El camino hacia arriba y hacia abajo es uno y el mismo
Heráclito #eloscuro
Los foros han muerto. Han sido asesinados por Facebook, donde la información es efímera, dónde la noticia de por la mañana ya no aparece por la tarde, donde todo es inmediato pero todo tiene una fecha de caducidad.
Se ha desplazado el debate del espacio público y permanente al espacio privado y volátil. Donde lo que ocurrió hace una semana ha quedado sepultado por la acumulación de novedades diarias que van empujando poco a poco, de forma permanente e incansable, los contenidos hacia abajo, donde desaparecen de la memoria inmediata. Sin una herramienta de búsqueda decente para poder rescatarlos y reflotarlos, pero también (casi) sin presencia de "troles" que lleguen desde cualquier parte a "romper las bolas" y a ensuciar el clima. Tu muro es tuyo, y si alguien se pasa listo es muy fácil protegerse.
El poder de trasmisión de la imagen de una idea simple
Los foros del atleta, donde en la sección de montaña leía yo con pasión los debates y las historias que me parecían increíbles de aquella gente que con los años he ido conociendo y, en algunos casos, entablando amistad, ya no son lo que eran. Allí ibas a preguntar a los corredores experimentados como afrontar tu próximo reto, a consultar sobre como era esa o aquella carrera y a cotillear sobre el Alpino Madrileño o el Galarleiz de este año. Allí flipabas con las cosas que hacían los Comunero, Fali, Wolly y un larguísimo etcétera y charlabas con expertos como Botón, Anaime, Spanjaard, que te ponían las pilas con buenos consejos. Ahora los grupos de facebook cumplen esa función, las páginas como Visillo Trail son las que se visitan a diario cuando aparece un meme para abrir debate, pero no tienen la capacidad de convertirse en una pequeña enciclopedia de recursos e información como lo son los foros.
Twiter y Facebook tienen, eso si, un gran poder para la "retransmisión" de eventos. Sobre todo para esas carreras que duran todo el día o todo el fin de semana. Vamos recibiendo noticias casi instantáneas de como va nuestra amiga o el corredor de élite, de si acaba de pasar el control del PK 120 o si le han sacado una fotillo con barro hasta las entretelas y cara de haber sujetado el cielo con la fuerza de sus brazos como un Heracles que le da un respiro a Atlas en su tarea.
Visillo, por cierto, responde a la última tendencia en la red. El aforismo, el meme, la frase corta con un mensaje irónico e inteligente (bueno, tienen sus días, como todo el mundo). Una tendencia generalizada a condensar la información, compartida por los twits de un puñado de caracteres, el microbloging, el chiste visual en una viñeta que circula por los grupos de Whatsapp. Una tendencia a que la información sea cada vez más mínima, rápida. Una píldora que hace que seamos cada vez mejores receptores y perores productores de información. Se comparte y se retuitea más que se inventa y se crea. Hasta han inventado el portátil sin teclado, el tablet, perfecto para cortos mensajes, para propagar lo que ya hay, pero desde los que no puedes soltar muchas parrafadas ni, por supuesto, hacer una producción de contenidos similar a las que permiten las 105 teclas tradicionales de un PC.
Juegos de palabras e iconos culturales en los memes que circulan por la Red
En la historia de la filosofía también ha habido partidarios del aforismo o, por el contrario, de la rigurosa y exhaustiva fundamentación de cada idea que se aporta. Nietzsche o Heráclito son los aforistas más conocidos a través de sus cortos mensajes, sus tuits, sus sentencias breves cargadas de un contenido más profundo del que se percibe a primera vista y que no pretenden estar razonados o fundamentados explícitamente en el cuerpo de su obra. Que sugieren e insinúan la decadencia y el nihilismo de la cultura occidental (o la clásica ;-) ) pero sin usar emoticonos para dar un sentido emocional a un texto que puede ser malinterpretado como en una "warflame" en un foro :-P .
La tecnología nos hará seguir ganando y perdiendo cosas, en cualquier ámbito. La nostalgia es normal, pero no debe confundirse con la normatividad. Las cosas son como son y, cada cinco o seis años, se vuelven irreconocibles en el mundo de la tecnología. No hay nunca vuelta atrás ni cabe decir que están mal o que deberían ser de otra manera a la que son.
"Sin comer no se puede pensar, porque sólo piensas en comer..."
Rene Descartes
Julien Offray de La Mettrie, filósofo y médico francés, murió, según algunos de sus biógrafos, de una indigestión de paté de faisán, mientras que otros apuntan a un atracón de trufas, quizá, en definitiva, fue el paté de faisán con trufas, aunque hay unanimidad sobre que el autodiagnóstico y autotratamiento a base de sangrías (desangraciones) no fue eficaz, sino rápidamente letal. Para este autor la filosofía, o casi cualquier otra cosa, era una actividad a realizar después de lo importante:
"Bebe, come, duerme, ronca, sueña y, si alguna vez piensas, que sea entre vino y vino".
Seguramente hay que atribuir a La Mettrie ser uno de los primeros iniciadores modernos del pensamiento cognitivista, ya que plantea un enfoque emergentista en su obra "El hombre máquina", en la que reflexiona sobre la mente, la materia y el sistema nervioso yendo más allá que Descartes y extendiendo la teoría de que los animales son máquinas a la propia especie humana. Ello servía, más que para denigrar a las personas, para dignificar a los animales, ya que no consideraba imposible, incluso, enseñar a hablar a los monos y otros bichos, con tiempo y paciencia. Aunque solamente fuese por eso ya me sería simpático, pero si le añadimos su ateísmo militante y su reivindicación del mundo de los placeres cotidianos como forma de realización en la vida, creo que podemos casi hablar de un miembro (con perdón) de Corriendo por el Campo (si le hubiese dado la gana de correr, así, a lo tonto).
Hablando de comer y de atracones, hay que ir terminando con la serie sobre nutrición con la que he estado indigestando a mis queridos, osados y esforzados lectores las últimas semanas. Ya volveremos al tema más adelante, porque no se puede separar lo de correr de lo de comer con tanta facilidad.
No hablan, no, pero se les entiende todo...
Además estoy "a plan", y es difícil en estos casos sacar de la cabeza el tema de la alimentación, como nos señala Descartes en la cita con la que empieza esta entrada.
Y al final, ¿Tiene la filosofía algo que decir sobre la nutrición en el deporte?
Mucho, siempre tenemos algo que decir. Nos metemos en todas partes sin complejos, porque no hacemos ciencia. La ciencia tiene delimitado por sus métodos, por sus objetivos y herramientas, el campo desde el que puede hablar de algo. No se puede, por ejemplo, hablar de como se comporta un animal desde una ciencia, como la química, en la que no tienen lugar las propiedades estructurales (i.e. la propiedad de "conducta animal") que emergen cuando la materia química se organiza para formar vida, una forma de materia que estudia la biología sirviéndose, eso si, de la bioquímica y la química orgánica, entre otras, como auxiliares.
Aprovechamos para recordar a los enemigos de la "química" en los alimentos, que todos los alimentos son sustancias químicas, como ellos mismos (me refiero a los que quieren comer "sin química", a su propia persona), tengan o no estas sustancias un nombre que tenga su origen en una nomenclatura científica. Un boniato ecológico es tan químico, ni menos ni más, que un puñado de aspartamo.
He pillado peso en el parón del Otoño y toca pagar la penitencia. Aquí empiezo con ella luciendo lorcillas.
Se puede hablar sobre el alcance de la ciencia, de lo que se puede o no se puede decir sobre salud y nutrición, sobre sistemas de entrenamiento y biomecánica. Sin hacer medicina, sin hacer biología, desde la epistemología, esa parte de la teoría del conocimiento (gnoseología), se puede decir cuando no se está haciendo ciencia, cuando se está haciendo un razonamiento equívoco, cuando se está yendo más allá de lo que es posible afirmar a partir de un pequeño conjunto de datos. Es posible, eso sí, establecer cuando una inferencia científica es legítima o, al menos, se puede cuestionar desde la lógica cuando es ilegítima.
Por ejemplo, aunque sea de dominio popular la idea de que los cambios evolutivos son muy lentos y que la Naturaleza (con mayúsculas, para algunos de los que sustituyen sus dioses por esta personalización de lo que podríamos llamar "el conjunto de las cosas") no da saltos en el proceso evolutivo, aunque se piense por mucha gente que, si estábamos adaptados en el paleolítico a una determinada dieta en la que no había legumbres ni cereales, ni en la zona que habitamos muchos alimentos introducidos en tiempos históricos (castañas, dátiles, maíz, arroz, naranjas, pimientos, tomates, patatas, etc...), es posible que no podamos digerirlos tan bien como los alimentos "autóctonos"... si es que existe alguno... a pesar de todo, lo que nos dice la ciencia es que nuestra capacidad para asimilar nuevos alimentos evoluciona muy rápidamente y que, con independencia de ello, los cocinamos y procesamos para hacerlos digeribles y asimilables. Todos los alimentos tienen sustancias (químicas) que no son saludables en determinada cantidad y en una dieta muy monónota siempre existe el peligro de que falte algo o de que se acumule mucho de otra cosa, lo que también puede ser peligroso (hasta el exceso de vitaminas puede ser letal).
El mito de los alimentos "inflamatorios" o las dietas macrobióticas o alcalinas, tienen tanta base científica como guiarse por el color de los alimentos (que existe, si, la dieta de los colores) como guía nutricional. Todas las sustancias son tóxicas en una determinada dosis, incluyendo aquellas imprescindibles para nuestra existencia como el agua.
Podemos rechazar la falacia de pasar del "poder" al "ser", de construir una hipótesis razonable a darla como un hecho probado. Lo cierto es que podemos comer muchas cosas y nos adaptamos a ello con relativa facilidad. La cuestión es que cuando tienes una fuente eficaz de alimento, que proporciona muchas calorías y puedes almacenar, ya sea en forma de derivados de la leche, legumbres y cereales secos, aceites obtenidos del prensado de frutos y semillas, frutos secos, carne o pescado en salazón... (todo lo nombrado prohibidísimo por alguna doctrina nutricional radical), entonces tu población sobrevive y la que no tiene el qué comer al final del invierno, casca. Así de sencillo. La población mejor alimentada es la que sobrevive para trasmitir sus genes, y dentro de cada población, aquella con menor intolerancia a la dieta que permite subsistir a la mayoría. Es el llamado "Efecto Baldwin". Es el hábito alimentario lo que dirige la evolución genética porque, como factor de supervivencia, está por delante "comer calorías suficientes para no cascar" que el "comer alimentos que se digieran con facilidad y no produzcan aerofagia". Es lo que explica que distintas poblaciones humanas, geográficamente separadas a lo largo de la historia, estén mejor o peor adaptadas a unos cereales u otros o que los orientales tengan escasa tolerancia al alcohol y los occidentales a la cafeína según se haya optado por la fermentación (vino y cerveza) o por la cocción (té) como estrategia para potabilizar el agua.
Corriendo con la mitad de dedos que de uñas. Otro selfie de penitencia
El otro día se me calló la uña del pulgar como consecuencia de los microtraumatismos producidos en el UTMB (ya me estaba creciendo otra debajo, mucho menos "grimosa"). Luego al correr mi tirada empecé a sentir como un pinchazo en la yema del dedo. Muy molesta. Era como si me clavasen una aguja. A veces hay que investigar un poco. Tenía un pinchito clavado en el calcetín. El pincho era la causa del pinchazo. A veces establecemos una relación de causalidad ilegítima, aunque razonable.
Que una cosa siga a otra no quiere decir que una cosa cause a otra.
No basta que un sabio estudie la naturaleza y la verdad; debe atreverse a decirla en favor del pequeño número de los que quieren y pueden pensar; pues a todos los que son voluntariamente esclavos de los prejuicios les es tan imposible alcanzar la verdad, como a las ranas volar.Julien Offray de La Mettrie
Al final se me va de las manos. Quería hablar de la psicología, la sociología y la filosofía de la relación entre comer y correr y, en ello, aludir a la paledieta, si es necesario para acabar a Palehostias con mi querido amigo Victor, ya que él y yo sabemos que es esta la manera de resolver la divergencia entre puntos de vista que era más empleada entre nuestros antepasados del periodo Paleolítico, que es a lo que estamos adaptados genéticamente y que dos no discuten si uno tiene un bate de beisbol. Ya en serio y porque compartimos seguramente un 99% de las opiniones y porque es una persona con la que se puede discutir de cualquier cosa, además de ir a correr por el campo y a tomar unas cañas y un revuelto de morcilla en cualquier momento, voy a dar mi opinión sobre el tema, pero en otra entrada, que esta se me estaba alargando mucho (con perdón).
Me limitaré a la...
...psicología de lo del comer para corredores:
Ya lo habíamos comentado, la sensación de hambre es una sensación poderosa. Más de lo que creemos.
Si nos fijamos en como se comporta un animal hambriento (o que tiene que alimentar a su prole), veremos que llega a arriesgar su vida para conseguir comida, que se enfrenta a animales mucho más grandes y presumiblemente fieros para alimentarse impulsado por la necesidad acuciante de conseguir nutrientes.
Si repasamos algunos de los momentos más tristes de la historia de los animales humanos, durante hambrunas, durante las guerras y en las ciudades sitiadas, durante los desastres naturales (o artificiales) contemplaremos a las personas actuando peor que los animales bestias, es decir, todos menos los humanos, asesinando a los de su propia especie, practicando el canibalismo y arrastrándose hasta la más miserable abyección impulsados por la poderosa sensación del hambre. Por hambre se mata, se marcha uno a vivir a otro país dejándolo todo atrás, se abandona a la familia y a los hijos y se comenten los crímenes más atroces. La sensación de hambre tira de los mecanismos psicológicos más primarios y de los "instintos" que generan más ansiedad. Acordaos de ello la próxima vez que veáis a alguien saltándose la dieta o de mal humor porque no ha comido.
Además la sensación de ansiedad que genera el hambre no se aplaca comiendo simplemente la cantidad de comida que se necesita. Cuando la sensación de hambre ataca, comemos compulsivamente. Si no ejercemos control consciente sobre ello (y a veces, ni aún así), consumimos más alimentos de los que necesitamos en ese momento para asegurarnos que, en el futuro, vamos a tener una reserva alimenticia. Nuestro organismo está muy bien preparado para almacenar reservas. Es una estrategia adaptativa a un entorno más hostil en el que nuestros antepasados vivían y donde acumular grasas podía suponer el sobrevivir y reproducirse al final de un largo invierno.
Para mayor desastre cuando enseñamos al cuerpo a calmar la sensación de hambre comiendo compulsivamente, acabamos por emplear ese mecanismo para calmar cualquier otra ansiedad, por ejemplo, la que causa la dependencia de la nicotina cuando dejamos el tabaco, cuando en el trabajo nos sentimos rodeados de los que podríamos llamar "hij@s de la gran puta" (más que nada por ponerle un nombre a un concepto que todo el mundo entiende), o también la ansiedad que hay entorno a una ruptura sentimental o, paradógicamente, la que nos produce vernos "gordos" en el espejo. Es por eso que comer, que comer más de lo que se necesita, es un problema en las sociedades occidentales. Comer mucho o comer mal... o ambas cosas. Además la pulsión de comer no distigue si estamos aportando al organismo suficiente hierro, yodo o vitamina A. Solo funciona como motor la cadena ansiedad-compulsión-saciedad-culpabilidad. Comer mucho y comer mal suele estar directamente relacionado.
La persona que corre tiene que transportar sobre sus tobillos y rodillas el peso de su cuerpo (qué obviedad), y ese peso puede variar. Si engordas cinco kilos, es como llevar una pesada mochila, si pierdes dos sientes que vuelas y ganas en velocidad y buenas sensaciones. El peso de más es algo que la gente que corre quiere evitar porque te hace lento, porque disfrutas menos y porque tienes mayor propensión a las lesiones. El peso siempre está en la mente de la gente que corre. Quiere incluso tener un aspecto de deportista eficiente y que le siente bien la ropa que, casi siempre, está diseñada para "flaquitos", un factor nada desdeñable en la psique del corredor popular directamente vinculado con su consumo de calorías.
Ay, pobre de quien piense que corriendo y, más específicamente corriendo por montaña, se puede comer sin preocuparse por pillar peso. Esto es como la cartilla del banco. Crece o disminuye según si entra más de lo que sale y al revés. Si entrenas mucho, tendrás más hambre. Si comes más de lo que necesitas serás una persona corredora con sobrepeso. Desde luego estarás mejor que si no te mueves. Los músculos grandes y el peso consumen más energía al hacer ejercicio que las cuerpas de los "tirillas", así que si se hace suficiente ejercicio aeróbico se acaba alcanzando una solución de equilibrio, pero las articulaciones sufren y las fibras de los músculos y los tendones pueden lesionarse con mayor facilidad. Una ventaja es que se puede correr o hacer montañismo más horas, a un nivel de consumo más bajo, que practicando otros deportes. Diez horas de trail running y caminata a buen ritmo a 400-500 Kcal. /hora gasta muchísimo más que un ejercicio más explosivo y anaeróbico como el baloncesto o el atletismo en pista durante una hora.
Para quienes no corren, les puede ser ilustrativo para comprender la importancia psicológica de la alimentación y sus complejas dimensiones el observar a una familia media a la hora de comer. Entorno a la mesa se establecen relaciones entre padres e hijos. Se crean conflictos o afloran los subyacentes de manera palpable. La primera relación que se crea entre madre e hijo es, en la mayoría de los casos, la lactancia, desde el mismo momento del nacimiento. Comiendo o, más frecuentemente, no comiendo, se crean relaciones de poder bidireccionales entre quien intenta alimentar como cree que es adecuado y quien es guiado simplemente por el "gusto" y el deseo inmediato. Los sabores y aromas del alimento son lo que nos relaciona directamente con la comida, son lo que, cuando se hacen objeto de conciencia, nos hace preferir un alimento sobre otro sin más criterio que "la gana". Es lo que nos hace creer que lo que nos gusta es bueno y lo que nos disgusta es malo, aunque el sentido común diga lo contrario. En la mesa y en el día a día de millones de familias anónimas se escuchan más discusiones y gritos que en ningún otro momento y lugar.
Si no puedes hacer el bien, por lo menos no causes daño.
Hipócrates de Cos
Sin lugar a dudas una correcta alimentación es una de las claves para tener buen rendimiento y, lo que es mucho más importante, buenas sensaciones cuando corremos. Lo que comemos nos condiciona mucho más de lo que creemos y algunos deportistas lo demuestran cuando, sin cambiar sus entrenamientos, mejoran espectacularmente sus marcas tan solo haciendo variaciones en sus hábitos y pautas de alimentación. De pronto se encuentran que, haciendo lo mismo, disfrutan y rinden más en los entrenamientos, los asimilan mejor y se recuperan antes. Cuando te alimentas bien sientes más energía, se retrasa la fatiga y la "pájaras" son esas chicas a las que tu pareja mira mal.
Aquí una pájara de esas que se producen cuando hay un bajón de glucosa,
no "de las otras"
Comer bien cosiste en proporcionar al cuerpo (léanlo a partir de aquí como "la cuerpa") los nutrientes que necesita. No solamente estamos hablando de la proporción y cantidad de "macronutrientes", es decir, hidratos, proteínas y grasas, y también las vitaminas y minerales que necesita y una correcta hidratación. Comer bien implica tomar distintos tipos y variedades de hidratos, proteínas y grasas, para lo cual la monotonía en la dieta no es muy recomendable. A veces nos volvemos tontos con una dieta monótona para deportistas basada en el arroz con pollo, en los espaguetis o en el uso de "alimentos fetiche" como el aceite de oliva (con su componente de patrioterismo en plan "¡cómo en Ejpaña no se come en ninguna parte!) y dejamos de tomar, por ejemplo, otras grasas y aceites muy necesarios como los que proporciona el pescado o los frutos secos o no consumimos suficientes legumbres, verduras y frutas, que deberían ser en gran medida la base de la alimentación de mucha gente.
Sobre las legumbres prevenir y avisar que la próxima entrada en este blog será sobre las paleodietas.
Cuidado, que para conseguir una dieta saludable es casi necesario (recomendable) que la dieta sea variada, pero que la dieta sea variada no quiere decir que sea necesariamente sana. Os lo escribo aquí en álgebra, para los más frikis y para los que recordáis con nostalgia las clases de lógica en filosofía de tercero de BUP :
¬((A⇒B)⇒(B⇒A))
Lo que me ha costado hacer la tontería en HTML
Y hay que recordarlo porque hay gente que le da la vuelta con facilidad a las relaciones de causalidad. No se puede inferir lo siguiente: que si una dieta monótona no es sana, una dieta variada, por el hecho de serlo, es saludable.
Al grito de "hay que comer de todo" hay gente que come una gran variedad de alimentos que no son en conjunto, una dieta razonable o rechazan dietas perfectamente viables desde el punto de vista nutricional como la alimentación vegetariana o las paleodietas (pero no vale, de nuevo, cualquier dieta por el mero hecho de ser una cosa u otra así etiquetada. Hay buenas y malas dietas vegetarianas. Hay formas viables o también cafres de ser paleo).
¿Qué necesita el cuerpo? Pues cada persona tiene unas necesidades diferentes. Así de sencillo. Depende, sobre todo, de los hábitos de vida que se lleven y, un poco, de la genética también. Pero una de las claves es analizar el conjunto, no separadamente cada uno de los alimentos para bendecir unos y estigmatizar otros.
Entrada en meta de un corredor de ultratrail con más hambre que los pavos del tío Manolo
Hay, en la sociedad y en lo que a nutrición se refiere, mucha ignorancia. Y más que ignorancia una permanente campaña de desinformación que busca la promoción de determinados productos. En el mundillo del deporte la gente está algo mejor informada que la media (lo que no es mucho), pero, entre que nos gusta que las teorías encajen en nuestros gustos, que no nos gusta que nos digan que no es bueno tomar lo que tomamos y algunos rasgos de chovinismo culinario y hasta de patrioterismo absurdo, al final entendemos lo que queremos de lo poco y mal que nos cuentan. Eso sin tener en cuenta las modas y el factor ideológico en la alimentación.
Hace poco escuchaba en las "telepantallas" orwelianas que hay en el Medro de Madrid que para llevar una dieta saludable era necesario, entre otras cosas, el consumo moderado de alcohol. Terrible. No decían que el consumo inmoderado de alcohol llevaba a la enfermedad, sino que, literalmente, había que consumirlo, eso si, un poco, aunque dejaban a criterio del escaso entendimiento en materia alcohólica de cada cual cuanto es mucho (para la mayoría lo que le lleva a la intoxicación aguda, todo lo demás es presumiblemente "moderado"). También en otra ocasión en la que dije por aquí que cualquier cantidad de alcohol era mala, recibí algunas de las más apasionadas (aunque poco argumentadas) críticas desde que intento atraer trolls a este blog, por ahora con escaso éxito, amables lectores.
Somos lo que comemos. También lo que bebemos y lo que fumamos.
Hay gente que se la "coge con papel de fumar" con el glutamato monosódico y el aspartamo (aprovecho para aconsejarle a usted que nunca tome un kilo de aspartamo al día, oiga, que no se me lea decir lo contrario) y que a continuación se ensila unas decenas de gintonics con "pepino ecológico", para no perjudicar la salud con malditos pepinos transgénicos. Gente que se apunta a comprar lo que tenga escrito en el envase que es, eso, ecológico, natural o integral sin mucho más criterio que cuando son caserísimas las habitantes de una caja de croquetas ultracongeladas caseras. Si lo venden en el herbolario (preferentemente un dependiente con estética hipie), es de fiar y buenísimo sin más. Si está en una estantería del supermercado es sospechoso a priori. Gente que toma voluntariamente tóxicos como la nicotina, el THC, el etanol... anda preocupadísima por cosas como si se han utilizado antibióticos en lo animales que consume en vez de torturarles con homeopatía y otros placebos inútiles (y presumiblemente peligrosos, ya que nos pueden llevar a consumir animales enfermos). Quien se mete veneno en dosis altísimas (culturalmente aprobados por otros consumidores) y le preocupa la toxicidad de alimentos que comen millones de personas a diario, desde hace décadas, después de haber pasado rigurosos controles sanitarios.
Gente que aplaude el "potencial terapéutico" de la marihuana e ignora el "potencial psicotizante" de la misma. Todo dentro de una visión del mundo que incluye una gran conspiración mundial para no presentar el cáñamo como la panacea de todas las enfermedades.
Hormigas comiendo agua con azúcar coloreada.
Es obvio que la azul está menos rica que la amarilla (me encanta hacer ciencia).
El científico Mohamed Babu se ha dado a conocer por espectaculares fotografías de hormigas de abdomen trasparente comiendo agua con azúcar coloreada y que adquieren el color de la comida ingerida. Una metáfora del título de esta entrada. No os preocupéis por las hormigas, que comen cosas peores. Preocuparos por lo que coméis vosotros. Yo consumo alcohol, en mi opinión poco, pero menos siempre sería mejor. Así lo haré (si me da la gana). Sobre otras sustancias, que cada cual se drogue con lo que quiera sin hacer apología de su afición.
Me recuerda un avituallamiento de una carrera de montaña,
cuando los corredores se acodan en "la barra del bar" y se ponen a zampar
Fotos de Mohamed Babu.
Lo que metemos en el cuerpo nos afecta profundamente, no digamos si jugamos con la química del cerebro. Somos lo que comemos, bebemos y nos drogamos en casi la misma medida que un insecto coloreado por el alimento que ha ingerido. Para establecer qué es saludable y qué no, no hay más herramienta que la ciencia y apesta como una hedionda hez todo discurso que parta de un enfoque ideológico anticientífico, cospiranoico, magufo o jipiguay. Casi lo mismo que la dietética patrocinada y amparada por intereses económicos de la industria alimentaria.
Y hablando de química cerebral, hay una cosa muy importante que no debemos ignorar: el comer es un placer. No podemos dejar de lado el componente psicológico que juega la comida en una carrera. Somos también el placer que nos da comer cosas ricas. Cuando vemos a muchos corredores de montaña degustar jamón o tortilla en los avituallamientos, es cierto que no están reponiendo ni aportando los hidratos de carbono que en ese momento mejor optimizan su rendimiento deportivo, de acuerdo, pero si están adquiriendo otras cosas igual de importantes. No me refiero a las sales, sino a los sabores. Después de estar todo el día corriendo y "guarreando chuches" (geles, barritas, galletas...) apetece mucho un alimento que proporcione al cerebro, ese órgano tan importante en la carrera de montaña, un momento de descanso, un ratito de placer.
Y en relación con ello y aprovechando que el Guadiana pasa por Argamasilla de Alba, os recomiendo la sección de ReCxCetas de nuestro blog favorito, por supuesto.
"Como la vista es a la cuerpa, la razón es al alma"
Aristóteles de Estagira
En Teoría de cuerdas se asume un modelo del Universo en el que lo que aparentemente es una partícula elemental en otro modelo y así se comporta, es aquí un amasijo de algo más elemental aún, "cuerdas" que vibran en un espacio-tiempo multidimensional.
A parte de perder tres cuartas partes de mis lectores con este primer párrafo(otra vez), me he ido del tema. Hoy hablamos de "Teoría de CUERPAS", no de cuerdas.
La cuerpa es eso con lo que corremos. Está formado por músculo, piel, grasa, pelo, hueso, vísceras... distribuido en distintas proporciones de gracia y salero según el individuo. La cuerpa es algo que tenemos en común con el resto de los animales, al contrario de otras cosas que nos son específicas como el lenguaje, los programas de cotilleo o hacer la declaración de la renta. Tres cosas de las que no se benefician nuestros primos evolutivos que han buscado otras maneras y estrategias adaptativas distintas a nosotros a la hora de perpetuar su especie. Puesto que toda especie viva ha sobrevivido hasta el día de hoy y, no sabemos mañana que va a ocurrir, dice la teoría de la evolución que en principio nuestras estrategias adaptativas no son mejores que las de otros bichos. El tiempo dirá si son los descendientes de los koalas o los de los grillos los que acaban siendo los señores de la Creación en este planeta en la larga lista de breves éxitos que va de los trilobites a los humanos pasando por los dinosaurios y otras muchas apuestas habidas durante eones.
Hay dos tendencias filosóficas que se corresponden con las dos grandes tradiciones occidentales (platonismo y aristotelismo) en lo que se refiere al análisis filosófico de la cuerpa. Para una, la aristotélica, la cuerpa (soma) sería la "forma" de la materia (hylé), pero en el ser humano, además, esta forma es la esencia, lo-que-le-hace-ser-lo-que-es, la "mente" (psiché).
Teoría difícil de entender salvo porque se corresponde perfectamente con nuestro paradigma científico actual y es lo que vienen a decir las ciencias cognitivas como la neurología. Que la estructura de la materia, las redes neuronales, son el soporte de la conciencia. Que esta es una propiedad emergente de la estrucutra, es decir, de la conjunción de materia y forma. La otra tradición, la platónica, postula una separación perfectamente identificable entre cuerpa y alma, no una unión inextricable como en la filosofía de Aristóteles y considera la cuerpa el recipiente donde el alma habita (temporalmente). Incluso considera, como la escuela Pitagórica, que "la cuerpa es la carcel del alma".
Dos corredores se dirigen a recoger el dorsal y a escuchar la charla técnica de la carrera.
Para esta tradición, que llega hasta nuestros días, la cuerpa es como un botijo (en algunos casos no van descaminados) vacío por dentro que es rellenado con una sustancia espiritual hasta que un día se rompe. Ese día según algunas tradiciones se va el contenido por el desagüe, se traslada a otro botijo o incluso a otro recipiente con forma distinta, se disuelve en un océano con el contenido de otros botijos o se marcha en plan "ghost" con forma de botijo al cielo, al infierno o a vigilar una casa encantada. Hay muchas teorías de que hay "más allá" del botijo. Todas ellas contradictorias entre si.
Hay que entender que el cristianimo, aunque se haya vendido como una religión de origen hebreo, tiene profundas raíces en la tradición griega. Hace dos mil años la inmensa mayoría de las comunidades judías ya no hablaban hebreo ni en la propia Palestina. Si Jesús de Nazaret (o el conjunto de personajes que dieron lugar a su leyenda) existió, se comunicaba y juraba en Arameo, y seguramente algo de Griego y Latín controlaba. Es la tradición neoplatónica la que tiene más impacto en la religión fundada por Pablo de Tarso, graeculus también, el cristianismo. Es la concepción de la cuerpa que tiene Platón la que se incorpora la teoría de la vida del cristianismo. Desde entonces no han tenido tiempo de hacer una actualización científica decente (de aquellos barros vienen estos gallardonianos lodos).
Es por esto que la cuerpa se considera algo de posesión temporal en el cristianismo y sus derivados, como el Islam, en el pensamiento platónico y en sus herederos filosóficos como Descartes, que también considera que las cuerpas de los animales son meras máquinas, recipientes que en el caso del ser humano, es rellenado (problemáticamente) a través de la conexión que es la glándula pineal. Llegó el cartesiano francés a ejemplificar su desprecio por semejante recipiente arrojando un gato por una ventana en medio de una charla (dice la leyenda), aunque él, feliz propietario de un alma inmortal, no se quiso ir detrás del felino.
Para el cristianismo la cuerpa es un lugar de pecado, sucio y pecaminoso que arrastra a las personas hacia el mal, especialmente la cuerpa fenmenina. Los integristas del Islam lo tapan en las mujeres que tratan como si fuesen de su propiedad (que según el Libro, no lo son) y muchos lo hacen desaparecer de la vista de los otros hombres en nombre de la sumisión a Dios. En general, en nuestra cultura, la cuerpa tiene muy mala prensa y se considera de mal gusto pensar en ella y hasta cuidarla y atenderla.
En este contexto reivindicamos hoy desde aquí la cuerpa y lo corporal y celebramos con ella un festejo consistente en pegarnos una buena carrera y, endespués, un generoso picoteo.
«vemos el universo en la forma que es porque nosotros existimos»
Stephen W. Hawking
Surgió hace poco una conversación con una amiga sobre el fascinante misterio que es la compleja fisiología humana y como, incluso, nos hacía entender "por un momento" el sentimiento que invade al creyente en un ser creador del Universo. No tiene mucho que ver con esto del correr salvo porque, quizá, de dicha complejidad puede inferirse que muchos estudios sobre biomecánica, nutrición, sistemas de entrenamiento, etc... no son más un tratamiento estadístico (torpe) para analizar seres de una complijadad que escapa a las herramientas de estudio que se emplean en la investigación.
El mundo puede llegar a ser fascinante. Lo es para quien se asoma en algún momento a sus complejidades a través de los ojos de la ciencia, en mi caso ante la presencia del Teorema de Gödel más que ante otros aspectos del Universo que solo conozco desde la divulgación. Lo es también, simplemente, ante la contemplación estética de la belleza natural.
En ocasiones el investigador científico se fascina por la complejidad del fenómeno que está investigando. El asombro le lleva a un estado de estupefacción ante algo tan aparentemente organizado, complejo, misterioso... que por un momento y basándose en su experiencia, siente la presencia de una inteligencia ordenadora, un ser sobrenatural que ha planificado la organización de la materia pudiendo dar lugar a las propiedades que ve en su objeto de estudio. Se fascina ante la mera existencia de la materia, que se organice de manera que pueda autorreplicarse y reproducir sus estructuras en forma de vida, los complejos mecanismos de los seres pluricelulares, la inteligencia como la capacidad de los organismos vivos de dar distintas respuestas ante los problemas que se le plantean o la aparición de la conciencia y el lenguaje en los seres humanos... todo ello puede llevar al sobrecogimiento ante lo enorme, a la experiencia de lo sublime y lo terrible. Puede, al que no cree en dioses, tener que poner en suspenso sus juicios (por un momento) y empatizar (por un tiempo) con quien les adora y se postra ante ellos.
Kant distingue entre los bello y lo sublime como dos emociones provocadas
por la contemplación estética de distinto tipo de fenómenos como lo terrorífico, lo noble o lo magnífico.
En principio el Universo es como es. Si no tuviese el grado de complejidad y de organización necesario para producir en su interior seres, personas (humanas, por ejemplo) capaces de investigarlo y sorprenderse ante él, ese asombro no se produciría, porque no habría nadie para decir que el Universo es simple y carente de estructuras complejas. La observación es consecuencia del observador, el observador es consecuencia directa de la estructura de la materia organizada en forma de vida. Es decir, quien se asoma al microscopio y se asombra de la vida, es, en sí mismo, vida. Si el Universo no fuese como es, él (o ella) no podría decir que es de otra manera, no estaría ahí (nadie) para poder decirlo.
El "Principio antrópico" no explica porqué el Universo es como es. Viene a decir que cualquier teoría que se formule, ya sea en cosmología o en fisiología, tiene que ser consistente (carente de contradicciones) con la existencia de los seres humanos. Es decir, es una regla heurística que convierte en pseudouestión el por qué las cosas son como son. Las cosas son como son porque estás tú ahí para verlas. La observación es la causa (en cierto modo) del observador. No se entienda ello como una ley lógica, ya que no permite ir más allá de lo que permite la escalera de Wittgenstein subir y, divisado el problema, deshacerse de ella.
En otros aspectos las cosas no tienen por qué ser como son.
Hasta donde el estado de las cosas implica la condición de posibilidad de la existencia de los seres humanos, que sepamos, el Universo podría ser de otra manera, pero no de una en la que ustedes, amables lectores, fueran "imposibles". Más allá de esto, en lo que se refiere a las mundanales cuitas de los monos sin pelo (unos más que otros) que nos arrastramos (lo mismo, algunos se mueven con más gracia) por el mundo, es decir, en los asuntos humanos, las cosas son como son, pero podrían ser de otra manera que pudiésemos ver y contar.
Quizá algún avispado lector, tan cansino como el que aquí escribe, encuentre este enfoque contradictorio con otras cosas que ha leído en este blog cuando he cargado contra el discurso de "si ha ocurrido era porque tenía que ser así" o "el karma te devolverá lo que le des". No, no hay contradicción. El Universo es necesariamente como es solamente en lo que se refiere a la posibilidad de nuestra existencia, para todo lo demás, por el contrario, el determinismo es un enfoque escéptico e incompatible con el conocimiento.
“El ser no fue ni será sino que es, a la vez, uno y entero” Parménides
“Decíamos ayer…” (Dicebamus hesterna die)
Fray Luis de León, al volver a dar clase en la universidad tras cinco años de prisión.
Acabó el parón. Toca desperezarse y empezar el curso. Poco a poco, que la maquinaria ha acumulado un poco de óxido y no queremos que una lesión a principios de temporada se arrastre a lo largo de ella. A ver si este año solamente tenemos lo mínimo necesario. Unas agujetas como mucho.
Después del primer entrenamiento en el que compruebo, con horror, los estragos que han hecho los ciento setenta kilómetros del Ultra Trail del Mont Blanc y, sobre todo, la parada de veintiún días posterior para dejar regenerar al cuerpo (que el pobre es lo que merecía y necesitaba) hago balance de mi estado de forma. He perdido musculatura, sobre todo en el cuadriceps, como era de esperar, y he subido de peso. Sé que lo del peso tiene un componente subjetivo, pero me siento orondo, pesado, cargado de kilos.
Tengo también dos uñas del pié izquierdo en un estado de muerte clínica completa, solamente unidas a mi por la cutícula y que, de hecho, se abren como unas castañuelas, o como unos mejillones puestos al vapor. Otros dos dedos más pequeños ya estaban sin uña antes de correr la carrera de agosto y, finalmente, tengo los dos pulgares negros como los cojones las antenas de un grillo, pero aparentemente las pobres bien adheridas (ellas a ellos) en toda su superficie en la medida de lo posible (no puedo pintarles ojitos y jugar a que son la boca de una marioneta pitufando la voz). En otras ocasiones, en un estado similar, han hecho su función irreprochablemente hasta que, poco a poco, ha ido creciendo una uña limpia y sana y ha ido subiendo la negrura por ella hasta ir desapareciendo a medida que la iba yo cortando a un ritmo aproximado de un milímetro semanal. En cien días, más o menos, recuperaban un aspecto saludable.
Las rodillas... bien, gracias.
No se si me explico sin necesidad de poner fotos "gore" ¿Se entiende?
Como uno es un "cabeza cuadrada" he decidido sosegarme y hacer un afrontamiento racional y lógico de la situación.
El primer problema, el de los pies.
Mañana tengo cita en el podólogo para reparar lo que se pueda y evaluar la posibilidad de emplear plantillas. Realmente es algo que me venía rondando hace ya mucho por la cabeza pero que he ido retrasando, sobre todo, porque un estudio biomecánico es caro, y unas plantillas también. No es una novedad que tendemos a "procrastinar" aquellas tareas que, aunque necesarias, no son urgentes si no nos apetece mucho o si tienen algún inconveniente. Mañana cita a las 15:30. Eso ya está.
En segundo lugar, la musculatura.
Tengo los cuádriceps "blandengues", a juego con mi temperamento seguramente según algunas personas. Es un músculo que cuesta construir y que se pierde con mucha facilidad, tanto si los trabajas poco, como si les das "caña". Después de cada carrera larga descubres que el cuerpo se los ha "comido" cuando ha echado en falta un filete durante las horas de esfuerzo. Cierto es que seguramente sería peor la cosa si no hubiese roto el efecto "catabolítico" al acabar la carrera (es decir, que el cuerpo sigue gastando energía y "comiéndose" sus músculos al acabar el ejercicio además de durante el esfuerzo). Como la forma de conseguir el resultado deseado era zampar pronto me puse a ello sin pereza. Tener a estos trozos de carne que van desde la rodilla hasta la ingle parados tampoco ayuda. Si no ven que les vayas a necesitar no crecen. La clave es un entrenamiento continuo. Además con los años cuesta cada vez más recuperar la forma después de una parada. Ahora me va a costar recuperar un poco de lo que tenía. Lo justo para no sufrir demasiado en el Maratón Alpino Jarapalos el próximo 15 de noviembre.
El camino le conozco. Consiste en correr cuestas y hacer sentadillas en "isométrico concéntrico" con la espalda apoyada en la pared. No es exactamente como usar un turkish toilet, pero la postura lo recuerda bastante. Es decir, te apoyas en la pared como si fuese el respaldo de un asiento invisible, con los brazos cruzados sobre el pecho y mantienes ahí la postura al menos medio minuto. Subes, bajas muy despacito y repites... lo que puedes. Eso cuando acabas de correr, para aprovechar la fatiga muscular y obligar al cuerpo a "adaptarse". No me apasiona, pero es la concesión mínima que hago por ahora. Sobre todo es para prevenir lesiones de rodilla, que a mi por rebajar un minuto una marca no hago una abdominal. ¿Series? ¿Eso qué es?
Por último, el peso a perder.
Hay que tener cuidado. Ir poco a poco. Pesarse cada semana, no más a menudo, e ir viendo la trayectoria a lo largo de los meses.
Si, de los meses.
Las dietas milagro son un error. La inmensa mayoría de ellas lo son. Se trata, mejor, de volver a los hábitos saludables, a lo que el cuerpo necesita y no más. A que muy poco a poco se adapte el organismo a una forma de vida que será la que vamos a mantener a lo largo del tiempo, no dejar de comer unas semanas para alcanzar un peso "ideal" y luego volver a la anterior rutina.
Eso implica, claro, que hay que tener paciencia. Que no hay un alimento "milagro" o un "truco" que solucione el exceso de grasa acumulada en poco tiempo. Igual que ahorrar (dinero) significa gastar menos de lo que se gana, perder grasa (que puede ir acompañado, o no, de perder peso y perder volumen, que las tres son cosas bien distintas) implica gastar más calorías de las que se ingieren, pero no muchas menos, porque entonces no tendremos la fuerza necesaria para entrenar correctamente.
Y sobre lo espiritual, sobre el estado de ánimo, mejor guardo silencio esta vez sobre la tristeza y pesadumbre que producen algunos encuentros fortuitos con gente que devuelve en ira la buena voluntad que se le dio en el Camino que lleva desde Madrid hasta Segovia.
Nos trilhos da montanha ou na vida, se nunca tentarmos nunca sabemos se chegamos à meta
Carlos Sa
El año en que se nace es el primero, al final del cual se cumple, se completa, el uno y se empieza el segundo. Al cumplir cuarenta y uno, a falta de un más preciso sistema decimal que establezca que uno tiene, por ejemplo, 41,09 años, entramos en el último kilómetro antes de cumplir un maratón de kilómetros, 42 de ellos. Es el año cuarenta y dos.
Creo que el año que viene, cuando cumpla 42,195 años celebraré mi maratón en vez de mi cumpleaños, el 22 de noviembre, para apartarme del convencionalismo astronómico de celebrar la órbita solar exactamente.
Un poco más de cuarenta y dos kilómetros es un maratón. Para unos la distancia con la que sueñan, para otros una barbaridad de kilómetros que no les atrae ni lo más mínimo. Hay quien piensa en ellos como la frontera entre su deporte, el ultrafondo (o como queráis llamarlo) y lo que hacen los maratonianos. Hay quien colecciona sus entrenamientos temáticos grupales solamente si tienen esa cantidad de kilómetros al menos. Este enero estaremos en la nueva edición de la Napoleónica que el maestro Luis "Spanjaard" Arribas nos propone desde Buitrago hasta Alcobendas con avituallamiento de torreznos y cervecita en el Molar.
Captura de pantalla de Wikiloc de la ruta Napoleónica de 2013
Según la "Guía del autoestopista galáctico", o más bien, según la supercomputadora construida en esta novela de Douglas Adams para dar respuesta a la pregunta sobre "El sentido de la vida, el universo y todo lo demás", la respuesta a tan grave y filosófica cuestión es... "42". Claro, el problema es que la pregunta no está formulada de la manera en la que la respuesta es comprensible para nosotros y para calcular la pregunta cuya respuesta es ese número es necesario un supercomputador del tamaño del planeta. No os cuento más.
"El sentido de la vida" es una de esas preguntas casi pseudofilosóficas. La cuestión, correctamente planteada, debería empezar por ¿Qué significaría que la vida tuviese un "sentido"? Aclarado eso, y solamente si lo hubiera, ¿Es un sentido a priori, igual para todo el mundo, o a posteriori, que cada cual construye distinto? Si lo tiene a priori ¿Cuál es? Si, en principio, no lo tiene, ¿Se le puede dotar de un significado extrínseco a la existencia humana?
Con lo fácil que sería que la respuesta fuese cuarenta y dos... kilómetros.
A ver, por cierto, cómo me las apaño para correr uno, un maratón, dentro de ocho semanas. El Alpino Jarapalos me pilla después del parón y lento reinicio que tengo que hacer para recuperarme de los excesos de los Alpes. Iremos despacito y sin prisas.
Yo soy de la opinión de que la existencia humana es el resultado (maravilloso) de la más pura casualidad, del resultado de la aparición de propiedades emergentes en la materia. Primero la vida, después la inteligencia, finalmente el lenguaje y el pensamiento abstracto. No creo en un Planificador, no creo que haya objetivos en todo esto, por tanto, no creo que haya un sentido o significado que buscar, a priori, en el ser humano.
Pero, igual que los seres humanos cuando en el arte dotan de sentido lo casual y lo van dirigiendo, a medida que surge, en una dirección. Igual que el cincel que golpea el mármol o el lápiz que garrapatea la partitura dando forma poco a poco y hasta descubriendo para sorpresa del artista, el sentido, la dirección, la razón de ser de la obra artística, de mismo modo, la vida se puede ir construyendo de manera que tenga un significado más allá de arrastrarse un día tras otro detrás de una rutina carente de significado. La mano del artista que llevamos dentro puede crearle un significado y sentido a lo que vivimos cada día. Cada uno el suyo. Algo que, contemplada la vida cuando la acabemos (mañana o dentro de cincuenta años) permita encontrar a nosotros y a los demás una estructura y significado en todo lo que dejamos atrás.
Y para eso, correr por las montañas puede servir en parte. No a todo el mundo, claro.
Seguiremos pensando en ello esta órbita planetaria que empezamos.
"Por mucho que recorramos el mundo detrás de la belleza, nunca la encontraremos si no la llevamos con nosotros."
Walter Bonatti, alpinista.
A menudo los grupos sociales, según señalan los teóricos de la sociología, tienen una visión de ellos mismos que (creen) les diferencia claramente del resto. Cuando alguien tiene un sentimiento de pertenencia a un colectivo, le busca rasgos generales con los que identificarse, para sentir que no se es distinto de ese grupo. Inevitablemente se tiende a idealizar. Llevado al extremo eso se llama chovinismo, racismo, clasismo, machismo (no, feminismo no, hembrismo si acaso), y aunque no hay "ismos" para repartir a todos los que hubiera, hay tantos sentimientos de superioridad como adscripciones de pertenencia un grupo. Tribus urbanas, asociaciones, preferencias sexuales, ideologías políticas, religiones ni digamos (no hay nada como que Dios te hable para creerte mejor que los demás)... todo el mundo se apunta a suscribir el "ideal de pureza" de los suyos.
Es inevitable hasta cierto punto. Es como funciona nuestra mente, generalizando lo particular y particularizando lo general. Extrapolando y completando la información que no tiene con pre-juicios.
Y van los españoles y reclaman que le quiten la medalla al que ha ganado, por quitarse la camiseta, para conseguir un bronce para uno de nuestros galgos que más puede haber tenido que callar por sus llamadas telefónicas a... camellos...
Porque no le mola a nadie creer que pertenece a un colectivo con unos rasgos generales que son deplorables. Hay excepciones por supuesto, gente que habla pestes de la "cultura occidental", de su país o de su raza, pero suele ser gente, o lo hacemos en las ocasiones, en las que, precisamente, no se sienten o no nos sentimos identificados con la parte que no nos gusta de nuestra tribu. Se suele caer además en idealizar lo otro, lo desconocido, o de adquirir una pose de "relativismo cultural" en la que se justifica cualquier cosa que no sea "occidental" (por otro lado un rasgo, el del superrelativismo, casi exclusivo de los occidentales). En último término, casi siempre, Narciso Imperator Mundi, se impone el narcisismo y no piensa nadie de si mismo que uno sea estúpido, amoral o incompetente. Siempre lo son los otros individuos, siempre queremos diferenciarnos de ellos. ¡Somos los mejores oeoeoé!. Aquí no se hace la vista gorda con el dopping, es que los franceses nos tienen envidia.
Los montañeros no escapamos a este síndrome. Nos consideramos honrados, respetuosos, limpios... nos creemos distintos y, claro, mejores. Los corredores de montaña también. No nos dopamos (como los ciclistas), nunca hacemos trampas (como los futbolistas), no tiramos basura a los caminos (son los asfalteros y recién llegados), no somos supercompetitivos (como los triatletas), no hacemos postureo con nuestro último modelito de running (como los del fitness), ni con las carreras que hemos corrido. Somos puros. Queremos que lo nuestro siga siendo puro y no no nos venga el mal desde fuera, con la moda de las carreras de montaña. Dejad nuestro chiringuito sin contaminar. No vengáis... Por otro lado, preguntarle a los racistas, ellos también saben que la impureza siempre va a venir de fuera.
Pues somos todo eso. Colectivamente somos tan guarros, tan tramposos y tan superficiales como los demás. Somos seres humanos que pertenecemos a nuestro contexto histórico y cultural. Hay tramposos y sinvergüenzas en la misma medida que en cualquier otro deporte no excesivamente profesionalizado.
En el UTMB me encontré muchos, muchos plastiquitos tirados por el suelo, sobre todo hasta Courmayeur (supongo que había pasado una batida por delante de mi a partir de de ese punto). Vergüenza ajena por dejar las sendas que pasamos sucias y rabia porque es una minoría, pero suficientemente significativa. Tampoco viene de ahora, recuerdo ya de hace muchos años el recorrido del Alpino Madrileño regado de ampollas de glucosa vacías. En la "Vieja Guardia" también hay cochinos.
Aparecíó también un bolsito en el recorrido de la TDS cargadita de pastillas, dopantes, analgésicas y de todo tipo. Un absurdo, porque, que lo haga quien come de ello, entiendo que es humano y en ocasiones no hay forma de oponerse al entrenador, al resto del equipo, a "los otros que lo hacen", pero que un popular se dañe el sistema endocrino para mejorar unos puestos en una prueba que puede acabar simplemente entrenando, es de ser muy necio.
Encontrado tirado en medio del recorrido de la TDS. ¿Se le habrá caído a una cabra?
Hay un momento en que las pruebas circunstanciales, abundantes y coherentes y no suficientemente explicadas son una prueba de cargo. Todos los jueces del mundo lo saben.
Y por supuesto, existen quienes pillan coches en carrera y hacen parciales extraordinarios. Son ellos los tontos o creen que los somos nosotros. Nadie es más partidario que yo de la presunción de inocencia, de no acusar en base a una prueba circunstancial, pero la mera acumulación de "circunstancias" y, sobre todo, la mala explicación de ellas convierten lo accidental en necesario. Si te ven coger un coche el año pasado, hacer parciales imposibles sin quebrar el principio de continuidad (descartamos la presencia de vórtices espaciotemporales, agujeros negros y plegamientos del continuo espacio tiempo taladrados por agujeros de gusano), si el año siguiente te acusan de lo mismo (esta vez te han visto, aunque el relapso se retractara después) y de nuevo no satisfaces con lógica la acusación. Si no callas la boca a todos y con pruebas las inconsistencias encontradas como no pasar por un control (¿Dices que pasaste por él y no repararon en la presencia de la primera clasificada femenina qué iba séptima absoluta? ¿En el mismo control que se olvido "fichar" nadie se dio cuenta de que pasabas? ¿Nadie recuerda haberte visto?), entonces, alguien debería sancionarte permanentemente.
Alguien le debería dar el triunfo del año pasado a quien se quedó por detrás (pero por encima) de las trampas.
"Los hombres se hacen. Las montañas están hechas ya"
Miguel Delibes, ´El camino´
El dolor más doloroso, el dolor más inhumano, es joderse las uñas bajando del Gran Ferret el collado.
Carrascal... Carrascal.... qué bonita serenata.... Canción popular de la Alta Saboya
Me voy a ceñir a una crónica de la carrera, intentando no meter mucha paja. Esta vez pocas reflexiones filosóficas o contaros sobre como me va la vida.
A pesar de ello no puedo evitar echar la vista atrás y ver como ha cambiado mi existencia a mucho mejor desde hace dos años (y desde hace uno sobre todo) cuando fui a completar un Ultra Trail del Mont Blanc incompleto, de poco más de 110 kilómetros y menos de 7.000 metros de desnivel positivo acumulado. Fui apesadumbrado y no volví mucho mejor. Nada que ver con este momento que la vida me está regalando y que me permite hacer tantas cosas que me gustan y con tan buena compañía. Sin duda esta vez estaba en la mejor disposición de ánimo para luchar por acabar la carrera, pero no voy hoy a profundizar en ese tema.
En su momento pensé hacer la crónica del UTMB en prosa rimada épica, como un mero ejercicio de estilo pero, teniendo en cuenta todo lo que tengo que contar y que no debo abusar de la paciencia de nadie, he desistido del intento. Me saldría un canto de proporciones homéricas y, a pesar de ello, de infame calidad poética. Además, no lo tendría acabado antes de las Navidades.
Empezaba así:
En Chamonoix tres valientes esperan, ojos puestos en el Mont Blanc y en verso épico os cuento sus penas, por tres países han de penar. En prosa rimada, versos largos sin gracia, os cuento su gran patraña para enseñar aprendiendo es la vía, hoy en día un tanto extraña. Tienen cuerpo de tordo, no de sílfides, ni musculosos efebos, La cabeza pequeña y el culo gordo, caras enjutas de tipos feos. Diez veces mil metros de bajadas por collados y montañas soportarse tonterías y chorradas milla a milla será la mayor de sus hazañas. Ensilan cervezas y migas, cubatas y gintonics con alegría cien millas le esperan a sus patas, diez kilómetros p'arriba de buena compañía. En la plaza de la Iglesia esperan parapetados, ansiosos la salida tomándola bien abrigados, que alguien ha dejado la puerta "abrida".
Pues eso, que de buena os habéis librado...
Despedida en el aeropuerto de Barajas
Lo que debería haber sido la bienvenida de Pedro desde las tristes y llanas, muy llanas tierras del norte de Europa, de los territorios de los platos de mejillones con patatas fritas, se convirtió en la despedida de Anne y Manu (para servirles a ustedes) que nos marchábamos a los Alpes a correr la más deseada de las carreras de montaña.
Porque la gracia del Ultra Trail del Mont Blanc no es que sea la más larga (que lo es, y mucho), ni la que tiene más desnivel (que tiene una barbaridad), ni la más técnica ("pistera" no es), ni la más fría, ni la más exclusiva, ni tan siquiera "la carrera más dura del mundo" (que lo son la mitad de todas ellas según la publicidad que se dan, pero esta no). El UTMB es "La Carrera", con mayúsculas, es el GP de Mónaco de automovilismo, es el Torneo Roland Garros de Tenis, es el Tour de France de ciclismo, todo eso del mundo de las carreras de montaña. La carrera que todo el mundo quiere acabar algún día, el equivalente en montaña del asfaltado Maratón de Nueva York y, como aquel, abierto a la participación "popular" siempre, en este caso, que se acredite una preparación técnica suficiente a través de un sistema de puntos y de calificaciones en otras carreras. Un primer paso que suele costar reunir y que, por pocos minutos, conseguí en Chiva el año pasado. Una garantía de que no se cuele nadie que no tenga una preparación mínima necesaria, aunque no quizá suficiente.
Women & men Wind Xtrem. ¡Qué equipazo!
Mucha buena gente en esta foto y, además, buenos/as deportistas.
Agradecidaaaa y emocionadaaaa, solamente puedo deciiiir, Gra-cias-por-ve-niiiir....
Con semejante despedida digna de estrella del deporte me tocaba ahora darlo todo, claro
Llegada a le pays du Mont-Blanc
Llegada a Ginebra muy tarde y salida del aeropuerto por la puerta que da a Francia y no a Suiza para ahorrarnos casi 50 € de habitación de hotel, que Suiza no es precisamente un país de precios populares. A las 11 de la noche ya estábamos en un hotelucho cochambroso con vistas al un LIDL que nos hiciese sentir como lo que somos, miembros (con perdón) de nuestro equipo (CxC) y que nos traía al recuerdo a nuestro amigo Ramón por razones difíciles de resumir.
Llueve.
En 2012 la carrera tuvo que recortarse por inclemencias meteorológicas. Nos nevó de lo lindo y subiendo al Refuge du Col de la Croix du Bonhomme soportamos temperaturas de -15º. El barro convirtíó el recorrido en una "carrera sobre gachas" que destrozaba las piernas y provocaba caídas y nervios. Eso en el UTMB, en la "técnica" TDS (Sur les Traces des Ducs de Savoie), una carrera paralela, la cosa fue mucho peor.
No queremos mal tiempo. El mal tiempo reduce nuestras posibilidades de acabar la carrera o de que, como ocurría hace dos años, no nos dejen recorrer los 170 kilómetros completamente por razones de seguridad y se imponga un circuito alternativo o incluso se neutralice la carrera en un punto. Porque, no lo había comentado, la carrera discurre durante más de 101 millas a través de los Alpes Franceses, Italianos y Suizos con un desnivel positivo acumulado de casi 10.000 metros de ascensión y otros 10.000 de bajada. Más que subir el Everest desde el nivel del mar. Muchos de los lectores de este blog tienen este dato, que nunca se nos olvida de comentar. De hecho muchos corredores del UTMB imprimimos tarjetas con esta información y la vamos repartiendo en el metro y el autobús, no por alarde, sino con fines puramente informativos.
Ginebra, muy bonita, pero con la sosería de un país que apenas ha sido invadido, que no ha tenido guerras y que se ha limitado a prosperar ahorrando el dinero que ganaban exportando chocolate y relojes y ahorrando, también, el dinero del resto del planeta tierra. Tres tiendas de rolex en la misma calle. Como en mi barrio los "todo a un euro" regentados por familias Hispano-chinas.
Al día siguiente nos desplazamos a nuestro cuartel general en Saint-Gervais-les-Bains, a 21 kilómetros por el recorrido de la carrera desde Chamonix du Mont Blanc, donde está la salida. Llegamos entre las oscuridades de la noche, cansados y conduciendo por carreteras de montaña del color de las axilas de un grillo. Por la mañana la luz de un sol radiante, acompañado de un pronóstico meteorológico benevolente, ilumina cumbres de picos nevados de tres mil metros y glaciares que cuelgan de ellos. Ohhh... ¡Qué bonito!
Très jolie!
Pasamos el día paseando por Chamonix y realizando el trámite de recogida de dorsales. Por la noche había llegado el resto de la expedición desde Ciudad Real y nos reunimos a desayunar antes de empezar a respirar el ambiente de la carrera.
Las calles de Chamonix con la Mer de Glace al fondo, llenas de corredores venidos de todos los puntos del planeta.
La foto típica e imprescindible en el arco de salida de la carrera.
Tras recoger los dorsales
Nos encontramos con el maestro Arribas, Spanjaard, que saldrá por la mañana en la carrera hermana, la CCC, de 100 kilómetros. Obsérvese el detalle de que Quique viene de comprar algo en el supermercado...
Ocasionales nubarrones hacen que a la garganta se nos suban...
bueno, habíamos dicho que nada de rimas en esta crónica.
Ensayando el Can - can
En la revisión del material obligatorio
Como meter todo lo necesario en una mochila que tienes que transportar durante dos días y dos noches a la espalda
Llegó la hora
Me preguntan si estoy nervioso. Me lo preguntan diez o doce veces. No sé si porque lo parezco o porque no lo parece. Yo he dormido bien y estoy concentrado, en tensión, claro, porque es el objetivo de la temporada, pero no experimento nada de ansiedad. Tengo la misma sensación que cuando he estudiado bien para un examen: ya no hay nada que hacer, lo duro ya está hecho, solo resta lo difícil, el desafío. He suspendido muchos exámenes y ello no me crea mayor dificultad. Fastidia si los llevas bien preparados, pero la inversión de la preparación queda hecha para el siguiente.
También que no termino de creérmelo y que, después de todo, la rutina de antes de la carrera la tengo muy asimilada, es muy familiar, un ritual, lo que facilita mucho el ir haciendo cada tarea a su tiempo: cena, dormir, ducha, vestirse, ir a la salida, última visita al baño, cuarto y quinto desayuno... los corredores somos muy ritualizadores y, por tanto, rozamos la superstición y el trastorno compulsivo, pero mientras no nos dé por no pisar en las juntas de las baldosas la cosa irá bien.
Salimos listos para la batalla que se avecina ¿lo conseguiremos?
Todo parece indicar que va a llover. Unos nubarrones feos como demonios del Averno se recortan hacia el Suroeste, en la dirección en la que empieza la carrera y avanzan hacia nosotros. Por megafonía nos anuncian un poco (unas horas) de lluvia y niebla y empiezan a sonar los acordes de Vangelis de "la Conquista del Paraíso". Eso quiere decir una noche de barro y de bajadas con piedras mojadas.
Llueve.
La salida está abarrotada de gente aplaudiendo y animando. Miles de personas se aglomeran por las calles para vernos salir. Muchos son los familiares de los corredores, otros turistas estupefactos ante la noticia de lo que nos disponemos a hacer. Los vecinos y comerciantes del lugar animan y aplauden a los corredores y la iniciativa que proporciona ingresos a la zona sin impacto ambiental. Un turismo saludable y poco problemático. Industria sin chimeneas ni contaminación que aquí no saben apreciar. Aquí donde nuestros "inteligentes" políticos limitan en las carreras las sendas para ir corriendo por ellas, por el supuesto daño que puede causar una persona pasando por un camino, mientras permiten levantar vallas y cercar sendas que son de todos y no ponen en su sitio a mamarrachos que se organizan para subir chatrarra al monte para luchar en fanática cruzada contra el Islam. Hasta promueven la realización de bizarros realities por el Parque Natural del Guadarrama. Allí, un pueblo como Chamonix recibe un retorno de beneficio neto de cinco millones de euros en una semana, aquí, ponen las bases para cobrar un impuesto de impacto ambiental a las carreras y arañar unas miserias a los deportistas sin darles nada a cambio. Todo aquí por promover el dominguerismo y las actividades de gran impacto dejando de lado a los montañeros, ya sea en su versión clásica o, la que nosotros representamos, la del "montañísmo rápido".
Salimos corriendo, como estaba previsto, nos han dicho que hay que correr todo lo posible los primeros cincuenta kilómetros si queremos pasar los controles y que, a partir de ese momento, si no se para mucho en los avituallamientos, da tiempo a llegar caminando rápido. Cada corredor es un mundo. hay gente que puede parar un momento y descansar caminando. Hay quien camina a seis kilómetros por hora cuesta arriba sin demasiado esfuerzo y en las bajadas las diferencias entre corredores son abismales. Yo no puedo caminar tantas horas sin que los pies me impidan seguir, por lo que tengo que correr algunos tramos desde el principio hasta el final (andar es muy cansado).
Hay que correr. Hemos calculado unos tiempos "mínimos" de paso y estaremos apretando sin descanso hasta que no tengamos un pequeño colchón que nos permita descansar. Quien sabe, quizá dormir un poco la segunda noche si vamos muy bien. Eso no quiere decir que forcemos el ritmo. Si hiciéramos eso no llegaríamos ni a la distancia de maratón y tenemos por delante el equivalente a cuatro maratones de montaña consecutivos... de los duros.
Mis compañeros tienen la marcha sincronizada por cientos de entrenamientos juntos mientras que yo me muevo a derecha e izquierda, adelante y detrás de ellos. Cuando nos perdemos y me buscan, un ocasional saludo, ¡Viva la República! o similar, nos vuelve a juntar.
Pasamos los primeros controles con poco margen sobre el tiempo de cierre, como estaba previsto. Es un riesgo que hay que asumir y tener la cabeza fría. Es preferible ir haciendo ese colchón de seguridad poco a poco a tratar de ir "por encima de nuestras posibilidades" (qué ascazo de concepto cuando se aplica a aceptar los créditos que los bancos insistían en ofrecernos). Llegamos a Saint Gervais a las nueve menos diez, nos sobra media hora cuando salimos y llegamos a Les Contamines a las once menos cuarto, cuarenta y cinco minutos de margen ya. Al salir del avituallamiento descubro la zona mixta de asistencia donde me espera Anne. Me cambio de pantalón. Me quito el corto y me calzo las mallas de compresión que ya no me quitaré hasta el medio día del domingo. Podéis imaginar que a esas alturas las "hoko" ya andaban ellas solas.
La lluvia se detiene.
Han sido treinta kilómetros muy duros, con mucho barro, con resbalones y bajadas con muchos nervios (soy un pésimo bajador), pero quizá a partir de ahora la cosa mejore un poco si no llueve y el barro se va volviendo más denso y elástico y deja de ser lo que Quique describe a la perfección tirando de diccionario de la Manchuela como "un guarrerismo". Los cuádriceps ya están machacados y las cintillas iliotibiales han tenido que hacer de "freno de mano" para evitar alguna caída que, quizá, hubiese causado menos daño que su evitación. Es muy pronto para tener ya las piernas tocadas.
Ahora es la gran subida de la carrera. Se me han escapado por delante, pero en una subida tan larga y apretando como yo sé en las cuestas debería pillarles antes de llegar a la Croix du Bonhomme a catorce kilómetros y mil quinientos metros más arriba. Aprieto los dientes y le doy caña.
Subo, subo, subo, subo... van muy fuertes. No les cazo. Me alegro. A ese ritmo subiendo y con lo bien que suelen bajar no van a tener problema en llegar a Courmayeur, Italia, mitad aproximada de la carrera en lo que a distancia se refiere, hacia las ocho de la mañana. Yo me conformo con seguir pasando controles con margen.
Bajo mucho mejor de lo que esperaba y paro un mínimo en Les Chapieux. Por fin el kilómetro cincuenta anunciado como liberador de la presión del que salgo, me dice un asturiano de la zona del Nalón, con una hora de margen. Bien. A partir de aquí se van abriendo cada vez más los tiempos de control. Creo. Subo con el asturiano casi todo el rato, pero va muy mal de fuerzas mentales. Tengo la impresión de que quiere ir dejándose caer hasta no pasar un control y así poder tener una retirada digna. Al llegar arriba nos espera en el Col de la Seigne un grito de "Benvenuti in Italia", "Bienvenue à l'Italie". A partir de aquí los nombres, aunque parezcan franceses, son italianos.
Amanece.
Me habían advertido que el amanecer era majestuoso, pero hay que verlo para creerlo. Se ven alrededor crestas de enormes montañas nevadas, glaciares cargados de terribilitá que quitan el habla y hasta el aliento. Cualquier montañero estaría en el paraíso. Yo lo estoy. Se ve en su esplendor il Monte Bianco que al otro lado de los Alpes es el Mont Blanc. Un paisaje maravilloso en el que, para mayor alegría, desaparece el barro y es sustituido por piedra y cascajo con el que un guadarramista sabe entrar en diálogo con sus piernas. Bajo saltando y disfrutando y parando solo de vez en cuando a disfrutar de un paisaje indescriptible, de una belleza que encoje el corazón. Otros corredores también bajan en silencio, haciendo fotos de los glaciares admirables, de las gigantescas morrenas que se tragarían dentro nuestras montañas más grandes y con la resurrección del cuerpo que trae el amanecer y el cambio hormonal que se produce en nuestro organismo. Sin duda es el tramo de la carrera que yo más disfruto y pienso que incluso, a lo mejor, pillo a los compañeros al llegar teniendo en cuenta el buen ritmo que me he marcado en la subida y la bajada.
Tomo prestada una foto liberada para uso no comercial en la Wikipedia. No refleja la realidad, claro.
No hago fotos. No quiero contemplar toda esa majestad a través de una pantalla. No importa. Habrá fotos de otros corredores para poder verlas después. El móvil va apagado con una batería de repuesto intacta dentro de una bolsa impermeable (de las que se usan para descenso de aguas bravas) desde el principio hasta el final. Los recuerdos los tendré siempre y, si puedo, algún día volveré a hacer treking y trail por la zona con más calma.
Cierto es que quien tiene tarifa de datos (italianos, franceses y suizos al pasar por sus territorios en la mayoría de los casos) se mantienen conectados para recibir ánimos y dar noticia de su existencia a familiares y seguidores. Nosotros, el resto, tenemos la suerte de no tener itinerancia de datos con la que caer en la tentación y funcionamos umpluged. Si hay una emergencia, podemos llamar, pero nada de facebook, twiter ni whatsapp.
Otra subidita, esta corta y ascendemos Mont-Favre. Bajada al Col de Chècrouoit y solamente nos quedan cuatro kilómetros de bajada a Courmayeur.
Solamente cuatro kilómetros de infierno puro para un mal bajador.
Cuatro kilómetros de escalones enormes, de bajada a machete. Estos cuatro me convencieron de que no debería volver a correr un cien millas nunca más. Esas promesas a ti mismo que te haces en carrera y que nunca sabes si, semanas después, cuando el dolor desaparece y solo queda el recuerdo de los paisajes, el chaleco de finisher, el sabor de la victoria en la boca en vez del amargor de la sangre, vas a mantener.
Sabía que después de esta bajada llegaría desmoralizado a Courmayeur pero que, en la subida al Refuge Bertone, me sentiría cada vez mejor. Ejercicio mental de doble contabilidad, de observarse a uno mismo desde fuera y decirse: si, estás fundido, pero esto va a mejorar dentro de un rato, tira para delante y descansa un poco el cuerpo y la cabeza.
En este punto de la carrera Anne Souplet (Monsieur a un interprète :-) ) me está esperando. Le noto que me nota agotado. No pasa nada, sé que tengo un aspecto lamentable. También me esperan Sergio, Inma y su hija Alejandra. Sergio trabaja de guía por la zona y me previene de la subida, pero sé lo que me espera y no me preocupa. Las subidas siempre son cuestión de ritmo y, si se "cala el motor", de hacer una paradita para reponer agua y azúcares y arrancar poco a poco hasta volver a funcionar. Las bajadas duras son otra cosa. Ahí las rodillas o el alma pueden traicionarte y mandarte a casa.
Sorpresa. Anne me cuenta que Jorge y Quique aún no han entrado, que ha preguntado y van por detrás... no puede ser...
Y si, han ido unos diez minutos por detrás de mi todo el camino. No sé aún que Jorge está tocado de la cintilla iliotibial por culpa de las ampollas que le han salido. Cuando duelen los pies se realizan movimientos antiálgicos que intentan aliviar el dolor y que acaban provocando lesiones en pocos kilómetros. Son movimientos extraños, cojeras y similares que tratan de compensar y evitar el daño, que para eso sirve el dolor, pero que, si se prolongan, generan un estrés biomecánico en el organismo que acaba por dañar en otro punto distinto al cuerpo.
Jorge tendrá que abandonar la carrera en este punto, antes de llegar a Courmayeur y Quique saldrá a perseguirme con la tranquilidad de que yo voy por delante. Yo tengo la esperanza de llevarles detrás para agruparme con ellos para la segunda noche, en las mejores de mis quinielas, con tiempo de margen para no retrasarles mucho en las bajadas y llegar a Chanmonix a media mañana.
La montaña puede ser muy injusta. Jorge estaba preparado de sobra física y mentalmente para acabarla (más que yo sin duda) y, sin embargo, va a tener que posponer al menos un año su llegada a meta. Que tarde o temprano completará, por supuesto. Nos acordamos mucho de él todo el resto del recorrido y ha estado muy presente en nuestro ánimo el compañero que no llegó. Es una carrera en la que, a pesar de la preparación de todo el mundo, dos de cada cinco no terminan. Las montañas de los Alpes tienen una deuda con Jorge, el hombre amoral.
Quique, frejco como una lechuga (frejca)
Subiendo al Refugio Bonati (tenías razón Sergio, buena cuesta) me empiezo a cruzar corredores retirados con el dorsal marcado por las crueles pero justas tijeras de la organización. Es buen punto para abandonar. El cuerpo aún no ha sufrido lo peor. Hay muy buena comunicación con Chamonix y después de una siesta aún se podrá disfrutar de un día de vacaciones en los Alpes. En pocas semanas se estará en condiciones de retomar los entrenamientos en busca de una satisfacción en otro lugar del mundo, más cerca de casa si es posible.
Entre los refugios con nombres de emblemáticos montañeros el camino se hace largo, pero se puede trotar buena parte y hacer que las piernas manden los desechos de los tejidos celulares hacia el hígado y se reciclen. Sigo vigilando los riñones, bebiendo agua suficiente y comprobando que el color de la orina es normal. En una carrera así hay que vigilar algo más que los músculos y tendones porque las vísceras y las hormonas, los humores, juegan un papel determinante. Los conceptos de buen y mal humor que provienen de la medicina hipocrática son sin duda dos dimensiones, la de la regulación interna de secreciones y diversos "filtros" que tenemos en nuestro organismo y la de el temperamento, el buen o mal humor con que se afronte la carrera, las que decidirán a partir de este punto si se acaba. Hay que mantener el buen humor y evitar los pensamientos negativos y hay que chequear y no descuidar que el cuerpo siga funcionando como debe.
Una corta (¡por fin!) bajada a Arnuva y me reúno de nuevo con Anne, que me confirma que Quique viene por detrás y que Jorge ha tenido que abandonar. Ella ya no puede seguir la carrera en el sentido contrario de las agujas del reloj, así que va a dar la vuelta y me esperará en el 122, en Suiza, si todo va bien, dentro de unas cuantas horas. Se está dando una paliza siguiéndome por las montañas.
Subiendo hacia la frontera de Suiza. Soy uno de esos puntitos.
La subida al Col du Grand Ferret es larga y se toca el techo de la prueba a más de 2.500 metros de altitud. Aún así no hace mal tiempo. Estoy en Suiza.
Es la mitad psicológica de la prueba y quería llegar entorno a veinticuatro horas. Lo he conseguido. Lo paso en 24:25, por lo que, en principio, tras un larga bajada a Champex Lac, de mas de 20 kilómetros, debería tener "solamente" un maratón por delante y una noche para andarle y sufrirle. quizá dormir cuarenta minutos de sueño antes de que empiece a sufrir de verdad.
La verdad es que es muy extraño. He aguantado perfectamente la primera noche, a pesar de lo mal que he llevado no dormir en otras carreras como el Gran Trail de Peñalara o el Ultra Trail Serra de Sao Mamede. No creo que la segunda noche sea tan benévola conmigo.
La larga "bajada" tiene realmente unas subidas escarpadas que hacen que te acuerdes de la organización de la carrera sin ninguna simpatía. Voy con dos barceloneses y un asturiano (amigo del de antes, del que le doy noticias) y llegamos con luz al avituallamiento de La Fouly, PK 108 y a Praz de Fort (116). A estas alturas ya he hecho más de lo que nunca he hecho en la vida. He superado las distancias y desniveles recorridos en el GTP 2011 y UTMB 2012. Me motivo y me animo pensando que cada kilómetro es una nueva "mejor marca personal de corredor diesel".
La nueva "bajada" a Champex-lac se convierte en un infierno psicológico. Lo he mirado mal y estoy convencido de que está abajo, no arriba (claro, aquí en Españistán los lagos están en el fondo de los valles, caramba, no a mil quinientos metros de altura. Allí arribota hay cuatro lagunillas glaciares). Cae la noche y el camino no deja de subir por sendas escarpadas cada vez más arriba. Voy solo, cansado y por fin el sueño hace acto de presencia. La belleza del entorno, al parecer proverbial, está velada por las tinieblas de la noche y por las oscuridades del entendimiento y la razón, que se vuelve una y otra vez hacia pensamientos negativos.
La alegría de comprobar que no había que bajar y reencontrarme con Anne me renueva los ánimos. El estado en que estoy es, más o menos, como si hubiese corrido 122 kilómetros por el monte. Ni más ni menos. Una llegada a meta aquí hubiese estado muy bien.
Mientras espero a que llegue Quique voy comiendo y bebiendo y pensando que aún voy muy bien de tiempo.
Llega El Hombre.
¿Quién dice que tengamos cara de cansados?
¡Mirad qué despiertos que estamos!
Aprovecho que el se toma un descanso para ir al servicio, donde entablo conversación con un japones sobre temas muy prosaicos "No toilet paper in the bathroom on the right...". Ultimo cambio de ropa interior y calcetines para pasar la noche y la mañana y salimos juntos hasta donde lleguemos. Creemos que lo conseguiremos (ignorantes de nosotros) incluso si vamos andando, aunque hemos apurado un poco en este control.
Quedan tres subidas y tres bajadas.
Tres subidas de unos quinientos a ochocientos metros de desnivel positivo que si estuviésemos frescos serían puro trámite y tres bajadas por esos caminos, la primera en la oscuridad, las otras dos ya por la mañana.
El frontal que tan bien se portó la primera noche, ahora falla en la bajada a Trient, y tengo que ir con el de reserva, manifiestamente más limitado y que me obliga a apuntar con la cabeza y a correr mal. Voy detrás de Quique como puedo que va adelantando y pidiendo paso. Si en la subida hemos ido fatal y amodorrados, incapaces de entablar conversación (cada vez que Quique dice algo solo sé contestar "y yo". "Estoy cansado". "Y yo". "Tengo sueño". "Yo también"). Ninguno de los dos está más espabilado que el otro como para poder dar charla y espabilar al otro. Quique ve cosas (¿ratas?) corriendo y caras en los árboles.
La bajada con miedo a no pasar el control "a cojón sacao", nos espabila. Ahuyentaremos el sueño ya a base de adrenalina hasta el final y llegamos a Trient después de bajar a buen ritmo, con tiempo suficiente para intentar alejar el sueño con una cabezada de, nueve minutos yo, dieciocho mi compañero de fatigas y desvelos (nunca mejor dicho).
Don Enrique en brazos de Morfeo
Amanece por segunda vez. Qué alegría guardar el frontal por fin.
Otra subida inacabable que nos pone en tensión hasta Catogne. ¡Joder!, que no llegamos.
Si la oscuridad, como el sueño de la razón, produce monstruos, yo con las claridades de la mañana me empeño en ver entre los árboles casas y hasta pancartas de bienvenida a los avituallamientos. Es mi turno de las alucinaciones visuales, por otro lado y como un test de Roschach, que muestran claramente mis anhelos.
Yo, la escoria del trail ranning, el peor bajador de la meseta me pongo a tirar p'abajo saltando sobre el barro que hasta a Quique le cuesta seguirme y bajamos, bajamos, bajamos... no llegamos nunca. Cuando entramos en Vallorcine decidimos salir rápido a por la última subida, la Téte aux vents, a tratar de llegar a una meta que cada vez parecía más difícil. Parece que en el kilómetro 150 y con un poco de margen deberíamos estar más tranquilos, pero no. La subida empieza suave hasta el Col des Montets y después otra vez la rutina de zetas y subidas diseñadas aparentemente por un sádico que quiere que nuestros cuádriceps se lleven un último recuerdo del paisaje.
Qué paisajes más bonitos, eso si. Algún momento queda para mirarlos maravillados. Somos muy afortunados de poder verlos.
En el penúltimo control decidimos salir rápidamente, para tener media hora de margen sobre el cierre y luchar por llegar, aunque sea, en 45 horas y 59 minutos, a meta. Aún no estamos seguros.
Desde la Téte aux vents hasta La Flégère, último punto de control, una hora de nervios y sufrimiento por un terreno muy técnico y, sobre todo, lleno de gente intentando lo mismo que nosotros, pasar el último control. tres kilómetros por hora de procesión con las piernas ya destrozadas y temiendo que, al final, nos quedábamos fuera y, encima, habiendo tenido que hacer los 170 kilómetros igual que todo el mundo. Quique va por delante embistiendo y fintando a otros corredores y yo le estoy retrasando. Le insisto en que se vaya para delante, que alguien tiene que entrar para poder completar el reto solidario que nos habíamos planteado y conseguir recaudar hasta final de año algo más de dinero para Beatriz, pero no quiere dejarme.
Pasamos La Flégère con quince minutos sobre el cierre. Ahora si que es solo bajar. Menos mal que en el anterior control no paramos mucho. Tememos que mucha gente que hemos adelantado no lleguen a meta por pocos minutos. Qué tristeza.
El mejor encuentro de la carrera. Anne nos espera a siete kilómetros de meta. Ha medido lo que se tarda y dice que en hora y media estaremos en Chamonix, que lo hemos conseguido.
Siento una alegría en el plano intelectual que el dolor de las ampollas (ciento sesenta y pico kilómetros después de salir, podríais haber aguantado un poco más sin aparecer) no me deja disfrutar. Aún así, saber que estamos en meta seguros nos permite bajar a nuestro ritmo. El camino se ensancha y mejora y hay gente animando y felicitando. Cada vez que pienso en la recta final que nos espera se me pone un nudo en la garganta.
Porque ¡qué afición! Qué gusto da ver a la gente que te respeta y te aplaude, que saben de qué va esto. Es como un Zegama multiplicado por cuatro, por todo el recorrido nos han animado, invitado a café, querido y sonreído.
A siete de meta, Anne nos espera
Por fin entramos en el pueblo. Dos kilómetros a meta. El trote cochinero se va conviertiendo, según alargamos la zancada, en la carrera de dos pavos reales haciendo el último esfuerzo.
Y entramos en meta.
Te sientes como el campeón del maratón en unas olimpiadas. Seguro que mejor que Kilian al ganar muchas de estas, solamente por entrar en la meta de Chamonix entre aplausos y felicitaciones. Porque en una carrera así acabar es más que suficiente para sentirse ganador.
Cuarenta y cinco horas y catorce minutos. Nos han sobrado cuarenta y seis minutillos. Lo hemos logrado.
Jorge nos espera en la meta que él le espera.
Desplomado a la llegada, en la zona de avituallamiento. Ni hambre tengo. Solo quiero una ducha y una siesta.
Después de la ducha más necesaria de mi vida
Desde el avión vemos la cumbre del MB, 4800 metros alrededor de los cuales hemos estado bailando casi dos días seguidos
Unas últimas reflexiones
¿Por qué? ¿Para qué?
Nada más llegar me encontré de bruces con una página de facebook en la que se quejaban de que algunos corredores hacíamos tiempos altísimos en los ultras y que no estábamos en condiciones de correr estas carreras. Era de unos tontos del bote que no voy a citar. Machaquitas y "posturitas" de triatlon que desprecian a cualquiera que haga un ironman en más de diez horas o con una bicicleta de menos de 5.000 euros. Payasos que no tienen ni idea de lo que representa el deporte.
Decían que algunos corremos estas carreras por postureo, para conseguir un chaleco de finisher que no merecemos.
Solo una cosa. He ido encontrando cada vez más a gente que judga, no la condición física o la preparación de los corredores "trotones", sino su MOTIVACIÓN.
¿Quién cojones es nadie para decidir que sus motivos son válidos pero que los demás lo hacen por motivos equivocados? ¿De qué manera resta valor a mi carrera que otra persona lo haga por una promesa a la Virgen, para ligar, para satisfacer un egolatrismo narcisista o para demostrarse a si mismo cuales son sus límites?
No podemos saber, en el fondo, con certeza, cuales son nuestras motivaciones subconscientes. Racionalizamos (TODOS) unos motivos que suelen sonar muy bien: para estar en forma, para demostrarme que puedo mejorar, para homenajear a fulanito... no importa. Lo que es despreciable es quien cree buenos sus motivos y desprecia los de los demás. Lo que es asqueroso es quien, sin saber por qué, atribuye razones "malas" a los que lo demás hacen. Ya no digamos quien habla sin conocer, sin haber hecho nunca nada remotamente parecido.
Seguramente se puede criticar la preparación de algunos corredores en pruebas en las que no hay filtros previos, pero no acusarles de tener una oscura motivación para su reto.
Seguro que se puede exigir a algunas carreras que sean más prudentes en controlar el estado en el que corren y dónde se meten algunos recién llegados aún no muy experimentados.
Yo siento un respeto infinito por quien sale a correr cinco minutos por el parque y se pone a andar después porque no le llega el resuello.
¿Por qué lo he hecho? Porque puedo, porque me da la gana.
¿Para qué? Para disfrutar de la felicidad que me ha producido.