lunes, 24 de marzo de 2014

Entrenamientos de calidad

«La música ha de servir un propósito; ha de ser parte de alguna cosa más grande, una parte de la humanidad». 
Pau Casals
En esto del running, como en otros aspectos de la vida, se contraponen las nociones de calidad y cantidad. Un entrenamiento de calidad habitualmente está marcado por ser intenso, específico y corto en relación a la mayoría de los entrenamientos que se realizan. Se entiende que no se trata de que las otras sesiones que realizamos no sean necesarias o de peor calidad moral. La "tirada larga" también es un arte. No todo el mundo sabe el primer día sujetar sus propias riendas y mantenerse a ritmos más bajos de los que puede ir para retrasar la fatiga y correr mucho tiempo a baja intensidad, pero sin duda esos días entran en el terreno de la "cantidad".


Antes de ayer estuve en un concierto de la coral de un colegio. El concierto buenísimo y la muchachada actuó dignamente. Fue una grata sorpresa. Esperaba ver más voluntad que calidad tratándose del coro de un colegio que usa la música como medio para trabajar "valores". Un colegio caro de esos a los que los padres llevan a veces a sus vástagos para que adquieran esos valores que se echan de menos en ello mismos, porque el público, lamentablemente, no estaba a la altura de los interpretes y mostraban poco interés y respeto por la música. No se puede atravesar el coche en mitad de la calle para que los niños vayan a clase de educación vial. Hay valores que tienen que recibirse en casa y no hay educación de calidad que pueda competir con un mensaje contradictorio de los progenitores, del mismo modo que no se puede promover el deporte haciendo trampas.

La primera vez que me vi enfrentado al concepto de la "calidad" en el mundo empresarial fue en una breve pero intensa (en ese sentido si) experiencia como profesor de secundaria en un centro concertado de Ciudad Real. Después de salir de una agotadora clase de primero de bachiller en la que impartía la asignatura de Filosofía, el director del centro me contó que estaban inmersos en un proceso de certificación de la calidad de los procesos docentes del centro de enseñanza y que debía rellenar unos formularios cuando tuviese tiempo para ello.

Me resultó extraño el uso del concepto de calidad cuando habían juntado en un aula a dos grupos, de letras puras y mixtas, para la clase de filosofía que acababa de dar. Si alguien sabe lo que es impartir una clase a cuarenta y cinco adolescentes de primero de bachiller siendo el profesor sustituto podrá sentir mi estupefacción ante el uso del concepto. Estando como estaba impartiendo veintinueve horas lectivas de cuatro asignaturas a grupos desde la ESO hasta el segundo de Bachiller, con aulas masificadas con más de cuarenta alumnos en la mayoría de los casos... gracias al subterfugio que juntar en el mismo espacio a lo que eran formalmente grupos distintos... en fin, quien sabe de qué le hablo tendrá los pelos como escarpias, quien cree que los centros de enseñanza deben ser almacenes donde apilar un rato por la mañana a los adolescentes para que estén entretenidos, no, claro.

Calidad para mi significaba tener más profesores y menos alumnos en cada aula.

Por entonces no sabía que eso de la calidad lo inventaron los japoneses, que era un modelo de gestión del trabajo basado en la mejora continua y la orientación a la satisfacción del cliente. Los inventores tenían claro que el trabajo chapucero podía ser rentable a corto plazo, pero que la forma de sobrevivir a lo largo del tiempo, frente a crisis económicas y vaivenes del mercado, no podría ser buscar siempre el máximo beneficio al mínimo coste y en el menor plazo posible. Había que tener una estrategia sostenible donde estuviesen claras las prioridades, donde se fidelizara a la clientela, se motivase a los trabajadores, no se desperdiciasen recursos en procesos mal organizados y todo ello fuese transparente gracias a una eficaz gestión documental y descripción de los procesos que se desarrollaban en la producción de los bienes o servicios que se comercializaban y un cuadro organizativo ajustado a las necesidades de gestión. Al final la calidad obtendría una ventaja a largo plazo que marcaría la diferencia con la competencia, el prestigio y la eficiencia.

Un producto o un servicio producido en una empresa con un modelo de gestión de calidad atraía inversores, atraía clientes, ofrecía una ventaja frente a la competencia, así que había que apresurarse a certificar que existía esa gestión y los organismos "independientes" que auditaban los procesos de calidad debían estar más allá de cualquier sospecha. Por supuesto el proceso de auditoría resultaba caro, pero un sello de calidad de una de estas entidades valía la pena para situarse entre la élite empresarial. Bueno, para "demostrar" que se estaba.

Hay un paralelismo con el entrenamiento. El trabajo chapucero no es rentable a largo plazo.

Pero se me viene a la cabeza, antes de volver al entrenamiento de calidad, la polémica en la que me he metido en las redes sociales esta semana con algunos defensores a ultranza del honor patrio y partidarios de una conjura judeo-masónica-franchute que, por pura envidia (todo el mundo sabe que los franceses ansían en el fondo de su alma ser españoles, alemanes o ingleses, que les parece muy molón), tienen la culpa de todos los casos de dopaje y, también, supongo, de que la federación de atletismo, los políticos y los "periodistas" deportivos miren hacia otro lado, no sancionen, no denuncien y no persigan prácticas antideportivas y fraudulentas.

 Marta, Alberto o Juanito. Grandes éxitos de nuestra patria
para poder creernos mejor que los vecinos en algo.
Se me ocurre que el paralelo a la verdadera calidad en nuestro mundillo sería fomentar el deporte base, que empezase en los escolares, dándoles la posibilidad de practicar y conocer a todos y todas desde muy pequeños distintas especialidades, que las jóvenes promesas pudiesen llegar a la alta competición gracias a un sistema de becas justo y equilibrado y que los presupuestos del estado se dedicasen a crear deportistas e instalaciones y proporcionarles recursos. Que no se enfocase toda la dedicación a un puñado de unas pocas disciplinas. Que se persiguiese a los tramposos y se les diese un escarmiento público, no palmaditas en la espalda. Nada de conseguir medallas por el camino de hacer una nacionalización exprés, cada cuatro años, a un puñado de deportistas de otros países (lo de Juanito Müller fue quizá lo más sonado y bochornoso, pero no una excepción) o cebando los organismos con hormonas del crecimiento. Sobre todo comprender que "España" no es un deportista (ni una "marca", por cierto) ni "las olimpiadas" una especialidad deportiva. Los países no compiten, compiten los deportistas. Las competiciones entre naciones se hacen con misiles o con dólares y el tanteo se mide en cadáveres, con otras reglas de juego. El deporte es otra cosa. Cuando alguien desde una grada abuchea a alguien por su origen o por su color de piel pierde todo el sentido que se esté celebrando una competición deportiva y mete un poco de lo otro, de lo horrendo, de la guerra, del odio entre países y de la envida, de los complejos y de la ignorancia que se padece en el terreno de juego.

Hablamos de los "valores" del deporte sin concretar qué valores son y sin ser coherentes con lo que predicamos. Las medallas en una olimpiada no son, como no lo es una certificación de calidad, un objetivo en si mismas. Es el resultado visible de un trabajo que hay detrás. Conseguir un puñadín de medallas con trampas es como contratar a una auditoria para que te pongan un sello de calidad pagando en euros el "favor", y olvidarte de lo importante, que es la calidad en si misma, la vocación de mejora continua o la deportividad en nuestro caso.

Ganar con trampas no es ganar. No vale para nada.

El trabajo es la base del éxito y a las competiciones no se va a ganar medallas, se pasa a recogerlas. Eso también incluye las medallas de finisher de los populares. Hay quien considera que todo lo que no es hacer series y echar el bofe corriendo como si lo fuesen a prohibir mañana es "entrenamiento basura", pero cada kilómetro cuenta. Si se quiere que el cuerpo se adapte gradualmente y mejore su rendimiento deportivo es necesario mantener una proporción equilibrada entre días que toca ir a ritmos bajos, retrasar la aparición de la fatiga y enseñar al cuerpo a resistir, los días de "calidad" en que le exigimos que trabaje al límite de su capacidad para enseñarle que tiene esa y mucha más y otros muchos que no son de "relleno" ni "kilómetros basura", en los que va viendo realmente el progreso a lo largo de la temporada y van poco a poco colocando los cimientos de lo que se edificará encima.

Ni tener un sello Aenor o EFQM mejora una mierda la calidad de algo, ni los atajos valen en la vida. Ni el comprar medallas, ni el tomar "ayudas" para progresar, algo especialmente estúpido en deportistas populares pero relativamente frecuente. Pero quien no lo entiende es que no da de si para entender cosas elementales. Que no se puede hablar en un concierto, que no se pueden comer pipas en la biblioteca o inyectarse hormonas del crecimiento para ganar una carrera.

«El Espíritu Olímpico trata de crear un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, en el valor educativo del buen ejemplo y en el respeto universal de los principios éticos fundamentales.»  
Barón Pierre de Coubertin

viernes, 21 de marzo de 2014

Transferencias

"No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa."  
Ortega y Gasset.
Vamos subiendo poco a poco la carga de entrenamiento y parece que, por ahora, asimilándola bastante bien. Crucemos los dedos pero, después del maratón de Sevilla, da la impresión de que se trasfiere como es debido el trabajo de la primera parte de la temporada a este momento que implica más cuestas y tiradas mucho más largas bajando el ritmo.

Corriendo por las calles de Híspalis con Anne Souplet. Parece que vamos en cabeza, pero no, había 2 o 3 por delante.
Transferir el entrenamiento es tratarlo como si fuese dinero que guardamos en un banco para después obtener intereses a través de inteligentes inversiones, haciendo crecer el total haciendo transferencias de un sitio a otro. Partiendo del hecho probado de que invertir y "mover el dinero" no genera ninguna riqueza globalmente, algo muy estudiado en la tradición económica marxista pero no ignorado por sus contrarios, ni por el común de la población inmersa hoy día en una crisis económica fruto de la especulación, si que parece que podemos tratar el entrenamiento como un sistema en equilibrio dinámico que permite ir pasando lo almacenado de un recipiente en otro, hasta cierto punto. Este es el fundamento de casi todos los sistemas de entrenamiento. Ir ahorrando en distintas "cuentas" y reunir todo en un mismo capital en un momento dado. Sacar lo que no se ha gastado de una y aprovecharlo para la siguiente inversión. Ir acumulando poco a poco intereses para cuando llegue el momento de gastarlo... o quizá aprovechar el líquido disponible para reinvertirlo en un negocio de mayores dimensiones.

El conocimiento, las claves de la filosofía también han seguido un viaje de almacén en almacén, de copia en copia, donde a veces se perdía o confundía algo en las sucesivas traducciones, a veces se contaminaba, en ocasiones ardía el frágil pergamino y desaparecía la obra para siempre pero, también, en ocasiones se enriquecía con marginalia, escritas a los lados de la página, se pulía su brillo con el saber de los enanos subidos en los hombros de los gigantes del pasado que podían mirar más lejos de lo que podrían haberlo hecho aquellos desde la altura sumada de ambos.

Las palabras del sabio Sócrates no se perdieron en el Ágora de Atenas. Dieron lugar a distintas escuelas de pensamiento de quienes eran sus oyentes y discípulos. Si que se perdió del más famoso de ellos, Platón, toda obra no divulgativa, todo lo que no eran diálogos para los que no acudían a la villa de Academos a filosofar con él y, del discípulo de su discípulo, Aristóteles, desapareció por el contrario todo lo "exotérico", esto es, lo escrito para los de fuera, conservando solamente los apuntes de de las clases para los iniciados, los escritos "esotéricos", lo que se contaba para "los de dentro" del Liceo, su escuela, sin las lecciones iniciales que se daban por sabidas. Esa es una de las razones que acentúan las diferencias en la obra de ambos, por otro lado inconmensurables.

Alejandro Magno amplió las fronteras de Grecia. El discípulo de Aristóteles, Teofrasto, sintetizó y recopiló, organizó y catalogó la obra del Gran Maestro de Occidente. Una copia de todo ello y de mucho más acabó en el Museo de Alejandría, anexo al palacio de Ptolomeo, en la gran biblioteca que aún hoy se asocia al nombre de la ciudad, uno de los mayores focos de saber de todos los tiempos desde el que crecieron las tres grandes tradiciones, la bizantina, la árabe y la latina, que transmitieron, transfirieron, el espíritu de Atenas.

El Timeo de Platón. Si, el nombre es muy gracioso ti-meo... jajaja. No, no. Perdón, perdón. No me pude resistir.

Uno de los muchos y quizá no el mayor de los crímenes de los cristianos del siglo VI se produce cuando Justiniano (que si su religión es verdadera quizá estará pudriéndose en el Infierno), cierra las escuelas de filosofía y expulsa a nestorianos y monofisistas que huyen de la represión fanática hacia el reino de Cosroes el Sasánida. La cuarta tradición perdida, la tradición nestoriana que jalonó de monasterios la Ruta de la Seda durante siglos hasta la China de Kublai Kan no ha dejado una herencia directa en aquellos lugares, los territorios del viejo imperio Seleúcida que bebió de la tradición persa y helénica en lugares donde miles de años antes ya había nacido la Civilización Occidental. La Escuela de Bagdad, ciudad fundada en el siglo VIII por el califa Al-Mansur el Victorioso, será el lugar que sirva de recipiente entre el Tigris y el Eufrates y que se llenará de parte de lo perdido por Occidente. Cristianos sirios escribiendo en Árabe primero, musulmanes después, devolverán las obras perdidas de Aristóteles por la tortuosa vía del Califato de Córdoba y de la Escuela de Traductores de Toledo para alimentar el fuego del conocimiento en las universidades, ya encendido en la Francia Latina por el Renacimiento Carolingio. Todo el saber se vuelve a encontrar de nuevo en París siglos después cuando se traducen los textos conservados en un minúsculo ya reducto del viejo Impero Romano, la ciudad de Bizancio.

Momentos de subida y bajada del conocimiento, donde la filosofía fluye como un río caudaloso o se encierra bajo tierra en corrientes subterraneas. Picos y valles de ilustración o edades oscuras como los estados de forma de un corredor filósofo recorren la historia. Lo que se cree perdido a veces continúa ahí, encerrado y esperando pacientemente su momento. De texto en texto, del Griego al Árabe, del Árabe al Latín, pasando por el Romance Castellano, si es cierto que los escribas de la época no hablaban los dos lenguajes simultáneamente y aquella la castellana era la lingua franca en Toletum, algunos textos llegan milagrosamente hasta hoy. Un misterio como la "memoria" que parecen tener nuestras piernas de lo que han hecho en el pasado.

Entendemos bien el mecanismo (el lógico) que hay detrás de una adaptación fisiológica. Le pedimos al cuerpo que corra más, que levante más peso, que se fuerce y éste, por pura vagancia, hace los cambios necesarios para que, con menor esfuerzo, se pueda conseguir hoy lo mismo que le exigimos ayer. Se entra en un diálogo con nuestro organismo en que tratamos de convencerle de que para sufrir menos tiene que quemar la grasa, hipertrofiar los músculos, hacerlos más densos, más rápidos. Cuanto menos le pedimos, más se relaja y nos ignora y, si nos pasamos de la linde con él exigiéndole mucho de golpe... se declara en huelga de sobreentrenamiento y "peta". Es un diálogo que tiene que desenvolverse con cuidado para no caer en los extremos de detener las adaptaciones ni forzar nuestra máquina más allá de lo que puede asimilar. Es casi como una lenta seducción, poco a poco. Sin asustarle, que crea que si recorre un poco más del camino tú no le vas a exigir de nuevo que dé un paso más y avanzando día a día, acabe llegando a donde queremos.

Caminos lentos y tortuosos, como la mayoría de los que recorren nuestras vidas.




jueves, 20 de marzo de 2014

miércoles, 19 de marzo de 2014

Consistencia y completitud del correr por la montaña (y III)

La geometría ilumina el intelecto y disciplina la mente. Todos sus argumentos son claros y ordenados en grado sumo. Los errores apenas tienen cabida en el razonamiento geométrico, pues éste tiene una estructura y un orden apropiados.  
Ibn Jaldún (s. XIV)

No basta con la ausencia de contradicciones en nuestra conciencia, en nuestros actos y entre lo que pensamos y lo que hacemos, también queremos tener la certeza de que todo lo que sabemos, creemos y hacemos es una consecuencia de nuestros principios y no algo imposible de demostrar, ni siquiera a nosotros mismos. No basta con que haya consistencia, también queremos completitud.

Queremos un conjunto de verdades, un marco en el que todo tenga sentido, que si usamos calzado amortiguado o nos ponemos de cereales hasta las trancas el día antes de un maratón podamos dar una elegante explicación de ello que se remonte a unos primeros principios simples y claros. O que podamos dar razones de nuestra forma de proceder apelando a unas pocas y evidentes verdades que nadie nos puede discutir. Que, por ejemplo, no estamos adaptados filogenéticamente al modo de vida que llevamos, sino que somos unos animales nacidos para correr o que nuestro metabolismo no está adaptado, no ha tenido tiempo desde la revolución neolítica de prepararse para comer algunos alimentos como los azúcares presentes en la leche de las vacas o las proteínas desnaturalizadas por el proceso de cocción al que sometemos a los cereales y las legumbres.

Eso quería el proyecto de investigación conocido como Programa de Hilbert. Pretendía algo muy lógico y muy honesto. Quería dotar a todo el edificio de la ciencia de un armazón y de unos cimientos consistentes, reducirlo todo a unas pocas verdades autoevidentes (axiomas) y a unas reglas de inferencia que permitiesen operar esos axiomas sin que condujesen jamás a una contradición (bien) y pudiendo tomar cualquier afirmación o enunciado matemático, cualquier fórmula, y averiguar si se podría deducir de esos primeros principios (ejem, mal). Todo conjunto de símbolos matemáticos que siguiesen las reglas de formación de los enunciados matemáticos podría ser demostrado o refutado. Todo lo que tuviese sentido, sería posible determinarlo como verdadero o falso.

Einstein y Gödel de palique. No tengo ninguna certeza,
pero estoy seguro que, sobre todo, hablaban sobre mujeres.
Mirad bien sus caras ¿creéis que discuten sobre matemáticas...?
Ese ideal partía de la filosofía positivista y no era, realmente, tan necesario para hacer ciencia. Una vez descalabrado el Programa de Hilbert bajo la pedrada que supuso el Teorema de Gödel (existen y siempre existirán enunciados en la matemática que son correctos formalmente, verdaderos y que no son demostrables a partir de los axiomas... sea cual sea la cantidad de axiomas que usemos), resulto que el día a día de los científicos no cambiaba.

Corriendo ocurre lo mismo. Hay a quien le va bien usar una carga de hidratos, a quien le va fenomenal la paleodieta, correr descalzos o sobre zapatillas muy amortiguadas, entrenar en ayunas o tomar un gel cada veinte minutos. Vamos probando cosas y unas nos van bien y otras mal. Al final nos gustaría encontrar una explicación que no fuese a posteriori de nuestras conductas como corredores y como personas, de nuestros actos morales remontando por la vida.

Mi mística personal me lleva a conformarme, como la matemática, en el correr y en el vivir, con la mera coherencia que no es poco. Ya tengo bastante tarea con tratar de tener unos principios, que no se contradigan mucho entre ellos y que mis actos sean más o menos consecuencia de estos como para pretender encontrar un marco teorético más allá. Una explicación global que todo explique, ya sea simplona Dios/La Fuerza/El Karma o una más elaborada y que me tengan que hacer decidir por una determinada escuela de de una (autoconsiderada) ciencia social, una ideología de partido o por una herencia que me llega desde el Paleolítico.









martes, 18 de marzo de 2014

Consistencia y completitud del correr por la montaña (II)


La ciencia posee unas raíces amargas pero frutos muy dulces.
Aristóteles de Estagira

Como decíamos ayer, la consistencia de la matemática está más que demostrada. No es posible, a partir de los axiomas de la aritmética de los números naturales deducir una contradicción aplicando las reglas de inferencia del método de las matemáticas: la lógica.

La consistencia de los seres humanos no. Si no habrá que explicar por qué corremos lesionados.


Buscar la coherencia es un ejercicio constante de revisión que nos cuesta, mucho, a quienes tenemos alguna intención de hacerlo. Es algo imposible en la mayoría de las ocasiones en quien nunca se hace a si mismo objeto de revisión salvo como parte de un ritual religioso purificador (confesión, psicoanálisis, meditación o similares ejercicios de autoexamen...) cuyos fundamentos no está dispuesto a cuestionarse y cuyos dogmas sirven de asidero a las deducciones personales como los axiomas de la matemática a la demostración de un teorema. Relatarse la historia de uno mismo es un ejercicio de autoconocimiento eficaz que hace que las personas valiosas se descubran a si mismas y se gusten cada vez más, como se ponía ayer de manifiesto en los comentarios a la entrada, se haga el ejercicio de narración en público o en privado, escribiendo o subiendo montañas. Uno de los caminos eficaces hacia la eliminación de las contradicciones que nos descubrimos es afrontar el cambio necesario. El otro camino, menos efectivo, es "blindar" una teoría cuando empieza a resquebrajarse, cuando comienzan a surgir contradicciones. Los cimientos temblorosos se refuerzan con tesis auxiliares fabricadas ad hoc, que es algo más sencillo y no requiere practicar cambios en la rutina de la vida, solamente imaginación y miedo al cambio. Cuanto más irracionales sean los dogmas de los que partamos (ex falso quodlibet, a partir de lo falso se puede concluir lo que se quiera), más sencillo encontrar hipótesis auxiliares que mantengan el estado de las cosas sin cambiar, sin evolucionar.

Previo a la I carrera WWX.
Los vientos del cambio soplaban desapercibidos
El plan a finales del siglo XIX era sencillo. Igual que la etología o la psicología son casos límite de la biología en el sentido de que, con sus propias reglas, explican el comportamiento de unos objetos de estudio de la biología (animales), igual que la biología es un caso límite y especial, con sus propias reglas, de la química, ya que investiga acerca de las sustancias que componen todo lo vivo y hasta nos encontramos que en la frontera estrecha entre la biología molecular y la química orgánica hay que cruzarla con frecuencia por parte de los profesionales de ambas, del mismo modo que la química es un caso particular (nunca mejor dicho, jeje) y, con sus propias reglas, de la física llevada a un alto grado de complejidad, y hasta tiene que tener en cuenta de vez en cuanto (jejeje) efectos subatómicos, igual que toda la física no puede ser otra cosa que un modelo matemático, como nos dice la Interpretación de Copenhague, del mismo modo, cada una de las ciencias matemáticas descansa para justificarse en otra, estando en la base de todas la aritmética de los números naturales y, como último suelo y método de inferencia, las leyes de la lógica, la misma que empezó a estudiar Aristóteles hace más de dos milenios. El plan es sencillo. Si fundamentamos la matemática, podremos construir un edificio completo para las ciencias con unos cimientos de diamante y nanotubos de carbono revestidos de una película de grafeno. De una solidez absoluta. Indestructible. Indeformable. Sin ninguna contradicción, sin que ninguna verdad escape a sus reglas.

Lo de las contradiciones ya vimos que bien. Chapeu por Hilbert.

...sin que ninguna verdad se nos escape. ¡ay!

En 1931 Gödel presenta un trabajo que provocará el final de todos los planes de fundamentación absoluta de las matemáticas: Acerca de los enunciados formalmente indecidibles en los Principia Mathematica y sistemas afines I. Detrás de este largo y farragoso título que nunca tuvo una segunda parte hay un monstruo escondido del mismo pelaje y aún mayores dimensiones y con dientes más afilados que los que habían aparecido y asustado a otras ciencias que parecían a punto de completarse a finales del siglo XIX como la física o la química. Los monstruos llamados Mecánica cuántica y Relatividad. El monstruo de la Geometría no euclidea ya había pegado un buen susto y ahora Gödel se sacaba de la manga la peor de todas las pesadillas posibles con enunciados matemáticos autorreferenciales que hablaban de su propia consistencia, inconsistencia y de su deducibilidad.


En una teoría aritmética recursiva, dada una fórmula φ(x)
existe una sentencia ψ con número de Gödel n
tal que puede demostrarse ψ ⇔ φ([n])
Los corredores también tenemos monstruos y fantasmas. Los de la lesión. El fantasma de la lesión de las navidades pasadas, ese esguince de tobillo, esa periostitis que hace escocer la pantorrilla siempre preparada a aparecer entre una zancada y la siguiente para encogernos el corazón de miedo con su presencia (joder, joder... otra vez no...). El fantasma de las lesiones presentes. Esa contractura en el glúteo o en el bíceps femoral, que tratamos de aliviar con estiramientos y que nos arruina algún entrenamiento ocasionalmente, más con el susurro amenazador de perdernos la siguiente carrera que porque sea una molestia insoportable. El fantasma terrorífico del futuro de las articulaciones gastadas, de los cartílagos endurecidos, de los meniscos cascados... ese monstruo que sopla su frío aliento en nuestra nuca durante una larga bajada en la que piensas que quieres correr durante muchos, muchos años... que pagarás cualquier precio, incluso bajar el pistón a cambio de no tener que parar nunca.

Monstruos y fantasmas, miedo a que algo cambie y no lo entendamos.

Continuará... y finalizará...


lunes, 17 de marzo de 2014

Consistencia y completitud del correr por la montaña (I)

«Si yo me despertara después de haber dormido durante mil años, mi primera pregunta sería: ¿Ha sido demostrada la hipótesis de Riemann
David Hilbert
Hilbert, quizá el mátemático más importante de finales del siglo XIX, aparte de sus muchas contribuciones a las ciencias matemáticas como el famoso espacio de Hilbert... ...si, claro, lo de "famoso" es muy relativo. Los corredores de montaña por ejemplo nos ponemos a hablar de los Kiliars, Heras y Nereas como si todo el mundo les conociese y, por el contrario, algunos tipejos ponemos la misma cara de desconcierto, mirada extraviada en el vacío con los ojos entrecerrados haciendo un esfuerzo de búsqueda inútil en ese baúl lleno de trastos que es la memoria cuando nos mientan supuestos famosos por el escaso mérito de haber pasado por un reality de televisión o, lo que es más desconcertante para nuestros vecinos, por ser los miembros (con perdón) de "la Roja", a la que he de confesar sin bochorno ni petición de disculpa que no sigo debido a una falta completa de interés en ella y en sus "azañas".

Hilbert, aparte de otras contribuciones, propuso una serie de problemas a resolver a lo largo del siglo XX por la matemática. Algunos eran viejos problemas y otros se referían a la fundamentación de la ciencia matemática en los términos en los que el pensamiento positivista de la época consideraba necesario. Entre las tareas a realizar estaban demostrar que las matemáticas son consistentes, es decir, que no contiene contradicciones y completas, es decir, que todos los enunciados matemáticos son un "teorema de las matemáticas", dicho de otro modo, que toda verdad aritmética se puede deducir de los axiomas de la aritmética.

El camino recto no siempre es el que hay que tomar para llegar a nuestro destino.
Los seres humanos también buscamos ser consistentes y completos. Pero nuestra vida, como deportistas y como seres humanos deportistas (o no), no puede serlo. Todo el mundo tiene contradicciones y en la lucha por resolverlas en ocasiones nuestro ser más íntimo sufre un viraje, un golpe de timón, un cambio radical, lo que en términos de sociología de la ciencia se conoce como una "Revolución Copernicana".

Una revolución Copernicana implica un cambio en la "visión del mundo". Ocurre sin planificación previa. De pronto se descubre con sorpresa que la vida no gira entorno a la noche, el tabaco, las copas, la fiesta... y estás dándote madrugones para correr, charlar de geles y complementos dietéticos, entrenamientos, lesiones, cómo estiras tú, si tu fisio te hace daño o no... ha habido un efecto dominó, la caída de unas piezas ha arrastrado a otras muchas y, para que tu existencia tenga cierta coherencia, lo que en principio eran tres o cuatro cambios sin importancia se ha convertido en trescientos o cuatrocientos pequeños detalles cambiados y has puesto boca a bajo la dialéctica hegeliana como Lavoisier puso patas arriba la química de su época. Se ha producido un giro de hábitos cotidianos desde que te levantas hasta que te acuestas, de percepciones, de interpretación de las percepciones... todo ha cambiado. Todo ha cambiado como cuando cambias de pareja, como cuando Copérnico sitúa el Sol en el centro del mundo y pone a la Tierra a dar vueltas a su alrededor y no al revés. Cambia el punto de vista y, con ello hay una Revolución que lo arrastra todo, incluso lo que parecía no tener que ver con lo primero. Ponerse a correr puede ser una de esas piezas de dominó que caen al principio, ese aletear del ala de una mariposa en Hong Kong que acaba provocando una tormenta en Nueva York.

Y todo es por la necesidad que nos impulsa de ser coherentes, de carecer de contradicciones. Una tarea imposible, pero que intentamos con gran esfuerzo. Es lo que hace que cada cambio lleve a otro a través de un sistema caótico. Es lo que hace que las piezas del dominó al precipitarse por el peso de la gravedad empujen a la de delante y esa a otras más. Habrá quien se sienta con la necesidad de agradecerle a la mariposa el aleteo de su ala. No es necesario, ella solo quería libar el néctar de una flor, no que se regasen tus cosechas. Donde no hay intención no hay culpa... pero tampoco ningún mérito.

Kurt Gödel, con unas gafas muy hipster. Un adelantado a su época para todo por lo que se ve. 
Kurt Gödel demostró que toda teoría de primer orden... no os importe mucho qué sea eso, llevaría un rato explicarlo y os importaría a la mayoría lo que a mi la Roja: una puta mierda, como ya comentaba anteriormente con un circunloquio. Apelando a un edulcorante sintáctico, como las pruebas de consistencia de las matemáticas os importan muy poco, confiad en mi. Las matemáticas son consistentes y eso se puede demostrar. No se puede, aplicando las reglas de la lógica, deducir una contradición a partir de los axiomas de Peano.

Nos cuesta, horrores, encontrar contradiciones en nosotros mismos que nos empujen a hacer cambios fundamentales en nuestra vida pero, lo que es más importante: como sabemos intuitivamente mucho de la mecánica del caos, de los efecto mariposa y de los efecto dominó, de lo que ha de suponer embarcarnos una revolución completa para nuestra conciencia y nuestra alma, tampoco estamos dispuestos a encontrarnos en nosotros mismos las pequeñas contradiciones que podríamos resolver día a día, no fuera a ser que, admitiendo que nos atamos mal los cordones de la zapatilla, tuviésemos que acabar aceptando que otra persona pueda tener razón.

Continuará...

jueves, 13 de marzo de 2014

Más razones de peso

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Kavafis.
Quizá la segunda cosa más difícil que he hecho en mi vida ha sido dejar de fumar.

Sin embargo es la supuestamente impactante fotografía en la que tengo treinta kilos más de peso que ahora, en este 2014, la que más llama la atención de todo el mundo y la que suscita más a menudo la expresión de admiración por una supuesta "fuerza de voluntad" que ha de ser empleada para cambiar esa imagen por otra mejor admitida por la sociedad. Voluntad que realmente no necesité emplear a fondo para perder peso. Para otras cosas si, pero para eso no.

Estoy hoy, como casi siempre, a dieta.

No es por tanto adelgazar lo más difícil que he hecho en mi vida, es, de hecho, una de las tareas autoimpuestas que para mi sorpresa menos me costó llevar a buen término. No así mantener esa pérdida de peso, una batalla inacabable con muchas ocasiones para la frustración, aunque tampoco esto más difícil que otras muchas que tenemos que enfrentar remontando por la vida. No llegará nunca "la Paz Perpetua", esa quimera que imaginó Kant, el final de todas las guerras para siempre, el fin de todas las batallas. Tan solo, un seguir combatiendo hasta el final. Eso si, con periodos de tregua.

Desde mi (su) ventana.
Como explicaba con claridad y profundidad hace poco mi amiga filósofa y nutricionista en su blog, la persona gorda, como yo lo era, está en esa situación por multitud de factores. La verdad es que vale la pena leer su entrada, porque da mucho que pensar y a mi me ha empujado, por lo menos, a pensar en mi caso. Más al hilo de la pérdida de peso que tengo en proyecto para los próximos meses.

No se puede hacer un abordaje simple de un problema multifactorial, aislando e incidiendo en uno solo de los elementos que están en su origen. Por lo tanto perder peso de forma estable requiere, requirió de hecho, actuar sobre varias de las causas de un problema complejo. La misma necesidad de fumar un cigarro tras otro compulsivamente hasta el nueve de agosto de 2004 era una causa y un efecto de la ansiedad que impulsaba a asaltar la nevera durante la noche para comer. Fumaba además hasta más de dos cajetillas cada día. La vida giraba, aunque no lo sabía, entorno a necesidad de fumar. Fumar quita el apetito, no fumar da hambre. El hambre da ganas de fumar, la saciedad de haber comido... también. La misma ansiedad que guiaba el encendido de cada cilindro humeante cuando al cerebro le faltaba nicotina o a los dedos algo que sujetar entre ellos, ahora, al dejar el tabaco, a lo largo de 2005, encendía la necesidad de comer para soportar el deseo de meter una calada de niebla caliente y aromática entre el pecho y la espalda.

De las muchas causas que me habían convertido en una persona obesa, una, la última, era la ex-adicción a la nicotina, otras muchas eran las mismas que me convirtieron en nicotinómano, enfermo de tabaquismo, otras tal vez estaban en relación con una educación alimentaria y unos hábitos nutricionales erróneos. También tenía que ver con una vida sedentaria, con una forma de ocio basada en el consumo de alcohol en bares y cafeterías, una estrategia vital de premiarse constantemente con cosas ricas sin tomar en consideración compensar los excesos o tener conciencia de la frecuencia con la que me los podría permitir sin riesgo para la salud. Quizás otros impulsos inconscientes que no puedo nombrar por no tener constancia de ellos ya que serían entonces, de hecho, conscientes. Serían otra cosa distinta de inconscientes en caso de pudiese hacerlos objeto de conciencia... algo que siempre ha supuesto uno de los permanentes choques entre la forma de ver las cosas entre psicólogos y filósofos.

Los efectos de la obesidad, sus resultados a largo plazo, se coadyuvaban con las causas, reforzando el problema de sobrepeso, la ansiedad, la baja autoestima, los problemas de salud, el rechazo social real que se experimenta cuando uno se aleja tanto del patrón establecido como canon, canon de la "normalidad" entendida como aquello que sale por los televisores constantemente, diferente de la norma estadística o del ideal de salud. Tres cosas distintas: la norma de la salud, la norma de la imagen, la de frecuencia real. Lo que supone mayor exigencia social es parecerse al ideal que nos proponen como adecuado estéticamente, en segundo lugar, no apartarse mucho de la moda estadística y, en mucha menor medida, de lo que es saludable para nosotros.

La peor consecuencia de la obesidad es el castigo constante al que se somete a la persona gorda. El ser despreciado, humillado y regañado por la sociedad a cada momento, desde que entras en una tienda a comprar ropa, hasta cuando tratas de encontrar tu lugar en un espacio reducido como un vagón de tren en la hora punta del metro. Para la mayoría de las personas obesas encontrar ropa es un problema menor. Lo realmente difícil es encontrar simpatía en la gente que no te conoce o atracción sexual. Gustar a los demás puede ser más difícil que encontrar pantalones de una talla grande.

Y correr no sirve para adelgazar. por lo menos, no solamente correr. Ni tan siquiera servirá para mantenerte en el peso. Es una consecuencia de la plurifactorialidad de la situación. No se puede incidir solamente en el problema de la vida sedentaria.

-20 Kg. después 2013
Madrid - Segovia
MAM y Galarleiz 2008
Cuando uno solamente corre y sigue descuidando todo lo demás, al final se convierte en un corredor gordito. Alguien que, tarde o temprano, dejará de ser corredor cuando se lesione y pasará a ser solamente lo otro, "un gordito más". Quizá un nadador o ciclista con un leve sobrepeso con un poco de suerte, pero es más probable un rebote sobre el estado anterior y dejarse llevar y comer como si se siguieran quemando todos los días 5.000 Kcal. Se acaba por deteriorar la calidad de vida y la salud por culpa de esa enfermedad llamada obesidad, que a los veinte años es incómoda, a los treinta mucho más, pero después llega a ser mucho más que eso. El trasportar permanentemente encima más peso del que las piernas soportan con comodidad es discapacitante en el sentido de la definición de "persona con discapacidad" que recoge la OMS. 

No nos engañemos. Nos vemos guapos y guapas. Al menos por comparación con lo anterior y porque no vivimos en Marte. Nuestros criterios estéticos, aunque hayamos sufrido todo tipo de humillaciones por nuestro aspecto, se han formado en la misma sociedad, en el mismo tiempo y espacio que los de la gente que nos despreciaba por tener tripa. Pero la razón que justifica el cambio vital es la salud. No sé si una razón es buena y otra es mala. Hay al menos una que es razón suficiente que diría nuestro adorado Leibniz. Lo que es cierto es que nos pone en una tensión moral a quienes hemos perdido peso similar a la de los exfumadores que no quieren ser "exfumadores coñazo" con los que aún fuman. Nos sentimos muy culpables de vernos bien, de gustarnos más ahora.

Continuamos la eterna batalla. Ya vencimos a los excesos navideños, más o menos, para bajar al Maratón de Sevilla. Dos semanas de relajación después, por otro lado necesarias, y ya toca volver a apretar el ritmo, bajar peso, disciplinarse y poner rumbo hacia el siguiente reto que nos espera, el Ultra Trail Sierra de San Mamés, en Portugal, en mayo. Los músculos parece que están en buen estado, las articulaciones no se quejan por ahora y tan solo la alergia estacional ocasiona molestias. 

Ahora, mirando hacia el objetivo anual tengo que ir aumentando a lo largo de los entrenamientos el kilometraje, para lo cual me conviene funcionar en "marchas cortas", ir subiendo el tiempo y la distancia poco a poco (que además ayuda a quemar más calorías que entrenar con más intensidad) y aprovechar cualquier ocasión para calzarme las zapatillas, eso si, nada de forzar, nada de series, solamente largas cuestas y esas sentadillas con la espalda apoyada en la pared y esas series de abdominales que no sé si encontraré el ánimo de hacer al acabar cada día.

Para eso si que hace falta fuerza de voluntad, y yo no tengo mucha.







miércoles, 12 de marzo de 2014

Saliendo de la cueva

Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos [...] del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
La República, Libro VII, Platón 
Pleistoceno. Una pandilla de Homo Sapiens corren durante días por el fértil territorio del Sahara persiguiendo a una especie de bicho con cuernos grande, herbívoro y que, si le dejasen en paz, no se metería con nadie. Está  lo bastante enfermo como no poder seguir a su manada, pero lo suficientemente fuerte como para que si se da la vuelta haya que hacerle "recortes" y seguir acosándole durante días, corriendo tras él para que al final caiga al suelo medio muerto y se le pueda dar un certero descalabro con una piedra afilada que lo remate y lo deje del todo seco o, quizá, despeñarlo por una ladera. Lo que surja. La estrategia es correr y correr detrás de él, descalzos, en contacto con la Madre Naturaleza, para finalmente poder llevar hasta el asentamiento provisional el aporte de energía de una dieta rica, muy rica en proteínas, basada en frutos crudos, tubérculos, huevos y sin rastro de cereales, ni legumbres, ni leche no humana después del destete tardío. Sin contaminación en el aire, comiendo productos sin procesar por la industria, bebiendo el agua que aflora pura del manantial y degustando frutas exquisitas que cuelgan de los árboles al alcance de la mano.

Nuestros antepasados corretean descalzos y comen filetones. Son felices en este jardín que la Madre Tierra les ha proporcionado.

[...]

Tiempos remotos, una pequeña comunidad de productores y artesanos. Unos pescan, otros cultivan alimentos, algunos saben hacer instrumentos de metal o de cerámica, otros producen otras "mercancías". El tiempo que invierten en conseguir estas mercancías es el valor que se le asigna a cada producto a la hora de realizar trueques. Todo, absolutamente todo, es mercancía, pero nadie la acumula, porque el "mercado" se autorregula en un libre intercambio. No hay dinero, no hay "acumulación de capital", nadie es el dueño de la "fuerza de trabajo" de nadie. Todo el mundo tiene tiempo libre y abundancia de cualquier cosa que necesite bajo este "modo de producción".

Las personas son libres, no hay estado, no hay Capital, ni plusvalía, no hay pobreza ni guerras ni odios.

[...]

Adan y Eva, nuestros ancestros, viven en un jardín, el Jardín del Edén. Un lugar maravilloso donde no falta de nada, donde hay comida en abundancia, donde no es necesario llevar ropas porque no hace frío, ni calor, ni existe la vergüenza ante un cuerpo desnudo. El primer hombre y la compañera que Dios le ha proporcionado retozan alegres y despreocupadamente en un mundo perfecto y maravilloso.

Dios es bueno y nos quiere, porque somos inocentes y obedientes.

Un juez de carrera echando a dos corredores de la competición al sorprenderles tomando sustancias dopantes
Pero un buen día todo empieza a ir mal. El paraíso se pervierte. Cultivamos legumbres y cereales y, para hacerles comestibles, les sometemos a un proceso de desnaturalización por cocción. Hay que vivir cerca de los cultivos, así que hay que crear asentamientos estables, criar los animales en vez de cazarles, y aprovechar para bebernos su leche cuando están amamantando a su prole. Bebemos leche ordeñada, cocemos trigo y fermentamos cebada. Nos ponemos calzado cada vez más robusto, para protegernos de pinchazos, cortes, picaduras... fabricamos armas con las que matar a distancia, primero lanzas, luego arcos y flechas.

Y de pronto uno de los productores del mercado ideal de intercambio de mercancías decide comprar una muy especial, la fuerza de trabajo de su vecino. Le paga por trabajar para él, pero quedándose, claro, un pequeño margen que va acumulando, la plusvalía. Si no sería tan solo que el vecino trabajase contigo y se quedase con todo lo que produce. Se acumula ese margen en forma de otras mercancías imperecederas o de vales o "pagarés" por un tipo de mercancía concreta, como el oro. La acumulación es lineal al comienzo pero pronto la puede invertir, por ejemplo, en adquirir la fuerza de trabajo de más vecinos, por lo que se va gradualmente doblando lo acumulado y permitiéndose multiplicar el capital a mayor ritmo. Se ponen lindes a las tierras. Aparece la propiedad privada de los medios de producción. Ahora lo que uno cultiva y reclama para sí no es lo que puede cultivar con sus manos y su trabajo, sino que se intenta poseer mucho terreno y comprar el trabajo de asalariados que lo cultiven. Aparece una profunda desigualdad y una mayoría de pobres trabajan para enriquecer exponencialmente a una minoría de ricos. Cuanto más se tiene más posibilidades hay de seguir aumentando la riqueza, cuanto menos, más probable que se le desposea a alguien de lo poco que tiene y tan solo pueda intercambiar la fuerza de sus brazos por una miserable subsistencia.

Y la curiosidad y la soberbia intelectual, los peores pecados posibles para el Dios, o eso nos venden sus curas, llevan a Adan y Eva a comer del Árbol del Conocimiento. La serpiente tienta al hombre a través de la mujer, adecuado intermediario, según los mismos curas. Por desobedientes, por buscar el conocimiento por si mismos, por hacer caso a otro que no sea Él, el Dios les expulsa del Paraíso y les condena a trabajar y parir dolorosamente. Justo castigo.

Imagen de un voluntario señalando un desvío poco marcado en un trail de montaña, para que nadie se pierda
Caída en desgracia la humanidad, se padecen trastornos intestinales por el "pecado original" de alimentarse de legumbres y beber leche de vaca, vivimos en la miseria casi toda nuestra vida, pagando las culpas de un antepasado cabrón que se apropió de lo que no era suyo y esclavizó a sus semejantes, en este valle de lágrimas en el que Dios nos ha puesto, no porque sea un sádico acomplejado, sino porque forma parte de un Plan Divino, al final del cual, tras la Segunda Venida de su Hijo, cuando todos comamos paleodieta, el día que llegue la Revolución y la abolición de la propiedad privada de los medios de producción... retornaremos al Paraíso primigenio.

Perdón, creo que me he hecho un lío.

Bueno, la idea es esa. Un pasado idílico, donde nuestros antepasados eran felices hasta que cometieron un terrible error, no del todo intencionado, inevitable realmente, pero del que pagan las culpas sus descendientes, que viven en un mundo tal y como le conocemos, no muy bueno para la mayoría. Existe, eso si, la receta para enmendar el error. Ya ha sido anunciada la solución, el libro está escrito y pronto, muy pronto, llegará la hora del cambio, de la revolución, de la salvación, detrás de la que nos espera el retorno al paraíso primigenio donde tenemos memoria genética de haber sido felices... 

También vale para la tesis del "buen salvaje", corrompido por la sociedad y que tras la Ilustración será libre de las cargas de su pasado y de las supersticiones y vivirá en una sociedad burguesa, industrial y avanzada que colmará todas sus necesidades gracias a una perfecta organización. Aplicable a casi cualquier religión o ideología política. Siempre hay una Edad Dorada y un Paraíso futuro, cuando vengan a salvarnos. Lo de en medio es la consecuencia de lo uno y la Revelación la solución que lleva a lo otro.

Y hasta en la mitificación personal de la infancia feliz y de la jubilación en que se disfrutará del merecido premio a una vida de esfuerzos.

Desconfiando de la Edades de Oro, a ver que le puedo sacar a una dieta baja en hidratos, que me sobran unos kilitos para mi próxima carrera de cien kilómetros en Portugal.

Shalom aleijem
Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora? [...] Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?
Ibid. 

lunes, 10 de marzo de 2014

Alergias

Amigos míos, retened esto: no hay malas hierbas ni hombres malos. No hay más que malos cultivadores.
Victor Hugo.

De αλλος, allós, "lo otro, lo extraño" y εργíα, ergeia, "energía, trabajo": αλλεργία, allergeia. La alergia es, etimológicamente, la "reacción a lo extraño", la energía que surge del desencuentro con "lo otro".

Un cuadro alérgico se produce cuando nuestro cuerpo tiene una reacción exagerada ante un estímulo que, en realidad, no supone una amenaza para él. No puedo evitar tener en mente a quien le aterroriza que entren cien o doscientos millones de africanos por las fronteras de Melilla si no se instalan nidos de ametralladora en lo alto de un gigantesco muro. La alergia hace que el cuerpo ponga en marcha los mecanismos de defensa y se liberen, en concreto, las histaminas que nos dejan hechos un cuadro. Un cuadro alérgico. Un cuadro chungo, no uno de las luminosas playas de Tahiti como los que dibujó Gauguin o de las de Valencia, más cercanas, de Sorolla. Más bien un "Saturno devorando a sus hijos" de Goya o un "Grito" de Munch. Una reacción alérgica es, como el racismo, algo innecesario, inútil, contraproducente y que tiene su origen en la ignorancia y el miedo.

No hay crónica de la media maratón de Ciudad Universitaria. Con los ojos rojos, las narices hinchadas, la garganta y la boca secas como el desierto del Mojave, con toses, estornudos y picores varios, permití que una pastillita antihistamínica me dejase las vías respiratorias expeditas para la circulación del aire y más sueño en el cuerpo que tiene una cesta de gatitos arrimados a una estufa.

Y me quedé en la cama.

La Primavera en la Pedriza.
Uno de los mejores sitios del mundo para
estar, y sin mucha cantidad de mis alérgenos.
Parte de la búsqueda en la que se ha embarcado la filosofía a lo largo de los últimos dos milenios y medio ha sido con el objeto de desentrañar los conceptos de bondad y maldad. Algo que tiene mucho que ver, o que se le podría echar un vistazo desde el punto de vista de las reacciones alérgicas y las enfermedades. Hasta tal punto se ha profundizado y escarbado en el tema central de la ética que ya es imposible abarcar todos los sistemas filosóficos, todas las respuestas posibles que se han dado y, sobre todo, todas las preguntas clave que se han formulado al respecto. El tema cotidiano se reduce, muchas veces, a dar razones de lo que uno hace y a meditar si estás tratando con una mala persona o con una profundamente imbécil. Si es verdad la teoría de la banalidad del mal y del intelectulismo moral (la maldad es simple ignorancia) o si, tal vez, el bien y el mal son una especie de elementos místicos como los reversos, respectivamente, Luminoso y Tenebroso de la Fuerza en el universo de Star Wars. Le doy vueltas y más vueltas y cada vez que me decido por algo, la tesis contraria gana atractivo y con la que me quedo acaba por presentar serias lagunas (lagunillas). En el origen de lo que consideramos malo hay un "daño" para nosotros, pero la causa puede ser una agresión real, como cuando nos ataca un rinovirus, o uno del que el agente que causa el daño no tiene la culpa, como en el caso del polen de los cipreses que inunda estos días la ciudad de Madrid. Puede uno encontrarse con alguien a quien el odio ciego le mueva a causar un daño en otra persona para satisfacer el deseo de causar ese daño y el placer que con ello experimenta o, alguien, por el contrario, que no puede evitar actuar de la manera en que, al final, las personas con las que se cruza reciban una hostia no intencionada al pasar por su lado.

Hanna Arendt (os recomiendo encarecidamente la reciente película que han hecho sobre ella), abordaba el tema y reflexionaba sobre la maldad humana. Ella que la vivió en sus carnes como judía alemana durante el periodo nazi, al final encontraba que la mayoría de las veces estaba ante burocratillas, cobardes, pamplineros pagados de si mismos, perezosos, estúpidos, trepas, pelotas... que los mecanismos de la maldad eran complejos engranajes en los que las piezas se limitaban a funcionar sin pensar mucho en las vidas que trituraban entre sus ruedas, que más de un asesino nazi no estaba movido por el odio a los judíos, sino por el deseo de lograr un ascenso y el miedo a desobedecer una orden.

Retomaremos los entrenamientos ahora que las pastillas han hecho efecto y saldremos a respirar el aire primaveral cargadito de polen, a reflexionar entre zancada y zancada si no será que no hay una respuesta, sino dos distintas, al problema del mal: que a veces es polen de arizónica, que la pobre no tiene culpa de que reaccionemos con tanta energía ante su presencia, pero otras nos infecta el Mycobacterium Leprae, que tiene muy mala leche.
Fue como si en aquellos últimos minutos [Eichmann] resumiera la lección que su larga carrera de maldad nos ha enseñado, la lección de la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes.  
Hanna Arendt, Eichmann en Jerusalén



lunes, 3 de marzo de 2014

Sesgos cognitivos y decisiones racionales

«Desde luego, a los astrólogos no les faltan técnicas para satisfacer la curiosidad de la gente. Pero he sometido tales "reglas" a la prueba filosófica, y no encuentro para ellas utilidad alguna. ¿Se supone que, aun así, debo permitir que se me use como comediante, actor o alguna otra especie de animador de feria? Hay numerosos astrólogos jóvenes que muestran esta inclinación y tienen fe en tales juegos. Quien quiera ser engañado con los ojos abiertos, que recurra a los actos y espectáculos de esos hombres.»
Johannes Kepler
A cada cual le gusta correr de una manera y se apunta a las competiciones que más le atraen.

Hay, por ejemplo, dos percepciones distintas, o más bien dos "sabores" en lo que a correr por el monte largas distancias se refiere. En los Estados Unidos tienen una tradición más dirigida a recorridos con trazados por pistas forestales, carreteras de montaña y pisar terreno sin invadir demasiado los espacios naturales protegidos, que son muchos. Son carreras muy "corribles". Relativamente rápidas, donde si te pones a andar no pasas los controles en los tiempos de corte. Mientras, en Europa las competiciones tienen un regusto más "alpino" y montañero, con terrenos más técnicos, desniveles muy grandes y las pruebas transcurren por lugares muy vistosos. Son pruebas más exigentes técnicamente y los tiempos de paso máximo por los controles son, supuestamente, más generosos para el corredor popular que puede hacer una buena parte del trazado andando, pero sin dormirse mucho en los laureles. Eso al menos es lo que he deducido leyendo a los afortunados que han podido hacer la comparación con sus propios ojos y piernas. Yo hablo de oídas o, más bien, de leídas. Quizá no haya tanta diferencia fuera de las pruebas más representativas de cada continente.

También en la filosofía, como en derecho (me dicen) y en otras disciplinas, hay dos tradiciones o escuelas paralelas: la anglosajona y la continental. En esto los británicos están alineados con sus colonias americanas como lo están también para los temas geopolíticos, para los que el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte no se diferencia demasiado de cualquier otro estado de la Unión como podría ser Dakota del Norte. Hasta los californianos pueden llegar a ser más díscolos a veces que el gobierno de Londres. De hecho se puede hablar de Ukusa como de un país imaginario (UK+USA) para referirnos a la política exterior conjunta de Londres, Washinton y Tel Aviv. Sin embargo en lo que se refiere a las carreras de montaña los british no se asimilan con el otro lado del Atlántico, no son euroescépticos en eso. Si no que le pregunten al "Spanish Team" en la Dragon's Back Race...

Cuando se habla de ética en el mundo anglosajón no es raro vernos en territorios que le son extraños al filósofo continental, enredados en la teoría de la elección racional, metidos en microeconomía hasta las rodillas como una mula las patas en el barro. La metáfora de la mula y el barro la empleaba Kepler para referirse a la astrología, quejándose amargamente por carta a sus amigos cuando como astrónomo oficial de la corte le encargaban la realización de horóscopos, lo que se suponía que estaba entre sus funciones, y tenía que introducir su mente en el tema con la dificultad con la que la descendencia de un burro y una yegua (o al revés) mete sus pezuñas, intenta avanzar y se enfanga en un barro maloliente, ensuciándose y desplazándose con sufrimiento a través de una pestilente ciénaga de ignorancia y superstición. Aún vivimos entre ella.

101 Km. de barro por el Bierzo en 2010
A la hora de elegir carrera (de las de correr), según las teorías ortodoxas en temas de teoría de la decisión, el sujeto tiene un orden de preferencias previo establecido en su mente. Si prefieres A a B y prefieres B a C es porque prefieres A a C. Es obvio y evidente.

Pues el ser humano no funciona así. Tenemos lo que se llaman "sesgos cognitivos" que nos impiden ser agentes racionales en la toma de decisiones en nuestra vida ordinaria. Preferimos A o B según lo que tenemos delante: la manzana o el plátano de postre, pero además, al introducir en nuestro pensamiento el melocotón, puede que cambiemos el orden de preferencia de estas dos frutas o que nos entren unas ganas locas de comer fresas y que, aunque no haya esta opción en la carta, se nos quiten las ganas de lo primero que habíamos pensado y acabemos pidiendo un café. Seguid la toma de decisiones de la elección del postre en un restaurante después de la comida y pronto perderéis toda la confianza en la racionalidad humana si la pretendéis fundamentar en funciones ordinales de interés. Eso si, la notación algebraica y los diagramillas de los que puedes acompañar cualquier especulación hacen que parezca, aunque sea una impostura, que estamos manejando una ciencia matemática.

Unos diagramas cartesianos y lo que digas suena a verdad irrefutable, como demuestra el gráfico adjunto 
Los sesgos cognitivos son necesarios, son trucos heurísticos que permiten a nuestra mente tomar atajos imprescindibles en esto del pensar, ya que de otra manera no daríamos a basto para procesar tanta información como nos llega. El problema es que a menudo nos conducen a errores de razonamiento. Es por un sesgo cognitivo que nos parece, cuando por fin hemos comprendido algo, que a todo el mundo le tiene que resultar igual de claro y evidente a la primera. Es por un sesgo cognitivo que no somos capaces de ver nuestros prejuicios y manías pero los de los demás nos resultan evidentes, que seleccionamos la información que nos interesa de toda la que tenemos disponible para llegar a la conclusión que queríamos obtener desde el principio. Por supuesto hacerlo racionalizando por lo menos tiene algún mérito y esfuerzo que no se necesita echando mano de las supersticiones, antiguas o actualizadas. Siempre habrá una diferencia entre equivocarse y no intentar pensar siquiera.

En fin. Que a posteriori podemos justificar cualquier decisión, que para eso tenemos siempre mucha inventiva, pero que lo que te lleva a elegir el objetivo deportivo para la temporada no es más que un impulso emocional y luego, quizá, adecuas el resto de lo que haces a esa circunstancia.

Es decir, como en cualquier otro aspecto de la vida.

Pero decidir a golpe de impulso emocional, empleando la razón como herramienta auxiliar quizá no sea tan mala política, como hemos podido ir viendo por aquí, remontando por la vida. Siempre mejor que quedarse solamente como guía de nuestro proceder con la fría razón, que conduce inevitablemente a la inacción y a la cobardía o a la emoción desbocada, siempre dispuesta a meternos en líos y hacer cosas de las que después nos podemos arrepentir. De las que amargamente nos arrepentimos.

Cuando en mi escuela de animación impartimos el curso de monitores de tiempo libre, en el módulo de planificación, siempre tenemos que insistir en la necesidad de plantear los objetivos antes de iniciar las acciones que conducen a ellos y no al revés (obvio), ya que hay cierta tendencia a hacer por hacer, actuar por actuar y luego buscar una justificación que sirva, que pudiera haber servido como objetivo. Una perversión académico-burocrática de confundir el documento escrito del proyecto con el acto de proyectar que se refuerza con la tendencia al "activismo" que premia cualquier acción aunque no se tenga claro para que pueda servir, que simplemente, siempre-se-ha-hecho-así y por lo tanto se repite una vez más sin pararse a pensar en su utilidad.

Cierto es que los filósofos, incluso los profesionales de la ética, en su vida cotidiana no suelen aplicar ninguno en concreto de los muchos sistemas éticos posibles, desde la ética eudemónica de Aristóteles, hasta  la ética deontológica formal de Kant, pasando por planteamientos y escuelas estoicas, epicúreas, consecuencialistas y maquiavélicas, utilitaristas, marxistas ortodoxas, frankfurtkianas,...  son tantas y tan variadas, se puede saltar de una a otra con tanta facilidad y ninguna de ellas es lo suficientemente perfecta que, al final, nos conformamos con poder "dar razones" de lo que hacemos, con un mínimo de coherencia, y poco más.

Así que si te preguntan que por qué corres lo que corres, creo que la respuesta más honrada, teniendo en cuenta que el ser humano no se comporta como un agente racional de un modelo ideal de mercado en la toma de decisiones, que de hecho es una decisión emocional lo que te lleva a elegir siemrpre, justificada muchas veces chapuceramente con razones a posteriori que, además tienen un fuerte sesgo y tufo a falacia lógica, es, por tanto lo más honrado responder:

"No lo sé, porque me da la gana".

martes, 25 de febrero de 2014

我 慢 Rumbo UTMB 2014

Gaman (我 慢) es un término de origen japonés Zen budista que significa "resistir lo aparentemente insoportable con paciencia y dignidad". No es lo mismo, aunque guarde cierto aire de familia, que podría decir uno de mis favoritos, Wittgenstein, con el concepto utilizado por Mahatma Gandhi de satyāgraha (सत्याग्रह), su sistema de resistencia no violenta. Gaman implica aceptación activa, no resistencia no-violenta. Es la capacidad de hacer la apuesta con uno mismo de resistir más allá de cualquier límite. Explorar hasta el final la capacidad de aguante sin ponerse un techo para ello, sin fijar de antemano lo que se está dispuesto a tolerar para que no actúe como un disparador de la rendición.


Gaman es lo que hay que llevar en la mochila en una carrera de montaña de cien millas. Salir de Chamonix con la idea de vas a hacer un entrenamiento de una hora y no pensar en lo que te queda en ningún momento, ni a la mitad, ni cuando llevas ciento veinte kilómetros, ni cuando llevas ciento cincuenta. En cada instante pensar solamente en el siguiente punto de destino, a cinco, a siete kilómetros. Limitar la mente al ejercicio de contar tiempo, no distancias. "Me queda una tarde corriendo para llegar a donde me espera mi chica", "me queda una noche y media mañana para llegar a meta", pero como único límite de lo que estoy dispuesto a soportar para el Ultra Trail del Mont Blanc, me pongo las cuarenta y seis horas que da la organización para acabarlo, no tengo que hacer ni un minuto más que eso... si veo que no puedo, si me vengo abajo, esa es toda la exigencia que voy a hacerme, como mucho.

Terminado el Maratón de Sevilla. Tan deseoso estaba de acabarle para pasar a otra cosa que hasta la crónica la hice deprisa y corriendo y ni mencioné, injustamente, a quien me acompañó casi veinticinco kilómetros y que es quien me viene acompañando los últimos meses remontando por la vida, Anne, mi chica. Terminado, digo, el maratón "asfaltero" como un trámite que deseaba quitarme ya de en medio para, como la cabra, tirar para el monte, toca aumentar y suavizar los rodajes. Segundo mesociclo. Esto si me gusta. Correr mucho, andar mucho, ir tranquilo, mejorar la técnica para ser más económico, más eficaz, no necesariamente más rápido. Trucar el motor diesel, aumentar su capacidad para hacer más kilómetros sin repostar y sin averiarse.

Hace unos años los más "frikis" trucaban sus PC para que fuesen más rápidos. Les hacían overclocking, es decir forzaban al microprocesador a funcionar a más ciclos por segundo de lo que estaban diseñados para soportar sin quemarse y, para compensar el calor generado por la chapuza, les colocaban unos superventiladores que disipaban el calor generado y hacían que no se fundiesen inmediatamente al encender el equipo, aunque, por supuesto, se aumentaba el nivel de ruido y se acortaba la vida útil del aparato. Muchos micros acabaron, literalmente, derretidos.


Una moda, quizá más friki aún, pero muy minoritaria iba en la dirección contraria. Quitarle el sistema operativo más comercial y utilizado en la época (uno que no voy a nombrar y que se colgaba mucho, "ventanas" en la lengua de Shakespeare) y sustituirle por uno libre, con el "núcleo" o kernel recompilado a medida, es decir, desplumado de todo lo que sobrase y bajando la velocidad del microprocesador al mínimo, aumentando el rendimiento añadiendo memoria que, por otro lado, los sistemas libres gestionaban de forma más eficaz. Incluso se les quitaba el ventilador, que ya no necesitaban, para que no emitiesen ningún ruido. Por analogía le llamaron a esta idea de hacer más lento, silencioso y duradero al equipo "underclocking".

Pues de eso se trata. Algunos corredores incluso tienen que aprender a correr más despacio, algo que a mi no me hace mucha falta. Me basta con hacer más cuestas p'arriba muuuuy largas para ganar potencia y fuerza-resistencia a costa de perder algo de "chispa".

Si os apuntáis os espero por la Sierra de Guadarrama y alrededores.





lunes, 24 de febrero de 2014

Maratón de Sevilla 2014

El 23 de febrero ha sido el maratón de Sevilla. Mi maratón, según las cuentas del gran Capitán, número 42, lo que hacen 1.772 kilómetros maratonianos. No quiero ni pensar lo que llevo en total.

Lo de llevar cuentas exhaustivas en un cuadernillo lo hago cada día que salgo a correr, apuntando el tiempo empleado cuando lo sé, la distancia, la zona por dónde he corrido, la temperatura y si llueve o nieva, las sensaciones, con quien corro... Puede parecer, viendo a algunos corredores como yo que correr produce cierto tipo de desordenes neuróticos en la gente. Más bien es al revés. Es que, al final, si no eres hasta cierto punto una persona con unos determinados rasgos de personalidad es poco probable que te acabe enganchando correr largas distancias. Hay que ser un poco "perseverante" (cabezón), "riguroso" (intransigente) y "metódico" (obsesivo-compulsivo), en mayor o menor medida.

En la feria del corredor con las "winnies"
Un detalle. Lo de "clavar" los tiempos de paso. Eso exige probar bien el ritmo con muchas semanas de antelación, calcular a partir de las marcas en 10.000 metros y en media maratón cuales son las velocidades que podemos soportar para extrapolar el ejercicio al doble de distancia. La marca de maratón no puede ser, claro, simplemente el doble que la de medio maratón. Necesariamente hay que tener en consideración que el cuerpo no aguantaría a la velocidad de nuestra mejor marca personal (MMP) el doble de tiempo y recorrido. Hay que saber en qué momento exacto tienes que ir pasando cada kilómetro si no quieres desbocarte al principio y pagarlo después. Mucha gente lleva una pulsera con los tiempos de paso apuntados o una chuleta de algún tipo que calcula previamente con fórmulas y tablas de equivalencias que circulan por ahí.
Tiempos de paso previstos en el Maratón de Sevilla

El inventillo
Los corredores de montaña quizá somos menos obsesivos con los tiempos y las marcas. Funcionamos más con "sensaciones", pero Sevilla es uno de los maratones más llanos del panorama y la forma de acabar con él en el menor tiempo posible es salir al mismo ritmo al que se va a entrar en meta. hay que tener claro como se va a intentar ir si el día sale bueno.

En principio mi plan es salir a cinco minutos y medio por kilómetro. partiendo de mi MMP en medio maratón podría intentar hacer la carrera en menos de tres horas y cuarenta minutos pero no he entrenado específicamente, mi mejor marca queda a un año de distancia en el pasado y bajar de cuatro horas ya supondría para mi suficiente reto. Es algo que aún no he conseguido nunca.

Por supuesto que tengo en mente que si me encuentro con buenas sensaciones en el kilómetro veintiuno, subo un poco el ritmo y le araño cinco minutos al tiempo previsto, pero la experiencia me dice que no tengo que dejar volar mi imaginación y que es más probable que el cansancio me haga perder diez minutos a que las buenas sensaciones me regalen cinco, al menos en esta distancia.

A freír puñetas, saldré a seis, renqueando y sin "chispa" y haré la carrera, no de "menos a más" sino "de menos a menos aún". Es lo que hay. Puedes preparar lo que te de la gana, pero el día de la carrera, la distancia es la que manda y escuchando a las piernas, me dicen que lo de ir deprisa... otro día. hay que escuchar a las piernas, con independencia de lo que se escuche por las orejas.

En el mp3, llevo dos horas de música para ponérmela a partir de mitad de carrera y que me "lleve" hasta la meta el death metal melódico de Amon Amarth y otras delicatenssen similares.

Como podréis deducir de su color, va cargado de heavy metal.
Como llevo un diario de entrenamiento exhaustivo desde 2007, algún día de estos haré una estimación de los kilómetros de entrenamiento y competición que llevo en las piernas y una entrada con un breve resumen estadístico de los últimos 8 años. Igual me cae alguna bronca. A lo mejor me llevo alguna sorpresa.

De un maratón llanito, llanito, llanito, no hay tanto que contar como de carreras con más "acontecimientos" que los edificios que se van recorriendo: los puentes sobre el Guadalquivir, la torre del Oro, la Maestranza, la Giralda al fondo, el Parque de Maria Luisa, la Plaza de España (genial de animación), la catedral, etc... y el desgaste gradual que se va sufriendo, sin opción a recuperación. No hay, en el cansancio, picos y valles, tampoco en el recorrido, claro.

Antes de.
A partir del kilómetro 15 ya no dan botellines de agua. Se nota y mucho que han entrado inversores, incluidos varios fondos de capital-riesgo, en el negocio de los maratones. Este año los 9.000 dorsales de Sevilla han supuesto... ¡RECORTES! ¡Qué rápido aprendemos! Y que pronto nos acostumbramos a que nos recorten sin protestar demasiado. Más dorsales, mejor recaudación, menos agua, menos avituallamiento, nada al acabar para los que van en la parte de atrás aparte de un vasito de agua. Qué vergüenza, qué desilusión que con el apoyo que tiene el maratón en la ciudad, con la de gente que se ha echado a la calle a animar, con toda la gente que ha venido de toda España y Portugal (havia muitos vizinhos ocidentais :-) ) y del resto del mundo, que unos mamarrachos, para ganar un céntimo más, fastidien estos detalles. En fin, el año que viene, como el Mapoma, meterán 20.000 a hacer medio maratón, subirán el precio y darán menos. Con el boom del atletismo popular todo cuela.

Como dan vasos, no todo lo llenos que deberían algunos, tengo que caminar unos metros para beber en cada avituallamiento. Kilómetro 20, 25, 30, 35 y 40 y alguno más intermedio, que eso si estaba bien pensado. En realidad se pierde poco tiempo. En total quizá dos o tres minutos y estoy acostumbrado a arrancar a correr una vez parado, como corredor de montaña, pero a mucha gente la han fastidiado y se nota. Nunca he visto andar a tanta gente al final de un maratón y es que sospecho que muchos han tenido un marathonus interrumpus gracias a la tontería de no dar agua en botellitas para que puedas correr y beber a la vez. No es que eso sea fácil, hay que pillarle el truco, pero con un vaso te echas la mitad del líquido en el ojo y la otra mitad en la camiseta. Bueno, un poco sagerao soy, pero er que eztoy en Zevilla (y olé).

Pasando el kilómetro veintiuno, en quince minutos más y peores sensaciones que al acabar otros medios maratones mucho, pero mucho menos llanos, decido dar por perdida cualquier esperanza de hacer buen tiempo. Trataremos de acabarlo y, si es posible, sin andar para reducir el tiempo de sufrimiento que, anticipo que se me viene encima. Lo anticipo demasiado pronto, es sobre el kilómetro veinticinco o treinta cuando debería tener esos pensamientos, no a partir del quince. El clima es perfecto, el trazado también, voy bien preparado, pero no me van bien las piernas... por lo que sea. No hay que preocuparse. Llevo 42 maratones y quedan muchos por delante, ya haré mejor marca otro día. Reflexiono que si mi mejor marca en esta distancia, la mitad de los cuarenta y dos kilómetros, es en la Media Maratón de Latina, hace un año exacto, que tiene unos "cuestones del demonio", a mi el llaneo es lo que me hace polvo.

La música me anima muchísimo del 21 al 30, claro, un poco de "metaldopping" ayuda mucho. También un par de geles después de ese punto kilométrico en que aún paso con la pandilla que entrará por debajo de cuatro horas más o menos.


Luego me encuentro a Yolanda, de Getafe, mi "pueblico" y por lo menos tenemos charla y compañía un par de kilómetros. Nos perdimos hace ya tiempo en grupo, corriendo el Tres Refugios y desde entonces nos hemos cruzado en mil carreras. Hoy su chico no corre, que está lesionadillo, pero si no ya hubiese llegado, que es un "flaquito" de esos que vuelan. Ha ido acompañada de Hernando hasta hace poco. Otro crack, un himalayista todoterreno de esos que lo mismo sube un 8.000 que se hace la Travesera de Picos de Europa o un  medio Ironman.

Unos kilómetros más de sufrimiento, un mazazo en la nuca (o eso parecía) en el úlitmo avituallamiento a 2.195 metros de la llegada y a cruzar el arco de meta para disfrutar de ¡Un vaso de agua! que te daba la organización. Bueno, y naranjas y cerveza, pero no me apetecía.

Desparramado al acabar. 
Paliza de coche y a trabajar al día siguiente.

Al día siguiente muy bien muscularmente. Algo bueno tiene tener el cuerpo acostumbrado a estas cosas. Eso y la ducha de contraste, las medias de compresión, el batido de proteína al acabar y un ibuprofeno con el desayuno.

Y, lo mejor, que se acabó la temporada de asfalto, a por la montaña, que nos está esperando la Serra de São Mamede en mayo para hecerle cien kilometritos.



viernes, 21 de febrero de 2014

El reverso Dunning-Kruger de la Fuerza

«La Fuerza es lo que le da al Jedi su poder. Es un campo de energía creado por todas las cosas vivientes. Nos rodea, nos penetra, y mantiene unida la Galaxia.» ― Obi-Wan Kenobi
«Mi aliada es la Fuerza y una poderosa aliada es, de la vida es la creadora, crecer la hace, su energía nos rodea a todos y nos une, luminosos seres somos, no esta bruta materia. Debes sentir la Fuerza a tu alrededor, aquí, entre tu y yo, y el árbol y la roca, incluso entre la tierra y la nave.» ― Maestro Yoda
El efecto Dunning-Kruger es un curioso fenómeno que nos rodea por todas partes. Como la "Fuerza" en el universo ficticio de Star Wars.

Se trata de una característica de los individuos "incompetentes". Estas personas sufren la ilusión de considerarse, paradógicamente, más inteligentes que las personas que están a su alrededor, especialmente más que las personas mejor preparadas, con mayores conocimientos, estudios y experiencia y cuyas argumentaciones rechazan, muy a menudo, simplemente porque no comprenden, ni están dispuestas a admitir que no comprenden, los fundamentos de otro discurso que no sea el suyo propio. Todo el mundo tenemos un poco de Dunning-Kruger. Siempre nos gustaría pensar que estamos por encima de la media intelectualmente, pero de vez en cuando nos asalta la duda de si es así. Eso debería tranquilizarnos, es lo normal. Lo que delata a un verdadero ejemplar de este rebaño en concreto es su complejo de superioridad. Nunca dudan de ellos mismos, nunca cambian de opinión, nunca se cuestionan sus creencias.

Uno de estos personajes siempre reacciona con violencia al ser interrogado, actuando a la defensiva y, cuanto más racional y argumentada sea la crítica que se les haga, más emocional e irracional será la respuesta, con argumentaciones ad hominem, dirigidas a desacreditar la autoridad de la persona que tienen enfrente y no tanto sus planteamientos que, por otro lado, algo en su interior les dice que no entienden. Si se parasen a discutir sobre argumentos ello podría dejarles en evidencia al meterse en jardines dialécticos.Viven como amenazante cualquier cosa que, muy de lejos, pueda acabar en algo que no sea darles la razón y experimentan esta amenza de forma muy paranoica por lo que en cualquier momento se pueden ver amenazadas por cualquier comentario inocente de un interlocutor. Algo que puede ser desconcertante para quien hace en su presencia cualquier afirmación que no encaje en su dogma. Detrás de ese complejo de superioridad subyace una compensación del conocimiento, más profundo, de la intuición de que están en un mundo que se escapa a su entendimiento y razón, que, en el fondo saben que son idiotas y que se les nota.

Los corredores no podemos creernos que corremos más rápido de lo que corremos. La competición nos pone a todos en nuestro sitio y las marcas y los registros nos obligan a aceptar la realidad aunque no nos guste. No hay corredores que tarden más de una hora en recorrer diez kilómetros o que acaben una maratón en más de cinco horas y que crean que corren mejor que la élite de Etiopía y Kenia juntas. En el plano intelectual, sin embargo, es posible construirse una fantasía ególatra equivalente. Quizá por esto lo de correr no es para gente que no sepa aceptar y conocer sus límites. Al final, por eso, siempre, fuera de la élite, el correr nos conduce hacia el autoconocimiento y a competir contra nosotros mismos. En una carrera larga la gente que te rodea no es tanto contra la que compites como el equipo en el que te vas a apoyar para poder resistir hasta llegar a la meta.

Un tortugo arrastrándose por la nieve, consciente de sus límites
Curiosamente las personas con altas capacidades intelectuales suelen ser conscientes de sus limitaciones y estar, incluso, acomplejadas frente a la inteligencia de los demás, por la que sienten una sana (o no) envidia, pero suelen cometer el error contrario al de las personas incompetentes. Tienden a sobrevalorar el intelecto de quienes tienen cerca y asumen, falsamente, que todo el mundo puede entender perfectamente sus argumentaciones, que la población general tiene un nivel de conocimientos culturales y científicos alto y una capacidad de abstracción normal. Que la mayoría de sus interlocutores están en condiciones de seguir un hilo argumentativo y que pueden detectar, con solo escucharla, una falacia o un error. Tienden a comunicarse, por lo tanto, asumiendo que están ante una persona mínimamente preparada para comprenderles. Algo que suele ocurrir salvo cuando se cruzan con un fenómeno Dunning-Kruger. Notaréis entonces una gran perturbación en la Fuerza, "como si de pronto millones de voces gritasen de terror". Es como un encuentro entre un lord Sith y un caballero Jedi. El Reverso Oscuro de la Fuerza es la ira, el temor, la agresión; "de la Fuerza del lado oscuro son. Fácil fluyen rápidos a unirse en el combate. Si una vez tomas el sendero del lado oscuro para siempre dominará tu destino. Te consumirá, al igual que lo hizo con el aprendiz de Obi-Wan". Como le acontece a un Jedi que es presa de la ira y cae en el Lado Oscuro durante el combate con un sith, la persona con altas capacidades se enreda a discutir en el terreno del "troll" y es conducido a un campo de batalla en el que no sabe manejarse y donde tiene mucho que perder y nada que ganar, porque el reverso oscuro siempre vence en ese tipo de combates cuerpo a cuerpo. Siempre se saltará, consciente o inconscientemente, las reglas del combate dialéctico que su oponente no puede evitar y que limitan las infinitas barbaridades que si que están disponibles para el uso pervertido de un incompetente. La lógica aristotélica es "un arma noble, para tiempos más civilizados".

Nunca uses la esgrima verbal contra quien va armado con un revolver cargado de prejuicios e ignorancia.
También el corredor ágil como un gamo cree que todo el mundo puede seguir sus pasos. Asume que circula a un ritmo "suave", suave para él claro, que desfonda y revienta a la tortuga de turno que intenta ir a su lado, o más bien un paso por detrás, con la lengua fuera y el rostro congestionado. No lo hace por alardear, ni para maltratar a su compañero o compañera de entrenamiento, lo hace porque las sensaciones de los demás son difíciles de comprender siempre, a todo el mundo y en todas las circunstancias y si ellos (o ellas) van a un ritmo muy suave y que, de hecho, les cuesta mantener de puro lento que es, si se les disparan las zancadas hacia delante cada vez que se despistan y le "hacen la goma" a su víctima, no consiguen comprender que para la persona que tienen al lado ese ritmo les lleve a umbrales anaeróbicos en los que van al borde del infarto, sin poder simultáneamente correr, hablar y respirar y, optando por priorizar lo tercero para hacer el running compatible con su mera existencia física como ser vivo.

En lo intelectual que las personas por encima de la media se consideren, habitualmente, por debajo de ella y las personas más incompetentes asuman que están por encima de los demas parece una locura. Es una de las cosas que hacen difícil el mundo. Mirad a vuestro alrededor y quitaos los complejos. Los tienen las personas equivocadas, no quien los necesitaría. Ay, qué bien le iría a una cuanta gente si desarrollase el complejo de inferioridad que necesita y que felices harían a los demás. Cuanto disfrutaríamos todo el mundo de ver como algunas personas extraordinarias se valoraran a si mismas y dejasen de tratarse como si mereciesen las cosas malas que les ocurren.

Las personas competentes asumen que otros tienen conocimientos y capacidades iguales o mejores que los suyos y lo que les cuesta entender es justamente que no les entiendan. Los corredores más rápidos no entienden que el común de los mortales no les podamos seguir, pero lo tienen que aceptar ante la evidencia, como a los más tortugos no nos queda más remedio que aceptar nuestras limitaciones. En lo intelectual igual. Casi todo el mundo asumimos que hay cosas que no entendemos y tenemos que vivir con ello.

Si hoy os toca tratar con idiotas... ¡Que la Fuerza os acompañe!

"Para el bien, la necedad constituye un enemigo más peligroso que la maldad"
Dietrich Bonhoeffer, pastor y teólogo luterano ahorcado por los nazis.