lunes, 17 de febrero de 2014

Otro previo al Maratón de Sevilla: Maratón al cuadrado.

Audentes fortuna iuvat 
Virgilio. Eneida, X, 284.
He hecho un descubrimiento. Un descubrimiento estúpido y sin ninguna utilidad, pero muy motivador. Un descubrimiento relacionado con el Maratón de Sevilla del próximo domingo.

El último paga

En fin. El domingo maratón. He tomado la salida, hasta el día de hoy, en... en... ¡ay!. He leído por ahí que si sabes cuantos maratones has corrido es que has corrido pocos maratones y, ahora mismo, no estoy muy seguro de cuantos he hecho. Veamos, es difícil hacer la cuenta porque, al fin y al cabo, al mezclarse el tema de la montaña y la ultradistancia hay pruebas que no sé si cuentan o no como maratón. A ver. Los maratones de Madrid, como tal, si. Medidos al centímetro, homologados y terminados siempre, unas veces mejor que otras. Por ahí son ¿cinco? A ver... 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2013... no, seis. De asfalto nada más, porque dos veces que he salido de las fronteras de la provincia de la capital, en el maratón de Valencia en 2007 y en el de Ciudad Real 2013, no he conseguido acabar la carrera. Mal presagio para Sevilla.

Sobre los descubrimientos, hay quien confunde los contextos de descubrimiento y de justificación en la ciencia. Por ejemplo, referido a la palodieta en los corredores. Si se parte como hipótesis de trabajo de que estamos adaptados a una dieta que ha cambiado hace muy poco (relativamente, en términos de la evolución de las especies) y que no tenemos una adaptación alimentaria a nuestros sedentarios y cómodos hábitos de vida, sino a un periodo anterior en que la supervivencia era más dura y había que recorrer largas distancias constantemente, ya fuese para buscar agua o para cazar, trabajamos con una hipótesis interesante, un buen punto de partida. Lo que mueve al investigador que toma este punto de partida puede ser su afición al deporte, puede ser su gusto personal por la carne y los huevos o quizá su falta de interés en los fetuccini o las lentejas. Puede ocurrir como con Newton, que lo que le movía a desarrollar unas leyes que unificasen toda la dinámica conocida, desde el movimiento de una bala de cañón hasta el movimiento aparente de los planetas en el cielo, era una motivación teológica. Newton quería encontrar el mecanismo con el que el Relojero había dado cuerda al Gran Reloj que era el Universo. Eso no quita para que, una vez desarrollada la Ley de la Gravitación Universal y cuando Napoleón interrogaba a Pierre Simon Laplace sobre el hecho de que pudiese hablar sobre el comportamiento del Universo sin hacer referencia a su Creador, el matemático francés, gracias a la existencia previa de las Leyes de Newton, pudiese responderle: "Sire, no he necesitado de esa hipótesis". La hipótesis del Relojero, como motivación de la investigación o como hipótesis de partida no implica introducir a Dios en las ecuaciones de la dinámica newtoniana, ni quizá prohibir los garbanzos como alimento. Si nuestros antepasados corrían hasta reventar a los bichos que después se comían, eso no invalida la pirámide alimentaria tal y como la Organización Mundial de la Salud, con estudios longitudinales a lo largo de décadas, ha establecido de modelo como mejor equilibrada nutricionalmente.

Presuntos restos de un bocadillo de nuestros paleoantepasados

Sigo contando maratones. 

Luego están los maratones de montaña, que no están bien medidos. Para empezar, el Alpino Madrileño 2007 no llegó a los 42 kilómetros, por problemas meteorológicos, y todos los demás, se han pasado de las 26 millas y 385 yardas, distancia oficial de la prueba olímpica de Maratón. El MAM se ha pasado a menudo tres pueblos y, en ocasiones, con nefastas consecuencias para los que van al final del pelotón. Van 07, 08, 09, 12 y 13, cinco "Alpinos Madrileños". Además dos "Penedós do Lobo", en Orense, dos "Jarapalos" en Málaga, un "Yeti Trail" en Murcia y un "Galerleiz" en el País Vasco. El "Zegama-Aizkorri" no cuenta, que me tuve que retirar, como en el de "Serra da Groba" en Vigo el año pasado. Total, si cuentan los maratones de montaña, son diecisiete maratones.

Sobre la paleodieta, hay un supuesto darwinista entre las premisas que quizá habría que revisar. El darwinismo clásico, frente a las teorías ya abandonadas de Lamark, que os sonarán de haberos cruzados con ellas en algún momento del colegio o el instituto, postula dos ideas fundamentales: la evolución produce cambios muy lentos y graduales (Natura non facit saltus) y los caracteres adquiridos no se transmiten de generación en generación (por mucho que comas, tu descendencia no hereda la obesidad adquirida). Bueno. Pues resulta que en temas relacionados con la nutrición las poblaciones de humanos se comportan de forma lamarkiana, es decir, si que se producen cambios más o menos bruscos en pocas generaciones, y las pautas alimenticias de una población hacen que los individuos de esa población mejor adaptados sean los que sobreviven. Es el conocido como "Efecto Baldwin" o "evolución baldwiniana". De pronto (de pronto en términos evolutivos, en pocas generaciones), una población se pone a cultivar trigo y a pastorear cabras. Familias extensas. Se tienen muchos hijos, mueren muchos hijos, la mayoría de desnutrición, los años malos, unos pocos de vez en cuando por intolerancia a los nuevos alimentos... ¿qué factor gana en términos de supervivencia de la población? Efectivamente, las poblaciones que cumplen con la condición de necesidad de alimentarse, las intolerancias a los cereales y a la lactosa, son irrelevantes en comparación con la mortandad que produce, simplemente no comer. Eso si que es malo para la salud. En pocas generaciones los individuos mejor adaptados a las nuevas fuentes de energía son la mayoría en la población que se impone a otros grupos que siguen algo más parecido a una "paleodieta". Paradógico en términos darwinianos, una conducta alimentaria, se acaba convirtiendo en rasgo genético. Eso explica que poblaciones que como forma de purificar el agua y hacerla potable, como los orientales, hierven hojas de té, tengan mejor tolerancia a la cafeína allí presente y menos al alcohol que los occidentales, que a través del proceso de fermentación de uvas o cebada malteada (vino y cerveza) hemos usado tradicionalmente como método para eliminar las bacterias de lo que bebemos y no "cascarla" aún más rápido de lo que lo hacíamos, que no era poco. Esto explica también lo de que los japoneses se pillen esos "pedos llorones" de exaltación de la amistad de forma tan económica.

Sigo con mi descubrimiento, que me despisto. Ahora... ¿los maratones y medio cuentan como maratones? Yo diría que si, Entonces, dos en Penyagolosa y uno en Chiva, hacen veinte. Y sobre las carreras de cien... me apunto las terminadas, claro, pero también en las que he hecho más de cincuenta kilómetros sin haber completado todo el recorrido, que me ha sucedido en cuatro ocasiones, dos "Colemenar", una "M-S" y un "GTP" (van veinticuatro). Además completos un 101 Peregrinos por el Bierzo, un 100 de Colmenar, una Madrid Segovia, un Gran Trail de Peñalara y un UTMB... ¿Cómo cuentan? Yo creo que como dos. Si acabas un maratón y sigues corriendo una distancia mayor que la del maratón aún, al fin y al cabo, has corrido dos maratones. El segundo jodidillo, "reventaete", pero eso no le quita valor, si acaso se lo añade, por tanto, cinco por dos, diez más, hacen treinta y cuatro. Espera, que en dos retiradas de las de antes ya llevaba yo dos maratones consecutivos. Treinta y seis. Con una Antinorte, una Napoleónica y dos Remontadas Infernales, en las cuales hemos recorrido más de los 42 kilómetros reglamentarios y, finalmente, con el trabajo de escoba en el GTP 2013, me salen cuarenta y un maratones.

Bien, ese es el descubrimiento. Esto quiere decir que Sevilla puede ser mi maratón número 42, el maratón al cuadrado. Llevaría ya en las patas un maratón de maratones, contados de esta manera. Además, según la Guía del Autoestopista Galáctico, 42 es la respuesta a la pregunta sobre el sentido de la vida, el universo y todo lo demás.

Que los cuento así porque me viene en gana a mi y a quien le parezca mal que lo comente abajo.

Esta semana a descansar y al final de ella, a comer como si hubiese cazado un mamut.

Carta de postres de un paleorestaurante 









viernes, 14 de febrero de 2014

Previo Maratón de Sevilla: el palo y la zanahoria

"Los kilómetros no son elásticos. Lo elástico es la cuerda que sujeta la zanahoria" 
Luis Arribas Sandonis
Queda poco más de una semana para el maratón de Sevilla.

Cuarenta y dos kilómetros y ciento noventa y cinco metros siempre dan respeto. A mi me causa especialmente respeto que sean absolutamente llanos, porque me he ido acostumbrando con el paso del tiempo a correr por montaña alternando un nivel de esfuerzo, y sobre todo una velocidad, que a lo largo de la carrera va a ir variando para adaptarse al terreno en el que se desarrolla la prueba. Me he adaptado a llevar una estrategia pensada para la carrera, estudiando el perfil altimétrico. Cuando llega una cuesta arriba se tira de una musculatura y cuando se baja se cansa otra diferente. En unos sitios ahorras, en otros gastas con prudencia. Los traileros son tacaños con sus energías. Siempre reservas, nunca vas a un ritmo pensado para dejarte vacío en el momento en que cruces la meta, maximizando el resultado, como hay que hacer cuando sales buscando tu mejor marca personal en una carrera de atletismo sobre asfalto.

En montaña dependiendo del tipo de terreno se pisa y se corre de una forma u otra y es precisamente en los tramos de llaneo donde yo estoy más desorientado en lo que al ritmo se refiere y donde me ocurre que a veces me vacío yendo un poco más rápido de lo que quizá debería. No me pasa a mi solamente. He observado a menudo bajar a la gente por la Loma del Noruego en dirección al Puerto de Cotos durante el Maratón Alpino Madrileño a un ritmo ligeramente por encima del suyo. La Loma del Noruego no es un llaneo, claro, pero depende con qué se compare. Viendo el perfil de la prueba esa parte es adecuada para "soltar piernas" y perder cinco minutos que luego se recuperarán con creces, sobre todo viendo lo que queda por delante aún. El siguiente "llaneo" después de bajar de Peñalara y hasta la base del tubo de Cabezas de Hierro conviene trotarle, igual que una vez coronada la Cuerda Larga, el resto del camino hasta la meta, pero no será posible hacerlo si ya no quedan energías que conjurar. (Javi, bon courage!).


En un maratón como el de Sevilla lo ideal es clavar el ritmo y hacer cada uno de los cuarenta y dos kilómetros en el mismo tiempo. Si acaso, reservar un poco e ir de menos a más, porque cuando se han recorrido aproximadamente tres cuartos de la distancia del maratón puede sobrevenir lo que se conoce como el muro o que te asalte el tío del mazo. Un bajón físico que te frena el ritmo, te aturde y convierte en un suplicio la última parte de la carrera. Eso que en larga distancia en montaña va y viene en distintos momentos, cuando sale el yeti a tu encuentro y te acompaña un tramo.

El temido muro llega cuando se ha calculado mal el ritmo y se ha ido un pelín apenas más rápido de lo que se debería. La preparación previa, el descanso y la alimentación de las últimas semanas hacen que cuando por fin se ha entrado en calor y encontrado el ritmo el día de la competición parezca que se puede correr indefinidamente quizá un poco por encima del que has entrenado y era el objetivo. Gran error. El exceso de confianza, las sensaciones, suelen traicionar y cuando se agotan las reservas de alimento y se llenan los músculos de desechos de la combustión metabólica, mandan a la cabeza una señal inequívoca pidiendo clemencia. Es tarde para salir del lío en que te has metido tú solito. Eso si te pasas "un pelín". Si sales a tope, a un ritmo medio minuto por kilómetro más rápido de lo que debes, no llegarás. Si el cuerpo no encuentra otro camino para hacerlo, te parará en seco lesionándose, desmayándose o algo más grave aún.

Por ahí, una de esas frases que circulan entre los corredores, es que los primeros treinta y dos kilómetros se corren con las piernas y los últimos diez con la cabeza. En el fondo se trata de poner en juego dialéctico los dos elementos facilitadores de la consecución del objetivo. Por un lado la preparación previa, por otro la motivación de la que dispongas el día de la carrera. Cuando hablamos de dialéctica en filosofía, a partir de Hegel, estamos hablando habitualmente de un "diálogo" entre dos elementos que se pueden contradecir inicialmente en apariencia, pero que se enriquecen mutuamente en su debate e interrelación y, de hecho, que pueden llegar con el tiempo a un consenso y un discurso único, un monólogo que sea la superación del anterior diálogo y se convierta en nuevo elemento para entrar en debate con otro más que surja como reacción a él... En filosofía siempre se está en la misma permanente batalla, aunque no siempre es la misma guerra la que se está librando.

¿Qué nos motiva?
La motivación y la condición física previa al maratón no son dos variables independientes. La motivación ha intervenido, y mucho, en el proceso de preparación para la carrera. Si no has sufrido ninguna lesión seria, el que hayas encontrado el tiempo y la energía para entrenar ha sido seguramente gracias a que veías la recompensa al fondo. Cada día que te has levantado a correr, cada vez que has estado bajo la lluvia y el frío o sudando bajo un sol implacable haciendo los deberes, cuando has visto pasar bajo tus bigotes unas croquetas de bacalao mientras bebías una bebida de cola ligth y te rugían las tripas para poder bajar un par de kilitos y estar fino el día de la carrera, estabas pensando en cruzar el arco de meta. El motor de esa preparación ha sido en gran medida el deseo de alcanzar tu objetivo el día D. Quizá haya otros motivos ocultos a tu mente consciente. Quizá sea verdad que, en última instancia el motor sea otro: el sexo, el narcisismo, resolver un trauma infantil, la voluntad de poder... no importa. No es relevante en este momento para nuestra reflexión.

Por otro lado, es más fácil motivarse cuando estás en buena forma y si cuando empiezas a correr se retrasa mucho la aparición de la fatiga, cuando no tienes que parar para descansar, sino simplemente bajar un poco el ritmo un kilómetro para recargar las pilas, cuando salir a entrenar dos horas te deja con ganas de más. Cuando te levantas por la mañana sin secuelas del palizón del día anterior y estás en condiciones de asimilar otro entrenamiento. Si por el contrario estás hecho un asco, deportivamente hablando, claro, necesitas mucha más motivación, más palo y zanahoria que te muevan hacia delante para seguir sufriendo. Porque entonces vas a sufrir, puedes tener la seguridad de ello. Incluso cuando estás en plena forma, a veces, casi siempre, se sufre. Lo otro es la excepción, cuando se disfruta la carrera desde el principio hasta el final, en cada momento, y no son las ganas de conseguir acabar la carrera lo que hace que lo consigas. A mi en un maratón de asfalto nunca me ha ocurrido, pero algún día haré mi carrera perfecta. No pierdo la esperanza.

Mientras tanto, es la causa final, la intención, y no la causa eficiente, lo que me mueve, pero es que, en los asuntos humanos la única causa realmente importante es la causa final, la zanahoria al final de la cuerda.

jueves, 13 de febrero de 2014

Media Maratón de Fuencarral - El Pardo 2014



"Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre... La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. La vida es una cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras cazados, se disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir... Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas." 
A. Shopenhauer.
A. Shopenhauer
No estoy de acuerdo con Shopenhauer. Siempre he desconfiado de los filósofos pesimistas.

No estaba muy seguro de si merecía la pena hacer una crónica de esta carrera. No porque la carrera sea mejor o peor que otras o porque no haya nada que contar. Que no tenga nada que contar nunca ha sido un problema para mi a la hora de aporrear el teclado. Es por no volver a contar lo mismo y por no hacer la típica crónica de 1. joer qué frío antes de salir 2. ya salí 3. corrí. joer qué frío hacía 4. sufrí un poco al final 5. llegué-joer que frío.

Y es que, al final, si solamente voy a contar que he corrido y que he tenido que apretar los dientes, no tengo nada que contar que no pudiesen contar o correr igual o mejor los más de 2600 que tomaron conmigo la salida.

Y sobre filosofía, igualmente, la lechuza de Minerva solamente levanta el vuelo al atardecer (die Eule der Minerva beginnt erst mit der einbrechenden Dämmerung ihren Flug), y hoy se ha escondido o quizá es que es demasiado temprano. Tengo mil temas filosóficos que recordar, pero ninguno parece cruzarse con los acontecimientos de mi vida en este instante. Salvo el tema shopenhaueriano acerca de la volundad de la cita inicial.

Son tres cosas, escribir, filosofar, correr, que no siempre salen sin esfuerzo, que no tienen por qué fluir con facilidad. Hay días que toca practicar lo que en Atenas la marinería llamaba la "segunda navegación". Cuando no sopla el viento, cuando te aproximas al puerto de atraque, hay que arriar las velas, sacar los remos y darle duro al brazo, sufriendo hasta llegar al destino. No todo es fácil, hay días que hay que sudar tinta, juntar pasos, re-flexionar en "segunda navegación", que decían los filósofos atenienses tomando el término marinero, y alguno, hasta al marinero en si mismo si ambos estaban de acuerdo en la mutua toma.

He leído hace poco a un escritor que todos los días se obligaba a escribir unos párrafos porque, al fin y al cabo, la novela más larga está compuesta por un conjunto finito de párrafos. Mamotretus escribió su tratado (si existió) letra a letra, sin procesador de texto, con tinta y pluma de ganso. Que juntando poco a poco cada paso se alcanza el objetivo lo sabemos bien los corredores de largas distancias. Una carrera es un montón de pasos, hay que ir sumándolos sin prisas. Y, sin prosas, sin escribir nada, a veces filosofar es seguir dando vueltas al tema en la cabeza, en círculos, en aporía (sin-paso), tropezando con el mismo obstáculo una y otra vez sin ser capaz de resolverlo, pero cada vuelta al problema, descartando soluciones fáciles y escapatorias preparadas para que salgan por ellas los cobardes intelectuales, limpiando el problema hasta dejarlo pelado y verte obligado a saltar por encima de él hasta que no quede más remedio que tomar otra perspectiva del asunto de estudio. La filosofía no es una tarea de "idea feliz", que se resuelve mediante un conjunto de brillantes inspiraciones intelectuales. Es un ejercicio para gente cabezona y persistente, cansina.

Así más o menos corrí el otro día la Media de Fuencarral, en "segunda navegación", apretando un poco los dientes, forzándome un poco como a escribir esta crónica. ¿Y por qué? ¿Quién nos obliga? Nadie, realmente. Esta es una de las partes que nos resultan más opacas de nuestro intelecto a los corredores. ¿Qué nos impulsa a salir a entrenar muchos días que no nos apetece, qué nos obliga a participar en una prueba un día de frío impenitente en que se estaría infinitamente mejor en la cama?

Cuando las sensaciones son fantásticas, cuando todo fluye,... como en el sueño que he tenido esta noche en que corría kilómetros de escaleras hacia arriba y luego hacia abajo sin ninguna sensación de esfuerzo... claro, correr en sueños mola mucho, no cansa las piernas. Cuando la zancada es elástica y el cuerpo está descansado y bien entrenado, lo que cuesta es dejar de salir correr, de entrenar, de tomar la salida en la carrera. Otras veces, muchas veces, como el domingo, unas sensaciones térmicas por debajo de cero grados, un viento helado que mordía las carnes y encogía el alma entre temblores, un horario absurdo (¿Una carrera a las nueve a comienzos de febrero?), la amenaza finalmente cumplida de lluvia, el cansancio de la semana... todo invitaba a quedarse en la cama, calentito, y que pasaran unas horas retozando y disfrutando de la grata sensación de no tener que ir a trabajar, tomar un buen desayuno tranquilamente en vez de andar penando por ahí. Esa es la sensación que vencemos. La de comodidad, la escapatoria fácil y agradable a corto plazo. Nos ponemos la ropa de correr y salimos al frío, o le arrancamos unas letras al teclado, o le damos otra vuelta al problema, a ver si encontramos la solución.

Todo el mundo sabe lo que tiene que hacer para aprobar, para sacar el trabajo adelante, para perder peso, para dejar de fumar, para cambiar su forma desastrosa de relacionarse con sus parejas o para acabar un maratón. Casi todo el mundo tiene la capacidad para hacerlo, pero, al final, no se trata de capacidad, sino de voluntad. La voluntad también la tiene todo el mundo, pero hay que ejercercitarla. Hay que tomar la salida y, también, mantener el ritmo después.

Distrito de Fuencarral
Seré breve en cualquier caso. Pues eso, tomamos la salida, sin muchas ganas quizá, salvo las ganas de entrar en calor y, claro, cinco kilómetros más adelante, en una prolongada cuesta abajo, eso al menos ya lo habíamos conseguido. Salimos a 5:30, es decir, que salimos a un ritmo al que cada kilómetro tardábamos en recorrer cinco minutos y medio.

Dicen que el ciclista Marco Pantani subía las cuestas como una moto porque, como no le gustaban, quería acabar lo antes posible con ellas. A mi me gustan las cuestas, pero tenía ganas de acabar porque no había tenido ganas al empezar, así que a cinco minutos por kilómetro, me lancé hacia delante.

Recordando lo dicho recientemente por aquí sobre la mirada del tigre, decidí hacerme un Pantani y apretar para acabar lo antes posible. Me puse la música y empecé a adelantar gente desde el kilómetro cinco al diecinueve, en el que terminé de vaciarme las piernas y solamente pude mantener el ritmo hasta llegar. Aún a 500 metros de la llegada se me rompió el dorsal con la humedad del aguanieve que caía y entré en meta sujetándolo de esta guisa:


Y luego, lo dicho, más frío, chaparrón y a volver a casa a tomar una larga ducha caliente, una buena comida y una siesta reconstituyente.

Y al final, disfruté de la carrera y de las sensaciones, a pesar de todo.

Siempre se pueden echar ganas y ponerse a ello. Cuando no apetece al principio, también.
"Así pues debemos abrir puertas y ventanas a la alegría, siempre que se presente, porque nunca llega a destiempo, en vez de vacilar en admitirla, como a menudo hacemos, queriendo primero darnos cuenta de si tenemos motivos para estar contentos por todos conceptos". 
Ibidem.




viernes, 7 de febrero de 2014

RxC: The eye of the wolf

But the truth is, you didn't look hungry. Now, when we fought, you had the eye of the tiger, man. The edge! And now you gotta get back, and the way to get it back is to go back to the beginning. You know what I mean? Maybe we can win it back together. Eye of the tiger, man.
Apolo Creed, Rocky III

Han puesto mi foto en el equipo de CxC, una foto del maratón de Ciudad Real (jo, qué paisajes... bueno, no, eso no tenía). Me siento en la necesidad de rendir homenaje a este honor con un especial "Remontando por el Campo" (RxC)


La mirada del tigre. Me decía Jorge Urueña hace poco que al perder peso he perdido la mirada del tigre, se refería a esta foto que suelo enseñar por ahí y que afortunadamente no es la que han elegido para poner en su blog:


En Europa solamente hay tigres en los zoológicos y en los circos. Apresados, en el mejor de los casos, en un ambiente cómodo y controlado, en el peor, maltratados en jaulas y remolques sucios víctimas de una tradición que se resiste a desaparecer y que tiene su origen en los tiempos en los que enfrentarse a una fiera era un acto de valor y no, como ahora, de cobardía miserable. Especialmente cobarde cuando se trata de espectáculos dirigidos a alimentar el sadismo de unos pocos que sin embargo venden una imagen del espectáculo como "fiesta nacional". Una nación de la que se presentan como represententantes y, por si hay dudas, llenan todo de banderas rojas y amarillas para politizar (politizar no, "partidizar") el tema y presentar la simple repugnancia hacia el dolor gratuito padecido por un ser sintiente para diversión de otros como algo que los extranjeros nos imponen y el espectáculo sádico como una pieza de patrimonio nacional amenazada por la codicia de nuestros envidiosos vecinos.

En Europa, hay lobos. Corriendo libremente por el monte.



La acusación de haber perdido la mirada del tigre me da que pensar. Rocky perdió su hambre de ganar y la voracidad del novato, perdió la mirada del tigre, the eye of tiger, Sansón también perdió sus fuerzas cuando, traicionado por una mujer, le cortaron el pelo. Una metáfora de un mito universal e intercultural que nos cuenta que si eres un oscuro rockero heavy, una chica, por mucho que te guste, no te debe convertir en un descolorido pijo ibicenco. Los lobos, a su vez, después de 10.000 años de domesticación se han convertido, algunos, en una especie de ratas que pueden llegar a pesar menos de un kilogramo en su estado adulto. Para que luego se hable de los peligros de la ingeniería genética. Cómo si necesitáramos mucha tecnología para doblar el tamaño de las abejas en pocos años y que, claro, almacenen el doble de miel en celdas gigantes, que las gallinas pongan huevos dos o tres veces al día o reducir el volumen de un majestuoso ejemplar de lobo gigantesco y peludo que corría durante la última glaciación por las estepas heladas europeas a una vigésima y temblorosa parte de su original en forma de minichihuahua con mirada hipertiroidea y no de tigre precisamente.


¿Se pierde la voracidad por el triunfo?. Es más difícil acabar tu segundo maratón que el primero, tu segundo 100 kilómetros que el que hiciste por primera vez. ¿por qué? Primero porque la motivación la primera vez es mayor, existe la necesidad de demostrarse a uno mismo que se es capaz de conseguirlo. La segunda vez no, sabes que puedes y pierdes ese motor, en los entrenamientos y, sobre todo, el día de la competición cuando se presenta el sufrimiento que habías olvidado. Porque nuestra memoria tiende a quedarse con los mejores momentos, es decir, los de los últimos kilómetros en los que ya estás seguro de que vas a llegar, el paso por el arco de meta, el encuentro con amigos en carrera y con quien te viene a ver. La memoria dulcifica y reelabora los recuerdos. Embellece el pasado y olvida el dolor, porque el recuerdo de un amigo trae a la mente la imagen de esa persona, pero el recuerdo del dolor, del dolor físico, no trae a las terminaciones nerviosas nada remotamente parecido al dolor que se había experimentado. Otros dolores si. Los recuerdos dolorosos duelen cada vez que se evocan y por eso también, tenemos que olvidar.

De hecho, es la receta de la infelicidad: vivir en un triste pasado, embellecido y adornado por la memoria, negar y rechazar el presente, temer el futuro, resistirse a cualquier cambio.


Rocky lo consigue la primera vez, pero después vive de sus éxitos, se ablanda y la voluntad de vencer a toda costa le abandona, como a un premio Nobel que no vuelve a hacer en su carrera ningún descubrimiento significativo (nos dicen los sociólogos e historiadores de la ciencia que es un fenómeno tan frecuente que aún no se le ha hallado ninguna excepción a la regla). Se puede morir de éxito. Puede ocurrir, también lo contrario, el miedo a no volver a conseguirlo, a fracasar, puede empujarnos como a un empollón a sacar otro sobresaliente, porque lo que casi siempre les impulsa a estos es el pánico al suspenso, donde cada éxito es una amenaza de no volver a conseguirlo más. El empollón, con cada sobresaliente, no se confía y relaja, sino todo lo contrario, aumenta la expectativa y la presión para el siguiente examen. Tengo que reconocer que las 500 visitas a este blog en un día, hace dos días, me han hecho acordarme del pánico del empollón. Uf. Haber acabado el UTMB 2012 ¿puede pesar como una losa en el Ultra Trail du Mont Blanc 2014?

¿Habré perdido la determinación, la mirada del tigre, lo que necesito para terminar mi segundo UTMB?, esta vez recorrido, esperemos, que sobre el trazado previsto de 168 kilómetros en vez de sobre 115 como nos impuso la meteorología en 2012. Ese puede ser un buen factor de motivación. Atrapados en la comodidad del zoológico o maltratados entre los barrotes del circo, los tigres pierden su mirada de cazadores nocturnos. Pero tal vez, en la carrera de los Alpes, podamos encontrarla juntos, la mirada del lobo hambriento. Lobos que hoy, en el siglo XXI cruzan las sierras de Guadarrama y de Gredos y que llegan hasta la Submeseta Sur. Quizá la clave, pensando en las estepas del Sur, sea cazar en manada.

También me hace venir al recuerdo todo esto, por cierto, el consejo que me regaló hace un año aproximadamente una buena amiga, para que practicase la mirada de si-te-pillo-te-trillo, que nunca he tenido muy desarrollada, referido a otro tipo de caza de carácter más sensual. Qué importante es la mirada del lobo, sin ella estaríamos perdidos. Cómo nos gusta cuando la otra parte la entiende y nos la devuelve multiplicada.

En definitiva, creo que lo importante es mirar al mundo de frente, con una mirada que trasmita la determinación que se lleva dentro. Con fuego en las tripas y en el pecho que iluminen los ojos con una feroz alegría. La de enfrentarse a un nuevo reto. Las ganas de atravesar lo que haga falta, menos poner en riesgo la seguridad, para llegar a la meta en menos de 46 horas. Que sintiendo un grito de guerra o un aullido de lobo en en nuestra mente tomemos la salida en Chamonix el próximo 29 agosto con los ojos brillantes y la mirada de una manada de lobos hambrientos que salgan a devorar kilómetros de desnivel positivo hasta diez veces mil metros con cada una de sus bajadas.

Y, como todo en esta vida, fuera de la carrera, lo mismo. A comerse el mundo.




martes, 4 de febrero de 2014

Cuestiones de género

En primavera hay una carrera que no tengo pensado correr, pero a la que no faltaré. Es la carrera de las Woman Wind Xtrem, las "chicas del viento". Estaré como voluntario.

Correr es una actividad mayoritariamente masculina. Cada vez menos, por fortuna. En tiempos en los que hay tipos que, escondidos detrás de una sotana, condenan el feminismo "radical", me siento obligado a declararme públicamente como un feminista. Uno radical. Creo que no se puede ser otra cosa en materia feminista que radical. En cualquier planteamiento que defienda íntegramente los derechos humanos de una parte de la población, de más de la mitad de la población, no sé cómo se podría ser otra cosa.

Entrenamiento de las winis

Un poco sobre filosofía feminista.

El feminismo actualmente es uno de los "motores" más vivos de la filosofía política gracias al profundo análisis que realiza en cuestión de derechos de ciudadanía. En materia de filosofía política hablar de feminismo es hablar de profundización teórica en cuestiones que luego son perfectamente aplicables a toda nuestra especie. Es hablar de filosofía viva y en continua producción.

El feminismo, originalmente y hasta hoy, es el movimiento que defiende la igualdad de derechos y promueve el proceso de emancipación de las mujeres. No ser radical en eso, estar solamente parcialmente de acuerdo, es pedir que las mujeres no tengan "todos los derechos". Al pedir moderación parece que se pide que no se sea radical ni se caiga en la exageración, que solamente algunos derechos. Quizá, se supone, los que decidan los tipos con sotana, que creen que tienen autoridad para ello. No la tienen, ni autoridad tomada literalmente como auctoritas (autoridad moral, emanada del conocimiento experto o de la dignidad de una trayectoria personal), ni como potestas (nadie les ha votado), ni como imperium (lo que hoy llamaríamos poder ejecutivo, aunque lo intentan).

Como estoy muy cabreado con algunos temas voy a descargarlo aquí, que es para lo que yo escribo, para soltar lo que necesito soltar. No tiene que ver directamente con el tema de organizar carreras femeninas.

Lo de los curas reprendiendo el feminismo radical me recuerda una situación vivida con un amigo mío. Éste decía de otro suyo, que aquél no era del todo racista. Resultaba que solamente lo era "un poco", "a medias", con "algunas razas". En fin, en eso consiste ser racista, en estar a favor de unas razas y en contra de otras. En el caso de aquel tipo, en su jerarquía de exclusión, aceptaba de buen grado a los negros y los caucásicos por igual, en menor medida a los latinos y magrevíes y detestaba a los gitanos, llegando al odio con los que venían de Rumanía. No parecía tener ninguna opinión sobre los judíos ni sobre los aborígenes autralianos, por falta de contacto personal con ellos. En fin. Ser "medio racista" o "racista atípico" es ser, definitivamente, completamente racista de arriba a abajo. No ser "feminista radical" es ser machista. Estar solamente a favor de cierto grado de igualdad, es estar a favor de la desigualdad. Punto.

Ser machista (axioma, quizá lema) es igual de despreciable que ser racista, homófobo, xenófobo o clasista. No hay palabra para referirse a las personas que marginan a otras personas en razón de su discapacidad, pero el motivo de eso ya lo contaré más despacio en mi tesis doctoral. Darme unos añitos, que estoy en ello.

No se puede estar parcialmente de acuerdo en la defensa de los derechos de otra persona. Eso es lo mismo que estar a favor de la limitación de algunos derechos. La tibieza, las medias tintas, son inaceptables. En definitiva, un feminismo no radical no es feminismo, igual que un anti-racismo parcial sería un planteamiento racista. A nadie le parece mal que alguien sea y se declare como un demócrata radical o, por ejemplo, estar radicalmente de acuerdo con la supresión de las barreras arquitectónicas. Decir "yo soy un poco demócrata, pero no un demócrata radical, que en el término medio está la virtud: ni demócrata ni un fascista antidemócrata..." sería tanto como decir "yo soy medio idiota, que no me gusta ser radical en nada, no estoy a favor de un ejercicio completo de la inteligencia, creo que hay que ser un poco gilipollas".

No nos confundamos con la gente que critica la democracia, claro. De hecho muchos demócratas no estamos del todo cómodos con la actual democracia porque creemos que tendría que serlo más, no porque seamos antidemócratas. No nos conformamos con lo que hay, pero somos profundamente partidarios de una mayor democratización del sistema político.

Los tipos con sotana y sus aliados laicos lo saben y hacen una estrategia consciente de confusión para crear un mundo menos democrático, liar la conversación y hacer un "banco de niebla" que siga equiparando el término "machista" a "feminista", para seguir discutiendo la primera y fácil lección sin llegar, para no llegar nunca, al meollo de la cuestión. La cuestión consiste en qué mareras adopta la opresión y la limitación de derechos de ciudadanía, cómo se articula y se manifiesta la desigualdad y las causas de ello. La confusión se provoca, intencionalmente, para generar el "orden del día" deseado. Que la discusión se centre en una dirección y no se mire en otra. Al fin y al cabo, un ejemplo, mientra se discute imbecilidades como, por ejemplo, si pueden adoptar las parejas homosexuales no se discute, ni tan siquiera se pone de manifiesto, el que debería ser el verdadero problema: si deberían poder adoptar, acoger  y criar niños y niñas las parejas de homófobos, exponiéndoles desde la infancia a la homofobia. Igualmente mientras se discute qué es el feminismo y si el feminismo radical pretende deconstruir el modelo tradicional de familia, no se discute el por qué un grupo, basándose en una teoría de la vida platónico-medieval, que incluye "almas etéreas", dioses, ángeles, diablos y magia, pretende legislar sobre la interrupción del embarazo en un estado moderno y laico, o que debería serlo, y que quiere que su catecismo de ellos prevalezca sobre las personas que no comparten sus creencias convirtiéndose en código penal para todo el mundo. Que su catecimo legisle castigos para quien no crea en él, para las personas que no crean que en momento de la concepción se introduce el alma en los cuerpos por intercesión divina. Traduzco: que durante el coito un dios pone una substancia intangible en el óvulo aún no fecundado para predestinarle a ser un ser humano. Un estado laico no puede permitir dos cosas: 1.) leyes que prohíban abortar basándose en esta creencia a quien no la comparte ni 2.) leyes que obliguen a abortar a quien la tenga, claro, que está en su derecho cada mujer (ojo, cada mujer) de creer lo que quiera y actuar en base a esa creencia. Es el mismo derecho que ampara a quien no la tiene.

En el Vaticano hay una "linea caliente" con 12 curas exorcistas para atender 24 horas "exorcismos de emergencia" en todo el mundo desde 2012
Pero se puede ser feminista de muchas maneras... ...y cristinano también, porque en el Credo no pone nada de almas inmortales, repasarlo si no me creéis, eso más bien salía en El Menón de Platón, los cristianos creen en la "resurrección de los cuerpos", la teoría científica (el platonismo) que explique el cómo no forma parte del dogma de su fe, sino del catecismo de sus curas. Mañana podrían decidirse por las neurociencias y abandonar a Platón y no se alteraría el dogma.

Bueno, no quiero decir que las personas que no están a favor de las carreras de mujeres sean como lo peor de los fanáticos religiosos machistas, homófobos y clasistas que anda por ahí. Juegan en ligas distintas. Hay gente que opina legítimamente de forma distinta, que es un planteamiento erróneo hacer carreras solamente para chicas y sin que ello signifique que estamos ante un cerdo machista, pero quisiera discutirles los argumentos que puedan presentar. Lo de arriba era algo que, como ya decía, tenía que soltar hace tiempo para quedarme a gusto.

Hay distintos enfoques dentro del feminismo. Para alcanzar la plena emancipación y desaparición de las estructuras indeseables del Patriarcado... ¿Qué estrategia hay que seguir? ¿Cómo buscar, en cada ámbito de la vida, la equiparación de derechos y oportunidades, la visibilidad y la normalidad?

Bueno, ahí se puede estar a favor de una estrategia o de otra, de una forma de hacerlo en concreto. El año pasado se generó una polémica en torno a la carrera organizada por Sonia Elgueta. Una carrera de montaña para mujeres. Los palos vinieron golpeando desde varios lugares y la polémica se movió en un plano bastante limitadito. Los tipos de sotana hubiesen quedado contentos con la superficialidad de algunas críticas.

Este año tendremos otra edición y surgirán de nuevo las acusaciones. Hay quien piensa que no se deben organizar carreras solamente para mujeres. Bueno. Por un lado no se obliga a nadie a participar y no estamos ante la misma circunstancia de si se organizasen carreras solamente para hombres, porque la situación de partida es totalmente distinta en un caso o en otro.

Desde la organización de las Woman Wind Xtrem puedo estar seguro que no hay ningún rastro de machismo ni de hembrismo, que es lo mismo esto último que que el machismo pero en dirección contraria, de las mujeres hacia los hombres (esto es un regalito para que quien no usa con propiedad el concepto feminista, para que tenga uno más propio que emplear a partir de ahora, hembrismo). La actitud que hay tras la organización de esta carrera es la de acercar a las mujeres a una actividad para la cual están naturalmente muy dotadas por sus diferencias anatómicas con los hombres, en las que su mayor resistencia y flexibilidad, si existiese mayor base popular en la práctica, sin duda las pondrían pronto en los podios en la categoría absoluta junto a los Kilian y los Krupica.


El planteamiento, la estrategia, lo que busca la carrera de las winis, es crear un espacio de comodidad, donde las mujeres que se acerquen no tengan que sentir que ocupan un lugar en un universo abrumadoramente masculino. Tenéis que poneros en el lugar de alguien que empieza a correr y llega a un sitio lleno de testosterona y pelos, no necesariamente hostil, no especialmente agresivo o salido, pero si no, en terminalogía de Horkheimer "lo radicalmente opuesto", al menos un ambiente extraño.

De hecho la estrategia ha funcionado muy bien y en tan solo un año se han multiplicado en el entorno de la Sierra de Guadarrama el porcentaje de mujeres que corren. Cada vez hay más. Corren solas, en grupos con chicos o en grupos de chicas, según a cada una le apetece. Se apuntan o no a carreras. A carreras con chicos o solamente a la carrera de las chicas. A quien no le gusta una... no se apunta. Es así de simple. Si no te gustan las carreras para chicas, no la corras. Si eres un chico y quieres participar, puedes hacerlo ayudando de varias maneras.

Desde la experiencia de esa comodidad que se ha generado en una sola carrera de montaña "para chicas" se pueden crear, y se han creado, grupos de entrenamiento, con distintos niveles, con distinto grado de presencia masculina según se sientan cómodas las mujeres que van a reunirse allí y con objetivos distintos. A lo mejor no hacen falta muchas más, no lo sé. Se trata de animar y atraer a este deporte a cuanta más gente mejor, otra cosa que a algunos miembros y, como decía aquella, miembras, de la vieja guardia del Guadarrama le puede escocer la llegada de gente nueva, por resistencia al cambio o porque recuerdan unos viejos-buenos-tiempos, una Edad de Oro, en que el otros niños no compartían sus juguetes. La solución para las escoceduras es simple. Que les den pomada. A las escoceduras. Tengo un par en el botiquín de corredor de ultrafondo si alguien necesita un poco.

Esta Primavera allí estaremos animando y apoyando, que es casi tan fácil como obstaculizar y cuestionar, así que allí os espero a todas, todas vosotras, las personas. Feministas todas.




lunes, 3 de febrero de 2014

Lo que mata es la humedad

«Aus der Kriegsschule des Lebens. – Was mich nicht umbringt, macht mich stärker.»
(De la escuela de la Guerra de la vida - Lo que no me mata, me hace más fuerte)
F. Nietzsche
Relataban en una entrevista los amigos de Corriendo por el Campo (ver aquí, es fascinante), que tienen que aclimatar al frío para saber enfrentarse a los Alpes este verano. No van descaminados, salvo en mi tallaje original, que ahí exageran un poco bastante y que se movía en los 120 Kg. y la talla XXL, no más allá. Lo que viene siendo "obesidad grado I" y no "Mórbida", aunque en un par de años, si no me hubiese dejado seco un infarto, hubiera alcanzado ese estado catastrófico al ritmo que llevaba.

Sobre aclimatación al frío, mi primera carrera de montaña. Verano de 2007.

Vientos de ochenta kilómetros por hora, está jarreando y ya  lleva lloviendo desde ayer, ablandando y embarrando el terreno. Hay sensaciones térmicas bajo cero al llegar al Alto de Guarramillas durante el Maratón Alpino Madrileño. La "brisa cabrona de la Cuerda" que los guadarramistas ya conocemos, hace estragos entre los corredores en pleno verano y los sanitarios atienden varios casos de hipotermia. El viento es muy peligroso. Aunque se llame "sensación" térmica, es una magnitud que mide una propiedad física objetiva, la velocidad a la que el cuerpo pierde temperatura en función de variables como la humedad, velocidad del viento, altitud y, claro, lo que marca el termómetro. En este caso poca cosa para el mes en el que nos hayamos.

En el ascenso hacia Boda del Mundo hemos tenido que cruzar unos arroyuelos que, por la fecha que es, deberíamos poder salvar con una zancada o quizá saltando de piedra en priedra. Los arroyuelos se han transformado en generosos torrentes, aguas crecidas y caudales vigoréxicos como se hipertrofian los músculos de la muchachada de un gimnasio de barrio choni cuando se acerca la temporada de piscina. Nada de saltar de piedra en piedra. A los diez minutos de carrera hay que meter los pies, hasta las rodillas, en el agua fresca.

Avituallamiento en el MAM 2007
Mojados por fuera y secos por dentro, Llegamos a los avituallamientos y vaciamos en nuestras gargantas varios vasos de líquido, agua y bebida isotónica, ante la mirada de incomprensión de los ateridos voluntarios, que están empezando a aborrecer el H2O y preguntan con extrañamiento en el tono de voz -¡Pero...! ¿Cómo podéis tener sed?

Correr bajo el agua no es tan problemático y llevar los pies mojados desde el principio del recorrido tampoco. No pasa nada, los pinreles no tendrán oportunidad de secarse lo que queda de carrera. Cuando me quito las zapatillas muchas horas después esperando encontrarme un destrozo, me encuentro unos pieses arrugaillos pero sin resto alguno de ampollas ni rozaduras. No están ni tan siquiera sucios, como suelen estarlo tras un maratón, con roña tatuada que obliga al doloroso ejercicio de agacharse a frotarles bien en la ducha, cuando lo último que te apetece en el mundo es doblar las rodillas o hacer ejercicios de equilibrio sobre una sola pierna. Eso cuando no tratas de limpiar lo que no es más que un hematoma bajo la piel o en la uña del dedo gordo, con salvaje concentración hasta comprobar la futilidad del ejercicio.

Los cimientos de la concatedral de Logroño, hechos con sarmientos de vid, es decir, de madera, como no podría ser de otra manera en la región del tintorro por antonomasia, están sumergidos desde hace siglos bajo las aguas subterraneas de la zona pantanosa que pertenecen al caudal del cercano río Ebro, el que los peregrinos a Santiago cruzan desde la Edad Media sin descanso. Lo que mata es la humedad, la poca agua, porque el agua corriente... no mata a la gente, siguiendo con la sabiduría popular, ni pudre la madera.

Empapado y aterido por Pontevedra
Y, como dice un dicho iranio, en el que se resume lo que quiero expresar, al hombre que está empapado no le asusta la lluvia. Eso también sirve de metáfora para ir remontando por la vida. Para otras cosillas del vivir.

La cuestión es que con los madrugones para entrenar que se meten estos chicos y las tiradas que están haciendo, no necesitan mucho más. De hecho quizá necesiten algo menos, porque están embrutesíos.

Añadir al material obligatorio una buena camiseta térmica, de las que incluso mojadas conservan el calor del cuerpo, comer bien (¡cómo si eso hubiese que recordárselo!), mantenerse siempre en movimiento, lo que implica salir de los avituallamientos arramplando vituallas para no pararse e ir ensilando por el camino un rato después del punto de control y, sobre todo, hacerse a la idea de que, una vez mojados, no hay que temer a la lluvia, solamente hay que generar calor por dentro para contrarrestar el que ella nos arranca. Las sensaciones desagradables... contabilizarlas, observarlas, separarse de ellas como hacemos con un dolor de pies cuando llevamos ochenta kilómetros de cuestas arriba y abajo.

Siempre acaba escampando. Siempre, también remontando por la vida.

Siempre acabará saliendo el sol, y te pillará más fuerte que antes y con más capacidad para disfrutar de su calor.



jueves, 30 de enero de 2014

Seguridad ontológica

Voy a ser sincero con usted. Yo odio este lugar, este zoo, esta prisión, esta realidad,... o como usted quiera llamarla. Ya no la soporto más. Quizás sea el olor, si es que existe. Estoy saturado por él. Noto... ... el sabor... de su hedor. Y siempre que lo noto, temo que de alguna manera me haya infectado. Es repulsivo......¿verdad? Tengo que salir de este lugar. Tengo que, huir. 
Smith. Matrix.
Kant señala una de las tensiones de las muchas en las que se mueve eso de ser el ser humano, la de la insociable sociabilidad, ese puntillo que tenemos de necesitar a los demás, pero también necesitar alejarnos de todo el mundo y que nos dejen en paz. Ese querer ver a la gente, pero querer estar solos. Las carreras de larga distancia nos permiten ambas cosas, como ya decíamos otro día.

Otra fascinante tensión que experimenta el homo (u homasapiens se refiere a la necesidad, por un lado, de conocer el mundo en que nos movemos, el deseo de que las percepciones que recibimos se adapten a rutinas predecibles y que la vida tenga cierta homogeneidad. Eso nos permite hacer proyecciones, crear modelos de como ocurrirán las cosas y teorías que expliquen el presente y el pasado y sobre las que se pueden apuntalar los cimientos de la realidad. Por otro lado, hay una necesidad de novedades y cambios, de que no sea sea siempre todo lo mismo. La necesidad de que la vida no transcurra como si se corriera sobre la cinta de un gimnasio, moviendo las piernas sin moverse del lugar, sin que el paisaje experimente ni tan siquiera la monotonía de la vuelta a la pista de atletismo de 400 metros (no me explico como hay gente que paga por correr encerrado en una sala, y aún menos las personas que eligen voluntariamente vivir repitiendo los mismos rituales sociales vacíos y que no les satisfacen, como un hamster que corre en su rueda).

El síndrome de reclusión que presentan muchas personas institucionalizadas, por ejemplo, las que están privadas de libertad por mandato judicial o, en otros términos, "los talegueros", tiene mucho que ver con un exceso de uniformidad en sus vidas. Con correr sobre la cinta en vez de sobre las crestas de los montes. Siempre habrá quien no vea la rentabilidad social y económica de la reinserción y que desearía que cualquier pringado que han pillado relleno como un pavo navideño, pero con otra guarnición más estupefaciente, estuviese pudriéndose eternamente a cuenta de las arcas públicas. Yo opino que cuanto antes anden trabajando y pagando impuestos, mejor para todos, empezando por los ciudadanos ejemplares, autoconsiderados ejemplares, que tienen que pagar la estancia de personas que en la mayoría de las ocasiones no representan ninguna amenaza en el exterior, al contrario de lo que puede llegar a suceder con algunos ciudadanos ejemplares.

El shock ontológico que supone descubrir que nada es como creías, que vives en Matrix, que todas las rutinas predecibles se vuelven aleatorias y no encuentras un patrón que te permita saber como actuar a corto, medio y largo plazo, es una de las sensaciones más terribles y, no es que lleve a la locura, es que precisamente es la desconexión con la realidad uno de los rasgos que definen la enfermedad mental, y la angustia extrema una de sus consecuencias. Quitarle a alguien los fundamentos de la "película" que se haya montado produce pánico en nuestros semejantes y no es poco lo que puede tener que ver con la resistencia al cambio y el aferrarse a una vida triste pero rutinaria, por más extraña o desestructurada que sea, que rutina y orden no tienen por qué ir juntos de la mano.

Para un corredor la rutina de entrenamiento le proporciona, además de una musculatura y una eficacia apropiada para practicar su actividad favorita o, seguramente su segunda actividad favorita, para la cual también encontrará beneficioso el ejercicio practicado, la rutina le proporcionará, digo, estabilidad mental, saber lo que le cabe esperar, hacer proyecciones y una ración de endorfinas que cuando faltan te dejan como uno de los que hablábamos arriba cuando tiene que vender su dosis de metadona para obtener otras mercancías a un compañero de patio

Correr por montaña, o por el campo, proporciona esa libertad de moverse dentro de una rutina y cubre la necesidad de salirse de ella simultaneamente, por eso engancha como la causa, motivo y razón que ha llevado a donde están a la mayoría de los talegueros, como una droga dura.

Un veneno que se te mete en el cuerpo y no quiere salir.

lunes, 27 de enero de 2014

Media maratón de Getafe. Enfrentando el dolor.



[...]sólo una voluntad que no está satisfecha y que está contrariada: incluso el dolor físico que acompaña la desorganización o la destrucción del cuerpo no tiene otro principio, lo que lo torna posible es que el cuerpo es la propia voluntad en el estado de objeto.
A. Shopenhauer (acerca del concepto de sufrimiento)
Un recorrido plano, por barrios nuevos de amplias avenidas y poco comercio que van dando paso a barrios aún no rematados y casi deshabitados, barrios proyectados y empezados a construir antes del "catacrocker" del ladrillo y que no terminan de venderse ni a tiros, barrios de cooperativas disueltas y de parcelas vacías pero, eso si, muy llanita y de manera que se causen pocas molestias a los conductores un domingo por la mañana. Todo el mundo contento, porque el trazado es completamente llano para que la gente pueda arañar unos segundos a su mejor marca personal. A eso han venido la mayoría de los cerca de 5.000 corredores que hay hoy aquí bajo un cielo soleado y fresco, perfecto para darle hoy caña a las zapatillas.

Corremos por la periferia de la ciudad.

Un recorrido que hace que asalten el pensamiento epítetos como "lujuriante", "selvático",  Bueno, no.
Como diría Luis Arribas, la periferia es un estado mental, no solamente físico. Lo cierto es que mirando alrededor es evidente que estamos apartados, movidos a un lado, donde menos molestemos y el paisaje urbano crea esa sensación de marginalidad, de estar en las afueras, cerca del polígono y el descampado, incluso de la escombrera y de la desembocadura de la alcantarilla en algún punto de tratamiento de aguas, aunque todo eso no esté a la vista se intuye detrás de los bloques de viviendas a medio habitar.

Así es la Media Maratón de Getafe.


Recorrido de la MM de Getafe, mi pueblo

A mi me gusta ir por el centro de las calles y por las calles del centro. En eso no cumplo el canon pitagórico que prohibía caminar por las avenidas principales. En otras cosas si que soy muy de la escuela de Siracusa.

Un recorrido ideal de cara a probar sensaciones para el Maratón de Sevilla, a un mes vista, como manda el canon y las revistas especializadas que se acompañan de planes de entrenamiento que yo encuentro, es una impresión, absolutamente salvajes para un corredor popular. Hoy debe haber muchos de esos que leen esas revistas por aquí, porque la gente sale corriendo como si lo fuesen a prohibir mañana.

Nos levantamos y desayunamos. Me pongo un par de tiritas sobre los pezones mientras suena muy lejos, en segundo plano, en el interior de mi cabeza, como un presagio, el tema principal de la quinta sinfonía de Beethoven, sol, sol, sol, mi bemol, la llamada del destino.

Salimos a ritmo de cinco minutos y medio por kilómetro, es decir, por la parte de atrás y tranquilillos y cuando llevo tres de ellos noto como una de las tiritas protectoras se desprende y el pezón izquierdo empieza a rozar contra la camiseta. Ops.

Normalmente no puedo hacer más de media hora corriendo sin la profilaxis pezoncil. Soy de pezón blando, ya lo he comentado alguna vez. Un crecimiento generoso de la alfombra que, a poco me despisto, me crece generosa sobre el pecho, y la adherencia del adhesivo ve mermada su eficacia. Además me he sobrehidratado y no podré aguantar sin vaciar la vejiga hasta llegar al final de la carrera. Ops.

A man named horse.
Dejo que Miguel y Anne se marchen hacia delante y me voy detrás de un seto en un, por otro lado, desolado paisaje del barrio a medio construir y menos que medio habitado lo que hay en pie. Micciono.

Aprieto fuerte el ritmo de carrera. Solamente me deben de sacar un minuto y tiro a tope adelantando gente. Con gran esfuerzo llego hasta Anne, que me dice que Miguel se ha quedado atrás, para esperarme. Me dejo caer. Me paro, corro un poco hacia atrás y le veo. Le pillo y seguimos adelante. De todas maneras Anne cuando caliente no necesita un par de lastres. Los pezones me arden. Valoro la posibilidad de quitarme la camiseta. Miguel dice que está dispuesto a unirse a mi si es necesario. Eso es un amigo. Así somos en el Mástil Metal Running.

Este video describe perfectamente algunas sensaciones que he tenido en carrera. Visionadlo.

Decido aguantar hasta el kilómetro 15, donde la carrera pasa por delante de la casa de mis padres antes de mostrar mis encantos a los transeúntes. Una vez pasado ese punto una descarga de endorfinas o algo así hacen más soportable el dolor, por lo que finalmente mantengo el decoro para beneficio de todos. Sin embargo sé que cuando pase por la ducha aún me quedará lo peor.

Parece que el "juramento al Sol" que Richard Harris hace en la película para convertirse en miembro de la tribu está basado en hechos reales. No solamente entre los siux. El dolor como elemento purificador, como ritual de paso, es una invariable cultural. Incluso Shopenhauer nos dice que es lo único que compartimos todos los seres humanos, lo único que nos une y hermana. Lo que nos permite perdonar a quien no entendemos y que nos ha hecho daño es, solamente, comprender su dolor.

Como se enfrenta el dolor es el único test que necesitan los Siux, en la película, para saber si quien pasa por el es un ser humano y de qué tipo.

Apretamos los últimos cinco kilómetros. El motivo es que a Miguel le duele el soleo y, cuando le duele, acelera. Él es así. Entramos en meta después de 21 kilómetros de cambios de ritmo y paradas. Un tiempo aceptable, aunque lejos de nuestras marca, nos hacen pensar que para el Maratón de Sevilla tenemos que plantearnos un ritmo que nos lleve a meta en cuatro horas, no más rápido.

No hay ningún viento favorable para el que no sabe a que puerto se dirige.
A. Shopenhauer





jueves, 23 de enero de 2014

Epistemología de lo multifactorial

Como corredores estamos expuestos a una serie de teorías "científicas" que tratan de convencernos de cual debe ser nuestro proceder en materia de nutrición, entrenamiento, uso de ropa y calzado. La leche es Satanás, hay que correr en chancletas y comer como si fuésemos cazadores de mamuts o, por el contrario, zamparse un kilo de espaguetis con gambas la noche anterior a un maratón, correr con plataformas de dragqueen y, para todo el mundo, llevar una serie de prodigios nanotecnológicos conectados a la nube y tratar las lesiones con homeopatía. Es muy difícil saber que es una verdad como un piano, qué una medio verdad y qué una trola verosímil. Hay explicaciones razonables y otras bonitas, que estaría genial que fuesen las correctas. También, a menudo, hay intereses económicos detrás de un planteamiento determinado. Detrás, delante, a la derecha, a la izquierda, arriba y abajo. Eso y supersticiones también.

También han descubierto que el chocolate adelgaza.

Bueno, no. Han realizado una investigación que dice que no hay evidencia de una correlación entre un consumo moderado de chocolate y un estado de obesidad.

Vamos, que no han descubierto nada.

Han hecho una investigación, buscando una relación directa entre el consumo de una sustancia y una situación como la obesidad que, claro, tiene muchos factores en su origen. No han descubierto nada concluyente comparando el grupo de control con el de consumidores y con el de no consumidores. No han encontrado la correlación buscada. Pero algo hay que publicar. Han publicado los resultados de la investigación, la ausencia de descubrimiento y los periodistas se han abalanzado sobre ello y han intentado conseguir muchas visitas en la página web donde se ha colgado el artículo poniendo un titular sensacionalista. La gente ha entendido lo que le ha salido de la parte del cuerpo donde casi nunca la luz del sol les broncea y muchos han considerado que se ha abierto la veda de comer chocolate, que apetecía un montón.

No es lo mismo una cosa que otra.

Es muy difícil establecer una correlación estadística entre el consumo de una única sustancia y una condición, como es la obesidad, en la que intervienen tantos elementos. Cada obeso tiene una estatura y un peso, unos hábitos nutricionales y una determinada actividad física diaria, por no hablar de diferencias hormonales, proporción entre grasa y músculo, historia clínica,... todo el mundo consume docenas y hasta cientos de alimentos diferentes en distintas proporciones. Son demasiadas variables interrelacionadas unas o independientes otras, muchas variables ocultas las que intervienen como para poder separar un alimento y acusarle de ser el responsable de algo. Tan solo se pude hablar de "factores de riesgo" y de "factores de protección". Entre los factores de riesgo, seguramente tiene menos peso el consumo de chocolate o de mortadela de aceitunas que una determinada predisposición genética o una educación que ha dado como resultado una personalidad con baja resistencia a la sensación de frustración, el número de desengaños amorosos sufridos o un trastorno límite de la personalidad que lleva a comer como forma compulsiva de agresión a si mismo/a. A la gente le da por hacerse mucho daño con conductas nefastas y autoagresivas cuando no ha sabido asimilar los palos que se han de llevar a lo largo de la vida. Zamparse un kilo de bollos de chocolate o inyectarse heroina por vía intravenosa. El mecanismo psicológico es el mismo. Se cede al deseo, se recibe una respuesta placentera inmediata y te hundes en la mierda después, cuando te das cuenta de que tu vida se va por el desagüe. A veces se llega a ello poco a poco, kilo a kilo, año a año hasta que se acumula la suma de los años.


Volviendo al chocolate adelgazante. El error metodológico de enfocar un problema de casuística multifactorial aislando un solo elemento de los muchos que se podrían tomar en consideración se conoce como "reduccionismo". Es uno de los mecanismos de racionalización más empleados cuando quieres publicar algo en una revista científica o cuando no te queda más remedio que hacerlo si no quieres que te echen de la universidad y te quieten la beca/subvención/partida presupuestaria de la que comes. Se produce una relación perversa entre investigadores que tienen que publicar algo, lo que sea, cuanto más vistoso mejor y periodistas que tienen que conseguir visitas a sus páginas con algo, lo que sea, llamativo y sensacionalista. Hay una tendencia general a que se hagan descubrimientos "molones", noticias que hagan a la gente ilusionarse con un resultado inesperado, un giro sorprendente frente a lo que se sabía hasta ese momento o que satisfagan un deseo oculto. Se puede comer chocolate. Correr ultras alarga la vida 16 años.

Correr ultras alarga el pene.

La tendencia psicológica contraria a la búsqueda de novedades ("los científicos han descubierto...") es a aceptar lo establecido como patriótico sin discusión, a mantener las creencias contra toda evidencia y lógica. El error metodológico es similar, por ejemplo, en lo del consumo moderado de vino en las comidas a la hora de racionalizar. Se trata de seleccionar una población que te proporcione el resultado que quieres obtener en el estudio. En lo que se refiere a las personas que hacen un consumo moderado de alcohol, ese grupo estadístico está en mejores condiciones que quien no hace un consumo moderado de vino en las comidas. Claro. El alcohol es venenoso en grandes dosis, tóxico en cantidades menores y solamente dañino a largo plazo consumido con más moderación. Seguramente el consumo esporádico no tiene consecuencia para la mayoría de las personas, sobre todo si tienen otros hábitos moderados y no llevan una vida sedentaria, dando posibilidad al cuerpo de gastar los triglicéridos en los que el alcohol se transforma en un parpadeo (navideño). Libre sea todo el mundo de tomar lo que le apetezca. Yo tomo vino y cerveza, de vez en cuando, pero sin vender motos. Que no nos engañen. Las sustancias presentes en el vino que podrían ser saludables para el corazón, se encuentran, sobre todo, en los aditivos que se añaden durante el proceso de fermentación alcohólica para que adquiera un color rojizo. Todos los mostos son blancos, el tintorro tiene ese color porque se le añaden pellejos de uva o incluso de otros frutos rojos, eso en el mejor de los casos. Si en lugar de vino se toma zumo de arándanos, obtenemos los mismos "antioxidantes" que, por otro lado, tampoco se ha demostrado con suficientes evidencias que sirvan para algo.

En lo que se refiere al vino se nos dan datos sobre la ausencia de correlación entre "consumo moderado" y enfermedades cardíacas sin tener en cuenta que el mero hecho de que alguien sea moderado consumiendo ya es una anomalía estadística y una entrada a variables ocultas de difícil control. por ejemplo: ¿En qué más factores de riesgo será también una persona moderada? ¿Hacen más deporte las personas que no tienen un consumo inmoderado?¿Qué causas conducen, qué lleva a alguien a ser moderado en el consumo de alcohol? Eso si,  los supuestos beneficios para el aparato cardiovascular se proporcionan sin darnos la correlación con enfermedades mentales, hepáticas, diabetes, accidentes de tráfico, maltratos, agresiones y otros actos relacionados con la embriaguez, entre los que no se incluye mandar Whatsapps a un ex-novio o decirle a tus amigos que sois de puta madre y os quiero un güevo o cantar Asturias patria querida.

Si, soy un exagerado. Se pueden exagerar las propiedades mágicas y curativas del vino, en eso no hay problema, pero no hay que pasarse contando lo que se puede ver dándose un paseo por las distintas plantas de un hospital, que eso nos hace sentirnos cuestionados cuando tomamos la próxima copichuela.

Pues eso, que me voy del tema. Que sobran estudios en cantidad y faltan en calidad sobre "las cosas del correr". de hecho, porque no se puede estudiar todo sin unos recursos que de los que no se dispone. Porque en el objeto de estudio se dan un abanico de casuísticas que vienen dadas por múltiples causas, relacionadas algunas y otras invisibles a los investigadores.

Y está en discusión, recurrentemente, si los ultras son malos para la salud.

Gran Trail Peñalara 2010.
Teniendo en cuenta que quien los corre suele ser gente que se inicia en otras especialidades deportivas y cuando tiene asentada una actividad a un nivel de entrenamiento muy alto, no necesariamente de resultados, pega el salto a las largas distancias. Teniendo en cuenta que es gente que se cuida al máximo, en comparación por lo menos con la población en general y que si, se perjudica de vez en cuando, quema los tóxicos ingeridos en los hornos celulares de forma exhaustiva, seguramente encontremos, en general, gente que está bastante sana. Normal. No es una actividad que atraiga a personas que no se sientan capaces de asumir la carga de entrenamiento necesaria y llegar al final en las competiciones.

Y, ay, los humanos, en nuestro ir remontando por la vida, somos muy "multifactoriales", no somos fáciles de entender desde el reduccionismo, desde la simplificación y, sin embargo, es lo que nos es más cómodo practicar cuando miramos hacia dentro o a quienes tenemos cerca. Y en lo que no es correr, mucho más difícil.



martes, 21 de enero de 2014

Obsolescencia programada


Las zapatillas están viejas.

Entre medias de la batalla entre minimalistas y amortiguadoristas que han alentado las multinacionales con el fin de que experimentemos la necesidad de poseer, y por tanto compremos, varios tipos de zapatillas, la amarga realidad es que mayoría de ellas se deforman mucho con un uso normal, perdiendo, no solamente sus propiedades elásticas, sino también la forma, por lo que no solamente son "más duras", algo que no sería problema para algunos corredores, sino que también acaban desviando el eje de la rodilla los milímetros necesarios para provocar lesiones. En definitiva, a lo mejor no existe ni existirá el material perfecto para fabricar una mediasuela, pero en un mundo en el que las farmacéuticas no abren lineas de investigación para curar enfermedades crónicas porque les supondría una disminución de sus ingresos económicos, no es probable que quienes fabrican zapatillas investiguen para fabricar unas que duren, por ejemplo, diez veces más que las actuales. Si acaso se calculará cual es el gasto máximo dispuesto a asumir por los consumidores y se planificará que queden obsoletas en ese periodo exacto de tiempo, lo que ha venido en llamarse obsolescencia programada.

Adentrándonos en terrenos de la Filosofía, el otro componente del material de running que está programado para volverse inservible con el tiempo es el contenido del continente de las zapatillas. En palabras de Martin Heidegger, der Mensch ist ein Sein zum Tode, el ser humano está fabricado bajo un criterio de obsolescencia programada. Por supuesto yo no creo en el Fabricante. Ni tan siquiera en los fabricantes, ni en una Fuerza fabricante, que viene a ser lo mismo pero más New Age, pero los mecanismos de la selección natural hacen que, de hecho, parezca desde nuestra perspectiva antropocéntrica que hay un diseño detrás de cada una de las funciones del ser humano, entre ellas la de envejecer y desaparecer. Diseño sin diseñador, solamente presente en la mirada del sujeto humano que busca una interpretación a lo que no comprende, que se aferra a historias de diseñadores y fabricantes porque teme el día en que, como el caucho de etil vinil acetato (EVA) pierda sus propiedad de resiliencia y, una vez comprimido, no recupere su forma original del todo.

Los corredores (y los que no lo son) y las zapatillas van desgastándose desde el primer kilómetro inevitablemente. En la mayoría de los modelos que hay en el mercado hay una primera fase de mejora de sensaciones, una especie de meseta donde se mantienen las propiedades y un lento declinar hasta que, al final, hay una significativa pérdida de las capacidades iniciales. Esto también vale para las zapatillas de running. Sin duda lo deseable es mantenerse hasta el último momento en el mejor estado posible para que se pueda disfrutar el máximo de todos los kilómetros. Hacer muchos kilómetros, mucho tiempo y disfrutarlos al máximo. No se le puede pedir más a unas zapatillas o a lo que va dentro de ellas.







lunes, 20 de enero de 2014

Corriendo por mi pueblo

The historian of science may be tempted to exclaim that when paradigms change, the world itself changes with them
T. Khun
Un elemento clave en la construcción de nuestra identidad es el lugar donde crecemos. Hay personas que nunca abandonan su lugar de nacimiento a lo largo de toda la vida y, por el contrario, quien no puede decir a ciencia cierta de dónde es, porque su infancia y juventud transcurre entre mudanzas, de una ciudad a otra.

Para la mayoría nuestro pueblo era el lugar donde vivíamos o, también, el lugar de vacaciones desde el que emigraron nuestros padres a la ciudad y al que había que retornar periódicamente. Cuando conocías a la gente de Madrid capital, te dabas cuenta de que muchos no tenían pueblo, pero solían tener "barrio", que viene a ser lo mismo.

Este fin de semana corro el medio maratón de Getafe, el de mi pueblo, el lugar en el que he vivido hasta los treintaipico y dónde sucedieron, por tanto, buena parte de los acontecimientos más importantes de mi vida. Mi "otro" pueblo, el de mi padre realmente, es una pequeña aldea de la montaña del Sur Occidente de Asturias, lindando con la frontera leonesa. Tengo, claro, como corredor de montaña, muchas ganas de correr por ese otro pueblo. Nunca lo he hecho, y sin duda me daría la oportunidad de disfrutar con otros ojos unos paisajes espectaculares pero que, de tanto verlos, me cuesta a veces hacerlo con los ojos de quien tiene la suerte de sorprenderse por primera vez con ellos.


Aquí, mi pueblo. Aquí, unos amigos.
Getafe es una pequeña ciudad o un pueblo grande. Circunvalada por autopistas que van a otros sitios (a Toledo o Andalucía de Norte a Sur y apretada por arriba y por abajo por la M45 y la M50 que rodean la megalópolis madrileña), con trenes y metro, con universidad, hospital, industria e historia. Un lugar donde se puede vivir toda la vida sin salir de ella, porque no le falta nada importante salvo la montaña, y le sobra lo que, de todas maneras, hay en todas partes: algún idiota.

Es una media maratón muy llana, muy rápida y con mucho cagaprisas en busca de su mejor marca personal. Esto último dicho desde el respeto de uno que, si viniese a esto, le parecería mal que otro alguien lo cuestionase. La cosa es que en la Media de Getafe la gente corre que se las pela y yendo a un ritmo "normalito", en el que en otra carrera entrarías en mitad del pelotón, en esta parece que te va a atropellar el vehículo escoba en cualquier momento. Es difícil salir a hacer una carrera tranquila con la tensión que se crea, pero lo intentaremos porque las Navidades y las lesiones han dejado secuela y pasado factura y el objetivo es testear el ritmo al que será posible hacer el Maratón de Sevilla el 23 de febrero. Seguramente por encima de las cuatro horas, lo que no es ningún problema para los que tenemos como plan para este año acabar una carrera de cien millas.

File:Cerro-angeles.JPG
Getafe y el conjunto-bodrio arquitectónico del Cerro de los Ángeles que le identifica
Todo es relativo. Lo que es "normalito" para unos, es ir como una bala para otros y pisando huevos para aquellos. Un estudio de una universidad canadiense que circula estos días por Internet recomienda hacer media hora de sexo a la semana para perder peso después de los excesos navideños. Lo que para unos es una miseria para un día cualquiera, para otros es un sueño inalcanzable. Para unos ir a 4 minutos por kilómetro es dormirse en los laureles, para otros, ir a 6 es apretar el culo y darlo todo hasta la agonía.

Y es que el punto de vista, el lugar desde el que se ven las cosas es extraordinariamente importante. No por nada la filosofía de la ciencia ha considerado que la "visión del mundo", la cosmovisión, el "paradigma científico" o la Weltanschauung, el "programa de investigación científica", son claves para estudiar cómo construimos y mantenemos hipótesis. La sociología de la ciencia se ha convertido en el eje de la reflexión sobre estas cuestiones. Personalmente estoy bastante de acuerdo con el planteamiento del tema que hace el filósofo húngaro Imre Lakatos.

En mi opinión la descripción de la estructura del conocimiento científico que hace Lakatos guarda mucha similitud con la estructura que una persona tiene de su propio conjunto de creencias y, como ocurre en la ciencia, cuando se produce una "Revolución Copernicana", cuando se sobrepasa cierto límite y se caen los cimientos de las creencias colectivas, se da una situación isomórfica a cuando se produce un cambio completo en la percepción del mundo que tenemos cada cual individualmente. Un día nos levantamos y tenemos claro que las cosas no eran como habíamos creído. Ya no somos los mismos, de hecho, ya que en buena medida nuestras creencias también forman parte de nuestra identidad. En parte somos lo que creemos y hasta, incluso, lo que creemos que somos.

Un día hay un conjunto de teorías científicas coherentes. Sitúan a la Tierra en el centro del Universo y defienden que el brazo del arquero es el que da la energía a la flecha que avanza, que los cuatro elementos se combinan para crear todas las substancias y que somos imagen y semejanza de un molde divino que, platónicamente, saca copias imperfectas y, al día siguiente, resulta que es la Tierra la que gira alrededor del Sol, la flecha mantiene su estado de reposo o movimiento si no hay otra fuerza que se oponga, como el rozamiento del aire, Lavoisier y Mendeleiev llenan de elementos primordiales una tabla que repite, periódicamente, en sus propiedades y estamos hechos de las cenizas de las estrellas, de materia inerte organizada por la ciega evolución y por sus mecanismos de azar y necesidad, de selección natural.

Para Lakatos los distintos programas de investigación científica están relacionados entre si y guardan un alto grado de coherencia entre ellos, dándose apoyo y formando un "núcleo duro" de conocimientos y creencias apoyados por "hipótesis auxiliares" que pueden cambiar para mantener esa coherencia. Vamos, como hacemos las personas. Tenemos un conjunto de creencias firmes y algunas hipótesis que nos vamos sacando de la manga cada vez que algo rechina o nos lleva a una contradicción. Hasta el día que, claro, todo cambie. Y ¡ay! si una persona no está dispuesta a cuestionarse sus creencias. Al final será un batiburrillo de creencias auxiliares débilmente hirvanadas, lo que viene siendo... una persona supersticiosa. Carne de cañón para pirados y sinvergüenzas, sin opción a desenmascarar a los primeros o ayudar en su rehabilitación a los segundos.

Recuerdo haber hecho el año pasado la media de Getafe. Recuerdo las sensaciones. Tampoco estaba en mi mejor momento de forma física, como ahora. La forma física cambia como los paradigmas científicos. Un día te levantas y ves que estás hecho un toro, o al revés, que no estás en un pìco, sino en un valle de forma. Los trailrunnes atravesamos picos y valles entrenando además de en las gráficas imaginarias de nuestro estado físico. De los ejes cartesianos a la orografía serrana.

Creo, mucho me temo, que me tocará sufrir en esta carrera.

jueves, 16 de enero de 2014

CxC = C² (Álgebra elemental)

Como habrán leído ustedes por la blogosfera los "Corriendo por el Campo" (CxC) se van a Chamonix.

Los suprascriptos en su propio espacio y hasta el maestro Iván Palero se hacen eco de la noticia. Jorge, el secretario y Quique, el que maneja los hilos en la sombra, se disponen a correr, junto a este humilde varón que os escribe, el Nord Face Ultra Trail du Mont Blanc, la carrera de montaña más emblemática del planeta. Yo lo haré como CxC periférico, varón Woman Wind Xtrem y fundador del Mástil Metal Running. Blanco, rosa y negro.

Para los corredores de montaña el UTMB es como el Tour de France para un ciclista, como el Torneo de Roland-Garros para un tenista o como el Gran Premio de Mónaco para un conductor de fórmula 1, ese deporte con tanta base popular. Es dónde quieren ir una vez en la vida. Toda la élite quisiera ganarla, todos los populares sueñan con acabarla.

Una carrera que discurre por Alpes franceses, italianos y suizos (estos piden el pasaporte, no se les vaya a colar un inmigrante)

Porque son 168 kilómetros con 10.000 metros de desnivel positivo acumulado, eso si, siguiendo un recorrido bastante razonable de caminos y pistas bastante decentes. De hecho, siguiendo el itinerario del Tour del Mont Blanc, una ruta senderista pensada para ir de refugio en refugio al ritmo de cada cual. Una semana es un tiempo razonable para la mayoría de los andarines. Nos dan 46 horas para hacerla a nosotros. Ello implica que no se puede dormir y que hay que pasar dos noches, consecutivamente, en blanco y haciendo mucho ejercicio. Para mi metabolismo basal supone, aproximadamente el consumo de 32.000 Kcal., es decir, quemar unos cuatro kilos de grasa, aunque este tipo de cálculos son absurdos.

Además los tiempos de corte son exigentes para los trotones diesel como yo. La primera noche y el primer día hay que tratar de correr siempre que se pueda, a un ritmo suave y sostenible, claro, pero si te duermes en los laureles te puedes quedar fuera en un control. Alcanzado el kilómetro 78, Courmayeur, ya se pude ir haciendo de vez en cuando una paradita y, si el cuerpo lo exige, andar el resto del recorrido. La estrategia básica dice que cada hora corriendo es media hora menos sufriendo. Algunos portentosos andarines dicen que se puede hacer andando. No sé.

Correr una noche entera no es problema. Se empieza por la tarde, por lo que una buena siesta puede haber caído ya, y aunque se haga tedioso a última hora, con la emoción, las lucecitas de los corredores por la montaña, que aún las noches son cortas y el buen animo, el amanecer llegará en seguida. El amanecer en el fondo de un valle o en un collado rodeado de picos a partir de de 3.000 metros, un amanecer glorioso, con unos paisajes que se mostrarán a nuestros ojos y que nos dejarán con la boca abierta y un "qué bonito" balbucido en el aire. El problema principal es la segunda noche, cuando el cuerpo dice basta y te tambaleas y se te va la cabeza. Ahí yo necesito descabezar media hora de sueño, levantarme con un "dolor de pelota" monstruoso y tratar de moverme para esperar que el segundo amanecer me resucite un poco. Esa es la teoría.

No me hago ilusiones, 10.000 m. D- implican sacrificar varias uñas en el altar del dios UTMB.
Va a ser una gran aventura. Si hace mal tiempo habrá aproximadamente un 50% de retirados entre la gente que, no nos olvidemos, se supone que no nos hemos colado allí, que hemos conseguido los puntos necesarios en carreras calificativas que eran un maldito infierno ya en si mismas.

Nos lo vamos a pasar genial.