lunes, 23 de mayo de 2016

Los tontos del trail

La única prueba de superioridad que conozco es la bondad.
Ludwig van Beethoven
Es usual que la filosofía ponga su foco de atención en la Inteligencia humana, sea lo que sea eso, y en la bondad, como uno de los problemas más debatidos, ya se la sitúe a ella fuera del ser humano como la corrección de lo es o de lo que debiera ser, o dentro de él, como un gusto, deseo, preferencia o gana. Pero yo creo, estoy convencido como una superstición personal de que en el fondo, lo que mueve a los filósofos de todos los tiempos a preguntarse por la inteligencia y por el bien, es el contacto diario con la estupidez y con la maldad.

Vistas desde la Cuerda de los Porrones en el Cross de los Tres Refugios
Hay una larga tradición que trata de vincular ambos conceptos positivos, la inteligencia y el bien. El intelectualismo moral, ya desde Grecia, lo intentó. La tradición socrática dio vueltas, vueltas platónicas, aristotélicas, epicúreas, megáricas, cínicas y cirenaicas a esta vinculación, a menudo desde la idea de la "ebulia" (εὐβουλία), el "buen consejo" que se busca dentro de uno mismo o en los demás para hacer el bien si se es una persona inteligente, o quizá el esfuerzo de las buenas personas para pensar correctamente y que el error no les lleve a actuar mal, que quizá no sea lo mismo.

En cualquier caso, la fascinación por el descubrimiento de personas miserables, pequeñas, de mente sucia, de gesto odioso es común. Personas sin humildad ni grandeza ninguna, que no dejan de ser algo que no encaja del todo en ninguna teoría del bien, por lo que a menudo se ha tratado de construir una metafísca del mal que dé cuenta del comportamiento de esos seres. La inteligencia, tal y como la entendemos hoy en día, ha sido abordada sobre todo por teóricos como Alan Turing en el marco de la teoría de la computación, donde la estupidez no es más que una malfunción del sistema, pero la vinculación entre pensamiento, entendimiento y razón viene de muy antiguo, antes de que los científicos sociales (autodenóminados científicos, diría Gustavo Bueno), saltaran desde el estudio de la conducta humana a diversas teorías abstractas acerca de su naturaleza y posteriormente las ciencias cognitivas trataran de ir un paso más allá mediante la adicción de otras especialidades auxiliares como la neurología, la lingüística, la matemática o la lógica simbólica.

Construir explicaciones a posteriori desde el lenguaje propio de una teoría es sencillo.

Entender a los gilipollas no lo es.

Y es que el Cross de los Tres Refugios dio de sí, el pasado domingo, para hablar y reflexionar mucho con mi amiga Cata (cuando me alcanzaba el aliento, aunque que ella, bendita sea su energía infinita, no lo perdía nunca). Hablamos sobre la maldad humana y sobre personas malas que nos quitan la alegría y que nos intentan quitar un trozo de nuestra felicidad entre otros muchos temas. Del daño que hacen a los demás. Incluso nos cruzamos con alguna mala persona por allí. Por poner un ejemplo en concreto el tipo de persona que se dedica en las carreras que compite, que al final no gana, a desbalizar el día anterior parte del recorrido que se va a recorrer al día siguiente para que quienes vayan delante quizá se puedan perder si no encuentran las marcas. Ese tipo de gente que se creen grandes deportistas porque corren rápido... bueno, no rápido como Bekele o como Kilian, más rápido que el vecino, que es a lo que pueden aspirar.

Antes de seguir ya aviso (por si alguien se queda esperando) que de la carrera no voy a contar nada. Ni de los avituallamientos miserables sin comida (ya os vale, RSEA Peñalara), ni de los paisajes maravillosos, ni de la dureza de la prueba, por lo demás estupenda.

Foto: M.A. García Lara
Sin photochop. Qué bonito está el campo en primavera.
El tipo de imbécil al que nos referimos es gente que cuando se cruzan con un corredor lesionado en una carrera que se retira (momento difícil para cualquiera), con más de 40 años de vida deportiva detrás, cientos de kilómetros por las montañas de Guadarrama en las piernas y nada que demostrar a un fantasmón, le dicen "si es que tenéis que mirar en dónde os apuntáis" con un gesto de suficiencia.

Y estos gilipollas me calientan y me cabrean. Mucho. Corren rápido (no lo suficiente, por cierto, siempre serán segundones, lo que me alegra infinitamente). Y ya nos hemos encontrado con ellos, sobre todo en las redes sociales, donde los más cobardes se atreven a faltar al respeto desde la distancia, a abrir su bocachancla sin miedo a que se la cierren con una buena respuesta (no, no con una hostia, aunque la tentación es grande). Gente que muestra su desagrado públicamente hacia los que corren despacio, aunque muchos de los "trotones", de los "paquetes" lo hagan desde la experiencia y sean perfectamente competentes, prudentes y experimentados y tengan un palmarés que lo acredite de sobra.

Se me viene a la mente la reciente noticia de que la policía ha destapado una trama de doping entre deportistas "populares". Otro ejemplo de pobres imbéciles que necesitan correr cinco minutos más rápido el medio maratón para.. ¿para qué? Si correr una media maratón en 1:35 o en 1:45 es lo mismo. Como logro personal no, porque requiere mucho esfuerzo pasar de lo uno a lo otro, pero en términos absolutos es ser igual de manta, tan manta casi como el que entra el último en dos horas. Entiendo la tentación del tenista de élite que le ofrecen un "recuperador" alegal y enmascarado que le va a permitir ganar mucho dinero en publicidad, entiendo el profesional del ciclismo, el gregario que siente la presión para hacer lo que hace el resto del equipo y se juega el sueldo si no lo hace, pero que el vecino del quinto se hormone y se haga una mierda el hígado y se arriesgue a un tumor para sacar pecho por hacer un "sub. 3h 30' " en el maratón de su ciudad, no es de deportistas.

Es de tramposos acomplejados... y tontos, muy tontos.

Y parte del problema es que no entienden el deporte. Sean el campeón de la oficina o del bloque de vecinos, tengan título de entrenador o la camiseta de un conocido club. A una carrera se puede ir a superarse a uno mismo (corriendo más rápido que otras veces o más distancia), a superar a los demás sin hacer trampas (si, a ganar carreras, para eso es una carrera), o a disfrutar del ejercicio, de la compañía y sentar las bases de una vida sana y activa. Si se va con la idea de que correr más rápido le hace mejor a uno en algo, en cualquier cosa, en cualquier otra faceta de la vida que los demás, es que se es un "tonto del trail", un infeliz.

Y, como reflexionamos Cata y yo por el largo camino, la infelicidad es la clave a menudo. Las personas que son profundamente infelices acaban odiando y despreciando todo, porque buscan un origen a su infelicidad fuera de ellos mismos.

Nos conformaremos, aunque hoy le deseemos una patada en la ingle a algún "machaquita", con no convertirnos en eso y no tener que arrastrar el resentimiento con nosotros del mal que nos hacen las personas pequeñitas (moralmente).




miércoles, 11 de mayo de 2016

Pruebas de esfuerzo y salud del runner


Las matemáticas poseen no sólo la verdad, sino la suprema belleza, una belleza fría y austera, como una tumba. 
Bertrand Russell

Andaba pensando acerca de la similitud entre la preparación física para afrontar una carrera y la propia competición deportiva cuando esta llega al fin, cuando de pronto han empezado a aparecer polémicas entorno al riesgo de correr. También se ha polemizado en las redes sociales sobre la obligatoriedad, en alguna prueba que aquí nos es muy querida, de aportar un resultado negativo en una prueba de esfuerzo para poder participar.

Después de algunos casos de muerte súbita en carreras populares los medios de comunicación han encontrado un filón con el tema. Al fin y al cabo la mayor parte de la población padece un grado de "anumerismo", es decir, incapacidad para interpretar correctamente información con base matemática, muy superior al "analfabetismo funcional", que también hay. Sin embargo mientras lo segundo se considera una triste desgracia vergonzante, de lo primero se tiende a hacer mofa y alarde. Aprovecho para recomendar la edificante lectura de El hombre anumérico, el analfabetismo matemático y sus consecuencias de John Allen Paulos. Os cambiará la visión del mundo. Hasta tal punto que miraréis con suspicacia que sea noticia que de los 16.000.000 millones de personas que hacen deporte en España haya entorno a 200 casos anuales de muerte súbita y no, por el contrario, que haya cada día ¡Cada día!, 200 muertos también por causas que se pueden relacionar directamente por enfermedades causadas por la vida sedentaria y que se podrían prevenir haciendo deporte.

En la Madrid Segovia se exige para participar una prueba de esfuerzo
Primera de las muchas carreras que lo irán haciendo.
En este contexto ha habido serias críticas en las redes sociales al requisito planteado desde la organización de la Madrid Segovia de exigir una prueba de esfuerzo para poder correrla.

Si usted quiere correr el magnífico Zegama-Aizkorri, tiene que entrar en un improbable sorteo, para la Badwater, tiene que mandar su currículo a la organización y esperar a que le inviten, para el UTMB, calificarse con puntos obtenidos en otras carreras, para Le Marathon des Sables, poner encima de la mesa 3.000 € (lo más fácil o lo más difícil, según se mire), para los 101 de Ronda, estar frente al ordenador el día de apertura de inscripciones, pulsar el botón de "intro" en un nanosegundo y tener "potra". Si usted quiere correr la Madrid Segovia deberá llevar un papel en el que un médico dice que ha hecho una prueba médica específica y que no hay ningún indicador de que tiene riesgo de sufrir daño coronario durante un esfuerzo. Al final cada carrera decide qué quiere pedir para que la gente se inscriba y nadie lo discute.

Bueno. A la Madrid Segovia si que se le discute. Pero la organiza una mujer.

Y encima tiene la poca vergüenza de organizarla bien.

En realidad las inquietudes que andaba barruntado y que han sido interrupidas por la irrupción de las recientes polémicas eran de otra naturaleza, pero con cierta relación. Eran acerca de que hay un fuerte isomorfismo en algunos aspectos entre el día de la carrera y el entrenamiento que te lleva a ella. Que es parecido correr a entrenar, o más bien la estrategia de carrera y el programa de entrenamiento. Y que la salud anda en juego en todo ello.

Desde luego, y aunque nos traicione a menudo el ansia y la propia buena forma física con la que llegamos al día del evento, en carrera a veces la fastidiamos subiendo el ritmo antes de tiempo. A veces cuando no regulamos bien las las fuerzas para poder conservarlas por la mayor cantidad de horas posible, e incluso ocurre a veces que una vez agotadas estas fuerzas hemos "destruido" la capacidad de recuperación, la resiliencia, yendo más allá de los límites de la salud. La cuestión es entorno a los límites de la salud en la praxis deportiva. La experiencia nos dice que siempre da mejor resultado ir de menos a más y que salir a tope, dándolo todo, se paga.

Esto es sabido.

Pero estaba cavilando que el propio entrenamiento es una carrera de fondo en si misma y que, como en aquellas, cuesta una barbaridad controlarse y tener paciencia. Ir haciendo un trabajo progresivo de preparación física cuando lo que apetece es entrenar a lo bestia y ponerse hecho un toro lo antes posible. Pillar el "pico de forma" aunque sabemos que es imposible mantenerlo indefinidamente y que los avances rápidos amenazan con llevar de la mano una lesión.

Aquí la paciencia, el dejar correr el tiempo, es fundamental. El ir construyendo poco a poco es lo difícil y uno de los mayores riesgos la locura de inscribirse en mil carreras, la mayoría de ellas fruto de la presión, del anzuelo tirado por la gente con la que queremos reencontrarnos y que nos tienta, como las sirenas a Ulises. Pero no demostramos la prudencia del héroe al atarnos firmemente al mástil para no sucumbir a sus encantos.

Un runner intentando evitar el apuntarse a una carrera
el día de apertura de inscripciones. Van sus colegas.
Otro peligro nada despreciable es tomarse ad pedem litterae los planes de entrenamiento que aparecen en las revistas. Algunos de ellos aparentemente pensados para una élite que debe vivir sin otra ocupación que el deporte en un centro de alto rendimiento, pero que si no se tiene una predisposición genética, años de entrenamiento y la posibilidad material de recuperarse de los vigorosos entrenamientos, estos planes pueden matar a cualquier homo sapiens de esos que van a trabajar todos los días y/o tienen familia y, en general, vida. Al final es lo mismo que cuando se sigue una dieta publicada en una revista sin tener en cuenta nada más sobre la persona que hace el régimen. Raramente tiene un beneficio para la salud algo que no está personalizado a las capacidades y necesidades individuales.

Y por supuesto esas series a tope cuando el corazón aún no está preparado para asimilar esos niveles de esfuerzo. Una forma de dañar el corazón a medio plazo y no solo del novato que empieza en esto de correr.

Por mi parte, este año no corro esta mi carrera favorita. iré de voluntario. Ando embarcado en la preparación de otra carrera que representa para mi un desafío personal y está más allá de lo que nunca haya hecho hasta ahora, y ello requiere una preparación mejor que la que he desarrollado hasta el momento. Se trata de una carrera de 281 kilómetros a recorrer en menos de 66 horas en semiautosuficiencia y non-stop, es decir, no por etapas, sino "del tirón".

Y claro, si vas a llevar el cuerpo al límite, conviene hacerlo de forma prudente, inteligente y con un buen análisis de partida de tus posibilidades y umbrales físicos.

Es decir, una prueba de esfuerzo.

¿Qué es una prueba de esfuerzo?


Es una prueba médica que permite monitorizar el comportamiento del corazón durante el ejercicio y evaluar el riesgo de sufrir un daño coronario en el futuro. En principio se trata de ir llevando el corazón hacia su frecuencia cardíaca máxima. Muchos problemas (una obstrucción en una arteria, una hipertrófia en un ventrículo, una anomalía en una válvula) son detectables en el Electrocardiograma (ECG) a través de la interpretación de las ondas por un profesional experto.

Perfil del Trail de la Sierra del Minutejo
(ay... calla... qué lío de papeles...)
Ello no permite prevenir todos los problemas, pero la mayoría de las personas que fallecen cada año durante la práctica deportiva (unas 200) tendrían conocimiento de este riesgo por anticipado. Algunas de ellas podrían salvarse.

Las personas que llevan una vida sedentaria y no practican ninguna actividad física tienen un riesgo mayor, muchísimo mayor, de morir por un infarto que una persona deportista mientras hace deporte. Eso que quede muy claro. Pero que la práctica deportiva sea saludable y mejor que no realizarla, no quiere decir que esté exenta de riesgo y alguno es controlable.

Como comentaba antes, tenemos un problema con nuestra percepción de los riesgos en términos matemáticos. Todos los días mueren personas en el metro y en el autobús porque millones de personas cogen el metro y el autobús. Mueren todas las semanas personas en los centros comerciales porque millones de personas van a los centros comerciales, y mueren personas, claro, casi todas las semanas practicando deporte. Al fin y al cabo los humanos tienden a morirse (por ahora, que se sepa, entorno al 100%). Que nadie muriese practicando deporte sería estadísticamente imposible.

Algunas de esas personas podrían salvarse con una prueba de esfuerzo.

Lo que quiero decir, en pocas palabras, es que si usted quiere vivir muchos años y de la mejor forma posible puede:

1) Llevar una vida sedentaria y esperar que no le pase nada deseándolo con mucha fuerza. Puede ocurrir pero es un método poco eficaz. Es muy probable que sufra una enfermedad que le mate, pero puede probar suerte. Además es probable que le mate lenta y dolorosamente y durante el largo proceso no disfrute de buena calidad de vida. Sin embargo, es estadística, hay quien lleva una vida de excesos y de inactividad y vive muchos años y a veces con salud.

2) Hacer deporte, mejor, lo que dispara su expectativa de vivir una vida larga y saludable si se acompaña de una buena alimentación, aunque no garantiza nada. Hay gente que hace deporte, no come mal y que, sin embargo, enferma o muere prematuramente.

3) Hacerse, además, mucho mejor aún, una prueba de esfuerzo, que reduce, aunque no garantiza, sus probabilidades de tener un problema coronario mientras hace deporte. Aún así, pude ocurrirle, pero que "pueda ocurrir" no quiere decir que sea "igual de probable". Abandone esa idea de equiparar todos los posibles y todos los probables fruto de una insuficiente cultura matemática.

Además con ella podrá correr la Madrid Segovia, si le apetece, que tampoco es obligatorio. Quiero decir, que con la prueba de esfuerzo no te obligan como a un reo de galeras, a meterse en una carrera de cien kilómetros si no es esa nuestra afición, pero si has corrido alguna vez un maratón o eres un marchador(a) experto y te preparas, si el médico da el visto bueno, puedes inscribirte y es una de las mejores carreras que puedes correr por estos lares.

Mira cómo AQUÍ.

Es un tema estadístico. Al final se reduce a que lo mejor que se puede hacer para vivir muchos años y bien es hacer actividad física contando con una supervisión médica profesional. Si usted lleva una alimentación saludable, hace deporte y se hace una prueba de esfuerzo juega poca papeletas en la lotería de la muerte prematura por enfermedad coronaria, si come mal, bebe, fuma, lleva una vida sedentaria o no se hace nunca una prueba de esfuerzo, compra más papeletas para la rifa del infarto. ¿Cuántas quieres comprar?

Eso ya es decisión tuya.

Pues más o menos el perfil del Maratón Alpino Madrileño, ciertamente.



martes, 26 de abril de 2016

Churripuntos

No hay ninguna lectura peligrosa. El mal no entra nunca por la inteligencia cuando el corazón está sano.
Jacinto Benavente
Hoplitas de la guardia tebana rescatados de un "tercer tiempo"
que se les fue de las manos por una dulce espartana

Los churripuntos, esa moneda de cambio, llamadlos como queráis, creo que sabéis a lo que me refiero.

Es ese valor de intercambio intangible dentro de alguna pareja en la que se compensa un acto presuntamente egoísta de una de las partes (relacionado con nuestra afición) con otro distinto que de alguna manera permite satisfacer y restituir un cierto equilibrio ético aún más intangible y difícil de ponderar. Vamos, el colmo de la abstracción, y aún así, sabéis a lo que me refiero sin duda.

Los churripuntos, como los ángeles, no tienen sexo. Depende en todo caso de quien sea la parte de la pareja que le tiene afición a esto de correr. Cierto es que hasta ahora y en la mayoría de los casos, en la medida en que era mayoritaria la huida de varón hacia el grupo de entrenamiento y la mujer la que, siguiendo la presión social patriarcal, asumía las responsabilidades de cuidado doméstico, la mayoría de los churripuntos eran pagados por parte de los maridos a sus santas y abnegadas esposas. Hoy en día, y cada vez más, nos encontramos con muchas mujeres que adoran correr, salir a la montaña, irse con su grupo de entrenamiento y, por supuesto, la misma estructura de la familia ha dado un (afortunado) giro (Carmena, nunca te lo perdonaré, nunca) y tenemos parejas compuestas por dos hombres, por dos mujeres, por hijos aportados de anteriores relaciones con presencia intermitente según los acuerdos de separación y divorcio que haya de por medio... que viven bajo un mismo techo o en distintas casas y con distintas reglas que hacen ingenua la idea de que los churripuntos sean algo exclusivamente entre el marido y "su señora".

Habrá quien ya esté temiendo un largo excursus con el que profundizar sobre el intercambio de mercancías al hilo del libro primero del Capital de Karl Marx y que pasemos de los churripuntos a un manual de economía política.

Hoy no. Que no cunda el pánico.

También habrá quien esté pensando que avanzar en este tema es meterse en un peligroso jardín. Una travesía campo a través llena de plantas urticantes, zarzas espinosas y del que será muy difícil salir sin sufrir un cierto daño en el proceso de volver a la cómoda senda que se ha abandonado. El miedo mata la mente.

Pero a mi entender, entrando en materia, la piedra clave en la construcción del concepto de churripunto es la noción de justicia retributiva. La cuestión fundamental es que a veces se presupone un cierto delito en el que la retribución posterior, a modo de multa, es proporcional, es una respuesta moralmente aceptable a un acto que merece un castigo.

Una santa y abnegada esposa esperando el regreso de "su runner"
Y ahí es dónde creo que hay que poner el foco de atención. En el indudablemente reprobable acto de abandono de las obligaciones en una pareja y en las alternativas que puedan existir. Si tan solo se trata de elaborar un programa de tratamiento penitenciario con el que rehabilitar y reinsertar a la persona deportista para la vida doméstica y sedentaria, mal vamos. Si cada vez que alguien quiere hacer aquello que gusta y le hace disfrutar debe sentirse miserablemente culpable y pagar un alto impuesto, al final, las dos partes de la relación sufrirán por ello sea cual sea el resultado.

Correr requiere tiempo. Hay un tiempo para entrenar en solitario, imprescindible, y otro en el que es posible hacerlo socializándose con otras personas que compartan nuestra afición. Esto último suele requerir ocupar espacios centrales y prioritarios, por así decirlo el prime time familiar, que podría ser utilizado para otras actividades. Correr tiene una dimensión social. Se participa en carreras, se comparten entrenamientos, pero es fundamentalmente una actividad solitaria. La primera regla de conciliación debería ser "No le quitarás más tiempo del necesario a la familia". Eso implicará, quizás, realizar buena parte de los entrenamientos en soledad. Quizá darse el madrugón a menudo, quizá volver del trabajo corriendo o apurar los horarios y construir un puzzle, un tetris, en el que encajar ir al gimnasio mientras los churumbeles asisten a su actividad extraescolar. Meterse la tirada larga el domingo y preparar el desayuno a la vuelta antes de que nadie se levante aún. No apuntarse a todo, y a nada sin consensuar antes la posibilidad de otros planes en pareja. Quizá implica renunciar a la televisión o a ese merecido "tercer tiempo" en el que, después de un duro entrenamiento, se comparte con el resto del equipo una bebida reponedora (cerveza, si, cerveza, que ya os conozco yo).

Pero correr es una pasión, como las montañas, a la que nadie se debería ver en la obligación de renunciar. La persona a la que le piden que no disfrute de su pasión, de lo que le ilusiona, arrastra en la des-ilusión al objeto quien le fuerza a ello. Siente que le piden que no sea feliz y al evocar ese sentimiento, al re-sentirlo cada vez que lo trae a su conciencia, siente un dolor del que hace causa y objeto a la persona en que tiene origen. Se siente re-sentido y culpabiliza, conscientemente o inconscientemente, a quien le priva de una parte de su vida.

Por supuesto, está el extraordinario caso de quienes tenemos la suerte de compartir esa pasión con nuestra pareja. Somos enormemente afortunados de no tener que renunciar, sino compartir y vivir juntos, eso que nos apasiona. En tal caso los ajustes son mínimos y relativamente fáciles. Por supuesto que también hay que encontrar cómo compatibilizar cada plan individual, pero se hace desde un planteamiento de justicia distributiva, es decir, desde un reparto de cargas en función de las posibilidades y las necesidades de cada uno. Desde un enfoque de administración de un bien común, no desde el pago a una ofensa.

Mon petit chou et moi

Podría pensarse que la solución es que nuestra pareja se ponga a correr o a subir a las montañas, pero la experiencia nos dice que, a veces si, pero a menudo no, lo que nos gusta no tiene por qué ser lo que le gusta a ella. Tan mala cosa es sentirse obligado a hacer algo que no se disfruta como verse privado, por otro lado, de aquello que si.

Quizá esa justicia distributiva es la clave para acabar con el churripuntismo en aquellas otras parejas que no tienen esta suerte (y que no conviene forzar más allá de la oferta). No transformarlo en un sistema de delito-culpa-pena-castigo-perdón, sino en una reasignación de los beneficios y las cargas de las distintas aficiones y responsabilidades de la pareja con un criterio de equidad, mirando más allá de correr, otras muchas cosas.

Y quizá también para lo que no es deporte y las aficiones. Más allá de los estereotipos casposos que nos vende la televisión, para todo en esta vida, parece que esa es la clave de la convivencia más allá de la culpa y del resentimiento en la moral. Dejar atrás ese patrón de enfrentamiento y conflicto, de codependencia neurótica y optar por la mutua compañía y el respeto.

La libertad es un bien común y cuando no participen todos de ella, no serán libres los que se creen tales
Miguel de Unamuno



martes, 19 de abril de 2016

De los superalimentos a los superejercicios

No hay mayor mentira que la verdad mal entendida.
William James, filósofo estadounidense
No es que se aproxime ese absurdo invento de la operación bikini que se supone que consiste en  sentirnos obligados a hacer "algo", lo que sea, para perder peso (y de paso el tiempo, y las ganas de vivir) cuando parece que se acerca una climatología más benevolente. Es que se va acercando el pico de forma que buscamos a través de los entrenamientos. Dos ciclos de ocho semanas con un descanso entre medias y, ahora mismo, empiezan a verse algunos resultados (los abdominales no, ni, como dijo aquel, se les esperan por aquí).

Hay que perder peso en ese proceso de ponerse en forma para el gran desafío deportivo de este año... que abordamos desde el escepticismo sobre nuestras capacidades. No para estar más "pintón" en la piscina, ni para esquivar el desprecio de la sociedad hacia las personas con sobrepeso. Que son razones legítimas como casi cualquier razón, por otro lado, suele serlo. Es para poder asimilar todo el entrenamiento necesario sin lesionarse y para reducir el esfuerzo necesario para hacerlo. Simplemente, se trata de que el umbral aeróbico (ojo, aeróbico) tiene una vinculación directa con el peso corporal y, con cinco kilos menos, puedo correr sin que las pulsaciones del corazón alcancen dicho umbral, con un esfuerzo cardíaco similar al que ahora me supone andar deprisa. Además las articulaciones reciben menos kilos por centímetro cuadrado de carga y necesitan menos esfuerzo para realizar su recorrido y por ello tienen menos riesgo de sufrir roturas, aunque sean "microrroturas". Otro año más, me toca afinarme.


Dejamos por ahora el profundizar con un enfoque más filosófico (i.e. "incómodo") las motivaciones estéticas y de salud que pueda haber para perder peso en un momento dado. La presión social sobre la imagen corporal y los intereses de la industria alimentaria por amasar (nunca mejor dicho) ingentes cantidades de dinero con nuestros desórdenes alimenticios. Nos ceñimos a lo deportivo, con la esperanza de que a alguien le pueda ser de utilidad. Pero pronto volveremos sobre ello, así como sobre el disneyprincesismo, el hellokitticismo y el rosismo en general entorno a este tema, que desde un enfoque de género gana mucha enjundia.

El otro día me di de bruces con el concepto de "tumba metabólica", y es que nuestro cuerpo es un sistema en equilibrio dinámico muy adaptable. No basta con calcular calorías ingeridas y calorías gastadas. El muy cabrón Él se encarga de regularse de manera que, aunque comes menos, ya no va necesitando más, aunque aumentes la carga de kilómetros, el pedazo de cabrón este él se las apaña para ser más eficaz y consumir menos calorías para hacer lo mismo o más. Se llega a un punto en el que no se puede comer menos y entrenar más. Simplemente, la fatiga, el hambre y la debilidad hacen acto de presencia y nuestra cuerpa, el soma, se impone a nuestra psychè, a nuestro pensamiento. Esto del ultrafondismo es lo que tiene. Nos convierte en motores diésel de bajo consumo y con mucha autonomía. Tractores de gran eficacia que van por el campo sin prisa pero sin pausa,... pero todo tiene un precio. Si comes menos o entrenas más, revientas, si comes más o entrenas menos... recuperas rápidamente (a la velocidad de la luz), el lastre que tanto tiempo y esfuerzo te ha costado dejar atrás.

Hay que replantearse la estrategia.

Aquí unos muchachuelos haciendo unos burpees en la playa para ponerse en forma
Aunque una década después de empezar a correr aún tengo la sensación de que soy un novato en estas cosas, ya hay algunos errores que tengo superados y en los que no caigo. Peco de inocencia y "pico" en otros, pero de alguno ya consigo librarme.

No voy a tomar ningún "supersuplemento" ni un "alimento mágico" que me vendan al escandaloso precio al que venden estas cosas. Suele ocurrir que el precio es el mismo que tendrían estos productos en el caso de servir para lo que dicen que sirven... pero sin hacer nada, claro. Y las cosas que si que harían algo como los "asteroides" esos... no los tomaría ni aunque fuesen legales y gratuitos. Por mi parte quiero que mi hígado y mi páncreas me acompañen muchos años de felicidad deportiva, así que no será por ahí por dónde buscaré una solución. La buscaré fundamentalmente trabajando en las cercanías del otro umbral, el anaeróbico.

Y después de la moda de los superalimentos y de los supersuplementos ha venido la de los... superejercicios...Algunas estrategias básicas pueden sacarme de la tumba metabólica como un remedo de un zombi redivivo por el vudú de la lógica termodinámica. Al fin y al cabo somos máquinas.

Para empezar, se trata de consumir las calorías necesarias, no menos, porque una dieta restrictiva, a estas alturas, solo me aporta debilidad y e impide el crecimiento muscular. Y de eso se trata. Musculos grandes, gastan más y ejercicios intensos consumen energía mucho tiempo después de ser finalizados. La vía de escape del callejón sin salida del diésel es pasarse al queroseno de alto octanaje. Ejercicios de fuerza y ejercicios de alta intensidad. Hay un amplio abanico para elegir, desde las "series" de toda la vida a los muy de moda y paleohipsters ejercicios funcionales.


Así que te pones a buscar por youtube, eso si, después de un asesoramiento experto que te dice, como norma fundamental, no mezclar (como en otras cosas de esta vida) lo que no debe ser mezclado. El día que trabajemos fuerza, no trabajamos intensidad, el que trabajamos resistencia, solo resistencia. No más de un día por semana de fuerza y de ejercicios de intervalos de alta intensidad (HIIT)... o lo pagaremos más pronto que tarde... y vigilando la fatiga para no caer en el sobre-entrenamiento.

Pero las rutinas que te encuentras por la Red... magistralmente ejecutadas por supercachas y fitgirls de cuerpazos llenos de musculillos sin un átomo de grasa... parecen inalcanzables... "repite este sencillo ejercicio 20 minutos al día y ponte cañón" suena a lo de siempre: fácil, mágico, probablemente fraudulento... luego te pones tu delante del espejo, con un torso que parece una pechuga de pollo en vez de una tableta de chocolate... y no sale igual.

Y es que no, pero es que si. El superejecicio es una verdad a medias. Y las verdades a medias son las peores mentiras. No puede basarse toda tu actividad física en un solo ejercicio de alta intensidad.

"Fácil". Fá-cil,-los-co-jo-nes.

Fácil para quien lo tiene dominado. Para ti, si intentas seguir el ritmo del hipster con cara seria del vídeo (o de la fitgirl de la sonrisa) te da un infarto. Deberías trabajar algunos días, en cualquier caso, ejercicio aeróbico (bici, correr, nadar, piragua...), los ejercicios de alta intensidad no deberían ser la base de una actividad física saludable y sostenible.

Lo de los 20 minutos también tiene trampa. Si le añades un calentamiento, unos obligatorios descansos entre serie y serie y un descalentamiento y estiramiento posterior, no te lleva menos tiempo que tus diez kilómetros de trote tractorista. Por otro lado, para ejecutarlo correctamente, tienes que partir ya de una condición física que te permita asimilar una forma de entrenamiento que es bastante agresiva para el cuerpo. Resulta que hay que estar ya fuerte para ponerse fuerte. No se puede el primer día pasar de series de burpees a abdominales de pilates, dominadas, multisaltos y sentadillas, sprints y circuitos con todo lo anterior a tope, como no se puede salir el día que corres por primera vez a hacer noventa minutos (ni treinta, oiga).

Así que resulta que aquí tampoco hay atajos. Ponerse en forma requiere trabajo, trabajo y trabajo. Entrenar duro y comer bien.
Fucking shit! 
Anónimo británico, en un ataque de sinceridad en el décimo burpee





martes, 29 de marzo de 2016

Deporchuches y nutriguarrindongadas

A nadie agrada sentir que se le quiere obligar a que compre o haga una cosa determinada. Todos preferimos creer que compramos lo que se nos antoja y aplicamos nuestras ideas. Nos gusta que se nos consulte acerca de nuestros deseos, nuestras necesidades, nuestras ideas.
Dale Carnegie, escritor estadounidense
La nutrición deportiva es un campo de investigación que está en pleno desarrollo. Poco se puede decir con certeza de los suplementos salvo que, probablemente, si es legal, no sirva para mucho y, si sirve para algo, probablemente no sea legal.

El márketing nutricional, por el contrario, es una herramienta bien madurada. Los productores y sus equipos publicitarios saben muy bien que todo, absolutamente todo, se puede vender y que hay un mercado esperando y deseando comprar. Solamente hay que ponerle la etiqueta adecuada, convertirlo en un objeto de deseo para el consumidor, que represente un símbolo, que el mensaje vaya directo a su subconsciente y que la persona que lo compra crea que, consumiéndolo, se convertirá en aquello que anhela ser.

El subconsciente es bastante cretino en ese aspecto. El mío el primero. No os ofendáis.

A todo el mundo nos encanta comprar. La industria alimentaria y los fabricantes de suplementos lo saben. Cierto que hay gente a la que no le gusta que le vendan nada, que no le gustan los vendedores, otra que no llega a fin de mes, hay a quien le cuesta desprenderse del dinero aunque tenga suficiente, a quien le agobia la acumulación de objetos, quien elige una vida austera sin atarse a cosas materiales,... pero lo que es comprar... no hay a quien no le guste. Con muchos matices, pero tenemos una predisposición a que nos convenzan de que necesitamos cosas. El vendedor solamente tiene que decirnos aquello que queremos escuchar. Queremos dejarnos convencer. Queremos que exista algo, legal, fácil, sin efectos secundarios, que marque una diferencia y que nos haga superdeportistas. Quizá nos convenza quien nos diga que es ecológico y natural, quizá estamos dispuestos a dejarnos llevar por los cantos de sirena de quien afirme con rotundidad que hay estudios muy científicos que respaldan sus propiedades, quizá nos dejemos seducir porque lo emplean los deportistas de nuestro equipo favorito. No hay una estrategia única para hacer que cedamos al impulso de comprar y nos convenzamos a nosotros mismos que ésto si, que ésto lo necesitamos porque es diferente.

¿Quién necesita científicos para convencer teniendo actores y actrices que están cañón?
Claro que tomar agua, fruta de temporada y entrenar duro no es lo que queremos que nos digan. Aunque sea barato y esté al alcance de todo el mundo.

Sé que para parecer un iniciado en esto de la actividad física hay que controlar de suplementos nutricionales deportivos y aportar sugerencias. Cuanto más original el secreto, mejor. Siempre hay un superalimento mágico, un suplemento milagroso que alguien va a sugerir. Normalmente alguien que tiene muy buenos resultados pero que resulta que, también, entrena mucho. Mira tú por donde. También quien tiene compromiso con un patrocinador o vende o fabrica el suplemento, o el "alimento para deportistas".

No hay secretos. No hay trucos. La hidratación con agua. La nutrición con alimentos. Con cosas que podamos identidficar que hayan estado vivas. Fruta, por ejemplo.

Excelente barrita energética
Sobre los "alimentos para deportistas", basados en la idea de que la gente que hace deporte necesita una alimentación esencialmente diferente del resto, se parece sospechosamente a la idea de hacer alimentos para cada mercado potencial. Para niños, para bebes, para "a medio camino entre bebe y niño", para mujeres, para ancianos, para el verano, para el invierno... la segmentación del mercado es rentable. Si nos sacan un alimento para niñas de 4 a 5 años basándose en supuestas necesidades especiales ¿Qué padre se negaría a compararlo y privar a su criatura de aquello que necesita? ¿Quién escogería para darle algo "no adecuado"? Quizá se ponga malita por un acto tan egoísta...

¿Os suena? Leche con envase rosa para mujeres, alimentos para niños por tramos de edad. ¡Leñe! ni la comida para gatos escapa. Para gatos jóvenes, gatos mayores, viejunos, castrados, con pelo largo, con pelo corto, para fortalecerle las uñas... Un pequeño secreto. Todos son gatos son pequeños carnívoros con necesidades casi idénticas (salvo durante el periodo de lactancia). Lo mejor es comprar un alimento de calidad, rico en proteína. Lo demás no sale de un departamento de investigación veterinaria, sino de una reunión de publicistas. En un momento de la reunión, por ejemplo, uno dirá "deberíamos decir que refuerza la dureza de sus uñas un 50%" y otro le dirá "mejor un 37%, que suena más científico. Que salga una veterinaria guapa con bata blanca diéndolo". Esa es toda la ciencia que hay. Creedme, los porcentajes se escogen por su valor estético. Normalmente ni tan siquiera se refieren a una magnitud que se pueda medir. En cosmética, tres cuartos de lo mismo. En alimentación humana... hablamos de ganar dinero. Por supuesto que también. Si hay un estudio "científico" siempre está hecho por encargo, a posteriori, para respaldar la publicidad. Normalmente no lo hay, ni mucho menos uno serio. Jamás uno imparcial y "no patrocinado".

Os cuento, también, el secreto de una buena nutrición para una persona deportista... y para quien no lo sea. Hay alimentos de buena calidad y alimentos de mala calidad.

En general los alimentos hiperprocesados, endulzados con melazas, jarabes y azúcares, con el sabor potenciado con sales y glutamato monosódico, con aditivos que aumentan su rentabilidad para el productor retrasando la fecha de caducidad, con grasas saturadas, con harinas refinadas... es decir, más de la mitad de lo que hay en el supermercado, es mala alimentación. No hablemos ya de lo que podemos encontrar en la sección de platos precocinados, bebidas azucaradas, lácteos hiperendulzados "para niños", snacs y resto de la comida chatarra que podemos encontrar entre las estanterias y, por añadidura, en todos los pasillos de licores.

Si la alimentación está basada en una cesta de la compra saludable (frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, huevos, leche, pescado y carne sin procesar), es decir, si se basa en "comida" y si su médico no le dice a usted que tiene una carencia específica después de una analítica (por ejemplo de hierro o de calcio), no es necesario mucho más sea cual sea su sexo, edad, o actividad. Si tiene poca actividad física, eso si, debería aumentarla. Bailar, ir al campo, hacer el deporte que más le guste. Si lleva una vida sedentaria, debe comer menos, pero comer esencialmente lo mismo: comer "comida". Hay pocas posibilidades de tener carencias nutricionales si se saltan los pasillos del supermercado que más calorías y menos alimentación proporcionan y se toma mucha verdura.

Por lo demás, puedes ahorrar para zapatillas en vez de gastar el dinero en vitaminas, aminoácidos y botes de proteínas.

Gasta suela de zapatilla. Eso si que pone fuerte.
Publicidad: la ciencia de arrestar la inteligencia humana el tiempo suficiente para obtener dinero de ella.
Stephen Leacock, economista y humorista estadounidense.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Rodillas: todo lo que siempre quiso saber y nunca se atrevió a preguntar

Fere libenter homines, id quod volunt, credunt (*)
Julio César
Siguiendo el principio quidquid latine dictum sit, altum videtur, es decir, que algo que se dice en Latín suena más serio, nos encontramos que la industria alimentaria, la cosmética, los productos de higiene y pronto los fabricantes de condones están empleando, mutatis mutandis, este truco de marketing que ya conocían los escolásticos en la Edad Media para abigarrar su publicidad de alegaciones sobre la salud empleando una terminología aparentemente científica. Para disfrazar medias verdades, interpretaciones sesgadas, afirmaciones sin ninguna prueba y mentiras descaradas con una pátina brillante de cientificidad que haga que los consumidores, siempre ávidos de novedades, preocupados por su salud y la de los suyos, acudan a la tienda o al supermercado y gasten su dinero en el producto con "cosas" que se supone que le van a ir bien. Las rodillas no escapan a la posibilidad de la suplementación con... eso, con "cosos" que suenan a que pueden valer para algo y que tienen una explicación con largas palabras detrás de difícil interpretación: microesferas, cartílago de tiburón, condroprotectores, glucosamina,... palabros que suenan a que quien los profiere tiene unos conocimientos en los que debemos confiar beatíficamente.

Mejor que andar tomando suplementos: come bien.

Aún mejor: no comas mal.

Confesad. Todo el mundo mira las radiografías como si supiese
interpretarlas y no tenemos ni pajolera idea.
Si has empezado a correr o llevas muchos años haciéndolo, si tienes alguien cerca que le ha dado por el running o alguna persona conocida habitual de la práctica deportiva que ha tenido que operarse de rodilla, sentirás que todo lo que tiene que ver con correr es nefasto para esta articulación, la más grande y compleja que hay en el cuerpo. Cuando dices lo que corres siempre hay gente que no tarda un segundo en prevenirte que no te pases, sea cual sea la cantidad e intensidad, la distribución de cargas, el terreno, el calzado, tu forma física, tu técnica de carrera... siempre alguien desde el sofá, mientras camina (es un decir) hacia la enfermedad causada por una vida sedentaria, te va a judgar y alertar sobre tus rodillas. Siempre hay un primo o un "cuñao" que tuvo que dejar de correr porque se lesionó las rodillas.

Empecemos por decir que correr es una actividad natural y para la que estamos preparados genéticamente. El homo sapiens, como especie, corre. Al contrario que las tortugas y al igual que las avestruces. La predisposición genética es la de desplazarse a la carrera tanto para atacar como para huir de los peligros reales o imaginarios. Por tanto la articulación de la rodilla está adaptada a esta actividad. Por lo que sabemos, una de las técnicas de caza más simples que existen es perseguir a un animal herido, corriendo tras él, hasta que desfallece.

La articulación de la rodilla no está adaptada a estar cuarenta horas a la semana llevando la contabilidad de una empresa sentados en una silla delante del ContaPlus y el Excel. No está adaptada a trabajar bipedestado detrás de la barra de un bar todo el día sirviendo cafés y cañas. Especialmente si esa es toda la actividad física que realizan (las pobres) y su musculatura está debilitada por el sedentarismo. Si correr puede parecer malo para la articulación de la rodilla a algunas personas, que duda cabe que hay muchas actividades mucho más nefastas.

Rodillas (+ o -) "diseñadas" para pasar mucho tiempo de pie sin moverse.
(me piden que aclare que no son rodillas salvo secundum quod, sino más bien los talones)
Las rodillas tienen fundamentalmente:

- Huesos
- Cartílagos.
- Ligamentos.
- Tendones.
- Nervios.
- Músculos.

Todo ello puede estropearse aisladamente o en combinación para provocar condromalancia, artritis, bursitis, artrosis, tendinitis, quistes, neuromas, rupturas de menisco, desgarro o rotura de ligamentos,... Las causas pueden ser varias, ligadas a la actividad física o, al contrario, en las que correr sea un factor de protección y prevención. 

Por tanto, es muy difícil decir qué hacer a nadie. Mucho menos recomendar un suplemento "que a mi cuñao le fue muy bien". Pero quizá hay algunos errores a evitar. Algunas pautas a seguir para aumentar la probabilidad de contar con unas rodillas sanas durante muchos años. Quizá, la primera norma, no hacer mucho caso a los vendedores de suplementaciones o a quienes, indirectamente, viven de la publicidad que pagan.

Aquí presentamos una rapsodia de ideas que, todas juntas o combinadas al gusto del consumidor, pueden servir para mejorar la salud rodillar.

Sobrepeso: 

A más peso, más tensión por centímetro cuadrado de rodilla y, por tanto, más requerimiento hacemos de ella. Si nuestro peso no es en un alto porcentaje grasa, sino que mantenemos esta dentro de los límites saludables conservando la musculatura que nos sostiene, mejor. Pinchad una aceituna en un palillo y agitadlo. Ahora lo mismo con una naranja. ¿Visto? Bien. Esa es la idea.

Sobreentrenamiento:

Hay un momento en que la carga de entrenamiento supera la capacidad de asimilación de nuestro organismo. A partir de este punto los ejercicios no aumentan la fuerza que tenemos, sino al contrario, nos debilitamos. Si en lugar de correr 50 o incluso 80 kilómetros semanales hacemos 150 sin estar muy preparados para ello (casi nadie lo está salvo personas que se pueden dedicar profesionalmente en exclusiva al deporte o que tienen una capacidad adquirida durante mucho, mucho tiempo), casi con seguridad nos lesionaremos. Desde cierto punto de vista somos como máquinas y sufrimos estrés mecánico, es decir, desgaste por repetir siempre el mismo movimiento.

Pero no somos máquinas:

O por lo menos somos máquinas con capacidad de autorregeneración. Por tanto el descanso y, en especial el sueño permiten que el desgaste se recupere y se deshaga. Durante la noche se produce casi todo el proceso de regeneración celular de los tejidos desgastados si dormimos las suficientes horas. Entre sueño y sueño, entre ciclo hormonal y ciclo hormonal, el "servicio de mantenimiento" recibe las comandas de reparaciones y se encarga de poner orden y limpiar después. Es más, incluso quizá tengamos un proceso de adaptación, de crecimiento y de fortalecimiento, de anabólisis que nos haga más fuertes gracias a someternos a ese proceso de desgaste (entrenamiento).

Estrés postural:

Sentados o de pié estamos dañando la articulación como un edificio muy pesado daña sus cimientos si estos son muy débiles proporcionalmente. Elegir actividades complementarias simétricas y de bajo impacto (yoga, pilates, natación, ciclismo) nos puede ayudar. Por el contrario los deportes "asimétricos" o de alto impacto, o en los que la rodilla se encuentra en posiciones forzadas (fútbol, tenis, salto, ski, padel...) son un mal complemento de una profesión sedentaria.

Profilaxis:

Un buen calentamiento antes de empezar a correr y estiramientos al acabar, usar un calzado que no desalinee la articulación de la rodilla si pisas, como es mi caso, bajando el arco mucho o trabajar la musculatura con técnica de carrera. En ocasiones, y haciendo una cuidadosa transición, usando calzado minimalista (en cualquier caso cuanta mejor técnica de carrera, menos problemas). Ejercicios de fuerza de tren inferior y propiocepción completan la prevención tradicional, pero también...

Trabajar otras zonas:

Unos buenos abdominales y lumbares y trabajar la fuerza en la planta del pie y en los tobillos van a hacer que tus rodillas sufran menos. El trabajo se repartirá y no se lo dejaremos todo a los hinojos (bonito palabro para referirse a lo que está sobre las canillas). Parece raro, pero es así. En resumen. Correr campo a través y por montaña fortalece otros grupos musculares y es un factor de protección para esas protuberancias que tenemos ahí abajo. ¡No! ¡Más abajo, caramba!

Amortiguación:

Tema delicado. La amortización ayuda a reducir el impacto de la zancada, cierto,  pero el exceso de amortiguación fuerza los tendones, que tienen que recorrer unos milímetros más cada paso. Una amortiguación excesívamente blanda es como un muelle blando en un coche. Hace todo su recorrido e impacta, lo que no ocurriría con uno más duro. Además, la técnica de carrera cambia cuanto más rápido y menos "blandito" se va. Los movimientos lentos y amortiguados tienden a "talonear" y a trasladar casi todo el impacto a la rodilla, mientras que los rápidos y más "minimalistas" obligan a correr de tarsos, empleando el antepié y distribuyendo el golpe entre tobillo, rodilla y cadera. así que amortiguación, si, pero con matices. Buscad vuestra amortiguación. Para cada uno puede ser diferente y lo que le va bien al "cuñao" te puede ir a ti mal (otro cuñao distinto, recordad que el de antes dejó de correr).

Si queréis saber lo que es "correr bien" fijaros en los masai cuando corren una prueba de "milqui". Si. Eso es buena técnica, no lo que hacemos la mayoría.

Gimnasio:

Para ponerse fuerte, pero no para correr en cinta. Mecánicamente eso es saltar sobre un suelo duro que se mueve hacia atrás. Personalmente prefiero hacer esos ejercicios de fortalecimiento en el parque que encerrado con aroma a chotuno, pero eso ya va en gustos. Para mi la cinta una vez al año para una prueba de esfuerzo y nada más.

Y eso es todo. A parte de desearos paciencia con los discos rallados que os bombardean sobre vuestras rodillas, os animo a practicar también la prudencia, que solo tenemos dos y con una no nos apañamos.



(*) La gente casi siempre cree de buena gana lo que quiere

jueves, 10 de marzo de 2016

Correndo pelo Campo (CpC): PT281+

O homem é um resumo ideal da natureza. 
Andou o infinito e lembra-se; 
andará o infinito e já o sonha.

Abílio Guerra Junqueiro

Cierto es que la segunda noche del UTMB Quique y yo, con más de ciento veinte kilómetros en las piernas por primera vez en nuestras vidas, mucho desnivel, muchas horas corriendo, mucho sueño, ¡mucho!, mucha agua empapándonos, muchas caídas en el barro de los Alpes franceses, italianos y suizos, con pequeñas alucinaciones por el agotamiento... jurábamos en Arameo. Jurábamos que aquello nunca más, que era una barbaridad, que era inhumano y que con una vez en la vida era más que suficiente. Una carrera de más de cuarenta horas: nunca más.

- Pero a Jorge no le decimos nada.¿eh?
- No, no, a Jorge ni una palabra. ¡Qué lo corra también!

Pero llegamos a Chamonix al día siguiente y, como ocurre en estos casos,... corrimos como gamos felicísimos por sus calles los últimos tres kilómetros como si los 165 anteriores solamente hubiesen sido un breve calentamiento. Como si no llevásemos 45 horas haciendo el bruto, como si no hubiésemos subido (y bajado) diez mil metros de desnivel positivo acumulado. Las piernas se movían con fuerza y alegría, las ampollas no molestaban.

Y a las dos semanas estábamos fantaseando con volver algún día.

Y a los dos meses lo recordábamos como una de las mejores experiencias de nuestras vidas.

Chamonix - Mont - Blanc
Y, claro, una forma de volver a la escena del crimen era correr, en equipo, la brutal Petite Trotte à Léon. Una carrera de 290 kilómetros técnicos y alpinos. Como un hermano mayor y ciclado de esteroides de la UTMB.

Una prueba difícil, por un terreno que no nos es nada familiar y, para más inri, que sale muy cara cuando empiezas a sumar al precio del dorsal al del equipamiento, el avión, el alojamiento, refugios, la comida... ...por no hablar del alto coste en churripuntos. Una auténtica sangría en ese sentido lo de decirle a tu pareja que te vas a internar con los amigotes una semana en los Alpes.

Y entonces apareció.

En el proceso de buscar carreras que sumasen los kilómetros que deseábamos, en las fechas que podríamos, una carrera portuguesa inspirada, ni más ni menos, que en la mítica Badwater. Una carrera cerca, que en caso de acabarla nos llevaría la mitad de tiempo, a un coste mucho menor en euros y churripuntos y que, aparte de la distancia a recorrer, transcurría por un tipo de terreno que nos es familiar, por el que empezar a sumar kilómetros no nos darían miedo... salvo por la distancia, 281 kilómetros.

Después de la experiencia de la Azores Trail Run y del Ultra Trail Serra de Sao Mamede, yo soy un fan completo, incondicional y entregado de las carreras organizadas (¡qué bien organizadas!) en nuestro país hermano gemelo. Casi tanto como de la Super Bock y los guisos con bacalhau. En el caso de Miguel Ángel no cabe duda que se siente muy atraído por lo portugués, y si no que se lo pregunten a su contraria, a la que fue a buscar a aquellas tierras. Quique, que tenía serias dudas sobre la viabilidad del proyecto PTL, respiró relajado ante la nueva idea y hasta Jorge dejó abierta la posibilidad de correr con nosotros desde Belmonte hasta Poença a Nova si un eventual cambio de trabajo y oficio se lo permitiere. Ramón se lo está pensando aún, que no le gusta tomar decisiones estúpidas precipitadamente, como a nosotros, sino tomándose su tiempo para ello, así que completa la expedición el muy bregado en batallas similares Javier, del Comando Guadarrama. Un corredor rápido y con chispa capaz de poner la reductora y avanzar despacito y constante cientos de kilómetros. Una gran pandilla en definitiva.

281 kilómetros con probabilidad de temperaturas por encima de 40º
Track no oficial
Dos diferencias fundamentales hay, en lo que al correr se refiere, con la prueba de los Alpes. Una, en principio favorable, es el desnivel. Es una carrera con sendas y pistas por las que soltar piernas y correr, sin los desniveles brutales de la PTL. El otro aspecto, como es lógico, es el tiempo que dan para realizar el recorrido. Si en la petit trotte se dispone de ciento cincuenta y dos horas, casi una semana entera para recorrer ocho kilómetros más que en la carrera lusa (hay que tener en cuenta que suma casi veintiseis kilómetros de desnivel positivo acumulado, tres veces el Everest desde el nivel del mar), en la PT281+ hay que correr. No llegan a tres días las 66 horas que la organización proporciona para cubrir la distancia y "apenas" menos de un Everest de desnivel que salvar. Hay que correr y correr. Correr día y noche. Si, andar, sentarse un rato, comer, ¿echar una cabezada?, pero, sobre todo, hay que correr para llegar. Casi todo lo que correría a lo largo de un mes de entrenamientos, uno bueno, en tan solo dos días y dieciocho horas. Las primeras veinticuatro habrá que avanzar, quizá, ciento cincuenta kilómetros para garantizarse dormir un poco en algún momento. El segundo día, quizá noventa, aunque sería mejor que fuesen cien y, después... ¿quién puede pensar en el tercer día corriendo?

Me da a mi que ese ventrículo izquierdo bombea raro. O eso o me he liado con el ECG y el perfil de la PT281+


Algunos datos que os pueden ser de interés sobre la prueba:

Transcurre muy cerca de la frontera con la provincia de Cáceres, por la Beira Baixa, en pleno agosto y se pueden esperar temperaturas por encima de los 40º. Como en la Badwater los años "frequitos", aunque sin corrientes cálidas de convección y mínimas tan brutalmente cálidas como en la carrera que se realiza en el Death Valley. Aquí los pájaros no caen muertos al suelo y se cocinan allí mismo en el asfalto a 80º cuando les fulmina de improviso un chorro de aire recalentado en pleno vuelo. No estamos hablando de un lugar inhabitable, de llanuras de sal sin vida, sino de algo bastante parecido a la estepa manchega que conocemos bien. Calor va a hacer, pero el año pasado crucé muchos días el asfalto de Madrid de punta a punta al mediodía durante el infernal mes de julio que padecimos y sé que podemos con ello.

La organización de la prueba nos proporcionará el track del recorrido que deberemos seguir, en autosuficiencia, entre las bases de apoyo, situadas a una distancia media de treinta y cinco kilómetros. No está permitida la asistencia, ni ser acompañados, ni dormir fuera de esas bases. Las únicas indicaciones que están aseguradas por la organización son las del GPS que forma parte del material obligatorio. Una bolsa de vida nos irá siguiendo, como en el Spartathlon, de parada en parada para poder utilizar aquellos objetos que consideremos necesarios durante las 66 horas, límite máximo para entrar en meta.

Por tanto toca trocar el Bon Courage! por el Força! y lo hacemos con mucha ilusión. Es un objetivo tremendo para nosotros. En el límite de nuestras capacidades y estamos preparándonos lo mejor que sabemos para ello sin abandonar la capacidad para una sana locura de embarcarnos en aventuras que los personajes de las tierras de Don Quijote parece que tienen.


"Nos darán sus frutos las encinas, asiento los troncos de los alcornoques, sombra los sauces, olor las rosas, luz la luna y las estrellas, alegría el llanto, el amor conceptos,[...]"
Miguel de Cervantes. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

lunes, 7 de marzo de 2016

Hombres de acero (Steel men)


"Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo."
(Si no puedo persuadir a los dioses del cielo, moveré a los de los infiernos)
Virgilio. Eneida, VII, 312.
Poco sabemos, si somos sinceros, sobre nuestros antepasados antes de que se inventase la escritura, en ese periodo de tiempo sin historia que llamamos Prehistoria y que va desde nuestros remotos parientes no humanos, en un borroso inicio imposible de establecer si es verdad que natura non facit saltum (1), hasta que a algunos de nuestros ancestros les dio por arañar muescas en piedra o barro para codificar las palabras que empleaban para comunicarse y que quedasen fijadas de maneras que después pudiesen volver a ser leídas a partir de ese código. Es decir, hasta que aparece la escritura y se inaugura la Historia Antigua. La Prehistoria abarca tanto tiempo y tan distinto, en tantos lugares y de manera asincrónica, que cualquier imagen que tengamos de ella como una unidad debe ser borrada, desaprendida de nuestro entendimiento si queremos imaginar como pudo ser cada una de sus muchísimas etapas.

El registro fósil, por ejemplo, nos dice que casi todos los Homo neanderthalensis que hemos encontrado llevaron existencias duras. Vemos costillas rotas, fracturas soldadas, heridas cicatrizadas y articulaciones desgastadas por el uso. Mucho más no podemos decir. Podemos imaginar, eso si, pero sabiendo que estamos empleando la imaginación, no la ciencia, para establecer plausibilidades. No caigamos en el error de trasladar después nuestras elucubraciones a una filosofía paleo, por muy atractiva que sea.

Imaginamos que la presión ambiental era tremenda, por lo menos en algunos periodos de tiempo. Escasez de alimentos, tecnología muy limitada, enfermedades, inviernos largos, manadas de predadores hambrientos, escaramuzas militares con otros grupos de saqueadores que luchaban por los mismos recursos para su supervivencia,... imaginamos que solamente era viable la existencia llegando al máximo desarrollo de las posibilidades físicas del cuerpo humano. Vivir debía ser estar en un centro de alto rendimiento cada día. Bueno, pero con muchos días sin comedor, o con un puñado de cucarachas, liquen o algo de carroña para hacer que las tripas dejasen de rugir. Lo de cazar mamuts y comérselos como en las fiestas de la aldea gala de Asterix queda guay en el cine, pero no debía ser el día a día.

Partida de caza en busca de diplodocus y otros dinosaurios en el imaginario colectivo.
Raquel Welch en 1966 protagonizaba "Hace un millón de años"
La fuerza era (en muchas de estas distintas épocas) un valor absoluto. Ser fuerte en muchos de estos periodos ahistóricos, más fuerte que el resto, debía ser como tener dos carreras, cuatro idiomas, un MBA en el MIT y papis ricos. O directamente como la Fuerza en el universo de Star Wars.

Ser listo también debía ser útil, imagino. Salvo que te reventase la cabeza con una piedra el fuerte. Aunque de todas maneras siempre ha habido quien, no pudiendo ser una u otra cosa se ha conformado con llegar a "listillo". Es decir, aprovecharse de la fuerza y la inteligencia ajena y de la buena voluntad de muchos para vivir mejor. Sin duda tan pronto como alguno pudo se apoderó de la fuerza de trabajo del vecino o trató de elaborar algún fraude que le permitiese existir sin tantos esfuerzos. Debió ser así a no ser que la naturaleza humana haya cambiado radicalmente y hagamos bueno el mito del noble sauvage de Rousseau (y de algunos idealizadores de "lo Natural" contemporaneos, sea lo que pueda ser eso, dicho sea de paso).

Algunos hechos históricos nos hacen pensar que en tiempos más recientes también había hombres de acero, como el elitista cuerpo de hemeródromos, encargados de hacer de mensajeros en las guerras griegas, compuesto de los más duros campeones de las "carreras de hoplitas" donde los soldados competían en carreras de larga distancia cargados con toda la equipación militar (casco, coraza, escudo, lanza y espada). Hombres de acero en la edad de bronce. La leyenda de Filípides en Maratón seguramente se basa en una hazaña aún mayor en la que un hemeródromo recorrió unos 220 kilómetros por terreno escabroso en dos días. Algo que hoy se homenajea en una de las carreras más peculiares del mundo, el Spartathlon, donde el extraordinario Yanis Kouros en el siglo XX llegó a correr sus 245 kilómetros en veinte horas y veinticinco minutos. Porque, hoy en día, también hay hombres de acero.

Un inciso. Si hubo en esos tiempos mujeres de acero las estructuras sociales patriarcales han eliminado todo rastro de su memoria. No me cabe duda de que el potencial, entonces como ahora, estaba presente y que las leyendas como la de las amazonas se referían a sociedades donde la mujer tenía un papel muy diferente, pero nada podemos decir de lo que no sabemos porque ha sido borrado. Como con la prehistoria, el peligro de pasar de lo verosímil a lo dogmático esta presente.

Aquí unos payos griegos en gesto inconfundible
Tenemos documentados hombres de acero contemporáneos. Personas que han sometido a escrutinio público sus hazañas probadas de forma fehaciente. Por supuesto también hay casos de engaño, gente que pretende hacer negocio simplemente afirmando que ha hecho lo que no demuestra, pero no merece la pena perder el tiempo demostrando que no han hecho lo que dicen que han hecho. Quien quiera probar que ha hecho algo, que presente pruebas, y si no, que se lo cuente a sus amigos y asuma para el resto el escepticismo, la sospecha de un fraude, que se trata de un simple teatrillo para obtener dinero. Mucho más interesante es centrarse en las verdaderas hazañas, en aquellas personas que han llegado hasta el límite de lo humano.

El cuerpo humano es increíble. En caso de necesidad, o con la preparación física suficiente, es capaz de hacer cosas que desde nuestra vida sedentaria nos parecen imposibles. Eso no quiere decir que todo sea posible, claro. No se puede correr 100 metros en dos segundos, ni 80 kilómetros diarios durante un mes con una mochila de 50 Kg. a la espalda, por ejemplo, ni volar agitando los brazos. No confundamos lo increíble con lo imposible. Nuestra incredulidad no afecta a la posibilidad de que se pueda subir y bajar del Monte Cervino en menos de dos horas, ir de Atenas a Esparta corriendo en menos de un día o nadar más de 500 kilómetros seguidos sin parar. Todo eso se ha hecho y está documentado. Es posible aunque en los límites de lo humanamente posible.

Les presento a Martin Streel. Recordman absoluto de larga distancia
a nado. Aunque parezca que sus proezas las realiza sentado a una mesa bien surtida
en 2001, con 55 años, recorrió más de 500 Km. sin parar por el río Danubio.

La ventana metabólica debió tener el tamaño de un pequeño agujero negro.
Desde aquí nuestra rendida admiración. Postrámonos de hinojos.

(1) "La naturaleza no da saltos"



jueves, 3 de marzo de 2016

Pidiendo disculpas

Los hombres aman sus vicios y al mismo tiempo, los odian. 
Lucio Anneo Séneca

El reencuentro con los amigos del instituto años después es un momento especial. Relajados alrededor de la cerveza. Circulan como si no pasase el tiempo las tapas grasientas de panceta y chorizo distribuidas por la misma mesa que compartíamos, antaño, mientras nos asomábamos al mundo desde la adolescencia y formábamos nuestra personalidad. Entre la nostalgia de la juventud dejada atrás y la pena por la subyugación a las rutinas de los adultos entramos en ese estado de melancolía que alguien definía como "el placer de estar triste".

En esas ocasiones nos dedicamos a recordar, con la impresión de que ocurrieron casi ayer, acontecimientos diarios, ordinarios o extraordinarios que forjaban la parte de nuestro carácter que aún estaba por cocinar. Mitificándolos y elevándolos a nivel de leyenda con el poder de la narración de una historia compartida y mal recordada por un grupo. Como cualquier otra leyenda que en el mundo haya surgido alguna vez. Cada cual recuerda los acontecimientos a su manera y al narrarlos alrededor de la hoguera, de la chimenea, de la mesa de la taberna, se van fijando en un recuerdo colectivo sin imprecisiones, un canon casi siempre levemente inventado. Las historias, además, siempre crecen, nunca se hacen menos épicas o más aburridas a medida que son contadas una y otra vez.

Nos reconocemos porque somos los mismos, pero no, no nos reconocemos, porque ahora somos otras personas. Igual que la paradoja de Heráclito, que no permite a un hombre bañarse dos veces en el mismo río, porque ni el hombre, ni el río, son lo mismo la segunda vez, pero tozudamente como en Parménides, si algo es lo que es, no puede dejar de serlo. El cambio es mera apariencia.

El niño ya se encuentra mejor,
se le ha pasado el pixelamiento completamente.
Gracias por preguntar
Además, ¿Quién ha dicho que el segundo baño heraclíteo sea peor que el primero?

Y surgen las preguntas sobre la vida. Dónde ha ido aquella luenga y densa melena, de dónde han venido esos kilos que se aferran a la cintura y las nalgas como un parásito alienígena, ¡Coño! si tú estás más delgado...

- Es que he empezado a correr.

Y es que muchos han empezado a correr, y algunos no han parado de hacerlo una vez que se han puesto a ello. Porque han descubierto algo que es divertido y gratificante en si mismo más allá de los beneficios para la salud cardiovascular que supone, de la calidad de vida que proporciona la agilidad ganada y de la supuesta mejora del aspecto según el canon estético que condena a las personas gordas a sentirse marginadas y otorga, al parecer, el derecho a algunos gilipollas como uno que me encontré el otro día en la Media Maratón de la Latina, a soltar alguna gracieta irrespetuosa a quien tiene algún kilo de más.

Volvamos al tema, que de la idiocia humana ya hablamos a menudo en este blog...

Y año a año se repite el ritual del encuentro y, a cada año, son más los que agarran la bicicleta, se apuntan al gimnasio, salen a correr por el asfalto o por el monte u (Odín les maldiga) juegan al padel ese. El cambio que experimenta nuestra sociedad se va extendiendo como una mancha de aceite y la gente empieza a valorar una existencia activa como un factor de calidad de vida y de felicidad. Además es divertido. Además te ves más guapo,.. y tu pareja también.

Y también te encuentras la resistencia al cambio en los demás (y en ti mismo). Cambiar es desaparecer un poco. Es un recuerdo de nuestra mortalidad. Todo cambio, incluso cuando es a mejor, implica un memento mori y se encuentra con la tozudez de quien se resiste a que las cosas no sean inmutables. Algo bastante chocante y que te obliga a justificarte, a decir (como Parménides) que nada ha cambiado en el fondo:

-Mira, ves, no te preocupes. Sigo bebiendo cervezas.

Me preguntaba hace poco, y no me atrevo a decir lo que se me pasa por la cabeza, sobre el por qué hay la necesidad de incorporar explicitamente al nombre de tantos grupos la idea del consumo de alcohol: Drinking runners, Beer runners, "Cañas y barro" (estos somos nosotros)...

Entreno inaugural de "Cañas y barro". Por ahora haciendo honor
a su nombre y, por lo que se ve, mucho bien a los cultivos de secano
Hay mil facetas de la vida cotidiana e innumerables alimentos y bebidas consumidos por nuestra sociedad, pero el valor simbólico de incorporar la ostentación del consumo de alcohol a un equipo/club/pandilla deportivo/a tiene algún significado. La conjunción de ambos es, creo entender, una petición de disculpas.

Pero, ahí está la pregunta tramposa de hoy. ¿Por qué pedimos disculpas?

No me refiero a la necesidad psicológica de del acto de disculparse, que queda para otro día, sino del objeto del acto de habla. Si nos disculpamos por la cerveza o por correr.

¿Qué decimos? "No te preocupes porque corra, que también tengo malos hábitos" o "No pasa nada por tomar cerveza, lo compenso haciendo ejercicio".

Yo, si soy sincero conmigo mismo, creo que en general se trata de la menos halagadora de las alternativas. La gente pide disculpas por correr y llega hasta el punto de alardear de todo lo que hace, legítimamente y por gusto, que conste, en contra de los beneficios para la salud que le aporta una vida activa.

Porque en el fondo, la imagen (social) de quien no se cuida es también atractiva, y una forma de aunar al atractivo (psicológico) de un cuerpo en forma con el atractivo social, es ser un bebedor-corredor, un tío enrollado que lo mismo se tomas unas cervezas en el bar que se casca cien kilómetros corriendo campo a través. Y, en la medida en la física, el soma, el ámbito de lo corporal lo permita, lo hacemos realidad (salvo porque, hasta cierto límite, ambos caminos son irreconciliables).


Si hubiera algo de verdad en ello, que no lo sé y me temo ser bombardeado por innumerables "estudios científicos" financiados por la industria del alcochol cantando las bondades del burbujeante néctar, si hubiese un ápice de verosimilitud en lo que barrunto, creo que seguiría haciendo lo mismo. Bebiendo cerveza y corriendo. Porque en el fondo es el hedonismo, el placer de ambas actividades lo que me lleva a ellas.
Tam pro papa quam pro rege
Bibunt omnes sine lege
(Tanto el Papa como el rey
beben todos sin ley)
Cantus Buranus. Anónimo