. Otro el de comer mejor y un poco menos. Me arriesgo a repasar lo de "comer mejor" a riesgo de ser incomprendido, porque en temas de nutrición a veces es tan difícil hacerse entender como vencer las ideas preconcebidas que nos rodean y que llegan a la gente desde la industria alimentaria, vía publicidad, o desde una ideología anticientífica nutricional concreta, normalmente vía iniciación en un círculo esotérico.

No olvidemos que en griego los logoi, los escritos, pueden clasificarse en "esotéricos" si están a disposición de un grupo de "iniciados", como la Metafísica de Aristóteles, o "exotéricos", si están pensados con afan divulgativo para los que no conocen suficiente de una doctrina, como en el caso de la República de Platón. Hoy en día el marketing despojaría de ricos matices esta división dicotómica, seguramente hablando de "comunicación interna" y de "comunicación externa". A veces creo que todo el lenguaje de la economía moderna no es más que una vulgarización poco elaborada de ideas que otros ya habían desarrollado con más sutileza antes.

Lo de comer bien va a consistir en: primero, comer menos pan. Hay que aclarar para no ser linchado por unos ni vitoreado por otros (que me molesta más) que el pan es bueno, es saludable, tiene un poco de todo, vitaminas, proteínas, minerales... y por tanto sirve para "equilibrar" el menú. Simplemente le tengo mucho amor y me paso en su ingesta. Si tengo pan en la mesa lo ataco sin piedad, por tanto tengo que poner solamente una buena ración y no todo el que hay en la casa al alcance de mis ávidas pezuñas. Segundo, tomar menos cervezas. La cerveza si, es mala (lo siento amigos), debido a un ingrediente bastante nefasto, el etanol. Nada puede hacer bueno una sustancia venenosa para nuestro organismo, ni los polifenoles, ni los taninos, ni todo el marketing de la industrial del alcohol. Poca cerveza es poco mala. Mucha cerveza es muy mala. Optaremos por lo primero no por cuestiones morales, sino porque es una fuente de calorías innecesarias fácil de eliminar o, al menos, de rebajar al 30%. Luego, cada cual, que tome las drogas que quiera, que en eso soy muy liberal y hasta inmoral. Tercero, aumentar las verduritas en el menú. Quitan el hambre, están deliciosas, no son caras, tienen pocas calorías y mucho de otras cosas que si hacen falta al cuerpo. Cuatro. Legumbres en vez de arroz y pasta. Cinco. Pescadito dos días por semana. Carne menos, pero en ningún caso carne procesada (i.e. engrasada, con mala grasa a ser posible).

El resto lo que ya hago. Nada de calorías vacías (chuches, bebidas azucaradas, grasuzas de repostería industrial, etc...), mucha fruta y hortaliza y agua suficiente.

Y ahora que ya he ofendido o molestado a casi todos (como es mi costumbre) con alguna de las ideas de lo que es una buena o una mala dieta... haced vosotros lo que queráis, caramba, que nadie os dice lo contrario.


miércoles, 7 de enero de 2015

...con la mirada de un niño

El egoísta es una persona de mal gusto que se preocupa más de sí mismo que de mí.
Ambrose Bierce, El diccionario del Diablo

Debería arrancar el año con mi crónica de la Napoleónica 2015 pero... ¡Ay! Un inoportuno catarro me ha impedido acudir a la cita que Luis Arribas organizaba para bajar corriendo desde Buitrago hasta Alcobendas siguiendo los pasos del emperador de Francia en su visita a nuestra capital hace un par de siglos. Una lástima, pero una retirada a tiempo nos permitirá dar la batalla otro día. Estoy negociando el formato de la Remontada Infernal III con los presuntos asistentes.

En "esta fechas tan entrañables" que de una puta vez por fin ya finalizan, algunos estridentes y antipáticos tipos como yo se empeñan en decir cosas feas y que estorban el simulacro de buen rollo que otros se esfuerzan en fingir crear. Una realidad a lo Matrix que les envuelva y les impida ver el mundo real. Pues bien. He deicidio decidido hacer propósito de enmiernda y mirar lo que resta de este circo esta celebración, la llegada de los reyes magos, con la mirada de un niño, que es al parecer lo propio de la Navidad.

Mirando la Navidad con la mirada de un pequeñuelo, me da por pensar que los niños son pequeños monstruos que no se plantean dar algo a cambio de lo que reciben y que solamente se limitan a demandar sus necesidades. No digo que esté mal. Es la naturaleza humana. Desde el día que nacen están programados genéticamente para llorar y enfadarse si no se les suministra de forma inmediata leche, agua, atenciones, etc... y, con el tiempo, videoconsolas, dinero en metálico y cualquier otra cosa que satisfaga sus impulsos inmediatos. Una de las mejores oportunidades que tienen de mostrar su naturaleza es la "carta a los reyes magos". En ella expresan  su egoísmo primigenio a través de una lista de objetos materiales, juguetes, que desean obtener a cambio de nada. Solamente un largo trabajo por parte de los adultos consigue ir, poco a poco, socializando a estos animalillos para acabar convirtíendoles en provechosos ciudadanos capaces de empatizar con los demás, tener principios morales más allá de obedecer las normas que vienen impuestas desde fuera y en el mejor de los casos, llegar a ser buenas personas.

Aprovechando el 31D y el 1E para hacer algo mejor que maltratar el hígado.
El gradual proceso de acompañamiento a la edad adulta desde que al niño se le proporciona mágicamente todo lo que desea a capricho pasa por tomar conciencia de que "los reyes son los padres" (no, Froilán, tú no) y asumir limitaciones presupuestarias dependiendo en qué familia te toque, una de las primeras lecciones de la injusticia intrínseca del capitalismo. El proceso culmina cuando tiene cada uno que costear sus propios caprichos dentro de los límites del presupuesto de sus ingresos. Si todo ha ido bien también el ser humano en cuestión habrá pasado de tener una moral basada en normas externas impuestas por la autoridad (los padres) a un complejo sistema desarrollado durante su socialización en el que puede distinguir lo que está bien de lo que está mal y establecer sus propias normas basadas, fundamentalmente, en no causar daño a otros seres innecesariamente. Ni que decir tiene que este proceso es difícil y, en muchos casos, bastante deficiente.

Mirando egoístamente la Navidad que acaba de pasar, Madame Noël me ha regalado (entre otras cosas) una mochila chulísima: una Raidligth Ultra Olmo 12 que me tiene que acompañar muchos años por el monte y que en una primera prueba parece exactamente lo que necesito. Promete, porque la primera vez que me calzo una de estas cosas no suelo ir del todo cómodo con ninguna.

Arrancamos el nuevo año con material suficiente para los próximos retos, con cinco kilos que hay que ir quitándose de la cintura, pero con menos peso que otras veces en el alma. Las cartas a los Reyes son una pesada carga. Las cartas a los Reyes o a cualquier otro ser. Todo listado de deseos egoístas al dios al que se adore: el destino, el Karma, Odín, Jehová... depositar en "algo" una especie de formulario "expone-solicita" lleno de demandas es negarse a ser adulto. Hay que valorar lo que se tiene, que es mucho habitualmente y yo no tengo queja, y lo que se desea y aún no se posee, no pedirlo, sino dar pasos para conseguirlo. Si además necesitas poco y, como decía Francisco de Asis, ese poco, lo necesitas poco, tanto mejor.

Y por supuesto, los reyes son los padres ¡Viva la república!

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Dioses del trail running

    «No creo que los ateos deban ser considerados ciudadanos ni tampoco patriotas, esta es una nación bajo Dios».
    George H. W. Bush

Personalmente no estoy en contra de los anglicismos. Tampoco de los germanismos o los galicismo (mucho menos). Los lenguajes son estructuras vivas que cambian constantemente y no voy a forzar la creación de un neologismo en forma de parasíntesis de dos palabras castellanas que sustituya un concepto anglosajón que se viene utilizando ya hace tiempo y por todo el mundo. Por tanto, renuncio públicamente y de forma explícita a hablar de los dioses del corremontañismo sin más razón que el hecho de que la totalidad de las palabras que empleamos en nuestra comunidad de hablantes vinieron, en un momento u otro, desde otro idioma distinto al que hoy usamos: Latín, Árabe o Checo (si, también, "robot" es un préstamo checo). Ya abuso bastante del inventarme "palabros" nuevos en cuanto os despistáis un poco.

Kilian Jornet, uno de los "dioses" de nuestro deporte acaba de romper el récord de subida y bajada de la montaña más alta de América, el Aconcagua, como ya lo hizo en su momento con el Cervino o el Kilimanjaro.

El Cervino. (Fuente: Wikipedia)
Para muchos, entre los que me incluyo, el corredor catalán es el indiscutible vértice de la pirámide del panteón del trail, en el que también están otros como Scott Jurek, Dakota Jones, Fernanda Maciel, Nerea Martínez, Marco Olmo, Luis Alonso Marcos, François d'Haene o el muy venerado por los piadosos seguidores del sacro minimalismo Anton Krupicka, así como otra docena de corredores que siguen a Kilian en divinidad. Sería terriblemente difícil decidir quien es el segundo o quien se sienta a su derecha en el Monte Olimpo (por cierto ¿no había allí un maratón? Habrá que investigar).

Somos muy aficionados a divinizar o satanizar a personas que, en definitiva, son como nosotros en lo fundamental. Con pequeñas diferencias en la inteligencia o en la fuerza o agilidad que pasarían casi desapercibidas para otra especie inteligente que nos observase desde un platillo volante. Con mínimas diferencias, a veces, de opinión sobre temas políticos si nos sentamos a charlar tranquilamente y sin aspavientos y con ánimo de comprender la postura de quien tenemos enfrente.

Los dioses de unos son los demonios de otros. Pablo de Tarso, el inventor del cristianismo, equipara en su primera carta a los corintios el adorar a dioses paganos con adorar a demonios, algo que será costumbre a partir de ese momento en su empresa como forma de práctica comercial desleal en el mercado de los credos, con el fin de llevarse los clientes de la competencia a la primera oportunidad propagando una mala imagen del producto que llega al consumidor final.

No hace falta irse al periodo en el que se creo el cristianismo. A Rob Halford (de los Judas Priest), el "Dios del metal", se le llevó a juicio por inducción al suicidio y Dee Snider (Twister Sister) tuvo que comparecer ante una comisión del senado de Estados Unidos en una caza de brujas contra el rock y el metal que protagonizaron los más rancios defensores de un Dios vengativo que condena a torturas eternas en un campo de concentración subterraneo a todos los seres que no se postran a adorarle. Curioso ser omnipotente con rasgos de trastorno de la personalidad narcisista, sádico y acomplejado que, a pesar de su onmipotencia, pierde los papeles cuando uno de los seres creados por él (minúsculas) alberga dudas razonables sobre su existencia. También a todo aquel que tenga la religión equivocada de entre las infinitas posibles, presentes, pasadas o futuras, le está reservado todo tipo de vejaciones por un periodo infinito de tiempo. Lo que viene siendo interpretado como una justicia cabal por sus partidarios.

A estas alturas ya sospecharán algunos que los dioses (minúsculas) siempre se parecen a sus creadores (minúsculas) en lo que a personalidad se refiere. Si, también los dioses del trail running a los que, por tanto, tenemos que vestir y adornar de un aura que corresponda con el corredor (runner) que nos gustaría ser. Unos un toque más hipsters, otros más espartanos, otros "rollito" hippie. Cada uno se imagina a dioses, santos, semidioses, ángeles, demonios y héroes del trail (o del heavy metal) como mejor le conviene.

Persecuciones religiosas en los años 90, en "el mundo libre"

La existencia cotidiana nos rodea de poderes amenazantes que son insalvables para nuestra limitada fuerza e inteligencia y, según Engels o Freud, nos refugiamos en seres imaginarios que, como un padre, nos protejan de nuestros miedos. Eso es bastante comprensible. Lo que resulta extraño es el momento en que la inseguridad por las propias creencias lleva al odio hacia las que son distintas (la mayoría de las religiones han considerado históricamente que tenían el derecho de odiar y matar a quienes practicasen otra doctrina distinta). Cuando se pasa de adorar por los logros deportivos a detestar por las opiniones políticas.

Axioma: Los demás pueden tener una opinión política diferente a la nuestra.

Antes de subir el Aconcagua, comentaba Jornet en una entrevista en Buenos Aires que en la montaña hay que asumir la insignificancia que somos frente a fuerzas que nos superan y contra las que solamente podemos oponer el conocimiento, la prudencia y el respeto. Toda la entrevista fue extraordinariamente interesante y muestran un Kilian humilde, lejos de la imagen que puedan tener de él quienes van poco a poco convirtiéndole en un demonio del catalanismo.


Me sorprende enormemente gente que le quita valor anteponiendo los méritos (incuestionables) del anterior recordman (mierda, otro anglicismo) o que hacen quinielas sobre el próximo que le pueda arrebatar el título, que no el mérito. Sospecho que una foto con una gigantesca bandera de España (una de dos colores, no de las que gustan en este blog, con una franja violeta), y Kilian hubiese sido más aplaudido por aficionados que le tienen en su retina enarbolando la bandera independentista de Cataluña o sus declaraciones sobre el derecho a votar en un referéndum. Seguramente se le habría dado más presencia en los telediarios en cualquier caso. Si el año que viene corona el Monte Everest batiendo ese record será inevitable su visibilidad y su, casi, omnipresencia en todos los medios a escala planetaria. Algo que quizá da miedo a muchos.


Quizá lo mejor sería no crear dioses que luego tengamos que andar convirtiendo en demonios.

Amen. Insha'Allah.
«Estamos convencidos de que la gente necesita y requiere esta fe. Por lo tanto hemos llevado a cabo la lucha contra el movimiento ateo, y esto no sólo con unas pocas declaraciones teóricas: lo hemos aplastado».
Adolf Hitler, 1933


lunes, 22 de diciembre de 2014

Yggdrasil y el ya tradicional mensaje de solsticio de Mr. Scrooge

"Todos somos ateos respecto a la mayoría de dioses en los que la humanidad ha creído alguna vez. Algunos de nosotros simplemente vamos un dios más allá".
Richard Dawkins
El planeta Tierra acaba de dar el "cabezazo" anual en su movimiento de vaivén que marca las estaciones. Su estrella se encuentra en la mayor distancia angular del año en el hemisferio Norte y es el momento en el que menos se alza en el horizonte por encima de la linea del ecuador. Es un fenómeno observado hace milenios por nuestros antepasados y significa que, a partir de este momento, cada vez los días son más largos. Poco a poco, la luz va a ir ganando espacio a la oscuridad y el mundo renacerá. En unas ocho semanas las flores de los almendros, luego las de los cerezos y, finalmente, la vida entera explotará a nuestro alrededor. Pero antes, habrá que resistir lo que queda de invierno y disfrutarlo.

Runner esperando en la salida de una carrera navideña
Habrá que resistir las "navideñadas" que se inauguran oficialmente el 22 de diciembre con el sorteo de lotería también conocido como "impuesto de lujo para pobres sin conocimientos de estadística".

El próximo 4 de enero, por razones que quizá entiendan los físicos, también nuestro planeta volverá a pasar por el punto más cercano de la órbita a la estrella entorno a la cual gira. Una de las especies de vida animal que están sobre su superficie, en concreto a la que pertenece el autor de estas lineas y sus amables lectores, celebrará estos hechos astronómicos sucedidos con quince días de diferencia. El autor poco, que es notablemente iconoclasta como se puede ir adivinando.

Se celebrará con algo de inexactitud desde el punto de vista astronómico, pero no está mal del todo para unos monos sin pelo ni cola (con perdón) que acaban de inventar la astronomía hace muy poco. Al final lo que se celebra y celebraba siempre es y era un nuevo ciclo.

Por supuesto y por eso de la tradición, la humanidad lo hará conforme a un arbitrario sistema de calendario en lo que en lo que hemos dado en llamar "la Navidad". Una herencia reciente, del Imperio de Roma que además empieza a contar a partir de un momento elegido, también arbitrariamente, para conmemorar el nacimiento de un profeta supuesto fundador de una de las religiones con más éxito del planeta. Religión que le ascendió, en un momento dado, de profeta a Dios. Referencias a éste personaje (pocas) y a otras religiones iniciáticas de la antigua Roma (alguna más), e incluso la pervivencia de algún rito indoeuropeo mucho más antiguo en el que se adornaban los árboles (ahora volvemos con ello), conviven con un marketing salvaje que trata de fomentar el consumo de productos poco sanos o de lujo en estas fechas llenando, como resultado de todo ello, de luces y de adornos todo lo que alcanza la vista hasta el horizonte. Adornos, por lo demás, en la mayoría de los casos horteras, estridentes y que producen un fuerte estrés estético.

Nuestra vida se estructura sobre un ciclo día y noche, de sol y oscuridad de veinticuatro horas, entorno al cual organizamos el sueño y las comidas, un ciclo también de siete jornadas de trabajo y descanso resultado de dividir una órbita de la Luna, el satélite que gira entorno a nuestro planeta, en cuatro "semanas" aproximadamente, y que nos produce cambios hormonales queramos o no y, finalmente, un ciclo anual que estructura el calendario sobre el que poníamos antiguamente las cosechas y las guerras y, ahora, las vacaciones y las fiestas. A pesar de ello seguimos cosechando y guerreando pero ahora sin mirar el calendario aunque siga dependiendo mínimamente algo una cosa de la otra. "Gracias" a los avances científicos podemos organizar matanzas y genocidios a lo largo de todo el año y plantar en tiestos hidropónicos lechugas cuyas raíces nunca escarbarán en la tierra y cuyas hojas nunca verán otro sol que la lámpara ultravioleta.

Tomad nota, llevamos ese camino también.

Si os unís a la moda paleo para correr (¡anda, algo sobre correr en un blog sobre correr!) deberéis tener en cuenta estos ciclos "naturales" (ejem), para organizar vuestro sueño, comidas y entrenamientos y conocer vuestros "biorritmos" para no correr peligro de alechugaros.

Hablando de vegetales, y me refiero a la gente que ve la tele (mucho) y no hace ninguna actividad física, no a las lechugas, sobre lo de adornar los árboles en Navidad...


Cuando los cristianos llegaron al norte de Europa, a lo que ahora es Alemania, encontraron que, más o menos, entorno a las fechas en que ellos habían decidido celebrar el nacimiento de su profeta-dios para ajustarse a las celebraciones romanas de saturnales y cultos a Isis, en las frías y nevadas tierras del norte se adornaban árboles perennes (fresnos) para rendir homenaje a Yggdrasil, el árbol del mundo que sostenía en sus ramas los distintos submundos: el de los gigantes, el de los elfos oscuros, el de los elfos rubiales, el de los muertos, el de los antiguos dioses, el de las tinieblas y el terror, el de las personas humanas en el que vivimos nosotros y, arriba del todo, en todo lo alto, el mundo de los dioses, Asgard, donde está situado el Valhalla, las estancias en las que Odín y el resto esperan festejando (en plan cena de nochebuena, pero sin suegras) el fin del mundo que ha de venir, el Ragnarok. Todo ello suena muy ridículo para quien no cree en los dioses, pero, paradógicamente, menos ridículo que para los que creen en "otros" dioses, para quienes han sido educados en mitos diferentes pero igual de... bueno, de eso... para ellos, por motivos incomprensibles, esto les suena aún más imposible que a los ateos, salvo a aquellos que decían en el siglo XIX a los proselitistas de otras religiones que llegaban a España: "si no creo en mi dios, que es el único verdadero, ¿cómo voy a creer en el vuestro?"


Si elegís, entre el infinito (no enumerable) de posibles ritos de celebración del inicio de un nuevo ciclo vital, el mayoritario...

...feliz Navidad.

En cualquier caso, que tengáis buen periodo acotado de tiempo determinado por las estaciones, que alcancéis vuestros objetivos y seáis muy felices.

Larga y próspera vida.
"La realidad es aquello que, cuando dejas de creer en ella, no desaparece". 
 Philip K. Dick

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Lo mejor de 2014

2014 ha sido el año de la salida de la crisis...

- ¡Pepero, cabrón! ¡Ya está otro que solo se lee la Razón y el ABC!

...de la crisis de los cuarenta.

- Ahhh... bueno... eso vale.

En las próximas semanas asistiremos al despliegue de de esta rutinaria mierda de poco elaborada idea (lo siento, la fórmula está muy agotada) de "lo mejor de 2014". A pesar de mi rechazo a ello me uniré a la moda. En mi caso más que por hacer "producción a bajo coste", para dar salida a algunas ideas.

Vamos a ser bombardeados desde las televisiones por parte de periodistas sin imaginación, pero también estas con serias carencias de personal fijo contratado y con mucho becario explotado... (si con una profesión se ha ensañado la crisis económica ha sido con el periodismo)... asaltados con imágenes de abdicaciones y coronaciones, de mundiales de furgol y de políticos con coleta, pandemias africanas rozando nuestros, creíamos que hasta entonces, inalcanzables y cómodos hogares, de referendos por la independencia ilustradas con un señor bailando la sardana al ritmo de Scotland de Brave mientras Conchita Wurst canta mirando con una mirada perfecta y con una barbucia muy fea. Eso, abordando el tema más interesante del año, se lo podría haber currado mejor. En mi opinión lo que choca a nuestra intuición de la imagen de Conchi no es la barba, sino que ésta, la forma de recotarla, es muy demodé en estos tiempos que corren de generosos mostachos y luengas perillas y mejillas pobladísimas por mucho pelo).

La Conchi, de lo más comentado de 2014
Compárese con Su Majestad Antonio Krupica I "El Despechugao"
Todo sea por enlatar "programas especiales" y que los trabajadores de las televisiones puedan descansar un poco. El guión del telediario del día de la lotería también lo tienen ya escrito (y algunas cadenas el de las próximas elecciones). Con esta mierda de poco elaborada idea nos van a saturar de refritos cutres de "lo mejor del año" y lo más destacado de este 2014 que finaliza. Reposiciones de lo más visto y maratones de episodios especiales emitidos desde un "estudio de continuidad" habitado por el único pringado que no libra y que, por lo menos, charlará con el la empresa de seguridad, que también le tocará ir a echar el rato. No os preocupéis. La solución es simple. Apagad la tele y quedad con amigos. Para correr o para comer y beber, da igual.

Que el año acabe después de trescientos sesenta y cinco (más o menos) días no puede ser una sorpresa para nadie. La noticia sería que el próximo febrero pasásemos directamente a marzo de 2016, por ejemplo, algo que además de ahorrarnos otra ración de "papanoelismo infinito" como el que estamos padeciendo desde noviembre, nos libraría del aún más insoportable proceso de la campaña electoral que ya estamos sufriendo (y lo que nos queda). Eso si sería una noticia.

Y, en lo personal, si 2013 estuvo aderezado por brusquedades y enormes cambios en todos los aspectos, incluyendo los deportivos, un año marcado por la lesión y la recuperación, 2014 ha sido más bien un año de éxitos (también en todos los aspectos).

Hago memoria de 2013 en lo deportivo y tras algunas buenas marcas, buenas para mi, en asfalto, una lesión arrasó con mis esperanzas de hacer la Ehunmilak (que menos mal, ¿en qué estaría yo pensando?), y  después del verano (raro verano) vino una rara Madrid Valsaín, que no Madrid-Segovia en la que me perdí por el camino como metáfora deportiva (y realidad también) de andar perdido por caminos equivocados, y aunque fue una carrera que disfruté mucho y sirvió de punto de inflexión, finalmente  el año se saldó con dos pruebas terminadas problemáticamente y poco más: el Alpino Madrileño y el Ultra de Chiva.
El verano de 1973 fue fantástico.
No me acuerdo de nada, pero nunca lo olvidaré.

Lemmy Kilmister (Mötorhead)
2014 empezó bien en todos los aspectos y después fue a mejor (en todos los aspectos también).


Un modesto resultado en el maratón de asfalto en Sevilla, con una marca insatisfactoria, como siempre, en linea con los resultados de 2013 y ya en mayo a mitad del Ultra Trail Serra de Sao Mamede se produjo un cambio de tendencia (en mitad de la carrera, antes del kilómetro cincuenta. Acabé muy contento y con ánimos de cara al gran reto del año, corriendo los últimos kilómetros y llegando a meta en un estado razonable después de un centenar de kilómetros corridos casi en fatiga desde el principio.

Un Gran Trail Peñalara de sesenta kilómetros en pareja con Anne, unos entrenamientos especiales con los amigos de CxC, el Guadarraidiot, en el que disfrutamos muchísimo, y ya estábamos listos para "lo más destacado de 2014", el UTMB.

No tan rápido como otros, pero suficientemente para llegar, que es lo que cuenta
Un año muy completito y, no me extiendo más en la aburrida enumeración de éxitos y fracasos, porque no son mejores (ni peores) que los de cualquiera de los lectores aquí presentes. Finalmente volver después de cuatro años al Maratón Alpino Jarapalos. En total nueve puntos UTMB y cumpliendo lo de ocho en tres carreras.

Y esta es mi contribución, innecesaria, a las enumeraciones de fin de año, ya de por si, muy cansinas.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

De archiduques y mitocodrias

"La ignorancia produce confianza más frecuentemente que el conocimiento: son aquéllos que saben poco, no los que saben mucho, los que con tanta seguridad afirman que tal o cual problema no será resuelto nunca por la ciencia." 
Charles Darwin

Cuentan por la Sierra de la Tramuntana que el Archiduque Luis Salvador de Austria (l'Arxiduc), inauguró en el siglo XIX la costumbre europea de irse de vacaciones a Mallorca. Sin duda el clima amable la mayor parte del año, la deliciosa gastronomía, la belleza de la montaña y otro tipo de bellezas que dieron origen a un aumento asombroso de niños de ojos azules en la isla a raíz de los escarceos amorosos del noble pariente de Sisi, fueron decisivos en la elección del lugar de reposo. Reposo activo, por lo que se ve, porque las correrías del ocioso noble al parecer fueron de dimensiones legendarias y así han quedado, en la leyenda popular, en aquella isla. De hecho no es raro en la ciudad de Palma que las personas de ojos claros presuman bromeando de estar emparentados con dinastía de los Habsburgo.

En la Serra de Tramuntana, muy cerca del punto en que fondeaba la embarcación de l'Arxiduc
El grado de parentesco en los seres humanos es mayor del que pensamos por la propiedad de enorme crecimiento que tienen las funciones exponenciales. Como en la leyenda del inventor del ajedrez, que solamente pedía que por cada casilla del tablero se le diese el doble de granos de trigo que tenía la casilla contigua, empezando a contar desde un extremo con un solo grano, el crecimiento de nuestros antepasados se multiplica por dos en cada generación. Dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, dieciséis tatarabuelos, treinta y dos progenitores de nuestros tatarabuelos (como se llamen), sesenta y cuatro en el siguiente escalón... si no se repitiese ninguno en un milenio el número de nuestros ancestros se elevaría a unos treinta y tres millones y medio de antepasados directos.

Los estudios del ADN mitocondrial, además, han arrojado nueva luz sobre el parentesco exacto entre poblaciones de seres humanos con grave descrédito de las teorías que sostenían la posibilidad de una "pureza racial" algo que, por otro lado, no sería rentable desde el punto de vista adaptativo. Estudios que esperaban confirmar la existencia de una raza japonesa, vasca o judía tienen menos fundamento que unas lentejas cocidas con una pastilla de starlux. El esperma masculino (perdón por mezclar la fons vitae en el mismo párrafo con las lentejas en un repugnante guiso literario. Si mantenéis la imaginación bajo control evitaréis que os asalten a la conciencia escenas escatológicas), el espermatozoide para ser más exactos, es una célula superespecializada que solamente tiene en su "cabeza" un núcleo con la mitad de los cromosomas necesarios para hacer un ser humano y una colita (con perdón) con la que propulsarse hasta su destino, el óvulo. Este, además de la otra mitad de las instrucciones de montaje cuan estantería del Ikea, también tiene otros orgánulos propios de cualquier célula, como la mitocondria. La mitocondria también tiene un juego completo de instrucciones, para hacer cosas de mitocondria y, al parecer, para otras cosas también, pero al contrario del ADN del núcleo celular del óvulo no se recombina con el material genético masculino y pasa sin alterarse prácticamente de una generación a otra. Los cambios y mutaciones son tan graduales y previsibles en el material mitocondrial que es posible, comparando el de dos personas (dos seres vivos con mitocondria, de hecho), establecer con exactitud cuantas generaciones hay hasta su antepasado en común que, por supuesto, siempre existe.

Más Serra de Tramuntana, caminándola, que no todo va a ser correr.
La teoría del "homúnculo" que representa al espermatozoide como "un hombre chiquitito" también sirve para hacer muchos chistes. Os desanimo a ello graciosillos del mundo.

Valldemossa
Ahora sabemos cosas tan incómodas de saber para algunos como que la distancia genética entre un coreano, un andaluz y un aborigen australiano es menor que la que puede haber entre dos etnias concretas de humanos en África. Que hay genes de legionarios romanos en algunas provincias de China. Que los descendientes de los judíos de los que habla la Biblia son los palestinos árabes y cristianos que viven reprimidos por el gobierno de Israel, gobierno creado por emigrantes sionistas de religión judía que descienden de otros pueblos convertidos a la religión de Abraham o que los apellidos vascos con más solera transportan herencia bereber.

Sabemos que estamos mucho más mezclados y remezclados de lo que pensábamos, que no hay razas "puras" y que somos todos y todas "muy parientes". Más que otras especies animales porque la nuestra parece que estuvo tan cerca de la extinción en algún punto que solamente había un puñado de personas para hacer intercambios genéticos (algo muy divertido, por otro lado, por lo menos el mecanismo de intercambio) y que esa puede ser la causa de nuestra escasa "variabilidad" y carácter "enfermizo" en comparación con otros bichejos que son mucho más resistentes. Somos una especie muy "domesticada" y eso implica que no resistimos demasiado por nuestra cuenta.

Acabando una ruta muy fresca. Que te sople la Tramontana en la Tramontana
te hace comprender el porqué le ponen este nombre a un viento tan poco amistoso.
Estamos tan ocupados en encontrar y forzar diferencias que no existen que no nos preocupamos de ver todo lo que nos asemeja, todo lo que compartimos y que tenemos en común, como catalanes, mallorquines, castellanos mesetarios o maoríes de Nueva Zelanda.

Aprovecho para recomendaros encarecidamente una pateada por la Sierra de Tramontana y, para acabarla, una coca de patata con un chocolate caliente.